Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Veintitrés: Bella

3 de octubre de 2022

Cambridge, Inglaterra

—¿Siquiera tenemos permitido tener a Engendro en este apartamento?

—Nena… piso… —me corrige Edward, besando mi estómago. Ambos estamos pegajosos a causa del sudor, seguimos en el sofá. Está envuelto en mi estómago, tiene la cara apoyada en él. Es tan dulce que es irritante.

—¿Nuestro contrato dice que no puedo embarazarme?

Edward gruñe sobre mi piel.

—No sé. No le presté atención a ninguna cláusula sobre embarazos.

Puedo sentirlo sonriendo y alzo las caderas un poco, moviéndolo. Se ríe y levanta la cabeza para apoyar su mentón en mi costado.

—Todo estará bien, nena. Si por alguna rara razón no podemos quedarnos aquí, encontraremos otro sitio.

Frunzo el ceño.

—Pero acabas de empezar la escuela. No podemos mudarnos cuando intentas establecerte.

Sacude la cabeza.

—Todo estará bien —insiste—. Te lo prometo. —Se agacha para besar mi costado y me sobresalto. Alza su mirada a la mía y sonríe.

—Si me haces cosquillas me orinaré encima de ti —le advierto. Sonríe.

—Valdrá la pena.

Resoplo.

—Pervertido.

Se ríe entre dientes y vuelve a recostar su cabeza.

—¿Tenemos permitido tener a Engendro fuera de los Estados Unidos?

—Bebé —me corrige, murmurándolo sobre mi estómago. Pongo los ojos en blanco—. ¿Por qué no lo tendríamos permitido?

—No sé. ¿Y si le robamos la oportunidad de ser presidente porque yo fui la idiota que se embarazó en el instante en que salimos del país?

Edward se ríe.

—Si eso es lo peor que le pasará a nuestro niño, estaré feliz.

Se me hace nudo el estómago. Dios. Los engendros se convierten en niños.

—Jesucristo —gimo, tapándome los ojos con un brazo—. ¡Siempre vamos a tener al Engendro!

Edward me rodea con sus brazos y lo miro por debajo del mío.

—Sí —susurra, y sus ojos tienen una mirada específica que en serio me hace querer llorar—. No hay forma en que te deshagas de mí ahora. Siempre estaremos unidos por esto.

Bajo los brazos y me alzo sobre los codos.

—¿En serio? —pregunto—. ¿Creías que existía la más remota posibilidad de que me deshiciera de ti? —Edward solo me mira sin hablar—. Primero que nada, me casé contigo y literal una vez dije que si alguna vez me casaba era porque alguien me había hecho una lobotomía y había falsificado documentos. —Se ríe mientras hablo, y sonrío—. Segundo, eres mi mejor amigo. Eres la única persona que he conocido que me acepta como soy. Sin hacer preguntas, sin intentar cambiarme. Me ves y me amas de todas formas. Estaría jodidamente loca si huyera de esto. —Sacudo la cabeza—. Más bien, el Engendro de tu esperma es mi garantía de que no me dejarás.

Edward se sienta.

—Nunca sucederá —gruñe. Bufo.

—Dices eso ahora —digo lentamente—, pero no sabemos qué tan lejos puede llegar mi locura. También es genético y sabemos por mi mamá que solo empeoraré con la edad.

Edward sube por mi cuerpo antes de que pueda seguir hablando y me detiene con un beso, empujándome contra el sofá.

—Cuando vas a ver —susurra, apartándose de mí— lo mucho que completaste mi vida cuando te conocí.

Trago con fuerza.

—A veces siento que es demasiado bueno para ser verdad.

Sonríe con suavidad, su pulgar me roza la mejilla.

—Lo sé, nena. Pero es real. No somos perfectos, pero juro por Dios que somos perfectos el uno para el otro.

Me duele el corazón con lo mucho que lo amo. Suena cursi, pero en realidad no sé qué bondad pude haber hecho en mi vida para merecerlo. No soy un monstruo ni nada así, pero sé que tampoco soy una santa. Es difícil imaginar algo en mi vida que me hiciera merecedora de Edward.

Él me hace querer ser una mejor persona. No todo el tiempo, porque soy humana y eso es agotador, pero él tiene una motivación y una pasión y, carajo, me encanta eso. Quiero eso para mí, y un día, quiero que su jodido Engendro se sienta orgulloso no solo de lo maravilloso que es su papá, sino de lo maravillosos que son su padre y su madre.