Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Diecisiete: Bella

29 de agosto de 2022

Durante el vuelo

—Señor, ¿puedo ofrecerle algo más?

Juro por Dios que esta es la octava vez que esta perra ha venido a preguntarle eso. Ella está ignorando a todos los que están a nuestro alrededor y sigue interrumpiendo nuestra película.

—No, está casado —espeto, prácticamente recostada sobre su pecho. Edward resopla debajo de mí y la azafata parpadea, ya sea que esté sorprendida por mi audacia o porque se acaba de dar cuenta que estoy junto a él.

—Um, sí, por supuesto —dice, sacudiendo un poco la cabeza—. Bueno, avísenos si necesitan algo. —Me lanza una mirada antes de huir por el pasillo del avión. Edward me rodea los hombros con su brazo y lo miro.

—¿Estás celosa? —bromea. Bufo.

—Solo estoy protegiendo tu virtud.

Edward se ríe tan fuerte que sobresalta a todos en un radio de seis asientos a nuestro alrededor. Entierra la cara en mi cabello, aferrándose a mí mientras se sacude a causa de su risa. Me acurruco más en su costado. El avión es más grande que cualquier otro en el que me haya subido y tiene dos asientos en las filas de la orilla, con cuatro asientos en medio del avión. Edward me dice que hay aviones más grandes que este, lo cual parece una estupidez. Tenemos un par de asientos para nosotros en una de las orillas y Edward, siendo el hombre solidario que es, me dejó tomar el asiento de la ventana. Es un gran gesto, pero he estado bebiendo agua sin parar. Edward dice que es normal deshidratarse en vuelos largos como este y tal vez es verdad, pero estoy tomando tanta agua que he tenido que orinar casi cada hora. No hay forma de ganar conmigo.

Me acurruco otra vez en el costado de Edward para reanudar nuestra película cuando siento ganas de hacer pipí otra vez. Me aguanto tanto como puedo, pero estar en un avión me está jodiendo la vejiga.

—Amor —me quejo. Edward suspira, pausando su iPad.

—¿En serio?

Empieza a levantarse, pero estoy trepando sobre él antes de que pueda moverse. Gruñe cuando casi le doy un rodillazo en las pelotas.

—Bella —dice con voz ahogada.

Me paro en el pasillo y bajo la vista hacia él. Bien, sí, estoy medicada justo ahora, lo cual me mantiene tranquila en su mayor parte, pero también me está jodiendo mucho el equilibrio. Probablemente no debería intentar gatear sobre él en esta condición.

—Perdón. —Le lanzo una sonrisa apenada y palmeo su hombro antes de dirigirme al baño.

Es asqueroso, absolutamente pequeño y huele terrible. Es un alivio poder orinar, pero en cuanto me levanto la presión de la cabina me hace sentir que tengo que orinar otra vez. Es jodidamente irritante.

Me lavo las manos y regreso por el pasillo hacia mi asiento. Un idiota está recostado con las piernas extendidas sobre el pasillo y entorno la mirada al acercarme. Alza la vista cuando me detengo a su lado, pero luego mueve la mirada otra vez hacia su película.

Así que lo pateo.

El tipo salta, sorprendido, y abro los ojos lo más que puedo.

—Dios, ¡turbulencia! —digo con voz extremadamente dramática—. ¡Es mejor que cuides tus cosas! Detestaría que te arrebataran algo.

El tipo me mira enojado, sigue demasiado sorprendido para contestar, así que me doy la vuelta y huyo por el pasillo. Me trepo sobre Edward, sorprendiéndolo al hacerlo.

—Sabes que puedo ponerme de pie —gruñe. Me acomodo en su regazo por un momento.

—No, me gusta manosearte.

Se ríe y me rodea la cintura con sus brazos, me sostiene sobre él antes de poder bajarme por completo.

—A mí también me gusta —susurra.

Su beso es justo lo suficiente para encenderme y me aparto de él gruñendo.

—No. —Hago un puchero, me quito de encima de él y me acomodo en mi propio asiento.

—¿No? —pregunta Edward, alzando una ceja con diversión.

—El baño es asqueroso y hay niños cerca —bufo. Edward sonríe, entrelazando sus dedos con los míos.

—Así que sí tienes límites.

Le saco la lengua mientras se ríe.

—Vamos. —Lo golpeo con mi hombro—. Terminemos de ver esta maldita película.