¡Hola a todos! Aquí estamos un día más actualizando la historia con otro capítulo lleno de acción para que no os aburráis en tan caluroso día que estamos pasando (al menos, por donde yo vivo).

Para no variar, recordaros a todos que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí, que los personajes originales se cuentan con las manos, que cualquier parecido con la obra de otro es casualidad y que cualquier parecido con la vida real... Bueno, eso ya no tenemos mucha idea.

Gracias a quienes os pasáis a leer y dejáis review y sentimos no poder responder al momento. También estamos contentas de seguir añadiendo números al contador de "días sin comentarios insultantes". Teniendo en cuenta que decidimos reiniciar el fic y que eso ha conllevado alargar aún más la espera de aquellos que ya nos seguían desde que esta historia era actualizada por Lily, nos alegra que sigáis apoyándonos aun con la larga espera y que los pequeños cambios o añadidos hasta el momento no generan ningún tipo de comentario negativo.

Y bueno, sin más, aquí os dejo el capítulo para que lo disfrutéis a la sombra, con un refresco bien frequito o con un buen helado con el que aplacar este asfixiante calor de verano.

¡Hasta la semana que viene!


Capítulo 55: Sin visión

Mercurimon temblaba escondido en el interior de Sephirotmon. La batalla entre Angewomon y LadyDevimon estaba provocándole escalofríos con tanto tirón de pelo, tanta bofetada y tanto insulto.

—Maldita blanquita… ¡Melodía mortal!

—¡Estoy harta de ti! —chilló Angewomon, posicionándose en línea con su rival y extendiendo los brazos —. ¡Encanto celestial!

—¡No! ¡Eso sí que no! —chilló la oscura al ver la bandada de murciélagos destruida por el ataque de la otra.

—Hasta nunca, LadyDevimon —sonrió Angewomon viendo a la otra desaparecer —. Espero que te hagan sufrir en el inframundo.

—Muy buen trabajo, Angewomon —aplaudió Mercurimon, sorprendiéndola —. Empezaba a pensar que jamás acabaríais.

—Esto era algo que tenía pendiente —dijo la otra, resoplando cansada.

—Si quieres, puedes salir al exterior —informó el guerrero del metal mientras aparecía un ojo a su espalda.

—¿Por qué no habría de querer?

—Resulta ser que Duskmon puede digievolucionar y he tenido que encerrarle junto a los otros cinco.

—Pues si ellos están ahí, no veo razón para estar aquí más tiempo —dijo Angewomon caminando hacia el ojo —. Saldré a ayudar.

Asintiendo, Mercurimon se hizo a un lado y dejó a la otra salir. El panorama en el exterior no animó para nada al ángel, que se obligó a desviar la mirada de la pared destrozada, presumiblemente por Velgemon, para buscar a sus dos compañeros. La rabia que había estado sintiendo en su pelea contra LadyDevimon volvió a crecer ante la imagen de los cuatro digimons que atacaban a MagnaAngemon y a Antylamon.

—¡Ataque punzante!

—¡Láser X!

—¡Parad los dos ya! —pidió Antylamon, esquivándolos a ambos.

—¡Cola martillo!

—¡Ten cuidado, Antylamon! —chilló MagnaAngemon lanzándose contra los otros dos mientras el conejo se apartaba de un salto a tiempo.

—Así no llegaremos a nada —protestó el conejo.

—¡Chicos! —llamó Angewomon —. ¿Cómo vais?

—Fatal —corearon ambos.

—¡Círculos láser!

—Vosotros ocupaos de tierra —suspiró esquivando el ataque y alzándose por encima de todos —. Ya he sufrido bastante con la cerda aquella como para que vengas tú también y me cabrees, Aquilamon. Así que pórtate bien, sé un buen digimon y obedéceme —señaló.

—Lo suyo sería tenerlos a todos en un único punto —protestó Antylamon, saltando sobre Ankylomon e intentando mantener el equilibrio sobre él.

—Por ellos mismos no van a quedarse quietos —respondió MagnaAngemon —. A no ser que… ¡Angewomon! ¡Lanza a Aquilamon contra estos dos!

—¿Crees que funcionará? —preguntó Angewomon.

—Tú vuelca a Ankylomon también, Antylamon —indicó el ángel —. Despistaré a XV-mon y a Stingmon todo el tiempo que sea necesario.

—Pues no será fácil volcar a semejante criatura…

—¿Alguien necesita ayuda por aquí? —preguntaron Arbormon y Grumblemon.

—¡Justo a tiempo! —exclamó Antylamon.

—¡Atentos todos, voy a intentar algo! —llamó Angewomon —. Lo siento, Aquilamon, pero si sigues intentando darme cornadas, no me dejas otra opción… ¡Aire santo!

Sobre ella, se creó un anillo de luz dorada que emanaba energía. En el suelo, más de uno alzó la vista al sentir las energías renovadas para ver a Aquilamon paralizado, igual que había pasado con XV-mon, Stingmon y Ankylomon. Sin perder más el tiempo, Angewomon se lanzó hacia el águila, tomándolo del ala sin dificultad y lanzándolo contra los otros en el suelo.

—¡Diana! —exclamó alegre mientras descendía junto a MagnaAngemon.

—¡Ankylomon va! —gritó Antylamon.

—Pues sí que pesa, sí —resopló Grumblemon. Tanto él como Arbormon rotaron los brazos.

—Ojalá funcione… ¡Desinfección sagrada!

El grupo observó cómo el poder sagrado de MagnaAngemon envolvía los cuerpos de los cuatro caídos, que se agitaron por casi un minuto. Cuando el ángel dio un paso hacia atrás, los cuatro digimons dejaron de moverse.

—¿Qué hago bocabajo? —chilló de pronto Ankylomon, agitando las patas con fuerza en intentos de voltearse —. ¡Ayudadme, por favor!

—¿Qué sitio es este? —preguntó Aquilamon, logrando salir de debajo del otro digimon y sacudiendo su emplumada cabeza.

—¡Funcionó! —saltó Antylamon —. Vuelven a ser ellos mismos.

—Menos mal, porque yo estoy sin ideas —suspiró Angewomon.

—¿Angewomon? ¿Dónde estamos? —preguntó el águila.

—En el mundo humano —respondió.

—¿Cómo hemos llegado aquí? Pero si…

—Es muy largo de explicar —acortó MagnaAngemon —. Por ahora, será mejor que os retiréis a descansar.

—¿Acaso habéis olvidado mi situación? —protestó Ankylomon, aún pataleando y dando coletazos.

—Vamos, vamos —rieron Grumblemon y Arbormon, saltando la cola del digimon como si se tratase de una comba.

—¡Rápido! ¡Hay algo molestándome en la espalda! —pidió el dinosaurio.

—¿Será una piedra? —preguntó el de la tierra.

—¡XV-mon, espabila! —oyeron de pronto —. ¡No puedes quedarte aquí tirado!

—Aquilamons… cayendo… Socorro…

—¿Stingmon y XV-mon también aquí? —se asomó Aquilamon —. ¿Pero qué ha ocurrido?

—No lo sé —negó Stingmon —. Yo estaba tranquilamente en el bosque y, de pronto, estoy aquí, con XV-mon atontado —respondió el digimon insecto.

—Oh, vaya… Creo que está así porque te he tirado contra ellos —señaló Angewomon intentando no reír.

—¿Que yo qué? ¡Perdón, XV-mon! ¿Tú estás bien, Stingmon? En serio, yo no quería… —empezó a decir el águila mientras veía al digimon azul levantándose tambaleante.

—Me duele todo el cuerpo…

—Tranquilos, podéis ir a descansar e incluso regresar al Digimundo —aseguró MagnaAngemon, volteándose y buscando entre los demás —. ¡D'Arcmon!

—¿Qué ocurre? —se acercó el ángel de la lucha tras apartar de su camino a varios enemigos.

—Si mal no recuerdo, tu compañera tiene poderes curativos. Acompaña a estos cuatro con ella —indicó.

—Enseguida.

Los tres ángeles observaron cómo sus cuatro amigos marchaban siguiendo a la digimon ángel hacia un lugar más seguro en el que respirar tranquilos. A un gesto de ambos, Grumblemon y Arbormon regresaron con los demás, dispuestos a ayudar a quien fuera que necesitase ayuda extra. Estaban a punto de dar media vuelta y dirigirse hacia donde Sephirotmon cuando unos aplausos a sus espaldas les paralizaron.

—Bravo, bravo, bravo. No esperaba menos de vosotros, los tres Grandes Ángeles —rió una voz entre los árboles. Poco a poco, desde el bosque, empezó a extenderse una densa niebla que cubrió todo Kadic.

—Esto no puede estar pasando —susurró Antylamon.

—Así no podrán pelear los chicos —advirtió MagnaAngemon.

—Si al menos estuviese la guerrera del viento aquí… Pero no —negó con fastidio Angewomon volteándose hacia el bosque —. ¿Qué pasa hoy? ¿Acaso es el día de los reencuentros fastidiosos? Primero la arpía de negro y ahora el vampiro de pacotilla… ¡No los soporto!

—Y es la cuarta vez que nos enfrentamos a él… —bufó el otro ángel.

—¿Acaso no se cansa de perder? —preguntó Antylamon.

—¿Qué os ocurre? ¿Es que no podéis verme? —la risa del vampiro inundó la zona —. Qué lástima, porque yo sí os puedo ver perfectamente… A ver qué sois capaces de hacer con esta poca visibilidad, oh grandiosos ángeles… ¡Corriente sangrienta!

...

Desde la puerta del gimnasio, Arya intentaba identificar a todos en aquella espesa niebla que se había alzado desde el bosque y había cubierto el campo de batalla. Oía los ataques y los movimientos de todos, pero no estaba segura de si realmente estaba yendo todo bien para el grupo de los Guardianes.

Tras ella, Neila observaba a Leire ocupándose de las heridas de los cuatro digimons que D'Arcmon había acompañado allí esquivando por poco la niebla.

—¿Vas bien? —preguntó la chica.

—Sí —asintió Leire, pasándose una mano por la frente para quitarse el sudor.

—Será mejor que guardes energías para los demás —dijo Arya —. Creo que esta vez van a necesitar a una sanadora más que nunca.

—Sentimos mucho haberos atacado —se disculpó XV-mon —. Ni tan siquiera somos conscientes de cómo hemos podido hacerlo…

—XANA os controlaba —dijo Sissi, levantándose y probando a moverse por el gimnasio —. Imagino que aprovechó un despiste vuestro para atraparos y por eso no recordáis lo que ha pasado.

—Deberíamos haber sido más precavidos —convino Aquilamon.

—¡Eh! ¡Logro ver movimiento acercándose a la niebla! —llamó Arya.

—¿El qué? —preguntaron todos, apelotonándose en la puerta para observar.

Entre los árboles, una solitaria figura avanzaba en dirección al campo de batalla, invisible para los que peleaban y, poco a poco, también invisible para quienes estaban en el gimnasio.

—Eso no me parece ningún digimon —corearon los Crossedmons.

—Es esa estúpida medusa —protestó Sissi —. Ya la hemos liado —alzó los brazos antes de volverse a las tres chicas —. Ese monstruo roba los datos de los demás.

—¿Es grave? —preguntó Neila.

—Con los datos que roba, nuestro enemigo crea clones. Así es como han surgido los clones que hay, incluidas Kim e Yla —explicó.

—Entonces hay que detenerla —dijo Stingmon.

—¡Esperad! —se interpuso Sissi —. Si esos tentáculos os atrapan, podríais volver a ser poseídos y XANA volvería a controlaros otra vez.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Ankylomon.

—¡Ya no se ve! —exclamó D'Arcmon.

—Maldición… ¡Ahora sí que la hemos perdido! —exclamó Aquilamon.

—Hemos de alertar a los demás —dijo Sissi.

—Entonces, mejor salgamos a ayudar —decidió Neila, activando su D-Tector —. ¡Código digital Lyoko, digievolución!

—Nosotros estaremos aquí para lo que sea —dijo Arya.

Con cuidado, las tres chicas y D'Arcmon se acercaron a la niebla. Podían oír las distintas peleas que se estaban librando en aquel lugar, pero no eran capaces de decir con exactitud dónde se encontraba cada combatiente. Todo cuanto veían era niebla; ni tan siquiera eran capaces de localizar a Sephirotmon, con todo su tamaño.

—A ciegas lo único que conseguiremos será que nos atrapen a nosotras, nos golpee un ataque perdido o estorbemos a alguien —dijo D'Arcmon.

—Pero no tenemos otro sistema —negó Sissi —. La única que podría quitar esta niebla es JetSilphymon, y resulta que está ocupada peleándose con un pajarraco esquelético dentro de Sephirotmon.

—¿Y entonces, qué? —preguntó Leire —. ¿Qué podemos hacer, Takuya? —pensó, frustrada ante no tener ninguna idea. Casi sin darse cuenta, alzó las manos ante ella llamando la atención de las otras.

—¿Qué haces? —preguntó D'Arcmon.

—No estoy segura —reconoció mientras seguía concentrando energía hasta hacer aparecer un báculo de oro con un ángel de diamante enmarcado en un aro como cabeza.

—Muy bonito, pero dime para qué va a servir —señaló Sissi.

—Oye, ¿no se supone que eres algo así como un ángel sagrado? —preguntó Neila.

—Quizás… —cogió aire y elevó el báculo por encima de su cabeza —. ¡Viento brillante!

Poco a poco, la niebla alrededor de ellas empezó a disiparse. Aunque no acabó con ella por completo, sí les permitió ver a un par de metros más de distancia.

—Esto no será suficiente —negó Sissi.

—Pero algo es algo —declaró Leire.

—Yo creo que sí es suficiente —señaló Neila. Algo más adelante, la Scyphozoa atrapaba por la espalda a Beetlemon.

—Estúpida medusa… Espero que Beetlemon sea el primero y único al que ha atrapado —corrió Sissi.

—Yo soy más rápida —declaró D'Arcmon, desenvainando su espada y lanzándose contra la medusa.

—¡Hay que apartarla de aquí! —gritó Sissi mientras veía al guerrero del trueno caer al ser cortados los tentáculos que le retenían.

—¡Cuidado ahí! ¡BlackGatomon, cambio de digievolución a… Witchmon! ¡A ver quién es el idiota que se mete conmigo ahora! —exclamó la bruja digital.

—¿Ésa es BlackGatomon? —preguntó Neila mientras su dispositivo brillaba en su cintura.

—No es tiempo para eso, debemos ayudar a Beetlemon —apremió Sissi.

—Witchmon y yo os cubriremos —aseguró D'Arcmon.

—¿Qué… ha… pasado? —preguntó Beetlemon confundido.

—La Scyphozoa te ha pillado por la espalda. Tranquilo, ya la estamos alejando —dijo Leire —. Vamos atrás, necesitas des…

—¡Cuidado abajo! —oyeron gritar a Sephirotmon.

Toda una serie de misiles de luz empezaron a impactar alrededor de todos, obligándolos a encogerse en el lugar para intentar no ser alcanzados.

...

MagnaAngemon alzó la vista al sentir los ataques cayendo a poca distancia. Con fastidio, dejó atrás a Angewomon y a Antylamon y se elevó hasta salir de la espesa niebla para encontrarse con un Sephirotmon en pleno ataque de nervios.

—¡Sephirotmon! —llamó. La cabeza de la bestia del metal se alzó hasta él, reflejando alivio segundos antes de volver a expulsar un nuevo ataque, esta vez de fuego, por encima de la niebla —. Cálmate, Sephirotmon —pidió acercándose con cuidado —. Intenta lanzar los ataques hacia arriba.

—¡No puedo controlarlos todos! —respondió apenado y dolorido —. Es como tener dolor de estómago… Demasiada información de esos seis y sus ataques… Aunque quisiera, no puedo redirigirilos hacia donde yo quiera.

—Lo entiendo, pero debes calmarte —pidió alzando ambos brazos ante él —. Escúchame, voy a ayudarte —dijo antes de ser rodeado por el digicódigo. Para cuando éste desapareció, MagnaAngemon iba completamente de blanco y sólo tenía dos enormes alas —. Yo me encargaré de proteger este lugar de lo que no puedas desviar a tiempo.

—Pero…

—Confía en mí.

Asintiendo, la bestia del metal empezó a tranquilizarse. De tanto en tanto, algún ataque mal despejado le alteraba, pero las palabras de MagnaAngemon volvían a tranquilizarle y hacer que su mente dejase de irse a pensamientos negativos. La repentina calma en su interior hizo que el digimon del metal se atreviese a asomar su otra cara por el lugar en el que retenía a los seis digimons.

—¿Pero qué demonios…? —se preguntó Mercurimon ante la que se le venía encima.

—¡Ahora! ¡Destrucción solar!

—¡Bastón de la oscuridad!

—¡Anclaje de Blitz!

—¡Ultra turbulencia!

—¡Cazador helado!

Los cinco ataques dieron de lleno en Velgemon, quien empezó a sufrir unas extrañas interferencias, como un canal de televisión que pierde la señal, antes de desaparecer.

—Se acabó —declaró Reichmon, dejándose caer al suelo.

—Menos mal, porque no aguantaba más —sopló Aldamon, tirándose junto a él —. Ese pajarraco es imposible de domar…

—Al menos, hemos acabado con él —resopló JetSilphymon, apoyada en su gran molinillo.

—Sí, eso es algo bueno —aceptó Mermaimon —. ¿Pero ahora qué?

—Ahora toca salir —respondió Beowolfmon dándose la vuelta para mirar a Mercurimon —. No hay peligro, puedes acercarte.

—¿Sabías que estaba aquí? —preguntó acercándose algo vacilante mientras cuatro pares de ojos reparaban en su presencia.

—Llámalo instinto —se encogió de hombros.

—Habéis peleado muy bien —alabó el del metal.

—Si ese pajarraco no tuviese tanto poder, habríamos acabado antes —declaró Aldamon.

—Ha sido realmente agotador —admitió Mermaimon.

—¿Queréis descansar? —preguntó.

—Ya lo haremos después —respondió JetSilphymon —. Salgamos a respirar aire fresco.

—Cierto, aquí no es que haga mucho aire —comentó Reichmon, levantándose con la ayuda del ancla de la sirena.

—¿Alguien me echa una mano? —pidió Aldamon estirando ambos brazos.

—Al cuello, so gandul —soltó Mermaimon, dejándolo allí tirado.

—Creo que alguien necesita descansar —canturreó Reichmon.

—Tranquilo, luego te contamos la fiesta —alzó la mano Beowolfmon, dándole la espalda.

—Y no te preocupes, que le diremos a tu novia que estás sano y salvo —rió JetSilphymon.

—¡Dejad de picarme ya todos! En serio, sois odiosos —declaró poniéndose en pie él solo.

Mercurimon, por su parte, abrió un portal hacia el exterior, quedándose a un lado mientras los cinco híbridos salían, entre risas. Tras un último vistazo al paisaje destrozado por la batalla, volvió a centrar su mente en su forma animal. Los gritos de Mermaimon, en el tejado donde habían aparecido los cinco, fueron de gran ayuda para volver a la realidad de Kadic.

—¿Qué rayos ha pasado aquí? —protestó la sirena.

—¿Seguro que seguimos en París y no en Londres? —preguntó Beowolfmon.

—Seguro, hermano —asintió Reichmon.

—¿Y qué pinta toda esta niebla? Antes no estaba —señaló Aldamon.

—Ha sido creada por Myotismon —informó MagnaAngemon, aún con su aspecto más sacerdotal —. Apareció poco después que vosotros entrarais en Sephirotmon con Velgemon.

—¿Y por qué la niebla? —volvió a preguntar Aldamon.

—Es un vampiro, la necesita para cubrirse de la luz del sol —respondió —. Antylamon y Angewomon están peleando contra él, pero…

—Da igual qué hagan, la niebla sigue expandiéndose con cada movimiento de Myotismon —habló Sephirotmon —. Me es imposible atraparle porque no logro verle y también es complicado que lance ataques porque podría herir a los demás.

—Así no hay quien luche —protestó Mermaimon.

—En ese caso, tenemos que hacer las cosas sencillas —saltó JetSilphymon —. ¡Ultra turbulencia!

—Oh, vaya… ¿Alguien más piensa que está furiosa? —rió nervioso Aldamon.

—Si sigue así, acabará sin energías —negó MagnaAngemon.

—Ya me encargaré de alejarla rápidamente si eso pasa. Pero es vital ver a qué atacamos —declaró Beowolfmon saltando al suelo.

—Cierto. Quizás por eso fuerza su molinillo aunque no le convenga —aceptó Reichmon.

...

Myotismon esquivó por poco un rayo de sol. Sobresaltado, miró alrededor encontrándose con la ausencia de su espesa niebla en un momento bastante peligroso para él, a demasiada distancia de los árboles.

—¡Flecha celestial! —el ataque de Angewomon le dio de lleno, causándole gran dolor. El ángel no pudo reprimir la sonrisa algo siniestra —. Oh, vaya, parece ser que esta vez sí te he dado…

—Malditos niñatos… Han vencido a Velgemon…

—¡Esta vez no podrás escapar de nosotros, Myotismon! —saltó Antylamon, con las manos transformadas en cuchillas y logrando encajarle dos cortes al vampiro.

—Malditos grandes ángeles… Habéis tenido suerte esta vez, pero eso no volverá a ocurrir, os lo aseguro —dijo ocultándose con la capa —. ¡Retirada!

—Ah, no, nada de escapar —negó Angewomon, preparando otra flecha. Sin embargo, para cuando la quiso disparar, el vampiro y cualquier otro enemigo ya habían desaparecido —. Cobarde…

Por detrás, JetSilphymon descendió visiblemente agotada hasta apoyarse en Beowolfmon. A la entrada del gimnasio, Leire mantenía sus manos firmes ante Beetlemon. Prácticamente todos corrieron a reunirse en grupo, siendo Mercurimon y MagnaAngemon los últimos en acercarse.

—¿Y ahora? —preguntó Emily.

—¿Alguien aquí sabe de construcciones rápidas? —preguntó Odd —. Porque si no es así, aquí no podemos hacer nada.

—Sí podríamos hacer algo, comernos las broncas —señaló Jeremy —. Esto es demasiado…

—Entremos al bosque y demos un rodeo —señaló Angewomon.

—¿Todos? —preguntó Arya.

—Tú, Neila y Leire quedaos aquí —indicó el ángel.

—También se debería quedar Beetlemon —dijo Sissi —. La Scyphozoa le ha atrapado y no creo que esté aún lo suficientemente bien como para dar el rodeo rápido.

—Lo siento, yo…

—No te preocupes —se inclinó D'Arcmon —. Con la niebla, no podías ver nada.

—Eh, en serio, marchemos ya o seremos descubiertos y, a demás, usados como peones de obra —señaló Odd.