¡Saludos a todos! Esta semana vengo con un poquitín de retraso, pero tiene explicación. Me ha cambiado el horario de trabajo semanal este mes. Así que, hasta nuevo aviso, actualizaré los sábados o los domingos (que son mis días libres) siempre y cuando no me lo cambien por algún motivo.
Bueno, a otra cosa, mariposa. A todos los fans de Ace y Timy, ¡que siga volando el confeti! Aquí os llega uno de los capítulos con más recuerdos de la historia para que, quien aún no los conoce, se haga una idea de quiénes son estos dos digimons tan... ¿bichillos? Nos alegra que tengan fans estos hermanitos taaaaan adorables y esperamos que sigáis apoyando sus trastadas (ATENCIÓN, no imiten sus prácticas en sus hogares; es muy peligroso y nada recomendable).
Dicho esto, recordar como cada día que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí, que los personajes originales se cuentan con las manos y cualquier parecido con la obra de otros es una feliz coincidencia con la que iniciar una posible amistad... Y que cualquier review cargado de insultos o acusaciones indebidas será respondido con el mismo nivel de amabilidad. Así que yo me lo pensaría dos veces antes de echar pestes de algo.
Y sin más, a seguir disfrutando con el dúo dinámico de Code Frontier.
Capítulo 52: Familia
La Ermita nunca había estado tan llena de gente como aquel día. Tras la salida de los digimons de los D-Tectors, los mil comentarios de ambos Crossedmons ante las miradas aún perdidas de todos ellos, y de que Arya fuese presentada a todos, el grupo se acomodó dejando a los dos digimons nuevos en una posición desde la que todos les podían ver y ser vistos.
—Contadnos más, por favor —pidió Arya, abrazando un cojín ante la ausencia de un digimon sentado sobre las piernas —. ¿Cómo era vuestra vida?
—Siempre hemos estado en casa —respondió Ace —. Todos decían que era más seguro.
—¿Por qué? ¿Por vuestras travesuras? —preguntó Yumi.
—Timy y Ace son dos digimons especiales —negó Gatomon —. Iba a explicároslo cuando te has desmayado por un recuerdo.
—Perdón —susurró desviando la mirada.
—Son digimons únicos —dijo Patamon —. No hay nadie igual a ellos y sus poderes son también únicos.
—¿Te refieres a lo de abrir portales? —preguntó Takuya.
—Así es —asintió Lopmon —. Ace es capaz de abrir portales a otros lugares, tanto en el mismo mundo como a otros mundos.
—¡Ese soy yo! —asintió orgulloso el gato plateado.
—Y Timy controla el tiempo —siguió el conejo marrón —. Puede detenerlo, ralentizarlo e incluso retroceder un tiempo limitado.
—¿A que es genial? —sonrió.
—Por eso su existencia es algo que muy pocos conocían —siguió Gatomon —. Por supuesto, nosotros, los tres grandes ángeles, teníamos conocimiento más que de sobras de ellos…
—También otros digimons de mayor rango sabían de la existencia de ambos —siguió Lopmon —. Pero tras la caída de los Guardianes, se les perdió el rastro…
—Tío Wise nos explicó cómo teníamos que escondernos para que nadie nos hiciese pupa… Nos dio una nota para que Terri nos ayudase a encontrar ese sitio —dijo Timy jugueteando con sus garras falsas.
—¿Terri? —preguntó Odd.
—Hablan de mi hermano —dijo Lopmon —. ¿Terriermon sabía dónde estabais?
—Sí. Nos cuidó desde el día en que nos presentamos con la nota del tío Wise y cuidó de nosotros hasta que empezaron los problemas. Se fue unos días, dejándonos solos, y cuando regresó, estuvimos moviéndonos por todo el Digimundo hasta que nos dijo que debíamos saltar aquí, a este mundo —explicó Ace —. Por un momento, parecía que iba a pasar como cuando se fue papá…
—¿Todos en los Guardianes eran vuestra familia? —preguntó Arya al ver las caras tristes de ambos.
—¡Sí! —exclamó Timy, iluminándosele los ojos al instante —. Después de papá y mamá, en la lista de favoritos estaba tito Sphinx.
—Algo me dice que ese soy yo —se señaló Koichi —. ¿Por qué era tan querido?
—Nos mimaba mucho y a veces nos ayudaba a preparar nuestras travesuras —dijo Ace.
—¡Como cuando dijiste que querías apuntarte a gastarle una broma a Grey-chu en su cumpleaños y te estrellamos contra la tarta! —rió Timy.
—Ah, qué guay —rió nervioso el de la oscuridad.
—¿Qué hay de mí? —preguntó Chiaki.
—La tía Mer era muy estricta. Quería que fuésemos digimons educados y por ello nos enseñaba modales —empezó Ace —. Pero cuando no estaba en plan profesora, también nos mimaba.
—Y se saltaba todo lo que nos había estado explicando —apuntó Timy.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que en la clase decía que debíamos comer con mordisquitos y después no decía nada porque jugásemos con tito Sphinx a ver quién comía más galletas en el menor tiempo posible —explicó.
—Me huele a que la bipolaridad de Chiaki viene de lejos —susurró Katsuharu.
—Aunque la más tierna de todas, por encima incluso de mamá, era la tía Row —dijo Timy —. Nos mimaba y nos llamaba sus gatitos.
—¿Tan mimosa era? —preguntó Emily. Ambos asintieron —. Ay, cielos…
—¡Más, más! —pidió Arya.
—Tío Theri era nuestro escondite —dijo el gato —. Con todo ese pelaje, papá no lograba encontrarnos cuando hacíamos algo mal y nos iba a regañar… Y como a Theri no le gustaban las cosquillas mucho, nadie le tocaba.
—A Grey-chu siempre le caían las broncas por nuestras travesuras —dijo Timy despreocupadamente —. Como era tan despistado…
—¡EH! —protestó Takuya.
—Pero todo eso se acabó cuando empezó a salir con Magnadramon —suspiró Ace —. Ella era más despierta y siempre sabía cómo sacar del lío al tío Grey, incluso cuando pensábamos que no podía librarse porque en ese momento no estaba en una cita con ella…
—Takuya, siempre igual —negó Leire.
—¿Había alguien que no fuese usado como cómplice o chivo expiatorio? —preguntó Jeremy.
—Bueno, estaba tío Beat —dijo pensativo Ace —. Nos regañaba mucho más que papá… Pero no tenía garra…
—Lo que pasaba —intervino Patamon, ante la cara dubitativa de JP, intentando no reír —, es que Ancient Beatmon intentaba imponer autoridad, pero estos dos eran unos trastos salvajes que sólo Ancient Garurumon era capaz de aterrorizar. Así que, cada vez que ellos hacían una travesura y Beat les regañaba, ellos le ignoraban, se armaba un jaleo terrible y papá o mamá tenían que poner orden.
—Bueno, los lobos tienen más garra que los insectos —se encogió de hombros JP.
—También estaban limitadas las bromas al tío Volca. Era todo un reto lograr atraparle sin que, a los dos segundos, tuviésemos a papá o a mamá detrás —explicó Ace.
—Cierto. Con los terremotos que causaba si se caía o se enfadaba al descubrir la trampa, era "la voz de alarma" del cuartel —asintió Timy.
—Algo me dice que soy el que más paz tenía —rió Katsuharu.
—¿Quién más? —preguntó Tommy.
—Tío Troi era nuestro caballo favorito —sonrió la elfita —. En Navidad, lo decorábamos con guirnaldas, lucecitas y una estrellita. ¡Parecía un árbol de Navidad!
—Tú paz y yo "tierra, trágame" —se encogió Teppei. El otro le dio un par de palmadas en la espalda.
—Tío Wise nos enseñaba trucos de magia —dijo Ace —. Aunque casi siempre se mostraba serio, está claro que le encantaba hacernos de profesor. Y se ganaba nuestra atención con esos trucos.
—Otro con bastante paz —canturreó Teruo.
—A la tía Rose no le gustaba que cogiésemos sus cosas, pero si lo pedíamos correctamente, nos lo dejaba… Aunque luego se arrepentía —dijo Timy.
—Claro, lo tomábamos prestado para esconderlo para que no pudiese usarlo contra nosotros si le estábamos gastando bromas —explicó Ace.
—Sonáis a demasiado bichos, sí —asintió Sissi.
—La tía Diana nos enseñaba muchas cosas sobre las estrellas… Ahora que lo pienso, es a la que menos bromas le hemos gastado —dijo Ace.
—Pero porque ella aprendió de nosotros —dijo con orgullo Timy —. Siempre venía a pedirnos ayuda para ganarle al tío Gao en muchas cosas.
—¿Ganarle al tío Gao? —preguntó Kouji.
—El tío Gao se la pasaba inventando y trabajando en cosas raras siempre que estaba en casa —dijo Ace —. A veces, le ayudábamos, pero no había manera de entenderle, así que nos escapábamos y le dejábamos solo…
—Y cuando la tía Diana decía que estaba cansada de que estuviese tan en las nubes, nos pedía algún juego con el que despistarle y el truco para ganarle —siguió Timy.
—Es decir, que Einstein ya era Einstein en el mundo digital —señaló Odd —. ¿Qué hay de mí?
—El tío Anubis se enfadaba mucho si tocábamos demasiado sus cosas y nos perseguía por toda la casa como un perro rabioso —dijo Timy —. Pero él no era nada comparado con el tío Slay.
—Oh, oh —dijo alto y claro William.
—Mira que el tío Beat era un dramático, pero lo de Slay era exagerado. ¡Gracias al cielo, siempre aparecían tía Row o tía Rose para salvarnos!
—¿Tan malo era? —preguntó Dracomon, las manos en la cabeza e intentando recordar.
—Solíamos gastar bromas a todos, y todos se enfadaban… Pero el tío Slay se enfadaba incluso cuando la broma no era para él o no había estado en casa. Gritaba y nos acusaba de ser digimons virus… Alguna vez dijo cosas feas como "yo los mato" y acababa discutiendo con papi porque lo oyó —dijo Timy.
—¿Era normal nuestras discusiones? —preguntó William mirando a Kouji.
—Sólo era en esos momentos —dijo Ace —. Cuando ya pasaban varias horas, era como si no ocurriese nada. Quizás porque ya habíamos sido castigados y no quedaba otra que calmarse.
—¿Y qué hay de Sakuyamon y Justimon? —preguntó Sissi —. ¿Cómo eran con vosotros?
—La tita Sakuya siempre estaba a favor de mamá, pero algunas veces nos pasaba por algo las travesuras.
—Salvo cuando afectaban al tito Justi —remarcó Timy —. Entonces se enfadaba y, de rebote, aparecía tío Slay y nos gritaba… Aunque antes de todo eso, tía Sakuya le gritaba al tito Justi, dándonos tiempo para escapar.
—¿Justo como en tu recuerdo? —preguntó Ulrich, prudencialmente —. Ellos la liaban y el que recibía era yo, ¿no?
—Si entras en una habitación que no se parece en nada a la tuya pero el cansancio te hace creer que has entrado en la correcta, abres un armario en busca de ropa limpia y empiezas a sacar lencería femenina, ¿no crees que es mejor no sacar más ropa interior y salir a regañar a los enanos? —preguntó Renamon.
—Tengo una preguntita —alzó la mano Aelita —. Hace poco recordé una cosa del pasado, concretamente de cuando digievolucioné a Dianamon.
—¡Nosotros no habíamos nacido, así que cualquier cosa que ocurriese, no es culpa nuestra! —exclamaron rápidamente.
—No, no, nada de eso —negó —. En ese recuerdo se hablaba de una apuesta que enfrentaba a chicos contra chicas… ¿Qué me podéis decir de eso?
—¡La apuesta de la digievolución! —exclamó Timy.
—Era una especie de guerra de sexos, según nos contó tio Gao… que luego nos tradujiste tú misma, tia Diana —señaló Ace.
—¿Me la podéis recordar? —pidió.
—Era a ver qué grupo lograba llegar al último nivel de evolución antes, si los chicos o las chicas —explicó el plateado —. La cosa quedó en empate.
—Por nuestra culpa —añadió la dorada.
—¿Vosotros?
—En sí, deberían haber ganado las chicas porque tito Justi era muy lento —rió la dorada —. Tía Sakuya siempre decía que se exigía demasiado y no medía bien…
—Pero si la victoria fue femenina, ¿por qué empate? —preguntó Katsuharu.
—Porque pocos días antes de que RowPersiamon completase las filas femeninas, mami encontró nuestro digihuevo —explicó Ace —. Y viendo que iban a perder porque Justi era más lento que un caracol sobre una tortuga coja, dijeron que el digimon que naciese de ese digihuevo también contaba.
—Pero nadie sabía que éramos un chico y una chica —dijo Timy.
—Para empezar, resulta raro que salgáis dos de un huevo —señaló Koichi —. ¿Tanta fe tenían?
—Si salía chico, admitirían la derrota —dijo Ace —. Pero si salía chica, ellas debían admitir la derrota. Era la última bala en la recámara —se encogió de hombros.
—Qué mal perder —sonrió Aelita.
—¿En serio nadie tenía fe en mí? —preguntó Ulrich.
—Bueno, según papá, es que querías hacer las cosas tan bien que a veces las hacías mal cuando entrenabas, porque fuera de eso eras increíblemente genial —dijo Timy —. Aun cuando el tío Slay te llamaba novato existiendo Ace, que aún era más novato.
—Troi también le llamaba novato… Y a la tía Sakuya creo que le gustaba llamarnos Trastomons a nosotros dos y a Justi.
—Genial —murmuraron Ulrich y Kitsumon.
—¿Qué hay de nosotras dos? —preguntó Leire.
—Magnadramon era muy buena cuando no estaba tío Grey por el medio —dijo Ace sacudiendo los pies —. Nos permitía subirnos a su lomo y nos llevaba a ver a Ophanimon cuando ella no venía a ver a su hermana Row.
—Y alguna vez, se la robábamos a Grey-chu. La entreteníamos por horas y nadie nos decía nada —rió Timy.
—Seguro que me quedaba solo, esperándola, como un tonto, sin saber que en realidad la habíais entretenido —protestó Takuya —. No sé, pero para ser tan despistado, alguien se dejaba enredar fácilmente…
—¡A mí no me mires! ¡No recuerdo nada! —exclamó Leire sonrojándose.
—No, es que como solía pasar, tío Grey quedaba con ella fuera de casa —dijo Ace —. Pero alguna vez, venía ella porque aún le quedaba tiempo hasta que se fueran a encontrar y aprovechaba para saludar a la tía Row. Normal entre hermanas…
—¿Y yo? —preguntó Neila.
—Bueno… BlackGatomon era la que menos aparecía por el lugar… —dijo Timy —. Pero siempre que lo hacía, nos preguntaba qué tal estábamos, si nos portábamos bien…
—¿Quién le pregunta a dos trastos mundialmente famosos si se portan bien? —preguntó Odd.
—No nos conocía todo el mundo. Éramos un secreto —corearon ambos.
—Yo conozco un secreto que parece estar flotando peligrosamente por todo Kadic y aun así, sigue siendo secreto —insistió el chico.
—Da igual —negó Ace —. BlackGatomon era la única que entendía nuestras travesuras y nos decía que siguiésemos haciéndolas porque eso ayudaría a descansar a los demás.
—Vaya consejo, hermana —dijo Gatomon mirando a su contraparte negra —. Que siguiesen así.
—Bueno… Te recuerdo que yo también he olvidado mi pasado, por lo que no estoy segura de por qué les animaría cuando sus víctimas son dos de mis hermanas —se excusó la negra.
—No sé qué más contaros —dijo Ace —. Si de verdad no recordáis nada, quizás es mejor que no os carguemos con mucha información. Terri nos lo advirtió, aunque no acabábamos de creérnoslo.
—¿Qué os dijo? —preguntó Lopmon.
—Que había visto a papá, a mamá y a los titos —respondió Timy —. Pero que eran un poco diferentes.
—Nos explicó que ahora eran humanos y que sus recuerdos estaban perdidos —siguió Ace —. Y cuando le dijimos que os haríamos recordar todo, nos dijo que debíamos ir poco a poco para que no os pasase nada malo.
—Me alegra ver que Terri se ha portado bien con vosotros… ¡Pero podría haberme dicho algo! —exclamó Lopmon —. Encima que le envié a él de entre todos mis digimons de confianza para intentar dar con vosotros…
—Pero es que el tío Wise dijo que si nos veía alguien, no volveríamos a ver ni a papá ni a mamá —dijo Timy cabizbaja.
Ace pasó un brazo por encima de sus hombros y le susurró palabras tranquilizadoras. Por varios minutos, el grupo permaneció en silencio escuchando los murmullos del digimon plateado hasta que una sonrisilla tímida apareció en el rostro de su hermana.
—¿Alguna pregunta más? —alzó la voz Ace.
—¿Yo os recuerdo a alguien? —preguntó Arya. Ambos la miraron fijamente un rato antes de negar —. Ya veo…
—¿Quieres ser mi amiga? —preguntó de pronto Timy —. Es que como no te conozco, no puedo llamarte tita…
—¿Puedo ser tu amiga?
—¡Claro! —exclamó Ace —. No hay ningún problema con ello.
—¡Me gustaría poder ser amiga vuestra! —exclamó.
—Algo me dice que te arrepentirás —dijo Yumi, con Renamon asintiendo tras ella.
—¡Claro que no, tita Sakuya! —exclamó la elfita —. No se arrepentirá jamás de ser amiga nuestra.
—Yo tengo otra pregunta —dijo Jeremy —. Crossedmons, ¿puedo confiar en que estáis de nuestro lado en esta batalla?
—¿Cómo puedes dudarlo, tío Gao? En serio, sabemos que habéis perdido vuestros recuerdos, pero después de deciros que somos familia, ¿crees que estaríamos en contra de papá o mamá? —preguntó Ace mientras Timy le secundaba con los brazos en jarra.
—Era una simple pregunta —se encogió de hombros Jeremy.
—Por supuesto que os ayudaremos —asintió Timy —. Aunque no podemos pelear.
—¿Por qué? —preguntó Aelita.
—Al venir aquí, nuestro poder se ha quedado algo reducido —explicó Ace —. En otras palabras, no podemos digievolucionar.
—Encontraremos una solución a ello —aseguró la pelirrosa —. Debemos marchar a Kadic.
—¡Vayamos todos juntos! —exclamó Timy.
—Vosotros tendríais que quedaros aquí —dijo Zoe.
—No estoy tan seguro, mamá —dijo con una mueca Ace —. En este lugar huele a Digimundo.
—¿A Digimundo?
—Es leve, pero puedo deciros que se ha abierto un vórtice aquí no hace mucho y no ha sido cosa mía —dijo.
—¿Sabes de quién? —preguntó Takuya.
—Supongo que de Xana-Lucemon… Aunque no tengo ni idea de cómo puede haberlo hecho… —dijo —. Sólo sé que usa la energía acumulada en esas torres raras…
—¿Y si lo ha hecho como cuando regresamos a la Tierra? —preguntó Koichi.
—¡Eso fue Ace! —exclamó Timy —. Xana-Lucemon hizo explotar la torre con mucha energía, pero nosotros fuimos más rápidos y os sacamos de allí…
—Pero esa explosión provocó que perdiese el control de mi vórtice —declaró el digimon.
—¿Nos seguíais? —preguntó Gatomon.
—Terri quería ir al castillo de la dama Ophanimon —dijo Ace —. Le acompañamos y vimos lo que ocurrió. Como perdí el control, estuvimos buscándoos y, a los pocos días, Terri nos dijo que sería mejor que saltásemos al mundo humano.
—Supongo que no os vio nadie —dijo Patamon. Ambos negaron —. Está bien… Pues tendremos que ir todos a Kadic.
—Pero si los ven… —se preocupó Arya.
—¿Queréis que despiste a los mayores para que podáis pasar? Yo soy tan rápida como papá —sonrió Timy.
—Lo haremos sin llamar la atención en ningún sitio —dijo Jeremy —. No sé por qué, empiezo a sentirme nervioso ante las ideas de este par…
