¡Buenas a todos! Aquí me paso otro finde, esta vez volando porque tengo bastante faena por hacer.
Recordaros a todos que cada una de las series con las que está hecho este fic pertenece a su respectiva dueña, que no somos ni raf-lily ni yo, que los personajes originales son un puñadín que si se parece al personaje de otra persona, preferimos primero hablar y después hacer amigos antes que tirar tomates... Y que aunque alegra recibir reviews (venga, que no cuesta nada, le sacaréis una sonrisa a Lily al final de su agotador día), alegra aún más seguir sin recibir mensajes molestos que cabrean el día. ¡Aúpa esos lectores buenos!
Y bueno, lo dicho, que tengo prisa. Os dejo con el capítulo de la semana. ¡Hasta la próxima!
Capítulo 57: Identidad en peligro
Ya era algo rutinario ver aquellos monstruos peleando en los terrenos de Kadic. Aun así, no podían despegar los ojos de la batalla y de sus luchadores, por mucho que siempre actuasen del mismo modo o viniesen los mismos seres malvados a enfrentarles.
Posiblemente, lo único que causaba intriga tanto en alumnos como en profesores era el momento de marchar. En vez de subirse los domadores sobre las bestias y correr hacia el bosque, desaparecían misteriosamente, como por arte de magia. Los rumores no tardaron en circular por el centro, trayendo consigo teorías como que el grupo de domadores y sus bestias eran extraterrestres.
Yumi, Wiliam y JP regresaban a clase comentando la última batalla como el resto de observadores. Con el ajetreo que se montaba cada vez que evacuaban los edificios que veían más en riesgo y la separación de grupitos buscando el mejor punto de vista para disfrutar del combate, nadie se fijaba jamás en que algunos de los alumnos desaparecían.
—Yumi, mira ahí, junto a las taquillas —señaló William.
—¿Hiroki? —susurró la chica antes de acelerar el paso un poco más hasta alcanzar a su hermano, apoyado en unas taquillas en plan pensativo —. Eh, Hiroki, deberías regresar a clase —le regañó.
—Ah, hola, Yumi… Pero si ahora iba… ¿Y tú?
—¿Yo qué?
—También estás fuera de clase.
—Porque nos han evacuado por la pelea, enano, y ahora regresamos. Venga, tira para clase —sentenció la mayor antes de alejarse con sus dos compañeros.
Protestando un poco, Hiroki tomó rumbo a su clase sin dejar de lado su actitud pensativa. Ni tan siquiera se dio cuenta cuando regresó a la clase que faltaba el profesor y el resto de compañeros seguían comentando la última batalla con lujo de detalles.
—Eh, Hiroki, ¿estás bien?
—¿Ah? Oh, perdona, Johnny, estaba demasiado metido en mis pensamientos…
—¿Tú pensando? —aguantó la risa el otro.
—No te burles, ¿quieres? Esto es serio.
—¿De qué se trata? Quizás pueda ayudarte —dijo Johnny acercando su silla.
—Se trata de mi hermana.
—¿Le pasa algo a Yumi? ¿Está bien?
—No, no, no es eso —dijo rápidamente antes de bajar más la voz —. Creo que es una de esas personas que controlan a los monstruos.
—¡Venga ya!
—En serio, Johnny, cada vez estoy más convencido de ello. Mira, ella no estaba en su clase cuando han aparecido los monstruos…
—Su clase ha sido una de las evacuadas.
—Aún hay más —siguió susurrando Hiroki, sacando la revista con el especial de monstruos de Milly y Tamiya —. Fíjate, en el grupo hay una chica con temática japonesa, la Geisha.
—Sí, vale… ¿Qué pasa con eso?
—Es mi hermana, estoy seguro —dijo dándole golpecitos con el dedo a la imagen.
—Podría ser cualquiera —negó Johnny —. Nadie ha estado lo suficientemente cerca como para verles las caras y ni Tamiya ha logrado tomar mejores imágenes con su cámara. ¿O acaso no recuerdas que tú tuviste una y no lograste verla bien?
—Sí, sí, pero eso es otro tema. Fíjate, Johnny, son muy iguales. Se mueven igual. ¡Y si tenemos que decir quién en todo Kadic podría tener el papel de Geisha, está claro que gana mi hermana!
—Bueno, ahora que lo dices… Es cierto que no la he visto en ningún lugar cuando han aparecido los monstruos.
—Claro, porque ella estaba en la pelea. ¿Lo ves ahora?
—Vaya… Entonces tu hermana es una heroína… ¿Qué vamos a hacer?
—Desenmascararla —decidió —. La pillaremos y le haremos hablar.
—¿Crees que nos presentará a los monstruos y a los demás domadores? ¡Sería una pasada!
—¿A que sí? —sonrió Hiroki —. Iremos a la hora de la comida.
Dos interminables horas más tarde, los dos recogieron sus cosas lanzándolas de cualquier manera en las mochilas antes de salir corriendo al aula de la mayor. Como imaginaron, justo salía acompañada de sus dos compañeros.
—Espero que Jeremy solucione mi problema de puntería —suspiró William.
—Seguro encuentra algo para que des en el blanco más seguido —le dijo JP. Enseguida vio a los dos menores acercándose rápidamente y, carraspeando, habló en voz más alta —. Aunque creo que mejor pídeles ayuda a alguno de los otros. Las notas de Jeremy no dan credibilidad a su teoría.
—¿Eh? —preguntó William, confuso, antes de buscar alrededor hasta dar con los menores prácticamente encima.
—Hola, chicos, necesitamos hablar con Yumi en privado —dijo Hiroki, tomando el brazo de su hermana —. No os importa, ¿verdad?
—Hasta luego —dijo Johnny, tirando del otro brazo de Yumi.
—¡Eh, enanos, dejadme ir! —protestó la chica.
—Será un instante, Yumi —dijo Hiroki. Fastidiada, Yumi se dejó llevar, no muy convencida de lo que iba a pasar —. Aquí estaremos bien —decidió varios minutos después el menor de los Ishiyama.
—Vale, decidme de una vez qué pasa —exigió.
—Sabemos tu secreto —corearon ambos señalándola.
—¿Qué? ¿Qué decís? —preguntó molesta.
—Sabemos quién eres, Geisha —remarcó Hiroki.
—¿Me apartas de mis amigos para decirme que echas de menos Japón? Porque es lo que te pasa, ¿no?
—No, no le has entendido, Yumi —dijo Johnny —. Quiere decir que sabemos que eres esa Geisha que controla a los monstruos.
—¿Que yo qué? —aunque Yumi les miraba con enfado y molestia, por dentro sentía que iba a caer.
—Yumi, soy Renamon. No hagas ningún gesto raro —oyó en su mente.
—¿Renamon?
—Tu hermano es muy observador, Yumi.
—Su fuerte no es pensar —mentalizó la chica.
—Bueno, ¿algo que decir en tu defensa? —preguntó Hiroki, haciéndola regresar a la realidad.
—Sí, que eres un tonto —dijo, obligándose a improvisar al no saber qué habían dicho los menores —. ¿Cómo puedes pensar que soy una de esas personas?
—¡Te pareces a ella!
—¿Ésa es tu excusa? —preguntó cruzándose de brazos —. Renamon, ¿podrías ir a avisar a los demás?
—Voy.
—Yumi, por favor, ¿qué te cuesta mostrarnos cómo lo haces? —pidió Hiroki.
—¿Que qué me cuesta? ¡Todo! No tengo magia, no sé hablar con animales, ¡ni tan siquiera soy capaz de dominarte! ¿Cómo esperas que domine bestias? Habéis jugado demasiado hoy…
—Pero Yumi…
—Tengo hambre —dijo secamente —. No soy esa Geisha, así que dejadme en paz. Si queréis un consejo, centraos más en los exámenes.
—Yumi…
—Esta conversación ha llegado al final —dijo fríamente antes de seguir camino al comedor.
Con las manos en los bolsillos, Yumi salió del edificio sabiéndose seguida. Apretó con fuerza los puños y bufó molesta.
—¿Yumi? —oyó en su mente.
—Me están siguiendo, Renamon —dijo con fastidio.
—Los demás lo han supuesto y ya hay un plan preparado —le explicó la digimon.
Con resignación e intentando ir lo más tranquila posible, Yumi llegó al comedor. Tomó una bandeja, cogió casi desganada los platos y se sentó junto a los demás.
—Hey —saludó. No le pasó por alto el hecho de que más de uno tenía los ojos sobre Hiroki y Johnny, quienes se apresuraron en sentarse en una mesa cercana.
—¿No te los has podido quitar de encima? —preguntó Koichi.
—No —suspiró antes de pinchar la comida con algo de rabia.
—Yumi, ¿me oyes? —sintió de pronto en su mente la voz de Jeremy. Lo más disimuladamente que pudo, asintió con la cabeza —. Renamon nos ha explicado la situación. Gatomon ha ido a la fábrica a explicar la situación también.
—Para una vez que va y piensa mi hermano…
—Acierta, sí —asintió el informático —. Tranquila, te contaré todo en la biblioteca.
—¿Me vas a leer algo? —preguntó confusa. El informático simplemente se rió.
—Chicos, se acercan las fechas de trabajos y exámenes. ¿Qué tal si vamos a la biblioteca? —anunció.
—Aún quedan meses para eso, Jeremy —protestó Odd, aunque él y todos sabían a qué venía la invitación.
—Tú más que nadie deberías aceptar. Así verás que tenías que haber empezado incluso mucho antes —dijo Sissi.
—Pero déjanos comer primero —señaló Takuya su plato.
—En serio, sólo pensáis en la comida —suspiró Leire, cubriéndose la cara con una mano y negando.
Un cuarto de hora más tarde, el grupo entero fue a la biblioteca, encontrándose con un muy sorprendido Jim por la presencia de más de uno de ese grupo. Tras ellos, Hiroki y Johnny también pasaron lo más discretamente que pudieron, ocultándose tras una estantería y observando atentamente cómo Yumi pasaba tranquilamente las páginas de un libro sin decir nada a nadie ni enviar ningún mensaje con el móvil.
—¡Venga ya! ¡No puede ser que estén estudiando! —casi chilló Hiroki.
—¡Ishiyama! —el grito de Jim hizo alzar la cabeza a Yumi —. No, tú no, Yumi, me refiero a tu hermano.
—Mi… ¡Hiroki! —exclamó la chica —. Jim, ¿no puedes echarlo?
—¡Johnny y yo hemos venido a estudiar! —se excusó.
Mientras el dúo se escondía tras otra estantería, Yumi se permitió sonreír con satisfacción antes de regresar a la divertida conversación telepática que estaba teniendo con absolutamente todos ayudados por Renamon y Kitsumon.
—Vale, ¿por dónde íbamos? —preguntó.
