Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Cuatro: Edward
23 de junio de 2022
Los Ángeles, California
—Nena.
Bella ni se inmuta, y no me sorprende. Cuando toma siestas, queda fuera de combate. Me inclino sobre ella, sacudiéndole el hombro.
—Nena, despierta.
—Jódete, Cullen —gruñe. Sonrío. Tal vez está más despierta de lo que pensé.
—Llevas una hora dormida y si no te levantas justo ahora, vamos a llegar tarde a recoger a tu papá del aeropuerto.
Bella gime.
—Pídele un Uber.
La ignoro al cruzar la sala en busca de mis llaves y cartera. Dejamos a mis padres en su hotel hace unas horas y cuando llegamos a casa Bella prácticamente me derribó, tacleándome sobre el sofá. No sé si es porque ella sabía que no tendríamos mucho tiempo para tener sexo en los siguientes dos días, o si simplemente se estaba sintiendo particularmente caliente después de nuestra discusión en el carro.
Siempre es difícil saberlo con ella.
—¡Nena!
—¡No! —gimotea, con la cara todavía enterrada en el cojín. Desde este ángulo puedo ver que ni siquiera está usando ropa interior; solo lleva puesta mi camisa.
Dios.
—Bella —bufo, cruzando la sala. Le doy una nalgada, haciéndola gritar y enderezarse un poco. Aprovechándome de su nueva posición, la levanto en brazos del sofá. Se resiste por un minuto antes de sonreír y derretirse sobre mí.
Por supuesto, carajo.
—Lo planeaste —la acuso.
Sonríe y se estira en mis brazos mientras la llevo a nuestra habitación.
—Sabes lo sexy que me parece cuando me cargas.
Sacudo la cabeza.
—No tenemos tiempo para eso.
Hace un puchero y la lanzo sobre la cama. Rebota, su expresión se transforma en una de sorpresa cuando me río de ella.
—Idiota —bufa.
—Vístete. No recogeré a tu papá yo solo.
Frunce el ceño, pero se gira hacia la cesta de ropa limpia que traje en la tarde. La dejo para que se vista mientras me pongo los zapatos.
No es que no me agrade Charlie. Es un tipo genial y ama a Bella más que a nada, algo con lo que definitivamente me puedo identificar.
Es solo que Charlie es muy estoico. Es el tipo de hombre que se siente feliz estando en silencio durante horas. Después de pasar los últimos dos años viviendo con Bella, ya no sé qué hacer con esa clase de silencio.
Me pongo los zapatos y, por suerte, Bella sale de nuestra habitación usando un short diminuto y un top. Cristo, ni siquiera se puso un sostén.
Me quedo trabado viendo sus tetas rellenas rebotando en el débil sostén integrado de su blusa.
—Contrólate, Cullen —espeta, poniéndose los Converse. Parpadeo—. No puedes estar de pervertido frente al jefe.
Pongo los ojos en blanco. No tenemos que preocuparnos nunca de que sea yo el pervertido. Bella es jodidamente desvergonzada.
—¿Lista? —le pregunto, parándome del sofá. Asiente y alza la mano para apartarse el cabello de la cara. Eso hace que se le levante el top y exponga una parte de su vientre. Carajo, concéntrate, Cullen.
No es como que no hayamos estado ya el uno sobre el otro tres veces el día de hoy.
Esperaba que nuestra vida sexual se calmara un poco, y sí fue así en cierto modo cuando empecé a trabajar a tiempo completo. Pero el impulso entre nosotros, la química salvaje y la pasión, nunca disminuyó. Más bien se volvió más fuerte.
Bella y yo salimos de nuestro apartamento, y me agarra la mano en el pasillo. La miro con sorpresa. Usualmente no me toma de la mano, pero ciertamente no me molesta.
Entrelazo mis dedos con los suyos, intentando esconderle mi sonrisa.
—Bobo —murmura, sin siquiera mirarme. Me río. Esta mujer me conoce demasiado bien.
Mi pulgar roza sobre su nudillo y alcanzo a tocar su anillo de compromiso. El corazón me martillea un poco más fuerte al sentirlo. Supe con mucha rapidez que necesitaba a Bella por el resto de mi vida. Cuando empezamos a estar juntos ni siquiera sabía si ella estaba interesada en el matrimonio, pero no me importaba. La aceptaría de cualquier manera que pudiera tenerla. Mi vida había sido buena antes de la pandemia. Iba en un buen camino, a punto de realizar unos sueños muy grandes, pero no había sido nada, absolutamente nada, comparado con lo mucho que Bella me había completado desde entonces. Puede que la pandemia se hubiera llevado muchas cosas, pero en mi vida me había dado con creces.
Sonreí al recordar cuando le pedí matrimonio a Bella. Había sido un idiota, no dejé en claro lo que estaba pidiendo, y ella casi me había arrancado la cabeza al pensar que estaba terminando con ella.
Fue muy caliente.
—Sé en qué estás pensando —murmura Bella mientras bajamos hacia el carro.
La miro.
—Oh, ¿en serio? —Pocas veces sabe en realidad dónde está mi mente, pero siempre me interesan sus teorías. Como mínimo, siempre me provocan una buena carcajada.
Alza la vista, se detiene junto a mi carro y me empuja contra la puerta. Parpadeo sorprendido cuando apoya su cuerpo en el mío, suelta mi mano y las sube para jalar mi cabeza hacia un beso. Mis brazos le rodean la cintura, apretándola contra mí, y siento que sonríe sobre mis labios.
Se aparta de mí y me da un apretón.
—Si hay suficiente tráfico, te daré una mamada de carretera.
Me ahogo con mi risa y esa jodida descarada me guiña y se aparta de mí, metiéndose a mi carro. Mi vida nunca más volverá a ser aburrida, y gracias a Dios por eso.
