Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you, Ariel, for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Diecinueve: Bella

3 de octubre de 2022

Cambridge, Inglaterra

Me arden los ojos al ver mi laptop. Me siento tan jodidamente exhausta que mi cerebro es prácticamente de goma con lo mucho que he estado pensando hoy. Conseguí un trabajo poco después de llegar a Reino Unido en una editorial con base en Londres. Edito desde casa, lo cual es un lujo que creo que debo agradecerle a la pandemia. Voy a la oficina de Londres de vez en cuando, pero en su mayor parte puedo operar desde nuestro apartamento en Cambridge.

Me he sentido aletargada esta semana, y aunque mi carga de trabajo es ligera, encuentro que es difícil realizarlo. Intento obligarme a enfocarme en las palabras que tengo enfrente, pero no funciona.

Gruñendo, cierro mi laptop de golpe y sacudo la cabeza. Necesito café.

Parándome del sofá, dejo a un lado mi laptop y me asomo por la ventana. Es un hermoso y fresco día de otoño. Es un alivio que al fin el clima aquí se haya puesto frío.

Resulta que agosto es un mes de mierda sin importar donde vivas, pero fue inesperadamente irritante en Cambridge. Septiembre fue mejor, pero el calor duró demasiado para mi gusto.

Busco en el apartamento —me niego a decirle piso— mis zapatos, y luego de ponérmelos y encontrar un abrigo decente me aseguro de tener mi cartera antes de salir.

Cambridge es hermoso, lo aceptaré. Sigo mirando al lado equivocado al cruzar la calle y me pierdo en las callecitas ya que todas se parecen, pero ha sido hermoso.

Tardé una semana luego de mudarnos a nuestro apartamento para encontrar la mejor cafetería cerca de nosotros. Fue mucho de ensayo y error, y estuve bastante enojada durante toda la semana hasta que encontré el lugar adecuado.

Me niego absolutamente a cambiarlo por té.

Edward ya tiene una semana yendo al campus, aunque técnicamente hoy es su primer día de escuela. Estoy emocionada por él, y tan jodidamente orgullosa. Sé que está nervioso por regresar a la escuela, pero también sé que será jodidamente maravilloso.

Llego a la cafetería, me irrito porque hay fila, pero me siento lo suficientemente desesperada para esperar por el café.

En ciertos aspectos, Inglaterra se parece un poco a LA, pero en la mayoría es tan diferente que no sé qué hacer conmigo. Soy ruidosa aquí, más ruidosa de lo que era en casa, y endemoniadamente torpe. No me importa en realidad que la gente me vea así —nunca me ha molestado lo que la gente piensa de mí— pero ser una americana aquí, además de mi bullicio, me hace sobresalir de una manera que no esperaba.

Mi teléfono vibra con un mensaje de Edward y sonrío. Está entre clases, sigue en el campus, pero quiere salir a cenar esta noche. Me parece bien. Quería prepararle algo para celebrar su primer día de verdad en la escuela, pero todavía no le agarro el truco a las tiendas de abarrotes aquí.

Mientras tecleo mi respuesta, puedo sentir que el pecho se me tensa con el conocido dolor de la acidez. Lo he sentido mucho recientemente, y le echo la culpa a la comida que hemos estado probando fuera. En serio debería ir al supermercado pronto.

La acidez sigue aumentando hasta que me siento tan incómoda que tengo que ir a buscar una farmacia.

Salgo de la cafetería enojada porque voy a tener que saltarme mi café por esta mierda.

La farmacia está a unas calles más adelante y avanzo a zancadas, sufriendo dolor y frustrada.

Está felizmente vacía cuando avanzo por el pasillo para buscar un antiácido.

En la caja, la señora detrás de la registradora me dedica una sonrisa al ver mi compra.

—¿Sientes un poco de acidez, amor?

Gruño.

—Sí. Todavía no me acostumbro a la comida de aquí.

Sonríe.

—Puedes tardar en acostumbrarte —concuerda—. Aunque yo nunca sufrí de acidez hasta que estuve embarazada por primera vez. ¡Luego duró casi los nueve meses!

Me congelo, mi cuerpo se enfría.

—¿Qué?

Sigue hablando, pero todo lo que puedo escuchar es la palabra embarazada repitiéndose una y otra vez en mi cabeza. Me aparto del mostrador —a pesar de que la señora detrás de la caja me está hablando— y regreso por los pasillos. De ninguna manera estoy embarazada. El DIU es casi perfecto en su confiabilidad.

De ninguna puta manera puedo estar embarazada.

Excepto que me he sentido rara desde que llegué aquí. Supuse que era el estrés de mudarme a un país nuevo y esas mierdas, pero ¿y si no lo es? ¿Y si…?

Paseo por los pasillos, golpeando mis dedos contra mi palma mientras miro las pruebas de embarazo. Mierda. ¿De verdad lo voy a hacer?

Nunca he tenido que hacerme una prueba de embarazo sola. Las chicas siempre han estado a mi lado para esto. ¿Qué carajos se supone que voy a hacer si sale positiva?

Voy a vomitar, y a pesar de que sé que es por los nervios, una parte de mí se pregunta si son náuseas matutinas.

Contrólate, Bella.

Agarro unas cuantas pruebas y regreso a la caja. La mujer me mira con ojos como platos y solo gruño, me siento demasiado nerviosa para hablar.