¡A las muy buenas a todos! Como dije, este finde volvía a subir capítulo (tarde por la faenilla y que mi ordenador va un poco loco) y aquí lo tenéis, recién sacadito de la nevera.

Una semana más, agradecer el apoyo y el respeto al trabajo que raf-lily y yo hemos hecho, a demás de recordar los detallitos básicos como que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen, que el número de personajes originales es mínimo y cualquier parecido con los de otra mente pensante es una coincidencia y que si os gusta, dejad comentario, seguid la historia y compartidla para que Lily sea un poquito más feliz (en serio, cuando le da por mirar si hay un comentario y lo ve, chilla tanto que la oigo y eso que vivo a dos o tres comunidades autónomas de distancia, no tengo el mapa enfrente para confirmarlo).

Os dejo con el capítulo. Si estáis estudiando ya, ánimo; si no, pues ánimo igualmente, que la vida también es dura.


Capítulo 59: El Cuartel de los Guardianes

—¡Qué felicidad! —gritó Yumi —. Sin espías, sin molestias… ¡Libre de todo!

—Sigues estando atada a un clon —declaró Kouji.

—Por mucho que intentes ser un aguafiestas, querido primo, no lograrás nada. ¡Qué más da un clon o dos cuando te puedes librar de algo más molesto!

—Tú sigue chillando y a ver cuánto te dura la libertad —rió Koichi.

—Hiroki se ha quedado trabajando para Milly, así que no me oye nadie —sonrió —. Ah, creo que hoy voy a tener dulces sueños… ¡A dormir del tirón y sin preocupación!

—¿Quién saldrá en sus dulces sueños? —preguntaron ambos gemelos a la vez, esquivando con agilidad los puños de la chica y echándose a reír.

...

Coredramon sentía que estallaría por culpa de un ataque de nervios. Haber sido llamado por los Tres Grandes Ángeles era algo insólito. Mil y una preguntas se arremolinaban en su mente en su camino al castillo del ángel de la vida y el amor.

¡Malditos sean una y otra vez! —oyó chillar por delante de él a una digimon —. No podían haber estado allí, no… ¡Al castillo de Ophanimon!

Perdona, no he podido evitar escucharte —se le acercó Coredramon —. ¿Tú también vas al castillo de la dama Ophanimon?

Eh… Sí —asintió —. Ésa loca de Ophanimon necesitaba ayuda y me han hecho ir a mí… Más le vale que sea algo importante o tendrá que encargarse un casco nuevo.

No creo que ésa sea forma de hablar de uno de los Grandes Ángeles…

De mi hermana hablo como me da la gana. Y si no le gusta, que se aguante —dijo dejando al dragón con dos palmos de boca abierta —. Por cierto, me llamo Mikemon.

Co… Coredramon —logró decir.

Poco después, ya en el castillo de la dama angelical, Coredramon recibió la oportunidad de unirse al grupo de los Guardianes. Aceptó enseguida, olvidando por completo las dudas e inseguridades que había sentido en su camino hasta allí. El trío de ángeles le despidió y, unos minutos después, una claramente enfadada Mikemon salió del salón y le indicó que la siguiese. Para sorpresa del dragón, la gata era realmente rápida y, aun con su enorme tamaño, le costó seguirle el ritmo en el camino hasta el mismísimo castillo de Seraphimon.

Él viene conmigo, es el novato —le dijo al Socerymon que les recibió.

Bienvenido pues, nuevo Guardián —saludó.

No te entretengas, Coredramon, o te perderás —llamó Mikemon.

Tras tomar pasillos y más pasillos cristalinos que hicieron sentir a Coredramon como si estuviese en un laberinto de espejos, Mikemon se detuvo ante una pared que abrió como si nada, mostrando al otro digimon que se trataba de una puerta. Entró y antes de poder ver qué había al otro lado, Coredramon escuchó los gritos de la gata.

¡TÚ LO SABÍAS Y POR ESO ME HAS HECHO IR A MÍ!

¡Para, Mikemon, por favor!

¡ESCUPE-FUEGO DE LAS NARICES! ¡TE ODIO A RABIAR!

¿Se puede saber qué pasa ahora?

¡Beowolfmon, quítamela! —pedía un digimon rojo de melena rubia.

Tú la has provocado, tú te libras de ella —señaló Beowolfmon.

¡Ya te dije que se enfadaría, Aldamon! —rió una digimon hada tras él —. ¡Renamon, deja de entrenar y ven a reír un rato!

¿No os da vergüenza montar este numerito delante de un nuevo compañero? —rió una digimon azul mientras ella y un digimon oscuro se dirigían a Coredramon.

Bienvenido a tu nuevo hogar, colega. Soy Reichmon —se presentó —. Y perdona la escena de esos dos…

Un placer, soy Coredramon.

Vaya, parece que sigues siendo la pequeñita, Renamon —dijo la digimon acuática a la figura amarilla que apareció junto a los otros dos. Se cruzó de brazos, dio media vuelta y se alejó, ganándose comentarios del hada y una negativa del lobo.

Un consejo, novato —le llamó la atención Beowolfmon —, no le toques el ego ni inconscientemente. Si sigues el consejo, todo te irá bien.

Gracias… —asintió —. Oye, ¿quién es el líder del grupo?

Por respuesta, los guerreros de la luz y la oscuridad se echaron a reír mientras las otras dos murmuraban con los ojos puestos en el digimon que luchaba por librarse de Mikemon.

...

William despertó con una risa tonta que despertó a Takuya. Sacudiendo la cabeza, el de fuego se volteó hacia el mayor y remugó.

—Estaba a punto de ganarle a Odd…

—¿Hasta en sueños competís? —rió.

—¿Qué tiene de malo? —preguntó —. Bueno, ¿qué ha pasado?

—¡Era un recuerdo! —exclamó Dracomon antes de salir del dispositivo y empezar a saltar feliz.

—Me alegro, pero… ¿Sabéis la hora que es? —preguntó Takuya mostrándoles el despertador —. Por favor, dejadme dormir…

Hora y media más tarde, el grupo esperaba a Yumi y a los gemelos para disfrutar de un domingo, deseaban, tranquilo. William aprovechó el tiempo para contarles el recuerdo, haciendo reír a más de uno.

—Es una lástima que yo sea la única del grupo que no recordará nunca nada —suspiró Arya.

—O una bendición —señaló Sissi —. Como no hay control sobre qué se recuerda, aún tiemblo con sólo pensar qué digitrastada puede aparecer en los míos…

—Sea lo que sea, por favor, no me matéis —alzó la mano Ulrich —. Primero contad, luego buscamos explicación y después, pensad que es cosa del pasado y golpearme a mí no servirá de nada —dijo, consiguiendo más risas.

—¿Qué nos estamos perdiendo? —se unió Kouji.

—¡Buenos días, chicos! —saludó Aelita.

—¡Dios mío! —chilló Zoe, acercándose rápidamente a ambos gemelos —. ¿Qué os ha pasado? —preguntó mirando las tiritas y evidentes moratones en ambos.

—Anoche estuvimos viendo "el orgullo del zorro" —dijo Koichi.

—¡KIMURA, DÉJATE DE ESTUPIDECES! —exclamó Yumi, dándole un puñetazo tras el que se quejó más ella —. Malditos cabezas huecas…

—¿Estás bien, Yumi? —preguntó Emily. Antes de que la otra pudiese volver a meter las manos en los bolsillos, Ulrich las sujetó y mostró a todos.

—¿Y estas vendas? —preguntó.

—¡Estos dos, que tienen las cabezas duras como piedras! —acusó.

—¿Tú les has hecho todo eso? —preguntó Chiaki.

—Nota para todos, no hacer enfadar jamás a Yumi —dijo Katsuharu.

—Tuvimos una charla telepática y Yumi se… ¿molestó? —preguntó Koichi.

—¡Sabíais perfectamente que esa forma de hablar permite ver todo lo que se piensa y aun así, vosotros pensasteis lo que no tocaba! —exclamó con el rostro enrojecido la Geisha.

—¿Y no os pilló nadie? —preguntó Teppei.

—Esta mañana le hemos dicho a nuestra tía que Koichi ha sufrido un ataque de sonambulismo y ha destrozado la habitación —dijo Kouji —. También se ha creído que nuestras heridas son por su sonambulismo.

—Pero no ha explicado las mías —dijo con rabia la morena —. Vosotros de rositas y yo, con un sermón sobre mil idioteces que no venían a cuento…

—Venga, venga, que tenemos buenas noticias —dijo Jeremy haciendo gestos para que el grupo se pusiera en movimiento.

—¿Un atizador de primos? —preguntó Yumi.

—Mejor aún —respondió William —. He recordado dónde vivíamos en el pasado.

—¿Una casita en el Digimundo? —preguntó Koichi.

—Pidámosle ayuda a Ace —dijo Aelita.

Nadie se esperaba el parloteo incesante de Timy cuando el grupo le pidió a su hermano llevarles al castillo de Seraphimon para encontrar el cuartel de los Guardianes, ni tampoco que el digimon del espacio ofreciese llevarles directamente al salón principal. Así que cuando el vórtice se abrió, más de uno lo cruzó con nerviosismo.

—¡Estamos en casa! —chillaron ambos Crossedmons, saltando felices y correteando cuando todos hubieron puesto los pies en el enorme y polvoriento espacio.

—Bienvenidos de nuevo al cuartel de los Guardianes, también vuestro hogar —dijo Lopmon.

—Ahora mismo estáis en el salón multiusos del cuartel, aunque cuando se acababa el horario de visitas era el comedor —rió Gatomon.

—Se supone que se llega por el castillo de Seraphimon, ¿no? —preguntó Jeremy —. ¿Y ésa puerta?

—Da al exterior —informó Patamon caminando hasta otra pared —. Es por aquí por donde se va a mi castillo. El camino es un poco largo, pero si lo miras desde fuera aún lo es más.

—¿Y por qué está anexado a tu castillo? —preguntó Katsuharu.

—Seraphimon es el ángel que impone la ley. En su castillo se celebran los juicios aunque sea la Rosa de las Estrellas el lugar donde se encarcela a los delincuentes —explicó Gatomon —. A demás, era de ahí de donde salía mayormente todo el papeleo que llevaban los Guardianes.

—Vamos, que así os asegurabais que tuviésemos el trabajo al instante —declaró Takuya.

—¡Eh! —sonó la voz de Odd desde el exterior —. ¡Teníamos barbacoa!

—¡Pues claro! ¿Cómo crees que se preparaban los banquetes? —preguntó Ace cruzado de brazos.

—¡Hoy comemos aquí! —declaró con una palmada el rubio.

—No hay comida —alzó los brazos Aelita.

—Se la robamos a Seraphimon —declaró Takuya —. Porque seguro que a Patamon no le importa prestarnos por esta vez la comida.

—Adelante —suspiró derrotado el digimon. Sus dos compañeros le palmearon compasivos.

—Sí, claro, pues como no limpiemos, aquí no se puede ni apoyar uno… A saber lo que podemos pillar con tanta suciedad —dijo Sissi.

—¿Limpiar en domingo? —preguntaron Odd y Takuya.

Aun con las protestas, el grupo entero se dividió en grupos para limpiar todas y cada una de las telarañas que cubrían el lugar. Por detrás Timy y Ace se encargaban de responder a las preguntas sobre lo que se encontraban a su camino. Para alegría de muchos, las chicas decidieron perdonar la limpieza del piso superior para después de la comida, todo un banquete que no tardó en ganar risas y gritos por todas partes.

—Hay algo que no acabo de entender —dijo JP mirando a los Crossedmons —. Esas tres salas tan raras… ¿realmente son salas de entrenamiento?

—Pues claro —asintió Ace —. La Piscina, la Sauna y la Sala de la Tranquilidad. Para entrenar aclimatado, o así lo llamaba papá…

—El tío Gao las remodeló muchísimas veces para hacerlas perfectas —dijo Timy —. A veces le ayudábamos.

—¿Vosotros? —cuestionó Kouji.

—¡Pues claro! —asintieron ambos. El chico alzó las manos en rendición.

—Creía que erais los trastos más traviesos del lugar —se excusó.

—El tío Gao siempre me recompensaba con galletas cuando le ayudaba —dijo Timy volviendo la vista a Jeremy y Gaomon —. Alguna vez dijo que debería haber llegado al Digimundo mucho antes.

—Algo me dice que te aprovechabas de la pobre Timy —dijo Aelita.

—Más bien se aprovechaba Timy de él —susurró Ace.

—¿Qué te hacía hacer? —preguntó la pelirrosa.

—Oh, poca cosa —dijo —. Le solía detener el tiempo para que pudiese trabajar más tiempo. Mamá siempre decía que era mejor trabajar cuando aún había luz solar, así que…

—¿Le parabas el tiempo para que trabajara?

—¡Sí! Igual que el otro día, ¿verdad? —preguntó la digimon mirando con una enorme sonrisa inocente al informático, quien agitaba las manos rápidamente —. Dijo que era vital acabarlo cuanto antes, así que le detuve el tiempo.

—Con que así fue como sacaste tan rápidamente al clon de Yumi, ¿eh? —preguntó Aelita —. ¿Cuánto tiempo estuviste trabajando?

—¿Y qué más da? —respondió Jeremy con una risa nerviosa —. Al final, logramos desviar la atención de Hiroki y…

—¿Timy? —cambió Aelita de objetivo.

—Unas siete horas más o menos —respondió inocentemente. Jeremy se hundió en el asiento.

—¡SIETE HORAS! ¡HAY QUE DESCANSAR LA VISTA! —chilló la pelirrosa, iniciando una nueva ronda de risas por parte de los demás.

Una hora más tarde, el grupo decidió aventurarse en el piso superior. Al principio, la oscuridad de aquel enorme pasillo con puertas provocó que el grupo subiese apelotonado. Pero los diferentes carteles con nombres los emocionó lo suficiente para correr de un lado a otro en busca de la puerta correcta.

Tommy no tardó en dar con la suya, abriéndola para ser recibido por un frío aire cargado de polvo y humedad que le hizo toser mientras se dirigía a la gran ventana para abrirla y airear el dormitorio. Aun con la cantidad de polvo, el pequeño del grupo aventuró a identificar los blancos del dormitorio. Ignorando las voces de los demás y las risas de los Crossedmons, se acercó a la enorme cama y se sentó en ella mientras los ojos se le empezaban a cerrar en contra de su voluntad.

...

Las risas le hicieron abrir los ojos otra vez sólo para encontrarse a los pequeños Crossedmons pegados a su rostro.

¿Otra vez queréis esquivar a papá? preguntó somnoliento.

No —negó el gatito plateado . Mamá nos ha pedido que te despertemos.

¿Ya están todos en casa?

¡Sí! exclamó la elfita dorada . La reunión empezará enseguida.

Gracias, pequeñines…

Con los pequeños bien cogidos a su pelaje, Ancient Megatheriumon se levantó de la cama, salió del dormitorio y recorrió con calma el pasillo hacia las escaleras.

Ah, Beat-chan y Grey-chu también están durmiendo dijo de pronto Ace.

¿Les puedes despertar tú por nosotros? pidió Timy . Ya sabes, dicen que no tenemos tacto…

Vale, vale, los despierto yo…

Esperó que ambos se soltasen y corriesen escaleras abajo antes de abrir la primera de las puertas, a la que se asomó con cuidado.

Grey, despierta. Es hora de la reunión.

¿Ya? Vale, me lev… ¡AAAAAAAAAAAAH!

¿Qué? ¿Qué pasa? preguntó el de hielo, entrando aún más a la habitación y provocando más gritos del de fuego.

¿Pero qué demonios está pasando? preguntó Ancient Beatmon, saliendo de su dormitorio.

¡Aléjate, bicho! chilló Ancient Greymon, esquivando al digimon de hielo y saliendo a la carrera de su dormitorio sólo para caerse por las escaleras.

¿Pero qué le pasa? se extrañó el digimon.

¡AAAAAAH! gritó el del trueno, retrocediendo tanto que no se dio cuenta de las escaleras.

¡Ten cuidado! gritó Ancient Megatheriumon, intentando coger al otro, pero él le esquivó y acabó rodando por las escaleras también.

¡¿SE PUEDE SABER QUÉ DEMONIOS HACÉIS?! rugió la voz de Ancient Mermaimon —. ¡Luego les gritáis a los pequeños que si corren o dejan de correr!

¿Estáis bien? se asomó el del hielo.

¡AH! ¡CIELOS, THERI! ¿QUÉ DEMONIOS TE HA PASADO?

¡THERIZOMBIE! chillaron los otros dos, señalándolo acusatoriamente —. ¡ESTÁ EMBRUJADO!

¿Estoy qué?

Mírate, anda suspiró Ancient Wisemon, parándose ante él para reflejar el aspecto destrozado de la bestia de hielo.

¡Esto es pintura, idiotas! protestó el digimon, pareciendo aún más un monstruo y ganando más gritos de los otros tres —. ¿En serio digimons como vosotros creen en embrujos?preguntó mientras los dos masculinos decían cosas sobre ser comidos.

Tranquilo, Theri, conozco a dos hechiceros que pueden ayudarte a salir del cuento de terror dijo Ancient Garurumon, clavando las espadas en el suelo y acallando las risitas que surgían de debajo de la mesa —. Porque podéis, ¿verdad, pequeños?

Papi… nosotros…

A trabajar declaró Ancient Irismon, dejándoles dos cubos de agua en las manos.

Deberíais haber imaginado que pasaría esto rió Megatheriumon.

...

Las sacudidas despertaron a Tommy para encontrarse con un par de rostros a poca distancia. Incorporándose con dificultad, descubrió que había sido cambiado de habitación.

—¡Chicos! ¡Ya ha vuelto en sí! —informó Takuya.

—¿Cómo estás? —preguntó JP.

—Bien, bien… Sólo era un recuerdo…

—No has caído en el mejor sitio para recordar —negó JP mientras más gente bajaba.

—En el recuerdo salía esa habitación —dijo. Enseguida tuvo a más gente a su alrededor lista para escuchar.

—¿Por qué a algunos os resulta tan fácil recordar? —preguntó Teppei.

—Bueno, será que se necesita estar en un lugar en concreto —respondió Emily.

—Takuya se desmayó delante de la cafetería —recordó Zoe con una risita que enrojeció al chico.

—Bueno, dejad que nos cuente —acalló JP.

—Era una travesura de los Crossedmons —empezó a decir Tommy —. Usaron pintura y me dejaron fatal…

—¡El Therizombie! —corearon los dos con felicidad —. ¡Nuestra gran obra de arte!

—Una travesura en toda regla. Me usaron para gastarle una broma a Ancient Beatmon y a Ancient Greymon —explicó —. Decían que me los iba a comer…

—¿Tan mal aspecto te dejaron? —preguntaron ambos.

—Acababais de despertar. Grey-chu se cayó de culo por las escaleras —sonrió Ace.

—Y Beat-chan las bajó rodando —rió Timy.

—¡Eso es peligroso! —exclamó Leire.

—Bueno, papá y mamá se encargaron de impedir que se libraran del castigo… Aunque no sé exactamente cuál fue…

—Ducharte —respondieron ambos con fastidio.

Voces en el piso inferior hicieron que muchos corriesen escaleras abajo con cuidado para encontrarse con Tentomon y Palmon, ambos claramente agotados de correr.

—¿Qué ocurre? —preguntó Yumi.

—¡El Pueblo de la brisa! —informó Palmon —. ¡Xana-Lucemon tiene una torre allí y ha poseído a sus habitantes!

—No podemos perder el tiempo —declaró Zoe, quitándose el enorme delantal que había estado usando.