Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Ocho: Bella
23 de junio de 2022
Los Ángeles, California
—¡Bi-een! —canturrea Alice—. ¡Dale las buenas noches!
Le lanzo un puchero, pero me volteo hacia Edward. Estoy un poco borrachilla; lo suficiente para desearlo otra vez a pesar de las muchas veces que lo convencí de tener sexo hoy.
Nuestros padres ya se fueron esta noche, se retiraron a sus habitaciones de hotel mientras que nosotros seis nos quedamos bebiendo en el bar del hotel.
—¿Una vez más? —pregunto, chocando con el pecho de Edward. Se ríe, rodeándome con sus brazos.
—Una vez más y no podrás caminar mañana hacia el altar —bromea. Me río con tanta fuerza que se convierte en un resoplido. Tiene razón, pero a quién carajos le importa.
—Está bien, después de mañana seré tu problema a tiempo completo, así que te haré cargarme.
Edward se ríe, agachándose para besarme.
—Ya te cargo —dice, acunando mi cara entre sus manos. Empiezo a alzar los brazos, animándolo a cargarme ahora, pero la mano de Rose me agarra el codo.
—Vamos. No te morirás por pasar doce horas lejos de su polla.
Me arranca de sus brazos y me tropiezo un poco con ella.
—Eso crees. —Aspiro por la nariz. Alice hace un sonidito de exasperación a mi lado.
—No puedo creer que ustedes sigan portándose así —dice Rose, sacudiendo la cabeza—. No crean que no sabemos que se escabulleron para follar hace rato. —Me pellizca la parte interna del brazo—. Ambos regresaron con aspecto muy desaliñado.
Alice se burla.
—Fue algo bueno que de verdad olvidaran las copitas del brindis en el carro —concuerda—. Fue lo único que pudo distraer a mamá.
Pongo los ojos en blanco.
—A quién le importa que hayamos follado —murmuro—. Él es sexy.
Rose resopla.
—Parecía que tu papá iba a tener un paro cardiaco en la mesa —señala. Sonrío.
—Mira, él ha visto cosas peores.
Las chicas dejan de jalarme y me miran sorprendidas.
—¿Qué? —pregunta Alice con ojos como platos.
Todos nos detenemos.
—¿No les conté sobre esa vez?
Las chicas se quedan atónitas en silencio y sonrío, mirando a Edward. Moriría si supiera que les iba a contar esta historia, pero a este punto él probablemente asume que ya lo saben.
Me está viendo con esa mirada en sus ojos que me derrite. Mi corazón se hincha tanto que duele. Así de mucho lo amo.
—Bien, déjenme despedirme —les digo a las chicas. Recibo un apretón en el codo por parte de Rose, una advertencia de que me comporte, luego me suelta. Corro de regreso a Edward y me rodea con sus brazos. Es mi lugar favorito para estar y de repente pienso que estoy a punto de dormir sin él. Será la primera vez desde aquella ocasión que irrumpí en su habitación exigiéndole sexo mientras él estaba en cuarentena.
De forma inesperada, las lágrimas se acumulan en mis ojos y las grandes manos de Edward pasan por mi espalda. ¿Cómo es que siempre sabe qué hacer?
—Que pases una buena noche con las chicas —dice gentilmente, dejando un beso en mi cabello—. Vuélvete loca, porque después de mañana nunca más te dejaré ir.
Mi corazón se aprieta y mis puños agarran su camisa. No sé cómo expresar todo lo que estoy sintiendo, pero por suerte Edward me conoce tan bien que no importa.
—No dormiré sin ti a mi lado intentando matarme —me susurra al oído. Es suficiente para sacarme una risita. Llevo meses sin intentar matarlo. Alzo la vista a él, apoyando el mentón en su pecho. Está un poco sonrojado, lo cual me indica que también está un poco borrachillo, pero sus ojos están brillantes, llenos de amor. Casi me roba el aliento.
—Te veré pronto —susurra. Suspiro, pero me alzo para besarlo. Es un beso dulce y tierno que calma la ansiedad en mí. Solo somos nosotros. Siempre somos nosotros, y puedo lidiar con un nosotros.
Me aparto ligeramente de él.
—Diviértete con los chicos —susurro—. No te metas en problemas que me vayan a poner violenta —digo, alzando una ceja. Se ríe, luego baja una mano y me aprieta el culo. Chillo a causa de la sorpresa.
—Como si necesitara algo más —dice, palmeándome el trasero. Me está excitando un poco, y abro la boca para sugerir una vez más, cuando se ríe y me besa con fuerza—. Buenas noches, nena. Te veré mañana.
Me suelta y exhalo un suspiro, pero asiento.
—Buenas noches. —Me giro hacia las chicas, que me están esperando junto al elevador. Me acerco a ellas, añadiéndole un balanceo a mis caderas para darle un pequeño show mientras me alejo, porque sé que me está viendo.
—¿Ya terminaste de coquetear? —pregunta Rose secamente. Le sonrío.
—Jamás.
Nos reímos al meternos al elevador. Capto un vistazo de Edward en la recepción, me sigue mirando mientras se cierran las puertas. Mi estómago se tensa un poco cuando empezamos a subir.
—Bien, tengo unas bebidas y más cosas en la habitación —dice Alice, llamando mi atención—. Pero ¿hay algo en especial que quisieras hacer?
Edward.
Aunque probablemente las chicas no apreciarían esa respuesta, así que en vez de eso, entrelazo mis brazos con los suyos.
—¿Estás jugando? Al fin estamos juntas para pasar la noche. Todo lo que quiero hacer es estar con ustedes.
A pesar de lo mucho que todos necesitábamos un respiro entre nosotros después del confinamiento, fue difícil ajustarme a no estar cerca de todos constantemente. Tomé por garantizado lo agradable que era tener acceso a mis mejores amigas. Rose sigue en LA, y técnicamente Alice también, pero todas estamos tan ocupadas con nuestras vidas que el tiempo que podemos pasar juntas se hace cada vez más y más corto, y menos frecuente.
Por mucho que me sienta decepcionada por pasar la noche lejos de Edward, ansío poder pasar un buen rato de calidad con mis chicas.
