¡Aloha a todos! Supongo que no hace falta decir que la ausencia de capítulos esta semana ha sido porque el horario laboral ha sido caca de vaca y, a demás, he estado liada con un temita que no tiene relación con el fic, pero que sí con escritura. Encontraréis más información en mi perfil.

Excusada por la ausencia de capis, allá va el rollo de todos los capítulos en el orden de siempre.

DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, pero aún no se nos ha prohibido seguir fantaseando con locuras usando sus personajes. Los personajes originales son pocos, contados con los dedos de las manos y sobrando dedos; cualquier parecido con la obra artística o literaria de otra persona, nos gustaría ser informadas/avisadas para charlar animadamente con dicha persona.

AVISO: a quien no le guste la historia, es libre de no leerla. Cualquier comentario ofensivo puede recibir respuesta educadamente hiriente, así que yo me lo pensaría dos veces antes de enviar algo que no fuese una crítica constructiva.

Y ahora sí, al capítulo.


Capítulo 34: Nuevos en Kadic

El primer día de clase para los recién llegados de Japón resultó de lo más curioso. Todos, incluso Tommy, hablaban un francés extraño por el acento que les señalaba como nipones. Aun así, fueron capaces de entender las clases y seguirlas a buen ritmo, aunque más de una vez alguno alzó la mano para pedir que se repitiese la frase.

—Sigo sin entender cómo es que podemos hablar francés tan bien —dijo Katsuharu.

—Yo ya sabía —alzó la mano Teruo.

—¿Y por qué no nos lo dijiste antes? —preguntó Takuya.

—Bueno, es que me enseñó mi padre, pero sólo lo hablaba cuando venía a ver a los abuelos —se encogió de hombros —. A demás, en Japón se habla japonés, no francés.

—Pero íbamos a venir aquí —dijo Teppei.

—Vale, vale, idea captada. Si sé otro idioma, antes de viajar os enseñaré cuatro palabras básicas —asintió.

—Pero no lo hagas al estilo de mi madre —susurró Chiaki, ganándose una risa del otro chico.

—Al entrar en el Digimundo accedimos y nos convertimos en parte de una base de datos enorme que, en cierto modo, nos modificó para ser capaces de entendernos entre nosotros y con los digimons. Al volver, esos cambios han seguido permaneciendo en nuestro interior, afectando aspectos cotidianos de la vida así como cierto conocimiento de lenguas que… —empezó a decir Jeremy.

—¿Versión resumida, por favor, princesa? —pidió Odd.

—Que quizás el "chip" que se nos implantó en el Digimundo y que nos permitió entendernos sin saber francés unos y japonés otros continúa existiendo aun estando fuera del Digimundo —dijo rodando los ojos.

—Es decir, que si entramos al Digimundo y cambiamos nuestros datos para tener conocimientos de matemáticas, por ejemplo… ¿seremos expertos en mates al volver aquí? —preguntó Takuya.

—Si así lo entiendes mejor, sí —suspiró.

—Buena la habéis hecho —negó Koichi —. Ahora querrán ir al Digimundo a meterse chips en el cerebro.

—¡Aprobados fáciles al fin! —exclamaron Takuya y Odd.

Las risas enseguida contagiaron al grupo, que siguió su camino hacia el comedor sin preocuparse por las miradas indiscretas de otros alumnos del centro. El cláxon de un coche y otras risas ajenas al grupo fueron las que atrajeron la mirada de más de uno hacia un trío de chicas morenas arrastrando maletas.

—¿Quiénes son esas? —preguntó Emily.

—Ni idea —negó Sissi —. No me suenan de nada.

—¿Chicas nuevas? —preguntó William —. Vaya, de repente Kadic está cogiendo renombre.

—O sus papeles se habrán cruzado con los de otros y también han acabado aquí —dijo Teruo.

—Demasiada coincidencia y muy imposible —rió JP.

—Como sea, hay chicas guapas nuevas —sonrió Odd.

—Eh, don Juan, tu fama te precede en todo el centro. Apuesto lo que quieras a que antes de conocerlas ya les han informado de ti —le dio un codazo Sissi.

—Lo que te pasa es que no te he pedido una cita oficialmente. ¿Por qué otro motivo lo dirías si no? —cuestionó el rubio haciendo crecer de nuevo las risas.

—Oye, Odd, deja una oportunidad a los otros también, ¿no? —preguntó Takuya.

—Algo me dice que alguien ya le ha echado el ojo a una —silbó Kouji mientras Zoe le daba golpecitos en el costado con el dedo al chico del fuego.

—Vaya, vaya, un flechazo directo al corazoncito de Takuya —rió la rubia.

—Dejadme tranquilo —pidió el chico apartando a los dos, aunque Zoe siguió intentando pincharle —. La verdad…

—¿Qué? —preguntó Odd —. ¿A cuál estás mirando? —quiso saber.

Ante la falta de respuesta, el rubio se volteó justo para ver caer a Takuya mientras la voz de Agunimon soltaba un único grito desde el dispositivo del chico.

...

El día era muy soleado; verano. Según los demás, el calor era insoportable, pero a él no le importaba en absoluto. Era la ventaja de ser el guerrero del fuego: ni sentía el sofocante calor del verano ni el gélido frío del invierno, a no ser que alguno de sus compañeros se la jugase de mala manera y lo arrastrase, complaciendo a los pequeños, hasta una tumba de nieve y hielo que acababan incomodándolo. Pero estaba tranquilo, porque no estaba con ellos ni era invierno.

Una gran sombra pasando por encima de su cabeza le hizo alzar la vista hacia la dragona rosada que se volteaba en el aire, llamando su atención con facilidad. Se levantó de donde estaba estirado y esperó hasta que ella posó sus patas en el suelo ante él.

Por lo que veo, hoy has acabado antes sonrió la rosada.

Sí. Seguro que no les importa a los demás que no aparezca por el cuartel hasta dentro de un rato. Al fin y al cabo, las cosas están muy tranquilas en el Digimundo. Nadie me necesitará explicó.

Me alegro mucho, Grey.

¿Y qué te apetece hacer hoy, Magnadramon?

Hace calor…

¿Tú crees?

¡Ja, ja, ja, ja! En serio, ¿cómo puede ser que no te des cuenta de que las estaciones del año pasan y, con ellas, cambian las temperaturas?

En primavera hay flores, en verano se va a la playa, en otoño todo toma colores marrones, rojos y naranjas… Y en invierno hay nieve dijo con tranquilidad . Sí que me doy cuenta.

¡Siempre das la misma respuesta! rió Magnadramon.

¿Y eso es malo?

No. A mí me gusta rió de nuevo —. Como es verano, ¿te vienes a la playa?

...

Takuya despertó sintiendo quemazón en la mejilla. Poco a poco, fue enfocando la mirada, reconociendo los rostros allí reunidos.

—Vaya forma de hacer el ridículo delante de las nuevas —dijo Odd cuando empezó a levantarse —. Ya cuchichean cosas sobre tu actuación.

—Yo… Esto era…

—Espera —le detuvo Kouji. Él y su hermano enseguida se situaron a ambos lados y le ayudaron a mantenerse en pie —. Entremos dentro y nos lo cuentas con calma.

Con unos cuantos adelantándose para guardar sitio en un par de mesas, entraron al comedor listos para llenar sus estómagos después de una mañana dura. Volvía el segundo grupo cargando sus bandejas cuando dos chicas, equipadas con una grabadora y una cámara de vídeo irrumpieron en el lugar.

—¡Hola a todos! Aquí Milly y Tamiya a punto de entrevistar a los nuevos alumnos de Kadic! —dijo Milly a la cámara —. ¡Al parecer, forman parte de un programa de intercambio con ni más ni menos que Japón! Este año, ellos vienen aquí a pasar un curso. El año que viene, un grupo de afortunados tendrán la oportunidad de viajar a Japón. ¿Quiénes serán los afortunados? ¡Nadie lo sabe! Pero por ahora, disfrutemos de los que han llegado.

—Espera, espera —pidió Tamiya, corriendo detrás de la otra con la cámara.

—Date prisa, Tamiya… —susurró antes de acercarse a la primera mesa ocupada por el grupo —. Buenas a todos. Somos Milly y Tamiya, del periódico de Kadic. Nos gustaría haceros unas preguntas, para conoceros mejor y que todos sepan de vosotros. Al fin y al cabo, es la primera vez que tenemos estudiantes de intercambio de otro país tan lejano.

—No veo por qué no —dijo Katsuharu.

—¿No se supone que Takuya nos iba a explicar qué le ha pasado? —susurró Tommy, dándole un codazo.

—Vale —sonrió Milly —. Venís de Japón y estáis aquí por intercambio. ¿Qué esperáis después de este año de clases en Francia?

—Bueno… Haber mejorado, aunque sea con el francés —se atrevió a decir JP.

—¿Cómo te llamas? —preguntó la reportera.

—Jumpei Shibayama, pero podéis llamarme JP.

—Está bien —asintió Milly anotándolo en una libretita —. ¿Qué te parece Kadic, JP?

—Bueno, no es que haya estado todavía mucho tiempo aquí… —dijo mientras notaba alguna que otra patada certera —. Pero por ahora, me está gustando lo que hay. Y la ciudad es muy bonita.

—¿Ya la has visitado?

—Bueno, me acompañaron a hacer unas compras…

—¿Material escolar? ¿Regalos para una chica? ¿Recuerdos para cuando vuelvas a Japón?

—Eh, bueno, yo… —empezó a decir, mezclando sin querer el japonés y haciendo que las dos reporteras moviesen su cámara a otro lado.

—El siguiente. ¿Cómo te llamas tú?

—Teruo —respondió algo temeroso.

—Seguro que dejar atrás familiares y amigos y venir a un país extranjero tú solo debe de haber sido algo duro.

—Bueno, no he venido del todo solo —respondió pasando la mirada a los demás.

—¿Ibais a la misma clase? —preguntó Tamiya.

—No, no todos —negó —. Nosotros cuatro sí —dijo pasando la mirada a Katsuharu, Teppei y Chiaki.

—Así que no estás solo —dijo Milly antes de indicarle a Tamiya que pasase la cámara al siguiente —. ¿Quién eres y qué esperas conseguir aquí?

—¿Eh? Pues… Me llamo Teppei… Y lo que quiero es mejorar en mis estudios, como todos…

—¿Y tú? —preguntó la pelirroja.

—Soy Katsuharu.

—Por las palabras de Teruo, posiblemente vosotros tres y esa chica sois amigos de infancia.

—Sí, algo así —asintió.

—¿Qué piensas de que, al ser una de las dos chicas japonesas que han llegado, pueda ser "acosada" por otros chicos?

—¿Eh? ¿Chiaki? —preguntó mirando a la castaña. La cámara de Tamiya siguió su mirada.

—Creo que eso no pasará —dijo algo nerviosa.

—¿Cómo te llamas?

—Chiaki.

—Ajá… Bueno, tú y la chica rubia llamáis la atención porque sois de fuera, nuevas. Es normal que los chicos se fijen, ¿no?

—¡Ah! Pues… —empezó a decir, callándose de golpe y dejando la mente en blanco. A los pocos segundos, Milly pasó al siguiente.

—Tú eres el más pequeño del grupo.

—Me… me llamo Tommy…

—¿Qué te pasa? —preguntó Tamiya —. Si te encoges, no te podré grabar.

—Es que… soy algo tímido —respondió con una sonrisilla.

—Si te vas a sentir incómodo, lo podemos dejar para otro momento —dijo Milly anotando como loca en su libreta —. Pasemos al siguiente, la otra chica.

—Me llamo Zoe —dijo la rubia rápidamente.

—¿Realmente eres japonesa? Porque no lo pareces.

—Sí lo soy, pero también tengo sangre italiana —respondió.

—Ajá… ¿Sabes que hay chicos que ya se han fijado en ti y desean saber más de ti?

—Pues no tienen oportunidad alguna —sonrió antes de dejar caer la cabeza en el hombro de Kouji.

—¿Sois novios? —preguntó Tamiya abriendo el enfoque —. Pero si se les ha visto con Yumi Ishiyama…

—Pues sí —respondió —. Kouji y yo salimos desde hace mucho —dijo.

—Y si vamos con Yumi es porque somos primos —dijo Kouji.

—¿En serio desde hace mucho? —preguntó en susurros Takuya.

—¿Decías algo? —preguntó Milly, pasando la atención al castaño.

—Eh, ah… me llamo Takuya.

—Algo me dice que eres un segundo Odd.

—¿Eso es bueno o malo? —preguntó el chico.

—Depende —se encogió de hombros —. Odd es famoso por intentar ligar con las chicas. Que tú te le parezcas hace que te conviertas en un competidor en eso de ligar —explicó casual —. ¿Ya le has echado un ojo a alguna? Hablo de chica de por aquí.

—Ah, pues… Yo…

—Parece que sí —dijo Milly pasando a los gemelos —. Vosotros habéis causado un revuelo nada más llegar. ¿Realmente sois gemelos?

—Ya, hasta yo lo dudo a veces cuando miro a mi hermano —resopló Kouji.

—Sí, lo somos —asintió Koichi amablemente —. Me llamo Koichi y él es Kouji.

—Las chicas se llevarán una desilusión cuando se enteren que tu hermano tiene novia y…

El ruido de algo golpeando la mesa hizo que todas las miradas se voltearan hacia el espacio en el que había estado Takuya. Lentamente, bajaron las cabezas hasta encontrarlo bajo la mesa, escondido con la mirada en la puerta por la que entraban tres chicas.

—Oye, Milly —dijo Tamiya —, esas tres son nuevas. ¿No eran sólo diez?

—Eso tenía entendido —asintió la pelirroja —. Da igual, vamos. ¡Muchas gracias, chicos! Podréis leerlo todo en un par de días en la revista semanal. ¡Hasta otra!

—¿Alguien más ha pensado que sus preguntas podrían ser más peligrosas que las de nuestros padres por el "intercambio"? —preguntó Tommy.

—Pero si tú estabas nervioso —señaló Odd.

—No me apetecía hablar y he preferido fingir —sonrió.

—Takuya, ¿estás bien? —preguntó Katsuharu.

—Oh, cielos, ¡estás totalmente rojo! —exclamó Zoe antes de echarse a reír.

—¡Calla! No es nada —susurró Takuya, escondiendo el rostro a todos.

—No me digas que es por aquellas tres que han entrado —dijo Aelita.

—Bueno, pues…

—¡Venga ya! —rió Teppei.

—¡Bueno, basta! No es nada de lo que vosotros pensáis porque…

—¿Qué? —empezó Yumi.

—Pues…

—Venga, suéltalo —dijo Kouji tirando de él para sacarlo de debajo de la mesa.

—¿Qué es eso de que salís desde hace mucho tiempo? —preguntó.

—¿Esperabas que dijésemos desde que un clon de Zoe me secuestró en un mundo digital? —preguntó el chico —. Y no te desvíes del tema. ¿Por qué no es lo que pensamos?

—Porque mi caidita allí fuera me ha traído un recuerdo —dijo.

—Es verdad, hemos oído la voz de Agunimon y, por un momento, temíamos que apareciese —susurró Emily.

—No lo haría —negó Koichi —. Nosotros somos los cuerpos de los espíritus digitales. Sin nosotros, ellos no pueden salir. Ni en forma infantil —susurró.

—¿Y en qué influye un recuerdo para que no pensemos lo que pensamos? —preguntó Odd.

—Pues en que salía alguien importante para mí, ¿vale? Al menos, así lo he sentido —dijo desviando la mirada —. Cuando recuerdes a alguien, seguro lo entenderás.

—Bueno —respondió encogiéndose de hombros el rubio —, ya tuve un recuerdo, cuando volví de Japón.

—Entonces seguro me entiendes —señaló.

—Pues no, sólo estaba yo—dijo —. Descubrí que esa idea de separar el alma en dos y dejarlas cada una a su suerte no me hacía ni gracia. Por eso Kiwi vivía conmigo.

—Vamos, que a ti no te quería nadie —señaló el castaño

—Quizá por eso Odd es un mujeriego en esta vida —comentó Sissi.

—¡Oye! Nunca he sido un mujeriego —intentó defenderse por encima de las risas del grupo, que crecieron aún más cuando las dos reporteras y las tres chicas que entrevistaban les lanzaron una mirada extrañada —. Genial, ahora yo también he quedado fatal, como Takuya…