La plancha del hostal tardaba unos buenos diez minutos en calentarse del todo. Todo iría mejor cuando consiguiera por fin un lugar más apropiado para vivir y pudiera comprarse sus propios electrodomésticos.
No se arrepentía de no haberse quedado en Iwa. Paradójicamente, se sentía atrapado allí en aquella pacífica aldea perdida en las montañas, en medio de la nada. Cuando se marchó a la universidad, Akatsuchi y Kurotsuchi esperaban verlo regresar. Pensaron que sus ideas de irse a la ciudad se le pasarían. Pero como nieta del alcalde de Iwa, Kurotsuchi iba a se instruida en política, ella estaría bien. ¿Qué le quedaba a él allí? ¿La tienda de cerámica familiar? ¿Pasarse la vida vendiendo souvenires a los turistas?
Deidara y su amiga no habían quedado en buenos términos. Los jóvenes, excepto unos pocos, se marchaban de allí en cuanto tenían la edad y Kurotsuchi tenía que ver cómo todos abandonaban el lugar mientras ella tenía que quedarse. Lo entendía, pero no por ello iba a modificar sus planes. No. No se arrepentía de haberse ido, a pesar de haberse dejado liar por Itachi en un empleo del que no estaba seguro al cien por cien. Se propuso semanas atrás el aceptar donde la corriente lo llevase a la vez que se ponía manos a la obra para llegar a la situación que él quería poco a poco. Deidara detestaba a los que se quejaban porque una aparición celestial no viniera a ellos y les resolviera todo. No había tenido expectativas en primer lugar, y por eso no podía decepcionarse. Los contratiempos eran de esperar y estaban desde el principio en su ecuación.
Al ser uno de los lugares más baratos que pudo encontrar, no tenía demasiado buen aspecto. Todo estaba viejo, aunque por suerte no demasiado sucio.
Mientras se ponía la camisa recién planchada, repasó de nuevo los apartamentos que visitó el día anterior. Todos tenían alguna pega. Uno era barato pero no tenía plaza de garaje y ni loco dejaba a su bebé en la calle por la noche. Otro era demasiado grande, tenía pensado algo pequeño cuyo mantenimiento no le diera mucho trabajo. Y el último se salía de su presupuesto. En la tarde iría a ver uno más, dudaba que Itachi le diera la tarde libre otra vez, por lo que no tendría tiempo para más hasta el fin de semana.
Cuando terminó de anudarse la corbata, se peinó y usó una muestra de colonia que le dieron ayer en el centro comercial. El olor no le había gustado inicialmente, era demasiado fresco y cítrico, pero conforme pasaba el tiempo evolucionó en algo más interesante, como a humo y almizcle. Parecía una fragancia totalmente diferente. Mientras le durase, un gasto que se ahorraba.
Tras ponerse la chaqueta y el abrigo, tomó el casco y el maletín y salió al pasillo.
Como era de esperar, la predicción del tiempo daba chubascos débiles intermitentes y posibilidad de sol a medio día. Lo usual. No estaba lloviendo cuando salió del garaje, pero al ser hora punta, el tráfico era denso y tuvo que meterse entre las colas que encontraba para no llegar tarde. Igual que el día anterior, se llevó unos cuantos insultos de conductores idiotas, celosos porque él podía ir más rápido y ellos tendrían que esperar. Él les respondió con una sonrisa altanera, a pesar de que no podía verse a través del casco. Por suerte, se libró de la multa hasta ese momento, pero su economía no le iba a permitir tentar demasiado a la suerte. Las carreteras de la zona rural del País de la Tierra eran amplias y poco transitadas, pero no tardaría demasiado en adaptarse a los semáforos y colas. No pensaba seguirlas reglas siempre, sólo cuando lo estimase oportuno.
—¿Llegando tarde ya?
Así fue cómo lo recibió Sasori al entrar a la oficina.
—Sólo por dos minutos. ¿Qué importa eso, hm?
—Tarde por dos minutos es tarde igualmente. Eso no habla muy bien de ti. Detesto que no se respeten los horarios como es debido.
—Aún no calculo bien la cantidad de tiempo que necesito para venir. ¿Cómo voy a saberlo? Con todos esos semáforos siempre en rojo. ¡Odio los semáforos!
—Te he organizado la mañana, y ya vas con retraso. Revisa tu correo. Ahí está la lista de tareas, junto con un documento con el tiempo estimado que tardarías en hacerlas. De nada.
Si había algo que Deidara odiaba más que los semáforos, es que intentasen controlarle la vida. ¿Qué más le daba a él cuanto tardase en hacer sus tareas?
—Eres demasiado organizado —dijo colgando la chaqueta en el perchero antes de dirigirse a su mesa—. Imagino que el jefe estará más enojado aún.
—Oh, él es peor que tú. Posiblemente ni haya llegado todavía. Se suele olvidar de poner la alarma la por las noches. Y que alguien así sea mánager...
Bueno, al menos así no tenía motivos para regañarlo. Deidara tenía el presentimiento que el señor Uchiha no iba a dejar pasarle ni medio error. Pasó toda la mañana en silencio, trabajando en la lista de tareas que le había enviado Sasori. Hasta que su cuerpo empezó a pedirle algo de cafeína. Akatsuki proveía café gratis para todos los empleados, y Deidara estaba en modo ahorro, mejor aprovechar para sacarles todo el que pudiera para no tener que comprarlo él mismo. Bloqueó la pantalla de su computadora y se levantó.
—Voy por un café. ¿Quieres uno?
—No me gusta el café —murmuró Sasori sin dejar de teclear—. A nadie le gusta el café, sólo quieren sus efectos, pero no el sabor amargo que conlleva el beberlo. Aceptan lo bueno y rechazan lo malo. Es tan cobarde.
—Oh, que profundo —se burló él ante el comentario gratuito, Sasori era un tipo extraño—. A mí me gusta el café.
—Nah. No te gusta, seguro que le pones leche y kilos de azúcar como todo el mundo.
—En verdad, me gusta el café solo, y también en todas sus variedades así que ahí quedó tu intento de psicoanálisis.
Cuando Sasori paró de teclear y lo miró de reojo, parecía listo para matar a alguien.
—Ve a por el café y deja de malgastar el tiempo.
Salió camino de la cafetería con una sonrisa de suficiencia. ¿Qué le importaba a él lo que hiciera la gente? Al menos le había callado la boca. Al llegar a su destino, encontró ahí a Obito de espaldas frente a la cafetera, tenía el cuello de la camisa mal colocado, no era como si a él le importasen esas cosas, lo imaginó vistiéndose deprisa tras darse cuenta que iba a llegar tarde. Posiblemente acabase de llegar. No lo saludó; en su lugar, esperó a que terminase viendo las noticias deportivas que estaban dando en la televisión en ese momento. Kumo le había vuelto a ganar a Suna por dos a cero. No le importaba el fútbol pero se lo haría saber a Sasori igualmente.
—¿...Aqua Fahrenheit?
Al oír el nombre de su colonia mencionado, se giró por instinto. Obito estaba mirando hacia atrás, y ahí se dio cuenta que era él quien lo había dicho, y él, que era Deidara quien lo llevaba puesto. Ambos se apresuraron a volver a su posición normal a la vez. El ambiente se volvió incómodo, mal momento para antojársele un café. Deidara estaba seguro que Obito estaba pensando en algo por lo que regañarlo. Nada que temer, venía preparado. Sabía que había llegado tarde. Aunque tal vez le haría un favor a Itachi y lo ignoraría.
Contrariamente a lo que pensó, Obito no le dijo nada. Terminó de hacer su café y se fue. Deidara notó que el cuello de la camisa estaba bien puesto ahora, y después reparó en el latte en vaso grande, con nata por encima espolvoreada con cacao y virutas de chocolate.
¿Qué diría Sasori al respecto? Nada agradable, eso seguro. Pensó en hacerse uno igual más tarde. Tenía buena pinta.
Su compañero estaba enviando mensajes cuando volvió. Al cerrar la aplicación de chat, le mostró el fondo de pantalla, una foto de una chica de cabello rosa y ojos verdes.
—Es guapa, ¿Cierto?
Deidara observó con curiosidad el bello y sonriente rostro de la chica.
—Cierto, hm. ¿Es tu novia?
—Bueno, algo así. Y pensé que no te gustaban las chicas.
Deidara rodó los ojos. Algo en su forma de expresarse le dijo que Sasori sabía muy bien que eso no funcionaba así, pero lo dijo igualmente para molestarlo, tal vez en venganza por como acabó la conversación anterior.
—Tú me preguntaste si me parecía guapa. Y que sea gay no me hace automáticamente incapaz de valorar la belleza objetivamente —contestó, alzando la voz un poco.
—Relájate, no es para tanto. Entonces, ayer dijiste que te gusta el jefe.
Otra provocación. El tipo debió haber estado pensando en como cobrarse su derrota en la conversación anterior mientras él estaba ausente. Deidara gruñó antes de dejarse caer en su silla y desbloquear su computadora.
—¡Dije que cuando lo conocí me pareció mi tipo! Pero yo no voy detrás de hombres hetero ni detrás de idiotas, y resulta que él es ambas cosas.
Una sonrisa casi imperceptible apareció en la cara de su compañero. Deidara sintió escalofríos, presintiendo que estaba tramando algo. Abrió sus programas y se concentró en las ocho versiones del documento en el cual estaba trabajando.
—¿Y cuál es tu tipo? ¿Soy yo tu tipo? —preguntó Sasori con sorna.
— No —respondió, sin pararse a plantearlo si quiera.
Sin levantarse de su silla con ruedas, Sasori se desplazó desde su mesa hasta quedar apoyado en la suya.
—Pero eso no quiere decir que no sea bello. ¿No? Obito es tu tipo y tampoco es nada del otro mundo. ¿Y bien? ¿Te parezco guapo?
Deidara frunció el ceño, concentrándose en darle los últimos toques a su trabajo, pero saber que Sasori lo estaba mirando fijamente, parpadeando con coquetería.
—Pensé que no te gustaba perder el tiempo.
—Y no me gusta, pero uno nunca puede dejar pasar un cumplido.
—Te estás comportando como un imbécil. ¿Es esto tu estúpida venganza por lo del café? ¿Por qué no lo superas?
—No tengo ni idea de lo que estás hablando —contestó, abriendo mucho los ojos—. ¿Qué te cuesta responder a mi pregunta? Dijiste que no te hace automáticamente incapaz de valorar la belleza objetivamente el que alguien no te atraiga. ¿Soy bello o no?
Lo miró de reojo, resoplando enojado. Idiota vanidoso. La situación lo era familiar, todos pensaban que su opinión sobre la belleza de un hombre era más válido. Detestaba a la gente que no era capaz de formarse una opinión propia, o que tuviera ese tipo de prejuicios. En el caso de Sasori, era obvio que era premeditado, él mismo se había encargado de hacerlo evidente.
Pero como artista, no podía faltar a la verdad, aunque eso significase caer en su juego.
—Mh —dijo entre dientes.
—¿Ooh? Creo que no oí bien.
—Demasiado.
—Creo que me voy a sonrojar. Sigue hablando.
— Y no era un cumplido —aclaró.
A veces, su compañero ni siquiera le parecía real, le recordaba al rostro de una muñeca, facciones demasiado perfectas para ser reales.
—Me lo tomaré como uno entonces —contestó, volviendo por fin a su escritorio una vez lo hubo torturado un poco—. Mi trabajo me cuesta mantenerme así, nunca está de más algo de apreciación. He decidido que me caes bien a pesar de ser un niñato. Es algo que siempre se puede corregir.
—¿Niñato? Tú no debes ser mucho mayor que yo.
Él giró su silla de nuevo, aunque esa vez sin moverse del sitio.
—Deidara, ¿Cuántos años crees que tengo?
Pensó la respuesta un momento, calculando su edad.
—Veintitrés, más o menos.
Sasori ahogó una carcajada teatralmente antes de reír divertido.
—¿Y si te digo... que tengo treinta y cinco?
Su primera reacción fue incredulidad. Pero mirándolo más detenidamente, se dio cuenta que ese rostro tan artificialmente impoluto sólo podría haberlo conseguido de una manera.
—Entiendo por eso que tienes anestesia en lugar de sangre en las venas, hm.
—Algo así. Cada ryo que invierta en mi aspecto, estará bien invertido. No tiene sentido conformarse con lo que la naturaleza nos dio cuando la ciencia nos permite hoy en día personalizarnos a nuestro antojo.
Lo mirase como lo mirase, treinta y cinco era una edad muy prematura como para empezar a combatir los signos de envejecimiento con cirugía. Le pareció excesivo, pero mientras la palabra envejecimiento le siguiese dando escalofríos, no se burlaría.
—Yo estoy contento con lo que la naturaleza me ha dado.
—Lo estás ahora. Pero espera a que tu cara comience a perder colágeno.
Deidara no estaba seguro de lo que era el colágeno exactamente, más que de oírlo en anuncios de productos de belleza. Al mirar el reloj en la esquina inferior derecha de su pantalla, decidió terminar lo que estaba haciendo y enviarlo a Obito para que le diese el visto bueno, dejando pues la conversación zanjada.
—Lo que intentaba decirte antes Deidara... Es que no tenemos por qué llevarnos mal. Puedes colaborar, o puedes no hacerlo, es asunto tuyo. Pero si decides seguir pasándote de listo conmigo, yo actuaré en consecuencia. Y me voy a divertir mucho, eso tenlo por seguro.
—¿Algo más, don Akasuna? —preguntó aburrido, adjuntando sus trabajos terminados en un correo.
—No me vuelvas a llamar así en tu vida.
Sonrió, habiendo logrado el efecto que quería. La formalidad era asociada con una edad más avanzada. Y él estaría encantado de recordárselo a ese adolescente wannabe, de ser necesario. El acuerdo sin embargo, no sonaba mal. A veces no pensaba en las consecuencias a largo e incluso a medio y corto plazo de lo que hacía. Su sonrisa no duró mucho, porque en ese preciso momento, la aplicación de chat interno de la empresa le avisó que tenía mensajes nuevos.
"Uchiha O.: Quedan dieciocho minutos para la una, cuándo me vas a enviar las imágenes?"
Frunciendo el ceño, comenzó a teclear furiosamente.
"Exacto, dieciocho minutos. No veo el problema."
Los puntos suspensivos le decían que el otro estaba escribiendo, no retiró los dedos del teclado, listo para volver a la carga.
"Uchiha O.: Debe estar corregido y listo para las dos, si no me gusta ninguna versión no vas a poder terminar a tiempo."
—Uchiha bastardo... —murmuró mientras escribía.
"Estaba a punto de presionar el botón de enviar de todos modos, imbécil. Te he mandado ocho versiones, tienes mucho donde elegir."
Borró el texto para quitar el insulto antes de enviar. Luego fue a la ventana abierta con el correo y se lo mandó, golpeando la tecla más fuerte de lo normal.
—¿Obito? —preguntó Sasori.
—¿Quién sino? —respondió enfadado.
Itachi iba a tener que comprender que no podía ser él el único que se contuviera.
—Qué difícil es ser tú. Deberías hacerte amigo de Rikudo y explicarle tu problema. Tal vez lo degraden y nos lo pongan de asistente.
—Sabes... No suena mal eso. Iban a cambiar muchas cosas.
Se puso a imaginar qué le haría a Obito si él fuera su jefe. Mandarlo a por café a cada momento para empezar, ya que le gustaba tanto hacerlos él mismo. ¿Por qué no enviaba a Zetsu a hacer esas cosas?
La realidad no obstante era ligeramente diferente.
"Uchiha O.: Quiero la tipografía de la muestra número tres, el color de la siete y el marco de la primera."
—¡Tiene que estar de broma!
—Qué difícil es ser tú —repitió Sasori—. Cuenta, ¿Qué pasó ahora?
—Le mandé ocho muestras, y no le gusta ninguna de ellas. ¡Ni siquiera queda bien esa combinación que él me ha pedido!
—Haz lo que te pide y ya está. No le des la satisfacción de dejar que te afecte y cuando puedas, le pones una sobredosis de laxante en el café. Deberías comprarte una botella, yo siempre tengo la mía a mano escondida en el cajón. Zetsu fue mi última víctima, nunca supo qué le dio.
—Hmm... —murmuró Deidara, concentrado en terminar el engargo con furia.
"Aquí tienes."
Borró y volvió a escribir el insulto final varias veces tras golpear el ratón para darle a enviar. Finalmente no pudo resistirlo y le envió también el icono de la mano mostrando el dedo corazón. Se quedó mirando la pantalla de brazos cruzados y una sonrisa ladeada hasta que vio que el otro estaba escribiendo.
Durante treinta segundos, los tres puntos suspensivos aparecieron y desaparecieron intermitentemente, hasta que después de lo que pareció una eternidad, vino su respuesta.
"Ok."
¿No se suponía que debía darle las gracias? Quizá era mucho pedir. Estúpidos Uchiha y su estúpido orgullo. Apretó los puños, rechinando los dientes, quería destrozar algo. Pensó que podía ignorarlo, pero no iba a dejarse pisar, encima el tipo había reconocido su nueva colonia. Le había gustado de verdad, pero ahora le recordaría a él, y lo iba a prejuiciar contra la misma, maldita sea.
Un mensaje llegó a su teléfono personal. El agente inmobiliario quería ofrecerle otras propiedades que podrían interesarle. Alguna habría entre esas que le conviniese. Si podía cerrar algún trato antes del lunes, podría decir que había terminado la semana con un balance positivo. Aunque no era como si importase tanto de todos modos. Sólo quería salir de aquel cuchitril.
Nunca se esperó ver al niñato protegido de Itachi usando Aqua Fahrenheit. No iba con él. Compró el frasco hace a penas unos días, tras dejarse convencer por la simpática chica que la iba promocionando en el centro comercial. Al principio no le interesó demasiado. La encontró demasiado fresca y juvenil, pero conforme pasaban los minutos fue evolucionando en algo más interesante y maduro. Pensaba convertirlo en su fragancia habitual pero ese día no se la había puesto. Tuvo que salir precipitadamente de casa.
Obito se quedó mirando fijamente el icono de la mano mostrando el dedo corazón. Si se había mordido la lengua, había sido por Itachi, y porque en el fondo, sabía que había sido él quien lo había provocado. Si su aversión hacia él se hacía muy evidente, Konan lo notaría. El lunes volvía de sus vacaciones. En lo sucesivo, se contendría. Además, había algo de cierto en que quizá deberían sentarse y arreglar sus diferencias, pero a la vez la idea de enfrentarse a dicha situación lo ponía nervioso.
El foco del problema ni siquiera era Deidara de todos modos. Todo sería más fácil si pudiera olvidar. Si pudiera olvidarla. ¿Pero cómo podía hacerlo si aún dolía? La traición de su mejor amigo dolía, lo ingenuo que había sido también. La única cosa que había ganado, fue quedar él al borde de la muerte, y unas marcas en la cara que lo acompañarían el resto de su vida. Esas también dolían a veces. Al menos, no mucha gente las conocía. Había que estar muy cerca de él para que se hiciera evidente que estaban ahí. En sus días libres, cuando no tenía ganas de aplicar la crema correctora de cicatrices, a Obito le daba asco incluso mirarse a un espejo.
Nada de eso era culpa de Deidara, él lo sabía. Pero su necesidad de desahogo era más poderosa.
En otra pestaña de su navegador, un aviso en rojo apareció. Rin había subido una nueva foto a su cuenta de Instagram. Obito intentó resistir la tentación de mirar, pero al final sucumbió, sintiéndose mal por ello.
Dos helados cubiertos de sirope de caramelo con un filtro en tono rosado. Prefirió no pensar para quién era el segundo. En realidad lo sabía. Cerró el navegador con un enérgico click de ratón y después se inclinó hacia delante, pellizcándose el puente de la nariz. Podía sentir el malestar en la boca de su estómago, muchas veces había intentado olvidar todo, pasar página, pero inconscientemente, su mente siempre volvía a las andadas.
De nuevo, bloqueó la cuenta de la chica, iba a volver a desbloquearla en unos días, sabía que iba a sentirse tentado. Así era el patrón que llevaba. Aunque quizá, esta vez lo consiguiera, dejar pasar el tiempo, dejar de ser egoísta y cerrar esa herida. No sentirse mal al ver a la única chica que había querido en su vida siendo feliz con alguien más.
Hoy es el segundo día de la tobidei week y por desgracia no tengo nada para subir porque la idea se me fue de las manos, pero actualizaré Intruso en su lugar. Why not?
No sé si dije pero estaba siguiendo una especie de fórmula que usan los autores de novelas de este tipo para guiarse, de lo que debe ir en cada capítulo y eso. Pero como se me da mal seguir pautas, en algún momento del futuro algo me salté. Bueno no soy tan fan de las fórmulas la verdad.
SAW, amo escribir de ellos así que por supuesto seguiré haciéndolo. :D Me alegran el día este par y me alegra mucho que te haya gustado.
Arekusa, gracias por seguirme ^^ espero que te guste la continuación.
Lybra, yo y mis fetiches, en el fondo no me puedo resistir a un Obito con traje caro hecho a medida. Quiero pensar que sin el tema de por medio ellos se hubieran llevado bien la noche que se conocieron, e incluso Obito podría haberlo invitado a Akatsuki, y todo bien. En el fondo me gusta escribir a Sasori me hace mucha gracia pensar en lo que va a hacer o decir después xD En cuanto a Itachi, fue algo así como su disculpa por el lío en que su primo se había metido. Es verdad, Sasuke no puede caer mal si no hace nada jajaj y me pareció interesante eso de que Itachi no le ayudara a entrar en Akatsuki para que sea independiente. Igual, no lo veo en el puesto de Dei, más con algo más financiero, sip sip. Y muy cierto eso de que a Dei no le cae nadie bien haga lo que haga xDDDD Gracias por el apoyo como siempre. *-*
¡Nos vemos en el siguiente!
