¡Buenas a todos! ¿Qué tal? Yo asfixiada por el calor, derretida como un helado... Pero bueno, voy sobreviviendo.

Al fin llega uno de los momentos que muchos habéis querido. Así que no nos vamos a entretener mucho hoy y os dejamos disfrutar de dos trastomons y sus trastadas.

Eso sí, os recuerdo que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen, que lo único que es nuestro es algún que otro personaje y la idea loca... Y que los reviews son bien agradecidos siempre y cuando vengan con buenas intenciones (abstenerse todo aquel que no escriba nada coherente o hiriente hacia los demás, como habéis estado haciendo hasta ahora -mil gracias a todos vosotros por vuestro silencio, sois unos cracks-).

¡Saludos a todos!


Capítulo 51: Los más jóvenes

Bokomon seguía abriendo libros, pasando páginas y no entendiendo absolutamente nada. A su lado, Neemon dormía plácidamente, con algún que otro ronquido que se llevaba un insulto por parte del cerdito. En otro rincón de la casa, Patamon y Lopmon estudiaban todos los rincones de la Ermita en busca de útiles con los que defender el lugar.

—¡Eh! ¡Los de abajo! —llamó BlackAllymon desde el piso superior —. Los niños vienen.

—¡Voy a poder pedirles que me enseñen a leer! —exclamó con ilusión el de faja rosa.

—Dudo que tengan tiempo para eso, Bokomon —negó Lopmon.

—Vienen con las chicas de ayer y una niña más —informó BlackTamekimon.

—¿Otra niña?

—No nos suena de nada —corearon ambas.

—¿Va Gatomon con ellos? —preguntó Patamon.

—Está en brazos de Aelita —respondió la clon del agua.

—Escondámonos por si acaso —dijo Lopmon.

—¡DESPIERTA, TONTOMON, TENEMOS PROBLEMAS! —exclamó Bokomon, tirando del elástico del pantalón rojo.

—¡AY! Bokomon, estaba dormido… ¿Por qué eres tan malo? —lloriqueó el conejo.

—No hay tiempo para bobadas, ¡vamos a ocultarnos!

En el mayor de los silencios, el sonido de la puerta abriéndose alertó a los digimons de la entrada del grupo.

—¡Hey! ¿Dónde estáis? —chilló Gatomon.

—¿Gatomon? ¿No veníais con una desconocida? —preguntó Patamon, asomándose por encima de un armario.

—No hay problema —respondió alzando la vista hasta el digimon —. Perdonad que no os hayamos avisado.

—¡Ningún problema! —exclamó Lopmon, apareciendo de un cesto a poca distancia del grupo y sobresaltando a más de uno.

—¡Pero qué cucos son! —exclamó Arya, cogiendo en brazos al digimon de orejas largas —. Y suavecitos…

—Mi nombre es Lopmon, mucho gusto —se presentó.

—¡Bokomon, Neemon, Kim, Yla, no hay peligro! —siguió llamando Gatomon.

—¿Seguro? —preguntó Bokomon, asomando la cabeza por la puerta de la cocina. Ante los asentimientos, apareció tirando del pantalón de Neemon.

—Pensamos que debíamos escondernos —sonó la voz de BlackTamekimon por encima de sus cabezas. Ella y BlackAllymon bajaron las escaleras y se unieron al grupo.

—Oye, por un casual, ¿están aquí los dos encapuchados de ayer? —preguntó Odd —. Esa renacuaja es una ladrona de tortitas.

—Se queja el que ya se había acabado una ración normal —susurró Ulrich.

—No, aquí sólo estamos nosotros —dijo Patamon.

—¡Vuela con las orejitas! —exclamó Arya, estirando un brazo hacia él y acariciándolo.

—¡Hola! ¡Me llamo Patamon! —se presentó sonriente —. Ellos son Bokomon y Neemon. Y las que han bajado son BlackTamekimon, a la que llamamos Kim, y BlackAllymon, a la que llamamos Yla.

—Yo soy Arya. Soy prima de Leire y Neila —se presentó la chica.

—¿Ella también es parte digimon? —preguntó Neemon.

—¡Mira que eres tontomon! ¡Es una humana! —exclamó Bokomon agitando un puño. Al instante, se quedó parado —. Porque es una humana, ¿no?

—Leire y Neila han resultado ser Tailmon y BlackGatomon, que es familia de Mikemon y Gatomon… —empezó a decir Odd —. ¿Eso hace que sean hermanas de Emily?

—Yo no las conocía de nada —negó la de gafas.

—¿Y Arya? —preguntó Teppei.

—La dama Ophanimon sólo tenía tres hermanas. Ningún otro familiar cercano —dijo la voz del digimon encapuchado a la espalda de todos.

—¿Cuánto lleváis ahí? —preguntó Jeremy, mirando con sorpresa al dúo encapuchado sentados en lo alto de la escalera.

—Acabamos de llegar —respondió la digimon.

—¡TÚ! ¡¿QUÉ HAS HECHO CON MI DESAYUNO?! —gritó Odd.

—Le has cabreado… —susurró el digimon

—¡El perrito nos va a morder! —chilló burlona la otra.

—¿De qué vas llamándome perrito? ¡Ésta sí que no te la paso! —exclamó lanzándose contra ella, pero para cuando quiso darse cuenta, ambos encapuchados habían desaparecido y su cara acabó estrellándose contra la escalera.

—Qué rápidos… —susurró sorprendido Teruo.

—Jo, tío Anubismon es más lento ahora que antes —refunfuñó la digimon.

—¿Anubismon no era uno de los Guardianes? —preguntó Katsuharu.

—¿Guardianes? —preguntaron las Sunshine. Jeremy enseguida les hizo un gesto pidiéndoles esperar.

—¿Por qué le habéis llamado Anubismon? —quiso saber el informático.

—¡Vaya preguntas haces! —exclamó la digimon entre risas.

—Así se llama —señaló el otro —. Igual que tú eres MirageGaogamon.

—¿Cómo sabéis eso? —preguntó Chiaki sorprendida.

—Porque os conocemos a todos —respondieron.

—¿A… todos? —preguntó Sissi.

—Bueno… a ella no —negó el digimon apuntando a Arya con una garra plateada.

—¿Y a ellas dos? —preguntó Emily, señalando a las otras dos Sunshine.

—La de la izquierda es BlackGatomon y la de la derecha es Magnadramon, la novia de Grey-chu —rió la digimon.

—¿Cómo es esto posible? —preguntó Aelita.

—Porque os conocemos de hace mucho tiempo, tía Dianamon —respondieron.

—¿Podéis no llamarnos con el nombre de digimon? Nos suena un poco raro —pidió Takuya.

—Vale, tito Grey-chu.

—Takuya.

—Grey-chu —insistió la digimon.

—Ta-ku-ya.

—Grey-chu.

—Ta…

—Ya vale los dos —resopló Zoe.

—Perdonadnos, es que no estamos acostumbrados a vuestros nombres humanos —se disculpó entre risillas el otro digimon.

—¿Podéis decirnos ya quiénes sois? —pidió Odd, tirado aún en las escaleras.

—¿Es que no lo sabéis? —preguntó preocupada la encapuchada —. ¿Ni un poquito?

—Pero si sabéis que sois los Guardianes… —dijo el otro, volteándose a su compañera y encogiéndose de hombros bajo la capucha —. Ya te dije que era arriesgado.

—¡Me da igual! —declaró empezando a tirar de la tela.

Desde sus sitios en sillones, sillas y el mismo suelo, el grupo esperó hasta que la digimon logró deshacerse de la tela que la cubría. Una criatura de aspecto infantil, ataviada con un protector y unos pantaloncitos negros con bordados dorados y unos botines también negros alzó la mirada al grupo y unas garras doradas similares a las de Gatomon. De no haber sido por su piel dorada, el cabello y los ojos morados y las orejas puntiagudas que la hacían parecer una elfita, aquella criatura podría haber colado como una niña humana cualquiera.

—Hola —dijo con cierta timidez. Todos se miraron con confusión.

—¿Tampoco así? —preguntó su compañero. Al contrario que la otra, él era claramente un digimon, una especie de gato plateado de ojos amarillentos.

—¿No sois los dos iguales? —preguntó Jeremy —. Como tienes garras…

—¡Son guantes! —exclamó sonriente quitándose una y mostrando la mano normal.

—¿De verdad no nos reconocéis? —preguntó el gato.

—¡Los mellizos! —exclamaron los tres ángeles, acercándose a ellos y rodeándolos —. ¿Dónde os habíais metido? ¡Os buscamos por todas partes! Oh, cielos, menos mal que estáis bien… ¿Qué os ha pasado?

—Vosotros no contáis —murmuró la criatura, cruzándose de brazos y amenazando con llorar.

—Chicos, ¿podéis decirnos quiénes son? —pidieron Takuya y Odd.

—Son Crossdemons —respondió Gatomon.

—¿Cuál de los dos? —preguntó Sissi.

—Los dos —respondió Patamon.

—¿Y tienen el mismo nombre? Pero si son diferentes —dijo JP.

—La verdad, ni se parecen físicamente ni tienen poderes similares —dijo Lopmon.

—Pero nacieron los dos del mismo digihuevo —añadió Gatomon.

—Quizás nos recuerdan por los otros nombres —dijo la digimon con ojos esperanzados —. Yo soy Timy.

—Y yo Ace —añadió el otro.

—¿Timy y Ace? —preguntó extrañado William.

—Por sus digievoluciones —explicó Patamon —. Timemon y Spacemon.

—Supongo que, a menos que lo recordéis, no lograréis entenderlo —suspiró Lopmon antes de volverse hacia los niños —. Ellos son dos digimons especiales que…

...

Sakuyamon no sabía si reír, llorar o ponerse a gritar como una histérica ante lo que se encontró al ir a por un vaso de agua. Que era obra de los dos pequeños digimons que habían salido a gran velocidad era algo más que evidente.

¡NIÑOS! el grito de la guerrera del viento la trajo de vuelta a la realidad —. ¡OS HE DICHO MIL VECES QUE NO SE CORRE POR CASA!

¿Qué ha pasado aquí? preguntó la digimon zorro, mirando a un lado y a otro de la cocina.

Todas las ganas de ayudarme han desaparecido en cuanto han visto a Garuru regresando del entrenamiento. ¡Adiós a media docena de huevos y un saco de harina!

¿Qué se le va a hacer? Tienen ganas de jugar con papi rió —. Voy a ver si encuentro a Mer para que ayude.

Dar con la digimon sirena no fue complicado. Ancient Mermaimon tenía su atención en informes y más papeles que no dudó en dejar abandonados en cuanto Sakuyamon le habló de limpieza.

Huele bien por aquí.

¡Garuru! ¿No están los peques contigo? preguntó Sakuyamon buscando los dos bultitos.

Creo que aún tengo unos minutos para descansar se encogió de hombros.

No sé, tal y como han dejado la cocina… Iris no opina lo mismo.

Pues será mejor que seamos rápidos dijo —. Justi, que no te pillen las fierecillas o no descansarás.

Si me encierro antes en la habitación, no podrán hacerme nada dijo el otro digimon, soltando todo lo que llevaba en brazos y corriendo escaleras arriba a los dormitorios.

Este chico no tiene remedio negó Sakuyamon.

Si ves a los peques, diles que me estoy comiendo sus galletas. Justi se ha ganado el descanso susurró.

Sakuyamon esperó tranquila hasta que Ancient Garurumon entró a la cocina. Unas risitas infantiles que no auguraban nada bueno llamaron su atención e hicieron cambiar la expresión de su rostro. Sin dudarlo, empezó a subir las escaleras.

Ese par ya está otra vez aprovechándose de Justimon… No tienen remedio…

Con cuidado de no ser oída, la digimon acabó de subir las escaleras, deteniéndose para observar la puerta del cuarto de su compañero abierta. Lentamente, se acercó y asomó para encontrar el cuarto vacío y recibir unas risitas más pronunciadas por detrás.

¿Qué habéis hecho? susurró encaminándose a otra puerta. Sin llamar siquiera, la abrió de golpe y entró sobresaltando al digimon allí presente.

¡Sakuya! Menudo susto me has dado…

Justimon, ¿qué estás haciendo?

Buscar ropa limpia y un anti-Crosseds. Pero aquí sólo hay ropa interior femenina… Esos bichos…

Justimon, ¿ESTÁS CIEGO O QUÉ? rugió cuadrándose a pocos metros de él.

¿Qué te ocurre? preguntó temeroso.

¡DEJA DE REBUSCAR EN MI ARMARIO!

¡Ahí os quedáis! rió Timy, saliendo de debajo de la cama y casi tirando a Sakuyamon al salir.

Que lo paséis bien añadió Ace antes de, aprovechando el desequilibrio de la digimon, empujarla.

¡Cuidado! gritó Justimon, atrapándola a tiempo de evitar que cayese.

Malditos mocosos… ¡TIMY! ¡ACE! ¡VOLVED AQUÍ, PAR DE TRASTOMONS!gritó enfurecida antes de voltearse al otro —. ¡Y TÚ, A VER DÓNDE TOCAS!

...

Yumi parpadeó rápidamente, intentando enfocar todas las caras que la miraban con preocupación. Podía oír voces surgiendo de su D-Tector, aunque no había forma de entender qué decían.

—Yumi, ¿estás bien? —preguntó Aelita.

—Ya sé quiénes sois… —dijo mirando a los dos digimons —. Crossedmons…

—¡Sakuya nos recuerda! —exclamó Timy dando palmadas.

—Vosotros sois los dos granos molestos del Cuartel —acusó.

—¿Por qué nos recuerda usando palabras de los otros titos? —preguntó Ace.

—Has recordado algo, ¿verdad? —preguntó Ulrich —. Algo relacionado con ellos…

—¡¿Y tú por qué demonios no eres más observador?! —empezó a regañarle la japonesa, pillándolo desprevenido —. ¡ESTÁ CLARO QUE TU CUARTO Y EL MÍO SON COMO EL DÍA Y LA NOCHE! ¡TOTALMENTE DIFERENTES!

—¿Yumi? —preguntó reculando.

—¿CÓMO DEMONIOS PUEDES ESTAR TAN CIEGO? ¡ES EVIDENTE QUE ES UNA TRAMPA DE ESE PAR DE DEMONIOS! —oyeron gritar a Renamon.

—¡Emergencia! ¡Emergencia! —chilló Lunamon. Aelita alzó su D-Tector, pero la digimon no apareció en su pantalla.

—¡Renamon está matando a Kitsumon! —chilló Dracomon.

—Renamon, por favor, ¡que no sé de qué hablas! —gritó la voz de Kitsumon.

—¡NO VAS A HUIR DE MÍ! —rugió Renamon.

—¡Están pasando por todos los D-Tectors! —chilló Floramon.

—Oye, ¿esto cuenta también como broma gastada? —preguntó Timy a Ace.

—¡Vosotros dos, ya estáis diciéndome qué le pasa a Yumi para desear matarme! —exigió Ulrich, arrinconado entre dos asientos y siendo sacudido por la japonesa.

—¡Tita Sakuya, para! —chilló Ace, abriendo un vórtice que empezó a tragarse a Ulrich. Yumi lo soltó antes de ser arrastrada también.

—¿Dónde está? —preguntó mirando alrededor.

—¡¿Qué hago en el piso de arriba?! —chilló Ulrich. No tardó en correr escaleras abajo, saltándose a Odd por el camino.

—Te ha salvado la vida, tito Justi, así que sé más amable —señaló Timy.

—¡Ese par de demonios hizo que Justimon rebuscase entre mi ropa interior! —chillaron Yumi y Renamon. El silencio se hizo en el lugar.

—¡Oh! ¡Recuerdo ese día! —exclamó con una gran sonrisa Ace.

—Sí. Luego le robamos las galletas a papá —rió Timy.

—Eh, un segundo —alzó las manos JP —. Decís tío, tía, papá y mamá… ¿Por qué tanta familiaridad?

—¡No se acuerdan de nada! —chilló la elfita antes de echarse a llorar.

—Perdonadla, es muy sensible —rodó los ojos su hermano al tiempo que la dorada corría a las piernas de Zoe.

—¡Mami tiene que recordarme o estaré más triste! —exclamó.

—¿Perdona? —preguntó la rubia abriendo los ojos enormemente.

—Ya explico yo —rió Gatomon —. El digihuevo del que nacieron los dos lo encontró Ancient Irismon y, aunque todas las digimons del grupo lo cuidaron, la que más se volcó en él fue ella.

—Entonces… ¿Mami? ¿Yo? —preguntó perpleja.

—¡Es cierto! —rió Yumi. Todas las miradas pasaron a ella, salvo Ulrich que buscaba un posible escondite —. En el recuerdo, yo hablaba con Ancient Irismon y hablaba sobre "papi"… Estaba refiriéndome a Ancient Garurumon, ¿verdad?

—¡Clin, clin, clin! ¡Premio para la señorita! —señaló Ace.

—¿A mí? —preguntó también perplejo Kouji. Takuya empezó a sonreír con cierta malicia —. No recuerdo absolutamente nada.

—¡AY, QUE DIVERTIDO! —chilló de pronto Timy.

—¿Qué? ¿Qué es divertido? —preguntó Ace.

—¡La cara de tío Beat! —chilló, haciendo que todos volteasen la vista hasta dar con JP, sus ojos como platos, dos palmos de boca abierta y petrificado en esa posición.

—Chicos, es sencillo —empezó Bokomon —. Un digimon tiende a llamar mamá y papá al primer digimon que ven.

—Y les vio a ellos primeros —dijo Takuya.

—Pues…

—A ella sí —dijo Gatomon —. En el caso de Ancient Garurumon… él solito se lo buscó.

—Ay, mi madre… No sé si quiero saberlo —susurró el chico ocultando el rostro tras la mano.

—Podría decirse que la maternidad le alegró la vida a Ancient Irismon y vino a presumir de bebés —dijo Patamon —. Cuando vino a presentármelos, recién nacidos, ambos la liaron de mala manera… Y ya sabéis que Ancient Garurumon era mi guardaespaldas…

—Les metió un grito cual padre y se quedó como papá, ¿no? —rió Koichi.

—A ver quién le tose a Ancient Garurumon enfadado —rieron Patamon y Lopmon, avergonzando al chico de cabello largo.

—Bueno, creo que será mejor que vayáis recordando poco a poco la historia —declaró Gatomon —. ¿Qué es lo que pasó con vosotros?

—No habréis dividido vosotros dos el alma también, ¿no? —preguntó Lopmon.

—No, nada de eso —negó Timy —. Antes de irse, papi dijo que obedeciésemos a mami. Pero como ella estaba malita, tita Mer se encargó de nosotros.

—Y luego nos dijeron que tenían que irse lejos, pero que nos volveríamos a ver —siguió Ace —. Nos escondimos como tío Wise dijo y hemos esperado hasta ahora… Porque Timy tiene mamitis.

—¡Tú también la tienes! —acusó abrazando más las piernas de Zoe —. Pero da igual cuánto trabajásemos para que se diesen cuenta de que estábamos aquí… No nos recuerdan…

—Cuánto habéis trabajado… No seréis vosotros los responsables de todo eso que ha estado ocurriendo en Kadic, ¿no? —preguntó Zoe, reteniendo los brazos de la elfita.

—Mami… Yo… ¡ACE TAMBIÉN HIZO COSAS! —chilló.

—¿Es eso cierto? —preguntó Kouji, atrapando del pescuezo al gato plateado.

—¡Mira qué has conseguido, Timy! —protestó agitándose en el agarre —. ¡Papá y mamá no se acordaban de cómo castigarnos!

—¡Sabemos perfectamente cómo se castiga! —exclamó Zoe —. ¡Y os vais a quedar sin merienda!

—¡NOOOO!

—A mí me parece una compensación justa —asintió Yumi con una gran sonrisa.