Hacía una semana que Deidara había llegado a Akatsuki. Una vez más adaptado a la rutina de la compañía, su rencor por Itachi Uchiha disminuyó. No se estaba tan mal allí. Incluso se sentía con el buen humor suficiente como para aguantar a Obito, no lo había tratado demasiado esos días, sus interacciones con él eran secas pero sin hostilidad.

Empleó el sábado en ir a comprar ropa al centro comercial y el domingo, estando como estaba lloviendo a mares, lo pasó viendo la televisión, moldeando el último pedazo de arcilla que le quedaba y comiendo pizza. Por la tarde reanudaría la búsqueda de un sitio para alquilar. Nada de lo que le había visto lo convencía al cien por cien, pero tendría que tomar una decisión pronto. Si no encontraba nada en un par de semanas más, se quedaría con el menos malo antes de que alguien más se le adelantara.

Colgó su abrigo impermeable recién estrenado en la percha y se reajustó la corbata y el cuello de la camisa mientras encendía la compuradora y él y Sasori se ponían al día sobre sus planes del fin de semana.

En su bandeja de entrada había cinco mensajes nuevos, tres de ellos de Zetsu con la lista de tareas, otro de Sasori y otro de Konan de recursos humanos. Ese fue el que abrió primero.

"Hola Deidara, siento no haberte podido ver antes. Como ya debes saber, me pilló en plenas vacaciones. Ya que fue Itachi quien te dio el puesto durante mi ausencia, me temo que eso ha impedido que nos conociéramos en su momento. ¿Qué te parece si te pasas por mi oficina a firmar el contrato y nos tomamos un té?
Besos, Konan."

—Bueno, parece que mi agenda para la mañana va a tener que hacer espacio para un imprevisto, hm.

—No te preocupes, ya supuse que querría verte y tuve eso en cuenta. De hecho, tengo un favor que pedirte.

Sasori se levantó, fue hasta una pequeña estantería llena de cómics y revistas y tomó un libro que luego pasó a Deidara. Inmediatamente, reconoció la portada. El libro había causado furor en todo el mundo el año pasado. Nunca antes un libro erótico se hizo tan conocido.

—"Icha Icha Paradise". ¿Eh? No te imaginaba leyendo está clase de libros.

—No lo he leído. Tengo por norma no leer best-sellers, pero Konan insistió en que lo leyera porque conoce personalmente al autor. Ya lo he tenido meses y no quiero que piense que me lo quiero quedar. ¿Podrías hacérselo llegar de mi parte?

—De acuerdo —contestó, dirigiéndose hacia la puerta.

—A no ser que quieras leerlo tú —agregó Sasori.

—Yo ya lo he leído, la literatura es arte también, así que llegas tarde don Akasuna.

Cerró la puerta corriendo, antes de que la bola de papel arrugado se estrellase en su cabeza, la cual golpeó la puerta de madera. Sasori estaba elevando la frecuencia de sus contraataques. Días atrás le dijo que cada vez que lo llamase don Akasuna, le iba tirar un bolígrafo a la cabeza, así hasta que aprendiera a no decirlo. Pero eso no detuvo a Deidara, quien no tenía problemas en recibir un golpe de bolígrafo a cambio de hacer enojar a Sasori.

Al estar caminando mientras miraba a la puerta, con la esperanza de oír algún insulto dirigido a él, no vio que Obito estaba justo frente a él. Se detuvo en seco, evitando chocar contra él en el último segundo. El Uchiha no dijo nada, sólo le arrebató el libro de las manos y le echó un largo vistazo a la portada. Luego miró a Deidara y luego otra vez al libro, dándole la vuelta para examinar la contraportada.

—¿¡Qué!? —exclamó Deidara encogiéndose de hombros cuando se le quedó mirando por segunda vez.

No podía decidir si la situación le hacía gracia o lo ponía de los nervios. Obito no contestó. Abrió el libro por la mitad y pasó unas cuantas páginas.

—No sabía que te pago para leer porno en la oficina.

—He hecho hasta ahora todas mis tareas a tiempo. ¿Qué te importa lo que haga mientas rinda bien?

Era más divertido ver su reacción a eso, que explicarle que el libro era de Konan y él sólo se lo estaba haciendo llegar.

—Podrías en su lugar enfocarte más en tu deber.

—Te lo puedo prestar si quieres —dijo Deidara arrebatándoselo antes de seguir su camino—. Suenas como si necesitases desahogarte.

Sólo había caminado unos metros cuando oyó su voz de nuevo.

—Deidara —dijo con calma, él se detuvo mirando hacia atrás—. Ten mucho cuidado con tus impertinencias. Podría muy fácilmente hacer que te arrepintieras.

Él rodó los ojos. Sí, Obito necesitaba leer el libro. Supuso que aún no se habría buscado una novia desde aquella noche. De haberlo hecho no estaría tan amargado.

—Konan de recursos humanos y yo vamos a tomarnos un té ahora. Tal vez le mencione lo cabrón insufrible que eres, hm.

—No.

Su lenguaje corporal cambió por completo, y aunque sólo fue por un breve momento antes de recuperar la compostura, a Deidara no le pasó desapercibido. Un punto débil, y estaba muy decidido a explotarlo.

—¿Por qué no? Tal vez sea divertido.

—Ni se te ocurra. No tienes ni idea de lo que es capaz. ¿A caso quieres que nos deje esposados por una semana como le hizo a Kakuzu de contabilidad y Hidan?

Deidara hizo como que se lo pensaba, aunque en realidad tenía la respuesta muy clara.

—Sería un asco. Pero merecería la pena verte jodido. Estaría dispuesto a pasar por eso, hm.

—Negociemos —insistió Obito.

—No gracias. En realidad me gusta la idea -contestó echando a caminar otra vez.

Un segundo después, Obito lo adelantó, cortándole el paso al apoyar su brazo en la pared. Su pose, su cercanía y mirada intensa le decían que estaba tratando de intimidarlo, pero Deidara no se dejó amilanar por mucho que la cercanía de su superior lo pusiese nervioso. No dejaba de ser un tipo atractivo. De haber estado en cualquier otro entorno, a Deidara le hubiera encantado darle un puñetazo con todas sus fuerzas en la nariz, para descargar tensiones y seguir con su tradición de destruir obras de arte. En ese intervalo de tiempo en el que permanecieron en silencio, vio una línea vertical casi imperceptible bajo su labio, camuflada por una capa de maquillaje corrector, pero estaba demasiado molesto con él como para sentir si quiera curiosidad.

—Veo que te gustan los problemas. Y yo que pensaba que podríamos hacer un esfuerzo por soportarnos —susurró Obito.

—Eres tú quien tiene el problema —dijo conteniendo su enojo, antes de darle un brusco empujón y seguir su camino—. Despídeme si quieres. No creo que dure aquí mucho de todos modos. Me lo voy a pasar muy bien charlando con Konan.

Obito no lo siguió. Se veía como si no se hubiera esperado aquella reacción. No era conveniente que lo echasen ahora que sus niveles de ahorros aún estaban bajos. Tenía para vivir bien con lo básico, pero de surgir algún inconveniente, podría acabar en un aprieto. No obstante, tampoco iba a dejarse pisar, y estaba decidido a dejar la situación descontrolarse si era necesario. Se preguntó cuál de los dos iría a explotar antes, si el Uchiha retrasado o él.

La oficina de Konan estaba en el primer piso. Tras ser anunciado por su asistenta, le abrió ella misma y después de un efusivo apretón de manos lo invitó a pasar y sentarse.

—Bienvenido a Akatsuki, Deidara. ¿Cómo te fue en tu primera semana?

—Mejor de lo esperado, hm. Mis expectativas no eran muy altas para empezar.

No iba a mencionarle lo de Obito. No porque tuviera miedo de ser obligado a ir a terapia juntos para arreglar sus diferencias, sino porque a él le gustaba arreglar los problemas por él mismo y a su manera. No necesitaba que nadie lo hiciera por él.

Konan caminó hasta una pequeña mesa en la esquina de la pared y activó la tetera eléctrica. Mientras el agua comenzaba a calentarse, abrió un cajón de su escritorio y sacó unos documentos.

—Tómate todo el tiempo que necesites para leer bien las cláusulas del contrato. No hay prisa.

—Don Akasuna me ha encargado que le devuelva esto —dijo Deidara dejando la copia de Icha Icha Paradise sobre la mesa.

—Gracias. Y puedes tutearme, no me gustan las formalidades.

Trajo una bandeja con tazas, leche, azúcar y sobres de té a la mesa y finalmente, vertió el agua hirviendo en una tetera de porcelana, dejándola al alcance de Deidara. Konan tenía el cabello de un color entre añil y lila, como la lavanda y él juraría que eso era a lo que olía la chica también. Iba elegantemente vestida, con un toque casual y excéntrico que se dejaba ver en los adornos de su cabello recogido en un moño, su piercing en el labio inferior y su maquillaje de colores vistosos. Tenía una rana de juguete y flores de origami sobre la mesa y no se veía avergonzada en absoluto por sus preferencias en cuanto a lectura. Parecía una persona interesante, alguien con quien pudiese tener una conversación que no fuera sobre cosas banales y cotidianas. Y quizá incluso le conveniese tenerla a su favor, estratégicamente hablando. Deidara decidió que con ella se iba a portar bien.

—En tu CV dice que estudiaste Bellas Artes. ¿Tienes algo planeado para el futuro más relacionado con eso?

—Hmm. Sé a donde quiero llegar. Vivir de mi arte... Pero voy improvisando. No me gusta planear tanto como parece.

—¿Quieres ser rico y famoso?

— Nah. Bueno, famoso sí, o infame, cualquiera de las dos me vale. Con tener de sobra para vivir me basta, hm.

Ella sonrió con dulzura.

—A mí también me interesa el arte —dijo, y a él le pareció que su mente estaba viajando a otro sitio. Al interior de su imaginación. Era algo que le pasaba a algunos artistas.

—Eso puedo verlo, hm —contestó, dirigiendo la mirada a una de las muchas pajaritas que había en la mesa.

Le agradaba ese tipo de arte, frágil y poco duradero, pero bello. Algo sutil para él, tal vez.

—Oh, el origami es mi terapia personal, aunque no lo subestimes, también derrama sangre —Konan le mostró su dedo meñique de la mano izquierda, envuelto en una tirita—. ¿Alguna vez te has puesto gel higienizante en las manos para descubrir demasiado tarde que te habías cortado con un papel y no te habías dado cuenta?

—No. Pero no suena bien, hm.

Lo que ponía en el contrato era exactamente lo que ya le había explicado Itachi, pero con un lenguaje complicado.

—Al menos ya me acostumbré. Sabes... También escribo.

A Deidara le estaba poniendo el chiste demasiado fácil, e intentó resistirse pero no pudo.

—Déjame adivinar, género erótico.

—Así es —contestó con naturalidad.

Él se había esperado al menos avergonzarla un poco.

— Conozco al autor de la serie Icha Icha. Es alguien muy importante para mí. Me gustaría seguir sus pasos... ¿Ves? También quiero ser famosa, aunque a diferencia de ti, yo también quiero ser rica y como él me enseñó, la literatura erótica es lo que más vende.

Deidara asintió impresionado. Le gustaba la gente que tenía claro lo que quería e iba a por ello.

—Si no hay nada más que hablar, volveré a la oficina.

—Una cosa más. Deidara, me gustaría pedirte un favor. Si aceptas, estaré en deuda contigo.

— ¿Qué es? —preguntó curioso.

—¿Te importaría leer el borrador de mi primera novela? —dijo Konan mientras ponía las tazas vacías de nuevo en la bandeja—. Tu opinión en particular sería muy valiosa para mí.

—¿Por qué la mía en especial?

—Lo verás si decides leerla. Aún no se la he enseñado a nadie, así que serías el primero.

Deidara asintió, sintiéndose especial.

—Sí, ¿Por qué no? No tendré más tiempo libre hasta que no encuentre un lugar definitivo donde quedarme... Pero puedo leerla poco a poco, hm.

—Eso sería estupendo. Te debo una Deidara, la tendrás en tu correo hoy mismo.

El interfono en la mesa de Konan emitió un chasquido en ese momento.

—Konan-san, el señor Uchiha Obito está aquí. ¿Tienes tiempo para recibirlo ahora? —dijo una voz femenina.

¿Qué quería aquel idiota ahora? Deidara puso todo su esfuerzo en no rodar los ojos para que Konan no detectase su aversión a su superior. Una cosa era verlo preocupado por la posibilidad de estar esposado a él y otra que él quisiera que eso pasase.

—Claro, Ajisai. Deidara y yo ya hemos terminado dile que pase.

Giró un poco la cabeza para mirarlo de reojo y cuando la puerta se abrió no pudo creer lo que estaba viendo. Con una carismática sonrisa en su cara, Obito cerró tras de sí y se aproximó a ellos.

—Buenos días y bienvenida de vuelta a Akatsuki, Konan. Espero que hayas tenido unas buenas vacaciones.

Era difícil de creer lo que estaba ocurriendo ante sus ojos.

—Buenos días Obito. Gracias, las necesitaba. ¿Va todo bien?

Obito se detuvo junto a él.

—Sólo vine a darle a Deidara la bienvenida oficial nuestra pequeña familia -—dijo, colocando su mano en la parte baja de su espalda, Deidara tomó aire con fuerza ante el inesperado contacto—. Itachi no se equivocó al persuadirlo para trabajar con nosotros.

Vio a Konan sonreír satisfecha. Deidara no podía pensar en nada más que no fuera la presión de su mano en la zona lumbar. Podria haber encontrado gracioso lo preocupado que estaba por fingir que todo estaba bien delante de Konan si no fuera por lo indignado que eso lo hacía sentir.

—Fantástico —dijo Konan—. Deidara y yo hemos estado conversando un ratito y no puedo sino decir lo mismo.

—Todo bien entonces —contestó Obito—. Si no hay nada más que comentar, voy a llevármelo de vuelta. Lo necesito.

A la misma vez que Konan asintió, Deidara levantó la mano.

—Hay una cosa que me gustaría comentar, hm.

—Por supuesto que sí —dijo Konan—. ¿De qué se trata?

Deidara sintió los dedos en su espalda empujar un poco más contra la misma. El cálido cosquilleo que estaba recorriendo su cuerpo desde que la puso ahí se acentuó. Maldijo interiormente sus intereses sexuales.

Aún no había cambiado de opinión. Pensaba manejar el asunto a su manera, pero le hacía gracia pensar en lo nervioso que debía estar el otro.

—Cualquier cosa, Deidara, sólo coméntalo conmigo y haré lo que esté en mi mano para arreglarlo.

Miró a Obito a la cara en busca de algún matiz en su expresión que delatase lo falso que estaba siendo, pero no encontró nada. El condenado era bueno actuando y si no fuera él el afectado, tampoco hubiera creído que su intención no era ser amable sino librarse de las consecuencias.

El tipo era atractivo, Deidara no iba a negarlo. En general los Uchiha que conocía tenían rostros hermosos aunque ninguno de ellos le cayera particularmente bien. El de Obito encima era el único que le atraía. La estructura de sus pómulos, ese cabello negro firma de la familia Uchiha, despeinado en su punto justo para no lucir ni demasiado desaliñado ni arreglado en exceso. Y mierda, esa sonrisa llena de un encanto que no comprendía de donde había salido, ya que parecía vivir eternamente amargado. O tal vez sólo en su presencia. Deidara se aguantó la risa igual. Aún quería convertir ese bello rostro en arte de un puñetazo pero por obvias razones no sería algo que planease hacer delante de Konan.

Le sonrió de vuelta, sin excesivo descaro y disfrutando de forma genuina el control de la situación, aunque sólo fuera por un breve instante.

—Es un asunto un poco incómodo, nunca mejor dicho —comenzó Deidara, mirando a Konan otra vez, hizo otra pausa sólo para alargar más la preocupación de Obito, ella alzó una ceja—. He notado que la silla de Sasori es más cómoda y mullida que la mía. ¿A que se debe, hm? A veces se me cansa la espalda.

—Oh, eso es porque Sasori trajo su propia silla de casa. Según él no tolera ninguna otra más que esa, pero no te preocupes, si no estás cómodo ahí Obito te conseguirá otra.

—La salud y el bienestar de mis subordinados es lo primero —contestó Obito cuya sonrisa estaba ahora mucho más tirante, Deidara podría darse una imaginaria palmada en la espalda—. Te la proporcionaré hoy mismo.

—Qué eficiencia —respondió Deidara—. ¿Qué harás, darme la tuya?

—Eso era precisamente lo que estaba pensando hacer —por fin, Obito lo soltó, sacó su teléfono del bolsillo y tecleó algo—. Zetsu, quiero que lleves mi silla a la oficina de Deidara y la cambies por la mía... Sí. Eso es precisamente lo que he dicho. Hazlo antes de que vuelva —Obito colgó—. Bueno, parece que ese pequeño problema está solucionado.

—Obito es tan atento en realidad —comentó Konan.

—Y ahora sí, a volver al trabajo, hay muchas cosas que hacer hoy. Que tengas una buena vuelta a la rutina, Konan.

Esa vez, Obito lo tomó del hombro y lo condujo a la puerta.

—¡Hasta luego Deidara, seguimos hablando por chat interno!

Deidara la saludó con la mano antes de salir. Como predijo, la actitud de su jefe se transformó en cuanto perdieron de vista a la asistenta de Konan. Lo soltó, y se desmarcó de él unos pasos.

—¿Quién te puso donde estas? —escupió Deidara sin poder contenerse más—. Porque desde luego no lo mereces, hm. Imagino que tener ese apellido ayudó.

—Estoy donde estoy por mi eficiencia, no por mi personalidad.

—Y yo que pensé que un jefe debía ser maduro. Me siento como si hubiera vuelto a la escuela primaria.

Obito no contestó y él, más molesto aún, apretó el paso.

—No pienso ser tu saco de boxeo. No voy a morirme de hambre si me despides, así que no voy a ser uno de esos empleados a los que su jefe pisotea para desahogar sus frustraciones.

—Disfruta de tu nueva silla —fue lo único que le dijo Obito en respuesta antes de que Zetsu lo interceptara quejándose porque Sasori le había tirado un bolígrafo a la cara nada más abrir la puerta.

Oyó a Zetsu seguir quejándose sin tregua mientras se alejaba, algo más calmado ahora que le había marcado un tanto a su jefe. Tenía ganas de devolvérsela, aunque Obito ya tenía bastante con ser como era.

Se protegió con la carpeta al entrar a su oficina otra vez. El contraataque que esperaba no se produjo. Sasori colgó el teléfono con demasiada energía justo en ese instante.

—Al parecer no se me está permitido tirar objetos a la gente.

—Suenas como si te extrañase —respondió Deidara.

Dejó la carpeta con la copia del contrato en la mesa y se ocupó en inspeccionar su nueva silla. Saltaba a la vista que era un asiento de calidad, respaldo alto y mullido, forrado en cuero negro, giraba casi sin hacer ruido, al igual que las ruedas al deslizarse por el suelo.

—Bueno, admite que te lo merecías. ¿De qué va todo eso de la silla?

Deidara se sentó en su reluciente trono de mánager y comenzó a girar sobre sí mismo.

—Obito intentó pasarse de listo conmigo y lo amenacé con decirle a Konan. Se meó encima del susto y entró a la oficina más tarde con actitud de ser el tipo más simpático del mundo, así que aproveché para hacerle unas reclamaciones. La aceptaré como pago por no hablar, hm.

Sasori sonrió.

—Conociéndolo, apuesto a que está verde de la rabia.

—Espero que sí. No voy a aguantarlo mucho si se piensa que puede tratarme como le de a él la real gana —dijo mientras tecleaba su contraseña para desbloquear su computadora.

—Recuerda mi oferta de ayudarte a devolvérsela. El laxante no se va a mover de mi cajón.

—De momento me doy por satisfecho, hm. ¿Qué te ha hecho a ti Obito?

Mientras esperaba a que el sistema se reiniciase, se echó hacia atrás en el respaldo en el que Obito se había estado apoyando a diario hasta ese mismo día. Olía a Aqua Fahrenheit. Mierda. Olía a él y ya se le estaban comenzando a revolucionar las malditas hormonas. Deidara se puso de mal humor. Necesitaba un polvo él también si es que ese imbécil le ponía de esa manera, pero no tendría tiempo de salir a ligar, de nuevo se interponía el tema de la residencia.

—Nada en particular —explicó Sasori—. Pero es entretenido todo este asunto.

Lo estaba cabreando no poder dejar de pensar en Obito de esa manera.

—¿Sabes qué? Voy a hacerlo —dijo, necesitando una vía de escape para su enojo—. Dame ese laxante.

Ni dos segundos después, Sasori ya estaba sacando la llave del cajón donde lo guardaba.

—Sabia decisión —dijo tras tomar el frasco—. Lo guardo en una botella de jarabe para la tos. Me pareció lo suficientemente inocente como para no ser cuestionado. Es incoloro, inodoro e insípido. Cada vez me cuesta más encontrarlos, ya casi no los hacen así.

—Perfecto —dijo Deidara observando el líquido a contraluz antes de guardarlo en su bolsillo—. Ahora a encontrar una oportunidad.

—Si me dejas ser el cerebro de esta operación, te garantizo que Obito se lo habrá tomado hoy mismo. Hazme caso, conozco sus horarios y costumbres. No son muy fiables, pero tengo una idea aproximada. Primero comienza a atender la lista de tareas, pensaré en ello mientras trabajo.

Deidara asintió, su molesta conciencia dándole vueltas a la idea de que aquello no estaba bien. Pero Obito tal vez lo mereciera. La acalló tras recordar aquella carismática sonrisa que presenció en el despacho de Konan y ambos siguieron su rutina.


Según Sasori, Obito tenía su propia botella de leche marcada con su nombre. Un poco antes de la hora a la que se solía tomar el café, Deidara y Sasori fueron a la cocina. Deidara fue a buscar la botella mientras su cómplice vigilaba. Ya iba avisado de que una dosis equivalía a medio tapón, y que por tanto habría que usar como mínimo tres tapones. A Deidara le pareció demasiado, por lo que sólo agregó dos.

—Eso es poco —dijo la cortante voz de Sasori a su lado.

Con un movimiento rápido le arrebató el frasco y vertió otro chorro de laxante en la botella. Ambos salieron de ahí de vuelta a la oficina que compartían lo más rápido que pudieron tras poner la botella en la nevera.

—¡Te has pasado! ¡Sólo quería darle una lección no dejarlo en coma, hm!

Sasori se aguantó una carcajada.

—Qué exagerado. Te dije tres tapones, no dos. Ya he hecho esto antes, se lo que hago.

Con el ceño fruncido, Deidara siguió trabajando en el proyecto que tenía a medias. Una parte de él se arrepentía de aquel movimiento, aunque fuera una parte minúscula.

—Te estás tomando esto demasiado en serio.

—Tú no te estás tomando esto lo suficientemente en serio —respondió Sasori con calma—. Si Obito se hubiera atrevido a amenazarme a mí yo te garantizo que hoy mismo antes de las cinco en punto estaría echando por las cañerías hasta el cerebro. Luego atascaría todos y cada uno de los retretes de hombres, me desharía del papel higiénico y me iría para no volver.

Lo dijo con tanta tranquilidad que Deidara no supo qué contestar. En su lugar, se centró en el proyecto.

—Es obvio que entre ustedes dos existe un problema que tendrá que ser solucionado tarde o temprano por el bien de la convivencia. Sólo dile que estás dispuesto a hablar las cosas con madurez y calma cuando él deje ese comportamiento infantil y abusivo de lado. Mientras, tú harás lo propio y él deberá aguantarse.

—Suena razonable, hm —dijo Deidara dejando el tema de lado y centrándose en su deber.

No le faltaba razón. Aunque solo fuera por acabar con el mal ambiente entre ellos, Deidara estaba dispuesto a eso. Era el orgullo lo que le impedía dar el primer paso, él no hizo nada malo.

Al menos, no lo empezó.


—Se te ha debido enfriar el café. ¿Quieres que te traiga otro?

—Me gusta frío —contestó Obito.

Haciendo girar la rueda del ratón con su dedo, toda la atención de Obito estaba puesta en la página web de materiales de oficina en su pantalla, diferentes modelos de sillas pasando en dirección ascendente. Estaba acostumbrado a aquella silla, pero la había sacrificado con gusto si eso significaba librarse de las consecuencias, lo que no significaba que aún no le fastidiase. Esperaba que Deidara se conformase con eso.

Suspirando, dio un trago a su café con leche templado. Zetsu se apoyó en la mesa, cruzado de brazos.

—No pongas esa cara, Tobi. Fue tu culpa y lo sabes.

—Debí haberme controlado más —admitió—. Pero cuando me dijo que —que lo que necesitaba era desahogarse, pero no tenía la certeza de que Zetsu no le iba a dar la razón a Deidara y adoptarlo en su propio repertorio, así que decidió omitir ese dato—... Cuando me harté de sus impertinencias no pude contenerme.

—Deberías hacer algo sobre el tema ahora que aún es pronto. Antes de que sea demasiado evidente —Obito asintió—. Y quizá deberías alegrar esa cara. Últimamente se te ve más amargado que de costumbre.

De ser otra persona, Obito no habría tolerado un comentario así.

—Mhm... —murmuró, esperando que Zetsu pillase la indirecta y dejase el tema.

Zetsu no se iba, y Obito sabía que lo estaba observando en silencio. Puede que debiera darle algo que hacer.

—Pensé que lo habías superado —dijo al fin.

Molesto, Obito dejó su labor, estudiándolo con la mirada. Era obvio a lo que se refería.

—Y lo hice. Estaba bien. Lo estaba.

O al menos, mejor que antes. Zetsu inclinó la cabeza en incredulidad sin dejar de mirarlo.

—¿Tan malo fue lo que te hizo Deidara?

—Teniendo en cuenta que tuvieron que venir a separarnos, creo que estoy en mi derecho de opinar así de él. Yo sólo estaba hablando con él y de repente se puso a insultarme a gritos.

—Estaban borrachos —le recordó Zetsu—. Y según la versión de Deidara que por supuesto no tardé en ir a conseguir, tú no podías dejar de hablar de cierta cuestión... Estando. Ebrio. ¿Aún sigues creyendo que lo has superado? A mí no me lo parece.

Esa mañana sintió la tentación de desbloquear a Rin para ver lo que había escrito esos días. Decidió que sólo le iba a traer dolor innecesario. Estaba orgulloso de haber resistido al final, y luego le pasó eso.

Dio otro sorbo a su café mientras Zetsu tomaba aire.

—Habla seriamente con Deidara. Haz que esta situación termine, Tobi. Antes de que salgas mal parado. Es tu reputación lo que saldrá más perjudicado de todo esto si decide hablar. Él se irá y seguirá con su vida, pero tú no tienes donde hacerlo.

Ese era un buen punto. Lo que decía Zetsu era cierto, tenía suerte de estar en Akatsuki y no habría podido lograrlo con sus calificaciones sin contactos familiares. Cada día había luchado por encauzar su vida desde que se fue de Konoha a ese agujero gris y lluvioso en el culo del mundo.

—Ignoraré a Deidara a partir de mañana. Seré correcto y profesional con él. Impersonal.

Zetsu parpadeó varias veces teatralmente, su expresión indescifrable. Era en momentos como ese cuando Obito entendía a los que decían que su asistente les daba escalofríos. Después se despegó de la mesa.

—No es la mejor forma de zanjar el tema, pero imagino que es válida y propia de ti. No se le pueden pedir peras al olmo después de todo. Y bébete ese asqueroso café frío si es que vas a bebértelo antes de que lo tire al lavabo.

Como a Obito no le interesaba su opinión en ninguna de las dos cuestiones, siguió buscando una nueva silla de ejecutivo en la página web. Podía ignorarlo, resistirse sus provocaciones, y entonces si Deidara se sobrepasaba sería culpa suya solamente.

Cuando escuchó el sonido de la moto del chico, Obito se pegó a la ventana. Otra vez sin el maldito casco. Hubiera dado cualquier cosa por haberse librado de ese accidente, mientras que Deidara iba por ahí llamando a los problemas.

Pensó en decirle algo, pero él ya era mayorcito. Debía saber bien el peligro al que se exponía. Mañana. A partir de mañana iba a cambiar. Todo iba a ir como siempre.

Pero al día siguiente, Obito no se encontraba bien. Algo que comió debió sentarle mal y los siguientes dos días se reportó enfermo.


Capítulo tres y paso tres de la fórmula de historias "odio al amor" que encontré. El paso tres decía lo siguiente "Contacto con atracción más intensa, y atracción disonante. Mierda, me atrae esta persona, pero lo odio, pero mira que es hot. Comienza a fantasear con él y luego se siente culpable. Actitud aún fría. El enojo hacia él podría volverse en enojo hacia uno mismo conforme aumenta la atracción disonante."

Bueno, ahora ya parecen haberse dado cuenta que si su relación degenera más pronto todos empezarán a notarlo y no les conviene. Obito ya trató de hacerse ese propósito pero cayó a la primera provocación. Veamos qué pasa esta vez :D

Lybra, apoyo eso de que el jefe lo acoja en la oficina jajaj. Extraño que Kurotsuchi no esté por ahí, y espero que se reconcilien pronto. Pensé que un buen equivalente a Sasori transformándose en marioneta, sería Sasori adicto a las operaciones estéticas. Obito le pone azúcar y chocolate a todo, espero que algún día se lo ponga a Dei. En cuanto al lío con Rin y Kakashi, sí, el otro helado era de él. Rin y Kakashi están juntos. La "traición" está en la cabeza de Obito. No fue que él era novio de Rin y le era infiel con Kakashi ni nada de eso jaja, no haría nunca algo así, y no veo a Kakashi siendo tan mierdas. Tampoco a Rin. Aún queda un poco para que salga el tema pero llegaremos.

Arekusa, así es, hay una confusión, Obito fue muy poco objetivo con el tema, era adolescente en esos tiempos, y ahora es un adulto pero de esos que no paran de preguntarse y si las cosas no hubieran sido así sino de esa otra manera? Y no ven lo que tienen delante. Esperemos que después de tocar fondo la comunicación con Dei sólo pueda mejorar :D

¡Hasta el siguiente y gracias por leer!