Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Tres: Bella
23 de junio de 2022
Los Ángeles, California
Detesto limpiar. De verdad que sí lo detesto. O sea, lo haré, porque la alternativa es una pesadilla, pero ¿por qué los humanos tienen que ser tan sucios?
Miro los montones de mierdas tirados por nuestro apartamento y exhalo un largo suspiro. Bien, en su mayoría el desastre es mío. Edward es muy pulcro, y sé que lo vuelve loco que yo no lo sea.
Le frunzo el ceño al montón de mierdas que hemos acumulado a lo largo de los años y sacudo la cabeza. No más. No tendremos permitido comprar nada cuando nos mudemos a Europa.
Tardo más de lo que esperaba en recoger la sala. Ni siquiera me molesto con nuestra habitación. Sus padres no entrarán ahí, y eso me da más tiempo para enfocarme en las mierdas que están enfrente.
Después de un año y medio de estar encerrados juntos en la casa durante el confinamiento, cuando llegó el momento de renovar el alquiler en junio, decidimos ir por caminos separados. Quería a nuestros amigos, pero necesitaba un puto descanso de ellos, igual que sabía que ellos necesitaban un descanso de nosotros.
A veces extraño vivir con ellos, pero la verdad, vivir con Edward durante el último año ha sido maravilloso. No siempre ha sido fácil, pero sí que ha valido toda la puta pena.
Sigo escribiendo, publicando en paralelo a las cosas de mi vida diaria. No genero muchísimo dinero, pero definitivamente genera lo suficiente para ayudar a complementar nuestros ingresos. Edward sigue dando clases; lo cual dice que disfruta hacer. Sé que es bueno en ello, porque es irritantemente bueno en todo trabajo que realiza, pero puedo notar que no es la verdadera pasión de su vida. Quiere más, y no puedo esperar a que obtenga eso que quiere.
Me había quedado pasmada cuando mencionó la posibilidad de mudarse a Europa para su doctorado. No había estado segura de qué me estaba proponiendo, y descargué en él una diatriba francamente embarazosa por la que todavía me molesta. No sabía cuánto lo amaba hasta que pensé que se estaba preparando para dejarme.
Después de calmarme, y después de unas cuantas rondas de un sexo muy enojado y apasionado, Edward lo volvió a intentar, enfatizando que quería que yo fuera con él.
Me dijo que había planeado una propuesta en grande, algo romántico y maravilloso, pero mi culo terco le había frustrado los planes.
Personalmente, yo había amado su propuesta. Sudoroso, desnudo, ligeramente sin aliento y dedicándome esa mirada que me indica que está a punto de perder la cordura gracias a mi locura.
No lo cambiaría por nada.
Habían pasado casi diez meses desde esa noche y en menos de cuarenta y ocho horas estaríamos casados.
Detengo la limpieza para mirar el anillo en mi dedo. Es pequeño, pero perfecto. Edward dijo que era un diamante sal y pimienta. No sé qué demonios se supone que significa eso, pero es una hermosa piedra grisácea sobre una delgada banda de oro. Simple, un poco raro, pero único. Edward me dijo que en el momento en que lo vio, supo que era el indicado para mí. Estoy totalmente de acuerdo con él.
Es la única pieza de joyería que he usado en mi vida y pocas veces me lo he quitado desde que me lo puso en el dedo.
Si alguien me hubiera preguntado hace unos años si me veía casándome en algún momento, mi respuesta habría sido un no rápido y contundente. No creía en el matrimonio, no en realidad, y en ese momento no podía imaginarme que hubiera una sola alma a quien pudiera llegar a amar lo suficiente para pasar el resto de mi vida. La gente es irritante, y más que nada yo soy irritante. Solo alguien demente querría casarse conmigo.
Ese pensamiento me hace sonreír y sacudo un poco la cabeza, dejo caer la mano y respiro profundamente.
Edward está loco, pero eso es lo que yo amo de él.
Intento concentrarme en limpiar nuestro apartamento, pero solo consigo terminar la mitad de lo que quería hacer cuando escucho sus llaves en la puerta. Alzo la vista desde donde estoy levantando mis suéteres del piso y los lanzo rápidamente a nuestra habitación, cerrando la puerta antes de girarme a saludar a Esme y Carlisle.
Habíamos hablado en varias ocasiones por videollamada y, por supuesto, Edward me llevó a Chicago el verano pasado para conocerlos cuando al fin era lo suficientemente seguro viajar, pero aparte de eso no he pasado mucho tiempo con ellos.
Esme es más cálida, y usualmente intenta estar en contacto conmigo más seguido, pero sigo sin conocer mucho a Carlisle.
—¡Bella! —dice Esme en el instante en que se abre la puerta de nuestro apartamento—. Oh, cariño, ¡mírate! ¡Te ves maravillosa! —grita, entrando a toda prisa al apartamento para abrazarme. Me veo momentáneamente sorprendida y miro a Edward sobre su hombro. Él me sonríe mientras permite que pase su padre detrás de él.
—Hola, Esme, es bueno verte —digo, palmeándole ligeramente la espalda. Se aparta de mí, sus manos se posan en mis brazos.
—Oh, igualmente, Bella. Dios mío, cada vez que te vemos estás más bonita —dice animada. Me remuevo incómoda—. Estoy muy emocionada por este fin de semana. Sé que ustedes no querían nada muy extravagante, pero creo que todo saldrá muy encantador. —Sigue sin soltarme y le dedico una sonrisa tensa.
—Mamá —dice Edward, llegando a mi rescate—. Creo que la estás aplastando a muerte y resulta que todavía quiero casarme con ella este fin de semana.
Esme suspira un sonidito cursi que es vergonzosamente parecido al sonido que yo emití hace rato. Me suelta los brazos y me palmea las mejillas con una sonrisa antes de retroceder un paso. Miro a Carlisle, que me dedica una sonrisa amable.
—Hola —digo, alzando la mano a modo de saludo.
—Hola, Bella, me da gusto verte —comenta.
Eso es todo de su parte y exhalo un suspiro, aliviada.
—Oh, el apartamento se ve increíble. ¿Cómo van con esto de empacar todo? —pregunta Esme, paseando por la sala.
—Bien, mamá —dice Edward, sacudiendo la cabeza.
Ella se gira hacia él.
—¿Se llevarán todo esto con ustedes? —pregunta, alzando una ceja.
—No —dice rápidamente—. Enviaremos unas cosas por adelantado, pero venderemos o donaremos la mayoría de las cosas que tenemos aquí.
Asiento cuando me mira. Alice ya apartó muchos de nuestros muebles, lo cual está muy bien. Jasper y ella tienen una casa que llenar.
Miro hacia nuestra habitación, haciendo una nota mental para desinfectar la cómoda antes de que se vaya a su casa nueva.
—¿Cuándo llegará tu papá? —pregunta Esme, sacándome de mis pensamientos.
—Oh, um, en la noche.
Asiente.
—¿Nos reuniremos con Alice y Jasper para cenar? —pregunta, girándose hacia Edward, y me alivia que al fin haya apartado su atención de mí. Nos acomodamos en la sala y en silencio me tomo un minuto para felicitarme por limpiar la mayoría del desastre. Esme no puede quedarse quieta si hay mierdas que limpiar, y el que ella esté sentada ahora…
—Oh, ¿se van a llevar esto? —Esme se levanta del sofá, interrumpiendo la conversación actual. Cruza la sala para señalar los títulos que Edward y yo tenemos enmarcados en la pared.
—Lo dudo —dice Edward, encogiéndose un poco. Esme asiente y se agacha para recoger una pila de revistas.
—Oh, tendrán que cancelar muchas suscripciones, ¿no? Espero que tengan una lista en algún sitio —murmura, y organiza las revistas en una pila ordenada antes de meterlas con cuidado en el librero. Al terminar, se gira hacia el siguiente artículo que puede encontrar.
De acuerdo, no limpié tan bien como probablemente pude haberlo hecho.
—Mamá, relájate —le ruega Edward. Ella lo ignora.
—¿Crees que tenga tiempo suficiente para tomar una siesta antes de ir a casa de Alice y Jasper? —Miramos a Carlisle y me siento agradecida por su pregunta.
Edward toma la salida que le ofrece su padre.
—Sí, de hecho, ¿por qué no los llevo ahorita al hotel? Así les dará tiempo de descansar antes de juntarnos todos esta noche.
Esme alza la vista del montón de ropa sucia que de alguna manera logró reunir.
—Oh, bueno, supongo que es una buena idea.
No sé por qué no fueron primero al hotel. Esme siempre se estresa cuando ve nuestro apartamento.
—Genial, vámonos.
Edward se pone de pie, pero esta vez me levanta con él. Miro su rostro y me doy cuenta de que voy a tener que ir con él.
Exhalo un suspiro, luego asiento y me giro hacia sus padres.
—¿Listos?
