Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Uno: Bella

23 de junio de 2022

Los Ángeles, California

—¿Qué demonios estás haciendo?

Alzo la vista hacia la puerta donde se encuentra Edward mirándome con una cesta de ropa limpia en los brazos.

—¿Qué? —replico, subiéndome los lentes por la nariz. Sus ojos bajan hacia la pila de cosas que estoy acomodando en la cama.

—Sabes que no puedes traer nada de eso, ¿verdad?

Bajo la vista al montón de armas que he reunido. Navajas, mi hacha, un bate de béisbol, una espadita que se supone que es un abrecartas… lo vuelvo a mirar.

—No voy a dejar aquí nada de esto —digo, negando con la cabeza.

Edward deja la cesta sobre la cama, sacudiendo la cabeza.

—Nena, no podemos llevar esas mierdas con nosotros. Nos tacharán de terroristas.

Pongo los ojos en blanco ante su dramatismo.

—Bien, primero que nada, no son bombas —digo, mirando el montón de cosas—. Segundo, vamos a enviar por paquetería muchas otras cosas. ¿Por qué no enviamos esto también?

De acuerdo, las cosas que vamos a enviar son libros y mierdas que Edward necesitará para la escuela. De todas formas, no veo por qué mi hacha no puede encajar con eso.

—Bella, juro por Dios… —murmura, sacudiendo la cabeza. Lo veo alzando una ceja, retándolo a continuar. Bufa—. Nena, piensa en todas las armas que podrás encontrar en Europa —dice, intentando con una nueva táctica. Frunzo el ceño—. Deja estas mierdas aquí. Estoy seguro de que en poco tiempo te reabastecerás.

Es un buen argumento; en algún momento nos toparemos con toda clase de armas allá, especialmente al tener en cuenta la investigación de Edward.

—Promete que te robarás una espada de vikingos para mí —digo, aventando mis navajas sobre la cama. Edward resopla una carcajada y le sonrío, aunque hablo en serio. Si eran lo suficientemente buenas para los vikingos, serán lo suficientemente buenas para mí.

Edward rodea la cama, me abre los brazos y me hundo ahí de buena gana. Sus dedos suben y bajan por mi espalda hasta que tira gentilmente de mi coleta.

—Estás loca, Swan.

Sonrío, mis dedos se meten por debajo de la parte de atrás de su camiseta y extiendo las palmas sobre su espalda.

—El loco eres tú por querer casarte conmigo —comento—. Cuando estemos legalmente unidos, no habrá forma de escapar.

Edward sonríe, y es esa misma puta sonrisa que me detiene el corazón y me lo reinicia con un ritmo anormal. Dios, amo a este hombre.

—¿Me lo prometes? —pregunta, agacha la cabeza y su nariz roza la mía. No me avergüenza admitir que me estremezco en sus brazos, derritiéndome un poco ante su proximidad.

—Para siempre, Cullen —susurro, sabiendo bien lo que le provocarán esas palabras.

No me decepcionan. Los labios de Edward se estrellan en los míos, haciéndome sonreír mientras mis manos se salen de debajo de su camiseta y se meten entre nosotros. Las uso para rodearle los hombros y aprovecho la ventaja para colgarme de sus brazos mientras él aprieta su agarre en mí. Su boca es exigente, intensa, al morderme el labio inferior. Siseo, mis piernas lo aprietan mientras me esfuerzo por afianzarme alrededor de él.

—Carajo, nuestra cama está llena de armas —gruñe, separando su boca de la mía. Sus manos se mueven debajo de mi culo, me aprietan y me manosean y yo me muevo hacia él.

—La cómoda —jadeo, apretándolo entre mis piernas, de pronto me siento desesperada por él.

Gruñe y nos gira, dando tres zancadas a través de la habitación para depositarme sobre la cómoda bajita que está en nuestra habitación. Sus labios encuentran los míos otra vez y me muerden, exigentes. Le jalo el cabello con tanta fuerza que jadea, sus caderas se presionan con más fuerza en las mías.

—Quítate esta jodida ropa —espeto, soltándole el cabello para jalarle la camiseta. Casi lo estrangulo al intentar quitársela.

—Dios, eres exigente —gruñe, se quita la camiseta y después va tras la mía.

—¡Más rápido! —grito.

Ya está enojado, y se ve hermoso en su enojo. Un estremecimiento corre a través de mí cuando me arranca la camiseta. Estoy usando un sostén deportivo con cierre delantero y Edward se las arregla para bajarlo, abriéndolo. Muevo los brazos para quitármelo, pero él me sorprende al detenerme los brazos por la espalda y usar mi sostén para atarlos. Oh, carajo sí.

Estoy montada en nuestra cómoda, con las tetas sobresaliendo, y las manos atadas en la espalda con mi puto sostén.

Estoy tan jodidamente cachonda que apenas puedo pensar.

Edward se aleja un paso de mí, sonriendo al verme.

—Dios, te ves tan bien así.

—¡Trae tu culo acá! —le exijo.

Se toma su tiempo y me vuelve jodidamente loca.

—¿Tienes idea de lo frustrante que puedes ser? —pregunta, alzando una mano para acariciar la parte superior de mis muslos sobre mis leggins. Mis piernas se abren para él.

—Carajo —me quejo. Necesito que me toque más.

—¿Me vas a obedecer cuando estemos casados? —pregunta, y alzo la mirada a sus ojos.

—Carajo, no —gruño.

La sonrisa de Edward es perversa.

—Dime qué necesitas.

Mis piernas están tan putamente abiertas que las rodillas se enganchan en las esquinas de la cómoda.

—Quiero que le hagas un puto agujero a estos leggins y me des con todas tus fuerzas.

Usualmente no soy partidaria de arruinar innecesariamente la ropa, pero la mirada en su rostro al decir esas palabras me hace querer ofrecerle todo mi guardarropa para que lo destroce.

Los dedos de Edward suben por mis muslos, encontrando la costura frontal que está justo sobre mi monte. Estoy gimiendo tan ruidosamente que estoy segura de que los vecinos a unos cuantos departamentos pueden oírme. Sus dedos juegan con la costura, presionando en mí justo lo suficiente para hacerme gritarle con deseo y frustración. Edward sonríe, agachándose para capturar mis labios con los suyos, silenciándome de inmediato.

Empieza a dedearme sobre los leggins, presionando sobre mi clítoris, pasando la costura entre la humedad que me empapa el coño.

—Dios, estás mojada —gime.

—Ed-ward —gimoteo con fuerza, ya no estoy para juegos. Él asiente, sus dedos encuentran el agujero más pequeño del mundo en la costura de mis leggins.

El sonido de la tela abriéndose provoca una sacudida por mi espalda.

—No llevas nada abajo. —Chasquea la lengua. No sé por qué esto le sorprende, casi nunca uso ropa interior.

Antes de poder soltarle un comentario sabiondo, Edward se abre la bragueta, saca su polla y todo mi cuerpo se mueve para enfrente hacia la orilla de la cómoda, desesperado por él.

Se desliza dentro de mí antes de poder molestarlo otra vez. Su cuerpo embiste contra el mío con tanta fuerza que la cómoda se mueve hacia atrás, golpeando la pared, y yo grito, poniendo los ojos en blanco.

—Aguanta, nena —gruñe, rodeándome las caderas con los brazos. Mis manos, que siguen atadas a mi espalda, encuentran un sitio donde apoyarse sobre la cómoda mientras él me toma con todas sus fuerzas. Es despiadado, y la cómoda está a la altura perfecta para permitirle desatarse completamente conmigo. La madera dura debajo de mi culo y la polla dura que golpea dentro de mí me están llevando cada vez más y más alto. Estoy tan excitada que prácticamente no tardo nada antes de encontrarme gritando, corriéndome con fuerza a su alrededor. Edward no se detiene, y ese primer orgasmo brota rápidamente en un placer nuevo. Edward se toma un segundo para ayudarme a quitarme el sostén de las muñecas y cuando quedan libres mis brazos se posan a su alrededor, acercándolo más, más fuerte.

Su polla perfecta está enterrada en mí hasta la base, entra y sale tan fácilmente que es difícil pensar. Mi coño está tan jodidamente sensible que puedo sentir las venas de su polla rozándome mientras me llena. Mis manos le agarran las caderas y me impulso hacia él, mi coño palpita cuando me da en el punto G.

—Carajo, mierda, joder —grito, jalando sus caderas hacia mí para golpear de nuevo ese sitio. Siento que mi orgasmo empieza en mi espina dorsal, me paraliza al explotar con tanta fuerza que todo mi cuerpo se ve arrastrado con él. Edward maldice y deja caer la cabeza sobre mi hombro al enterrarse en mí y correrse.

Ambos nos quedamos en silencio, el eco de nuestros gritos sigue rebotando a nuestro alrededor, llenando mis oídos con un zumbido sordo. Mi cuerpo es un cable de sensaciones, y siento unos cuantos músculos sufrir espasmos y temblores como secuelas de la euforia.

Eventualmente Edward sale de mí y gimoteo en lo profundo de mi garganta.

En algún momento él había perdido el short. Ni siquiera lo noté.

Alza la mano, quitándome con gentileza los leggins. Me alzo un poco para ayudarlo cuando me los baja de las piernas. Están completamente arruinados.

Edward regresa a su sitio entre mis piernas y lo rodeo con mi cuerpo, abrazándolo a mí. Nuestros ojos quedan casi al mismo nivel en esta posición, y paso los dedos por su brillante cabello.

—Oye —susurro. Sonríe, alzándose para besar la comisura de mi boca.

—¿Sí?

Le sonrío.

—Te amo.

No lo digo a cada rato, ni tan seguido como Edward me lo dice a mí, pero creo que a él no le molesta tanto. Cuando se lo digo adopta en el rostro una expresión endemoniadamente cursi que me derrite el maldito corazón.

Ahí está ahora, sus ojos brillan a causa de la alegría, y su sonrisa es tan dulce y tierna y tan jodidamente feliz.

—Bella, te amo muchísimo.

Sonrío, acercándome para dejar un beso en su boca. Me aparto antes de que podamos volver a perdernos el uno en el otro.

—Gracias por follarme.

Edward suelta una carcajada que sacude la cómoda y, consecuentemente, a mí.

—Fue un placer —dice, su rostro se ve hermoso a causa de la diversión. Me lamo los labios, bajando la vista a su polla entre nosotros. Dios, este hombre tiene mucho aguante. Es jodidamente maravilloso.

—¿Quieres hacerlo otra vez? —pregunto, esperanzada. La sonrisa de Edward se torna pecaminosa.

—Es mejor que te agarres, nena.


Y aquí les traigo la tan esperada secuela de Lockdown. Ahora que ya solo estoy traduciendo Star Crossed, no me pude aguantar y decidí publicarla, además de que en la encuesta del grupo de Facebook esta fue la traducción que ganó.

La historia tiene 71 capítulos, son capítulos generalmente cortos. Si mal no recuerdo, son un poquito más largos que los de Lockdown, pero no por mucho. Eso sí, esta historia se enfoca únicamente en Bella y Edward, así que no tendremos capítulos de las otras dos parejitas.

No estoy segura ahorita cómo van a quedar las actus, pero intentaré actualizar de dos a tres veces por semana. De cualquier forma, saben que siempre las mantengo al tanto de eso en mi grupo de Facebook.

Esta nota ya se alargó mucho, así que me despido y como siempre: gracias por apoyarme en otra traducción más ;)