Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Veintiuno: Edward

3 de octubre de 2022

Cambridge, Inglaterra

No puedo respirar, pero de buena manera, creo.

Caigo de rodillas frente a Bella, subiendo su suéter a pesar de sus protestas. Miro su suave vientre y suspiro, dejando un beso allí.

—Jodido infierno —resuello—. Vamos a ser padres.

Bella solloza suavemente y la miro. Tiene lágrimas y mocos cayéndole por la cara, y se ve tan jodidamente aterrada. Dejo otro beso en su estómago, cierro los ojos al intentar asimilar este desarrollo tan imposible, maravilloso y aterrador.

—¿Estás llorando? —me reclama Bella. La miro.

—Sí —susurro, apoyando la cara en su vientre—. Sí, sí estoy llorando.

Suelta un ruidoso sollozo y la miro.

—Grandioso, cabrón. ¡Ya me hiciste llorar otra vez!

Me río, de repente me veo abrumado de emociones. Estoy tan jodidamente feliz. Endemoniadamente aterrado, pero carajo, esto es jodidamente todo.

—Dios, te amo —susurro, besando su vientre una vez más antes de ponerme de pie. Tomo su cara entre mis manos. Tiene sus ojos enormes y asustados llenos de lágrimas. Nunca la había visto verse más vulnerable, y eso despierta algo dentro de mí. Haría cualquier puta cosa para protegerla—. Bella, lo eres todo para mí —susurro—. Estoy tan jodidamente enamorado de ti en este momento.

Solloza con fuerza.

—Voy a engordar —advierte. Sonrío.

—Genial, tal vez así ya no sentiré que estoy acurrucado con un esqueleto. —Me pega en las costillas con el codo, pero veo su sonrisa. Sabe que la amo sin importar su aspecto. Somos mucho más que eso—. No sé cómo carajos pasó esto.

Me interrumpe con una sexy ceja alzada y me río. Bien, sí, sí sé cómo pasó. Tenemos mucho sexo.

»Pero, nena —digo, siguiendo adelante—, estoy tan jodidamente feliz. Sé que tienes miedo. Yo también tengo miedo, pero lo resolveremos juntos, ¿de acuerdo? —Mis pulgares rozan debajo de sus ojos y exhala un tembloroso aliento.

—Juntos —repite.

Sonrío.

—Siempre.