Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Dos: Bella

23 de junio de 2022

Los Ángeles, California

—Nuestro apartamento es un desastre —bufa Edward, mirando por nuestra habitación.

Me encojo de hombros, siento que no tengo huesos. Me han follado bien y bonito esta tarde.

—Estamos preparándonos para mudarnos a Europa. Tiene permitido estar hecho un desastre.

Me mira cuando se agacha para volver a ponerse el bóxer. Hago un puchero desde donde sigo sentada sobre la cómoda.

—Mi mamá se volverá loca si lo ve así.

Pongo los ojos en blanco.

—Ha visto cosas peores. ¿Recuerdas cuando le hacíamos videollamadas durante el confinamiento?

Edward se ríe y sacude la cabeza, alzando la mano para frotarse la parte trasera del cuello.

—Dios, eso era un puto desastre.

Sonrío.

—Tu mamá sabe exactamente quién soy —señalo—. Mi papá, por otro lado… —Hago una pausa, pensando en Charlie viendo el estado de nuestro apartamento. A pesar de que estamos en medio de una mudanza, probablemente desaprobaría este caos. El desastre nunca ha sido lo suyo.

—¿A qué hora llegará?

Alzo la vista hacia Edward y le frunzo el ceño al darme cuenta de que se puso una camiseta.

—Deja de vestirte. —Hago un mohín—. ¿Por qué nos molestamos en usar ropa cuando estamos en casa?

Se carcajea, acercándose hacia donde sigo sentada sobre la cómoda.

—Porque —murmura, poniendo las manos a cada lado mío. Se acerca lo suficiente para poder olerlo. Huele a chicle de menta y sexo. Casi gimo—. Si andas por ahí desnuda, literalmente no podría hacer nada. —Sube las manos a mis muslos, los masajea suavemente y gimo, abriendo las piernas a modo de invitación. Sonríe, se acerca para besarme bruscamente y mis dedos le agarran el cabello, jalando y estirando con desesperación.

—Carajo, ¡sí, otra vez! —gruño, mis piernas intentan rodearle la cadera. Edward se ríe, se suelta de mi agarre y aparta su boca de la mía.

—Nena, tengo que ir a recoger a mis padres al aeropuerto.

Exhalo un largo suspiro.

—No creo que sea mucho pedir que tengamos sexo todo el tiempo —señalo. Edward se ríe y eso le llena la cara de diversión. Dios, lo amo.

—Eso fue literalmente lo que hicimos el primer año que estuvimos juntos —comenta, alejándose lo suficiente de mí para ya no poder agarrarlo. Rebusca entre la cesta de ropa que trajo hace rato y saca unos calcetines.

—Si digo que extraño el confinamiento, eso me convierte en una imbécil, ¿cierto?

Edward sonríe al sentarse en la orilla de nuestra cama.

—Solo un poco —admite.

Suspiro. Edward se pone los calcetines, luego se pone de pie y regresa para pararse frente a mí. Estira los brazos, toma mi cara en sus manos y me ladea un poco la cabeza para poder verlo.

—Te amo, Bella Swan. Desearía que el mundo no hubiera tenido que reanudarse para poder quedarnos en nuestra burbuja loca y perfecta. —Roza suavemente mis mejillas con sus dedos—. Pero no puedo esperar por la siguiente parte de nuestras vidas. —Me sonríe y mi corazón casi se rompe al verlo. Es tan hermoso—. No puedo esperar para casarme contigo, para mostrarte este mundo maravilloso en el que vivimos. —Hace una pausa, su pulgar se mueve de adelante hacia atrás sobre mis mejillas—. No puedo esperar a qué tan loca te pones cuando descubras leyendas locales de Inglaterra. —Me río y él sonríe en grande—. Bella, sin importar lo que haga el mundo, de aquí hasta la eternidad seremos tú y yo. —Siento que estoy a punto de llorar y parpadeo con fuerza. Mis manos lo rodean, acercándolo a mí, y él se agacha un poco, me rodea con sus brazos y lleva mis labios a los suyos. No sabía que el amor se podía sentir así. Que podía hacerte sentir tan increíblemente suave y cálido y a salvo.

Amo a este hombre más que a nada, y aunque eso todavía me asusta, sé que él me ama igual.

Me separo de él y esnifo un poco.

—Sal de aquí, cursi —digo, moviendo las manos para empujarle un poco el pecho—. Tus padres aterrizarán en cualquier momento.

Edward sonríe, agachándose para besarme una vez más antes de apartarse de mí.

—¿Estás segura de que no quieres venir conmigo?

Niego con la cabeza.

—Estoy segura de que no habrá mucho espacio en el carro entre ustedes tres y el equipaje. Ve. Intentaré guardar al menos mi arsenal.

Edward me sonríe, inclinándose para darme un último beso antes de agarrar sus llaves.

—Nos vemos en un rato.

Asiento mientras sale de la habitación. En cuanto escucho que se cierra la puerta suelto unos tontos soniditos cursis que él me hace sentir, pero que me avergüenza demasiado hacer frente a él. Son un montón de suspiros y chillidos.

Luego de calmarme, me bajo de la cómoda y me dirijo al baño para darme una ducha rápida. Lo menos que puedo hacer por Edward justo ahora es intentar hacer que nuestro apartamento no sea una pesadilla tan grande para sus padres.