Ya que Juugo tenía turno de noche y no podía ir salieron solo ellos dos. Karin no había querido cancelar la quedada y Deidara no se iba a encerrar en el hostal todo el viernes. Tenía ganas de beber, pasarlo bien y no volver a su habitación hasta que no fuera la hora del desayuno.
Abriéndose paso entre la gente, avanzaba al pequeño escenario con un vaso de algo llamado agua maldita en una mano y un vodka con lima para Karin en la otra.
—Tenía razón Suigetsu, la villa del sonido no está nada mal —dijo Deidara pasando la bebida verdosa a Karin.
Las paredes estaban pintadas de verde ahumado, las columnas, como troncos de árbol y tanto el techo como el suelo eran negros. Graffitis de extrañas quimeras antropomorfas daban el toque final al decorado.
—Es un poco como nuestra segunda casa. Hace un par de años no salíamos de aquí, ahora venimos menos pero le seguimos teniendo cariño.
Karin dio un trago a su vaso y le hizo sitio en primera fila. Deidara calculaba que no habría ahí más de cuarenta personas, cincuenta tirando por lo alto, pero a parte de ellos, una fotógrafa y los gemelos mancos cuyos nombres no recordaba, los demás parecían estar más concentrados en socializar y beber que en la entrada de "VI K I NG Δ". Al menos así era como parecía llamarse el grupo, juzgando por la enorme sábana de tela negra que habían puesto al fondo.
—¿Te gusta el logo? Lo diseñé yo como regalo después de firmar el contrato del EP.
—Tiene una buena estética para estar hecho con Times New Roman.
Karin se señaló a sí misma, luciendo muy erguida.
—Ja. Aquí está el talento de saber sacarle partido a las fuentes —dijo.
Después de encontrarse en la calle para caminar juntos hasta la Villa del Sonido, Deidara descubrió que una de las aficiones de Karin era criticar diseños de letreros de tiendas y diseccionar como habían sido creados. Le pareció una forma entretenida de pasar el tiempo, ya que desde que entró a Akatsuki había aprendido más sobre diseño gráfico que en cualquier momento de su carrera.
Unos empujones y chillidos en la multitud lo pusieron alerta. El encargado de testear el micrófono y los instrumentos acababa de irse y todos los grupitos de gente se agolparon alrededor del escenario.
Dos tipos altos y corpulentos, uno con una media máscara y otro con la cara vendada salieron primero. Uno fue a la batería, el otro al bajo. Después salió otro de pelo largo y flequillo hasta el mentón que tras saludar caminó hacia el sintetizador. La música comenzó, a la vez que una cuarta persona entraba en escena. Si esa era Tayuya, se veía muy distinta a como la conoció. Piel tintada de beige oscuro, lentillas amarillas y un casco vikingo sobre el cabello color chicle. Llevaba puestas unas plataformas peludas, túnica corta marrón con decoraciones bordadas y llevaba un violín, que comenzó a tocar nada más llegar junto al micrófono.
Deidara asintió y miró a Karin para decirle que sonaban muy bien. No pensó que lo oyera, pero pronto su atención volvió al escenario. Le gustaba la música en vivo, igual que cualquier otra expresión artística. Había mucho esfuerzo ahí detrás y era digno de admirar. Por eso apuró su vaso de unos tragos, lo dejó en una esquina del escenario y se unió a los gritos y empujones.
—¡Los tipos tocan a ciegas! —gritó Karin para hacerse oír.
Eso lo impresionó más aún. Más cuando vio el repertorio de instrumentos musicales que Tayuya sabía tocar, canción tras canción. Karin no paraba de sacar fotos, de la banda y de ellos dos, a veces también con los gemelos y desconocidos borrachos que se apuntaban. El último concierto al que asistió fue en Iwa, cuando él y Kurotsuchi aún se hablaban. Esa noche también bebieron de más, y perdieron el último autobús por lo que tuvieron que quedarse de fiesta toda la noche. En parte deseó que no estuvieran peleados.
Pero el concierto estaba a punto de terminar, y en lugar de apaciguarse, la gente empujaba más que nunca. Al final la última canción, todos saltaron al escenario para hacerse fotos con la banda. Deidara y Karin también lo hicieron.
—¡Ronda de chupitos! -exclamó después uno de los gemelos.
Cada uno tomó un pequeño vaso de los que llevaba en la mano y tras brindar, Deidara se lo bebió de un trago sin preguntar qué era. Tequila, descubrió cuando sintió el líquido arder en su garganta de camino a su estómago.
—¡Voy a ir a comprarles algo de merchandising! ¿Vienes?
Con la cabeza dándole vueltas, Deidara se dejó arrastrar del brazo hasta el piso inferior a un pequeño puesto improvisado. Karin examinó las camisetas hasta encontrar la de su talla, pagó y se la puso ahí mismo. Deidara tomó el EP.
—¡Es hora de comenzar de nuevo mi colección de discos, hm!
Últimamente se lo bajaba todo de internet. Era lo más conveniente a su situación falta de espacio y dinero.
—¡Veo que he creado un nuevo fan! —exclamó Karin.
—¡Tenemos que apoyarnos entre artistas, hm!
Algún día, cuando tuviese los ahorros suficientes, él también empezaría a ir por el camino que de verdad quería, que no era el corporativo.
—¿Te apetece quedarte aquí o quieres ir a otro sitio? —preguntó Karin.
—No, no, no, no. No conozco ningún otro lugar, hm. Además me gusta aquí.
—Es el mejor, en verdad. Los demás lugares no tienen tanta personalidad, lo pregunté por si querías conocer mejor la cuidad.
—Lo que quiero conocer es donde está la barra. ¡Toca otra ronda de chupitos!
Karin lo guió hasta el lugar, donde pidieron más tragos de tequila, más bebidas y más tequila otra vez. Deidara se lo estaba pasando mejor que nunca en aquella conversación que no sabía ni de qué iba.
Hasta que recordó a Obito. Si estuviera ahí pediría al DJ una canción sexy y lo arrastraría a bailarla con él. Veríamos si su heterosexualidad era más poderosa que sus encantos.
Lo cabreaba estar pensando en él mientras estaba de fiesta. ¿Que no se suponía que el alcohol ayudaba a olvidar y a divertirse?
Tocó el hombro a Karin para llamar su atención.
—¡Me voy a bailar un rato! -dijo en voz alta para hacerse oír.
Ella asintió y volvió a la conversación con los gemelos.
Tenía que haber alguien ahí con quien se pudiera acostar y hacer desaparecer esos pensamientos. Deidara examinó el género, buscando algún tipo alto y moreno, lo más parecido posible a su jefe. Entrecerró los ojos cuando vio a... ¿Sasuke? Bailando con un rubio que parecía estar también bastante borracho.
Mierda, eso no lo habría esperado. ¿Qué hacía él en un bar considerado de ambiente? Hicieron contacto visual y ni dos segundos después, Sasuke se alejó y Deidara fue en la dirección contraria.
Comenzó a reír a carcajadas hasta que se le saltaron las lágrimas. Un suspenso al destino por traerle al Uchiha equivocado.
Bueno, a seguir con lo que le interesaba. En menos de un minuto ya había localizado a un tipo bastante decente que encajaba en la descripción. Tal vez con un cuerpo más esbelto y una cara más insípida que la de Obito. Y como diez años menos. Pero tampoco esperaba encontrar a nadie que lo superase. Deidara fue acercándose a él, mirándolo hasta que el otro se dio cuenta. Apartó la mirada para hacerse el encontradizo. La segunda vez que el tipo lo miró, le sonrió y dio unos pasos en su dirección. Todo iba bien. Deidara siempre alardeaba de que en menos de tres intentos alguien caía en sus redes, y esa vez lo había logrado a la primera. Un par de minutos después a la tercera vez que el tipo miró, Deidara le hizo una señal con el dedo para indicarle que fuera hacia él.
Como pudo el otro comenzó a abrirse camino hacia él entre grupos de gente que bailaba. En ese momento alguien dio un enérgico tirón del brazo de Deidara, arrastrándolo al lado contrario. Lo único que le dio tiempo a hacer fue lanzarle una mirada de disculpa mientras el chico lucía confuso, justo antes de perderlo de vista.
No sabía muy bien qué estaba pasando, pero para cuando Karin lo sacó de la pista, su cerebro ralentizado cayó en la cuenta de que debería haber puesto más resistencia.
—¡Hey! —se quejó—. Acababa de cazar un ejemplar decente.
Pero no. La chica no era Karin. Su cabello era de un tono de rosa más suave. Eso o comenzaba a tener alucinaciones.
—Ya sólo faltaba que te me perdieras tú también, cerda.
Y... ¿Acababa de llamarlo cerda?
—¿¡Pero de qué vas!?
—¡Si no hablas más fuerte no voy a oírte! ¡No puedo creer que después de casi medio año sin vernos se largue por ahí a la primera ocasión!
La chica hablaba y hablaba, quejándose de alguien.
—En fin, luego tendrá la cara de decir que no nos vemos. Ven, acompáñame a mear ahora que hay menos cola, llevo una hora aguantándome.
¿Qué?
Aún estaba demasiado aturdido como para reaccionar debidamente, pero él cuando vio delante de él la puerta del monigote con vestido, Deidara dio por fin un paso atrás, sacudiendo el brazo el cual la chica aún no soltó.
—¡Cerda!
—¡Tú eres la cerda, yo me ducho todos los días, hm! ¡Y no pienso entrar ahí!
La mirada enojada de la chica se transformó en desconcierto. Una chica rubia entró en escena antes de que le hubiera dado tiempo a abrir la boca a ninguno de los dos.
—¡Frente! ¿Quién es este? —ambas se miraron y por fin la chica lo soltó—. ¡No me digas que me has confundido con un tipo!
—¡De espaldas parecías tú, Cerda! ¿¡Cómo iba a saberlo!? ¡Son idénticos, no deberías culparme!
—¡No importa que sea casi tan guapo y atractivo como yo, esperaba más de ti!
—Bueno, puede que sea tu gemelo perdido.
Deidara y la tal Cerda se miraron. El parecido era tal que casi parecía que se estuviera mirando al espejo.
—¡Gemelo perdido! —exclamó la chica.
—Un placer, gemela perdida —respondió Deidara, encantado por seguir la corriente.
—En serio me has copiado hasta el peinado.
—Pues yo creo que tú me lo has copiado a mí, hm. Yo soy el gemelo auténtico... Un segundo.
Deidara corrió a los lavabos de hombres en cuanto sintió las náuseas. Sólo líquido, lo único que tenía en el estómago. Tras vomitar se sintió algo más sobrio y agradecido. Al salir volvió a encontrarse a las chicas de antes, quienes lo miraban preocupadas.
—¿Estás bien? —preguntó la del cabello rosa, Deidara estaba convencido de que la había visto antes en alguna parte.
—Ahora sí, sólo me pasé bebiendo.
Sus expresiones de preocupación se fueron.
—Nosotras vamos a ir a los sofás —dijo la rubia—. Puedes venir a sentarte un rato con nosotras, te sentará bien después de haber vomitado.
—Suena bien, me llamo Deidara, hm.
—Yo soy Ino —contestó, tomando a la del pelo rosa del hombro—. Y ella es Sakura.
—Sakura... —Ahora la recordó, era la chica de la foto en el celular de Sasori. ¿Y qué hacía ahí? Deidara fue consciente de lo diferentes que eran. No conseguía imaginarlos juntos—. Eres la novia de Sasori. ¿Cierto? Yo trabajo con él.
—¿¡Qué!? ¿¡Novia!?
Esa expresión de escándalo no era lo que Deidara esperaba.
—¡Frente! ¡No me digas que te has buscado un novio a mis espaldas! —dijo Ino cruzada de brazos.
—Espera... ¿Él no es tu...?
—Sasori es mi ex. Cortamos hace mucho —Sakura compuso una mueca de indignación—. Lo que no sabía es que iba diciendo por ahí que yo aún soy su novia. ¿Qué mierda se le pasa por la cabeza? ¡Voy a matarlo cuando lo vea!
—¡Y yo! Ya conocía historias sobre lo raro que era pero eso es pasarse —agregó Ino.
Antes de ir a los sofás pidieron bebidas. Dos piña colada y un refresco para Deidara.
—Le pienso pedir explicaciones el lunes. Además, va a ser mi casero dentro de poco, no me inspira confianza que vaya por ahí haciendo cosas raras por no haber superado a su ex.
—No tiene sentido que haga algo así. Fue él quien me dejó. Dijo que una relación seria no era lo que él buscaba y... Yo también estaba algo harta. Siempre me pareció una ruptura bastante civilizada. ¡Pero no pienso tolerar tonterías!
Se crujió los nudillos e Ino asintió.
—Bueno, dejemos de hablar de él. Debe estar estornudando sin parar mientras duerme, hm.
—Oye, ese acento es de Iwa... ¿Verdad? —preguntó Ino.
Deidara asintió.
—Muy bien —dijo, impresionado—. Es difícil notar eso con todo el ruido de fondo.
—Mi Cerda es la mejor sacando acentos —dijo Sakura—. ¿Cuánto tiempo llevas en Amegakure?
—Prácticamente me acabo de mudar, así que poco más de un mes.
Ino ahogó un grito.
—¡Yo también! ¡Gemelos perdidos!
—¡Gemelos perdidos! —ambos brindaron—. ¿Qué te trae a este amasijo de cemento mohoso?
—He decidido trasladar aquí mi consultorio —Ino buscó algo en su bolso—. Doctora Yamanaka, en caso de que me necesites o conozcas a alguien que lo haga ya sabes donde llamar. Necesito ampliar mi número de clientes.
Deidara leyó la tarjeta que le acababa de dar antes de guardarla en su bolsillo.
—Así que psicóloga... Gracias, conozco alguna gente que podría necesitar esto, empezando por don Akasuna.
—Él lo que va a necesitar es otro tipo de asistencia médica muy pronto —intervino Sakura—. Pero puede que luego tenga que atenderlo igual.
—Frente trabaja en el hospital —dijo Ino.
—Así es, y espero que a mí nunca me necesites.
—Tch, siempre tuve buena salud de todos modos.
Deidara bebió. Aunque con lo mal que había estado comiendo últimamente, no entendía como no había pillado al menos un resfriado. Antes de mudarse de su casa, o quizá debería empezar a llamarla la casa de su madre, ella se aseguraba de que su dieta incluía las cinco raciones de fruta y verdura diarias. Deidara no llevaba ni cinco en todo lo que iba de semana y la culpa cada vez que ella le preguntaba por mensaje era cada vez mayor. En cuanto estuviera instalado en casa de Sasori, cambiaría de hábitos.
Cinco minutos después ya había intercambiado números con ambas chicas y agregado a varias redes sociales. Su número de amistades no dejaba de crecer desde que llegó, señal de que él estaba hecho para la vida en ciudad y no para el pueblucho aquel.
—¡Oh! ¡Mira donde estabas! Ukon y Sakon acaban de irse, pensé que tú también lo habrías hecho. ¿No has leído mis mensajes? —Deidara sacó el teléfono y comenzó a leerlos—. ¡Pero ahora que te he encontrado no hace falta que los leas!
—¡Karin! ¿Cómo estás? No te he visto en meses —dijo Sakura.
—¡Hola Sakura! Estoy bien gracias. ¿Y tú?
—Demasiado ocupada como viene siendo costumbre. ¿Has visto a tu primo por ahí?
Karin miró alrededor.
—¿Naruto está aquí?
—Estaba —dijo Ino—. Nos dejó plantadas hace horas y no lo hemos vuelto a ver. Seguro está con Sasuke.
—Parece que aquí todo el mundo conoce a todo el mundo, hm —intervino Deidara.
—Conocemos a Sasuke de toda la vida —explicó Sakura—. Solía gustarme en primaria.
—Sí, a mí también —dijo Ino—. Nos peleamos tanto por él...
—Hasta que un día... ¡Dejamos de pelearnos!
Ambas chicas rieron, a Deidara se le figuró un chiste privado.
—Sasuke tiene un aura tan pura y atrayente —suspiró Karin.
—Puramente insulsa —dijo Deidara, aunque no sirvió de nada porque ella no lo oyó.
¿Cómo sería el aura de Obito? Deidara no estaba seguro de si se creía ese don que Karin decía tener o no, pero ahora quería saberlo.
—¿No hay espacio para mí? Me gustaría unirme a la conversación.
Deidara estaba en un sillón y las chicas en un sofá biplaza, así que para hacerle un hueco, Ino debió sentarse sobre Sakura. Deidara lo estaba pasando tan bien hablando y bromeando que no se le ocurrió mirar el reloj hasta que no encendieron las luces y bajaron el volumen de la música.
—Me parece que nos están botando —dijo Ino.
Todos se levantaron. Ya no quedaba tanta gente ahí dentro.
—Van a dar las seis —dijo Deidara mirando su celular.
Estaba cansado, pero al menos le había dado tiempo a recuperar la sobriedad. El cielo en la calle era color añil, clareando por el este. Las tres chicas hablaban sobre Sasuke y el primo de Karin y a él se le aceleró el corazón cuando oyó que decían algo sobre lo poco hetero que era la familia Uchiha. Bueno, no su Uchiha eso lo tenía claro. Imaginó a Obito en su casa durmiendo en ese momento. Como le gustaría colarse ahí.
Suspiró. Ojalá se hubiera ido con el tipo aquel.
—Tengo hambre —se quejó Ino—... Deberíamos ir a desayunar.
Hubo unanimidad en eso.
—Los puestos de los soportales del centro deben haber abierto ya —dijo Sakura.
—¿Tan temprano? En Iwa en fin de semana ni hablar hasta las ocho como mínimo.
—Al parecer es un buen negocio venderles comida a gente borracha que viene de fiesta. Ya verás como todo está lleno.
Aún estaban a una cuadra del centro cuando le llegó el olor a comida. En ese momento habría dado todo lo que llevaba en la cartera por saltarse la cola del puesto de bollos de carne al vapor y comprar uno. Sakura estaba en lo cierto, había bastante ambiente ahí comparado con lo vacías que estaban las calles.
—¡En el puesto de gofres no hay cola! —exclamó Karin.
Y Deidara estaba siendo arrastrado otra vez.
—Me apetece algo salado, hm.
Pero también era difícil resistirse al olor del azúcar tostándose. Deidara ya se había olvidado del nikuman mientras pedía un gofre de crema pastelera y nata.
Ya había clareado un poco más, y a Deidara le pareció una forma perfecta de terminar la noche. Antes de darle el primer bocado, tomó una foto y la subió a su cuenta. La conversación se centró en lo estupenda que había sido la noche y lo bien que iban a dormir en cuanto cayesen a una cama.
—Nosotras vamos a pedir un taxi —dijo Ino—. ¿Vienen?
—Yo vivo cerca —contestó Karin—. Y el hostal donde está Deidara me pilla de camino. Lo acompañaré. Necesito aire fresco.
Como ya había gastado mucho esa noche, Deidara estuvo conforme. La cola frente a la parada de los taxis era bastante grande. Antes de separarse, acompañaron a Ino y Sakura hasta año.
—Mucha suerte, gemelo perdido. Que salgas pronto de ese hostal.
—Suerte a ti con tu consultorio, gemela perdida.
—Tenemos que repetir esto —dijo Sakura—. ¡Y dile a Sasori que cuando lo vea le voy a dar tal puñetazo que todas las operaciones estéticas que se ha hecho en su vida surtirán el efecto contrario!
—Le pasaré el mensaje —dijo, antes de que él y Karin se alejaran rumbo a sus casas.
Los cuatro quedaron gritando 'adiós' los unos a los otros. Deidara posiblemente fuera el más sobrio del grupo por una vez.
—¡Hacía mucho que no me divertía así! En cuanto por fin estés viviendo en un lugar decente, hay que salir a celebrarlo.
—Cualquier excusa es buena, hm —respondió Deidara—. Lo he pensado y voy a aceptar la propuesta de Sasori. Me conviene ahorrar todo lo que pueda.
—Me alegro por ti. ¿Y qué tal es la casa?
Deidara sacó su celular y le mostró las fotos que Sasori le había enviado, del recibidor, de la cocina-sala de estar, baño y dormitorio. Los maniquíes quedaron por los pasillos, sería algo con lo que Deidara tendría que convivir.
—Me sirve —dijo Deidara—, y para haber pertenecido a una anciana la decoración es actual.
—No sé si podría vivir con esas muñecas. ¿¡Y si cobran vida por la noche y me asesinan!? Parece como si se fueran a mover de un momento a otro.
—Ya le dije que no las quiero en la habitación precisamente por eso mismo, hm.
—Igual... Sasori no tiene aura, así que no te fíes de él del todo —le aseguró Karin, muy seria.
Deidara rió.
—Sí, definitivamente eso va con él.
—No me crees, ¿Verdad? Bueno, nadie lo hace, pero es verdad lo que digo. ¡Sasori no tiene alma!
No podía parar de reír. Tuvo que sujetarse a la alambrada de un pequeño campo de fútbol para darse un respiro.
—¿Y tu aura como es?
—Eso es lo malo... No puedo sentir mi propia aura, así que no sé cómo es. Pero algún día lo averiguaré.
Siguieron caminando. Deidara tenía la pregunta en la punta de la lengua, y cada vez le costaba más contenerla.
—¿Y la de Obito cómo es, hm?
Karin se detuvo y miró hacia atrás alarmada. La reacción no le gustó a Deidara ni un poco. Comenzó a arrepentirse de haber preguntado.
—¿Por qué me preguntas por Obito?
—N-no sé... Fue lo primero que se me ocurrió —se encogió de hombros, tratando de sonar convincente, pero la expresión de la chica no se suavizó.
—¿Te está tratando mal? ¿Es eso?
—Bueno... Era un imbécil integral cuando entré pero...
—¡Nada de peros! ¡Suigetsu me lo contó! —cuando Deidara estaba comenzando a sentirse traicionado y a pensar en estrangularlo, Karin siguió hablando—. ¡Me dijo que se pelearon en la oficina de Itachi y Kisame y que él estaba ahí! Fue hace tiempo así que lo había olvidado y justo lo recordé... Yo nunca he tenido ningún problema con él, pero conozco gente que sí. ¡No le cae bien a nadie, por eso está solo!
—¿Solo? Pensé que estaba con esa tipa.
—¿Qué tipa?
—Ojos grises, pelo violeta, moño... Es una de las seguratas... No sé su nombre.
—¿¡Anko!?
Anko. Deidara lo sabía, ya la había buscado en la web de la empresa pero prefirió hacerse el tonto.
—Creo que sí. Un día entré a su oficina y ella estaba ahí tirada sobre su mesa en una postura bastante provocativa.
Karin abrió su bolso de un tirón, sacó su celular y buscó a alguien en la agenda. Si no se había arrepentido antes, Deidara lo hacía ahora.
—No puede ser —murmuró mientras sonaban los tonos—... No habrá sido capaz.
—¿Karin? ¿¡Qué quieres!? ¡Espero que sea importante a estas horas! —con el manos libres activado, su adormilada y furiosa voz se escuchaba bien.
Se preguntó si no estaría en esos momentos en casa de su jefe. La simple idea le revolvió el estómago de puros y amargos celos.
—¿¡Estás liada con Obito Uchiha!?
Hubo un silencio de un par de segundos, después Anko rompió a reír como una loca.
—¡¿QUÉ TE FUMAS!? ¿¡De dónde mierda has sacado eso!?
—¡Deidara me ha dicho que te vio encima de su mesa en una postura muy provocativa!
—¿Y quién mierda es Dei...? ¡Ahh... Espera! ¡Es ese rubio nuevo que entró a pedirle no se qué cosa estando yo allí! No. No estoy liada con Obito, sólo me metía con él un poco.
Puede que fuera estúpido, porque ya se había resignado a que nunca llegaría a catar a Obito, pero el alivio que sintió al oír eso fue instantáneo. Los nudos en su estómago se deshicieron.
—Ya me extrañaba que hubieras caído tan bajo.
—Aunque sí intenté seducirlo.
—¡Anko!
—¿Qué? No me digas que no se ve como si necesitase un buen meneo. El muy amargado. Él se desamargaría un poco y a mí no me despiden. Todos contentos.
—En lo del meneo lleva razón, hm.
—¿Fue eso lo primero que se te ocurrió?
—Escucha, lo he intentado convencer de todas maneras. Estoy en una situación difícil y él puede hacer que acabe con algo bastante serio en mi expediente o no. Si me despiden... Dudo que vuelva a encontrar otro trabajo que no sea una mierda en un buen tiempo. Nada de lo que dije pudo convencerlo. Pero ya no voy a rebajarme más. Si me despiden, me iré con la cabeza bien alta... ¿Quién iba a decir hace años que el bueno de Bobito acabaría siendo tan despreciable?
—Siento tanto oír que aún no está solucionado ese asunto... Espero que acabe bien.
—Pse... Ya me da igual. Dile al rubito de mi parte que es un chismoso. ¡Y que antes de ir contando cosas raras por ahí de mí se asegure de lo que vio!
—¡Deidara no conocía la historia! ¿¡Qué crees que iba a pensar si te ve como te vio!?
—Bueno. Si no quieres nada más yo me voy a seguir durmiendo.
—Perdón por llamar a deshoras. ¡Qué descanses! —en cuanto guardó de nuevo su teléfono, Karin lo miró con preocupación—. ¿Ves? Obito no es trigo limpio. ¡Mira como se porta cuando lo necesitan!
—Pero últimamente conmigo no está tan...
—Oh Dei... Me preocupo por ti —Karin lo abrazó bien fuerte, tal vez iba aún más borracha de lo que pensó, Deidara la abrazó de vuelta ligeramente intimidado—. No quiero ni pensar cómo han debido de ser estos meses para ti con Obito de jefe y cayéndole mal. ¡Puede que acabes de llegar pero ya eres de la familia! ¡Y la familia nos protegemos los unos a los otros!
Por fin lo soltó, para agarrarlo de los hombros.
—Ya me he acostumbrado a él. Está bien, hm. No es tan terrible.
—El lunes sin falta solicitaré que te trasladen a mi equipo. Ya verás que bien lo pasarás. Sin tener que aguantar a Obito ni al raro sin alma de Sasori. En nuestra oficina siempre hay muy buena onda. Te va a gustar mucho más.
Caminaron en silencio. Deidara comenzó a pensar que puede que no fuera tan mala idea. Obito... Ya no sabía qué pensar. Justo cuando parecía que no era tan insufrible, se enteraba de lo de Anko. Ese capricho inútil que se le había metido con él lo hacía sentir algo avergonzado visto la clase de persona que parecía ser. Puede que estando en otro departamento todo volviera a su cauce. Por otra parte, sabía que iba a extrañarlo. Deidara tampoco quería renunciar a tratar con él a diario.
Pero tal vez debiera.
—Gracias por eso.
—¡No hay por qué darlas! Para eso estamos, Dei.
Karin sonrió, parecía genuinamente preocupada por él, y eso era algo que apreciaba de verdad. Caminaron en silencio hasta que llegaron a la puerta del hostal y se despidieron.
—Aún no me has dicho como es el aura de Obito, hm.
—Es —Karin quedó pensativa unos segundos—... Repelente.
—¿Repelente?
—Su aura no es acogedora. Es... Como si se aislase y quisiese estar solo. Algunas personas que lo conocían de antes lo recordaban con cariño, pero dicen que después de aquel accidente se volvió frío y dejó de importarle todo el mundo excepto él.
—Conozco lo del accidente...
—No creas que no me da lástima. ¡Pero no lo excusa para amargar la vida a los demás! Si quisiera salir de donde está, lo habría hecho hace mucho —Karin sacó de su bolso el EP de "VI K I NG Δ" y se lo pasó—. Y antes de que se me olvide, llévate esto.
Deidara lo tomó y mientras examinaba la portada trataba de olvidarse de lo frustrado que estaba. Si el aura de Obito era repelente... ¿Por qué a él lo atraía tanto?
Iba a mirar las nuevas fotos de Deidara sólo una vez más.
Las descubrió el sábado, cuando fue a visitar su perfil nada más levantarse y le era imposible no pensar en ellas a cada momento, bien para alegrarse la vista con Deidara o para resentir a las personas que estaban pasando tiempo con él.
Un par de veces se había puesto duro al ser consciente de lo bien que le quedaba aquella camiseta negra con las mangas rasgadas, o como sus ya de por sí hermosos ojos resaltaban más aún delineados en negro, también su pelo se veía diferente, como si se lo hubiera planchado. Obito soñaba con ver esa ropa en el suelo, ese pelo enredado y ese lápiz de ojos dejando negros surcos bajo sus ojos de lo fuerte que planeaba darle.
No era hasta que no terminaba de correrse con esa imagen en la cabeza, cuando recordaba lo lejos que estaba de ese momento. Tenía mucho por hacer, si es que nadie más se le adelantaba como venía siendo costumbre. Porque puede que incluso alguien lo hubiera hecho ya. Obito repasó las fotos. Ese tipo en la esquina de la selfie. Puede que Deidara se hubiera ido con él a su casa mientras a Obito estaba ahí pensando en él como un pringado. ¿Quién se resistiría a él?
Pero si no era aún demasiado tarde, Obito iba a intentarlo. No sólo ganarse su confianza, también su amor. Sus inseguridades seguían ahí, el miedo a hacerse daño por iluso también, pero prefería pensar que no estaba todo perdido y podía lograrlo.
Por eso había pasado el fin de semana ensayando el encuentro del lunes. Todo estaba pensado. Primero lo llamaría a su oficina. Cuando llegase le haría un cumplido sobre el trabajo que desempeñaba para la empresa y le daría las gracias por su labor. Luego le hablaría sobre la sorpresa que le tenía preparada, le explicaría todo al respecto y lo dejaría tomar una decisión. No podría decir que no. Era una oportunidad demasiado buena.
Se le ocurrió el día anterior cuando vio que Deidara le había dado a me gusta a unas fotos que Suigetsu Hozuki había subido surfeando con Kisame en el viaje a Kirigakure. Su primera reacción fue preocuparse y sentir una intensa aversión hacia el tipo. Hozuki y Deidara estaban pasando mucho tiempo juntos esos días. Luego recordó que Akatsuki iba a cubrir la seguridad de la feria de diseño y nuevas tecnologías de Konoha y debía asistir a supervisar. Y que así como Kisame se había llevado a su secretario, Obito podía llevarse también a alguien. Lo normal sería Zetsu pero también tenía la excusa para que llevar consigo a otra persona no generase interrogantes. Algunos talleres y conferencias iban a servirle a Deidara. Llevándolo, él aprendería nuevas habilidades que le serían más útiles que a Zetsu. Nadie iba a encontrar segundas intenciones ahí.
Un fin de semana entero con Deidara fuera de aquel edificio, sin nadie más de por medio. Tenía ya pensados tantos planes que le gustaría hacer con él, que al final no sabría cual elegir. Y si alguien hubiera entrado en ese momento y lo hubiera visto sonreír así no sabía qué excusas iba a darle. Deidara se había convertido en algo bonito en su vida. Al menos, esa cascada de sensaciones en todo su cuerpo que hacía que cuando pensaba en él viera la vida de colorines.
Se preparó mentalmente una última vez, respiró hondo y tomó un trago de agua para relajarse antes de presionar el botón del intercomunicador. Era la hora perfecta, con Zetsu fuera de su puesto para tener aún más privacidad.
—Zetsu, antes de irte a almorzar llama a Deidara y dile que lo necesito en mi oficina ahora.
—Ya mismo voy a ello, Tobi —contestó su asistente con voz melodiosa.
La ansiedad y emoción de Obito se dispararon en cuanto fue consciente que Deidara estaba de camino. Debía de dejar de juguetear con sus dedos, o de alisarse el pelo. Y le estaban empezando a sudar las manos. Mierda. ¿Y si se la tenía que estrechar? Mejor no pensar en ningún tipo de contacto físico.
Su corazón martilleó en su pecho cuando oyó que llamaban a la puerta. Bebió más agua y se reacomodó en su asiento.
—Adelante.
Al abrirse la puerta y ver que no era Deidara sino Itachi, toda la expectación de Obito cayó en picado, dando paso a una amarga decepción.
—Ahora mismo estoy ocupado —espetó Obito.
—Siento haberme presentado así, pero Zetsu no me contestaba las llamadas y sólo serán un par de minutos.
—Está bien.
Que se fuera pronto y los dejase solos. Maldito e inoportuno Itachi.
—Te traigo noticias que te gustarán. Es sobre Deidara —dijo su primo, sacando unos folios de su carpeta.
Obito puso todo su empeño en que ni una sola emoción pasara a su rostro, varias hipótesis pasaron por su mente, no todas ellas buenas.
—¿Qué es?
Con una sonrisa, Itachi le pasó los papeles.
—Karin Uzumaki ha solicitado esta mañana a Deidara para cubrir una vacante en su equipo. Pensé que ya que la relación entre ustedes dos no es la mejor, esta sería una solución al problema de ambos. ¿Qué te parece?
Obito hizo como que leía el texto en los papeles. Sabía que Deidara había salido de fiesta con Karin porque lo había visto en las fotos. Lo que no se imaginaba es que ya empezasen a querer apartarlo de él tan pronto. La idea le estaba empezando a doler como una puñalada. ¿Habrían hablado de eso durante la salida? ¿Le habría dicho Deidara que estaba harto de él y quería alejarse? Obito debió haber visto venir algo así, en lugar de creer que las cosas irían a ocurrir diferente a como era lo acostumbrado. Todo en su contra. Pensó en una razón práctica por la que pudiera negarse a la vez que fingía leer, luego miró a su primo.
Se negaba a que le quitasen a Deidara también.
—No apruebo esto —dijo, doblando los papeles y metiéndolos por la rendija de la papelera del reciclaje. La reacción de Itachi no fue demasiado espectacular, nunca lo eran en él en apariencia. Sólo levantó un poco la barbilla, invitándolo a desarrollar esa respuesta—. Deidara es un chico con talento, y me gustaría que dicho talento permaneciese en mi equipo. Es su primer empleo, pero es creativo, innovador y aprende rápido. Aprecio sus cualidades y no estoy dispuesto a deshacerme de ellas tan fácil.
Hubo un breve silencio. Después Itachi tomó aire.
—De entre todas las respuestas, esa era la última que me esperaba viniendo de ti —comenzó a decir—. El proceso normal es informar al empleado afectado y darle a elegir, pero tampoco es la norma. ¿Estás seguro que no prefieres hacer eso?
—Deidara y yo ya superamos nuestras diferencias. Yo me disculpé, él se disculpó y ahora todo está bien entre nosotros. Era cierto que existía cierta hostilidad, pero desde ese día todo funciona mejor.
Itachi parpadeó varias veces y una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Me alegro. Me alegro de verdad, y me has sorprendido gratamente Obito. Tú sueles ser de los que guardan rencor sin sentido hasta el final, pero sin intención de ofender, que hayas decidido actuar con madurez y dejar atrás esos roces con Deidara es algo bueno. Kisame no va a creérselo. Como señal de confianza a tu nueva actitud, iré a hacerle saber a Karin que su petición ha sido denegada.
Obito asintió aliviado. Seguía sin hacerle gracia sentir que su primo lo estaba llamando inmaduro muy sutilmente, pero al menos Deidara seguiría estando bajo su supervisión.
—Es más, he decidido llevármelo a la feria de diseño y nuevas tecnologías de Konoha en lugar de a Zetsu. Deidara podría adquirir nuevos enfoques y habilidades para desempeñar su trabajo. Lo había llamado para informarlo a penas unos minutos antes de que tú aparecieras —dijo, esperando que Itachi pillase la indirecta y se largase de ahí.
Además, si él que era tan perspicaz no veía nada más allá de las razones que le había dicho, nadie más iba a hacerlo.
—Una excelente idea y que le será útil profesionalmente. Bien pensado.
Itachi se levantó para irse justo cuando la puerta se abría y Deidara aparecía en el umbral.
Obito tomó aire con fuerza cuando lo vio aparecer, tan perfecto y sensual como siempre. Cuando hicieron contacto visual, Obito pensó que iría a derretirse, pero Deidara se fijó en Itachi y sus ojos bajaron a sus jugosos labios, y de ahí a su cuello. Tragó saliva ante la visión de su corbata ligeramente deshecha y siguió bajando, tomando nota de su apetecible cuerpo.
—Hola Deidara. ¿Va todo bien?
Él asintió.
—¿Pasa algo?
—Yo ya me iba. Pero mi primo aquí presente quería verte —contestó Itachi, colocando una mano en su hombro—. Estábamos hablando de ti.
Su cuerpo entero se tensó de forma desagradable, pero de inmediato se obligó a recuperar la compostura. Sintió unas ganas horribles de sacar a Itachi de su oficina a empujones. Un gesto cordial, no era más que un gesto cordial, se repitió en su mente. Pero dolía igual que literalmente todo el mundo fuera más cercano a Deidara que él.
—¿De mí? ¿Qué exactamente? —dijo Deidara, luciendo interesado.
—Sólo comentábamos el gran trabajo que haces para Akatsuki. Es un honor tener con nosotros alguien con tanto potencial y talento. Tus cualidades son necesarias y apreciadas y en nombre de la empresa te estoy agradecido.
Esa iba a ser su línea. Condenado Itachi. Esa era su maldita línea. Temblando, Obito se clavó las uñas en la palma de la mano.
No era eso lo que había esperado cuando Zetsu lo avisó que Obito lo buscaba. Pensó que qué clase de queja tendría, ya que hacía bastante que no se quejaba de nada. Ni siquiera por fallos por los que cuando entró le habrían costado un sermón de varios minutos.
Por otro lado, Deidara no estaba del todo por la labor de estar en la oficina de Obito a solas con él. Desde que Karin lo había avisado sobre que no era buena persona, su encaprichamiento tonto le molestaba cada vez más. Se decía que no quería sentir nada por alguien de su tipo, y que cuanto más distancia pusiese entre ellos antes se le pasaría.
Deidara no iba a dejar pasar un aprecio a su trabajo. Le hubiera gustado oír esas palabras de boca de su propio jefe, pero no es que tuviera las expectativas altas con Obito. En lugar de lamentarse, apreció el cumplido. Se cruzó de brazos, sonriendo orgulloso.
—Bueno, uno hace lo que puede, hm —contestó con evidente falsa modestia.
—Y estoy seguro que mejorarás aún más en la feria de diseño de Konoha a la que Obito planea llevarte, si es que aceptas ir.
Su sonrisa se hizo más amplia. Primera noticia que tenía del tema, pero por supuesto que quería ir. Esa convención tenía prestigio mundial, ya había estado a punto de ir con la universidad una vez, pero el viaje se canceló.
—¿Esto va en serio? —preguntó Deidara.
—Obito piensa que podrías aprender cosas nuevas ahí. Cosas que te sirvan para tu trabajo.
—En ese caso... Sería idiota por mi parte rechazar un viaje gratis a un lugar así.
—Estupendo. Ya lo has oído, Obito. Parece que tienes compañero de aventuras. Me alegra saber que lo que me has contado es cierto. Disculpen —su teléfono sonó e Itachi lo sacó de su bolsillo. Despidiéndose con la mano, salió de allí mientras hablaba con quien fuera que estuviera hablando.
Si las miradas matasen, Itachi habría caído muerto al suelo en ese momento. Porque la forma en que Obito lo seguía con los ojos irradiaba desprecio absoluto. ¿Qué mosca le había picado? Itachi no había dicho nada del otro mundo y había sido amable todo el tiempo. Era como una especie de celebridad en la compañía y le caía bien a todo el mundo. Puede que le tuviera envidia por eso.
La tensión se podía cortar con un cuchillo en aquella oficina después de que Itachi se fuese. Obito entrelazó los dedos con los codos apoyados en la mesa y el mentón sobre sus manos. Su mirada quedó fija en algún punto indeterminado del suelo.
—Como mi primo Itachi tan acertadamente ha mencionado... Tu trabajo en Akatsuki es apreciado y necesario —dijo con tono apagado y monótono.
Deidara se preguntó si eso era lo que de verdad él pensaba. No parecía del todo sincero, y el matiz sardónico no le había pasado desapercibido. Pero aún teniendo eso en cuenta, oírlo le hizo sentir un cálido cosquilleo en el estómago.
—Gracias —contestó Deidara, no sabiendo qué más decir.
Odiaba aquella quietud y silencio ennervantes, pero ninguno de los dos parecía decidido a dar el primer paso. Quería que algo pasase, lo que fuera. Que Obito le dijese que se fuera, incluso si era con malos modos; o que lo empujase a su mesa y le diese el beso de su vida mientras ambos se arrancaban prendas el uno al otro. Algo que no fuera estar ahí plantados como estatuas.
Deidara se volteó hacia la puerta.
—Si eso era todo, volveré a mi...
—Quédate —su mano quedó a escasos centímetros del pomo, esa entonación le había creado un nudo en la garganta del que no podía deshacerse incluso después de tragar saliva. Había sonado más como una súplica que como una exigencia.
Él se volteó sólo un poco, preocupado porque Obito detectase su penoso estado de ánimo.
—Hay una cosa más que debo decirte —prosiguió, señalando a la silla donde se sentó a esperar a que abordase lo que quiera que fuera esa otra cosa.
Obito se veía cansado y hastiado, como si necesitase tomarse un descanso de una jornada laboral difícil. No ocurría a menudo, pero a Deidara llegó a darle algo de pena. La suficiente como para que se le pasase por la cabeza el preguntarle si estaba bien. Pero no lo hizo.
Primero, Obito buscó algo en una pequeña pila de papeles que tenía sobre su mesa. Después abrió los cajones uno tras otro murmurando algo sobre donde lo habría puesto. Se le escapó un gran suspiro mientras giraba su silla hacia la papelera y se puso a desmontarla.
—Lo siento... Zetsu debe haberlos tirado por error —dijo.
Tras forcejear un rato por fin consiguió arrancar la tapa azul, metió la mano y sacó unos folios doblados.
—¿Qué es eso? —preguntó Deidara.
—Karin Uzumaki tiene una vacante en su equipo y ha solicitado tu traslado al mismo —Obito desdobló las hojas dobladas sobre la mesa y trató de alisarlas—. Las condiciones son similares. El salario base es algo menor porque son menos horas, pero suele haber horas extra disponibles con frecuencia en caso de que te haga falta el dinero. Puede que si tienes en mente dedicarle más tiempo a tu arte... Ese puesto te venga mejor.
—Oh.
Deidara no pensó que lo iría a hacer. O al menos no tan pronto. Era apresurado, pero se encontró considerándolo. Tener a Obito cerca y saber que era inalcanzable lo iba a volver loco. Luego estaba lo que Karin le dijo el sábado por la mañana sobre él. El asunto con Anko y como Obito se negaba a sacarla del lío. A ojos de todo el mundo, él era un amargado, Deidara mismo lo había pensado. Pero según su propia experiencia, algo le decía que Obito no era tan difícil de tratar como todos parecían hacerle creer. Algo en el esquema no encajaba. Primero lo elegía para acompañarlo a su viaje, hecho que Deidara aún no había procesado del todo, y ahora lo guiaba sobre qué era lo que más le convenía.
Y había considerado incluso la importancia que tenía su arte para él.
—No tienes por qué dar una respuesta ahora. Puedes tomarte un tiempo para pensar lo que vas a hacer.
Ahora que Deidara tenía en sus manos la oportunidad de alejarse de Obito, se encontró dudando. Se habría marchado sin pensarlo dos veces un par de semanas antes, puede que si no se hubiera disculpado, y si no lo hubiera elegido a él para el viaje. Seguía teniendo en cuenta todas las cosas negativas que le habían contado sobre él, pero era como si se estuviera esforzando por mejorar la distante relación que tenían. Deidara estaba seguro que no se lo estaba imaginando.
Por primera vez desde que llegó a Akatsuki, sentía como que había conectado con él.
—Y si tuviera que elegir, preferiría no tener que prescindir de mi empleado más prometedor. Pero la elección es tuya.
Ese burbujeo que llevaba sintiendo en el estómago se acababa de transformar en un retortijón. Deidara se maldijo a sí mismo.
—Ponlo otra vez en la basura —dijo empujando los papeles a través de la mesa—. Prefiero quedarme en este puesto, hm.
Obito tomó los papeles con lentitud, y luego lo miró a él, confundido.
—¿Estás seguro?
—No es complicado. Por mucho que me gustaría poder dedicarle más tiempo a mi arte, necesito todo el dinero que pueda conseguir hasta que tener en mi cuenta una buena cantidad de ahorros. Me conviene más quedarme aquí.
—Dejemos esto donde estaba entonces —Obito hizo una bola con las hojas y las tiró de nuevo a la papelera que aún no estaba tapada—. Te mandaré un correo electrónico con la información sobre el viaje más tarde.
Ese viaje. Si a Deidara ya le afectaba estando a menos de cinco metros de él, cuando fueran a Konoha iba a arder por combustión espontánea. ¿En qué se había metido?
—De acuerdo —Deidara se puso en pie, tan sereno como pudo. No era momento de empezar a pensar en el viaje—. Volveré a mi puesto ahora, hm.
—Una cosa más —varios segundos de silencio pasaron. Para lo impaciente que era Deidara, Obito se pensaba demasiado las cosas—. Puede que no sea mi asunto decir esto pero... A veces... He estado asomado a la ventana y te he visto salir con la moto.
—¿Y...?
—¿Por qué no te pones el casco?
Lo dijo con tanta contundencia y preocupación que Deidara quedó sin palabras.
—Tu cabeza necesita más protección que tu codo.
—La costumbre, supongo. En Iwa no hay a penas tráfico así que no me lo ponía nunca —se encogió de hombros intentando quitarle importancia—. Oye, no pongas esa cara, soy un buen conductor.
—¿Sabes que si en un supuesto tuvieras un accidente no sólo te podrías hacer un daño irreparable en la cabeza sino que tener el casco enganchado al brazo haría que te lo partieras en tres? ¿Sabes que podrías morir?
Deidara detestaba sentirse regañado, también que le intentaran imponer algo, pero esa vez no podía molestarse. No cuando le decía las cosas con ese tono.
—Estás dramatizando, hm.
—Ponte el casco.
—¡Pero bueno! ¿Qué...?
—Por favor —Deidara intentó ofenderse con más ahínco, pero no pudo. Obito se estaba... ¿Preocupando por él?—. Ni siquiera te lo estoy pidiendo como tu jefe.
—Está bien, hm. Está bien. Me pondré el casco.
Deidara no había visto la sonrisa de Obito desde ese día en la oficina de Konan. Aquella había sido mucho más amplia, esta sólo un esbozo que pronto desapareció. Pero al menos, o eso le pareció, había sido sincera a diferencia de la otra. Se quedó observándolo unos instantes de más, esperando que volviera.
—Gracias por escucharme. Ahora sí, puedes volver a tu puesto.
Todo lo que Deidara había estado reprimiendo le cayó encima ni bien dejó la oficina. Se apoyó contra la puerta recién cerrada, aprovechando que Zetsu no estaba ahí. Su cara ardía y por todo su cuerpo se arremolinaban incontables sensaciones. No sabía muy bien qué acababa de pasar, solo que habían tenido un momento, él y Obito. Y veía ese vínculo comenzar a formarse.
"Después de aquel accidente se volvió frío y dejó de importarle todo el mundo excepto él."
¿Y eso último a qué había venido? Bueno, Obito había tenido un accidente. Deidara no tenía a penas detalles de aquello, pero puede que fuera un tema demasiado personal para él que lo llevara a preocuparse en exceso. Lo único que tenía en claro, era que quería arrancarse el corazón y tirarlo bien lejos. Porque ya no sólo lo deseaba, Deidara sentía algo más por él.
Y era jodidamente intenso.
Le pidió al destino que se lo llevase de su lado pero Deidara lo había elegido a él. Puede que las razones fueran otras, pero tenía dos opciones y escogió quedarse a su lado. Era lo más feliz que Obito se había sentido en mucho, mucho tiempo.
Ni siquiera se dio cuenta de la lágrima que se deslizaba por su rostro hasta que no cayó sobre el revés de su mano.
Otra vez se me quedan cosas sin incluír. Quería meter una conversación con Sasori para que de su versión sobre el tema con Sakura, pero ya era mucho así que pensé en darle vacaciones inesperadas una semana :P También quería meter una conversación con Suigetsu, ya será en el siguiente.
Mi intención en este era poner a prueba lo que Deidara siente por Obito. Él oye rumores, y casi ninguno es bueno. Pero su experiencia le dice otra cosa y son esas señales contradictorias lo que lo confunden. Iba a ser un capítulo más triste. Con Itachi estropeándole sin saberlo los planes de conversación con Obito. Inicialmente, Obito incluso había preparado café para ambos teniendo en cuenta las preferencias que ya había observado en Deidara, y al final todo iba a ser para nada. Deidara se iba a ir ya que no había nada más que hablar y Obito se iba a beber ambos cafés él solo.
Lo cambié porque creo que a estas alturas Obito no puede permitirse permanecer tan pasivo con respecto a Deidara si es que de verdad va en serio sobre fortalecer su vínculo con él. Deidara no se va a dar cuenta que se preocupa por él si no se lo demuestra después de lo que Karin le contó.
Creo que además de no ser tan sombrío así, esta versión de los hechos me sirve más para llegar a donde quiero.
Por lo demás, este capítulo me hizo darme cuenta de cuanto extraño ir a conciertos. No he ido a ninguno en tres años y solía ir al menos a dos o tres. Me lo pasé bien escribiendo a Dei en el concierto y tal vez se me fuera la mano jaja :P. También me gusta sacarlo conociendo gente y siendo el extrovertido que sé que es.
creepend, yo también lo esperé mucho *_*
Arekusa, tienes toda la razón a Obito le ha dado fuerte, mucho tiempo de necesidad jajaja y me gusta eso de Deidarasexual. Es muy, muy cierto c: Lo de drama king también es genial jajajaj lo apoyo 100%. Queda pendiente también información nueva sobre el accidente. También pasa que Deidara se cierra a Obito por lo que está sintiendo, que no quiere que vaya a más. Así que eso se transforma en un inconveniente más. Lo que sí estoy tratando es de retroceder lo menos posible, que si ganan algo de confianza eso no vuelva para atrás, más que nada porque lo he leído antes en otras historias y me molesta. Así que si hay algún retroceso, trataré de resolverlo en el mismo capítulo. Siento que Deidara no quiere conectar con él porque lo ve inalcanzable, pero ya ha pasado. Obito necesitaba esto mucho, creo que es triste vivir como él lo hacía.
Ray Sonnen, me gusta saber que lo estoy haciendo bien al traspasar las personalidades de cada personaje a este nuevo entorno ^^. Con Karin lo tuve algo más difícil ya que no vemos tanto de ella. Pero tras leer su página de Wikipedia y el databook sentí como que en la serie Taka era lo más importante para ella, y aquí Deidara es parte de su grupo así que lo defiende mucho. Siempre me impactó que cuando Sasuke la hiere y está en el suelo desangrándose, ella se da cuenta que iba a matar a Sakura también y le dice que no lo haga. Eso demuestra que es buena también, pero quería darle un toque más inflexible con respecto a Obito. Como que no tenía compasión que dar por Obito ya que su aura es repelente. Ella es muy imparcial con Sasuke y Suigetsu al principio sólo porque le gusta su chakra de uno y le asquea el chakra del otro. No quería meter elementos paranormales aquí, pero lo del aura queda como algo que ella dice sentir, pero nadie sabrá por seguro si es verdad o no. Alguna gente la creerá y otros pensarán que está loca xd. En fin, que esa inflexibilidad con Obito tiene como origen el que su aura no le guste. Y además, me venía bien para que hiciera a Deidara cuestionarse lo que siente.
Nada más que añadir. Gracias por leer y nos vemos en el siguiente. :D
