En la última jornada laboral antes del viaje, Obito decidió que era hora de llevarle el informe de testigo a Kisame. Se dirigió al ascensor y presionó el botón. El silencio del pasillo acentuó el golpeteo de tacones detrás de él.

—Buenos días —dijo cuando Uzumaki Karin se paró a su lado.

La chica tardó varios segundos en responder. Como si sólo lo hiciera por mera cortesía.

—Buenos días.

Las puertas se abrieron y ambos pasaron. Con la cabeza puesta en el día siguiente, a Obito casi se le olvidaron sus modales. Detuvo el dedo justo a tiempo antes de pulsar el botón del noveno piso.

—¿A dónde? —preguntó Obito.

—A recepción —respondió Karin.

Iban en direcciones opuestas y su destino estaba más cerca, pero ya que había preguntado lo correcto era bajar a su planta primero. Obito pulsó el cero y tras el cierre de las compuertas, el ascensor se puso en marcha.

Diez segundos después, sumido en el silencio más incómodo que había experimentado en mucho tiempo, Obito deseó haber esperado un minuto más para salir de la oficina. Algo le decía que Karin no estaría nada feliz si él intentaba hacer un poco de conversación casual y ya no sabía ni hacia donde mirar.

Con las manos sudadas y aún pasando por el segundo piso, se dio cuenta a través del espejo de que Karin lo estaba mirando. Obito recordaba a Deidara cada vez que la veía a ella o Suigetsu. Merecía que lo odiase después de lo que pasó el lunes. Pensó que tal vez debería demostrarles también a ellos que se iba a esforzar por dejar de ser el ogro gruñón que siempre fue.

El ascensor se detuvo y las puertas se separaron. Karin aún lo seguía mirando con el entrecejo fruncido. Obito se volteó.

—¿Puedo ayudarla en algo Uzumaki?

Ella seguía sin reaccionar. Obito no estaba seguro de lo que iría a pasar a continuación.

—¿Por qué ya no es repelente?

Obito parpadeó un par de veces.

—¿Disculpe?

Karin salió del ascensor sin dar ninguna otra explicación. Obito la siguió con la vista hasta que las puertas se volvieron a cerrar. Trató de asimilar lo que le acababa de pasar pero su mente estaba en blanco. Puede que no le gustase su perfume habitual. Los primeros días de Deidara en Akatsuki, él también había llevado Aqua Fahrenheit. Luego dejó de hacerlo y Obito pensó que habría acabado asociándolo a él. El día en que Deidara se quedó dormido en el sofá de su oficina con su abrigo por encima, lo escuchó murmurar en sueños el nombre de la fragancia. Obito ya se había acostumbrado a ella y la llevaba a diario, excepto los días en que salía de casa con prisa y no le daba tiempo. Como ese.

En el noveno piso encontró a Suigetsu mirando su teléfono. Otra vez recordó a Deidara y se preguntó si estaba hablando con él. El chico reía en voz baja, demasiado entretenido para prestarle atención.

Obito se aclaró la garganta. Suigetsu levantó la vista del celular y su sonrisa fue reemplazada por una fugaz expresión de sorpresa antes de resurgir.

—¡Oh...! —dejó el teléfono en la mesa y se irguió en su asiento—. Buenos días señor Uchiha, toda una sorpresa. El jefe mencionó algo sobre que iría a aparecer por aquí, pero no que iba a ser tan temprano. ¿Ningún postit en la corbata hoy?

Tal vez a la primera ocasión que tuviera iría a decirle a Deidara que estaba ahí. Suigetsu no parecía fulminarlo con la mirada como había hecho Karin. Pero esa simpatía sobreactuada le decía que posiblemente pensase como ella.

—¿Vengo en mal momento?

—Voy a ver qué dice el jefe —dijo Suigetsu tomando el auricular del teléfono de sobremesa y dándole a un botón—. Hey jefe, te mando a Obito si todo está bien —hubo un pequeño silencio tras el cual, se dirigió de nuevo a él—. Puedes pasar.

—Gracias.

Obito caminó hacia la puerta de la oficina de Kisame cuando escuchó a Suigetsu aclararse la garganta.

—Deidara come de todo, pero odia el pilaf.

Giró el cuello tan rápido al escuchar su nombre que sintió un pequeño calambre.

—¿Cómo?

Todo el mundo estaba diciendo cosas raras aquel día.

—Sólo me han dicho que mañana te lo llevas de paseo por Konoha —respondió Suigetsu, sujetando su cabeza en una mano—... Y que mejor te avisaba para que no hubiera disgustos.

Obito se negaba a dejar que Suigetsu lo viese sonrojado. ¿Había sonado sexual esa primera parte de la frase o se lo estaba imaginando?

—¿Quieres saber una cosita interesante sobre Deidara? —prosiguió Suigetsu.

—No me gustan los chismes sobre mis empleados, Hozuki.

El incidente del lunes aún estaba muy fresco en su mente, Obito no iba a dejar que ocurriese otra vez. Fuera lo que fuera, no quería saber. Por desgracia, a todo el mundo parecía gustarle demasiado el chisme.

—Como quieras —Suigetsu agitó la mano en un gesto de indiferencia—. En fin, a Deidara le gusta comer todo lo que puede primero y sólo bebe al terminar de comer porque según él la bebida te sacia más. No sé cómo puede aguantarse la sed. En mi vida podría hacer lo mismo.

Obito no podía pensar en aquel momento en nada que no fuera sexual. Fulminó al chico con la mirada por ponerlo en aquel aprieto y abrió la puerta con demasiada fuerza, sin llamar si quiera. Tanto Itachi como Kisame lo miraron.

—Buenos días, Obito —dijo su primo, saludándolo con un asentimiento que él imitó.

—A eso llamo yo una entrada triunfal —se mofó Kisame.

—Tu asistente es un impertinente, Hoshikagi —fue su saludo.

El abogado dejó escapar una risa seca.

—¿Qué ha hecho ahora ese bribón?

—No tiene importancia. Tengo prisa, así que mejor vamos a lo que nos importa —dijo Obito, que acababa de decidir que prefería dejar el tema atrás antes de explicarle a Kisame qué era lo que le había molestado.

Dejó el sobre en la mesa y lo empujó hasta dejarlo a su alcance. Él lo tomó y mientras lo abría, Itachi se levantó, sacó sus gafas del bolsillo de su traje y se puso a su lado. Ambos comenzaron a leer a la vez y ahí empezó el segundo silencio incómodo del día para Obito. Ya que no podía juguetear con sus dedos, comenzó a mover los pies, rogando que se dieran prisa.

—Al final tenías razón —dijo Kisame, aún mirando el papel—, no había necesidad de amenazarlo.

—La única razón por la que te dije eso fue porque pensé que ni así iba a dar su brazo a torcer —respondió Itachi.

Kisame asintió con lentitud.

—Menos mal que no apostamos.

Obito levantó una ceja.

—Sigo aquí —dijo.

Ambos tardaron unos segundos más en levantar la cabeza para mirarlo.

—Esto sí que no lo esperaba —dijo Kisame, mostrando su afilada sonrisa—. ¿Qué rayos te dio? —luego su mirada se perdio hacía un punto por encima de su hombro—. ¿Y tú no tienes nada mejor que hacer?

Obito miró hacia atrás para ver la cara de Suigetsu desaparecer tras la puerta semiabierta. Sacudiendo la cabeza, se volvió.

—No me dio nada. Esto era lo que querían.

—Pero no necesariamente lo que esperábamos —dijo Itachi.

—Lo sé —respondió, poniéndose en pie—. Considérenlo un favor que no tendrán que devolverme.

Su primo lo miró por encima de las gafas. Parecía estar diciendo, "¿en serio?". Luego se las quitó y las volvió a poner en su bolsillo.

—No sé qué te pasó, pero es un buen cambio —dijo Itachi—. Gracias, Obito.

Él negó con la cabeza, quitándole importancia y tras las despedidas salió de allí. Suigetsu estaba hablando con un cliente por teléfono pero lo saludó con la mano al salir. Tal vez porque lo pilló en un buen momento tras haberse quitado ese gran peso de encima, Obito lo saludó de vuelta.


[10:28] Karin: "OMG"

[10:28] Karin: "Acabo de coincidir con Obito en el ascensor!"

El cursor de congeló donde estaba y Deidara, con la mano en el ratón, miró la vista previa que había iluminado la pantalla de su celular. Clavó los ojos en el nombre de su jefe hasta que el siguiente mensaje lo reemplazó.

[10:28] Suigetsu: "Gracias por la info"

Recordando aquella vez en la que tenía a Obito aprisionándolo contra la pared del ascensor, Deidara se olvidó del banner de publicidad en el que estaba trabajando. Al menos hasta que vio el siguiente mensaje.

[10:29] Karin: "su aura ha cambiado!"

[10:29] Karin: "ya no es repelente!"

Miró de reojo a Sasori que estaba en ese momento escribiendo un correo electrónico. Tomó el teléfono y empezó a escribir.

[10:29] Deidara: "?"

[10:29] Deidara: "Como que ha cambiado?"

Siguió retocando la foto de uno de los guardias de seguridad vestido con el uniforme negro con adornos rojos de la empresa, para ajustarla al banner. Cada pocos segundos miraba el teléfono.

[10:30] Suigetsu: "Escribir la palabra Obito en el chat es la mejor manera de invocar a Dei"

Deidara frunció el ceño y tomó el teléfono para desmentirlo. La contestación de Karin lo distrajo.

[10:31] Karin: "Normalmente lo suelo evitar porque me marea esa sensación de repelencia que desprende"

[10:31] Karin: "Pero hoy no la percibí así que cuando me di cuenta que era él ya era tarde"

[10:32] Deidara: "Puede pasar eso?"

Deidara comenzó a preguntarse si lo de las auras era cierto.

[10:32] Deidara: "Pueden cambiar así?"

—¿No puedes hacer eso en tu descanso? —dijo Sasori.

[10:33] Karin: "Sí puede pasar pero necesita que ocurra un gran cambio en la persona"

[10:33] Karin: "Y como vivo evitándolo no sabría decir cuando empezó a pasar"

[10:33] Karin: "Aún no me lo creo"

Un gran cambio. Deidara ya había notado ese cambio y todo el mundo le había dicho que o bien se lo estaba imaginando o Obito se estaba moviendo por interés. Ahora podía decirles a todos que él estaba en lo cierto. Y eso incluía a Karin.

[10:36] Suigetsu: "OMG"

[10:36] Suigetsu: "ESTÁ AQUÍ"

—Deidara, todo lo que no hagas ahora lo voy a tener que hacer yo mañana. Más te vale que eso sea importante —insistió Sasori.

—Lo es —Deidara ni se molestó en mirar.

[10:36] Suigetsu: "Acaba de pasar a ver a Kisame"

[10:37] Suigetsu: "Obito tiene pinta de estar siempre hambriento"

[10:37] Suigetsu: "Así que le di consejos para satisfacer a Deidara"

[10:37] Suigetsu: "En la mesa no seas mal pensada Karin"

[10:38] Suigetsu: "No me dio ni las gracias menudo desagradecido"

[10:38] Suigetsu: "Voy a ver qué está pasando ahí dentro"

Deidara siguió con el banner de la oferta de empleo hasta que no hubiera noticias nuevas. Quería saber qué era exactamente lo que Suigetsu le había dicho a Obito sobre él. Algo subido de tono seguramente. Rió un poco, pensando al menos durante unos segundos Obito pensó en él de esa manera.

—¿De qué te ríes? —preguntó Sasori.

—No lo entenderías —dijo Deidara. Puede que debiera usar para la primera frase un rojo menos saturado.

—Entonces trabaja.

—Eso es lo que estoy haciendo, hm.

Mientras hacía cambios al documento, Deidara no se perdía detalle de cualquier nuevo mensaje. Le pareció que pasó demasiado hasta que por fin hubo novedades.

[10:46] Suigetsu: "Ok"

[10:46] Suigetsu: "Ya sé de qué va todo! 😱😱"

[10:46] Suigetsu: "OMG"

[10:47] Karin: "Pues dilo en lugar de tenernos en ascuas!"

[10:47] Suigetsu: "Parece que Obito va a ayudar a Anko"

[10:47] Suigetsu: "Sin que nadie lo haya amenazado"

Deidara agarró el teléfono. Su corazón se había acelerado.

[10:48] Karin: "Que?"

[10:48] Deidara: "Les dije que había cambiado"

[10:48] Deidara: "Y me decían que lo hacía bajo presión"

[10:48] Deidara: "Ahora me creen"

[10:48] Karin: "Sí porque le ha cambiado el aura"

[10:49] Deidara: "Y a qué huele ahora el aura de Obito"

[10:49] Karin: "a carbón"

[10:49] Suigetsu: "?"

[10:49] Suigetsu: "Y la de Deidara era de..."

[10:49] Suigetsu: "Pólvora?"

[10:50] Suigetsu: "El fuego prende el carbón"

[10:50] Suigetsu: "Imagina"

[10:50] Suigetsu: "Obito en llamas :D"

Deidara no quería volver a llenarse la cabeza con ese tipo de tonterías, pero sólo con imaginarse ese carbón ardiendo con su fuego, la sonrisa amenazaba con volver.

[10:50] Deidara: "Oh sí"

[10:50] Deidara: "Obito en llamas"

No se sorprendió demasiado cuando leyó el siguiente mensaje.

[10:51] Karin: "Voy a empezar a pensar que Obito te gusta o algo"

[10:51] Karin: "Ya son muchas bromas del tema"

Pero eso no evitó que pusiese el teléfono boca abajo y mirase a la pantalla en vano. Porque acababa de perder el hilo de lo que estaba haciendo. En realidad era él quien estaba en llamas. Miró a Sasori de reojo y aprovechando que no le estaba prestando atención se levantó y fue hasta el dispensador de agua. Mientras rellenaba su vaso, Sasori chasqueó la lengua.

—¿Qué te pasa ahora?

—No consigo inspirarme, hm —dijo Deidara, caminando hasta la ventana. Cualquier cosa porque Sasori no le viera la cara enrojecida.

El sol se asomaba desafiante por un parche de cielo despejado entre nubes grises que se movían rápido para volver a cubrirlo. No tenía por qué admitirlo. Pero si Karin había empezado a sospechar, eso significaba que más gente podría darse cuenta también tarde o temprano. Deidara fue más consciente que nunca de lo mucho que le costaba ser sigiloso.

—¿Necesitas una ayuda?

Deidara rodó los ojos. Sasori sabía de sobra que detestaba que le ofreciera ayuda con esos aires de superioridad.

—No. Me quedaré aquí inspirándome un rato.

Se bebió el agua a pequeños tragos, considerando si estaba bien que ella supiera. Unos minutos después, cuando el sol ya no se veía, volvió al asiento y revisó el teléfono.

[10:52] Suigetsu: "Lo único que pasa aquí es que tú no tienes sentido del humor Karin"

[10:53] Karin: "Y a Deidara ni siquiera parecen molestarle ya"

[10:53] Suigetsu: "Porque Deidara sí tiene sentido del humor"

[10:53] Suigetsu: "Soy un tipo divertido"

[10:53] Suigetsu: "Las cosas como son"

[10:55] Karin: "-_- Lo que eres es un pesadooo"

Deidara se dio prisa en terminar la tarea. Fruncía el ceño y hacía click en el ratón más fuerte de lo necesario. Una vez pudo quitarse eso de la cabeza, volvió a la conversación y empezó a soltar todo lo que llevaba tiempo callándose.

[11:01] Deidara: "A la mierda"

[11:01] Deidara: "Obito está muy bueno"

[11:01] Deidara: "Cómo no iba a fijarme en él?"

[11:02] Deidara: "Es verdad que al empezar nos llevábamos como el culo"

[11:02] Deidara: "Pero eso ha cambiado"

[11:02] Deidara: "Y no son imaginaciones mías"

[11:03] Deidara: "Cada vez que menciono a alguien que no ha actuado como un completo imbécil me dicen que hay intenciones ocultas o no está siendo sincero por miedo a meterse en problemas"

[11:03] Deidara: "Yo también pensaba eso y cada día esperé a que volviera el Obito insoportable"

[11:04] Deidara: "Pero no sólo no volvió sino que cada día nos llevamos mejor"

[11:04] Deidara: "Y lo que pasó el lunes"

Sus dedos se detuvieron. Deidara recordó aquella mirada derrotada y vidriosa y algo doloroso se retorció en su abdomen.

[11:04] Deidara: "Fue una mierda sí pero ya lo resolvimos"

[11:05] Deidara: "Obito está cambiando"

[11:05] Deidara: "Hasta Karin por fin se ha dado cuenta"

Miró la pantalla esperando respuestas mientras respiraba hondo. Eso fue un gran peso menos encima. Suigetsu fue el primero en empezar a escribir.

[11:06] Suigetsu: ":("

[11:06] Suigetsu: "Dei…"

[11:06] Suigetsu: "Dei está enamorado"

Karin vino después. Deidara no podía ni pestañear.

[11:08] Karin: "Me olía algo"

[11:08] Karin: "Pero no pensé que iría a acertar"

[11:09] Karin: "Le dijiste a este bocazas y a mí no"

[11:09] Karin: "Ya te vale Dei"

Bueno, tampoco era como si le fuera a ayudar ir por ahí contándoselo a la gente. Deidara no entendió como pudo molestarle eso.

[11:10] Suigetsu: "En defensa de Dei diré que él no tenía pensado decirle a nadie"

[11:11] Suigetsu: "Pero un día nos bebimos entre los dos una botella de vodka rojo y empezó a relatarme con todo detalle todo lo que le gustaría hacerle a Obito si tuviera la oportunidad de colarse bajo su escritorio"

[11:11] Suigetsu: "Creo que se arrepintió luego"

[11:13] Deidara: "No inventes yo nunca dije eso"

[11:14] Suigetsu: "Lo pensaste"

Deidara rodó los ojos.

[11:14] Deidara: "Ese no es el punto"

El chat quedó callado por un buen rato. Mientras echaba un ojo a la lista de tareas del día siguiente, Deidara se preguntó si Karin estaría muy molesta con él o no. De todas las veces que había hablado de Obito con ella nunca le había dicho nada positivo. Tampoco es que ella se lo hubiera puesto fácil.

[11:25] Karin: "Dei :("

[11:25] Karin: "Entiendo que sentir algo por alguien es algo que no se puede controlar"

[11:26] Karin: "Obito va a tener que hacerlo bien antes de convencerme de que merece tus sentimientos"

[11:26] Karin: "PORQUE AHORA MISMO PIENSO QUE NO LO HACE"

No era el estilo de Deidara pero en lo que se refería a sus sentimientos por Obito, se veía a sí mismo como una bomba de relojería. Una cuya cuenta atrás no podía ver, pero que sabía iba a llegar a cero en cualquier momento.

[11:28] Deidara: "Y Sasuke los de quién se merece?"

Deidara trabajaba intermitentemente, hasta que veía que le habían contestado.

[11:30] Suigetsu: "Vives en el pasado Dei"

[11:30] Suigetsu: "Ya nos robaron la virginidad de Sasuke"

[11:30] Suigetsu: "El primo de Karin lo hizo"

[11:31] Suigetsu: "Y yo que pensé que si yo no ganaba lo haría Juugo"

[11:32] Deidara: "Oh pues nadie me dijo nada"

[11:32] Suigetsu: "Deja de poner sal en la herida 😭"

[11:32] Karin: "De todos modos fue mi primo quien ganó así que por aproximación yo soy la ganadora"

[11:33] Suigetsu: "Ya hemos hablado de eso -_- y NO"

[11:34] Deidara: "Entonces yo les informo si ustedes me informan"

[11:34] Karin: "Claro Dei"

[11:35] Karin: "Cuenta con nosotros para lo que quieras"

[11:35] Karin: "Te apoyamos en esto"

[11:35] Karin: "No voy a decir nada y Juugo tampoco"

[11:36] Karin: "Él es de fiar aunque hable poco"

[11:37] Juugo: "Prometo no decir nada"

[11:37] Suigetsu: "😂❤️"

[11:37] Karin: "😂😂😂"

Y si se lo decían, Deidara tampoco iba a quejarse. Cualquier cosa con acabar con aquella situación de mierda.


Eran las tres de la mañana y Obito no había dormido ni un poco. Notaba el cansancio físico en la pesadez de sus movimientos y el mental en un ligero aturdimiento. Pero los latidos de su corazón parecían no querer calmarse y sus párpados se negaban a permanecer cerrados por mucho que se esforzase en ello.

Obito se repetía a sí mismo que debía dormir para que Deidara no lo viera exhausto, pero el sueño no venía. Su cabeza sólo se podía centrar en que lo iba a tener con él todo el fin de semana de la mañana a la noche. Ya le había dado demasiadas vueltas en la cabeza a la forma en la que se tenía que comportar y lo que debía decir para conseguir acercarse más a él. Era una mezcla de cosas lo que lo mantenía despierto.

Su maleta ya estaba revisada y elegida y planchada la ropa que se iba a llevar al día siguiente. Pensó que lo mejor era quedarse en cama, tal vez aunque no durmiera sí reposaría. Luego tomó el teléfono. El brillo de la pantalla le molestó en los ojos cuando lo encendió por lo que apartó la vista unos segundos hasta que sintió que se había acostumbrado.

Antes de ir a buscar algún vídeo divertido que le ayudase a olvidarse de su estado mental, Obito abrió la ventana de chat de Deidara. No habían hablado más desde el día en que lo agregó. Se le ocurrió que si le mandaba alguna tontería, Deidara lo leería por la mañana al despertarse. Obito se empezó a sonrojar imaginando a Deidara recién levantado, pelo revuelto y pecho al aire, pensando en él. Tal vez, hacerlo sonreír.

Sus dedos comenzaron a escribir un mensaje antes de que su mente pudiera buscar razones para arrepentirse.

[03:14] Obito: "No vayas a aparecer en el trabajo mañana en lugar de ir a la estación"

Ni cinco segundos después de enviarlo, las marcas se pusieron azules. Deidara estaba conectado. Y el vuelco que le dio el corazón a Obito lo hizo apagar el teléfono y tirarlo a la mesita como si le hubiera quemado los dedos.


La ventana emergente detuvo la película que estaba viendo y Deidara la tocó para cerrarla. Si se hubiera parado a pensar un segundo, tal vez no la habría abierto. Porque quien le mandaba el mensaje era Obito y ahora se acababa de enterar que seguía despierto.

Deidara decidió contestar. No era como si pudiera ignorarlo ya.

[03:15] Deidara: "Pfffff como si me fuera a olvidar de algo así"

[03:15] Deidara: "Y tú no te quedes dormido"

[03:15] Deidara: "Has visto que hora es?"

Quizá él también debiera irse. Se había puesto a ver la película para ver si el sueño aparecía, pero visto que debía estar en pie en unas horas, tal vez lo que más le convenía era intentar descansar. Cerró el vídeo, conectó el teléfono al cargador y se acostó. No pasó demasiado hasta que lo oyó vibrar. Deidara trató de resistir, pero sabía que no podría dormir pensando que tenía un mensaje de Obito sin leer.

A la segunda vibración, estiró el brazo.


Obito se quedó varios segundos mirando al vacío. Luego encendió de nuevo el teléfono, maldiciéndose por haberlo apagado en primer lugar. Se había imaginado a Deidara en cama con los ojos cerrados. Ya lo había visto dormir una vez y por unos breves segundos que no supo apreciar en aquel entonces, lo tuvo en brazos. La viva imagen de la perfección.

Pero Deidara estaba despierto. Ahora quería hablar con él y saber por qué.

Para ser un teléfono de última generación, se reiniciaba irritantemente despacio. Al menos eso era lo que le pareció a Obito. Al meterse al chat vio que tenía mensajes de Deidara. Los leyó sonriendo. Era cierto que se merecía esa pequeña reprimenda.

[03:17] Obito: "Me desperté para ir al baño y pensé que mejor te lo recordaba"

Cada vez se le hacían más desagradables aquellas mentirijillas, pero tampoco estaba listo para hacerle saber que no podía dormir. Decía demasiadas cosas que no estaba listo para que Deidara supiera.

[03:18] Deidara: "Gracias por la información"

[03:18] Deidara: "😛"

Obito se ruborizó. Después pensó que prefería cualquier cosa antes de que Deidara supiese que estuvo despierto toda la noche.

[03:18] Obito: "Y qué andas haciendo tú si puede saberse?"

En un rincón de su pensamiento seguía el miedo porque Deidara le dijera que estaba con alguien más y sentirse un iluso. Recordó que Ino le dijo que basar toda su felicidad en el tipo de afecto que se empeñaba en obtener de otros. No se iba a rendir con Deidara, al menos hasta que algo le dejase claro que nunca iba a pasar nada entre ellos. A lo que debía renunciar era a esa forma de pensar. Obito apartó el miedo de su mente. Siempre acababa volviendo pero desde aquella sesión, se esforzaba por combatirlo.

[03:19] Deidara: "Me puse a ver una película"

[03:19] Deidara: "Estaba buscando algo bueno para ver en el viaje mañana pero me enganché"

Tras hablar un poco con él, a Obito se le habían ido todos los nervios de golpe. Se sentía capaz de dormir de un tirón las pocas horas que quedaban hasta que el despertador sonase.

El flirteo no era una habilidad que Obito se hubiera molestado en cultivar antes. Pero esos últimos días había estado leyendo artículos y anécdotas por internet. Empezaría con algo sutil.

[03:20] Obito: "Pero vamos a estar cansados mañana"

[03:20] Obito: "Y si nos vamos juntos a dormir?"

Sólo quería que Deidara se los imaginase a ambos en cama. Una vez al menos. Su estrategia posterior, dependería de su reacción. Cuando vio que Deidara había leído el mensaje, su corazón latió con fuerza.


A Deidara se le abrió la boca cuando leyó el mensaje de Obito y luego se le olvidó cerrarla.

[03:20] Obito: "Oh"

[03:21] Obito: "Eso que puse podría dar lugar a malinterpretación"

No había esperado, por mucho que lo desease, ver a Obito insinuar que se fueran juntos a la cama. Deidara no podía reaccionar aún. Le había dado la excusa perfecta para lanzarse a su yugular. Necesitaba hacerlo más que cualquier otra cosa en el mundo.

Gruñó de rabia mirando la pantalla y considerando que era lo que iba a hacer. Al cabo de un rato Obito empezó a escribir.

[03:22] Obito: "Espero no haberte ofendido"

[03:22] Obito: "Me dijiste aquel día si yo pensaba que sólo por ser gay te iban a atraer todos los hombres del mundo"

[03:23] Obito: "Jamás pensaría algo así"

"De acuerdo, pero tú sí" Deidara pensó.

[03:23] Deidara: "De acuerdo pero"

Declararse por teléfono era lo más triste y cobarde del mundo. Deidara prefería ser rechazado en persona.

[03:24] Deidara: "No le des más vueltas"

[03:24] Deidara: "Vayamos a dormir juntos"

Sin esperar respuesta, Deidara apagó el teléfono y se acostó. Al menos, a Obito no le asqueaba bromear con temas gays, no conocía muchos hetero así. Tardó mucho en dormirse, pero al final, cuando el cielo ya empezaba a clarear y los pájaros a despertar, el sueño llegó.


No respondió al mensaje de buenas noches de Obito cuando lo leyó por la mañana. El cuerpo de Deidara estaba torpe, su mente algo lenta le pedía que volviera a la cama. No iba a poder terminar a tiempo si perdía aunque fuera un minuto.

Después del primer café, Deidara ya estaba algo más despejado. El atuendo que se iba a poner lo había ensayado bien el día anterior después de hacer la maleta. Se sentía más cómodo yendo casual y Obito no le había dicho nada acerca de qué llevar. Lo único de lo que se informó fue del tiempo. Iba a hacer calor. Según la aplicación, veintiocho grados de máxima, aunque por la noche iba a refrescar. La ola de calor que hubo en la semana de su cumpleaños ya se pasó y desde entonces el cielo estuvo gris y miserable, a pesar de no haber llovido tanto. Un poco de cielo azul no le vendría mal.

Tras cepillarse los dientes y ponerse corrector de ojeras, Deidara guardó los últimos productos de higiene que iba a necesitar en la maleta y fue a amarrarse el pelo mientras no venía el taxi.

Más le valía a Obito apreciar todo el esfuerzo que estaba poniendo en verse bien para él.


Las puertas del ascensor del andén cinco se abrieron. Deidara salió antes de que el resto de viajeros con sus correspondientes maletas taponasen la salida. En un primer momento no vio a Obito. Las puertas del tren del andén cuatro se acababan de abrir y la multitud que se dirigía a la escalera no le dejaba ver bien donde estaba, si es que había llegado ya.

Después de mirar un rato lo encontró sentado en un banco, mirando su teléfono con un vaso desechable de café en la otra mano. No era a menudo que Deidara tenía la suerte de verlo con ropa casual. Un suéter negro de cuello alto tampoco es que fuese un gran cambio, pero se veía cómodo y se empezó a preguntar como de suave sería.

Cuando Obito levantó la mirada y lo descubrió mirando, Deidara se la sostuvo, respirando con fuerza.

—Hola —dijo.

—Hola —Obito dio unas palmadas en el hueco libre a su derecha—. Te lo he guardado.

Deidara se sentó donde le indicó, aparcando la maleta a un lado del banco.

—Gracias —Deidara estudió sus facciones, sin que se le pasara por alto una sonrisa casi imperceptible—. Hoy te ves más animado que los otros días.

—Tenía ganas de desconectar de los líos del trabajo —dijo Obito—. Espero que pudieras dormir al final.

—Sí, algo he dormido, hm. Pero mejor voy a por mi segundo del día —dijo señalando el vaso de café desechable.

—Te ves bien para no haber dormido mucho —el corazón se le puso a cien. Obito extendió el brazo, dejando el vaso frente a él—. Pruébalo, tal vez te guste. Es un latte con leche de coco. Está bueno.

Varios segundos después, Deidara aún no terminaba de procesar la primera frase.

—No estoy resfriado ni nada de eso —prosiguió Obito—. Si no quieres beber por el mismo sitio que yo, puedes decirlo.

—Yo siempre me veo bien, hm —dijo Deidara y con una media sonrisa, tomó el vaso y se lo llevó a los labios.

Al menos ese punto debía dejarlo claro. Por muy lento de reflejos que se hubiera vuelto por culpa de Obito.

—Eso es cierto. Ese peinado te queda bien.

La bebida se fue por el lado equivocado y a Deidara le entró un ataque de tos. Se dio unos golpes en el pecho, desesperado por recuperar la compostura cuanto antes.

—Ey, ten cuidado —Obito le había puesto la mano en el hombro—. ¿Estás bien?

Deidara dio las gracias por tener una excusa para su cara roja. Se aclaró la garganta un par de veces y miró a Obito.

—Tu buen humor me distrajo, hm.

La mano dejó su hombro y Obito apoyó el codo en el respaldo del asiento, tan cerca de él que podía sentir el calor corporal que desprendía. Deidara necesitaba que lo rozase de nuevo.

—Así que... Así de miserable me veo normalmente.

Obito miraba al suelo.

—Bueno, dices que has estado estresado y con problemas. Es hora de tomárselo con calma —dijo Deidara, devolviéndole el vaso. No tenía nada que ver que lo encontrase raro, le gustaba ver a Obito más animado por fin—. Esto está bueno, por cierto.

—¿Te gustó? No los hacen en muchos sitios. Siempre que tengo que venir a la estación para algo, me compro uno.

—¿Dónde lo compraste? Voy a por uno para mí, hm.

Deidara se levantó y metió la mano en su bolsa para ver si tenía unas monedas sueltas.

—Quédate aquí, yo te lo traeré. Tengo que ir a rellenar mi vaso de todos modos —Obito también se puso en pie—. Guárdame el asiento.

Obito ya se había alejado para cuando Deidara abrió la boca para protestar. Se sentó de nuevo y miró hacia el pequeño kiosco donde Obito fue a hacer cola. Por megafonía, una grabación con voz femenina anunciaba la salida de un tren un destino al País del Arroz.

Algo pasaba con Obito. Aún teniendo en cuenta lo que le había dicho sobre aprovechar el viaje como un método para desconectar, a Deidara le parecía que ahí había algo más. Estaba demasiado feliz. Otra vez pensó en su teoría de Obito enamorado. Apretó los dientes pensando en su supuesta novia, mientras lo observaba sacar el teléfono, dar unos toques a la pantalla y acercarlo a su oído.

Ya no tenía ganas de café.

Deidara dejó de mirar a Obito antes de que pudiera leerle en los labios un "te extrañaré" que le hiciera agarrar su maleta e irse a su casa. Perderse la convención por algo así no valía la pena en realidad. Sacó el teléfono de su bolsa yse echó una foto desde abajo, para que se viera el rótulo de la estación de Amegakure que había detrás de él. Luego lo subió a su cuenta y esperó a los me gusta que no tardaron mucho en llegar.


Obito se maldijo por prohibirse disfrutar plenamente las cosas que le pasaban. Se suponía que debía aprovechar para consolidar su vínculo con Deidara. Sin embargo ahí estaba, angustiado porque él aún desconocía sus verdaderos motivos.

Buscó el número de Ino en su agenda y la llamó. Al menos, contárselo le serviría de desahogo. Unos cuantos tonos sonaron hasta que por fin respondió.

—¡Hola, Obito!

—Hola —respondió él—. ¿Qué tal?

—Bien gracias. ¿Va todo bien?

Miró como Deidara se sacaba una foto con el teléfono y suspiró.

—Estoy en la estación de tren, a punto de partir hacia Konoha —dijo Obito.

—Que tengas un buen viaje —respondió Ino—. ¿Pudiste contactar con Rin al final?

—No lo he vuelto a intentar. Llamo por otro motivo. Él —Obito tomó aire y lo dejó escapar poco a poco—... Él está conmigo.

—¡Oh! Los enviaron juntos. ¿Y cómo te sientes al respecto?

Era su turno para hacer el pedido. Obito se volteó hacia la chica que había tras él y le indicó que podía pasar. Ella le dio las gracias mientras él se hacía a un lado para dejarle sitio.

—El problema está en que no nos enviaron juntos. Fui yo el que movió hilos para traerlo conmigo cuando normalmente voy solo o me llevo a Zetsu —tras ver que los consejos de Ino lo ayudaban mucho, a Obito le costaba menos contarle cosas—. Eso fue... Antes de las últimas sesiones.

Por megafonía anunciaron la llegada del tren con destino el País del Fuego que debían tomar.

—Quieres construir una relación más cercana con él —dijo Ino—. Recuerda lo que hablamos la última vez. Si no quieres acabar cometiendo los mismos errores, tienes que renunciar a las expectativas que tienes en él.

—Lo intento —respondió Obito—. Es complicado, pero lo intento.

—Además... ¿No crees que si quieres dejar que se acerque a ti deberías sentar unas bases más sinceras?

—Es por eso que estoy haciendo esta llamada —dijo Obito.

—Tienes que decírselo. No puedes ocultarle algo así si quieres sentar unas buenas bases para una relación del tipo que sea. ¿No opinas igual?

Obito asintió, aunque su interlocutora no pudiese verlo.

—Sí.

Debía ir de frente en todo momento. Aún le sudaban las manos cada vez que pensaba en hablar con Deidara del tema, pero pronto debería abordarlo.

—¿Ves como tú ya sabías eso? —dijo Ino. Un tren se acercaba a la vía mientras la chica que dejó pasar se alejaba con su café en la mano. Era su turno otra vez. Obito se disculpó con su psicóloga, le dijo al barista su pedido, pagó y se hizo a un lado a esperar—. Sólo ten en cuenta lo más importante de todo. Él no tiene por qué correspenderte. Y está bien si no lo hace. Tú ya descubriste que eso no es lo que va a arreglar lo que está mal.

Obito tragó saliva.

—No lo olvidaré. Gracias por escucharme.

—Para eso me pagas. Que tengas un buen viaje, Obito —se despidió Ino—. Nos vemos a la vuelta.

Tras colgar, Obito guardó el teléfono. Ahora estaba mucho más calmado. Si Deidara no lo elegía a él, estaría bien. Era sólo que a pesar de haberse esforzado por mentalizarse, le hubiera gustado significar algo para alguien.

—Aquí tiene su pedido —el barista colocó los vasos sobre el mostrador—. Son ocho ryo, por favor.

La media luna de chocolate llevaba llamando su atención un rato.

—¿Me da también una de esas y —Obito pensó en qué llevarle a Deidara. Miró hacia el tren. Los pasajeros que se bajaban en Amegakure aún estaban saliendo del tren, que de todos modos se iba a quedar ahí unos minutos más—... Un crepe con chocolate. Con extra de chocolate por favor.

Obito pagó con tarjeta, tomó la bolsa y unas cuantas servilletas de papel y volvió junto a Deidara. Lo encontró cabizbajo mirando al suelo. Se sentó a su lado, preguntándose qué le pasaría. Parecía estar normal cuando se fue a por los cafés. O tal vez sólo estaba cansado y él se estaba preocupando de más.

—No pareces muy contento —dijo, no queriendo presiona pero muriéndose por saber.

Deidara sólo se encogió de hombros. Obito quiso abrazarlo y hacer desaparecer esa melancolía que le sentaba tan mal. Porque aunque desconocía qué le pasaba, cabía la posibilidad de que fuera por su culpa. Tal vez hubiera querido ir él mismo a por café. O le interesaba aquel viaje pero no le gustaba tanto tener que aguantarlo a él a su lado.

Obito cortó de golpe ese tren de pensamientos que no lo iba a llevar a ninguna parte. Ino ya le había dicho que debía distraerse con algo mejor en cuanto lo viera aparecer. Preocuparse no era más que usar la imaginación para crear cosas que no queremos, es lo que leyó en un artículo que ella le recomendó. En lugar de eso, iba a crear algo mejor.

—Me parece que tengo la solución a eso justo aquí —dijo Obito, sacando de la bolsa el crepe envuelto en papel.

Se acordó del día en que comió bakudan dulce en su oficina y en como se manchó los labios con salsa de caramelo, deseando que se volviera a repetir algo así. Deidara miró el crepe y sus cejas se alzaron un poco. Luego lo miró a él y sonrió. Podría mirar esa sonrisa por horas. Obito no podría no haberse enamorado de él.

—Eso no me lo esperaba, hm.

—Ya tenemos algo bueno de comer para el camino —Obito se levantó—. Vamos a entrar ya.

El vagón de primera clase no estaba muy lejos de ese sector del andén. Obito ayudó a Deidara a subir su maleta al portaequipajes antes de ocuparse de la suya. Le ofreció el asiento de la ventana. Algo le dijo que ese sería su lugar preferido. Tras dejarlo pasar, se sentó a su lado.

—Nunca viajé en primera clase —Deidara inspeccionaba la mullida textura de los asientos y jugaba con el reposapiés.

—Sí paga la empresa, mejor aprovechar —Obito desplegó la mesa tras el asiento de delante suyo, puso la bolsa encima y sacó la medialuna—. Deberías comer el crepe antes de que se enfríe.

Deidara extendió la mano y Obito le pasó el dulce. Miró como lo colocaba sobre la mesa desplegada para desenvolverlo. La grasa manchaba el papel, volviéndolo transparente y el aire se llenó con el dulce aroma del chocolate derretido.

—Tiene muy buena pinta. Gracias, hm. ¡Itadakimasu! —Obito se llevó la medialuna a la boca pero se olvidó de morderla viendo a Deidara atrapar el extremo del crepe entre sus dientes. Una hebra de salsa de chocolate quedó pegada a su mentón tras morderlo. Su mandíbula subía y bajaba y Obito se mordió el labio inferior—. Mmm...

El casi orgásmico gemido le devolvió algo de cordura. Por mucho que se resistiera a ello, Obito giró la cabeza al lado opuesto. De repente tenía demasiado calor. Arrancó una punta de su medialuna y tras murmurar un 'itadakimasu' de la echó a la boca. Hubiera preferido decirlo antes de limpiarle el mentón con la lengua y todas esas ideas tan poco profesionales que se le estaban ocurriendo. Cuando se atrevió a volver a mirarlo, Deidara ya se había comido medio crepe.

—Eres rápido —dijo Obito.

Deidara sólo asintió con la boca llena, labios y dedos manchados.

—Está bueno —respondió en cuanto pudo—. Lo han cargado demasiado, pero eso es bueno, hm. Más chocolate para mí.

Obito no estaba seguro de hasta qué punto Deidara le toleraría un comentario en broma. Mejor tantear el terreno antes.

—Pero te ensuciaste mucho —dijo.

—Bah, ya me preocuparé por eso luego —Deidara le acercó lo que quedaba del crepe—. ¿Quieres probar?

Por un largo segundo Obito se quedó en blanco.

—Gracias, pero estoy bien así.

Deidara estiró un poco más el brazo. Él sólo lo quería ver comer un poco más.

—No sabes lo que te estás perdiendo, hm.

A Obito no le quedó más remedio que abrir la boca y morder esa fina capa de masa enrollada y rellena de dulce y espeso chocolate, tocado por los labios de Deidara. Se había manchado los suyos aunque por suerte no demasiado. Iba a ser molesto si se mezclaba con la crema cubre cicatrices.

—Me comería uno todos los días —dijo Deidara, metiendo el dedo en el chocolate antes de lamerlo.

Obito deseó haberlo grabado en vídeo y poder ver a Deidara chuparse los dedos mil veces. Sacó los cafés y puso uno en cada mesa, a la vez que Deidara se comía lo que le quedaba del crepe.

—Konoha tiene muchas pastelerías —dijo Obito—. Hay una calle donde sólo hay restaurantes, cafeterías y karaokes. Esa calle llena de carteles luminosos que siempre se ve en televisión cada vez que hablan de Konoha.

—Mmh... Sé la que dices.

El tren se puso en marcha, dejando la estación atrás y entrando en un túnel. Deidara seguía chupándose los dedos. Obito seguía mirando sin perderse detalle.

—¿Necesitas ayuda con eso? —Deidara se detuvo y lo miró con los ojos muy abiertos. Para escapar de los nervios que le entraron, Obito sacó una servilleta de la bolsa y se la pasó—. Mejor así.

Tonto. Obito no pudo evitar insultarse en su cabeza.

Si no hubiera dicho nada, Deidara estaría aún dándole un hermoso espectáculo. Dio un trago a su café y tomó una revista de las manos de una azafata que las iba repartiendo entre los pasajeros. Obito le dio las gracias y examinó la portada. Ese rapero del País del Relámpago, Killer Bee, la ocupaba entera.

—Seguro es por el nuevo disco, hm —oyó decir a Deidara—. Killer Bee anda de gira mundial ahora mismo.

—¿Vas a ir? —preguntó Obito.

—Nah, no creo. No es lo mío y no le gusta a nadie que conozco.

Obito sonrió al ver que Deidara aún seguía manchado.

—Aún tienes chocolate en la cara —dijo señalándolo.

—¿Me he dejado algo? —Deidara se pasó el dedo por los labios, lejos de donde estaba la mancha.

Tomando otra servilleta de la bolsa, Obito se giró hacia él.

—Mírame —dijo.

A penas consiguió que no le temblara la mano cuando lo tomó del mentón y limpió el chocolate en su mejilla. La piel de Deidara estaba suave y tenía sus labios más cerca que nunca. A Obito le habría encantado terminar de cerrar ese hueco entre ellos y besarlo todo el camino hasta Konoha. Y una vez en casa, quitarle la ropa y echarle por encima de esa salsa de chocolate caliente sólo para limpiarla toda con su lengua.

Cuando la cara de Deidara estuvo limpia de nuevo, Obito volvió a su posición normal y suspiró con disimulo mientras metía toda la basura en la bolsa vacía.

Mejor dejaba de pensar en esas cosas o se iba a poner duro delante de Deidara. Para olvidar por un rato la irresistible presencia de su empleado, Obito tomó la revista y empezó a leer un artículo al azar. Uno sobre todos los barrancos por los que iba a pasar el tren al norte del País del Fuego. Impresionante y efectivo pensar en todas las veces que podían morir si el tren descarrilaba pasando por esos puentecitos de aspecto tan precario.

A su lado, Deidara leía algo en el teléfono. Se fijó mejor en lo que era. Un correo de Konan en cuyo asunto decía "último capítulo". ¿Iba Deidara a leer literatura erótica delante suyo? Sólo de pensarlo su corazón dio un vuelco. Casi podía oírlo palpitar si prestaba atención.

Obito se concentró con más ahínco en la revista y en sacar a Deidara de su cabeza. Consiguió leer dos artículos enteros sin distraerse hasta que la rodilla ajena se rozó con la suya. Su cara ya estaba enrojeciendo y el jersey le sobraba. Iba a empezar a sudar a mares pronto si no quitaba la pierna de ahí. Pero tampoco pensaba hacerlo. Hasta que no averiguase si tenía posibilidades con Deidara o no, era lo más a lo que podía aspirar.

Tras un rato, tener su rodilla pegada a la de Deidara ya no lo ponía tan nervioso. Sumidos en sus propias lecturas, ninguno de los dos habló demasiado pero cada pequeño movimiento de su pierna provocaba una nueva ola de calor. Entonces algo cayó sobre su hombro y empujó contra su brazo. Al mirar, Obito se dio cuenta que era Deidara que se había quedado dormido. La sonrisa estiró sus labios hacia arriba sin que pudiera evitarlo.

—Sabía que estabas cansado —dijo Obito.

Deidara no contestó. Era la segunda vez que se dormía delante suyo y no pensaba desperdiciarlo como ocurrió meses atrás. De verlo dormir, a Obito le había entrado sueño también. Dejó la revista en la mesa, se apoyó en él y cerró los ojos. La sonrisa seguía ahí cuando se durmió no mucho después.


Quise publicar este capi para San Valentín, pero no llegué. También tenía en mente cubrir algunas cosas más pero como siempre, cambié de idea al ver las palabras que llevaba. Además me entretuve un poco con el fanservice del final (ustedes perdonen). Itachi en el canon está casi ciego. Aquí no lo está pero tiene hipermetropía. Me gusta mucho como se ve con gafas preo tampoco quiero que las lleve todo el rato. Para él imagino una de esas gafas al aire de montura muy fina.

Arekusa, sip Itachi fue ajaj. Creo que a Itachi le gusta estar involucrado en los asuntos de su hermano pequeño así que se presentó a sus amigos en la graduación. Aunque Dei y él no eran tan amigos pero como parte del mismo grupo, quiso conocer con quién se juntaba su hermano. Veo a Dei interesándose por Obito desde el minuto cero, tiene buen ojo jejej. Y bueno, Karin ya se enteró. No estaba presente pero sí se enfadó por ser dejada al margen. Creo que el estar en otra parte y el cambio de aura ayudaron a que lo asimile. En el manga ella se deja llevar mucho por esa habilidad suya de sentir el chakra y sólo le atrae Sasuke porque su chakra es "muy puro y agradable". Sobre lo de Obito, leí que mucha gente con carencias afectivas espera que conseguir el amor solucione todo pero no es así y hasta que no averigüen lo que está mal van a acabar cometiendo los mismos errores una y otra vez. Obito si quieres a Dei, muévete jaja, pero hablando en serio, mi Dei normalmente ya se habría dado cuenta de sus flirteos. Siempre se me juntan gracias al azar o porque Dei da el primer paso y hay que cambiar y salir de la zona de confort. :3

Lybra, Karin está prejuiciada contra Obito. Creo que cuando nos cae mal alguien nos cuesta mucho ver hasta sus cosas buenas. Que Obito tampoco ha dejado que otros vean. Y es hora de que Zetsu desempolve esas cintas comprometedoras donde Madara y el CEO de su empresa rival se besuquean por ahí en un rincón que se supone que no debe tener cámara pero la tenía. Me gustó todo lo que dijiste de la sesión y me hizo pensar. Lo importante es que la voluntad de cambiar esté ahí para empezar. Tiene que volver a aprender muchas cosas que estaba haciendo mal y va a llevar tiempo, pero ponerle empeño lo hará todo un poquito más fácil. Al final él verá como muchas cosas que le afectaban, en realidad no eran tanto. Ino psicóloga es un gran headcanon. *_* Para mí le queda perfecta esa profesión. Obito estaba hetero mode on en esa fiesta, no vio lo que tenía delante. Pero ya sí lo está viendo *icono luna perv* Y por dios eso es poesía de verdad y no Neruda (? Quiero un omake de Obito sacándose la ropa y quedándose en zunga para Dei después de leer la última entrada del blog "Super duper consejos amorosos de Gai-sensei". La respuesta a la foto la tendrá en vivo, eso está garantizado.

Massi, gracias a ti por leer siempre me hace ilusión cuando la gente se interesa por la pareja ^^ también sufro mucho viéndolos así y con preocupaciones y celos. Nada deseo más que verlos por fin siendo sinceros T_T

HS, adoro escribir a Deidara así todo coqueto y descarado :3 en este se corta mucho sino me quedo sin fic. Me identifico con eso que dijiste, no me gusta verlo sufrir, pero me gusta tratar el tema. Saludos a ti!

El siguiente relatará el resto del viernes, llegada a Konoha, al alojamiento y todo lo que pasará esa tarde (ese es mi plan al menos). Gracias por los comentarios y nos vemos!