Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Dieciséis: Bella

29 de agosto de 2022

Los Ángeles, California

Habíamos estado viviendo en la habitación de invitados de Alice y Jasper durante las últimas dos semanas. Fue un tanto divertido vivir con ellos otra vez, excepto que no me di cuenta de lo mucho que apreciaba vivir con Edward por nuestra cuenta. El primer día me puse gruñona al pensar en que ya no podía andar por ahí completamente desnuda.

Habiendo dicho eso, me sorprende lo triste que estoy por tener que dejarlos ya.

Jasper tenía que trabajar, así que Alice se ofreció a llevarnos al aeropuerto. Ella nos contó hace meses que había bloqueado el día en su calendario de grabaciones para poder hacer esto por nosotros.

Agradezco tenerla conmigo hasta el final.

—¿Recuerdan la vez que aquella mujer enloqueció en el avión e intentó abrir las puertas a medio vuelo y luego atacó a un montón de personas?

Las palabras salen de mi boca antes de poder detenerlas. Alice me mira con el ceño fruncido, y detrás de mí Edward se inclina hacia enfrente en su asiento.

—Nena, todo estará bien —dice con gentileza. Hago una mueca.

—Lo sé. —Pero no puedo convencer a mi cuerpo de eso. Mis dedos repiquetean con ansiedad sobre mi cadera y muevo las manos para sentarme en ellas.

Bien, estoy jodidamente asustada. Tengo miedo de subirme a un avión que tiene que cruzar un puto país por completo antes de cruzar el océano que acabó con el jodido Titanic, aunque en realidad el Titanic no se hundió, todo fue un fraude al seguro en su máxima expresión.

Siento que mis pensamientos empiezan a desvariar, intentando distraerme más y más. Porque no es solo el vuelo lo que me asusta. Me asusta empezar una vida en un país nuevo con mi esposo. ¿De quién es la jodida vida que estoy viviendo justo ahora?

El anillo en mi dedo anular izquierdo pesa demasiado y sigue sintiéndose un tanto raro. Lo rozo con mi pulgar antes de verlo. Edward eligió este anillo porque me ama y prometió estar a mi lado por el resto de nuestras vidas, durante toda mi locura.

La mayor parte de mi ser cree eso, pero una parte se pregunta si —estando en un nuevo país y con él bajo la presión de su doctorado— no seré demasiado loca para él. ¿Y si lo alejo porque no puedo mantener la cordura? Él es la única persona que conozco en todo el puto país, ¿y qué se supone que debo hacer si me abandona allá?

—¡Bella! —Las manos de Edward me rodean, abrazándome desde atrás del asiento, y jadeo—. Nena, respira. Suenas como si estuvieras a punto de desmayarte.

El peso de sus brazos me ancla e inhalo de golpe. Santa mierda, ¿este es un jodido ataque de pánico?

Siento que me ahogo desde el estómago y mi corazón está a punto de estallar fuera de mí o detenerse por completo. ¿Los corazones sufren de calambres?

—Carajo, Alice, oríllate.

¿Qué carajos voy a hacer? Sé que estoy demente. Edward dice que le gusto como persona, pero estábamos en una jodida pandemia cuando empezamos a salir. ¿Y si solo fue que no tenía otra opción?

Siento que los brazos de Edward dejan de rodearme y me ahogo otra vez, intento calmarme, ¿o tal vez necesito acelerarme? ¿Mi corazón se está deteniendo? No lo sé.

Se abre la puerta a mi lado y luego Edward me está quitando el cinturón y me gira para verlo.

—Nena, habla conmigo —me suplica, sus palmas se posan a cada lado de mi cara. Él llena mi campo de visión, bloqueando todo lo demás, y siento que al fin puedo respirar.

Inhalo temblorosamente y mis dedos le agarran la camisa, intentando aferrarme a él. Me jala a sus brazos, choco en su pecho, y el olor de su jabón y nuestro detergente y ese olor perfecto a él empieza a centrarme.

—Oye —susurra, siento sus labios moverse sobre mi cabello—. Habla conmigo.

Respiro profundo y me entierro más en él.

—Estoy jodidamente loca y no conozco a nadie en Europa y ni siquiera buscaste otras opciones después del confinamiento —gimo, mis palabras se atropellan entre ellas.

Edward se detiene, luego aprieta los brazos a mi alrededor y exhala un aliento que suena un poco a una risita.

—Bella —suspira—. Dios, te amo. —Me besa el cabello otra vez—. Nena, el que entendiera qué demonios acabas de decir demuestra lo mucho que te amo. —Se aparta un poco, y vuelve a sostener mi cara entre sus manos—. Podría pasar los siguientes cien años buscando y no encontrar jamás a alguien más perfecta para mí que tú. —Sus pulgares rozan mis mejillas y me doy cuenta de que estoy llorando—. Sé que tienes miedo de empezar una vida nueva allá. Yo también tengo miedo —admite—. Pero estamos en esto juntos, y si estar contigo me ha enseñado algo, es que tú y yo podemos lograrlo. Sin importar lo que suceda.

Mis labios están temblando con tanta fuerza que ni siquiera puedo intentar hablar. Se inclina para besarme con gentileza.

—Nena, no tenemos que hacer esto.

Sus palabras son como un choque de electricidad, regresándome a la vida. Inhalo profundamente, mirándolo.

—¿Estás bromeando? —digo con voz rota, parpadeando para alejar las lágrimas que quedan. Edward me mira con incertidumbre—. Tienes que ir a ser más inteligente que todos esos historiadores viejos y aburridos, y nada se puede interponer en eso. Es demasiado importante. —Mis dedos se cierran sobre su camisa.

—Eres más importante que todo eso —dice con gentileza. Respiro profundamente otra vez.

—Bien, bueno, quiero ir a Inglaterra y aprender qué carajos es un bollo mientras tú vas a enseñarle a esos esnobs en Cambridge cómo son las cosas.

La sonrisa de Edward le arruga la comisura de los ojos.

—¿Estás segura?

Lo jalo a mí para besarlo con fuerza. Dios, lo amo. Es tan jodidamente tranquilo y seguro, incluso cuando yo soy un desastre. Quizás especialmente cuando yo soy un desastre.

—Estoy segura de nosotros —digo, apartándome de él—. Ya me las arreglaré con lo demás.

Los ojos de Edward escanean mi cara y asiente después de un momento.

—Bien. —Sonríe un poco más; las cosas que eso le provocan a mi puto corazón—. Te amo.

Exhalo.

—También te amo.

La sonrisa que esboza siempre que se lo digo me destroza. Me besa una vez más antes de levantarse. Es entonces cuando me doy cuenta de que estamos en el estacionamiento de un McDonald's. Me muevo sobre el asiento para encontrar a Alice mirándome. Edward cierra mi puerta y la miro.

—Estaré bien, ¿verdad? —pregunto.

Ella me sonríe.

—Bella, si alguien puede arreglárselas al encontrarse en esta situación, eres tú. Tendrás a Europa de cabeza en poco tiempo.

Suelto una risita temblorosa.

—Claro.

Me codea.

—Y si alguna vez necesitas ayuda, sabes que Rose y yo solo estamos a un vuelo de distancia.

Tengo que parpadear para alejar más de esas estúpidas lágrimas cuando ella me dice eso. Sollozo y asiento mientras Edward se sube al asiento trasero.

—Gracias, Ali.