¡Buenas! Por qué poquito no actualizo yo... Pero aunque os toque leer en lunes, al menos lo tenéis desde primera hora.

Hoy no tengo tiempo para entretenerme con el disclaimer, advertencia y avisos habituales, así que os dejo simplemente con el capítulo y que lo disfrutéis.


Capítulo 61: Ataque por sorpresa

Myotismon observaba la figura oscura al frente del grupo. Aún no sabía por qué precisamente esa digimon iba a encabezar el grupo; él hubiese confiado el papel a otros del grupo. Sin embargo, algo en la digievolución que había forzado Xana-Lucemon en ella era el motivo que había dado pie a que estuviese allí, al frente.

—¿Y bien? —preguntó el ángel caído —. ¿Tienes alguna duda?

—Mi señor… ¿Está seguro que todo irá bien con ella? —preguntó con la mirada en los pies.

—Sin lugar a dudas —asintió satisfecho —. Ha sido un golpe de suerte que surgiese esta digimon unida a la destrucción… Seguro que a esos niñatos se les van las ganas de seguir enfrentándose a mí cuando vean de lo que soy capaz… ¡Y si no, ellos los aplastarán!

...

La mañana del martes amaneció lluviosa en la Tierra. En su cama, Yumi esperaba con su despertador entre las manos mientras sus labios temblaban al intentar contener las carcajadas. Alzó la vista hacia el espejo y observó las prendas grises que se había puesto ese día después de dejar su cuarto patas arriba. Volvió a bajar la vista al reloj y sonrió antes de coger aire.

—¡MALDITA SEA, ME HE DORMIDO! —chilló con todas sus fuerzas. No tardó en oír ruidos en la habitación de al lado.

—¡YUMI, BRUJA! ¡ERES UNA MALDITA DESPISTADA! ¿QUÉ ESTABAS SOÑANDO? —oyó protestar a Kouji.

—¡Como lleguemos tarde…! —la voz de Koichi calló tras un golpe seco que preocupó a la muchacha y recibió una exclamación de su gemelo —. Estoy bien, estoy bien…

—¡No es momento de hacerse la momia! —oyó decir al de cabello largo.

Kouji tiró las sábanas al suelo mientras luchaba por no caer a la vez que se quitaba el pijama. Alcanzó el armario y empezó a rebuscar piezas de ropa, tirándolas por encima del hombro.

—¡Esto es negro!

—Oye, Koichi, no me seas quisquilloso y vístete ya —dijo mientras seguía buscando ropa.

—Pero…

—Te repito que no es momento para preferencias. Toma, una camisa. ¡Mierda, esto es blanco! —protestó alzando un pantalón —. Da igual, no hay tiempo —dijo enfundándose en ellos con dificultad.

—¿Habéis acabado ya? —preguntó Yumi golpeando la puerta.

—¿Te crees que somos máquinas vistiéndonos? —protestó Kouji justo cuando la puerta se abría.

—Mira que tener que ayudaros…

—¡No te hemos pedido ayuda! —protestó Koichi.

—¿Aún así?

—Es ne…

—¡Ropa! ¡Vístete! —gritó la chica, tomando las prendas oscuras del chico y empezando a ponérselas de cualquier manera.

—Yumi, por favor, dime que soñabas con tu boda con Ulrich y por eso te has quedado dormida —los gestos de la morena se detuvieron unos segundos antes de posar la mirada en el gemelo aún metido en el armario, quien negó rápidamente y señaló hacia la puerta.

—¡Hiroki, maldita sea, no soñaba con nadie! —chilló lanzándole un par de bambas.

—¡Que me las tengo que poner! —chilló Koichi.

—¡Las coges al salir! ¡Vamos o no llegamos!

Tras pasarse las manos por el pelo intentando aplastarlos, el cuarteto bajó en busca de los desayunos. Tres de ellos se bebieron sus zumos de un trago antes de tomar las tostadas y echar a correr a la puerta. El más pequeño luchó por imitarles.

—¡Adiós, mamá! —se despidió Hiroki.

—¡Volveremos tarde! —gritaron los otros tres.

Sin más, el grupo salió corriendo, mirando el cielo amenazante de lluvia cada dos por tres. Por detrás, Hiroki no podía creerse la distancia que se abría entre él y sus familiares, quienes incluso mordiendo las tostadas corrían sin dificultad y sin ahogarse. No como él, que no era capaz de pegar ni un mordisco.

—¡Cámbiale las pilas a tu estúpido despertador, Yumi! —protestó Kouji intentando apartarse el pelo de la cara.

—¡Ayer funcionaba!

—¡Las pilas se acaban! —siguió Koichi.

—Pues podríais usar vosotros también una alarma para evitar esta situación, ¿no? —cuestionó la chica.

—Oh, vamos… ¡Incluso Hiroki depende de ti! —exclamó Kouji.

—¡Hiroki! —chilló la chica, volteándose para ver al menor, totalmente asfixiado, con una tostada en cada mano, intentando correr —. Ay, madre…

—¿Creéis que le está dando algo? —preguntó Koichi al ver al menor a punto de caer.

—Hiroki, no te acostumbres a esto —dijo Yumi, pasándole la mochila a los gemelos y agachándose ante él —. Sube, que te llevo.

—Gra…cias —sonrió agotado.

Tras asegurar el peso de Hiroki, el trío volvió a correr a esa velocidad endiablada que el menor no creía posible para llegar a Kadic con el tiempo sobrado. Avergonzado, el menor logró bajar de la espalda de su hermana antes de que alguien pudiese verle y comentar nada. Por otro lado, los otros tres se reunieron con sus compañeros.

—¡Oh, dios, Kouji con el pelo corto! —chilló Takuya.

—Cegato, fíjate un poco mejor —suspiró el mencionado.

—¿Qué haces de blanco? —preguntó confuso.

—Mejor aún, ¿quién se ha muerto que vais todas de luto? —preguntó Koichi.

—Nada —respondió con calma Zoe mientras se acercaba a Kouji y le ayudaba con el pelo —. En serio, qué desastre estás hecho, Kouji…

—Culpa de Yumi —señaló dejándose hacer.

—¿Y por qué vais todas de oscuro? —insistió Koichi. Tras él, Yumi intentó no reír.

—Hace un día frío. Los colores oscuros retienen mejor el calor —se encogió de hombros Aelita.

—Yo simplemente estoy como el tiempo, apagada —dejó ir Sissi.

—¿Seguro? —preguntó Koichi.

—Es más extraño verte a ti de negro y a tu hermano de blanco —señaló Emily.

—Da igual ahora —declaró Chiaki arreglándose el vestido negro —. ¿Vamos ya a clase?

—Sí, claro…

Con calma, el grupo se dirigió a las aulas. Koichi caminaba bastante distraído hasta que sintió un tirón del cuello de la camisa. Sobresaltado, miró alrededor para dar con Ulrich, que le miraba extrañado.

—¿Qué?

—Que te saltas la clase —respondió señalando el aula.

—¿Eh? —preguntó mirando la puerta y el camino que había estado siguiendo. Por delante, los que iban a la otra clase agitaron la mano para despedirse de ellos antes de continuar su camino —. Yo… creo que estaba un poco despistado.

—A mí me da que es el negro el que te confunde —dijo alto y claro Zoe —. Sí, todo lo que sea tan tú te atrae como un hierro a un imán.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Koichi, entrando al aula. La rubia entró riendo sin decir nada más —. Eh, no, nada de escaquearte. Dime qué quieres decir…

—Nada, nada, que parece que te gustan las nubes de cierto color—rió.

—¿Nubes de cierto color? No sé de qué hablas —respondió con un leve sonrojo.

—Yumi va a disfrutar como una enana —suspiró Kouji. Aelita y Sissi rieron por lo bajito, preocupando a los otros chicos.

...

LightKitsumon fue el primero en detener su avance y el de su compañera aún fuera del bosque en el que se ocultaba la Aldea de los zorros. No tardó en ver el cuerpo de DarkRenamon tensándose por completo.

—Lo reconoces, ¿verdad? —preguntó el blanco.

—Destrucción —asintió —. Algo grave ha pasado.

—Vamos.

Más rápidos de lo que habían estado viajando, el dúo alcanzó el pueblo de los zorros, horrorizándose ante el silencio del lugar. Separándose cada uno por un lado, recorrieron la aldea buscando supervivientes. Los había, pero tan heridos que permanecían inconscientes.

—Xana-Lucemon —rugió DarkRenamon, todo su pelaje erizándose.

—Tranquila. Lo que tenemos que hacer es avisar a los chicos.

—¿Y cómo piensas que lo haremos? —preguntó, la rabia inundando sus ojos.

—Bien que lo sabes —aseguró antes de mirar los cuerpos caídos.

...

Patamon y Lopmon no pudieron evitar chillar cuando Ace abrió, sin previo aviso, un vórtice junto a ellos. Sabían que él y su hermana habían estado jugando con la Scyphozoa y nadie tenía claro si eran los mismos que conocían o estaban poseídos. Kim e Yla no tardaron en situarse ante los dos pequeños digimons, listas para golpear a quienquiera que atravesara el vórtice si se trataba de un enemigo.

—¡Esperad! —pidió el gato plateado, interponiéndose entre las clones y el vórtice, por el que saltó una figura blanca.

—Pero si es LightKitsumon… —susurró el de orejas largas.

—Tranquilas, chicas, es de los nuestros —indicó el naranja.

—¿Seguro?

—Sabía que responderías a mi llamada, Crossedmon —dijo LightKitsumon.

—Te dijimos que nunca podríamos pagarte por la información que nos disteis —sonrió.

—¿Sabíais dónde se escondían los Crossedmons? —preguntó Patamon.

—Conocíamos su existencia, pero nunca su escondite exacto —respondió —. Pero no es por eso por lo que estoy aquí —dijo.

—¿Ha ocurrido algo? —preguntó Lopmon justo cuando Bokomon y Timy aparecían por una esquina.

—La Aldea ha sido atacada por Xana-Lucemon —informó.

—¡No! ¿Están todos bien? —preguntó Timy, corriendo hasta el digimon zorro —. ¿Les han hecho daño?

—Hay muchos heridos y… también han caído compañeros —dijo bajando la vista —. Y no hay ni rastro de la anciana.

—¿No? —preguntó Lopmon preocupado —. Pero ella…

—No lo sabemos —negó —. DarkRenamon está ahora cuidando a los demás…

—Avisaremos a los chicos e iremos enseguida a la aldea a ayudar —decidió Patamon volteándose hacia Timy —. Es la hora de la comida, así que camúflate con la ropa que te prestaron y vuela a avisarles.

—¡Recibido! —exclamó.

...

Los ojos de Doumon se posaron en el edificio ante el que había aparecido junto a sus compañeros y los clones. No tardó en invocar sus papeles explosivos, que reventaron cristales al instante, haciendo huir a todo aquel que estuviese en la sala y aterrorizando a los que buscaban refugio bajo las mesas cuando a esas explosiones se unieron los demás ataques.

Ante el ruido, Timy detuvo el tiempo y corrió a toda velocidad hasta el grupo que no había sido afectado por su poder. Casi sin aire, frenó ante ellos y señaló con dificultad.

—Xana-Lucemon… ataque… aldea… zorros… y aquí…

—Tranquila, Timy, tranquila —la ayudó Takuya —. Dínoslo con calma, has detenido el tiempo.

—LightKitsumon… ha venido a decir… que Xana-Lucemon ha… atacado la aldea…

—¿Es eso cierto? —dijo Kitsumon antes de salir del dispositivo y mirar con clara ira a la elfita —. ¿La aldea ha sido atacada?

—Sí… ¡Y ahora están aquí! —chilló mirando hacia atrás —. No podré retener los ataques mucho más…

—Tranquila, vamos ahora mismo.

—Nosotras esperaremos atrás por si hay heridos o necesitáis ayuda —dijo Leire. Ella y las otras dos Sunshine no tardaron en echar a correr, acompañadas de Tailmon y BlackGatomon.

Prácticamente todos saltaron al frente para desviar o retener los ataques dirigidos contra el edificio cuando el tiempo volvió a correr, sorprendiendo al grupo enemigo el tiempo justo antes de que cada uno se moviese para enfrentarse a su rival "predeterminado".

—No veo a Duskmon por ningún lado —declaró Reichmon.

—¿Y si está ya volando? —preguntó Mermaimon.

—Voy a mirar —decidió JetSilphymon, alzándose veloz.

A poca distancia, Kyubimon y Bijugamon gruñeron sonoramente, alertando a sus compañeros humanos que, aun retenidos por sus clones, intentaron entender la situación de ambos digimons.

—Es la anciana Renamon —informó la digimon amarilla, librando las espaldas de Yumi de algunos avispones —. Y los digimons de sus historias… Pero ella…

—¿Por qué la anciana está con ellos? —preguntó Bijugamon —. ¿No será que ella…?

—¿Qué ocurre? —pidió saber Yumi.

—No es momento para eso —recordó Ulrich —. ¡Os los dejamos a vosotros, Bijugamon!

—Cuenta con ello —asintió.

Sincronizados, ambos zorros se lanzaron contra Doumon. Sin embargo, en el último momento, Cyberdramon se metió entre ambos y empujó a Bijugamon, apartándolo de su camino.

—¡Sigue tú! —le gritó el rojizo a la otra, aprovechando la nueva embestida del dragón cibernético para subirse encima y atacarle.

A no mucha distancia, Lekismon empezó a saltar de un lado a otro atrayendo la atención de Leomon lejos del edificio y, más importante para ella, de Aelita. La digimon se mantenía saltando lo más apartada del león, alegre porque su rival no supusiera un problema más allá que en el cuerpo a cuerpo. Con su agilidad, era capaz de esquivar todos los ataques con los que Leomon intentaba pillarla por sorpresa.

—¿En serio, Xana-Lucemon? Creía que sabrías más de batallas —dijo volviendo a esquivar al león y pateando el arma de sus manos —. ¡Flecha de hielo! —el ataque logró detener los movimientos del león por unos instantes que la coneja aprovechó para coger algo de aire y vigilar alrededor.

Su combate estaba ganado, lo sabía. Sólo tenía que abrirse hueco entre sus defensas en el momento justo para dar el golpe con el que dejar inconsciente aquel gran digimon y sabía cuándo podría hacerlo.

—Así me gusta, que gastes energías —rió volviendo a saltar para esquivar —. ¡Ahora es la mía! ¡Bomba de luz de luna!

Agotado de ir de un lado para otro intentando atraparla, Leomon no pudo evitar que la burbuja le golpeara, acabando de agotarlo y provocando que cayese dormido en el suelo para alegría de la coneja.

—Dulces sueños, Leomon —dijo antes de apartarle de la pelea.

...

La ventaja de poder volar había permitido a BlackKazemon regresar con BlackRanamon más rápido que nunca. Aunque la batalla ya había empezado al llegar, no tardaron en colarse entre los monstruos, derribando avispones en su camino hasta donde veían más problemas.

—¿Se puede saber por qué Xana-Lucemon envía digimons tan raros?

—Oh, por el amor del cielo… no empieces ahora con esas, Kim —respondió Yla antes de apartar con una corriente de agua a MarineAngemon.

—¡Pero míralo! —exclamó señalando a Guardromon —. ¿Con una hojalata pretende fastidiar a los chicos?

—¿Hojalata? ¡Acabas de darme una idea! —exclamó —. ¡Te cambio a mi pareja de baile! —dijo.

—Bueno, no parece oxidado…

Los minutos iban pasando, pero ninguna de las dos lograba tirar al suelo a ninguno de los dos digimons, molestando a Yla y enrabiando a Kim.

—¿Por qué no sales ya por los aires para no regresar, bicho? —protestó la alada —. ¡No tolero que nadie me pase la mano por la cara!

—¿Y qué pasa con Zoe? —preguntó Yla.

—¡Ella es una excepción! —chilló apretando con fuerza los puños —. ¡Y mi meta! —exclamó mientras se acumulaba digicódigo a su alrededor.

—¿Qué pasa ahora? —exclamó preocupada la del agua mientras la versión oscura de Zephyrmon aparecía por primera vez ante sus ojos —. ¡Oye! ¡Te lo tenías callado!

—Eso ahora no importa mucho, creo yo. ¡Viento de tormenta! —exclamó lanzando el ataque contra MarineAngemon, que salió volando varios metros hasta chocar contra un árbol.

—Tenías que haberte enfadado antes —comentó Yla con una sonrisilla, volviéndose hacia Guardromon —. ¡Vapor oscuro!

—Se va a enterar el renacuajo rosita… ¡Lo voy a machacar más que a un chicle!

—No lo dudo, pero cúbreme con el oxidado un momento —pidió la clon del agua —. Hay alguien que necesita mis servicios también.