Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Seis: Bella
23 de junio de 2022
Los Ángeles, California
—¿Ya estás casi lista?
Edward suena impaciente y me sonrío frente al espejo. Después de recoger a mi papá fuimos a los jardines botánicos donde nos casaremos mañana para el ensayo. Todo salió bien, aunque Esme empezó a llorar casi de inmediato. Después de concluir el ensayo, llevamos a mi papá de regreso a su hotel para cambiarse, luego nos fuimos a casa a alistarnos para la cena de ensayo.
Como si tuviera que ensayar para comer.
Retrocedo un paso, asegurándome de que me veo bien. Usualmente no me esfuerzo mucho por arreglarme, más que nada porque no tenemos muchas razones para hacerlo. Nuestras vidas no son de riquezas y lujos. En ocasiones salimos a cenar con los amigos por un cumpleaños o alguna otra celebración, pero eso es todo.
Luego de sentirme satisfecha con mi vestuario y maquillaje y peinado, me pongo los tacones y salgo a la sala.
Edward está parado junto al librero, acomodando libros. Es tan jodidamente dramático. Como si me hubiera tardando tanto que hasta tuvo tiempo de empacar mierdas.
Deja de acomodarlos cuando entro y voltea a verme.
La satisfacción que siento cuando se queda boquiabierto es inigualable.
—Santa mierda —suspira, dejando caer los libros. Se va a arrepentir después. Creo que uno de esos es un libro viejo que codicia por completo.
—¿Cómo me veo? —pregunto, haciendo un girito sexy. No estoy del todo segura que esté respirando.
—Bella —gime—. ¿Me estás jodiendo?
Estoy usando un vestido blanco pegado al cuerpo, aunque es ligeramente más elegante de lo que podría usar para ir al club.
—Las chicas pensaron que debería empezar un poco antes con lo blanco —le digo, girándome otra vez. Está justo frente a mí cuando me volteo otra vez hacia él y sonrío. Estira las manos hacia mí, acariciando la tela sedosa del vestido, y lo aparto con un manotazo gentil—. No me ensucies —gimo las palabras y sus ojos se alzan a los míos. Está tan excitado que ni siquiera puede formar una oración.
Bien.
—Nena… yo… —Está dando tumbos con sus palabras y me echo el cabello sobre el hombro, estirándome para agarrar mi bolso blanco junto con mi maleta para la noche. Tendremos la cena de ensayo en el hotel donde se están quedando nuestros padres y esta noche también nos quedaremos ahí, aunque estaremos en habitaciones separadas. No espero ansiosa esa parte de la noche.
—Vámonos, o llegaremos tarde —le digo, dirigiéndome a la puerta. De acuerdo, tal vez le agregué un poco de meneo a mis caderas para castigarlo por haberme quitado el sexo hasta después de la noche de bodas. No entiendo por qué no pudimos haberlo hecho una vez más.
Estoy en el pasillo para cuando Edward al fin se recompone lo suficiente para seguirme. Lo volteo a ver y me emociona notar que su polla está dura como piedra cuando cierra la puerta principal.
Me mira al girar la perilla, asegurándose de que está cerrada.
—¿Cómo carajos se supone que voy a sobrevivir esta noche? —me reclama. Dios, suena enojado.
—Ese no es mi problema —digo, me sacudo el cabello y me dirijo al elevador. Puedo sentir su mirada en mi culo y sonrío. Prácticamente puedo escucharlo preguntándose si llevo ropa interior.
Nos subimos al elevador y lo miro.
—¿Por qué? —me exige saber.
Parpadeo inocentemente.
—¿De qué hablas? Las chicas me llevaron a comprar esto hace semanas.
Edward entorna la mirada. ¿Sabe que compramos varias opciones para que las pudiera usar y al final elegí el que sabía que lo volvería loco?
El elevador llega antes de que pueda ver a través de mí y salgo, mis tacones repiquetean en el piso de piedra de la recepción.
—Nena. —Edward me detiene, agarrándome el codo. Me giro para verlo—. ¿En serio esto es porque no tuvimos tiempo para más sexo? —pregunta con voz tensa.
Me siento un poco mal, así que alzo la mano y le palmeo la mejilla.
—No —digo suavemente—. Es porque estás a punto de casarte con una mujer buenísima que la rompe cuando se arregla.
Edward se ahoga, pero luego me aplasta contra su pecho, besándome con fuerza.
—Dios, te amo, Bella Swan.
