LUNES

—Bueno, eso será para ti todo un acontecimiento.

Aizawa, sentado a la mesa de la sala, miró a su compañero bajo sus párpados caídos.

Así que ya estaba por llegar el profesor en prácticas del que hablaron hace poco.

No era muy habitual allí, de hecho durante sus años de enseñanza, la UA no había aceptado ningún candidato a un puesto docente.

Debía ser bastante interesante para que el equipo directivo diera el visto bueno a un becario.

En fin...

Estaba bien, suponía, aunque aquello significaba otra persona más con la que socializar y de la que se debían ocupar entre todos para adentrarla en el maravilloso mundo de la docencia de secundaria.

Qué agotadora noticia a aquella hora tan temprana.

La sala de profesores olía a café recién hecho. Present Mic se sirvió otra taza más aparte de la que ya había tomado hacía menos de tres minutos y le ofreció una a Aizawa.

— Vendrá hoy durante la mañana—le dijo el rubio a su compañero—. Nezu dice que debemos hacerle sentir como en casa. ¡Ouyeah, eso se me da bien!—le señaló con un dedo—¿Qué cálida bienvenida le darás tú, my friend? ¿Una piñata, una fiesta de disfraces, una tarta de golosinas? ¡Música en vivo!—se burló de él.

Aizawa sorbió su café con indiferencia.

—Te dejaré a ti mi puesto como showman para que lo recibas como merece. Seguro que saldrá de aquí hoy rebosante de alegría.

Yamada rió escandalosamente.

—¡Sabía que dirías algo así! Vas a desaparecer, ¿eh?

—No sé de qué te sorprendes—murmuró Aizawa sin mucho interés —. Ya sabes que las relaciones sociales no son mi fuerte.

—Pues tendrás que aguantarte —Mic dejó la taza sobre la mesa y se inclinó hacia su compañero—. Nuestro deber no se limita sólo a enseñar alumnos, sino también a futuros profesores, que son quienes tomarán el relevo cuando nosotros no estemos.

Aizawa le miró de reojo.

—¿Es que vas a morirte ya?

—No —sonrió ampliamente —. ¿Y tú?

Aizawa se levantó de la mesa lentamente y le devolvió la taza.

—Tampoco—contestó con un suspiro—, por ese motivo no necesitamos sustitutos y por ende, no necesitamos enseñar a nadie. Ya tenemos bastante con lo nuestro.

Shota se metió las manos a los bolsillos con impasibilidad y se dispuso a salir para acudir a su primera clase.

—¡Ahhh, eres un rematado aguafiestas! —le gritó Mic antes de verle salir por la puerta.

—Lo sé. Te veré más tarde.

La mañana fue transcurriendo lenta y rutinaria entre clase y clase. Del gimnasio al patio, de allí a clase, de clase al patio de nuevo

Hacía un día espléndido de primavera, soleado, brillante y ambientado en su conjunto con el canto de los pájaros que se alborotaban en aquellas fechas.

Un día espléndido para meterse en su saco y dormir como una marmota anestesiada.

Estaba agotado.

Llevaba tres días pasando más de media noche frente a la pantalla del ordenador abriendo documentos en su bandeja de correo y corrigiéndolos hasta bien entrada la madrugada, y en ese momento del día, justo al entrar en el edificio desde el patio, se sentía como si le hubiera pasado un camión por encima.

Necesitaba dormir ya, pensaba Aizawa mientras caminaba entre los escandalosos estudiantes por el pasillo en dirección a la clase 1A.

Sólo una hora, una miserable hora para que al menos sus ojos pudieran mantenerse abiertos durante un par de ellas más.

Ah, maldición, no.

Tenía una clase en menos de veinte minutos.

Necesitaba más café.

Litros de él.

Aizawa rectificó sus pasos y dobló en una esquina de vuelta a la sala de profesores. Allí repostaría lo que pudiera antes de la clase y luego se metería un rato en su saco de dormir durante el descanso de los chicos.

La puerta de la sala de profesores estaba cerrada y abrió el picaporte restregándose los ojos a la vez. Aquella mañana había tenido que borrar el don un par de veces a dos de los chicos y cada vez que lo hacía de seguido le escocían como si le hubieran restregado arena en ellos.

Y cuando más cansado se sentía, era incluso más molesto.

Aizawa entró en la sala aún con los párpados cerrados cerrando tras de sí y buscó a tientas la llave de la luz.

Y cuando los abrió se quedó inmóvil en el sitio.

—Oh —dijo alguien allí dentro.

Justo en medio de la sala había una persona, y no tomando café exactamente.

Debía estar alucinando por el sueño atrasado, porque lo que estaba viendo no tenía sentido.

Aizawa parpadeó varias veces, agitó la cabeza para despejarse, pero siguió viendo lo mismo.

Una mujer desconocida de pie, con una bien torneada pierna desnuda dejada caer sobre una silla le miraba atentamente. Iba vestida completamente de negro, incluso su cabello azabache y liso bajo unas peludas orejas felinas hacía juego con su atuendo por cierto nada discreto a juzgar por aquella falda de piel brillante y longitud mínima y ese escote generoso bien abierto a través de una cremallera.

Y para rematar el conjunto gatuno, una larga cola oscura se movía tras ella como una serpiente enredándose entre sus piernas.

La había pillado de lleno justo en el momento en el que se estaba subiendo unas medias oscuras por la pantorrilla y la supuesta gata de ojos verdes y pequeños bigotes negros se quedó mirándole con ojos curiosos.

Estaba cambiándose de ropa en la sala de profesores

¿Pero qué demonios?

Aizawa volvió a guardarse las manos en los bolsillos, parpadeó con indolencia y respiró hondo.

—¿Quién es usted, qué hace dentro del campus y por qué está vistiéndose en un lugar público? —dijo de un tirón y con toda la tranquilidad del mundo.

La chica continuó con su labor sin parecer importarle que la estuviera viendo.

—¿Quién eres, el mozo del dispensador del agua? —le dijo terminando de subirse la media hasta el muslo—. No quedan vasos.

Aizawa entornó los ojos.

—No precisamente.

La mujer le echó una mirada inquisitiva.

—¿El de la máquina del café?

—No.

—Oh —entornó sus ojos almendrados y brillantes, y se metió la mano bajo la falda buscando algo.

Aizawa observó sus movimientos intrigado.

¿Qué estaba haciendo aquella desvergonzada?

La chica agarró entonces algo bajo la piel sintética de su falda y tiró de aquella cosa hacia abajo.

Era un liguero, para el pasmo del sensei, también negro como el resto de su atuendo, y lo enganchó al borde de la media con sus largas uñas pintadas también del mismo color.

—Entonces eres el chico de los recados —resolvió bajando la pierna—. Hazme un favor, ¿sí? —se lamió el dorso de la mano cuando recuperó su postura y se la pasó por la cara como un felino aseándose—Ve a buscar a alguien y dile que ya he llegado. No tengo ni idea de dónde tengo que ir.

Aizawa ladeó la cabeza y guardó la compostura como pudo.

No era posible. Aunque todo parecía indicar que sí.

Maldita sea, parecía estar hecho a propósito.

—¿Es usted el profesor en prácticas? —le preguntó después de unos momentos.

La chica arqueó las cejas y olfateó el aire a través de su nariz respingona. Para ser un simple recadero sabía demasiadas cosas.

—Sí—contestó acercándose a él y mirándole descaradamente de arriba a abajo—. ¿Y tú cómo lo sabes, mozo? ¿Te ha soplado un pajarito que el gato acechaba el nido? —sonrió con malicia.

Aizawa continuó con toda tranquilidad. Estaba acostumbrado a Midnight y su habituales gestos y comentarios eróticos y no se dejó engatusar por ella. Literalmente.

—Porque no soy ningún mozo, soy uno de los profesores de este lugar.

La chica se quedó ojiplática y volvió a darle otra ojeada totalmente desprovista de disimulo.

—Te estás quedando conmigo.

Aizawa ni se inmutó.

—Para nada. Soy el tutor de la clase 1A.

—Oh —repitió, y movió inconscientemente una de las orejas de su cabeza.

A Aizawa no le pasó aquel gesto desapercibido. Era bastante observador y ella demasiado expresiva como para no darse cuenta.

—Pues para ser un profesor no lo pareces —le dijo al fin.

—Usted tampoco.

La chica sonrió mostrando unos pequeños colmillos de depredador.

—Creo que nos vamos a llevar muy bien —le dijo maliciosamente.

Aizawa torció el gesto y se quitó de enmedio. Iba a tomar un café, no a charlar banalidades con una gata con ganas de guerra.

—¿Y bien, tutor de la clase 1A—dijo ella melosamente mientras lo veía dirigirse hacia la máquina del café —, piensas decirme dónde tengo que ir, o debo asumir que serás tú quien me asignen como guía?

Aizawa se encogió bajo su bufanda.

Asignarle como guía... sólo aquella idea le ponía de los nervios.

—Yo no sé nada de esto—le dijo de espaldas a ella mientras apretaba el botón de la máquina del café —. El despacho del director está en la cuarta planta, vaya y pregunte allí.

—Estoy harta de dar vueltas —la chica se sentó sobre la mesa de un salto ágil y cruzó sus largas piernas con despreocupación. Aizawa la vio de reojo—. He llegado hasta aquí y puse mi tarjeta en el lector de esa barrera para abrirla, pero no he visto más que a estudiantes hasta ahora. Ningún adulto. Tú eres el primero que veo y no tienes intención de echarme una mano. ¿Qué clase de recibimiento es este?

—Acabo de ayudarla, le he indicado donde está el despacho—contestó sin volverse.

—Ajá, pero... —agarrada al borde de la mesa se inclinó hacia adelante—no te has ofrecido a acompañarme. Es una descortesía por tu parte.

Aizawa frunció el ceño y bebió un sorbo del café.

Hizo una mueca.

Estaba amargo, había olvidado ponerle el azúcar.

Maldita gata del diablo...

—Oiga, eh...señorita—dijo ya fastidiado de espaldas a ella—. En primer lugar no debería tutearme, yo no lo estoy haciendo. En segundo lugar, tengo clase en menos de diez minutos y no puedo subir hasta allá arriba con usted, y en tercer lugar...

—Bla, bla, bla—dijo la chica, y saltó de la mesa.

Aizawa se la vio venir por detrás y de pronto sintió un leve ronroneo a su espalda.

—¿Sabes qué? —le susurró cerca de su hombro derecho —Contigo o sin ti, voy a subir a esa planta. ¿Y sabes qué haré luego?

—Sólo espero que no se coma a Nezu cuando le vea. Lo necesitamos vivo.

La chica sonrió.

—Eres tan gracioso... —le dijo con otro ronroneo —por eso le pediré que me asigne a tu tutela. Me has caído bien.

—Creo que no compartimos ese sentimiento, señorita en prácticas.

Aizawa se sintió un soplo en su oreja derecha.

—Eso dices tú, pero mi olfato dice otra cosa—la muy descarada le rozó incluso el pelo—. He podido olerte desde esa mesa... y desde aquí, hummm...—lo olfateó inhalando el aire que rodeaba su cabeza.

Aizawa se bebió de un trago el café que le quedaba en la taza y la dejó junto a la máquina casi de un golpe. —No sé qué pretende, pero...

—Te gustan los gatitos, ¿eh? —volvió a la carga.

¿Podía oler eso? ¿Cómo era posible?

—No sé de qué está hablando.

La chica soltó una carcajada cantarina.

—Tratar de ocultarlo te hace aún más adorable y... oh... —dijo de pronto, y sus orejas se orientaron hacia la puerta. La gata sonrió e hizo un mohín teatral—Qué pena, creo que tenemos visita.

Aizawa se dio la vuelta y la puerta de la sala de profesores se abrió de golpe.

—¡Hellooo, my friend! —gritó Present Mic como era habitual en él —¡Nada como un buen chute de cafeína para! ¡Ah...! —se interrumpió al ver que no estaba solo.

Al fin.

Alguien, pensó Aizawa.

Aunque fuera Yamada y su insoportable forma de hablar, pero al menos alguien más en aquel sitio cerrado que rompiera la tensión.

—¡Ahhh, veo que ya se conocen! —Mic se acercó resueltamente a los dos ocupantes de la máquina del café —Yamada Hizashi, profesor de inglés, para servirla—le dio la mano a la chica que sujetaba uno de los vasos de plástico de la máquina de café.

Aizawa arqueó las cejas desconcertado.

¿Cuándo había sacado un vaso, si hacía sólo un segundo que tenía las manos vacías?

¿Y cuándo se había cerrado la cremallera del pecho hasta el cuello y en qué momento su falda de pronto se alargó en treinta centímetros más?

Todo aquello era muy confuso

E increíblemente irracional.

Aizawa observó a Yamada y a la chica nueva hablando entre ellos.

—Murakami Jin, un placer conocerle—le saludó cortésmente—, me alegro mucho de estar aquí, la UA es muy acogedora por parte de sus docentes.

Aizawa se hundió en su bufanda y frunció el ceño bajo ella.

—Apuesto el cuello a que mi simpático compañero de batallas no le ha sugerido enseñarle el recinto antes de comenzar—dijo Mic conociendo a su amigo de sobra.

—Oh, bueno—sonrió ella —. De hecho sí que lo ha hecho, pero al parecer tiene clase ahora—Aizawa abrió más los ojos, ¿qué había hecho qué? —, ¿no acaba de decirme eso eh... ?

Ah, menuda aspirante a profesional con la cara tan dura.

—Aizawa—dijo con la mirada sombría —. Aizawa Shota.

—¿... señor Aizawa? —sonrió de nuevo enseñando aquellos colmillitos blancos.

Yamada soltó una carcajada.

—Aquí no nos llamamos los unos a los otros así, eso lo hacen sólo los chicos—rió Mic—. Plena confianza, es otro de nuestros lemas, ¡ouyeah!

La chica rió con él.

—Entonces, ¿cómo debo llamarles?

—¡Jin!—la señaló con un dedo exageradamente—¡Así te llamaré yo! Tú puedes llamarme Mic a secas si gustas. Y a ese de ahí, ¡Shota! ¡El profe más dicharachero de la UA!

Aizawa bufó exasperado. Ya había tenido bastante.

—Bien, he de irme—dijo saliendo rápidamente por la puerta —. Mic, tú te encargas del resto.

—¡Como siempre!

Y cerró de un portazo.

La última clase de la mañana había terminado ya y los alborotados jóvenes empezaban a salir del aula en dirección al comedor de la cafetería para hacer un descanso y reponer fuerzas.

—Los espero en el campo de pruebas exactamente dentro de una hora, no coman alimentos pesados y sean puntuales —les dijo reordenando algunos folios de su escritorio.

Aizawa se inclinó a un lado de su mesa y tiró de su saco de dormir para levantarlo del suelo. Abrió la cremallera, metió los pies y se dejó caer en el suelo bajo la ventana. El último estudiante salió en ese momento de la clase corriendo para alcanzar a los demás y cerró la puerta dejando el aula en silencio.

Al fin, un poco de paz en aquel día de locos. Dormiría un rato y volvería a continuar con algunas fuerzas renovadas, pensaba mientras cerraba la cremallera para evitar la entrada de luz.

No se escuchaba ni un alma en los alrededores. Aizawa se quedó dormido en cuanto cerró los ojos y el mundo entero desapareció de su consciencia.

—¿Hola?

Una voz lo despertó.

Y un leve golpe en un costado le trajo de vuelta al mundo de los vivos.

¿Se le había pasado la hora?

Recordaba haber ajustado la alarma de su teléfono móvil...

Aizawa abrió la cremallera y se encontró de pronto con unos grandes ojos verdes de pupilas verticales entornados sobre una amplia sonrisa gatuna.

No, no podía estar despierto era una maldita pesadilla de esas que parecen reales.

—Me dijo Mic que te encontraría aquí —volvió a hablarle.

Y tan real. Como la vida misma.

—Usted...—gruñó enfurruñado.

—Jin—le corrigió alegremente—. ¿Tú no comes? Hay un pescado en salsa riquísimo en la cafetería.

Aizawa rebuscó dentro de su saco y miró la pantalla de su teléfono móvil.

Sólo había dormido veinticinco minutos.

—¿Le importa si más tarde me cuenta eso tan importante que venía a decirme?—echó mano a la cremallera y empezó a subirla de nuevo—Lárguese, sólo tengo un rato para descansar y usted me lo está interrumpiendo.

Los ojos verdes parpadearon justo antes de perderlos de vista.

—Trabajas demasiado—la escuchó hablar de nuevo—. Pero tengo algo para ti.

¿Es que no entendía nada?

—Váyase—contestó con la voz amortiguada por el saco.

Pero entonces la cremallera se abrió de un tirón y aquella gata le puso una cosa blanca en la cara.

Ya estaba yendo demasiado lejos.

—Por el amor de dios, ¿qué es lo que quiere?

Aizawa abrió un poco más la cremallera y sacó la cabeza del saco fastidiado.

—Me han asignado a esta clase—sonrió ella alegremente enseñándole el documento firmado por Nezu que tenía en la mano.

—¿Cómo?

No podía creerlo. Se había salido con la suya.

Aizawa sacó una mano del saco y le quitó el documento de las manos. No se fiaba un pelo no la conocía, pero estaba seguro de que era incluso capaz de falsificarlo sólo por fastidiarle y empezó a comprobar su veracidad.

Pero el documento era increíblemente real. Tenía la firma y el sello de dirección recién estampado en su parte inferior.

No podía estar pasándole aquello

—Seremos compañeros—volvió a sonreír haciendo elevarse aquellos bigotes brillantes—. Como tú querías.

—¿Yo?—abrió un poco más los ojos y la miró patidifuso.

Jin mantuvo su expresión alegre y desenfadada.

—¿Por qué te pones tan nervioso? —observó ella al verle la cara —Relájate y piensa en todo lo que podemos hacer juntos.

Ya estaba bien.

Aizawa abrió del todo la cremallera y salió del saco.

Como para volver a dormirse...

Jin, de rodillas ante él, también se levantó a su vez.

—Está bien, usted gana—resolvió él dejando el saco a un lado —. En... —miró de nuevo el móvil —veinte minutos quiero verla en el gimnasio ipso facto. ¿Le ha enseñado Mic todo el lugar?

La chica asintió.

—Entonces sabrá dónde se encuentra.

—Ajá.

—Pues espere allí a que llegue con los estudiantes y no pierda un detalle de lo que ocurra.

—Me parece perfecto—sonrió de nuevo.

Aizawa metió la mano en sus bolsillos y salió de la clase a paso ligero.

—Ya se ha enviado la documentación a la Comisión, Aizawa, no puedo modificarlo.

Nezu le hablaba desde el sillón de su escritorio jugueteando con un bolígrafo entre sus pequeños dedos de ratón mutante.

Podría haber acudido allí a hablar con él cuando terminaran las clases, pero era de suma importancia hacerlo lo antes posible. Aunque había llegado tarde, según parecía.

—No tengo tiempo de ocuparme de un estudiante en prácticas —le dijo al director de todas formas—. Se me acumula el trabajo y eso sólo hará que se me acumule más aún. Al menos podrían haberme preguntado antes.

—Es precisamente por eso por lo que te la asigné a ti—contestó Nezu.

Aizawa lo miró sin entender.

—Últimamente me han llegado noticias de que varios de tus estudiantes no estaban satisfechos con la corrección de sus tareas en línea.

Aizawa asintió.

—Sí, fue un error mío, pero ya está subsanado. No entiendo lo que...

—A otros ni siquiera les llegaron los resultados—siguió Nezu—. Y otro más no recibió tarea alguna. Tienes que descansar más, Aizawa, son despistes provocados por el agotamiento.

—Sí, lo sé —reconoció él —. De ahí a que insistiera en que fuera otro tutor quien acogiera a esa becaria. ¿Por qué no Vlad por ejemplo?

—Tú la necesitas más que Vlad—le dijo Nezu—. Verás te la he asignado a ti precisamente por esa falta de tiempo que tienes. Ese agotamiento diario tuyo se debe a noches y noches de trabajo en lugar de descanso, y eso está desembocando en un rendimiento bastante inferior al que traías cuando llegaste aquí. Sé que enseñar y guiar a los de primero es totalmente agotador y la señorita Murakami puede aliviarte muchas de esas tareas. Mi sobrina es una aspirante modelo, ya te darás cuenta de su eficiencia.

Su... ¿sobrina?

Claro.

Ya le extrañaba esa repentina decisión por parte de la UA al admitir un becario.

Su sobrina debería apellidarse Enchufe en lugar de Murakami.

—Quiere decir... —disimuló su indignación —¿dejar a ella una parte de los trabajos de teoría?

—No. Dejarle a ella toda esa parte y tú ocuparte de la práctica.

—No se puede hacer eso—protestó Aizawa —. La teoría y la práctica van unidas de la mano, hay que combinar ambos campos para completar un todo.

—Pues combínense, para eso está ahí —dijo refiriéndose a Jin—. El objetivo es que al final del curso ella haya aprendido de ti tanto como tú hayas recibido de ella. Un quid pro quo.

Aizawa quería saber algo más.

—¿Ella ha pedido esta asignación?

—Sí, y ahora que lo recuerdo—el director tomó un gesto pensativo —ella misma dijo que tú estabas conforme si te la asignaba. Qué extraño, ¿no?

"Tan extraño como que es mentira", pensó Aizawa.

—No, no fue así exactamente—contestó él.

—De todas formas prueba unos días —sonrió Nezu tan campante—. Si lo hacéis bien ya verás cómo pronto te das cuenta de que la necesitas.

El teléfono de Aizawa sonó indicándole por medio de la alarma que su próxima clase estaba a punto de comenzar. Metió la mano en su bolsillo y la apagó.

—Tengo que irme—le dijo al director.

—Si tienes algún problema ven a verme, te ayudaré en lo que necesites.

"Hágalo ya y sáqueme las garras de su querida sobrina de encima", pensó.

Aizawa llegó al campo de pruebas dos minutos tarde y ya sus alumnos estaban esperándole reunidos bajo el sol del mediodía.

Tarde...

Dos largos minutos.

Era tan impropio de él... jamás había llegado tarde a una clase en todos sus años de enseñanza. Por poco que durmiera, por muy agotado que se sintiera, siempre había antepuesto su trabajo a sus propias necesidades, y siempre había cumplido con sus obligaciones sin faltar ni una sola vez.

La culpa la tenía aquella especie de gata que le había vuelto la mañana del revés.

Si no hubiera sido por ella, el día habría transcurrido como tenía que transcurrir: rutinario, ordenado y sin interrupciones innecesarias ni incomodidades que lo distrajeran de su trabajo.

Las distracciones sólo servían para ponerlo a uno contra las cuerdas, un momento de despiste y en menos de un segundo caes en tierra...

Herido, mutilado o...

—Sensei...

Aizawa volvió al mundo real.

—Estamos esperando—le dijo uno de sus jóvenes alumnos.

Maldita sea...

Al menos la había mandado bien lejos de allí, a la otra punta del campus.

Estaría tranquilo durante un buen rato.

—Bien, empecemos con unas pruebas de velocidad en grupos de cinco cada vez—les explicó en general—. Usarán sus dones para intentar ganar, mediré sus carreras y cómo interactúan entre ustedes. No sean demasiado sucios.

—¿Demasiado? —sonrió uno de ellos golpeándose el puño—. Eso quiere decir que podemos serlo un poco.

—Traten de llegar a la siguiente clase sin pisar la enfermería—les aconsejó —, eso sólo les retrasará más en sus estudios. Agrúpense al azar, no tengo todo el día.

—¡Miau! —se oyó claramente por todo el campo de pruebas.

Aizawa sintió correrle una gota de sudor por la sien.

¿Qué acababa de escuchar a varios metros tras él?

—¿Quién es? —dijo uno de los chicos poniendo su mano como visera al ver llegar a una desconocida hasta ellos—¿Y a quién llama? ¿Se le ha perdido un gato?

—Es mamá gata—dijo una chica al verla mejor—. Quizá esté buscando a su cachorro ¡qué tierna!

—¡Hola, chicos! —los saludó efusivamente al llegar hasta el grupo de unas veinte personas, y se colocó junto a un ceñudo Aizawa—¿Qué—le dio un codazo en las costillas—, no me vas a presentar?

Aizawa respiró hondo.

—La señorita Murakami Jin—empezó con desgana—. Ella es la nueva profesora en prácticas de...

—De Hokkaido—le susurró.

—Viene de Hokkaido—siguió él —y será mi acompañante durante un tiempo para aprender a manejar los entresijos de la docencia. Ella se ocupará de los asuntos teóricos concernientes a ustedes.

—Un placer, chicos—se dirigió a ellos con el semblante alegre—, espero poder cumplir las mejores expectativas de todos —sonrió echando un vistazo a la sombría cara de Aizawa.

—Bien, el primer grupo—dijo Aizawa a los jóvenes —, vayan a la línea de salida y esperen mi orden.

Tres chicos y dos chicas se juntaron y comenzaron a caminar hasta la marca blanca que señalaba la salida varios metros más adelante.

—Me has engañado—le susurró Jin a Aizawa cuando se aseguró de que no los miraba nadie.

—Cállese, mire y observe—le respondió cortante.

Jin miró a los chicos que seguían hacia adelante de espaldas a ellos.

—Fui al gimnasio y ya estaba ocupado —volvió ella a decirle.

Ah, maldición, tenía razón. Aquella mañana ocupaban esa instalación los de segundo año.

De las ganas que tenía de quitársela de encima la había mandado donde primero se le ocurrió. Lo más lejos posible.

Otro despiste.

—No lo sabía —respondió lo que se le vino a la cabeza.

—Pero sí sabías que estarías aquí, ¿verdad?

Aizawa entornó los párpados molesto.

—Cambio de última hora—masculló entre dientes.

—Mentiroso— sacó una hoja de papel con el horario de las clases del aula 1A y se lo puso delante.

—Está bien, quería librarme de usted—reconoció al fin.

Jin sonrió y vio que los chicos ya esperaban la señal de salida.

—No vuelvas a hacerlo—dijo de pronto.

Aizawa sacó de debajo de su amplia bufanda una bocina de gas y apuntó hacia arriba dispuesto a dar el pitido de salida.

—Espero que esas palabras no sean el maquillaje para tapar alguna especie de amenaza. Ya sé qué la relaciona con la UA.

Aizawa apretó el dispositivo de salida del gas y un intenso bocinazo resonó en todo el campo de pruebas. Los chicos y chicas del primer grupo arrancaron a correr veloces en cuanto lo oyeron.

—No lo es, pero si lo haces de nuevo tendré que tomar cartas en el asunto.

Aizawa la miró de reojo.

—Eso es exactamente una amenaza.

—No, no lo es—insistió ella, y volvió a mirar a los estudiantes —. ¿Te digo otra cosa?

Aizawa la ignoró y observó a los alumnos que trataban de alcanzarse el uno al otro haciendo uso de sus dones.

Como había previsto, el juego se había tornado más sucio de lo que les había aconsejado al principio.

Adolescentes... siempre hacían lo que les daba la gana guiados por esos impulsos naturales que...

—Mi tío me ha asignado una habitación en los dormitorios del 1A, justo en la misma planta que la tuya.

Aizawa dio un respingo dentro de sí mismo.

—¿Qué?—la miró con los ojos desencajados.

—¿No es genial? —le sonrió ella—Puedes pasarme los apuntes fácilmente sólo llamando a mi puerta. O yendo yo a por ellos a la tuya.

Lo que le faltaba, pensó mientras miraba a los estudiantes que corrían más adelante.

—Para eso está internet, no sé si sabe que existe—refunfuñó él aún tratando de encajar aquel nuevo golpe.

—No es lo mismo, porque viéndote personalmente —se le acercó ella un poco más —quizá tenga la oportunidad de poder regalarle de nuevo a mi olfato ese olor tuyo tan atrayente. En un sitio más cerrado que este, más íntimo.

Aizawa se sintió incómodo de nuevo. Realmente lo ponía nervioso, tenía que admitirlo. ¿Y a qué se refería con su olor?

—No uso perfumes ni cosas de esas, no sé qué tiene usted con el olor.

—Ya sé que no los usas—le dijo ella con desparpajo—. En ese caso enmascararían las feromonas y no lo han hecho.

—¿Las qué? —Aizawa la miró de lado sin quitarle la vista a sus alumnos, que ya se acercaban a la línea de meta.

—Son esas sustancias químicas que desprende el cuerpo con la intención de provocar en otros individuos diversas reacciones—le explicó ella.

Diversas reacciones... no quería ni preguntarle cuáles.

—Ya sé lo que son las feromonas—contestó de malas ganas.

—¿Entonces por qué preguntas?

—Creí no haber oído bien.

—¡Qué adorable!—rió Jin—Tú desprendes muchas. Y eso es algo que me excita demasiado.

Aizawa sintió un tic intermitente en uno de sus ojos y automáticamente dio un paso hacia la derecha para alejarse de su extrema cercanía.

—Yo no desprendo eso que usted dice.

—Tú no puedes sentirlas, por eso crees que no las desprendes—le dijo ella dando también otro paso hacia él—. Pero cuando me acerco a ti las sueltas a montones y mi olfato se vuelve loco.

Aizawa se separó otro poco más de Jin. Aquella conversación tan fuera de lugar, en público y tan sin sentido estaba empezando a agobiarle demasiado.

—¿No tiene otra cosa de la que hablar? —le soltó irritado—Intento dar una clase y usted también debería prestar atención.

Jin sonrió enseñando sus colmillos de felino.

—¿Quién ha llegado el primero?

Aizawa miró a sus alumnos, quienes ya venían de vuelta caminando hacia el grupo sudorosos y con la respiración entrecortada.

No tenía ni idea de quién había ganado la carrera.

Qué pesadilla de mujer

—Ese, el del pelo corto rapado ha ganado—le señaló ella uno de los chicos—, luego, casi alcanzándole, la chica del cabello morado, detrás de ella dos chicos más ese y ese juntos, y por último la chica más bajita. Ella fue golpeada por uno de los de delante y tropezó justo antes de llegar a la meta. Se ha hecho daño en la rodilla izquierda, pero no es nada grave.

Aizawa se quedó mudo.

¿Cómo había podido ver todo aquello si no había parado de parlotear como un loro? ¿O es que simplemente estaba jugando con él como un gato con un ratón?

—Deberías prestar más atención a tus alumnos, sensei—Jim se lamió indolentemente el dorso de su mano y se la pasó por los bigotes como si no le importara nada.

El rato de clase en el campo de pruebas transcurrió desesperadamente lento para el gusto del profesor a cargo del 1A.

Jin realmente lo ponía entre las cuerdas a cada momento. Jamás en su vida se había sentido tan incomodado en compañía de alguien, siempre había sabido bien llevar las riendas de sus propias emociones al importarle poco la opinión ajena ni la personalidad de cada uno.

Pero aquella gata ciertamente lograba turbarle de una forma extraña.

Aizawa terminó la clase no sin recibir por parte de Jin algunos comentarios ocasionales más hacia su persona, algunos más directos y otros más sutiles, pero igualmente embarazosos.

—¿Tienes hambre? —le preguntó ella al terminar la última clase del día.

Los alumnos de Aizawa ya estaban saliendo por la puerta del aula mochilas al hombro y el sensei terminaba de recoger su mesa preparándola para el día siguiente.

—No mucha, la verdad—contestó él deseando salir también de allí y terminar aquel día de locos.

Estaba muerto de hambre, pero sospechaba que ella estaría a punto de proponerle que la acompañara al comedor.

—Hum, deberías comer un poco—lo miró ella de arriba a abajo—. Estás delgaducho, se nota que no te alimentas bien.

—Me alimento perfectamente —le dijo él mirándola de reojo—. Si la que tiene hambre es usted, vaya a la cafetería. Creo que hoy tienen algo de marisco.

Jin sonrió ampliamente.

—¡Oh qué interesante! —dijo con ese toque pícaro en su voz— Me encanta el marisco, ¿sabes qué dicen de él?

—Que provoca alergias a algunas personas —contestó Aizawa recogiendo un libro de la mesa y colocándoselo bajo el brazo.

—¿Eres alérgico a algo? —preguntó Jin con interés.

—Sí —contestó él saliendo ya de la clase—. A varias cosas.

La chica recogió también rápidamente su bolso y lo siguió hacia el pasillo.

—¿Cómo cuáles?

Aizawa entornó los ojos. ¿Es que no pensaba desaparecer?

—A los gatos—le soltó.

—Eso es mentira—le dijo desde atrás casi pegada a él a sus espaldas—. Además no te he oído estornudar ni una sola vez.

—Soy de efectos retardados—gruñó el sensei—. Así que no se acerque mucho, me pongo enfermo.

Jin volvió a sonreír, se le colocó a un lado y ladeó la cabeza en una pose graciosa moviendo también sus orejitas.

—Eres muy gracioso—le dijo ella encantada —. Te imagino rabiando por acariciar a uno, suave, peludito y cariñoso y no poder hacerlo porque tendrías que inyectarte corticoides después.

Aizawa apretó el paso.

Y Jin hizo lo mismo.

—¿Y al marisco también lo eres? —le volvió a preguntar.

—Oiga, ¿no decía que tenía hambre?

—Sí, pero me pica la curiosidad. ¿También tendrías que inyectarte si lo comes?

Aizawa suspiró.

—No. Sólo con los gatos.

—¡Genial! Vamos a esa cafetería a probarlo entonces.

Jin le agarró de un brazo con fuerza y lo arrastró por el pasillo en dirección al comedor.

Aizawa se encontró de pronto sentado a una mesa frente a ella con varios platos de comida alrededor.

Todo lo que le había pedido a Lunch Rush, el eficiente cocinero del campus, llevaba marisco: sushi, patas de cangrejo, gambas, sopa de marisco, arroz con marisco, marisco con marisco...

—¡Buen provecho! —dijo ella tomando el cuenco de sopa con las dos manos para beberlo a pequeños sorbos.

Aizawa la miraba comer desconcertado.

Jin usaba sus largas uñas negras para sacar la carne de las patas de cangrejo en lugar de romperlas con las tenazas del marisco o de darle un mordisco seco a falta de ellas, pero lo hacía igual que lo harían los gatos. Sus uñas eran humanas, pero su don las hacía retráctiles, como las de los felinos, las alargaba y se curvaban y las metía dentro de la cáscara para sacar el contenido hasta dejar la pata hueca. Luego con la lengua se limpiaba sus uñas hasta hacer desaparecer el último átomo de carne de ellas.

Por último se relamía los labios varias veces y de nuevo se pasaba la lengua por el dorso de la mano para acariciarse suavemente los finos bigotes con su propia saliva. Ese era el gesto que más la delataba.

Aizawa no podía quitarle la vista de encima. Era tan naturalmente... gatuna...

—¡EEEEYYYY! — dio un respingo al escuchar a Mic casi en su oreja —¡Qué buen festín os habéis montado!

Midnight, Vlad King y Present Mic habían llegado también al comedor para almorzar al terminar sus clases y se acercaron a ellos cargados con sus propias bandejas. Ni siquiera los había visto venir, tan atento que estaba a los hipnotizantes movimientos de Jin.

—Vaya... —sonrió Nemuri al ver la abarrotada mesa de profesor y estudiante en prácticas—. ¿Qué celebramos?

—¿Celebramos? —gruñó Aizawa.

Vlad King dejó su bandeja sobre una esquina de la mesa de los dos comensales y arrimó otra más para unirse tres más al conjunto.

—¡Con permiso! —dijo sentándose cerca de Jin—Usted debe ser la nueva becaria que ha llegado hoy, si no me equivoco. Vlad King, tutor del 1B, un placer —se presentó con entusiasmo—. Ella es Midnight, de arte moderno—la señaló —, y a Mic creo que ya le conoce.

Jin le sonrió encantada.

—Sí, me hizo de guía turístico hoy por la academia, fue muy cortés por su parte —dijo ella con una sonrisa radiante—. Murakami Jin, no me hables de usted, por favor —no dudó un segundo en darle la mano—. Para mí también es todo un placer compartir este lugar con vosotros. ¡Estoy muy emocionada!

—Te veo muy contenta de estar aquí, por lo que veo—dijo Midnight echándole también un vistazo rápido a Aizawa.

—Por supuesto—sonrió Jin mostrando aquellos colmillitos blancos suyos—. Tengo vocación de profesora desde que era una niña y aunque estudié para héroe profesional, siempre me quedó esa espinita de poder transmitir a las generaciones futuras mis propios conocimientos. Y bueno decidí al fin dar ese paso y qué mejor que hacerlo en la UA.

"Claro, y qué mejor que tener a su tío para echarle una mano con eso", pensó Aizawa.

—¿De dónde eres? —le preguntó el robusto Vlad ya atacando su comida.

—Soy de Hokkaido, de Sapporo concretamente.

—Bonitos parques nacionales—dijo él mirándola mientras almorzaba—. Estuve en el de Shiretoko hace unos años y las vistas eran increíbles.

—¿Fuiste a la cascada de agua caliente? —se le iluminaron sus preciosos ojos verdes.

—Sí, estuve allí también —contestó Vlad—. Pero por no probarlas solo, no me metí. Eso es para disfrutarlo con alguien al lado. Con una esposa, por ejemplo.

—Oh, no me digas que un hombre tan atractivo como tú sigue soltero—dijo Jin haciendo una mueca graciosa—. No me lo podría creer.

Aizawa sí que no podía creer lo que estaba oyendo.

—Bueno, aún no ha aparecido la mujer indicada, pero no pierdo la esperanza de poder visitar esa cascada acompañado.

—Tú sólo atraerías a las moscas hasta esa cascada, Vlad—rió Mic—. Bueno, ¿qué tal el primer día, Jin? ¿Mucho lío?

—¡No, qué va! —dijo ella —Shota ha sido muy simpático, me ha echado una mano con todo. Estoy muy agradecida por ello—lo miró a través de sus pupilas verticales —. ¿Verdad que hacemos un dúo profesional perfecto?

Aizawa se encogió bajo su bufanda.

—Se ha quedado sin palabras —sonrió ella cándidamente—. Hoy estuve en una de sus clases en el campo y se despistó un poco con los chicos, el pobre está cansado y falto de sueño reparador, pero afortunadamente pudimos solventar entre los dos ese pequeño lapsus sin tener que repetir la prueba.

—Vaya, ¿es eso cierto, Aizawa? —preguntó Midnight.

—Sí —tuvo que reconocer él a regañadientes.

—Te ha tocado la china con Jin—observó ella—. Seguro que a tus ojeras les encantará esto para poder largarse de tu cara de una vez.

Aizawa no contestó.

—Entonces todo este festín es para celebrar el éxito del primer día —observó Mic—. ¡Wow, me encantan las celebraciones! ¿Puedo probar un poco de eso?

Mic tomó una de las patas de cangrejo y la mordió sin miramientos.

—Ten cuidado con eso —rió Midnight al verle comer con tantas ganas—. Se dice que el marisco es afrodisíaco.

Aizawa le echó una mirada significativa a Midnight. Un "cállate y no levantes ampollas" en toda regla.

—Es verdad, aunque no está probado científicamente —dijo ella en tono de broma —. Hay otras cosas que elevan más la libido que esa y sí que están probadas oficialmente.

—Estamos almorzando, si no os importa —dijo Aizawa con un gruñido.

—¿Qué hay de malo de hablar de libido a la hora de comer? —dijo Mic con la boca llena.

—Que no es el momento, ni lugar ni ocasión—le recriminó Aizawa—. Eso es más de sábado por la noche en cualquier karaoke de los que frecuentas con varias copas de sake en el estómago.

—Ah, pues yo creo que, viendo lo que veo encima de la mesa, sí que es ocasión—añadió Vlad bastante interesado en el tema—. Dinos, Midnight, ¿qué es lo que eleva la libido?

Midnight estaba encantada de hablar de las cosas que sabía.

—Depende de si te refieres a hombres o a mujeres.

Jin la miraba con interés.

—¿Cuáles son en hombres? —le preguntó, y luego soltó una risita sofocada—Bueno, creo que Shota tiene razón, me parece que no es un tema muy apropiado para hablar de esto, ya que estamos en una academia llena de adolescentes.

Aizawa se quedó pasmado. Qué bien se le daba disimular

—¡Oh, no! —dijo Midnight quitándole importancia—El sexo es lo más natural del mundo y también lo más antiguo que existe. Sin él no estaríamos aquí. Todos hemos sido concebidos de esa forma y seguirá siendo así hasta el fin de los tiempos. Por eso es bueno saber desde primera hora qué es lo que puede incitar a cada uno para que todo vaya a pedir de boca—guiñó un ojo.

—¿Entonces? —preguntó Mic deseando oír más.

—¿Podemos hablar de otra cosa?—insistió Shota evidentemente incómodo.

—Oh, Aizawa, no seas muermo—le hizo Vlad un gesto con la mano —. Deja que Midnight nos ilustre.

—Para los hombres es la imagen ante todo —empezó ella con los palillos en la mano—. En lo que antes se fijan es en el físico, observan al sexo opuesto analizando si la hembra es apta para la reproducción, pero eso lo hacen de forma inconsciente.

—¿Apta? —preguntó Mic—¿Qué la hace inconscientemente apta?

—Los hombres os fijáis en unas caderas anchas, las que hacen un trasero apetecible, eso os atrae porque inconscientemente se relaciona con la cualidad perfecta para una gestación óptima, los pechos bien desarrollados entran en el mismo saco, esto es un indicio de buena salud para poder amamantar a sus crías y luego existen los diversos rasgos genéticos que, según el observador, considere ideales para ser transmitidos a sus descendientes, como la tersura de la piel, el color de ojos, su voz e incluso su carácter. Todo se basa en la reproducción y en la forma de buscar la mejor herencia genética para perpetuar la especie evolucionándola positivamente.

—Eso primitivamente hablando—añadió Mic—. ¿Y en plan homo sapiens sapiens modern people?

Aizawa no podía creer que aún siguiera allí sentado.

—No lo sé, dímelo tú —sonrió Midnight—. ¿Qué te pone a ti de una mujer?

Mic carraspeó.

—Contéstale tú, Vlad—le pasó el muerto a su compañero de enfrente.

—Oh... de una mujer —dijo pensativo —. Creo que... ¿seguro que queréis saber mi opinión?

—¿Es necesario oír esto? —volvió a quejarse Aizawa.

—Mucho—lo mandó Midnight a callar.

—La forma de su cuerpo, su cadencia al caminar—empezó Vlad echando a Jin una mirada furtiva—, la curva de su cintura, el misterio que asoma más allá del ribete de su escote, la sombra que hace el dobladillo de una falda sobre unas piernas femeninas, unos glúteos bien marcados bajo una prenda ajustada... creo que es eso básicamente, entre algunas cosas más que no diré delante de una señorita distinguida—sonrió también dejando relucir sus colmillos inferiores.

—Eres completamente visual—rió Midnight.

Aizawa tenía un codo apoyado en la mesa y una mano puesta en la cara. Menudo bocazas transparente como el aire. No se le notaba casi nada.

—¿Y tú, Shota? —le preguntó de pronto Jin.

Aizawa hizo resbalar la mano por su cara sorprendido.

—Yo no he dicho nada de gatos—dijo sin pensar.

—¿Qué?

Aizawa se puso rojo como un tomate.

—Eh... estaba pensando en la alergia —dijo a trompicones—. Tengo que irme, ya empieza a molestarme.

Y dicho aquello, se levantó y salió del comedor como alma que llevaba el diablo.

—¿Alergia?—dijo Midnight viéndolo alejarse—¿Desde cuándo es alérgico?

—Shota nunca ha tenido alergias—le aclaró Mic.

—Según he oído, se adquieren —murmuró Midnight.

Jin sonrió para sí misma y bebió de su vaso de agua.