Aviso de lenguaje subido de tono
—Bájate de la mesa —dijo Obito.
En su lugar, la chica cruzó una pierna sobre la otra, rodando los ojos.
—Debí haberme ido con Orochimaru cuando lo despidieron.
—Debiste —respondió él.
—Aunque por otro lado, habría acabado arrancándole la cabeza a ese imbécil cuatro ojos para hacerme un cuenco para cereal con su cráneo.
Obito la observó irritado por unos segundos mientras ella se autoinvitaba a un puñado de ositos de goma de la bolsa abierta sobre su escritorio.
—La cuestión es que no lo hiciste y ahora me toca a mí tener que pasar por esto y no él.
—Qué suerte —respondió con un prominente sarcasmo.
—Anko, bájate de la mesa. Ultimo aviso. No estoy de humor para tener que enseñarte modales también.
—Tú nunca estás de humor para nada —dijo con un gruñido mientras descruzaba las piernas despacio y se ponía de pie otra vez sin separarse del escritorio.
—Bien. ¿Puedes explicarme ahora por qué tuviste que hacer eso?
La chica era buena en su trabajo, pero esa costumbre suya por recurrir a la fuerza física siempre traía problemas consigo.
—El tipo llevaba viniendo tres días seguidos a robar ropa de diseñador. Cuando lo atrapamos me intentó agredir así que me defendí. Fue en defensa propia. Además para eso me pagan, no sé por qué tanto revuelo.
—Te ensañaste. Le rompiste la mandíbula y le dislocaste un hombro. Nos ha denunciado alegando que la fuerza usada fue desproporcionada con la resistencia que opuso.
Anko chasqueó la lengua.
—Estupideces. Y no me importa, estoy tranquila. Kisame es buen abogado, destrozará al enemigo por mí. Ah, y vayan a ver las cámaras de seguridad. Quizá así se den cuenta que yo no hice nada mal.
—Este tipo de incidentes traen mala reputación a Akatsuki. Ya ha pasado anteriormente que han roto contratos con nosotros por no actuar de acuerdo al entrenamiento.
Así debía ser. Obito no podía permitirse ser un blandengue en aquel puesto. Si Anko no seguía las reglas, iba a meterse en problemas.
—Ya veo que no se puede contar contigo para nada —se quejó ella.
—No he hecho nada que no esté en el protocolo de actuación para casos así —le hizo saber él.
—Y pensar que me caías bien en el instituto... Lo que llega a cambiar la gente —dijo volteando la vista a la ventana—. ¿Qué mierda pasó contigo, Obito?
La mención sobre su antigua forma de ser lo puso de peor humor.
—La gente cambia cuando se dan cuenta de ciertas verdades.
Que la gente era egoísta y en la vida era mejor estar solo. Que no importaba cuantas veces él estuviera ahí para los demás, nadie iba a estar ahí para él cuando los necesitase. Obito decidió hace mucho que nadie más lo volvería a decepcionar. Su vida era su empleo. Itachi no era más que un pariente lejano y compañero de trabajo. Zetsu un mero asistente al que le gustaba meter las narices demasiado en cosas que no iban con él. Iba a muy pocas salidas de empresa, solo a los compromisos inevitables. Era consciente que no solía caer bien.
Pero le daba igual.
—¿Qué es tan gracioso? —dijo al verla sonreír distraída—. Estás aquí por un asunto serio.
—¿Recuerdas cuando te metiste en una pelea para defenderme a acabé defendiéndote yo a ti?
—No creas que vas a librarte de esto con esa táctica.
Perdiendo la sonrisa, Anko le dedicó una mirada asesina y volvió a sentarse sobre la mesa.
—No esperaba nada amable de ti de todos modos. Sólo recordaba viejos tiempos pero parece que eso te vuelve aún más insufrible.
—No soy insufrible. Soy justo. Y si es verdad que no hiciste nada malo no deberías preocuparte. Y bájate de mi mesa antes de que llame a Zetsu para que te saque.
—¡Pues llámalo! ¡Aquí lo espero! ¡A ver quien saca a quien! —exclamó, sacando su celular y recostándose hasta apoyar los codos en la mesa.
Sonaba la sintonía de alguna aplicación de videojuego que Obito no reconoció. Suspiró exasperado, marcando el número de Zetsu a pesar de que lo tenía justo afuera.
—¿Ves? Esta es la razón por la que dudo de tu...
El sonido de la puerta abriéndose lo hizo girarse. Pensó inicialmente que Zetsu debía haber estado escuchando con el intercomunicador encendido como solía hacer, pero en su lugar se encontró con Deidara, mirando la escena desconcertado. Perfecto. A saber lo que estaría pensando. ¿Por qué dejaba Zetsu pasar a gente sin anunciar y en especial a Deidara? Lo regañaría más tarde.
—¿Interrumpo algo, hm? —dijo, su voz provista de un ligero toque sugerente.
—Puedes quedarte, rubio. Verás que bien nos lo pasamos los tres.
—¿Qué quieres? —respondió Obito con sequedad.
—Ya imprimí todo lo que había en la lista de tareas —dijo tendiéndole una carpeta—. Tal y como tú mismo me pediste esta misma mañana.
—De acuerdo.
Obito tomó lo que le ofrecía. Desde que vino de su pequeña ausencia por enfermedad, se hizo el propósito de dejar la actitud hostil de lado. Su relación con él era tirante y profesional. Para él así estaba perfecto.
—Ya que he terminado todo, ¿puedo terminar media hora antes?
Anko soltó una carcajada seca.
—Buena suerte intentando obtener un favor de este.
No sabía con quién estaba más molesto de los dos. Aunque todos los asuntos que tenía contra Deidara estaban quedando atrás en el tiempo, su presencia había quedado con connotaciones irritantes. Anko sin embargo lo estaba consiguiendo enfadar en ese preciso momento. Podía mandarle un par de tareas de baja prioridad para rellenar esa media hora, o podía dejarlo ir y probar que no era un amargado como todos decían que era. Si se lo pedía un poco más educadamente lo dejaría irse antes. Los modales eran los modales.
—En mi oficina las cosas se piden por favor, Deidara —dijo.
—¡Por favor, señor Uchiha! —agregó Anko en tono teatral.
Deidara lo miró entrecerrando los ojos.
—¿Para qué quieres que te lo pida por favor? ¿Para que me digas que no al final tras rebajarme a decirlo? —preguntó a la defensiva.
—Si me lo pides con educación dejaré que te vayas —respondió Obito.
—Olvídalo, hm. No te creo.
Y se fue, dejando la puerta abierta, la cual Obito tuvo que ir a cerrar para evitar que Zetsu se asomase. Se reprimió antes de dar un portazo a pesar de las ganas que sentía de canalizar su frustración. Para una vez que intentaba ser amable con Deidara y él le respondía así. Que estuviera dispuesto a tener un detalle altruista con él no significaba que iría a dejarse tratar de cualquier manera por un recién llegado. Quizá era la señal de que no debía olvidar su propósito de aplicarle un trato profesional y aséptico.
—Ja. El nuevo te vio las intenciones —se burló Anko.
—Iba a dejarlo ir de verdad —se defendió Obito.
Intentó serenarse a pesar de su creciente frustración. Anko lo fulminó con la mirada.
—Oh, así que le haces un favor al nuevo pero a mí no puedes hacérmelo para algo más importante. ¡A mí que me conoces desde que éramos críos!
—¡Son asuntos completamente diferentes! Puede que a ti te venga bien pasar por ahí para controlar ese temperamento tuyo en lo sucesivo y no hacerme tener que tomar medidas más difíciles.
—Que te jodan —escupió, levantándose—. ¡Le hace un favor a un tipo que literalmente acaba de llegar y a mí no!
—¿Has escuchado algo de lo que he dicho, Anko? Deidara ni siquiera se va a ir antes.
Obito colocó la mano en la puerta para evitar que Anko diera un portazo al cerrar, sin escuchar lo último que tenía que decirle. A veces, le gustaría ser él quien se pudiera permitir salir antes de tiempo. Se sentó en su escritorio, sujetándose la frente con ambas manos. Le dolía la cabeza y aún tenía que reunirse con un posible cliente.
Zetsu ni siquiera había tratado de entrar a husmear. Cosa rara.
Se tomó un analgésico y un vaso de agua. Pronto tendría que ponerse su máscara de sonrisas y buenos modos y luego podría irse por fin tranquilamente a su casa y poner fin a ese día de mierda.
Orgulloso de sí mismo por haberse mantenido fuerte, Deidara salió de la oficina de Obito. Le extrañó que esos días hubiese estado tan tranquilo con él, y no le sorprendió nada cuando le dijo eso delante de la otra tipa. Seguro quería fanfarronear delante de ella humillándolo un poco. Zetsu no lo había dejado pasar al principio, dijo que Obito estaba ocupado y que dejase la carpeta en su poder, pero Deidara prefería dársela en mano personalmente y de paso preguntarle si podía irse antes. Aunque estuviera ocupado, seguro podía atenderlo diez segundos. ¿Y qué hacía tirada encima de la mesa, acaso estaban liados o algo?
—Bah. Heteros —dijo, asqueado por la imagen mental.
Volviendo a su puesto, sacó su celular y envió un mensaje al agente inmobiliario diciéndole que finalmente no podría reunirse con él antes de su hora habitual de salida.
—Hey, hey, hey, hey. Detente ahí, Deidara.
Del ascensor salió un tipo de melena tintada de un lila casi blanco al que reconoció como el asistente de Kisame.
—Creo que no nos han presentado antes —dijo Deidara.
—Eso tiene fácil arreglo —contestó el otro tendiéndole una mano—. Suigetsu.
Se la estrechó con firmeza, preguntándose qué querría de él.
—Me envía Konan —dijo—. Mencionó que acababas de llegar a Amegakure y que tu lista de amigos aún no era muy amplia. Estoy aquí para arreglar eso.
Desde el día en que firmó el contrato, Deidara no había visto demasiado a Konan, pero habían hablado mucho por chat.
—Ahora que lo recuerdo, ella mencionó que me iba a presentar gente para que comenzase a agrandar mi agenda. Desde que llegué no he tenido tiempo de ir a socializar, hm.
—Eso es —Suigetsu colocó casualmente la mano en su hombro mientras caminaban—. Este lugar es a veces demasiado hetero para mi gusto.
Así que de eso iba todo. Bueno, en Iwa no había realmente una comunidad LGBT. Era un pueblo pequeño y rural. Le vendría bien estar en contacto con más.
—Tiene gracia, porque estaba pensando precisamente eso mismo.
—¿¡Ves!? Hasta tú te has dado cuenta. Somos pocos, yo y unos cuantos más, sin mencionar a los que aún están en el closet. Pero no me caen bien la mayoría. Yo tengo mi propio grupo, sólo la perra de Karin trabaja aquí en mercadotecnia y Jugo como segurata. No te asustes por eso, nos insultamos mucho a diario, y nos decimos cosas mucho peores.
—Ah sí, me han llegado mensajes suyos pidiéndome que retoque fotografías, pero no creo haberla visto en persona.
—Qué afortunado —contestó con suavidad—. Varias veces al mes nos juntamos todos en la casa de alguno de nosotros o salimos a un pub llamado "La villa del sonido". No es oficialmente de ambiente, pero es considerado como tal. Va mucha gente pintoresca. Y la música no apesta en todas sus facultades.
Ambos se detuvieron en la puerta de la oficina de Deidara.
—Entonces, avísame la próxima vez que vayan a la villa del sonido esa. Me apunto.
—Mañana viernes iremos a mi casa todos. ¿Te apetece? Sólo trae algo de beber. Normalmente cada uno trae una botella y las compartimos.
—De acuerdo, me distraerá salir un poco, pásame tu dirección y teléfono.
—Mejor pásame tú la tuya y le diré a un amigo que te recoja en su coche.
Deidara no tenía más que un ticket de la compra para escribir, así que ahí fue donde le escribió la dirección del hostal y su teléfono.
—Nos vemos mañana, pues, hm. Traeré amaretto.
—Buena elección. Jūgo pasará a por ti mañana, un tipo grandote, lo reconocerás. Se ve intimidante pero no hace nada. La mayoría de las veces —dijo Suigetsu tendiéndole una tarjeta—. Y este es mi teléfono y mi número de extensión del trabajo. En realidad es el de Kisame pero yo contesto casi todas sus llamadas. ¡Hasta luego!
Tras quedarse solo, Deidara miró el reloj. Quedaban casi veinte minutos para salir. Decidió adelantar un poco de trabajo para el día siguiente, se despidió de Sasori y se fue. Mañana sería un buen momento para estrenar la ropa nueva que se había comprado.
—¿Eres Deidara?
El aludido se giró. Ese debía ser el tal Jūgo, llegando dos minutos antes de la hora acordada a la puerta del hostal. Era en realidad bastante alto y corpulento, pelo desordenado cobrizo y nariz chata, como si se la hubieran aplastado a puñetazos. Se veía como alguien peleón y Deidara comenzó a dudar de la afirmación de Suigetsu sobre que no hacía nada.
El trayecto hasta la casa de Suigetsu transcurrió en un incómodo silencio. Deidara no estaba seguro sobre si tratar de sacar algún tema de conversación.
—¿Puedo poner la radio, hm? —preguntó al fin.
Jūgo no contestó, sólo presionó el botón de encendido y un tema new age a la mitad comenzó a sonar. Más que relajarlo, a Deidara lo ponía nervioso ese tipo de música. Cuando por fin aparcaron frente a una casa con vistas a un canal, no pudo evitar sentirse aliviado. Siguió a Jūgo en silencio, y se detuvo cuando él lo hizo para acariciar a un gato que dormía sobre otro de los coches. Aún algo desconcertado por su comportamiento, Deidara no abrió la boca. Su presencia no lo invitaba a hacerlo.
—¡Bienvenidos a mi humilde chabola! —exclamó Suigetsu cuando abrió la puerta, la cual daba al salón, ya había varias personas sentadas, lo cierto era que eran bastante pintorescos—. Descalzos, por favor. Amaretto, muy bien, lo dejaré en la cocina. El baño está frente al hueco de la escalera. Ahora, déjame que te presenté a todos, chicos, este es Deidara, compañero de Akatsuki, es su primerito día, no tengan piedad con él.
Tras el caótico intercambio de saludos, Suigetsu lo agarró del hombro y comenzó con las presentaciones individuales. Señaló a un tipo de pelo largo y blanco maquillado como una puerta.
—Kimimaro. Todos lo amamos, sobre todo Jūgo... Platónicamente. Así que está libre, por si te interesa la información. Tayuya, camionera odia-hombres.
—¡Te voy a romper ese culo pálido que tienes con un destacador!
—¿No te dije? Y no gracias, me gusta más romperlos yo. Esos dos de ahí son Ukon y Sakon. Los reconocerás porque a Ukon le falta el brazo izquierdo y a Sakon el derecho —y susurrando en su oído agregó—, gemelos siameses. Por último, Kidomaru y Jirobo, ellos sí que no están libres. ¿Me dejo a alguien? ¿No? Bien Dei, siéntate donde quieras... o puedas.
Una chica de gafas y pelo rosado se aclaró la garganta.
—¡Suigetsu!
—Oh, sí. Ella es Karin. Grita mucho pero te puedo prestar unos tapones para...
El cojín que se estrelló contra su cara le impidió continuar, Tayuya le lanzó otro antes de que pudiera reponerse.
— ¡Tenía que haber ido yo a hablar con él! ¡De seguro le habría quedado una mejor primera impresión! —gritó, antes de que su expresión de enojo mutase a amable de nuevo—. ¡Soy Karin Uzumaki de mercadotecnia! Ya nos hemos comunicado antes si no me equivoco. ¡Siéntate aquí a mi lado! Mejor mantenerte lejos del influjo de este impresentable.
Deidara encajó más que bien en el grupo. Tras el reparto de las primeras bebidas, la conversación se centró en él. Contestó como una docena de preguntas personales y sin darse cuenta el tema fue cambiando y todos acabaron compartiendo anécdotas divertidas sobre su vida. Se integró desde el principio y nunca se sintió un recién llegado en un grupo de amigos ya consolidado.
Varias bebidas después, todos estaban riendo demasiado sobre cualquier estupidez. Alguien encendió la televisión. Había una película de bajo presupuesto sobre ninjas y la atención de todos cambió a burlarse de los efectos especiales o las actuaciones.
Al terminar, Suigetsu apagó el televisor y puso música. No era su estilo pero Deidara estaba ya lo suficientemente ebrio como para que no le importase.
—Por cierto, me contaron que te graduaste en la misma promoción que Sasuke —dijo Karin—. ¿Qué tal es?
—Estábamos en distintas carretas. Aunque teníamos amigos en común, hm. No éramos tan cercanos en realidad.
—¿¡Y ligaba mucho!? —la chica se acercó más a él.
—Era popular, nunca lo entendí. A mí me hace bostezar con sólo mirarlo. Nunca lo vi demasiado interesado en salir con nadie —Deidara se encogió de hombros—. Nunca lo vi demasiado interesado en nada la verdad.
—¿¡Cómo que bostezar!? —dijo Karin alzando la voz—. ¡Me empiezas a caer mal como este idiota! Sasuke tiene el aura más pura y bella de todas...
—¿Aura? —preguntó Deidara, confundido.
— Esta loca dice que puede sentir el aura de la gente —aclaró Suigetsu.
Y los presentes se dividieron en gente que discrepaba y gente que le daba la razón.
—¡Cállate! ¡El aura es real, y la tuya apesta a bacalao!
Más risas. Varios se acercaron a oler a Suigetsu y volvieron a sus asientos con fingida mueca de asco.
—Interesante eso del aura. ¿Y la mía, como es, hm?
—La tuya huele a pólvora y tierra —contestó Karin.
—Mmmh... Me gusta esa respuesta —dijo Deidara, que empezaba a creer un poco en eso de las auras.
—Me caes bien otra vez. Y si retiras eso sobre Sasuke me caerás aún mejor.
—¡Yo nunca retiro lo que digo y más si es la verdad, hm! —dijo señalándola.
—¿¡QUÉ!? —gritó Karin hecha una furia.
—¡Ese Sasuke tiene cara de frígido! ¡Seguro es virgen y todo! —intervino Tayuya.
Deidara rió a carcajadas con el resto. En eso estaba cien por cien de acuerdo. Karin de irguió en su asiento.
—Se mantiene virgen para que yo lo haga un hombre.
—Dirás que se mantiene virgen para que YO lo haga un hombre —la corrigió Suigetsu.
—¡Quise decir exactamente lo que dije!
Suigetsu comenzó a rellenar de nuevo los vasos de chupito.
—Ah está bien, sólo déjamelo virgen de culito y todo correcto.
— ¡No te lo pienso dejar virgen de nada!
— ¡Qué asco! —exclamó Deidara con un gutural gruñido de repulsión.
No haría nada con Sasuke ni por un millón de ryo.
—Karin, Suigetsu y Jūgo tienen una apuesta en ver quién se tira antes a Sasuke —explicó Kidomaru—. Pero no parece que vayan a ganar pronto.
—¿Qué, Jūgo también? —Deidara lo miró, el tipo estaba rojo pero no hizo comentarios.
No había participado demasiado en las conversaciones pero sí que lo había visto hablar mucho con Kimimaro.
—Algún día se dejará —dijo Suigetsu.
Todos bebieron. A Deidara le entraba la risa tonta con cada comentario mordaz de los otros. Los de Tayuya en particular eran los mejores.
—¿Y por qué no... Los tres a la vez, hm? —Deidara hacía mucho rato que había perdido el filtro.
Tanto Karin como Suigetsu pusieron cara de asco.
—¡Terrible idea! ¡¿Y si le toco la pija a Suigetsu sin querer?!
—¿¡Y si le toco una teta a Karin sin querer!? ¡Tendré que ir a terapia!
Deidara nunca pensó que hablar de alguien tan aburrido pudiese ser tan divertido.
Kidomaru y Jirobo fueron los primeros en llamar un taxi por tener cosas que hacer al día siguiente. Ni diez minutos después, se fueron los gemelos. El ambiente se calmó a partir de ahí. Kimimaro vomitó en el baño y luego se quedó durmiendo en el sofá.
—Iré a llevarlo a su casa —dijo Jūgo, que prefirió hartarse a aperitivos en lugar de beber.
Una parte de él quería que la fiesta siguera, pero la verdad es que era tarde. Casi las cuatro y media.
—¿Puedes llevarme a mí también, Jūgo? —preguntó Karin.
—¿Y de paso a mí? —agregó Tayuya.
—¿Y... Hm... A mí? —Deidara no quería hacer al tipo sentir como si fuera el taxi de todo el mundo pero si podía ahorrarse el dinero de uno de verdad, mejor. Iba a llegar muy justo a su primera paga.
—Sólo tengo espacio para tres —dijo, cargando a Kimimaro en brazos—. Volveré por ti.
Las chicas recogieron sus cosas y tras despedirse lo siguieron.
—¡Nos vemos en el trabajo, Dei! —exclamó Karin, agitando el brazo con demasiada efusividad—. ¡Tenemos que repetir esto pronto!
Ahora que tenía todo el espacio para él, Deidara se recostó en el sofá más grande, tomó el cuenco lleno de galletas saladas y se comió un puñado. Su estómago le agradeció que le echase algo más que alcohol. La habitación le daba vueltas. Hacía mucho que no bebía tanto.
—¿Y? ¿Te lo has pasado bien? —dijo Suigetsu, dando un trago a la botella de vodka con arándano.
Deidara asintió con la boca llena.
—Necesitaba desconectar, últimamente no he tenido a penas tiempo para mis aficiones, hm.
—Pronto iremos a la villa del sonido. Ya te avisaré —dijo antes de un sonoro eructo que hizo que a Deidara le volviese la risa floja—. Mierda, esta cosa está buena. Pruébala.
Con movimientos mal coordinados, Suigetsu dejó la botella a su alcance. Deidara no creía que beber más era una buena idea, pero le hizo caso.
—Está dulce —dijo, y le dio dos tragos más antes de dejarla sobre la mesa y darle un empujón—. Ya está bien, hm. Quítala de mi vista antes de que me la acabe.
Suigetsu la puso en el suelo, no muy lejos de donde estaba.
—Dime, Deidara. ¿Te gustó alguno de los chicos?
—No vine con mentalidad de ligar. ¡Y están todos ennoviados!
—Yo no. Aunque bueno, yo me reservo para Sasuke, no pararé hasta conseguir meterlo en mi cama así que sácame de tu lista. Y lo de Jūgo y Kimi es una relación abierta.
—Tch. Ni siquiera te tenía en ella —Deidara siguió comiendo galletitas saladas—. Además te gusta Sasuke eso ya es tarjeta roja de por sí, hm. Qué mal gusto.
—¡Hey! No hables como si estuviera enamorado de él o algo así. Me lo quiero tirar y ya, antes que Karin o Jūgo a ser posible. Aunque a decir verdad, creo que se lo pasaría mejor con Jūgo. Dicen que se transforma en una bestia, a Sasuke tiene pinta de irle eso.
—¡Agh! ¡Mierda! ¡Lo estoy imaginando!
Esa vez fue a Suigetsu a quien le dio el ataque de risa.
—Estoy pensando... ¿No te has fijado en nadie desde que llegaste a Amegakure?
Nada más decir eso, Obito se le vino a la cabeza. Molesto por la reacción, Deidara rodó los ojos. La presión de su mano en su baja espalda era algo que no iba a olvidar pronto. Nada más que ese pensamiento fue suficiente para encender en su cuerpo una chispa de deseo.
—¡Lo sabía! —exclamó Suigetsu con expresión triunfal—. Es de Akatsuki, ¿cierto? ¿Quién será? ¿Quién será...?
—¿Qué más da, hm? No va a llegar a ninguna parte, puede que esté bueno pero es un idiota insufrible. Igual me lo tiraba.
Cuando estaba ebrio, Deidara hablaba demasiado. Puede que se arrepintiera al día siguiente pero quería ver la reacción de Suigetsu. Estaba seguro que le iba a impactar.
—Un idiota insufrible, mmm... Eso descarta a Itachi.
—Tienes un problema con esa familia —le reprochó.
Suigetsu se encogió de hombros.
—Siempre suele ser Itachi. Entonces dime quien es y dejaré de imaginarme cosas. Toma, bebe un poco más.
Le dio un trago antes de pasarle la botella. Deidara bebió también.
—Obito... Sí, él. ¿Qué pasa?
Suigetsu quedó boquiabierto unos segundos antes de estallar a reír como una hiena.
— ¡Obito Uchiha! ¡Ah, Deidara... Eres oro puro! ¡Te gusta tu jefe! ¡No puedo creerlo! Lo siento, pero es demasiado gracioso.
— ¡Hey! ¡No lo digas como si estuviera enamorado de él o algo así! —exclamó parafraseándolo—. ¡No quiero nada con él!
—Mas que follar a lo loco una vez o dos, sí, si ya sé. No te preocupes, no se lo voy a decir.
—Me da igual si se lo dices. De hecho, no me importaría decírselo yo mismo, quiero ver su cara.
Deidara rió de su propia ocurrencia.
—Bueno, estoy seguro que Obito estaría contento sabiendo que al menos existe alguien en el mundo que se lo quiere tirar. Eso es verdad.
—¿Tan poco popular es, hm?
Recordó las cicatrices mal disimuladas bajo el maquillaje. Una triste historia, eso le dijo Sasori, algo le decía que uno estaba relacionado con lo otro. Comenzaba a arrepentirse de haber rechazado los chismes que le ofreció.
—Imagino que está bueno, quiero decir, no es mi tipo pero es un Uchiha al fin y al cabo. El problema con él es que es un amargado, y no es que se esmere mucho en hacer cambiar la opinión general de él. De todos modos, felicidades. Te has fijado en el tipo más hetero de Akatsuki.
—Eso parece, hm. Mierda...
Lo malo de beber, era que se calentaba muy fácilmente. Y ahora se estaba imaginando a sí mismo sentado sobre él, en ese nuevo sillón que se había comprado tras perder el anterior, haciéndole un lento y sensual striptease.
—Tendrás que buscar a otro que te haga cagar semen porque si esperas a que lo haga Obito vas a jubilarte antes.
—Eres un bruto.
No quería admitírselo a sí mismo, pero le estaba empezando a fastidiar que nunca fuera a tener su verga taladrándole el culo.
—En la villa del sonido te buscaremos a alguien. Sólo ponte en cuatro y pregúntale si le puedes llamar Obito, seguro no le importa. Pero necesitas desahogarte.
—No lo necesito, hm.
—Bah, estoy borracho no me hagas caso.
Deidara odiaba tener caprichos imposibles.
—Lo mismo digo.
Por fortuna, el sueño le vino antes de que pudiera darle demasiadas vueltas. Jūgo no llegaba. Suigetsu dijo algo sobre que seguro se había quedado en casa de Kimimaro. Deidara se dijo a sí mismo que cerraría los ojos un rato para descansar la vista pero no los volvió a abrir.
Dei necesitaba amigos. Siempre lo típico es darle a Hidan, y ojo que a mí me encanta el duo que hace con Hidan, pero quería cambiar, y ya sé que con Suigestu no se encuentra nunca en el manga. Con Konan se lleva bien, pero no me convencía. Sasori es muy formal, no me lo imagino perdiendo el control así. Necesitaba a alguien troll pero más avispado que el Jashinista, sorry Hidan, te pasas, es verdad. Me acabó agradando la idea de que Dei conociera a Taka, y los del sonido y a partir de ahora serán amigos :D Suigetsu y Karin son bi, Tayuya lesbiana (no sabía pero me han contado que es común este headcanon), los demás gays. Habitantes del sonido suelen darme esa vibra homo.
Espero haber captado bien la ebriedad de los presentes. Una fiesta loca era lo que Dei necesitaba. No ha habido muchas escenas de la pareja juntas, pero es bueno que Deidara pase tiempo con otra gente. ¿Hay progreso? Creo que sí, ahora ya se tratan más civilizadamente pero hay muchas asperezas por solucionar.
Arekusa, estuve mirando productos correctores de cicatrices, me estuve informando de cuanto cubre. Hay algunos que cubren mucho pero son más caros y difíciles de quitar. La mayoría cumplen su función de lejos, pero si te acercas se puede apreciar. También creo que Deidara estaba demasiado cabreado como para sentir intriga por eso, pero ahí quedó esa información para que se rompa el coco :3 También quiero leer el manuscrito de Konan skdjkdfj. A veces me gusta espejar acontecimientos canon en un AU, más de lo que debería tal vez. Los detalles los pondré más adelante, tengo que pensar como conviene más que se entere Dei, me gustaría que al menos se llevaran un poco mejor antes de que eso pase. Espero que Obito no haga eso T_T no sería justo con Dei. Entro al fic y le pego jajaja. Es un asunto que tiene Obito inconcluso y que tiene que saldar de una vez.
Lybra, mi Dei no se deja pisar, me siento hasta orgullosa jajja me gustó escribir esa escena porque tuvieron que disimular y hubo toqueteo. Seguro que cuando a Obito también le salte la chispa se acordará de ese momento y de lo decidido que estuvo xd seguro no podría replicar algo así. Voto porque Konan los encadene a un jacuzzi, seguro salen con todos sus problemas arreglados de ahí. Espero que no queden 50 capítulos para que Obito se dé cuenta de Deidara. No sé. Sabes que mi Obito siempre pasa de 0% a 1000% en un santiamén. Lo hice lo más progresivo que pude, que no fue mucho. Más que otras veces sí, pero no mucho. Así fue como me vino.
