Aizawa y Jin salieron al fin al exterior y de nuevo retomaron el tema educativo en su conversación mientras andaban por un camino abierto entre los jardines sembrados de árboles.
El sensei a cargo del 1A lo había decidido así para evitar cualquier tipo de comentario por parte de Jin que pudiera alterarle más de lo que ya estaba.
Una conversación tranquila, sin palabras con doble sentido que descifrar.
Una conversación normal y sencilla entre dos personas que apenas se conocían.
—… y así es como suelo hacerlo para evaluar a un alumno a menos que necesite otra clase de…
—¡Oh, basta ya, Shota! —lo cortó Jin ya harta de oírle hablar de materias y exámenes —. Se supone que esto es una cita, no una convención de catedráticos.
—¿Una cita?—dijo Aizawa extrañado— ¿De dónde ha sacado eso?
—Sí, una cita—dijo haciendo un gesto con las manos —. Hemos salido a pasear bajo el sol por un jardín precioso y verde después de haber almorzado juntos. ¿De qué me estás hablando ahora?
—Creo que era necesario tener esta conversación ya que usted está aquí para aprender a moverse entre los entresijos del sistema educativo en una academia de héroes.
—Y deja de llamarme de usted de una vez, por favor—le volvió a reprender sin hacer caso a lo que le acababa de decir—. Me haces sentir como si tuviera cincuenta años en lugar de veinticinco.
—Aún no la conozco lo suficiente para tutearla—contestó Aizawa todavía algo inseguro —, llegó aquí justo ayer y no veo apropiado usar esa familiaridad tan pronto.
—Pues a mi parecer ya es hora de que lo hagas —insistió ella—. Es una cita romántica en un lugar de ensueño—le dijo con la voz más suave—. Deja de hablar de trabajo. ¿O prefieres que lo dejemos para esta noche y así vas pensándote de qué tema quieres hablar?
Aizawa se quedó clavado sin saber muy bien qué decir.
—No, esta tarde está bien. Cambiemos de tema, tiene razón.
¿De qué cosas se hablaban en una cita?
—Así me gusta—entornó sus preciosos ojos en una sonrisa—. Entonces… ¿quieres hablar de algo?
—Saque usted la conversación —le dijo pasándole a ella el muerto y se corrigió rápidamente—. Una conversación normal de… citas.
Jin arqueó una ceja y le observó bien la cara.
—Tú no has tenido muchas, ¿no?
—De trabajo —dijo con sinceridad.
Estaba deseando que terminara la tarde y pudiera encerrarse en la habitación de Mic toda la noche. Lo abrumaba sólo con sentirla tan cerca y rozándole de vez en cuando la ropa accidentalmente por encima del brazo izquierdo.
—Ya veo que es de lo único que sabes hablar con una mujer. O eso o es que sigues estando bajo ese estado de nervios permanente que muestras cada vez que me acerco a ti.
Más bien ambas cosas, pensó Aizawa, pero no le dijo nada. Ni se le ocurriría añadir más leña al fuego.
—Está bien—dijo ella al ver que no respondía —. Vamos a hacer una cosa ya que se te ha comido la lengua el gato. Una especie de juego para ir rompiendo el hielo, a ver si te calmas.
—Estoy calmado—la contrarió Aizawa.
—Eso no te lo crees ni tú—espetó ella —. Quizá por fuera aparentes estar tranquilo, pero por dentro saltas como un niño jugando a la cuerda.
Maldita sea. Debió suponer que lo sabía.
Tres o cuatro chavales de unos diecisiete años pasaron en ese momento veloces junto a ellos haciendo una especie de carrera y saltando por los bancos que salpicaban de vez en cuando los márgenes y pronto los dejaron atrás.
—Es algo muy sencillo—le dijo retomando sus pasos junto a él —. Tú me haces cinco preguntas, yo te respondo a ellas y luego es mi turno de preguntar. No está permitido mentir, hay que ser sincero. Es la única regla que hay.
Aizawa se la vio venir de lejos.
—Y nada de trabajo—lo advirtió de antemano.
—No, gracias—respondió él mirando al frente.
Jin sonrió de nuevo y giró la cabeza hacia él.
—Vamos, ¿a qué tienes miedo? Prometo ser buena en mi turno.
—No la creo.
—Si no las haces, empezaré yo—le dijo ella—. Y entonces no seré tan buena.
Aizawa entrecerró los párpados.
—Va a jugar sí o sí, ¿verdad?
—Ajá.
—Está bien—accedió al fin, y pensó lo primero que se le vino a la cabeza—. ¿Cuántos hermanos tiene?
—Uno—respondió ella —. Se llama Ichiro y es mayor que yo.
—¿También es un gato?
—Sí, lo llevamos en los genes por parte de padre. Tercera pregunta.
—¿Tercera?—la miró Aizawa de reojo—Pensaba que ahora tocaba la segunda.
—De hecho ahora toca la cuarta. Acabas de preguntar si era la tercera pregunta—rió.
Aizawa guardó silencio un segundo.
—Pero no ha respondido.
—Eso es irrelevante. No he mentido, que es lo que importa.
—Es usted muy lista—refunfuñó.
Jin rió de nuevo con aquella risa musical que dejaba caer de vez en cuando.
—Ánimo, ve a por esa cuarta pregunta.
Aizawa pensó durante unos instantes. ¿Qué podía preguntarle a aquella gata?
—¿Usa agua para bañarse o simplemente lo hace con las manos?
En cuanto hizo esa pregunta se arrepintió totalmente. ¿Pero qué demonios acababa de preguntarle? No podía creer que aquello acabara de salir de su boca.
—Uso el agua en la ducha antes de irme a dormir y las manos para el resto del día—respondió ella con naturalidad—. Vamos, a por la última. Piénsala bien porque ya no hay más oportunidades.
Aizawa aún estaba avergonzado de aquello que acababa de preguntarle, pero ella no parecía haberle dado mucha importancia. Al menos eso parecía.
—No sé qué preguntarle —dijo después de unos momentos de duda.
—¿No te sale ninguna? ¡Qué tierno! Me encanta cuando te quedas sin palabras—rió ella—. Está bien, te perdonaré esta última, pero a cambio me apuntaré yo una más para mí.
—Eso es trampa—protestó Aizawa.
—Nada de eso, no había reglas preestablecidas más que las que señalé al principio. No sirve mentir o habrá castigo—le recordó.
—Dispare—entornó Aizawa los párpados fastidiado.
—¿Cuántos años llevas siendo profesor?
—Ocho—masculló.
—¿Cuál es tu pasatiempo favorito?
—Dormir cuando me dejan.
—¿Y cuando no duermes?
—Cerrar los ojos y perder la consciencia.
Jin soltó una carcajada.
—¡Me encanta tu humor! —rió ella—. A ver, otra… ¿de qué color llevas la ropa interior?
—Dijo que iba a ser buena—la miró de reojo.
—¡Eso no es nada malo, todos usamos ropa interior! La mía es negra, ¿y la tuya?
Aizawa se la imaginó y parpadeó unas cuantas veces para intentar alejar la imagen del liguero negro de su mente.
—Del mismo color —dijo al fin—. Le quedan dos preguntas, hágalas de una vez.
Jin pensó durante unos momentos que al sensei se le hicieron enormemente eternos.
—¿Qué prefieres… suave o duro?
Aizawa giró rápidamente el cuello hacia ella.
—¿Qué pregunta es esa? —le dijo él suspicaz.
—Di uno de los dos. Tampoco importa mucho la respuesta.
Aizawa se hundió en su bufanda.
—Me acojo a mi derecho de no responder.
Jin rió de nuevo.
—Me refería a si querías sentarte en el césped o en uno de los bancos. ¡Hemos caminado kilómetros!
El sensei masculló algo dentro de su arma de captura.
—No te oigo—dijo ella bajándole un poco una de las cintas de la cara—, ¿qué has dicho?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por haber terminado su ridículo juego.
Jin abrió mucho los ojos y se vio pillada. Con su última pregunta se había quedado sin cartuchos para disparar.
—Oh… —dijo ella desconcertada—me has tendido una trampa.
—No se ha infringido ninguna regla—apuntó Aizawa —. Ha sido una batalla justa.
Y afortunadamente sin bajas.
—Bueno, me he quedado con las ganas de hacerte la última —dijo con voz melosa—. ¿Quieres que empecemos otra partida?
—Ni hablar—Aizawa se fijó en el sol que empezaba a caer y se detuvo en medio del camino—. Será mejor que volvamos, pronto se hará de noche.
—¿Y qué con eso?—sonrió ella—Seguimos estando dentro del recinto más seguro de todo Japón.
—Tengo… que preparar unas cosas para mañana.
Aizawa se dio la vuelta y empezó a desandar el camino a paso vivo. Ya no quedaba nadie por los alrededores y los pocos chavales que se habían visto por allí ya se habían recogido en sus respectivos dormitorios. Los jardines se encontraban plenamente desiertos... cosa que a Aizawa no le pasó por alto.
—Eh, espera —Jin corrió tras él y le agarró con cuidado de un brazo—. ¿A dónde vas con tanta prisa?
—Ya se lo he dicho, y si me hace el favor…
—¿Estás huyendo de mí?
Aquella pregunta no se la esperaba.
—Sí—contestó de todas formas.
—¿Por qué? —ladeó su cabeza felina y orientó sus orejas hacia adelante con una pose encantadora.
Aizawa se quedó mirándola embobado, cómo su cola se movía tras ella de un lado a otro de forma sinuosa y aquella postura coqueta de su cuerpo dejada caer a contraluz del sol sobre una de sus hermosas piernas esperando que le contestara.
Era preciosa, y cada vez que la miraba, más le gustaba.
—Porque usted me pone nervioso—le dijo tal y como le salió.
Jin dulcificó su mirada y aquello hizo que Aizawa se pusiera aún más tenso. Jin se acercó un poco más hacia él.
—El objetivo de este paseo no era más que el de romper un poco el hielo—le dijo en voz baja y sumamente sensual—. Como creo que ya te he dicho antes, nunca antes he tenido la necesidad de hacer esto y… bueno, me parece realmente excitante.
—¿Qué… le parece excitante?—le preguntó Aizawa viendo aquellos ojos verdes escudriñando los suyos como si se quisiera meter en ellos.
—Tú —le susurró, y le agarró de su bufanda tirando de ella para hacerlo ponerse a la altura de su rostro—. Esa sensación de ingenuidad, de inocencia en alguien que dejó la adolescencia atrás hace tanto… —le dijo tan cerca de su cara que podía sentir su aliento—eres como una fruta dulce recién madurada por probar.
Jin tiró un poco más de su bufanda y acercó su naricilla a la piel de su cuello.
—Y este aroma… hmmmm… —aspiró profundamente con los ojos cerrados y se quedó allí unos momentos perdida sobre él.
Aizawa se había quedado inmóvil sin ser capaz apenas de reaccionar. Jin estaba prácticamente encima de él, con sus orejitas peludas y de suave vello oscuro con algunos mechones más largos orientadas hacia su cara y entonces una de ellas tembló y le rozó levemente los labios.
Creyó que se volvía loco al sentir por una milésima de segundo el tacto del tibio terciopelo negro acariciándole la cara, el sugerente perfume que desprendía su cabeza negra azabache y casi sin darse cuenta sus manos salieron de sus bolsillos y se dejaron caer sobre la cintura de Jin con un ligero temblor.
—Eso es —le susurró ella bajo su oreja sin dejar de aspirar su olor—. Me deseas, puedo sentirlo muy fuerte, podrías desbordarte como un río durante un deshielo.
—Jin… —gimió Aizawa sin saber siquiera lo que hacía.
Y de pronto ella le pasó la punta de la lengua por el cuello, justo debajo de su oreja, y todos los vellos del cuerpo de Aizawa se levantaron con un escalofrío que le recorrió la espalda de arriba a abajo y su corazón empezó a latir con fuerza dentro de su pecho sintiendo la humedad de la saliva de la gata sobre su piel.
—Ah… —cerró los ojos e inclinó el cuello hacia el lado donde sentía aquellas cosquillas increíbles.
—Te gusta—susurraba ella sin dejar de respirarle sobre el cuello, y le retiró muy despacio un mechón de pelo negro que le estorbaba para volver a acariciarle con la lengua—. Quiero que nos veamos ya, debe ser esta misma noche, donde quieras…—volvió a lamerle y de nuevo Aizawa gimió bajo ese contacto —quiero…
Jin aplastó sus generosos pechos sobre él y deslizó una de sus manos por su costado hacia abajo pasando por la cintura, el hueso de sus caderas…
—Espera… —gimió Aizawa de nuevo sintiendo la mano de ella bajar cada vez más —Jin, yo no…
—Quiero probarte, Shota—le sopló ella en el oído y su mano se movió entonces hacia adelante y le rozó el pantalón sobre la entrepierna—. Quiero ver a qué sabes… y a cambio te podría hacer pasar el mejor momento de tu vida—volvió a lamerle bajo la oreja —, quiero… esto de ti.
Aizawa gimió cuando sus dedos se cerraron sobre la masculina prominencia ya bastante endurecida de su baja pelvis.
—¡No! —dijo él dando un paso repentino hacia atrás.
Jin se quedó con el brazo caído y los ojos entrecerrados frente a él.
—No… no puedo hacer esto… aún —le dijo confuso, y sin decir nada más, se dio la vuelta y empezó a andar a pasos agigantados hacia el Alliance.


El edificio de los dormitorios del 1A estaba repleto de estudiantes en su sala común. El sol ya había caído y los chavales se encontraban divirtiéndose entre ellos y charlando animadamente en los distintos puntos de descanso y esparcimiento que les ofrecía el Alliance.
Mic también se encontraba allí. Sentado en uno de los sofás miraba la televisión a la vez que parloteaba animadamente con dos chicas que lo acompañaban.
Aizawa entró en el vestíbulo empujando las puertas dobles como si lo acabara de pillar una tormenta y se dirigió directamente hacia él.
—¡Ey! ¿Dónde te habías metido?—le gritó en cuanto lo vio llegar—Llevo esperándote desde hace casi una hora.
Aizawa no dijo ni una sola palabra. Se acercó a Yamada y de un puñado lo levantó del sofá por la ropa dejando a las dos chicas que lo acompañaban con dos palmos de narices.
—Pero… ¿qué estás haciendo?¿Te has vuelto loco? —se quejó cuando su amigo empezó a arrastrarle tirándole de la chaqueta hacia el ascensor de subida a las plantas de las habitaciones.
—Se van a pensar que vamos a liarnos a puñetazos ahí arriba, ¿qué clase de imagen crees que les daremos a los chicos con esto?
—Cállate —lo hizo entrar al ascensor y pulsó el botón de la última planta.
Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir.
—Traes mala cara—observó Hizashi bajándose las gafas para verle mejor—. ¿Te ha ocurrido algo con Jin?
Aizawa no contestó nada. Se limitó a cruzar los brazos y esperar a que el ascensor llegara a la planta de las habitaciones de los profesores. Al fin las puertas se abrieron y Aizawa se fue directamente hacia la habitación de Mic seguido por él.
—Abre de una vez—lo apremió ya en el pasillo frente a su puerta.
—Voy, voy, tranquilo—decía Yamada sacando una llave de su bolsillo.
Hizashi abrió y Aizawa entró como una exhalación.
—¿Pero qué cosa traes? —le dijo Mic al verle tan alterado.
—No puedo hacerlo—dijo andando nervioso por el interior de la abarrotada habitación.
Yamada se quedó mirándolo desde la entrada desconcertado.
—¿Quieres cerrar esa puerta ya?—le dijo casi gritando señalando la entrada de la habitación.
Mic hizo lo que le decía. Cerró rápidamente y dio una vuelta de llave desde dentro.
—¿Qué te ha pasado?—le preguntó acercándose a él y le puso las manos en los hombros. Desde que lo conocía nunca le había visto de aquella forma, él no era así por mucho que se torcieran las cosas—. Eh, amigo, cálmate.
—Jin, ella…—le dijo a Mic a trompicones y rodó los ojos — ah, no sé por dónde empezar.
Aizawa se quitó su bufanda sacándosela entera por la cabeza y la tiró a un lado, cayendo sobre el escritorio de trabajo de Mic.
—¿Tan grave es?
—No, supongo que no—se echó el pelo hacia atrás con la mano derecha —, es… soy yo, maldición. No tengo ni idea de qué hacer.
—Oh—Mic ladeó la cabeza empezando a entender algo—. Te ha metido mano, ¿eh?
—¿Eh? —dijo Aizawa mirándole espantado.
Yamada empezó a reír como en la mañana.
—¡No ayudas con eso! —le dijo Aizawa enfadado viéndolo troncharse de risa.
—Lo más inconcebible del mundo—se burló de él —. Eraserhead, el héroe borrador, el símbolo de la frialdad y la lógica, completamente acobardado por las uñas de una gatita.
Aizawa lo fulminó con la mirada.
—No estoy acobardado, estoy…
—¿Indeciso?
—Más o menos…aunque no exactamente indec… ¡ah, maldita sea, sí, acobardado!
Mic lo agarró de un brazo y lo hizo sentarse en un sofá que ocupaba una de las paredes.
—Ten—le ofreció una lata de cerveza fría que sacó de la nevera—. Te ayudará a relajarte un poco.
—¿Qué haces teniendo alcohol en tu habitación? —se sorprendió Aizawa sabiendo de antemano que estaba prohibido beber en todo el recinto del campus, incluso en las habitaciones.
—Tú no has visto nada.
Aizawa abrió la lata levantando la anilla y se la empinó hasta bebérsela casi de un trago.
—Ueh, sí que estás tocado, amigo. ¿Qué te ha hecho? —rió.
—Mejor pregunta qué no ha hecho.
La cara de Mic se iluminó en una sonrisa enorme.
—¿¿Tanto?? ¿Hasta dónde habéis llegado? ¡Cuenta!
—Yo a ningún lado, pero ella… —Aizawa agarraba la lata con las dos manos—Mic, tienes que echarme una mano. Jim es experta, al parecer ha tenido muchas parejas y yo…
—Eres virgen.
Aizawa le echó una breve mirada a través del flequillo caído sobre su frente.
—Sí —gruñó.
Yamada arrastró su silla giratoria desde el escritorio y se sentó frente a su amigo.
—Bueno, siempre hay una primera vez, tarde o temprano—dijo haciéndole un gesto tranquilizador con las manos—. ¿Qué quieres saber?
—Todo lo que sepas—apuró la cerveza y le mostró la lata vacía—. ¿Tienes más de estas?
Mic se levantó y le trajo otra de la pequeña nevera que tenía junto al escritorio. Aizawa la abrió y volvió a echar otro largo trago.
—Si no me dices exactamente qué quieres saber…
—¿Qué les gusta a las mujeres? —le preguntó a su amigo sin mirarle.
—Oh… —ladeó Yamada la cabeza—Pues… creo que… ¿a qué te refieres en concreto?
Aizawa tenía la mirada fija en la lata que apretaba entre sus dedos.
—Sexo—contestó en voz muy baja.
Yamada enarcó las cejas.
—Y yo qué se, macho—le dijo al cabo de unos momentos —. Supongo que lo mismo que a todas. Que las dominen o algo así.
—¿Desde el principio?
—No, bueno…sí, supongo… —dijo pensando en el tema—aunque primero van los besitos, los roces, los toques… ¿no has visto nunca una peli porno?
Aizawa levantó una mano y se la llevó a la cara imaginando la escena.
—Algo más delicado que eso, por favor. No quiero parecer un troglodita garrote en mano.
—Ahj, no seas tan explícito —le dijo Mic asqueado—. No sé, Shota, ella es distinta… trátala como a un gato por ejemplo.
Aizawa levantó la mirada.
—¿Le acaricio el lomo y le rasco tras las orejas?
—Podría funcionar —sonrió Yamada.
Aizawa lo miraba serio y con expresión sombría a través del mechón de su flequillo.
—No tienes ni idea, ¿verdad?
Mic tragó saliva.
—Al que le gustan los gatos es a ti, tú sabrás qué hacer con ella—contestó de repente.
—¿Cuántas veces lo has hecho tú?
—¿Yo?
—Sí, tú.
—Oh… pues… —Yamada rodó sus ojos pensativo —alguna.
—¿Una?
—Casi una.
Aizawa arrugó la nariz.
—¿Qué significa eso?
—Pues que… me… pues eso. Casi una.
—¿Eh?
Yamada empezó a gesticular con las manos nervioso.
—¡Fue ella, joder, es tan… erótica que me tumbó en el primer asalto, yo no tuve la culpa!
—¿Es? —preguntó Aizawa.
Yamada lo miró espantado.
—¿A quién te refieres con eso de "es" ? —le dijo Aizawa arqueando una ceja—No te referirás a…
Mic se quedó callado y mirando a su compañero sin saber qué decir.
—¿Te tiraste a Midnight? —adivinó Aizawa pasmado.
—Ya hace años de eso—reconoció su amigo algo avergonzado —. Sólo quise saber qué se sentía y ella se ofreció a enseñarme.
—¿¿Te tiraste a Midnight??—repitió Aizawa más asombrado aún.
—¡Sí! ¿¿Y qué pasa?? —dijo Mic histérico.
—¡Es nuestra amiga! —le contestó.
—¡Pues no me la tiré, me tiró ella a mí!—se corrigió—¡Y tienes razón!—le señaló con un dedo —¿Qué clase de amigas son esas?
—¿Pero de qué estás hablando, idiota? — torció el gesto Aizawa.
Yamada puso los codos sobre sus rodillas y dejó caer la cabeza en sus manos.
—Fue en el cuarto del conserje, aquí en la academia —le explicó algo más sosegado—. Yo le había preguntado algo sobre la primera vez y ella me explicó algo por encima. Y luego se ofreció a darme una clase rápida presencial.
—¿Y… qué tal? —quiso saber su amigo.
—Pf, imagina… —respondió Yamada encogiéndose de hombros —apenas me tocó le puse perdida la mano.
—Ah… —Aizawa hizo una mueca de desagrado—. Mira, déjalo, no hace falta que entres en detalles.
Mic miró de nuevo a su amigo y le quitó la lata de la mano. Se la empinó y se la devolvió.
—Voy a por más —dijo levantándose.
—Menuda ayuda—escuchó murmurar a Aizawa tras él —. Vengo a pedir consejo y salgo peor aún.
—Yo creo que todo está en la mente—le dijo Mic metiendo las manos en el interior de la nevera—. Una mente en blanco, sin pretensiones ni miedo al fracaso. Sólo hay que dejarse llevar sin tener mayores expectativas. No siempre se acierta a la primera...de hecho sería toda una suerte que triunfaras.
Yamada le ofreció otra lata de cerveza, se sentó de nuevo frente a él y ambos abrieron sus bebidas.
—Eso es exactamente lo que quiero hacer—le dijo Aizawa—. No puedo parecer un estúpido novato con ella.
—Es que lo eres—le dijo Mic con sinceridad—. Y cuanto más te obsesiones con eso, más nervioso estarás y más rápido te…
—Cállate —lo interrumpió ceñudo—. Entonces sólo hay que dejar la mente volar, ¿no? No parece tan difícil si lo piensas bien.
—Te lo diré cuando llegue a la segunda vez—sonrió Yamada.
—Bah, ni siquiera tuviste una primera, no seas pretencioso. Estás igual que yo.
Alguien llamó de pronto a la puerta de la habitación.
Aizawa y Present Mic se miraron el uno al otro.
—¿Esperas a alguien? —le preguntó Aizawa a su amigo.
—No—contestó él igualmente sorprendido.
—¿Mic? —dijo una voz femenina—¿Estás ahí?
—¡Oh, mierda, es Jin! —gritó Yamada entre susurros al reconocer la voz y ambos se levantaron de sus asientos de un salto —¡Te está buscando, seguro!
Aizawa lo agarró por las solapas de la chaqueta y se lo encaró de cerca.
—No abras esa puerta o eres hombre muerto —le dijo amenazándole con un dedo.
—¿Cómo sabe que esta es mi habitación?
—Y yo que sé, habrá… —a Aizawa se le pasó por la mente de pronto lo que le había dicho Midnight acerca de la noche de luna en el período de celo de las gatas—Oh, mierda, me ha olido.
—Mic, ¿estás durmiendo? —volvió a llamar Jin a la puerta con los nudillos—Necesito una cosa urgente.
—¡Un segundo, acabo de salir de la ducha! —gritó al aire.
—¡Cállate, no le digas eso! —le susurró Aizawa.
—¡A quien busca es a ti, no a mí! ¡Ven! —agarró a su amigo por un hombro y lo arrastró al baño.
Yamada se abalanzó sobre un armario en la pared del cuarto de baño, lo abrió y se puso a rebuscar dentro.
—¿Qué estás haciendo?—le dijo Aizawa viéndolo mover las manos en el interior.
—Situación de emergencia, esto es lo que puede salvarte el pellejo—sacó varios tarros de cristal del armario, los puso sobre el lavabo y empezó a abrirlos todos a la vez.
—¿Para qué es todo esto? —dijo Aizawa viendo todos los botes de perfume ante él, aunque ya lo podía imaginar.
—Empezaremos por el que tiene más tiempo de comprado—Mic le volcó a Aizawa por la cabeza un bote casi entero de un perfume extremadamente oloroso, rancio y seguramente caducado —. Eau de Alcantarillé, solera de diez años, si esto no enmascara tus feromonas, nada lo hará. Levanta los brazos.
Yamada se volcó en una mano el resto de la colonia y le frotó las axilas con el amarillento líquido.
—Esto es capaz de disolverme la ropa —dijo Aizawa dejándose hacer.
—¡Cállate! —le dijo terminando con aquello y agarrando otro bote—Sólo respirando sigues soltando esas cosas, ¡no hables!
Yamada le volcó otro bote de líquido amarillo por la cabeza y le empapó bien el pelo apretándole la melena para que lo absorbiera bien.
—Deberías visitar la peluquería de una vez—decía mientras se lo extendía desde la raíz hasta las puntas—, esto un verdadero nido de feromonas. Seguro que hasta ponen huevos y todo en esta mata de…
—¡Mic! —volvió a oír a Jin tras la puerta.
—¡Me estoy peinando, ahora voy! —gritó de nuevo.
Yamada agarró otro bote, uno de medio litro, y empezó a mojarle la ropa a Aizawa.
—Este es bueno—le decía mientras se lo echaba bien por los pantalones—, lo compré en un mercadillo por menos de cien yenes—le separó la cintura del pantalón hacia afuera y volcó un buen chorro dentro de su ropa interior.
—¿Para qué, si tú usas perfumes buenos?
—Para matar hormigas—contestó.
—¿Para matar hormigas? —dijo Aizawa con la ropa ya empapada y pegada al cuerpo.
—Sí, para ahogarlas en alcohol. Se mueren, pero contentas, ya sabes que estoy en contra del maltrato animal —lo hizo girarse—. Date la vuelta y cállate. Y no respires.
Present Mic terminó de mojar a su amigo con todos los botes que había abierto y empezó a quitarse la ropa rápidamente delante de él hasta quedarse sólo con un bóxer elástico estampado en colores vivos.
—¿Qué estás haciendo ahora? —le preguntó Aizawa entre susurros.
—Se supone que acabo de salir de la ducha, ¿no? ¡Habrá que disimular! —agarró un albornoz blanco de un gancho de la pared y metió las manos por las mangas atándose luego el cinturón para cerrárselo.
Después abrió el grifo del lavabo y se mojó el pelo rubio y largo, atándoselo tras la cabeza en una coleta improvisada.
—Dame ese spray que tienes ahí—le señaló un bote de aluminio con un dibujo de flores blancas en su etiqueta que también había sacado del armario.
Aizawa se lo entregó y Mic se lo quitó de las manos para empezar a rociar el baño entero con el ambientador.
—Vamos a morir asfixiados, ¡para de hacer eso! —le dijo Aizawa tapándose la nariz y la boca con las manos.
Mic lo roció también a él desde la cabeza a los pies.
—Creo que es suficiente —le dijo, y se roció él también.
—Por todos los cielos… —se lamentó su amigo ya empezando a temblar de frío.
—Ahora cállate y no te muevas de aquí—le dijo antes de salir hacia la habitación con el spray en la mano—, cierra por dentro con el pasador, métete en la ducha y cierra también el cristal ese de la mampara.
Yamada salió del baño y cerró la puerta tras él. Con el spray en la mano, lo agitó bien y a toda prisa empezó a pulverizar por todos los rincones del cuarto: cama, sofá, escritorio, televisor, cojines, silla, alfombra…
—Mic, puedo venir más tarde si… —dijo Jin de nuevo.
—¡No, ya estoy, voy! —vio el arma de captura de Aizawa sobre el escritorio y apuró el contenido del ambientador sobre la bufanda pulverizándola también.
La agarró con las manos de un puñado y la escondió debajo de la cama tirando también dentro el bote de ambientador vacío.
Mic salió corriendo, se detuvo en la puerta, guardó la compostura y abrió poniendo un codo en el marco.
—Buenas noches, señorita—la saludó con una sonrisa amplia a través de la rendija.
Jin se puso dos dedos en la nariz en cuanto le llegó el olor e hizo una mueca.
—¿Con qué te has duchado, con insecticida? Huele fatal.
—Es una marca nueva que estoy probando—contestó sin abrir del todo—. ¿Qué se te ofrece?
—Estaba buscando a Shota para que me pasara los apuntes del día e ir ordenándolos para clasificarlos esta noche. ¿Le has visto?
—No—dijo Mic con la boca pequeña —. ¿No está en su habitación?
—Oh, no sé cuál es aún, ¿puedes indicármelo?
Mic no sabía qué hacer.
—Ehh… —dudó unos segundos—él suele ir a dormir a veces a clase —le dijo lo primero que se le ocurrió.
—¿A clase? Pero si tiene su habitación…
—Cuando tiene trabajo.
—¡Pero si la academia está cerrada a esta hora!
—Sí, pero él tiene pase VIP.
Jin se puso los brazos en jarras.
—¿Estás bromeando?
—No. ¿Me ves cara de bromista?
Jin arrugó la nariz.
—¿Dónde puedo encontrarle?
Yamada la miró unos momentos.
—¡Oh, ahora lo recuerdo! —dijo dándose un golpe en la frente —Hoy era su noche libre, creo que ha salido del campus para… ir a la… disco a… bailar—sonrió.
Jin no se creía aquello ni loca.
—Está ahí contigo, ¿no?—le dijo muy seria bajando un poco los párpados.
—No.
—Bueno—resolvió Jin—, si lo ves dile que tenemos ese asunto pendiente y que venga a verme cuanto antes.
—Hecho.
Y se fue.
Mic cerró la puerta.
—Me has hecho empaparme para nada—gruñó de pronto Aizawa tras él.
Yamada saltó asustado al oírle y se dio la vuelta.
—¡Ah! ¿Desde cuándo estás ahí?
—Desde que te oí decirle lo de la discoteca—contestó él con los ojos echándole chispas—. ¿Estás mal de la cabeza? ¿Yo en una discoteca?
—¡Yo qué sé, macho, no se me ocurría nada! —intentó defenderse.
—Con un simple "no lo sé" hubiera bastado—le dijo sacándose por la cabeza la camisa negra mojada de perfume agrio —. Eres un bocazas, ahora sospecha que estoy aquí.
—¿Bueno, y qué si lo sospecha? —dijo Mic dirigiéndose hacia el balcón para abrirlo y ventilar aquella habitación asfixiante—¡Lo que tienes que hacer es lanzarte de una vez, tienes treinta años, tío, ya no eres ningún niño! ¡Mira lo que me has hecho hacer por ayudarte con tus temores, me llevará meses sacar este olor de aquí!
Aizawa observó a Yamada abrir bien el ventanal y luego ir al baño a conectar el extractor del techo maldiciendo por el camino.
Se sentó de nuevo en el mismo sofá cayendo a plomo en él.
Tenía razón, no podía estar escondiéndose todo el tiempo.
—Ah, lo siento —dejó caer la cabeza sobre una de sus manos ya cansado de cuerpo y mente —. Es verdad, estoy comportándome como un adolescente inseguro.
Mic salió del baño y se acercó a él llevando en las manos una muda limpia de ropa suya.
—Eso es porque estás pidiendo demasiado de ti mismo—se sentó él también en la silla frente a él, le ofreció la ropa doblada y le puso una mano al hombro con gesto amistoso—. Tómatelo con calma. Si no quieres hacerlo, no lo hagas, es así de simple. No se va a acabar el mundo por eso.
Aizawa bajó la vista compungido.
—Pero yo sí quiero—dijo en voz baja.
Mic enarcó una ceja mostrando interés.
—Uh, ¿dónde ha quedado eso de "si la ayudo todo se acabará"? Se suponía que sólo tienes que hacerlo una vez para que te deje tranquilo.
Aizawa guardó silencio unos momentos.
—Quiero, pero es demasiado pronto y ella va demasiado deprisa —dijo al fin.
—Te empieza a gustar bastante la chica, ¿eh? —sonrió Mic.
—Sí —admitió Aizawa—Jin lo tiene todo, es inteligente, hermosa, decidida, sensual…
—Además de ser un gato —sonrió Mic—. El fetiche perfecto para el mejor de los zoofílicos.
—No te pases—dijo Aizawa, aunque reconoció por dentro que esa era la razón principal de la atracción que Jin ejercía en él.
—Bueno, ¿qué vas a hacer? ¿Pasarás aquí la noche?
—Sí —Aizawa se levantó del sofá y se encaminó hacia el baño—. Voy a darme una ducha para sacarme este olor. No me deja respirar.
Mic se levantó de un salto y se frotó las manos.
—¡Zafarrancho de combate entonces!
—¿Qué? —se detuvo Aizawa antes de llegar al baño.
—¿En qué habíamos quedado esta mañana? —le recordó la charla con Midnight —Vamos a atrancar esa puerta.
Aizawa pensó unos momentos.
—No creo que eso sea necesario —le dijo a Yamada—. Puedo asegurarte de que mis feromonas han caído de forma fulminante con tus potingues.
—¿Que no? —contestó él, y lo agarró de los hombros para hablarle en plena cara—Imagina que se canse de esperarte y esta noche de madrugada, no aguante más y salga de su habitación para volver aquí y tire esa puerta de una patada para comprobar si en verdad estás en esta habitación…—levantó los brazos exageradamente —¡Y nos viole a los dos, ahh!
—¿A los dos?
—¡Sí! ¡Si no tiene bastante contigo puede venir a por mí! ¿Quién sabe?
Aizawa suspiró.
—Está bien—accedió de malas ganas y dejó la ropa limpia en el sofá—. Vamos a empujar ese armario—señaló un ropero grande que estaba pegado a una pared.
—Eso pesa horrores—le dijo haciendo una mueca—. Tengo algo más práctico.
Mic sacó de detrás del escritorio una guitarra eléctrica lacada en rojo y se la llevó hacia la puerta.
—Ya está —dijo encajando la parte superior del traste bajo el picaporte y luego dio un puntapié a la base para ajustarla bien—. Esta preciosidad lleva conmigo desde los cinco años. La madera no puede ser más dura.
Aizawa lo miró cansado a través de su flequillo negro.
—¿Sólo con eso piensas atrancar una puerta?
Mic se encogió de hombros.
—Es de heavy metal… heavy, pesado, ¿do you understand english?
—Y has olvidado dar una vuelta de llave—le señaló la entrada.
—Oh… —Mic miró hacia la cerradura interior—Tienes razón, pero ya está bien segura así.
Aizawa no pudo evitar sonreír.
—Tú sí que sabes mirar por tu propia integridad, ¿eh? Vamos, ayúdame con ese armario.