Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Nueve: Bella
24 de junio de 2022
Los Ángeles, California
—Voy a vomitar.
—Deja de ser tan dramática —dice Alice, revisándome la cara para asegurarse de que no esté arruinando mi maquillaje a causa del pánico.
—No todas podemos estar tan tranquilas el día de nuestra boda, Mary Alice —espeto. Por suerte, me ignora.
Aunque es la verdad. La mañana de su boda Alice estaba tan jodidamente tranquila que tuve que revisarla para asegurarme de que no hubiera tomado ninguna clase de sedante.
—¿De qué debes preocuparte cuando te vas a casar con tu mejor amigo? —pregunta Alice, acomodándome un rizo detrás de la oreja. Entorno la mirada.
—Esa no es la parte que me preocupa —le digo—. Alice, sabes que hago el ridículo cuando tengo que ser el centro de eventos importantes.
Sonríe un poco, pero la esconde con rapidez.
—Estarás bien —me asegura. Gruño.
—Si de verdad la cagas solo diles a todos que estás embarazada —sugiere Rose. Giro la cabeza de golpe para verla.
—¡No lo estoy! —casi grito. Se ríe como villana de Disney.
—Sí, pero la gente no tiene que saberlo. Puedes hacer todo lo que se te dé la gana cuando estás embarazada —señala. Una mirada cargada cruza su rostro, y todas sentimos el peso de sus palabras al mismo tiempo.
El otoño pasado Rose descubrió que estaba embarazada. Había sufrido todo un ataque de pánico, pero Emmett y ella tenían una relación tan sólida que no tardó mucho en tranquilizarse. Incluso había empezado a sentirse emocionada por ello a pesar de que era un momento terrible en sus vidas.
Nunca había recibido una llamada como la que recibí de ella cerca de Navidad. Tuvo un aborto espontáneo a las diecisiete semanas.
Fue una época muy oscura para todos.
Me levanto de la silla donde estoy sentada y me acerco a su lado. Tiene lágrimas en los ojos, pero parpadea para alejarlas, sacudiendo la cabeza. Alice y yo la aplastamos entre nosotras, rodeándola con nuestros brazos a modo de apoyo silencioso.
Ella inhala profundamente, alzando los brazos para agarrarse a nosotras.
—Lo siento —dice en voz baja. Le doy un apretón.
—No, no lo digas. —Le beso la mejilla y le doy otro apretón—. ¿Cómo han estado?
Alice y yo soltamos a Rose, y ella se limpia las lágrimas con una mano.
—No debería estar hablando de esto el día de tu boda —dice con voz rota. Niego con la cabeza.
—Quiero que lo hablemos, si te sientes con ánimos. ¿Por favor?
Me mira antes de asentir.
—Es difícil —dice después de un minuto—. Justo cuando pienso que al fin estamos regresando a la normalidad, me encuentro con un libro sobre bebés o algo así que alguien nos regaló y me golpea todo de nuevo. —Sus ojos se llenan de lágrimas otra vez—. Sabíamos que no era el momento adecuado, pero estábamos listos para hacerlo funcionar.
Le aparto el cabello del hombro.
—Un día, Rose. Serás una mamá grandiosa.
Me mira.
—No sabía que quería ser mamá antes de conocer a Emmett —susurra. Alice asiente.
—Puede que Emmett lo haya sacado a relucir, pero siempre ha estado en ti, Rose.
Asiento, estoy de acuerdo. Rose ha estado cuidándome el culo tanto tiempo como el que llevamos de amigas. Ella no se da cuenta, pero es la más maternal de nosotras.
Respira temblorosamente.
—Un día llegará el momento adecuado —dice lentamente.
Alice y yo asentimos con ella.
—Llegará, para las tres —dice Alice, lanzándome una mirada. Siento que palidezco un poco.
—Definitivamente vamos a esperarnos —digo, negando firmemente con la cabeza—. No lidiaré con tener a Edward de regreso en la escuela y con un bebé al mismo tiempo. Al carajo con eso. Él tiene que estar cerca para el bebé porque, seamos honestas —le lanzo una mirada a Alice—, tu hermano será mejor padre de lo que yo podré ser.
Las chicas se ríen y, a pesar de que saben que más que nada estoy bromeando, ahora estiran los brazos para abrazarme a mí. Es un tanto agradable, aunque me están aplastando sobre el regazo de Rose.
—Bien, bien, suficiente de esta fiesta de sollozos —digo, apartándome de ellas—. Vayamos a atar a ese codiciado chico Cullen —gruño. Alice se ríe.
—Cerca de doscientas graduadas de preparatoria están llorando.
Le sonrío.
—Claro que sí.
