Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Siete: Edward

23 de junio de 2022

Los Ángeles, California

—¿Otra ronda?

Alzo la vista ante el grito de Rose, entrecerrando un poco la mirada. Bella está acuclillada entre las chicas, riéndose mientras llaman a nuestro mesero. Me remuevo en mi asiento, rezando para que el mantel siga escondiendo mi polla endurecida.

Ella me ha estado provocando toda la puta noche. No es que sea difícil hacerlo. Se ve como un jodido pecado en todo ese blanco aferrándose a su piel bronceada. Puedo imaginar la tela estirándose sobre su culo mientras se agacha entre las chicas para platicar al otro lado de la mesa.

Carajo.

Si no fuéramos el centro de atención en esta cena, estaría follándola en el baño desde hace al menos cuarenta minutos.

Bella alza la mirada hacia mí y sonríe como si supiera lo que estoy pensando. Esta vez probablemente sí lo sabe.

—Entonces, Edward. —Tengo que apartar la mirada de Bella e intento recordar cosas aburridas para despejarme la mente al girarme hacia mis padres—. ¿Ya encontraron sitio donde quedarse en Cambridge? —Mi mamá se pone un poco llorosa siempre que habla sobre Cambridge. Me aclaro la garganta.

—Estamos viendo unos cuantos lugares. La asociación de la beca nos acomodará en un alojamiento para estudiantes muy agradable, pero también hay unos cuantos pisos que estamos considerando.

Mamá sonríe llena de alegría.

—¿Y siguen planeando venir a Chicago para Navidad? —verifica. Asiento.

—Sí, mamá. Empezaremos a buscar vuelos en cuanto nos acomodemos allá.

Ella sonríe.

—Estoy muy orgullosa de ti —dice efusiva, estirándose para tomar mi mano. Le sonrío.

Puedo ver que nuestro mesero se acerca detrás de Bella y que tiene los ojos en su culo. Me paro antes de saber qué carajos estoy haciendo. Todos me ven sorprendidos, y me quedo ahí parado por un minuto, sin saber qué decir.

Bella se pone de pie, alisándose la tela de seda sobre el cuerpo.

—Tenemos regalos para todos —dice Bella, salvándome de quedarme ahí parado como un jodido idiota—. Los olvidamos en el carro. Ahora volvemos.

Rodeo a prisa la mesa, le agarro la mano y la arrastro hacia el frente del restaurante. En vez de salir, la llevo a la izquierda donde se encuentran ubicados los baños. Hay un baño de discapacitados y abro la puerta, metiéndola conmigo. En cuanto se cierra la puerta, Bella se lanza a mí, aventándome contra la puerta.

—Dios, te deseo tanto —gime.

—Carajo —siseo cuando sus rápidos dedos empiezan a jalarme el cinto—. Nena, tienes que guardar silencio, ¿puedes hacerlo?

Gruñe y me saca el cinto del pantalón con una sonrisa satisfecha.

—¿A quién le importa si nos escuchan? —gruñe, y me abre el pantalón mientras se alza para besarme. Gracias a sus tacones es casi tan alta que apenas tengo que agacharme para alcanzar su boca. Carajo, sabe a ron y fresas.

La agarro y nos giro para que ella quede contra la pared, con mi cuerpo apoyado en el suyo. La limitación de su vestido no me permite meter una pierna entre las suyas como quiero hacerlo y gruño, agarrando la tela alrededor de sus muslos y subiéndola.

—Sí, amor —gime, empujando las caderas mientras yo permito a mis dedos acariciar sus piernas—. Fóllame en este baño, por favor.

Mis manos se detienen debajo de la curvatura de sus nalgas. Esta es la última vez que podremos follar antes de casarnos.

Esa comprensión me golpea con fuerza y Bella voltea a verme.

—¿Por qué te detienes? —se queja.

—Nena, nos vamos a casar mañana. —Me detengo, sacudiendo la cabeza—. Carajo, no deberíamos pasar nuestra última vez juntos antes de eso en el baño de un puto restaurante. —Empiezo a apartarme de ella, pero me agarra la mano y la mete justo entre sus piernas. Mis rodillas ceden un poco. Está empapada y no lleva bragas.

Carajo.

—Edward —gime, frotándose sobre mi mano—. Por favor. No me importa dónde lo hagamos, quién nos vea o nos escuche. Somos tú y yo, amor. Siempre somos tú y yo.

Tiene toda la jodida razón, claro. Todas las veces con ella son especiales porque es ella. No importa dónde estemos.

Acuno su coño y me agacho, besándola con fuerza. Se alza, enredando las manos en mi cabello y jalándolo un poco.

—Dios, te amo —gruño. Gime sobre mis labios—. No puedo esperar para casarme contigo.

Sonríe sobre mis labios.

—Nunca te dejaré escapar, Cullen.

Me desabrocho el botón del pantalón con una mano y abro el zipper antes de subirle más el vestido. La otra mano está firmemente ubicada en su coño caliente, y no se irá pronto de ahí.

Logro acomodarnos, mi dolorida polla al fin está libre. Me pajeo con una mano mientras uso la otra para meterle dedo a Bella, imitando los movimientos hasta que ella se encuentra embistiendo contra la puerta.

—Amor —casi grita cuando resulta ser casi demasiado. Bufo una carcajada y saco mis dedos de ella, los chupo hasta dejarlos limpios antes de agarrarle las caderas. Engancha una fuerte pierna alrededor de mis caderas y la alzo, entrando en ella al hacerlo. Ambos nos estremecemos cuando al fin estoy dentro de ella. Nunca deja de ser perfecto.

Jamás.

—Agárrate, nena —gimo. Flexiona las piernas alrededor de mi cintura cuando empiezo a embestir en ella. No va a guardar silencio, pero carajo, hay familias allá afuera, así que llevo su cabeza a mi hombro, animándola a morderme en vez de gritar. Lo hace, aunque no es muy efectivo para sofocar sus sonidos.

Aunque amo lo jodidamente ruidosa que es.

No tardamos mucho. Ambos estamos muy excitados y conozco su cuerpo mejor que ella. Sé qué es lo que la hace explotar.

Efectivamente, con el pellizco adecuado, la mordidita adecuada de mis dientes y una ligera inclinación en la forma en que estoy embistiéndola, ella muerde la tela de mi camisa, desmoronándose y gritando en mi pecho. Llego justo después que ella, sigo bombeando en su interior al correrme con fuerza.

Carajo, estoy exhausto. Solíamos tener sexo todo el puto día, pero ha pasado un tiempo desde el confinamiento. Todavía tenemos mucho sexo, pero usualmente no cuatro o cinco veces en un jodido día.

—Oye —murmura Bella, apretándome las caderas con las piernas. La miro, mi respiración sigue agitada—. No puedo esperar a casarme contigo.

Mi corazón tartamudea y me inclino, apoyando mi frente en la suya.

—Yo tampoco, nena.