¡Muy buenas a todos! Espero que nadie se haya quedado congelado esperando el capítulo (aunque yo estoy helándome ahora mismo en la habitación desde la que os escribo).
Un saludo a draoptimusstar3; gracias por pasarte y por dejar comentario (esperamos que el resto de episodios también te gusten). Y aunque lo diga ahora, va para todos: a Lily y a mí nos encantaría responderos individualmente en cuanto recibimos mensaje, pero por desgracia tenemos las agendas lo suficientemente apretadas como para limitarnos a improvisar unas palabras al principio de cada capítulo. Aun así, que sepáis que agradecemos muchísimo vuestras muestras de apoyo.
Como siempre, el DISCLAIMER que tanto conocéis: ya sabéis, Code Lyoko y Digimon Frontier no son nuestras y los pocos personajes originales que hay, de coincidir con la obra de otro, estamos esperando conocer a ese/a otro/a para intercambiar opiniones (si es que sacamos tiempo...).
Y como siempre también, el AVISO que tanto me gusta: invitamos amablemente a todo aquel que no sepa dar una valoración educada a que se vaya a otro fic a menos que quiera entrar a formar parte de la colección de trofeos de caza del señor Desprecio. Os recuerdo que sí aceptamos críticas negativas, porque de ellas se aprende; lo que no aceptamos son insultos y ese tipo de palabrería.
Dicho eso, disfrutad del siguiente capítulo y espero que la rutina de actualizar siga pillando ritmo de nuevo. ¡Chao!
Capítulo 33: Intrusa
Kadic permanecía tranquila. Herb paseaba buscando a cierta chica morena por todo el campus sin dar con ella. Recordaba que el último sitio donde la había visto había sido en un banco, sentada junto a Aelita y hablando como si nada con aquel grupo del que tantas veces había mencionado que descubriría sus secretos.
El ruido de ramas le hizo voltear la vista, esperanzado en que sería Sissi la autora de aquel sonido. Sin embargo, lo que apareció entre los arbustos fue una chica de piel pálida y cabello largo y morado, totalmente despeinada, con un vestido de un rosa grisáceo algo roto y unos pantalones negros también destrozados. Parecía desorientada y tenía algunas heridas en brazos y piernas. Repentinamente asustado, echó a correr de vuelta al edificio central de Kadic justo cuando Sissi y los demás aparecían por un costado.
—¡Sissi! —llamó. La morena se giró al instante —. Sissi, menos mal que te encuentro… ¡Necesito ayuda!
—¿Qué tal si se lo pides a otro? ¿No ves que estoy ocupada? —preguntó.
—Hay… hay una chica allí —dijo señalando hacia atrás.
—Hay muchas chicas aquí. Esto es un instituto mixto, ¿recuerdas?
—Es muy pálida y viste con tonos grises y un tatuaje raro en la mano —dijo —. Necesita ayuda…
—No estoy ahora para ayudar a nadie…
—Oye, Herb, ¿recuerdas qué tatuaje tenía? —preguntó Yumi, parándose junto a Sissi.
—¿Y por qué te lo iba a decir a ti?
—Eh, si te hace una pregunta, respóndesela —intervino la hija del director cruzándose de brazos —. ¿Qué tenía tatuado esa chica?
—Pues… —algo dubitativo por la actitud de la chica, se agachó y empezó a dibujar en el suelo —. Algo así… No me suena de nada.
Una exclamación ahogada a espalda de ambas morenas hicieron que todas las miradas se posaran Zoe. La rubia negaba una y otra vez con la cabeza; sin que nadie lo pudiese evitar, echó a correr hacia los árboles.
—¡Espera, Zoe! —llamó Kouji.
—¿Pero qué le ha dado ahora? —preguntó Takuya, echando a correr con el otro.
—Nos hacemos cargo nosotros a partir de ahora, Herb. Tú vete a hacerme los deberes, que aún no los he visto —dijo Sissi, dándole un par de palmadas en el hombro.
—Pero está herida y…
—Somos suficientes como para ayudarla. Tira a hacer los deberes.
Tras confirmar que Herb no les seguía, todos siguieron el rastro de los otros tres chicos hasta una zona bastante llena de arbustos.
—Tiene que ser una coincidencia —dijo Takuya.
—Eso dímelo en Japón, no en Francia —rebatió Kouji.
—Chicos, ¿qué ocurre? —preguntó Jeremy.
—Miradlo vosotros mismos —señaló el de la luz.
En el suelo, Zoe observaba arrodillada a la, en apariencia, chiquilla de la que había hablado Herb. En el dorso de ambas manos, el símbolo del viento brillaba débilmente en un tono rosado sobre su pálida piel.
—Está inconsciente —dijo la rubia.
—¿Creéis que…? —empezó Sissi.
—No lo creo, lo sé —dijo Zoe alzando su D-Tector —. Desde que me he acercado que no deja de brillar.
—Un digimon —dijo Jeremy.
—Y no uno cualquiera —dijo Kouji —. Es BlackKazemon.
—No lo parece —señaló Odd —. Que yo recuerde, tiene un cuerpo bastante mayor, viste menos y tiene alas.
—Gracias por describir resumidamente mi digievolución —sopló Zoe.
—¿Y si se trata de un digimon descendiente? —preguntó Emily.
—Imposible —negó Takuya —. Nunca se ha mencionado ningún descendiente de ninguno de los diez Antiguos.
—Pero…
—Mirad esto —siguió diciendo Takuya, alzando su D-Tector y mostrando la pantalla a todos —. Os presento a Flamon.
—¿Flamon? —preguntó más de uno.
—Cuando volví al mundo humano por mis dudas cuando nos enfrentábamos a Duskmon, no lo hice como niño humano, sino con esta forma. Es un digimon de nivel infantil.
—Deberíamos preguntarles a los tres ángeles, pero no hay duda de que es BlackKazemon —dijo Kouji.
—Les hemos enviado a la Ermita, así que deben estar allí acomodándose —comentó Aelita.
—Pues vamos a la Ermita —dijo Zoe —. Ayudadme a cargarla.
—¿Me estás diciendo que vas a ayudar a BlackKazemon? ¿La misma que te robó a Kouji y te tiró del pelo en incontables ocasiones? —preguntó Odd con incredulidad.
—Eso ahora no importa. No podemos dejarla aquí —respondió —. Ayudadme, por favor.
Cargando con cuidado a la digimon, corrieron dirección a la Ermita lo más rápidos que pudieron, vigilando bien los alrededores y cualquier sombra que les pudiese estar siguiendo. Veinte minutos después, Bokomon, Neemon y los tres ángeles les saludaron. Los otros digimons no tardaron en salir de los dispositivos de sus ocho compañeros humanos para observar.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó el digimon blanco.
—Un compañero de clase ha encontrado a una digimon —señaló Teppei.
—Pero en mi castillo sólo estábamos nosotros, Nefertimon y Pegasusmon —se extrañó Gatomon, mirando fijamente a la criatura que dejaban sobre un sofá —. Y no se parece a nada que pueda digievolucionar a ninguno de aquellos dos.
—Tiene el símbolo del viento en ambas manos, como Kazemon —observó Lopmon.
—Es Tamekimon —dijo Patamon volando sobre ellos —. Es la forma infantil de Kazemon.
—¿Habéis visto alguna vez a esta digimon? —preguntó Katsuharu.
—Antiguamente, los Guardianes no aparecieron de la nada. Fueron evolucionando desde bebés hasta su última etapa, como todos los digimons —se encogió de hombros Lopmon
—La primera vez que vi a Ancient Irismon fue en su etapa infantil, Tamekimon —señaló Patamon
—Entonces es como Flamon —dijo Takuya mirando su D-Tector.
—Pero esta Tamekimon es oscura —dijo Gatomon —. Y tiene un olor diferente al de un digimon normal.
—Entonces sí es BlackKazemon —dijo Kouji.
—Eh, eh, eso significaría que los clones pueden digievolucionar a su gusto —dijo Sissi —. ¿Acaso eso no significa problemas mayores?
—A mí me preocupa más saber cómo es que está aquí —dijo Zoe.
—Ahora está dormida, no podremos preguntarle nada —negó Lopmon —. Os avisaremos cuando despierte.
—¿Estáis seguros? —preguntó Katsuharu.
—Aunque no lo parezca, estoy en el nivel adulto —sonrió Gatomon —. Soy la más poderosa de los aquí presentes y ella no parece un rival difícil.
—¿Y si le da por digievolucionar? —preguntó preocupada Emily.
—Antes de que lo consiga, la habré atado —aseguró.
Aún algo preocupados, el grupo se separó del sofá en el que dormía la clon del viento y recorrieron la casa, explorándola y conociendo anécdotas del lugar. Pocos minutos después, la voz de Bokomon llamándolos a todos de vuelta al salón les reunió ante una ahora despierta digimon.
—¿Dónde estoy? —logró decir.
—Estás a salvo, a menos que pretendas atacarnos —respondió Zoe, haciendo que la cabeza de la digimon se alzase de golpe.
—¡No! ¡Vosotros no! —chilló intentando apartarse mientras miraba a todos lados.
—Cálmate, no vamos a hacer nada si tú no lo haces primero —dijo Koichi.
—Esto es un error —intervino Ulrich —. Si ella está aquí, ¿no creéis que también están los demás?
—¡Estoy yo sola! —gritó de nuevo con miedo la digimon —. BlackRanamon me hizo escapar porque el amo había ordenado a Duskmon que me eliminase. No me perdonan que hubiese dejado escapar a Lobomon. ¡Me toman por un estorbo! —exclamó mirándolos a todos —. Tú puedes decirles… ¡Estuviste allí! —dijo mirando a Kouji —. Tú viste cómo es ese lugar, cómo me miraban los demás.
—No recuerdo nada de mi estancia allí —negó con calma el chico de la luz.
—¿Cómo has llegado aquí? —preguntó Jeremy.
—No lo sé… Mientras huía, entré en una cueva y… Yo creía que era una cueva y que podría estar a salvo por un rato, pero… Cuando la atravesé, estaba en un lugar claramente artificial. No parecía para nada una cueva… —negó —. Estuve allí por días, pensando que sería mi fin. Incluso retrocedí de etapa a lo que veis… Quise salir, pero la entrada había desaparecido…
—Ya, claro —bufó Odd.
—¡Es cierto! —chilló temblando —. Hoy he oído voces y ruidos y me he vuelto a mover temiendo que fuesen Bakemons… Subí a un cubo extraño que se movía solo y salí a un espacio abierto con muchos hierros… Salí, crucé un puente y he caminado por el bosque intentando seguir las voces…
—¿Creéis que ha estado en la fábrica? —preguntó Lunamon.
—La habríamos visto —negó Gaomon.
—Pero no está mintiendo —dijo Kitsumon, que la miraba fijamente —. Tiene miedo, pero no porque haya mentido.
—¿Estás seguro? —preguntó Ulrich.
—Pues yo no creo que venga de la fábrica —negó JP.
—Describe el lugar en el que apareciste —pidió Jeremy.
—No era muy grande… Quizás el espacio de un vagón de Trailmon —dijo mirándose las manos —. El suelo era liso… Salvo por dos vías.
—No hay nada así en la fábrica —negó Yumi.
—¡Os digo la verdad! —empezó a llorar la digimon —. ¡Yo, BlackKazemon, he huido del Digimundo porque Duskmon iba a eliminarme! ¡BlackRanamon dijo que no quería que yo muriese y por eso me ayudó! —chilló —. Entré en una cueva que se convirtió en una sala extraña, estuve ahí varios días, oí ruido y salí porque no me sentía segura, subí por un cubo que se movía solo, llegué a un gran espacio metálico y, una vez fuera, desconocía el lugar y me dediqué a seguir las voces.
—Fue cosa de XANA que acabásemos aquí, es cosa de XANA que ella esté aquí —señalaron Odd y Takuya.
—Deberíamos eliminarla —dijo William.
—¡NO! ¡POR FAVOR, NO LO HAGÁIS! —pidió entre lágrimas.
—Yo creo a BlackTamekimon —dijo Zoe, de espaldas a todos.
—¡¿Que tú qué?!
—La creo.
—¿Estás loca? —preguntó Sissi —. ¿Acaso no recuerdas todo lo que te ha hecho?
—Eso ahora no importa —negó volviéndose hacia Aelita —. ¿Dónde hay un botiquín?
—En el lavabo debería haberlo…
Sin decir nada más, ayudó a la otra a levantarse y ambas salieron del salón, dejando al grupo en silencio por varios segundos.
—¿Qué demonios le ha picado a Zoe? —preguntó Takuya —. Ha pasado de desear arrancarle la cabellera pelo a pelo a curarle las heridas…
—Sí es cierto que no deberíamos dejarla salir por ahí para que todos la vean. Bastante con que Herb la ha visto —dijo Sissi —. Pero no deberíamos bajar la guardia.
—¿Y si la vigilamos nosotros? —preguntó Patamon —. Podemos hacerlo. Y si pasa algo, tenemos a Gatomon.
—Exacto —asintió mostrando sus garras.
—Puede que sea una trampa —dijo JP —. Que la hayan enviado con esa excusa de que no le perdonan que no vigilase mejor a Kouji para volver a raptarle.
—Oye, gracias por volver a hacerme objetivo de sus planes —dijo Kouji dando media vuelta y saliendo.
—¿A dónde vas? —preguntó su hermano.
—Con Zoe. Habéis dicho que no hay que bajar la guardia, ¿no? —dijo antes de marchar.
—Lo que pasa es que está preocupado por Zoe —rió Tommy —. Ah, el amor… Cómo cambia a la gente…
—JP, supera ya que no tienes oportunidad alguna —negó Teppei.
—Vale los dos con esas tonterías —protestó algo avergonzado el mayor.
Zoe no pudo evitar sobresaltarse cuando sintió una presencia a sus espaldas. Cruzado de brazos, apoyado en el marco de la puerta, Kouji observaba en silencio, fijamente. Más tranquila al verle, volvió a su tarea de limpiar las heridas de la clon con un algodón empapado en alcohol.
—¿Y bien?
—No son heridas como para preocuparse —negó —. ¿Qué haces aquí?
—Ella tiene enemigos en ese salón.
—¿Y tú? —se atrevió a preguntar BlackTamekimon —. ¿Tú también me tomas por enemiga?
—No sé qué pensar —admitió —. Aún recuerdo todo lo que le has hecho a Zoe y no te perdono. Pero si ella cree en ti, te daré un voto de confianza.
—Gracias —susurró ocultando el rostro con la mano que Zoe no le estaba curando.
—Acaba pronto, Zoe —dijo mirando por encima del hombro —. Estoy oyendo que hablan sobre volver al campus… Por no decir que Yumi, Koichi y yo hemos de volver a casa.
—Ya acabo —asintió —. ¿Qué pasará con Kim?
—¿Kim? —preguntaron el chico y la digimon.
—Herb la ha visto, herida. Si pregunta por ella, no vamos a decir que se llama BlackTamekimon, ¿no?
—Pero Kim… —cuestionó el chico.
—¿Algún problema con ello? —preguntó mirándolo de reojo.
—No, ninguno —alzó ambas manos en señal de rendición.
...
—Así que nuestra pequeña hadita y esos niñatos del demonio están en la Tierra —sonrió Xana-Lucemon.
—¿Cómo es eso posible, mi señor? —preguntó Myotismon.
—En el caso de los niñatos, muy posiblemente la explosión de la torre del castillo creó un vórtice que los arrastró de vuelta a su hogar —explicó —. En el caso de BlackKazemon… No tengo ni idea —dijo algo meditabundo —. Pero no importa. Tenemos la ocasión de matar dos pájaros de un tiro.
—¿Cómo, mi señor? —preguntó el vampiro.
—Lanzando un único ataque al lugar en el que se encuentran y golpeándolos cuando más indefensos están —sonrió.
—Pero están en otro mundo —negó Myotismon —. No existen vórtices ni hay forma alguna de abandonar el Digimundo…
—¡Calla! —ordenó el ángel caído —. Duskmon, informa al resto de clones de la situación.
—Sí, amo.
—En cuanto sea el momento apropiado, lanzaremos un ataque contra ellos y los eliminaremos. ¡No podrán hacernos nada desde sus casitas! —rió.
Con una leve inclinación, Duskmon abandonó la sala. Myotismon, sin embargo, continuó allí, viendo al ángel maligno reír ante la idea de vencer realmente aquel grupo molesto de humanos. Sabía que hubo una época en la que se podía saltar a aquel mundo si sabías por dónde hacerlo, pero todas y cada una de las puertas fueron selladas hacía tiempo. Tan sólo los tres grandes ángeles del Digimundo habían logrado abrirlas para que los Trailmons viajasen en busca de los niños humanos.
