¡Muy buenas a todos! Antes que empiecen las preguntas, he tardado un día en actualizar porque mi ordenador está como todo el mundo con esta ola de calor: sin ganas de hacer nada. Me he dedicado a insultarle y patearle para que se encendiese y al final han bastado dos golpes secos después de un cuarto de hora viendo que me había quedado sin ordenador para que se pusiera en marcha. Pero vamos, que de milagrito creo que he podido actualizar esta semana.

Vale, como siempre, os recuerdo que después de la palabra DISCLAIMER, viene la frase de siempre sobre que ni Lily ni yo poseemos nada de Code Lyoko y Digimon Frontier, que lo nuestro es nuestro y si se parece más allá del 90% a la obra de otro, estamos abiertas a escuchar opiniones. Y aquí pegadito, porque estoy vaga hasta para hacer las cosas ordenadas, AVISO y recuerdo que las críticas constructivas nos alegran el día tanto como los reviews random que nos podáis mandar; lo que no nos gusta son las críticas por criticar porque el calor os ha derretido las neuronas y estáis en modo zombie con nada mejor que hacer que ser desagradables.

Disfrutad del capítulo y esperamos vuestros mensajitos comentando la temperatura que hay en vuestro pueblo o ciudad en este momento. Por aquí, desde que puse el aire acondicionado, no tengo ni idea de la temperatura que hay (aunque yo estoy a 25º fresquitos).


Capítulo 47: Escape

En el interior, Myotismon logró deshacerse momentáneamente de Beowolfmon lanzando a la otra híbrida contra él. Debía admitir que ese digimon era una molestia a tener muy en cuenta en un combate, aun cuando necesitara de la ayuda de los demás para enfrentarle. El movimiento en la entrada del calabozo le hizo voltear a tiempo de ver a dos de los niños humanos haciendo subir a la prisionera en uno de los dos zorros.

—No penséis que os vais a escapar de mí así como así. ¡Pesadilla nocturna!

—¡Apartaos, chicos! —chilló Emily.

—¡Es imposible moverse con tanto murciélago! —protestó Bijugamon, sacudiéndose tanto que acabó tirando a Takuya.

—¡Cuidado! —gritó Tailmon, saltando al lomo de Kyubimon justo cuando tiraba a Leire y ayudándola a librarse de más murciélagos.

—¡Aparta a Takuya, Leire! —ordenó Yumi.

Arrastrándose, la chica alcanzó al inconsciente dando manotazos a los murciélagos que los demás no podían alcanzar. Con esfuerzo, tiró de la camisa de Takuya y lo arrastró hasta una pared. Tailmon no tardó en situarse entre ellos y los murciélagos.

—Kanbara, despierta —empezó a sacudirle —. Por favor, abre los ojos…

—Con que huyendo, ¿eh? —salió Myotismon del calabozo, pasando por encima de los demás, demasiado ocupados intentando quitarse los murciélagos de encima —. ¡Corriente…!

—¡Misiles de luz!

—¿Pero qué…? —el ataque empujó al vampiro, alejándolo varios metros y atrayendo su atención al interior —. Maldito digimon de luz… Si esas tienes, ¡me encargaré de ti primero! —gritó regresando al interior.

—¿Acabarán algún día estos malditos murciélagos o qué? —protestó Tailmon.

—No logro ver entre tanto negro —gruñó Kyubimon, intentando golpear con sus colas.

—Es por mi culpa —susurró Leire —. De no haber estado en el bosque, no me habrían traído aquí… Ellos no estarían en peligro… Takuya no estaría inconsciente…

—¡Leire, escúchame! —gritó Tailmon, de espaldas a ella —. ¡Llévate a Takuya de aquí! ¡En el exterior hay más gente que os ayudarán!

—Por mi culpa…

—¿Leire? ¿Qué estás diciendo? —preguntó la gata acercándose.

—¡Todo esto es por mi culpa! —gritó.

Tailmon intentó rebatir sus palabras, pero una explosión cercana le obligó a darle de nuevo la espalda a la chica. Los fantasmas ya no eran un problema, todos habían huído o sido eliminados. El problema venía de Myotismon, del cual procedían los interminables murciélagos que nublaban la vista de todos.

—Se acabó el juego, niños elegidos. ¡Grito de muerte! —atacó Myotismon.

—¡Tened cuidado! —gritó Coredramon, alertando a William y Emily.

—¡Ultra turbulencia! —JetSilphymon alzó su molinillo, creando fuertes ráfagas de viento que apartaron gran número de murciélagos. Sin embargo, aquella onda la alcanzó y empezó a cubrir por completo —. ¿Qué… es esto?

—¡JetSilphymon! —gritó Mikemon, viéndola caer.

—¡Sal de aquí, rápida! —ordenó Beowolfmon alzando su espada —. ¡Cazador helado!

—¡Maldita sea! ¡Tú deberías haber recibido el ataque, maldita molestia de luz!

Con esfuerzo, JetSilphymon alcanzó la salida, siendo cubierta por Coredramon. En cuanto superó la línea de murciélagos, se dejó caer a suelo. Toda ella había perdido color, como si una sombra la cubriese por completo dejándola en tonos grisáceos.

—Maldito… vampiro… estúpido… —protestó con esfuerzo —. No puedo… hacer… nada…

—¡JetSilphymon! —exclamó Tailmon, corriendo hacia ella.

—Todos… van a morir… —susurró Leire, paralizada en el sitio ante la imagen de la digimon, incapaz de moverse pero aun así luchando por volver a levantarse.

—Vámonos… —declaró la afectada por el ataque del vampiro, mirando a Leire —. Hay que… salir…

—¡Neila! —gritó Tailmon. La chica enseguida volvió la vista hacia ella —. ¡Ayuda a JetSilpymon y a Leire a salir de aquí con Takuya!

—¡Enseguida! —asintió.

Cubierta por BlackGatomon, la chica se lanzó hacia la digimon del viento. La híbrida logró levantarse y apoyarse en la humana, pero su peso e incapacidad de mantenerse erguida hicieron que ambas cayesen de rodillas, alertando a las dos gatas.

—Debo ayudar… —susurró Leire, aún incapaz de moverse —. Debo ayudar… ¡Quiero ayudar! —gritó apretando los puños con rabia.

Un leve brillo a su lado llamó su atención segundos antes que una suave luz envolvió a Tailmon. Tanto Neila como JetSilphmon se cubrieron los ojos mientras intentaban ponerse nuevamente en pie.

—¡Tailmon, cambio de digievolución a… D'Arcmon! —el ángel de la lucha apareció llamando la atención de todos.

—¿Qué ocurre? —preguntó Leire mientras un extraño objeto caía ante ella, justo al lado de Takuya.

—Esta energía… —susurró D'Arcmon —. ¡Eras tú! —exclamó riendo —. Leire, ¡es a ti a quien buscaba!

—¿A mí? —preguntó extrañada.

—No es momento para hablar —negó con una sonrisa antes de mirar al interior del calabozo —. Sal de aquí, yo debo luchar —declaró antes de alejarse volando.

—¡Espera! —pidió, moviéndose y provocando que Takuya cayese de sus piernas al suelo —. Oh, no…

—Leire, hay que moverse —dijo Neila, llegando a ella con la digimon y estirando su brazo libre para alzarla.

—Está bien —aceptó, tomando la ayuda de su hermana y poniéndose en pie.

—No voy a poder ayudarte a cargar con Kanbara —dijo con una mueca la otra —. Pero quizás si digievolucionas…

—¿Si qué?

—Usa… el D-Tector —indicó JetSilphymon con gran esfuerzo —. Activa… digicódigo…

—Concéntrate en que quieres transformarte, pulsa ese boton y grita "código digital Lyoko, digievolución" —indicó Neila —. Puede que eso te dé súper fuerza.

Algo vacilante, Leira hizo lo que le indicaron, sobresaltándose cuando la misma luz que había envuelto a Tailmon la rodeó cambiando sus ropas por un traje estilizado azul claro que dejaba al descubierto su estómago, con la falda cayendo hasta las rodillas. En sus pies, unos botines en un azul más oscuro sustituyeron las botas altas, dándole mayor comodidad para correr.

—¿Qué he…?

—No hay tiempo —negó Neila, volteándose para ver a BlackGatomon manteniendo a raya todos los murciélagos —. Coge a Kanbara, ¡rápido!

Nerviosa, se agachó junto al chico y lo alzó por debajo de los brazos con algo de dificultad. Neila apareció junto a ella de repente, sobresaltándola, y la ayudó a cargar con el chico a la espalda mientras JetSilphymon se mantenía apoyada en una pared.

—Venga, vamos —dijo Neila, regresando con la híbrida.

—Voy —asintió, acomodando el peso.

Un destello junto a su ojo le distrajo e hizo detener para ver mejor. Una pequeña salamandra dorada colgaba del cuello de Takuya, trayendo a su mente una imagen que la petrificó aún más en el sitio.

—¡Rápido! —apremió Neila.

—No… no es posible —susurró —. ¿Cómo no me he dado cuenta? —preguntó antes de caer de rodillas al suelo.

—¡Leire! —se asustó Neila.

—Ve… con ella —susurró JetSilphymon, resbalando hasta el suelo y quedando a cuatro patas, cabizbaja.

—Leire, ¿qué ocurre? —preguntó Neila, agachándose a su lado.

—He sido una estúpida cegata —respondió antes de volver a tumbar a Takuya. Por impulso, apoyó ambas manos sobre el pecho del chico y cerró los ojos —. Maldito tiempo y maldita distancia…

—¿Qué haces? —preguntó preocupada.

—No lo sé —reconoció mientras sentía una fuerza desconocida fluyendo —. ¡Dragón sanador!

Un destello rosado envolvió a Takuya varios segundos. Cuando éste desapareció, el chico abrió los ojos lentamente, como si hubiese estado en un sueño profundo.

—¿Sunshine? —preguntó al ver, con algo de dificultad, a la chica.

—¡Menos mal! —exclamó Leire lanzándose a abrazarlo —. Estás bien, ha funcionado…

—¿Qué… ha pasado? —preguntó Takuya, algo sonrojado.

—Te han golpeado y has quedado inconsciente. Porque tú eres ese dragón rojo, ¿verdad? —preguntó.

—S-sí… —tartamudeó, aún sin entender qué estaba pasando. Un grito de dolor resonó en el lugar, desviando la atención de todos —. ¿Qué ha pasado?

—Los demás siguen peleando —informó Neila —. Y parece que no van muy bien —añadió volviéndose hacia la híbrida.

—¡Jet! —exclamó Takuya.

—Estoy bien… —mintió, alzando una mano pero sin mirarle.

—No sé qué has hecho, Leire, pero me has ayudado más de lo que imaginas —dijo volviéndose hacia ella —. Aun así, debo pedirte que te vayas.

—¿Qué vas a hacer?

—Devolverle la jugada a ese monstruo —declaró con una sonrisa confiada —. ¡Espíritu digital, doble digievolución! ¡Aldamon! —en silencio, tendió una mano a Leire para ayudarla a levantarse —. Cuida de Jet mientras tanto.

Sin dar tiempo a más, batió las alas y se lanzó contra los murciélagos que molestaban a los cuatro chicos humanos.

—¿Crees que podrás hacerlo otra vez? —preguntó Neila mientras ayudaba a JetSilphymon a sentarse.

—Takuya confía en mí para ello —dijo mientras apoyaba las manos sobre la digimon y volvía a concentrarse —. ¡Dragón sanador!

—Mucho mejor —suspiró la híbrida cuando el color regresó a ella —. No creo que me hagáis caso si digo que marchéis.

—¡Todos están en problemas por mi culpa! —declaró Leire —. Al parecer, puedo actuar, así que voy a hacerlo y voy a ayudar para que salgamos todos.

—Yo te cubro, hermana —sonrió Neila —. Aunque te aviso que aún no sé usar del todo bien esto —añadió alzando la guadaña. Un escalofrío recorrió a Leire —. Sí, lo sé, no lo digas.

—Si hay algún herido, cúrale como has hecho con Takuya y conmigo —informó JetSilphymon —. Si alguno de ellos dice de retirarse, haced caso y marchad. Enseguida os seguiremos todos.

Con las energías renovadas, JetSilphymon se lanzó por donde había ido Aldamon, recuperando su molinillo por el camino y usándolo para liberar un vendaval que estrelló a gran número de murciélagos. Sin dudarlo, entró al calabozo, salvando las espaldas del híbrido de fuego en su camino hacia Beowolfmon y un apurado Mercurimon.

—Myotismon, vas a pagar por haberte llevado a Leire —rugió Aldamon, logrando alcanzar al híbrido de la luz.

—Sal de aquí, Mercurimon —susurró la híbrida al guerrero del metal.

—Malditos niñatos… ¿Cómo podéis seguir en pie? —reclamó el vampiro.

—Nos has subestimado —rió Aldamon —. Beowolfmon, JetSilphymon, a por él. ¡Destructor solar!

—¡Ultra turbulencia!

—¡Cazador helado! —la combinación de los tres ataques impactó de lleno contra Myotismon, lanzándolo contra una pared —. Será mejor aprovechar.

—No escaparéis…

—Olvídalo, Myotismon, ya molestas. ¡Destructor solar!

En el último segundo, Myotismon se convirtió en una nube de murciélagos, desvaneciéndose del lugar. Un vistazo rápido a todo el lugar les sirvió a los tres digimons para confirmar la desaparición completa del vampiro. Sin dudarlo, echaron a correr hacia la salida. Aldamon sonrió aliviado al no encontrar a ninguno de sus compañeros allí, ni aquella D'Arcmon con la que se había cruzado al regresar al combate.