¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a la fiesta por el capítulo nº 50! -por favor, aplaudid con fuerza, que yo sola no puedo-
Como quien no quiere la cosa, la historia ha llegado a los cincuenta capítulos, aunque aún le quedan varios capítulos para alcanzar el ritmo que tenía en su versión antigua (tranquilos todos, también montaré fiesta cuando llegue ese momento). Así que tomad cada uno un vaso de plástico y brindemos por otro gran puñado de capítulos más (ya os digo yo que 50 más de sobras que los hay... pero vamos que si sobran...).
Antes de que empecéis a leer, os recuerdo como siempre que Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a dos compañias lo suficientemente grandes como para que raf-lily y yo no tengamos autoría en más allá de unos pocos personajes y la idea principal de esta locura. Asimismo, repito que un review en esta época del año es como un baño refrescante y que quien quiera lanzar medusas más le vale no quejarse si se las devolvemos a raquetazos. Aunque si no lo dejáis, al menos agradecemos vuestro tiempo leyéndonos y esperamos que cuando esta locura llegue al fin, os haya gustado todo el camino.
Así que ahora ya, sin nada más que decir, os dejamos con el capítulo para que lo disfrutéis.
Capítulo 50: Bromas pesadas, burlas y risas
Botes de cera y un trapo era todo cuanto cargaba por los pasillos de Kadic. Su risa, ahogada, apenas era oída al amortiguarla contra su brazo. Le había costado toda la noche preparar todo sin ser descubierta. Poco a poco, su travesura llenó el centro por completo antes de que el sol se alzase en el horizonte. Tiró todo al primer contenedor y recorrió todos los pasillos una vez más, asegurando la posición de las colchonetas que había tenido que arrastrar ella sola desde el gimnasio.
—¿No te parece excesivo? —la pregunta la pilló por sorpresa, aunque la reconoció al instante y siguió a la suya.
—Quizás son demasiadas colchonetas… No debí tomar las de yoga ni los colchones viejos —respondió pensativa.
—Hablaba de la cera.
—No hay peligro —dijo —. Seguro que no pasa nada.
—Eres un desastre, hermanita… Normal que siempre acabásemos mal…
—Para una vez que funcionará perfectamente y sin papá haciendo trampas, déjame disfrutar de la fiesta —protestó con los brazos en jarra.
—¿Has acabado ya? Quiero dormir.
—Haberlo hecho. No soy una digimon indefensa —respondió.
—No te enteras de nada…
Pocas horas más tarde, los despertadores empezaron a sonar por todo el edificio de dormitorios. Algunos eran parados casi al instante; otros seguían haciendo ruido, mostrando el poco entusiasmo de los adolescentes para ir a clase.
—Ya es de día —dijo Ulrich, escondiéndose aún más bajo las sábanas tras parar el despertador —. Estaba demasiado bien durmiendo…
—¿A qué día estamos? —preguntó Odd, apareciendo entre las sábanas.
—Viernes…
—¡Tortitas con sirope! —chilló levantándose de un salto —. Si no salgo ya, no podré pillar ración doble —dijo rebuscando su ropa a toda prisa —. Ulrich, se siente, pero hoy no me pidas que te espere. Tengo una cita con el desa… ¡AAAAAH! ¡ULRICH, SOCORRO!
—¿Odd? ¿Qué pasa? —preguntó Ulrich, enredándose en las sábanas y cayendo al suelo ante el grito del rubio.
Varias puertas más fueron abiertas, acompañándolas de gritos de sorpresa y golpes por todo el pasillo que obligaron a Ulrich a asomarse para ver un espectáculo increíble. Todos sus compañeros resbalaban por el suelo, algunos apoyados en la pared y mirando con temor al suelo.
—¿A QUÉ VIENE TANTO JALEO DE BUENA MAÑANA? —exclamó Jim, abriendo la puerta y asomándose. Gritos femeninos llegaron hasta ellos altos y claros, haciendo que el profesor pusiera un pie fuera del dormitorio —. ¿Qué ha…? ¡AAAAAAAAAAAH!
Sin poder evitarlo, Jim resbaló y empezó a patinar sin control directo a una pared. Aunque Ulrich quería ir a ver qué ocurría, decidió permanecer en el quicio de la puerta, inclinándose hacia delante para intentar ver cómo se encontraba el profesor. Como si nada, Tommy pasó patinando en perfecto equilibrio hasta llegar al adulto, igual que Odd, aunque el rubio lo hizo de rodillas aprovechando que resbalaba.
—¿Está bien? —preguntó el samurai.
—Perritos… muchos perritos… —oyó decir al profesor.
—¡No le eches la culpa a Kiwi! ¿Desde cuándo los perros enceran suelos y ponen colchonetas en las paredes? —protestó Odd.
—¿Colchonetas? —preguntó Jeremy, desde su puerta.
—Sí, mira, ahí también hay —señaló Teruo, asomado junto a él.
—¿Pero qué demonios ha ocurrido aquí? —preguntó Takuya, apoyando con cuidado un pie. Aun así, el fuerte encerado lo llevó a resbalar y caer de culo al suelo.
—¿Estás bien? —preguntó William.
—No…
—¿Y cómo vamos a salir de aquí? —preguntó Teppei.
—Si patináis, lo lograréis —dijo Tommy, pasando como si nada.
Las voces de las chicas, algunas protestando y otras llorando, indicaron al grupo que también ellas debían estar sufriendo un encerado demasiado fuerte en su pasillo. Sólo el ruido de pasos por las escaleras indicó que alguien había logrado salir de la trampa.
—¿Quién es el genio que ha hecho esta broma sin que nadie lo pillase? —preguntó Odd, sentado en el suelo y empujándose para desplazarse por el pasillo.
—¡¿Quién es el gracioso que ha encerado el pasillo?! —rugió Sissi, apareciendo a la entrada del pasillo a sus dormitorios a la pata coja —. ¡¿Sabéis lo peligroso que…?!
—¡No entres! —chilló Odd, pero la chica ya había puesto un pie en el suelo encerado y se deslizaba peligrosamente. Con dificultad, resbaló en el suelo hasta quedar en línea con ella para frenarla, aunque sólo logró que los dos se quedasen tirados en el pasillo.
—¡Ay, ay, ay…! Maldita sea…
—Dime al menos que no te has vuelto a golpear —pidió Odd.
—¡Wah! Perdón, Odd —dijo intentando levantarse sin éxito. Todos sus intentos la hacían resbalar y caer de nuevo encima del rubio.
—¿Os ayudo, parejita? —preguntó Tommy, riendo alrededor de ellos.
—¡No hace falta! —dijo rápidamente la morena, pero volvió a caer.
—Déjame hacer a mí —pidió Odd, cogiéndola por la cintura y volteándose para quitársela de encima —. Yo te sujeto y tú te vas levantando… Y luego me ayudas a mí.
—Vale…
—¿Aquí también? —preguntó Zoe.
—Y con una baja —señaló JP.
—Suerte de las colchonetas —dijo la chica —. A mí me ha frenado una cuando he ido a ayudar a Sissi.
—Por eso creo que será mejor que vayamos resbalando el culo para movernos —dijo Takuya, empujándose con los pies contra la pared —. Desde el suelo, no te caes.
—Mejor no te impulses con demasiada fuerza o sí caerás —rió otra voz femenina.
—¡Leire! —exclamó, intentando levantarse y cayendo bruscamente de espaldas —. Ay… eso ha dolido…
—Quédate ahí, bobo —rieron las dos a la entrada.
—¿Se os han pegado las sábanas a todos o qué? —apareció Yumi.
—O nosotros nos hemos levantado demasiado pronto —observó Koichi.
—Buenos días —saludó Zoe intentando avanzar a pasitos cortos para no resbalar hacia ellos.
—¿Va todo bien? —preguntó Kouji acercándose a ella, pero un bulto en chándal se interpuso entre ambos —. ¿QUÉ HACE JIM ASÍ?
—Perritos…
—El pobre se ha golpeado demasiado fuerte y ni la colchoneta le ha ayudado —dijo Katsuharu, tanteando el suelo en busca de zonas sin cera.
—¿Por qué sigue echándole las culpas a Kiwi? ¡Ni un perro ni ningún animal cuadrúpedo podría hacer esto! —gritó Odd, aún con Sissi en el suelo.
—¿Qué hacéis ahí tirados vosotros dos? —preguntó Yumi con diversión.
—Yo lo he intentado —señaló Tommy —. Pero la parejita prefiere hacerlo sola.
—No es por gusto, sino por seguridad —dijo la morena, desviando la mirada.
—Mejor os ayudo —rió la morena dejando la mochila y apoyando un pie en el suelo.
—Ten cuidado —pidió Koichi mientras Kouji tendía la mano a Zoe y a Leire para ponerlas en suelo seguro.
—¡¿ES QUE NADIE TRAE UNA MALDITA CUERDA PARA SACARNOS DE AQUÍ?! —sonó de pronto.
—Ese potencial de voz… —empezó JP.
—Es Chiaki —suspiró Teruo —. Y está furiosa…
—¿Es que vosotras también estáis así? —preguntó Kouji.
—Sissi se ha golpeado la rodilla, Aelita está sentada delante de su puerta, yo me he chocado con una colchoneta… Salvo las escaleras, parece ser que el resto de pasillos están igual.
—Subamos a ayudar allí arriba —señaló Koichi.
—¿Podéis apartar primero a Jim de ahí, por favor? —pidió Jeremy, gateando con cuidado por el suelo arrastrando una sábana.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Takuya.
—Entre todos, podremos hacer un camino con las sábanas… Dudo que Jim nos regañe por ello.
Media hora más tarde, después de que Tommy, Yumi, Zoe, Leire y los gemelos lograsen sacar a todos de los pasillos encerados, todo el mundo alcanzó las escaleras y empezó a dirigirse a las clases, algunos frotándose los golpes por las caídas y otros cargando con esfuerzo y cuidado a Jim hacia la enfermería. La sorpresa vino cuando, al llamar a la puerta, se encontraron con todo un grupo de profesores tumbados en las pocas camillas de la enfermería con dolores de espalda por caídas.
—Esto me huele a digimon encerrado —susurró Gatomon cuando entraron al comedor.
—¿Un digimon? —preguntó Jeremy.
—No creo que un humano sea capaz de encerar Kadic entero en una noche. Y cuando he vuelto esta mañana, os he visto a todos desde las ventanas sufriendo golpes… Creo que, de haber sido alguno de vosotros, habría intentado evitar no golpearse o, por lo menos, tener caídas suaves.
—Pero los digimons han estado en los D-Tectors toda la noche —susurró Chiaki.
—Perdonad… ¿Podemos sentarnos? —preguntó Leire. Tras ella, Neila y Arya esperaban con sus bandejas.
—Adelante —asintió Takuya, haciendo hueco a su lado.
—Hay algo que debemos decir —dijo Neila —. Tuvimos que confesarle a Arya sobre… lo ocurrido ayer.
—Os prometo que no diré nada —dijo rápidamente Arya —. ¡Os ayudaré en lo que sea! Entretendré a Milly y a Tamiya, os excusaré ante los profesores… ¡Lo que sea!
—¿Lo sabes todo? —preguntó Jeremy, con una mueca cansada.
—Bueno… Todo cuando mis primas me han dicho —respondió la morena mirando a sus familiares —. Ya he conocido a sus dos digimons, BlackGatomon y Tailmon… Y por el aspecto, creo que la mascota de Kadic también es un digimon…
—No se puede hacer nada —suspiró Aelita apoyando una mano en el hombro del informático —. Entiende que Arya es prima de Leire y Neila. Si ellas se ausentan porque, tal y como parecen haber acabado las cosas, necesitan que les respondamos dudas, acabará sospechando de ellas y podría seguirlas… Mejor que nos haya descubierto así que de la otra forma.
—Estoy de acuerdo en eso —asintió Yumi —. Aunque es cierto que, cuanta menos gente lo sepa, mejor.
—No tenéis que preocuparos, guardaré vuestro secreto —aseguró Arya.
—Entonces, bienvenida al conocimiento digital —dijo desganado Jeremy.
—¿Qué parte de "es secreto" no entiende la gente? —preguntó Odd haciendo resbalar el tenedor por el plato —. ¿Eh?
—¿Qué te pasa, Odd? —preguntó Ulrich.
—Mi tortita ha desaparecido —dijo —. Estaba aquí y ahora…
—Si es tu excusa para querer repetir, es muy mala —rió Aelita.
—Te juro que aún me quedaba más de media tortita.
—Ji, ji, ji… —unas risitas alertaron al grupo, que se miró entre ellos buscando al responsable. Al no ver a nadie, todas las cabezas se agacharon, encontrando a una figura encapuchada allí oculta —. Gracias por el desayuno, chicos. Estaba… ¿cómo decía el tito? ¡Ah, sí, famélica!
—¿El desayuno? —preguntó Takuya.
—¡AAAAAAAAH! ¡LAS TORTITAS! ¡LADRONA! —chilló Odd.
—Deja de montar numeritos, Odd. No eres el único al que le han vaciado el plato —dijo William.
—Esa digimon… me las va a pagar —susurró Gatomon viendo su cuenco de leche vacío.
—¿Es una indirecta que mi desayuno haya desaparecido… plato incluido? —preguntó JP con un suspiro de resignación.
—Venga, hombre, no pienses lo que no toca —intentó animar Tommy.
—Podemos compartir los que aún tenemos comida en los platos —propuso Zoe, pasando la mirada a los platos que, como el suyo, aún conservaban tortitas.
—¿Crees que con eso nos vamos a alimentar? —preguntó Odd.
—He visto tu plato y sé que has comido bastante, así que como mucho se te podría dar media tortita. El resto, se divide entre los demás —declaró Sissi.
—Eh, no, sed buenos y repartid a partes iguales —dijo Takuya.
—Estamos siendo proporcionales —respondió Aelita, cortando su desayuno intacto y tomando los otros platos aún llenos para seguir repartiendo.
Tras superar los incidentes del desayuno, el grupo se preparó para acudir a clases, aunque ninguno tenía seguro si eso sucedería por la cantidad de profesores aún tumbados en la enfermería.
—Las clases quedan suspendidas porque un cocodrilo abrió un cofre de piratas que… ¿Quién demonios ha escrito esto? —preguntó, notablemente molesto, el director.
—Oh, vaya, hasta mi padre ha sido víctima de esa digimon —suspiró Sissi mientras se oía al señor Delmas carraspear por los altavoces.
—Como sea. Las clases quedan suspendidas en el día de hoy —logró decir.
—¡Se adelanta el fin de semana! —exclamó Odd lanzando la mochila.
—No, si ya verás tú cómo al final alguien muere por un mochilazo —protestó Ulrich.
—Propongo ir en busca de esa digimon —dijo Gatomon —. Sin clases y con todo el personal de Kadic con contusiones, nadie se dará cuenta de que habéis desaparecido de aquí.
—¿Os puedo acompañar? —preguntó Arya.
—Cuantos más seamos, mejor para atraparla —aceptó Gatomon antes de que nadie pudiese decir algo en contra.
—¿Cómo es posible que Kadic entera aún no sepa el secreto? —cuestionó Odd.
—A mí lo que me preocupa más es la actitud de Kouji y Zoe —señaló Takuya de pronto —. Desde ayer que no hacen más que cuchichear…
—Es algo normal en una pareja, ¿no? —preguntó Tommy. Zoe no tardó en intentar aguantar la risa.
—No, no lo es —declaró —. Ya estáis diciéndome qué os pasa a vosotros dos. Ayer en el castillo de la Rosa de las Estrellas también os la pasasteis cuchicheando en vez de correr para salir de allí cuanto antes.
—Takuya, no seas aguafiestas —negó Kouji.
—Eh, eh, que ahora yo también quiero enterarme del chiste —se les acercó Odd.
—Y yo. ¿Por qué me has dejado al margen, hermano? —pidió Koichi.
—No fue mi intención pero es que tú no lo viste…
—A demás, preferíamos no hacerte reír para después reírnos nosotros de ti —interrumpió Zoe a su novio.
—¿Eh? ¿Qué queréis decir? —preguntó Emily.
—¿Seguro que queréis que lo digamos? —preguntó Kouji. Todas las cabezas asintieron al unísono —. Veréis, ayer nos tocó pelear contra Myotismon.
—Odio a los Myotismon —se estremeció Gatomon —. Vampiruchos estúpidos…
—Como Takuya, Kouji y yo estábamos a un nivel superior, es evidente que nos tocó frenarle los pies —siguió contando Zoe —. Y de mientras, los demás escapaban con Leire. Es por eso que nosotros tardamos algo más en salir.
—Vale, hasta ahí todo normal —aceptó Katsuharu —. ¿Qué es lo gracioso?
—Que mientras salíamos, nos encontramos con Leire acorralada por un Phantomon bastante malo en eso de la puntería —dijo Kouji.
—Al parecer, atraigo a esos bichos —se encogió de hombros la chica.
—¿Os reís de la puntería del Phantomon? —preguntó Tommy.
—No, no —negó Zoe —. Takuya no le dio tiempo a verle llegar. Lo calcinó, casi se deja los datos por ahí flotando y se agachó junto a Leire.
—Pues no le veo la gracia —dijo JP.
—La gracia está en que después de eso y por lo que Zoe me ha comentado de la cena de anoche, Takuya ha pasado de echarle piedras a cederle absolutamente todo —dijo Kouji.
—¿Y? —preguntó Takuya.
—¿Es tu forma de compensarle a la pobre Magnadramon las palabras feas? —preguntó Zoe.
El color subió rápidamente al rostro de Takuya, provocando las risas en absolutamente todos alrededor y la confusión en Leire, Neila y Arya, que miraban a un lado y a otro sin comprender por qué, de pronto, Takuya echaba a correr en pos de los otros dos con intención de atizarles.
—¿Qué nos hemos perdido? —preguntó la morena.
—Os lo contaré luego —prometió Emily.
—Ahora la pregunta es… ¿Por qué yo dejaría de reír? —preguntó Koichi.
—Está claro —dijo Yumi, empezando a caminar hacia la línea de árboles —. Aún no está del todo claro cómo es posible que la doble digievolución de Chiaki sea tan oscura. Seguro que se preguntan si tus espíritus digitales le han afectado por algún motivo oculto.
—No creo que eso sea… —empezó a decir.
—¡Seguro que eso ha sido cosa de Zoe! —exclamó Chiaki —. ¡VEN AQUÍ, ORIMOTO! —exclamó echando a correr ella también.
—¿Pero por qué actúa así? —preguntó Koichi.
—Tu hermano tiene razón —suspiró Yumi, deteniéndose y mirándolo con algo de incredulidad —. Eres demasiado inocente, primito…
