¡Buenas a todos! ¿Qué tal? Yo ando hoy chafada por el calor, sin ganas de mucho.
Así que seré breve. Como siempre, recordad que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, que los personajes originales se cuentan con las manos y que si alguien reconoce a alguno de esos personajes, estamos abiertas a escuchar la idea que tenía sobre ellos.
También repito que nos gustan los reviews y que los respondemos lo más rápidamente posible teniendo en cuenta nuestras agendas personales. Agradecemos todas y cada una de las muestras de apoyo, incluso las críticas constructivas. Abstenerse de perder el tiempo todo aquel que no tenga nada interesante que comentar, incluso de seguir más allá de estas líneas si creéis que esta locura merece una hoguera. Por vuestro bien, simplemente.
Y ahora, antes de que el calor me convierta en charco de agua, os dejo leer el capítulo de hoy. Para aquellos que ya conocéis la historia, os aviso que hay un pequeño cambio que esperamos que os guste. ¡A disfrutarlo!
Capítulo 49: Secretos y reencuentros
Leire y Neila caminaban en silencio por aquellos extraños caminos con las diferentes conversaciones fluyendo alrededor. Prácticamente ante ellas, Gatomon había atrapado por las colas a Tailmon y a BlackGatomon y las sermoneaba con una fiereza que, aunque preocupaba bastante, provocaba risas en Patamon y Lopmon. Algo más adelantados, Takuya seguía recibiendo gritos de Chiaki y respuestas algo más relajadas de Koichi. Jeremy debatía con Aelita a poca distancia sobre temas que ninguna de las dos entendía. Kouji y Zoe se habían rezagado y cuchicheaban, sonando de tanto en tanto alguna risilla que provocaba que girase alguna cabeza para mirarles extrañados.
—Ya estamos en Kadic —suspiró Sissi —. Más le vale a Herb no aparecer hasta mañana, porque no sé qué puede pasar…
—Pues te lo vas a encontrar en el comedor —dijo Odd.
—¿En serio ya estás pensando en llenar tu estómago? —preguntó la chica.
—Nos vamos a la Ermita —dijo Bokomon.
—Tened cuidado todos —pidió Patamon.
—Os avisaremos si ocurre algo —añadió Lopmon antes de rodear con una de sus orejas a Gatomon —. Tú te vienes un ratito hasta que te calmes.
—¡Soy la mascota de Kadic!
—Y como tal, deberías maullar tranquila, no gritar enfurecida —comentó —. Patamon, ayúdame.
—Voy —rió.
—Os recomiendo que ocultéis a las digimons en el D-Tector como hemos hecho nosotros antes —indicó Jeremy a las dos nuevas.
—¿Se puede hacer? —preguntó Leire.
—Simplemente, enfocad el dispositivo hacia ellas y entrarán —explicó Emily. Ambas hicieron como les dijeron y las dos gatas desaparecieron.
—¿Y ahora?
—Estoy aquí —sonó la voz de BlackGatomon.
—Esto está guay —añadió la de Tailmon —. Con mucho espacio.
—En los D-Tectors —señaló Aelita, haciendo que las miradas de ambas se posaran en las pequeñas pantallas —. Así, nadie las descubrirá.
—Bueno, todo arreglado, ¿vamos ya? —preguntó JP.
—Sí —asintió Takuya —. ¿Qué haréis vosotros dos?
—¿Dónde se han metido ese par? —preguntó Jeremy. Todos buscaron alrededor rápidamente, no dando con absolutamente nadie a la vista.
—¿Habrán seguido a Bokomon y los demás? —preguntó Tommy.
—Quizás… Aunque hubiese preferido tenerlos un poco más delante —dijo el informático —. Me habría gustado hacerle algunas preguntas a ese par, especialmente al digimon que abrió el vórtice.
—¿Crees que cooperaría con nosotros? —preguntó Aelita.
—Me encantaría que fuese un aliado —aseguró —. Patamon dijo que Agumon y los demás se habían quedado en el Digimundo en busca de la localización de las torres. Estaría bien que ese digimon de los vórtices nos pudiese llevar al Digimundo, dejarnos al lado de una torre, apareceríamos por sorpresa y desbarataríamos los planes de Xana-Lucemon.
—También estaría genial tenerlos para librarnos del castigo que nos van a poner como no salgamos de este bosque —señaló Aelita.
—Pues será mejor correr —propuso Koichi.
Agitados, con las ropas arrugadas y algo sucias, el grupo llegó al límite de los árboles. Con cierta dificultad, más de uno empezó a tirar de las prendas, intentando limpiarlas o alisarlas.
—Vale, a fingir que no ha pasado nada —dijo Jeremy.
—¿Y si alguien pregunta qué hacemos aquí? —preguntó con nerviosismo Emily.
—¡Digamos que la mascota se ha perdido! —propuso Aelita —. Al fin y al cabo, Gatomon ha sido arrastrada a la Ermita —dijo —. Usémoslo como excusa…
—¿Y no sospecharán que estemos nosotras dos con vosotros? —preguntó Neila.
—Pues…
—Decid que habéis visto a la gata y que, al oírnos buscándola, habéis venido a avisarnos —improvisó Zoe.
—Está bien —asintieron ambas hermanas.
—Bien, ahora que no pasa nadie —susurró Kouji —. Procurad no llamar la atención.
—¡LEIRE! ¡NEILA! —los gritos provocaron escalofríos en absolutamente todos los allí presentes, paralizándolos en su intento de abandonar los árboles —. ¡Al fin os encuentro!
—Arya… —susurró Leire.
—Llevo buscándoos toda la tarde. ¿Dónde estabais? —preguntó la chica.
—Ah, bueno… es que ellos buscaban a la mascota —dijo Neila señalando al grupo con una mano —. Y la hemos visto en uno de los tejados, así que hemos ido a avisarles.
—Pues parece que habéis estado tiradas en mitad del bosque…
—Ya, bueno, no conocemos el lugar como ellos —rió nerviosa Leire —. Así que he tropezado y la he arrastrado conmigo.
—Sí, ya le dije que con esas botas era una locura adentrarse por aquí —dijo Neila, situándose a un lado de su prima y tomándola del brazo —. Ahora que les hemos avisado, mejor darnos una ducha, ¿no?
—Sí. Estoy hecha un asco —asintió Leire, pasando al otro lado y echando a andar —. Espero que la gatita siga allí arriba —añadió mirando al grupo.
Algunos, algo atontados, despidieron con la mano al trío en el máximo de los silencios. Nadie se movió hasta que desaparecieron de vista y la luz cada vez más menguante les obligó a caminar de nuevo.
—Nosotros también deberíamos ducharnos —dijo Tommy.
—¿Por? —preguntó Odd.
—Una cosa es que nos pillen saliendo del bosque después de toda la tarde fuera y otra que, a demás de eso, estemos sucios de los pies a la cabeza —respondió Sissi —. Es evidente que hemos tramado algo demasiado gordo.
—Pero la excusa de buscar a Gatomon…
—Sigue sin estar aquí, así que no sabemos cuánto nos puede aguantar… Y vamos muy sudados —suspiró Katsuharu.
—Nosotros marchamos a casa pues —dijo Yumi tirando del cuello de las camisas de los gemelos —. Mañana vendremos a desayunar y hablaremos sobre qué podemos hacer ahora que ha aparecido ese digimon capaz de abrir vórtices dimensionales.
...
Arya esperó sentada en una de las camas de sus primas a que regresaran de la ducha. Tomaron el neceser que compartían, los albornoces y con un "no tardamos", la dejaron sola en el silencio de la habitación. Al regresar, ambas volvían en silencio y con el semblante serio.
—¿Qué ocurre? —preguntó con preocupación.
—No, nada… —respondió Neila, algo evasiva.
—¿Seguro?
—¿Prometes que no dirás nada a nadie de lo que te contemos? —preguntó Leire.
—Sí, claro. Os lo prometo.
—¡Leire! —siseó Neila.
—¿Recuerdas los monstruos que han estado apareciendo en Kadic? —preguntó la chica, ignorando la advertencia de su hermana.
—Sí…
—En realidad, se llaman digimons —dijo. Tras ella, Neila resopló —. Son criaturas con voluntad propia que no se mueven controladas por ningún humano.
—Pero… respondían a las señas de los humanos —dijo Arya.
—Trabajan juntos, por lo que es como cuando hacemos un trabajo, que alguien le pide a otro alguien que haga algo que el primero no puede —negó Leire —. Escucha, después de que regresaras por la llamada, Neila y yo seguimos caminando por el bosque un rato más. Entonces, apareció un digimon de los malos y me secuestró.
—¿Que uno de esos monstruos se te ha llevado? —preguntó sorprendida la chica.
—Sí, pero por suerte, los otros han venido a buscarme.
—¿Quiénes?
—Los que tienen humanos en su grupo —dijo Neila, sentándose en su cama y pasándose una toalla por el pelo —. Esos son los buenos.
—¿No se supone que todo eso era un secreto? —preguntó una voz salida de la nada.
—Muy bonito, hermanita, ¿algo más que decir? —regañó una segunda voz.
—¡¿Qué ha sido eso?! —se sobresaltó Arya.
—Ahora ya sí que es imposible ocultarlo más —suspiró Neila sacando su D-Tector de entre la ropa que había cargado —. Ya que habéis hablado, sería bueno que os presentéis a Arya y no le hagáis pensar en fantasmas…
...
La luna estaba alzándose cuando el primero de los encapuchados decidió abandonar el árbol en el que se encontraban, saltando ágilmente de rama en rama. Su compañera no tardó en seguirlo, algo más lenta.
—Tengo frío. ¿Vamos al fin a la casita? —preguntó la de detrás.
—No.
—¿Por qué?
—Están los demás allí.
—¿Y qué?
—Nos quitarán la capucha en cualquier momento.
—Nos la quitaremos en cualquier momento nosotros mismos. No es excusa.
—Nadie nos reconoce —dijo, deteniéndose en una rama y permitiendo a la otra alcanzarle.
—¿Y estás molesto por ello?
—No —negó —. Pero recuerda qué dijo una vez papá.
—Que es más seguro para nosotros que nadie sepa quiénes somos o qué podemos hacer…
—¿Recuerdas el por qué?
—No —negó pensativa —. ¿Tú sí?
—Sí —asintió —. Y precisamente por ello, prefiero que sigamos lejos de ellos un poco más.
—¡Estoy cansada de esto! ¡Quiero ir con ellos!
—Yo también quiero ir, pero ya te he dicho que no podemos —dijo —. No es seguro.
—¡Son ellos! ¿Qué peligro puede haber? —protestó dando media vuelta.
—¿A dónde vas?
—Estoy enojada. Voy al edificio en el que están ellos.
—No seas loca…
—Si quieres, puedes venir y ayudarme —dijo.
—¿Vas a hacer una de las tuyas?
—No me creo que no sepan quiénes somos —declaró preparándose para saltar —. Así que pienso verlo con mis propios ojos.
—No pienso colaborar en lo que sea que trames… En serio, me llevas por el mal camino.
—Mi hermanito, el santurrón —rió saltando a otra rama —. ¡No me llores cuando te arrepientas!
—Dudo que lo haga —se encogió de hombros.
...
Takuya no paraba de dar vueltas en la cama, incapaz de dormir. Fastidiado, cogió el despertador y miró la hora por enésima vez esa noche y murmurando lo más bajo que pudo cuando descubrió que, desde la primera vez, sólo había pasado media hora.
—Esto es demasiado —susurró tomando el D-Tector y mirando la pantalla. Ningún digimon apareció en ella —. Mejor dar una vuelta —decidió.
Con cuidado de no despertar a William, se puso las bambas, cogió una chaqueta y salió del cuarto, vigilando a un lado y a otro para no toparse con Jim. Agradecido por la suerte de no contar con el vigilante, echó a correr hacia arriba, en busca de una ventana para salir al tejado. Aunque le sorprendió ver una abierta, no se imaginó que alguien se le había adelantado en su aventura a lo más alto del edificio.
—¡Qué susto! —oyó el susurro a su espalda.
—¿Leire? ¿Qué haces aquí? —preguntó extrañado.
—Algo me dice que ninguno de los dos puede dormir —rió.
—Bueno, es normal para ti… Te han secuestrado, te han llevado a otro mundo, has descubierto que tienes una compañera digimon que, a demás, es la mitad de tu alma… Muchas cosas en una sola tarde —dijo sentándose junto a ella y alzando la vista al cielo.
—Sí, muchas cosas —asintió imitándole —. Oye…
—¿Qué?
—Nada, es una tontería.
—Sé que hemos empezado con mal pie, pero se puede empezar de cero —dijo mirándola de reojo —. Y como eres nueva en el tema de los digimons, no te cortes en preguntarnos a cualquiera sobre tus dudas.
—No, no… —dijo rápidamente —. Bueno… quería preguntarte por ese collar que tienes.
—¿Eh? ¿Esto? —preguntó tirando de la cadena —. Es algo que tengo desde parvulario. ¿Por qué lo preguntas?
—Ah, no… Me ha llamado la atención —dijo desviando la mirada.
—Ya, porque es raro que un chico tenga algo así, ¿no? —preguntó tirando hasta que el dije de la salamandra estuvo en su mano —. Es un amuleto. Trae buena suerte.
—¿De verdad? —preguntó —. Yo también tengo uno, aunque ni por asomo es tan bonito.
—Seguro que no es cierto —rió Takuya.
—Sí, mira —dijo sacando de su bolsillo una cuerda con un dije de cerámica al final.
—Un ángel muy curioso —señaló Takuya.
—¿Y cómo sabes que es un ángel? —preguntó la chica.
—Se ve claramente. Eso son las alas, dobladas hacia dentro. Aquí la cabeza… Esto los pies…
—¿Tan claro es? —preguntó dándole la vuelta y dejando ver una pequeña muesca en la parte trasera.
—Eso… —los ojos del castaño se abrieron de par en par, tomando el objeto entre las manos y alternando la mirada de él a la chica —. ¡No fastidies! —gritó señalando el dije con una mano temblorosa —. ¿En serio eres… esa niña de coletitas de la casa de al lado?
—¡Lo sabía! —señaló feliz ella. Casi al instante, Takuya se le abalanzó en un abrazo que la tumbó en el tejado.
—¿Dónde te habías metido? ¡Te largaste de Japón y jamás me llamaste!
—Perdí tu dirección —dijo avergonzada —. Y como no íbamos a regresar, decidí esperar al día en que pudiese viajar por mi cuenta, sin mis padres.
—Madre mía… Y pensar que, en vez de un reencuentro alegre, vamos y nos ponemos a discutir…
—La verdad, cuando llegamos a Kadic, nunca imaginé que ese chico tirado en el suelo podría tener tanto carácter…
—Por favor, no me recuerdes ese día —pidió, aún más avergonzado —. Bastante se burlaron de mí…
—¿Por qué?
—Supongo que, si tú eres como nosotros, medio humana y medio digimon, también tendrás recuerdos repentinos —dijo mirándose las manos —. Digamos que usaron el hecho de que llegasteis vosotras para ridiculizarme con cosas como "cuando hables con ellas, serás el chico que se desmayó" —dijo.
—No me hubiese burlado por ello.
—Ah, eso era una excusa… También me estaban picando por mi recuerdo, que…
—¿Qué?
—¡Gatomon lo sabía! —exclamó de pronto poniéndose en pie —. Maldita sea mil y una veces…
—Oye, ¿por qué dices eso?
—Ah, bueno… —dijo bajando la voz y desviando la mirada. Leire se echó a reír.
—Sigues siendo el mismo chico loco de cuando nos conocimos —dijo —. Me llenaste de barro, ¿recuerdas?
—Te pusiste como un basilisco —dijo antes de sonreír —. Igual que ahora.
—Quién iba a pensar que acabaríamos siendo amigos… Y que ahora pasaría lo mismo.
—Sí… Quién lo diría —aceptó.
—Echaba de menos tus tonterías —confesó Leire.
—Y yo tu aire marimandón, siempre queriéndolo todo perfectamente ordenado —rió.
—Admite que las cosas ordenadas están mejor —dijo antes de reír ella también —. Creo que será mejor regresar a las habitaciones.
—Cierto. Nunca se sabe cuándo puede aparecer Jim por los pasillos listo para castigarnos…
