Aviso de escenas subidas de tono


Obito no se atrevió a ir al garaje hasta que no oyó la moto de Deidara pasar por la calle desde recepción.

Para que nadie se cuestionase su presencia ahí, fingió que estaba ocupado hablando por teléfono. Eso retrasó un poco que el enredo mental en el que estaba inmerso se apoderase de él del todo.

Una vez sentado en su auto, eso cambió. Apoyó la cabeza en el volante, dándose cuenta que sus brazos estaban temblando. Tras salir del ascensor en recepción tuvo que encerrarse en el lavabo a sujetar su miembro por dentro del cinto para que nadie lo tomase por un pervertido. Puede que lo fuera, tenía que serlo si su cuerpo reaccionaba de esa manera en aquella situación, pero nadie tenía por qué enterarse. Aún lo sentía pulsar sin parar pidiéndole más espacio. Ya que se encontraba en la privacidad de su coche, se lo concedió.

Su alivio fue inmediato.

Obito respiró hondo, concentrado en calmarse. Mirar el bulto en sus pantalones causaba en él el efecto contrario. La erección no se iba, y más de diez minutos después de salir de ese ascensor seguía dura como una piedra. Su cuerpo le pedía estar en contacto con el de Deidara, solo que sin nada entre ellos. Nada de ropa, nada de nada. Imaginaba su piel suave y firme, sus manos recorriéndola, activando mil sensaciones en su sentido del tacto.

Metió la llave en el contacto y encendió el motor.

Hace escasas horas había querido hablar más con él, invitarlo a tomar algo, hacerse cercano a él. Ahora eso le sabía a poco. Quería desnudarlo. Necesitaba besarlo entero, morderlo por todas partes. A Deidara le gustaría más eso, lo sospechaba.

¿Pero qué clase de perversiones estaba pensando mientras conducía? Nunca se alegro tanto de encontrarse con un semáforo en rojo. Necesitaba un alto. Obito se estaba asustando de sus propios pensamientos.

Podía aceptar que estaba comenzando a sentir algo por alguien, y creía saber como mantener dichos sentimientos atados en corto. Lo que le costaba más era ese arrebato de lujuria salido de la nada, provocado sólo por un poco de contacto físico.

A decir verdad, Obito ni siquiera entendía aún de donde había salido todo el asunto por más que trataba de analizarlo racionalmente. Pero cuando pasó al ascensor y vio que a pesar del historial negativo de interacciones con Deidara, este no se había sumado a los comentarios mordaces de Suigetsu Hozuki, Obito no pudo evitar sentirse aliviado.

Por muy indiferente que fuera a dichos comentarios, y por muy acostumbrado que estuviera a los mismos, temía que le hiriese oírlos de su boca. Eso sí que era patético, que sus requisitos para desarrollar sentimientos fuesen que no se mofasen de él.

Obito pasó a preguntarse cómo sonaría Deidara jadeando de placer.

El coche de detrás hizo sonar la bocina. Volviendo al mundo real, se apresuró a arrancar otra vez, presionando el botón del limpiaparabrisas para deshacerse de las gotas acumuladas en el cristal. Estaba decidido a enfocarse más en la carretera y menos en Deidara, por el bien de la seguridad pública.

Al aparcar en la plaza de garaje de su edificio aún seguía duro. Obito se dejó caer hacia atrás en el asiento para respirar hondo antes de recomponerse y salir. Al menos esta vez no se encontró con nadie en el ascensor, pensó mientas ascendía.

Tras descalzarse y ponerse las zapatillas, fue a su despacho y prendió la computadora. Se le habían quedado unos cuantos correos por responder, lo que dudaba era ser capaz de centrarse en ellos en un estado en el que lo único que había en su cabeza era Deidara. En tener esa molesta erección encerrada en sus pantalones en el orificio de su cuerpo de su elección.

Volvió a ver sus fotos, avergonzado de sí mismo.

Siendo sincero consigo mismo, no tenía mucha idea de cómo exactamente tenían sexo dos hombres más allá de un vago concepto del mismo. Antes de hacer lo que el cuerpo le pedía cada vez con más violencia... Tal vez debería informarse sobre el proceso.

Si le hubieran dicho a Obito que un día se estaría tocando mientras ve porno gay, jamás se lo habría creído. Pero ahí estaba, en una página llena de vídeos del tema. Observó la sección de "vídeos más vistos", tratando de decidir en cuál entrar. Los títulos eran de lo más extraño, algunos incluso tenían su gracia.

"Rubio vicioso culito tragón"

Obito intentó resistir la tentación de hacer click ahí, pero no lo consiguió.

El vídeo parecía una grabación casera, hecha con un celular sujeto por un tipo que estaba a punto de recibir una felación. No podía ver de él más que de su estómago hacia abajo, lo cual ayudó a que se metiese en el papel. El chico que daba lametones al pene fláccido frente a él era rubio, tal y como el título describía, pero no se parecía en nada a Deidara. A Obito no le costó mucho imaginarlo a él, dando sonoras chupadas al miembro que cobraba vigor a cada segundo.

Su cara se sentía demasiado caliente, también su entrepierna, y no dudó que estaba rojo por completo.

No era tanto lo que estaba viendo como imaginarse a Deidara haciéndole eso a él y el morbo de saber que no debía.

Se deshizo de la corbata de un par de tirones, desabrochándose los dos primeros botones de la camisa para dejar correr el aire. Hizo lo mismo con el pantalón. Su ropa interior tenía una enorme mancha de líquido preseminal, y su verga le pedía atención inmediata por lo que abrió un cajón en su escritorio y sacó un pequeño tubo de crema de manos.

En el vídeo, el rubio ya estaba mamando con energía el aparato frente a él, golpeando su cara con la punta cada vez que bajaba a lamer por debajo. Sonidos de succión se superponían a los gemidos y jadeos de quien grababa, que mezclaba los epítetos más obscenos que Obito había escuchado con apelativos cariñosos. Se preguntó con vaguedad si serían pareja.

En cuanto agarró su durísima erección tras untar su mano con un poco de crema, Obito decidió desconectar la voz de su conciencia.

Tras estar agitando la muñeca por casi un minuto mientras visualizaba a Deidara arrodillado frente a él, tragándose su verga entera, Obito se dio cuenta que iba a terminar muy pronto antes de llegar a la parte que le interesaba descubrir por lo que se obligó a parar. Sabía bien que se iba a arrepentir de aquello en cuanto volviese a pensar con la cabeza de arriba y puede que ni siquiera le apeteciese ver como acababa.

Tomó el ratón y adelantó el vídeo, hasta el momento en que el rubio se puso en cuatro. La mano del cámara amasaba una de sus nalgas, separándolas para mostrar su entrada trasera. Obito observó con curiosidad como le introducía dos dedos cubiertos en lubricante.

"Qué ensanchado estás, como le gustan las vergas a este culo, mmm." Lo oyó decir.

El rubio se reía.

"¿Y la de quién me lo ha dejado así?"

Confirmado, eran pareja.

Reanudó la tarea, acariciándose más despacio de lo que su cuerpo le pedía para durar más. Tomó nota de la enorme cantidad de lubricante que estaban usando, tanto en su miembro como en el agujero. Tras dejarlo bien mojado no tardó en clavársela. Le entró entera de un par de empujones. El rubio gemía, el otro mascullaba palabras soeces y Obito imaginaba que eran ellos, sus voces diciendo esas cosas. De repente se estaba dando tan fuerte como para que su mano echase humo. De esa manera bestial quería hacer gemir a Deidara. No pudo remediar correrse casi de inmediato, manchándose la ropa en la súbita oleada de placer.

Con la respiración alterada y sintiéndose tan satisfecho como culpable, Obito sacó el paquete de pañuelos de papel del cajón y limpió el estropicio como pudo. Antes de cerrar el vídeo lo guardó en favoritos y se tomó unos segundos para analizar su situación. Masturbarse pensando en su empleado el cual no lo consideraría dos veces no era un camino que quería recorrer, pero del que penosamente no parecía poder salir. Porque iba a ser así a partir de ese momento, Obito lo intuía. Su única duda era ser capaz de ser discreto. Y cuando en días sucesivos viera a Deidara y recordase todas las suciedades que le había hecho en su cabeza, estar preparado. Debía estarlo.

Para lo que no lo estaba, era para el amargo sentimiento de soledad que lo invadió mientas redactaba aquellos mensajes.


Ni un minuto. Deidara acabó demasiado rápido, tras dar una fuerte olida al pañuelo rociado de Aqua Fahrenheit. Sí, era una forma patética de aliviarse, pero al menos se lo quitaría de la cabeza un rato.

Arrugó el pañuelo en su puño y luego lo usó para limpiarse antes de levantarse a tirarlo al retrete y tirar de la cadena.

En su cabeza había una pregunta. ¿Cómo de crueles iban a ser los siguientes días?


—Buenos días, Zetsu.

Su secretario apartó la vista de la pantalla de su computadora, mirándolo con ojos inexpresivos y una sonrisa retorcida.

—¡Tobi... Por fin apareces! —exclamó, saboreando las palabras—. Te ves como si hubieras estado viendo porno gay mientras te masturbas pensando en tu subordinado.

—Qué perdedor —Obito se giró al oír la voz de Deidara a sus espaldas—. Que te entre en la cabeza que no te tocaría ni con un palo.

—¿Ves? Es el Uchiha más patético. Si no fuera por Madara-sama ni siquiera estaría aquí —Suigetsu dijo parado junto a Deidara, tras ellos había más gente, varios pares de ojos fijos en él, saltaba a la vista que estaban disfrutando de la situación—. Vámonos Dei.

Obito abrió los ojos, y la divertida risita de Zetsu cesó. Otra pesadilla. Aunque esa era nueva. Se incorporó, sintiéndose como si no hubiera dormido nada. Al mirar la hora en su celular se dio cuenta que aún quedaba casi una hora para que sonase la alarma.

Obito era de los que se quedaban un buen rato más en cama todos los días, pero la desagradable tensión que había quedado en su cuerpo lo había desvelado.

Hubiera preferido soñar lo de siempre. Su otra pesadilla. El momento en que Kakashi se acercó a él aquella tarde en plenas vacaciones de diciembre y le confesó que a él también le gustaba Rin.

"Entonces suerte. Ella te corresponde."

De tanto soñar lo mismo, esa vivencia se había convertido en una de las más nítidas en su mente. Después Kakashi sacudía la cabeza.

"Una vez dijiste, que quienes dejan de lado a sus amigos son peores que la escoria. No voy a declararme a ella por respeto a ti. Aprecio nuestra amistad, Obito."

Él sabía que no era justo. Que Kakashi y Rin merecían ser felices juntos. Aunque su parte egoísta se alegraba de lo que estaba diciendo, su conciencia le decía que no era justo.

"Pero..."

Kakashi le cortó, impidiendo que hablase.

"Ya lo he decidido. Y cuando yo decido algo nunca me echo atrás. No quiero que nuestra amistad se vuelva rara por algo así. Te prometo Obito que buscaré otra chica. Hay millones más. Alguna habrá ahí para mí. Una como Yukari-chan."

En ese momento, Kakashi le enseñaba la novela romántica que estaba leyendo y Obito sonreía, feliz sabiendo que aunque no lo aprobaba del todo, Kakashi atesoraba su amistad hasta el punto de renunciar a la chica que les gustaba a ambos.

No era un mal sueño en sí. No hasta que no se despertaba, en medio de ese sentimiento reconfortante y recordaba todo lo que vino después. Aquel viaje, y como Kakashi le pagó que le salvase la vida. La calidez de la promesa que le hizo se agriaba en su pecho ante la certeza de que había sido rota justo en el momento más bajo de su vida.

Obito dio un zarpazo a las sábanas, apartándolas con rudeza antes de ponerse en pie. Y si su propio subconsciente no bastaba para recordarle el incidente, cada vez que se miraba al espejo del baño veía aquellas cicatrices en su mejilla derecha. Obito solía romperlos de vez en cuando, dejando el suelo sembrado de fragmentos brillantes y puntiagudos de cristal roto. Tener que recoger y reemplazar el espejo lo había hecho perder la costumbre. Apartar la vista era más sencillo y barato, si bien menos satisfactorio.

El cielo cubierto de nubes se parecía más a una enorme y deprimente losa de cemento. Gris como el patio de un correccional, e igual de opresor.

Ignoró eso también y fue a su computadora a revisar los correos. El tubo de crema de manos aún seguía ahí.

Tal y como predijo, ya no le hacía ni pizca de gracia recordar lo que hizo anoche. Tomó el tubo y lo arrojó con fuerza al primer cajón de su escritorio antes de cerrarlo de un portazo.

Centrarse en el trabajo le permitió darse un respiro. La enrarecida sensación en su cuerpo fruto del sueño permanecía, pero podía ignorarla lo mejor que podía.

Añoró otra vez la pesadilla de siempre. Había sido un golpe bajo e innecesario con todo lo que ya tenía encima eso de recordarle que fue Madara Uchiha quien lo enchufó, que no era un tipo deseable en ningún aspecto y que todos ya pensaban que era patético.

Terminó de redactar las respuestas a sus correos electrónicos e intentó resistir el impulso de entrar al perfil de Deidara. Sólo durante cinco segundos, después ya estaba haciendo click en la lista de marcadores del navegador.

Había una publicación nueva escrita seis horas atrás, después de que él se fuera a dormir.

"Ya queda menos para irme a vivir a un lugar más decente!"

Cierto, aún seguía en ese hostal. Llevaba ahí bastante tiempo, ojalá pudiera hacer algo por él, la cama de invitados a penas había tenido uso. Aunque Obito ya estaba empezando a fantasear con compartir la suya con él. Mierda. Le estaba dando fuerte.

Deidara se acostaba realmente tarde. ¿Qué haría en su tiempo libre?

La publicación tenía varios me gusta, de Uzumaki de márketing, de Hozuki y un par de personas que no conocía. Bajó a ver de nuevo las fotos del viernes en las que estaba vestido con aquel mismo atuendo con el que lo tomó en brazos. Y qué bien le sentaba el granate.

Cerró el navegador y apagó la computadora tras alegrarse la vista. Había conseguido olvidarse un tanto del sueño y de la mala sensación que le había dejado.

Aún no era hora de prepararse para abordar el último día laboral de la semana, pero igual comenzó a hacerlo. Tomó un desayuno rápido, se vistió y salió de casa veinte minutos antes de lo normal.

Zetsu ya estaba ahí en su puesto cuando llegó. Le sorprendió verlo tan temprano.

—Pensé que no entrabas hasta dentro de un rato —dijo Obito.

—Tenía algo que hacer —dijo con sequedad—. ¿No quieres saber qué?

Obito se podía hacer una idea. Cruzó la puerta a su oficina y tomó asiento. Zetsu lo siguió.

—Cuéntame.

—Bueno, ayer tuve la impresión de que me ocultabas algo y revisé tu computadora e historial de navegación. ¿Pensaste que podías ocultar algo de mí? Tómate esto como un consejo, pero estas cayendo muy bajo últimamente, Tobi. Necesitas encauzar tu vida rápido. ¿¡Te parece apropiado mirar hentai en el trabajo!?

Obito lo conocía demasiado como para simplemente borrar el historial. Que lo encontrase demasiado limpio no lo iba a dejar satisfecho. Así que sólo borró las páginas comprometedoras y visitó una web hentai para dejar una pista falsa. Eso contentaría su curiosidad.

—No sé de lo que estás hablando.

—Díselo a la chica de las babalungas grandes como calabazas que me salió cuando entré a una de las webs de tu historial.

—Le di a una publicidad rara por error —dijo como si fuera un hecho—. Eso es todo.

Zetsu sacudió la cabeza, mirándolo con lástima.

—Tienes suerte, porque no se lo pienso decir a nadie, ojalá apreciaras más todo lo que hago por ti —dijo mientas se marchaba.

Bueno, eso saciaría sus ansias de información. Obito ya no estaba nervioso en ese sentido, pero de ese momento en adelante, no buscaría cosas raras en la computadora del trabajo.


Una notificación de mensaje nuevo apareció en la pantalla de Deidara. Konan le había mandado otro capítulo de su libro. Ahogó una carcajada, al leer su petición en el asunto de que tal vez no fuera buena idea leerlo en el trabajo. Dentro del mensaje confirmaba que se trataba de una escena subida de tono. En ese momento lo único que estaba haciendo era unas correcciones de tamaño a unas tablas que Sasori quería modificar para que la aplicación se pudiera ver mejor desde no-se-cual sistema operativo. Deidara estaba esperando a que su compañero probase las que acababa de hacer para ver si necesitaban más cambios. Mientras esperaba podía leer un poco, el último capítulo se había quedado interesante.

El protagonista y su ex habían estado saliendo cuando iban al instituto y cortaron después de llevar una temporada peleando por tonterías. Años después y ambos más maduros se vuelven a encontrar. Parecía que las cosas iban bien para una reconciliación, hasta que el ex le dijo al protagonista que no se visualizaba de nuevo con él. Era un tipo orgulloso, a Deidara no le caía demasiado bien, pero si iba a haber sexo, debía enterarse de cómo rayos había pasado.

Oh, así que el prota iba a olvidar las penas en un club gay, no parecía que fuera a tirarse al ex. Mejor.

—¿Puedes reducir la tabla número dos un par de píxeles de ancho y alto? —preguntó Sasori.

—Un segundo, hm —dijo—. Mierda, ha visto a su antiguo profesor de literatura en el club.

—¿Qué estás haciendo?

"Sus memorias de aquel hombre no eran las mejores. Nunca olvidaría que la suya fue la única asignatura que reprobó al final del último año. No importó cuanto intentase hablar con él, se negó a darle una nota que según él no se merecía.

Y en estos momentos Takei no era la persona más sobria del mundo. Se abrió paso entre el gentío, fue hasta la barra y se apoyó en ella a su lado.

—Sólo los perdedores y los depresivos beben solos. ¿Tú cual eres?"

—¿Qué —Sasori giró de un tirón su pantalla hacia él— estás haciendo?

—Sólo leía el nuevo capítulo del libro de Konan mientras esperaba a que me dieras instrucciones, hm. No me mates.

—Te las he dado hace más de un minuto.

—Ya lo sé, estaba terminando un párrafo. No me gusta dejarlos a medias.

Tendría que seguir en un rato y aguantarla intriga de lo que iba a pasar. Bueno, sabía que habría sexo. Sólo esperaba que el profesor catase antes al prota que el ex, porque por alguna razón empezaba a imaginárselo como Obito el día que lo conoció en su fiesta de graduación, y Takei era él.

—¿De qué va el libro? —preguntó Sasori.

Deidara minimizó la ventana del correo electrónico y volvió al editor.

—No te gustaría. Konan dijo que buscaba hacer algo cliché para abrirse paso en el mercado.

Pero aunque fuera cliché, sabía mantener la emoción.

—Me has sorprendido. Hacer ese favor a Konan hará que esté contenta contigo, y eso te hará ganar una aliada importante en caso de que Obito decida ir a por ti otra vez. Me gusta ver que eres astuto.

—Esta última semana no ha estado tan mal, hm —dijo Deidara mientas modificaba el archivo como Sasori le había dicho—. Parece incluso que ya no le cayese mal.

—Deben haberle llamado la atención. ¿Ves? Konan es un recurso valioso.

Lo que Sasori no sabía era que le había pedido perdón. Y que la disculpa le había sonado sincera. Deidara no solía engañarse a sí mismo, pero estaba convencido de tener pruebas de que no lo habían obligado a disculparse. A veces se arrepentía de haber salido huyendo. Hasta que su parte racional, esa a la que no solía escuchar, le decía que había hecho lo correcto.

—No lo he visto mucho esta semana. Pero ayer lo vi en el ascensor.

—¿Te dijo algo?

A veces Deidara desearía coserse la boca.

—Nos dimos un refregón bien rico, hmm.

—Ew —Deidara guardó el archivo y lo adjuntó a un correo electrónico, aún saboreando el subidón de adrenalina—. Agradecería que no me cuentes tus fantasías eróticas, Deidara.

—¿Tan seguro estás de que te tomo el pelo?

Sasori volvió a su sillón, y Deidara se echó hacia atrás en el suyo. El olor a Aqua Fahrenheit original ya se había ido, así que Deidara estaba economizando lo que le quedaba de la muestra de perfume para rociar el asiento.

—Si no estuviera cien por cien seguro de que lo único que intentas es hacer que me vaya por las escaleras unos cuantos días... No. Tampoco te creería. Inténtalo otra vez cuando Obito te soporte y se cambie de acera, tal vez así me pilles.

—Yo he convertido a un par de heteros ya. Nadie se me resiste, hm —echó el respaldo hacia atrás para estar más cómodo, Sasori escribía, modificando líneas de código. Puede que fuera su oportunidad de saber más de Obito—. Oye, Sasori.

—¿Mmh? —murmuró sin mirarlo.

—Ahora que sale el tema. En mi primer día me ofreciste unos chismes sobre Obito. He cambiado de opinión, quiero saberlos.

—Pues yo ahora no quiero decírtelo —espetó, tajante—. Perdiste tu oportunidad.

—Que te jodan —respondió Deidara, con su mejor tono de desdén—. Eres un resentido.

—Me parte el corazón que me rechacen chismes jugosos.

—Dudo que tengas de eso, hm.

—Una pena, mi información te habría servido en su contra de haberla necesitado.

Desde el sábado pasado Deidara había dejado de pensar de esa manera. Lo único que tenía era simple curiosidad. Una urgencia irresistible por averiguar más de él y comprenderlo mejor. No podía ser tan cabrón como había pensado, amargado tal vez, pero no un cabrón.

¿Y cuándo se le iba a pasar aquel estúpido capricho? Ojalá pudiera hacerlo sólo con pensarlo, aceleraría las cosas.

En fin, hora de llevar la conversación a otra parte, iba a estar en un lío si Sasori notaba que su interés en Obito no tenía como objetivo destruirlo.

—¿Quién te cuenta todos esos chismes que sabes? Tampoco te veo socializar tanto.

—Algunos me los cuentan. Pero los más jugosos los averiguo yo por mi cuenta.

—¿Cómo?

Aún ocupado con el código, Sasori no respondió, pero la inquietante sonrisa que apareció en su rostro le provocó un escalofrío.

—Mierda —dijo Deidara—... Estás sonriendo. Olvídalo. No quiero saberlo.

—Sé que no eres tonto. Así que te dejaré averiguarlo. No es algo tan complicado si me conoces medianamente.

—Hm...

No. Por ese lado la conversación tampoco estaba yendo bien. Deidara decidió dejarlo tranquilo mientras él retomaba la lectura y esperaba o bien más instrucciones o el visto bueno.

"—No le digas a nadie que me has visto aquí —la voz de su antiguo profesor, desprovista de cualquier matiz de cordialidad, venía acompañada de una mirada intimidatoria.

Uemura-san no estaba feliz de verlo otra vez. Takei tampoco.

—No diré nada si tú no dices nada."

Vaya. El tipo era igual de simpático que Obito y todo.

Pero todo mejoró una vez que comenzaron a beber más. Discutieron por temas pasados, flirtearon en uno con el otro y volvieron a discutir. La discusión acabó con ambos muy borrachos comiéndose la boca contra una columna, y de ahí al auto del profesor, que al parecer lo había traído porque no pensaba beber tanto.
Deidara posiblemente debiera irse al baño a echarse un poco de agua en la cara. Porque cuando más avanzaba en la lectura más caliente estaba. Y no. No era el mejor momento para eso. Se preguntó si Obito sería así de bruto a la hora del sexo. Y él mismo se respondió que por supuesto que sí. De alguna manera tendría que dejar salir todo. Deidara estaba dispuesto a dejarle volcar todas sus frustraciones y resentimiento en él si se lo cogía de esa manera, embistiéndolo como poseso. No le gustaba demasiado hacerlo en autos porque era incómodo, pero el de Obito era grande, seguro tendrían más espacio.

El final del capítulo lo dejó con mal sabor de boca, viendo lo mucho que había estado proyectando su situación con los dos personajes. El profesor ordenando al protagonista que se pusiese la ropa y se largase y Takei contestando que no lo echaba, que se iba él. Fue un recordatorio de que eso sería lo que pasaría con Obito y él también, una vez pasado el calentón y vuelto el sentido común. Ese final era lo que Deidara necesitaba para dejar de vivir de ensoñaciones.

—Qué callado te has quedado —dijo Sasori.

—Estaba terminando de leer, hm.

—Por cierto, las medidas vienen bien. Escríbele al jefe para decirle que todos los bugs de la nueva versión están corregidos en el nuevo APK. Lo haría yo, pero Kakuzu no para de mandarme mensajes diciendo que su impresora ha dejado de funcionar de repente. Voy a ir a ver qué pasa. Y recuerda que aún tienes dos imágenes más por hacer que debo subir a las redes sociales de Akatsuki antes de irme a casa.

Deidara hizo click en el nombre de Obito de la lista de contactos a la izquierda y una nueva pestaña se abrió.

—Sí, sí. Le escribo al jefe y a Konan y me pongo con ello.

Vio a Sasori rodar los ojos antes de irse. Lo primero era lo primero. Hacerle a Konan saber lo mucho que le había gustado esa primera escena de sexo. Deidara escribió un par de párrafos contando lo que le había parecido y presionó el botón de enviar con una sonrisa.

Sonrisa que se borró de su cara una fracción de segundo después, al darse cuenta demasiado tarde que el remitente de aquel mensaje era Obito y no Konan.

—¡Mierda! —gritó, zarandeando la pantalla.

Se levantó y corrió hacia la puerta con el corazón a cien por hora. Obito estaría en esos momentos leyendo, le estaba haciendo sudar el mero hecho de pensarlo, pero por lo demás poco podía hacer.

Sasori estaba de vuelta.

—Parece que has visto un fantasma, estás más blanco que la pared. ¿Qué pasa?

Algo más calmado pero aún con el susto en el cuerpo, Deidara se dio media vuelta.

—Nada. Sólo le he mandado al jefe lo que le tendría que haber mandado a Konan —dijo, encogiendo los hombros.

Lo hecho, hecho estaba, pero igual se puso de mal humor. No era su estilo tener ese tipo de errores.

—Te la vas a cargar —se burló Sasori.

—Bah. Le enviaré otro mensaje y esperaré aquí a que me llegue el sermón de siempre.

Asunto: Ya está lista la actualización de la aplicación

Mensaje: Ignora el otro correo, me equivoqué de remitente. El parche .apk ya se puede descargar.

Tras enviarlo y pegarle el comentario a Konan, comenzó a trabajar en sus otras tareas, deseando que Obito pronto le diera razones para volver a odiarlo antes de que se volviera tonto del todo.

Y pensando que aún así, imaginarlo leyendo eso le daba un cierto morbo.


Obito llevaba más de un minuto con los ojos bien abiertos mirando la pantalla. El calor que se formaba en su estómago pronto se extendió a su pecho y subió a sus mejillas. Se sirvió agua bien fría del dispensador y apuró el vaso de unos cuantos tragos.

Luego parpadeó varias veces, como si lo que acababa de leer varias veces no fuera mas que un espejismo y esperase que de un momento a otro, las letras se reorganizasen en un mensaje que tuviera sentido.

Asunto: Eso estuvo hot :)

Mensaje: No me esperaba ese giro de los acontecimientos, pero no tienes ni idea de lo que me ha gustado. La escena de sexo es salvaje, puede que algo corta. O puede que a mí se me haya hecho corta. Consiguió calentarme, así que es buena. Felicidades. ;) No me importaría si en el futuro te explayas más.

Me das una alegría sabiendo que se lo ha percutido el profesor sexy. Odio al pringado del ex novio. Ya lo sabes. Cuando quieras me mandas el siguiente capítulo ❤.

En un primer momento, leer el asunto le llevó a pensar que Deidara estaba hablando de lo de ayer. Hizo click en el mensaje, con una mezcla de miedo, intriga y emoción atorada en su pecho y nada más descubrió que era un mensaje equivocado. La decepción se manifestó. Posiblemente era para Konan y ese libro secreto en el que decía estar trabajando. ¿Así que era un libro erótico? Conociendo a su sensei, no le extrañaba.

Releyó la frase donde decía que había conseguido calentarlo. La repitió en su cabeza, para asimilarla mejor. Deidara estaba... ¿Caliente? ¿En ese mismo instante? Obito sonrió, soñando despierto con cosas nada apropiadas. Como que lo llamaba a su oficina y le daba una azotaina hasta dejarle el culo bien rojo por estar leyendo cochinadas a sus espaldas antes de ponerlo contra el escritorio y...

Mierda.

¿No se había dicho a sí mismo esa misma mañana que tales pensamientos iban a parar?

Pero... ¿Y si le respondía?

¿Y si se le insinuaba con alguna indirecta?

Obito pronto necesitó más agua. Bebió mientras lo consideraba. ¿Sería capaz de seducir a Deidara alguien como él? Por supuesto, que el otro fuera gay no significaba que fuera a ser su tipo, pero si ponía algo sutil... Algo ambiguo que pudiese ser interpretado de varias maneras sólo para tantear el terreno...

Y como no tenía ni idea sobre qué escribirle comenzó a darle vueltas. Quería hacerlo bien, pero se sonrojaba más sólo de pensarlo.

Asunto: Re: Eso estuvo hot :)

Mensaje: Ven ahora mismo a mi oficina a explicarme un par de cosas que acabo de leer.

¿No sonaba muy hostil? ¿Y qué le pensaba decir cuando lo tuviera ahí, que se bajase los pantalones como en una porno? Dudando, lo borró todo. Y mientras pensaba en ello, le llegaron notificaciones de nuevos correos. Otro de Deidara y uno de Anko. Para hacer tiempo mientras se tranquilizaba, abrió el de Anko.

Asunto: Qué mierda es lo que buscas?

Mensaje: Está bien Obito. No quiero que me despidan, sabes? Me gusta trabajar aquí. Dime qué es lo que tengo que hacer para que me ayudes. Convertirme en tu lamebotas personal, su alteza Uchiha? Quieres que te soborne? Quieres sexo? Tal vez si decidieras ayudarme sólo porque es lo correcto no me tendrías aquí rebajándome. Aunque ahora que lo pienso puede que eso sea lo que busques para sentirte mejor contigo mismo.

PD: YA SÉ LO QUE ME VAS A CONTESTAR. AHÓRRATELO. ERES UN CABRÓN.

Y por cosas como esa, Obito iba a ser brutalmente honesto en su informe. Hubiera ayudado mucho más a su caso el no haber mandado ese mensaje, pero así era Anko cuando se enojaba. Y lo único que pretendía él era hacerle ver que debía controlarse. Anko se negaba a aprender la lección. Y si la ayudaba, tarde o temprano volvería a pasar, y le costaría a Akatsuki un buen pellizco en indemnizaciones. Obito sólo se movería a su favor si ella le hubiese demostrado algo de juicio. Pero no. Se frustraba y cargaba contra todo, igual que siempre.

Asunto: Re: Qué mierda es lo que buscas?

Mensaje: Te haré un favor de verdad y haré como que nunca me llegó este correo lleno de propuestas tan inapropiadas.

Ahora estaba cabreado otra vez. Y el nuevo mensaje de Deidara fue lo último que necesitaba para perder completamente el estado de ánimo anterior. Los comparó ambos, tras borrar el mensaje de Anko. Uno escueto y tirante. El otro detallado y amigable, con dos emojis y un corazón.

Obito no quería al Deidara de los mensajes estirados. Quería al de las sonrisitas, al que escribía corazones en los mensaje y contaba intimidades. Podría ser posible que antes de lanzarse a ciegas a escribirle insinuaciones debiera hacer aumentar la confianza mutua, la cual era inexistente. Obito incluso se había visualizado metido en líos por acoso. Lo suficiente como para cortar el rollo al ambiente si es que aún quedaba algo.

No era así como quería pensar de Deidara. Quería entendimiento y complicidad. Necesitaba derribar esos muros que hace mucho se impuso y dejarlo pasar, si es que Deidara quería acercarse. Entendía mejor de lo que quería entender que otorgarle tanto poder sólo lograría que en un futuro, si Deidara quisiera hacerle daño, le hiciese demasiado. Pero con él no parecía tener las fuerzas suficientes como para alejarlo. Comprendiendo el peligro, cerrarse a él dolía más.

¿Por qué con él era distinto?

Emplearía el fin de semana en planear mejor ese anhelado acercamiento, y el lunes comenzaría a tratarlo con esa nueva actitud. Puede que así lograse por fin progreso.

Obito se sujetó la cabeza con una mano. Agotado y temeroso de un sentimiento cuya magnitud desconocía, pero que se insinuaba fuerte.

Aterradoramente fuerte.


Bueno, entre ellos dos siempre me saltan chispas, pero esta historia no va a ir bien si se acuestan a la primera de cambio. Se me va a ir de las manos la cantidad de angst que eso generaría, y no quiero que cometan ese error. En su lugar, creo que Obito está progresando, y quiero que se empiece a cuestionar más cosas, entre ellas la visión que otros tienen de él y las cosas buenas que se pierde intentando que la cercanía emocional con otra gente no le termine haciendo daño.

No me cupo la salida de viernes de Dei, así que queda para el siguiente. :D Lo que me lleva al libro de Konan. Tenía una vaga idea del argumento pero nada tan concreto. Como Konan es discípula de Jiraiya y tengo este headcanon de que él sólo se pasó a la literatura erótica de calidad cuestionable para ganar más dinero, pensé en que Konan también lo hiciese así. Ella se lo tiene que trabajar un poco más, porque la literatura erótica gay es más nicho y es su obra debut, pero por algo hay que empezar antes de consagrarse.

La idea de Deidara proyectándose en el protagonista me la diste Arekusa con tu review sobre si se podrían encontrar en el pub. Imaginé un encuentro entre ellos más o menos así, pero no puedo permitirme más escenas de ellos dos con alcohol de por medio o algo malo va a pasar. Quedó en algo hipotético, que al final decidí aprovechar para el libro de Konan jajaja.

No sé si viste ese capítulo de relleno donde Kankuro tiene a Deidara atado y le contesta que lo suelte porque no le va el sado. Siempre he creído que sí que le va pero estaba mintiendo (demuestren lo contrario :P) y creo que ya dije esto pero sí me gustaría escribir sado de ellos. Algo así tengo planeado con lo de Sasori siendo su casero. Deidara lleva muy poco en la ciudad, pero Obito ya está viendo como está formando vínculos con otras personas que no son él. Lo ha visto irse de fiesta con los Taka, lo ha visto hablarle a Konan con una complicidad que le ha dolido, y ve que aunque discute mucho con Sasori, a los dos minutos ya están otra vez hablándose como si nada. Quiero que lo cabree verlo hacerse amigo de todos mientras que de él se distancia y de ahí su filosofía amargada caerá por su propio peso.

Obito ya ha caído del todo creo yo jajaja. Lo que ha hecho mirando ese vídeo no se puede justificar heterosexualmente de ninguna manera.

¡Saludos y gracias por leer!