¡Aloha a todos! Una semana más, aquí os dejo el capítulo, un poquito con prisas porque estoy bastante liada con proyectos varios para el Salón del Manga en Barcelona de dentro de 15 días.
Así que simplemente recordar que los animes no son nuestros, que los personajes originales que se parezcan a los de otra persona son coincidencias y que agradecemos reviews, pero aún más no leer a trolls molestos.
Capítulo 63: Preocupaciones
Duskmon no había cambiado en ningún momento su posición dentro de la celda de Phantomon. El digimon se había pasado los primeros dos minutos en silencio, mirándole con una curiosidad para nada natural. Después, había empezado a cantar de nuevo. Pero a Duskmon, al contrario que a los Bakemons que tenían que vigilarlo y procurar que continuase con vida, no le importaba en absoluto.
—Habla de una vez. ¿Qué viste en aquel lugar? —ordenó el de la armadura con ojos.
—¡Yo quiero bailar toda la noche! —respondió con otra canción.
—Eres un completo inútl…
—Suit litel bambabi, ai nou uat iu uan for mi… —antes de que pudiese seguir cantando, Duskmon lo atrapó del cuello.
—¡Plasma lunar!
Una especie de ondas de oscuridad empezaron a surgir alrededor de ambos, sumiéndolos en una oscuridad en la que Duskmon empezó a visualizar imágenes borrosas, recuerdos de su presa.
—Estúpido digimon borracho… Más te vale cooperar la próxima vez —dijo el de la oscuridad, lanzándolo contra la pared de la celda antes de salir.
Sin decir nada a nadie, empezó a caminar hacia la salida. En la puerta, Xana-Lucemon se cruzó de brazos y miró fijamente al clon.
—Sabe algo —dijo tras cerrar la puerta del calabozo —. Pero sus recuerdos son demasiado borrosos.
—Bien… Has hecho un gran trabajo, Duskmon, bien hecho —felicitó —. Retírate.
Asintiendo, Duskmon se alejó de aquel lugar, dejando atrás al ángel caído. Myotismon no tardó en aparecer junto a él a la espera de nuevas órdenes.
—Es hora de hacerle venir —dijo.
—¿A quién, mi señor?
—A alguien capaz de hacer hablar a un mudo —respondió.
...
Leomon, Dobermon y Guardromon no podían evitar tener sus dudas cuando Patamon, Gatomon y Lopmon los empujaron literalmente al vórtice de Ace hacia la Aldea de los zorros. No recordaban gran cosa del tiempo que habían pasado poseídos, pero no les hacía ninguna falta para saber que los destrozos en aquel lugar y los cientos de heridas que mostraban los digimons zorros eran, en parte, fruto de sus actos.
La reconstrucción de la aldea fue algo incómoda para el trío de digimons que, si bien habían sido aceptados por los zorros, no se sentían del todo cómodos. DarkRenamon dejó de lado los tablones que cargaba y se acercó a ellos.
—Nadie os culpa de lo que habéis hecho —dijo.
—Deberían. Vinimos aquí y les destruimos su hogar —dijo Dobermon, apenado.
—Nos llevamos a alguien a quien ellos querían y ahora… Aun no ha vuelto —señaló Leomon.
—No hemos sido perdonados —dijo Guardromon.
—Muchos de ellos también fueron poseídos hace tiempo —dijo tranquilamente la digimon negra —. Y todos crecieron conociendo vuestras historias por boca de la anciana Renamon —añadió —. Saben perfectamente quiénes sois y también saben que, poseídos, no erais dueños de vuestros actos.
—Precisamente por quienes somos, debimos haber resistido a esa posesión —apretó un puño Leomon.
—Xana-Lucemon es un virus que nubla la razón —suspiró la digimon —. No os torturéis con falsas ideas. El objetivo de ese monstruo al venir aquí era la anciana Renamon. Con o sin vosotros, la aldea habría sido atacada.
—Ella tiene razón —se unió Lopmon —. Por eso, lo que tenemos que hacer ahora es reconstruir este lugar y preparar las defensas para que no se vuelva a repetir.
—Para ti es muy fácil, no has sido poseído —señaló Guardromon.
—Pero casi muero —dijo con una risilla nerviosa —. No importa, estamos todos aquí, que es lo que cuenta.
—Sí, y hay mucha faena aún por hacer —recordó LightKitsumon —. Ya tendremos tiempo para reír después.
—Mira que eres oportuno cuando quieres —suspiró la Renamon oscura antes de retomar sus tablones y saltar donde el otro para darle una patada —. ¿Nunca te han dicho que tienes poquísimo tacto?
...
Que las clases se suspendían habría sido motivo de fiesta para todo Kadic de no haber sido porque la mitad estaba en shock y la otra demasiado preocupada por recopilar toda la información de la última batalla. También la idea de no poder ir a clase porque dos aulas estaban destrozadas habría sido celebrado con confeti de ser otro el motivo de tal destrozo.
Para un grupo, sin embargo, que la suspensión conllevase un encierro en el campus para ser tratados por un psicólogo era peor que una broma sobre Xana-Lucemon jugando sucio en su lucha por eliminarles.
—¿Por qué hasta los que no estamos traumados tenemos que ir al psicólogo? —preguntó Odd —. Yo que quería celebrar la nueva digievolución de Labramon…
—Hombre, un poco mal de la cabeza a veces sí que estás —señaló Aelita.
—A mí me preocupa más que decidan cerrar Kadic —dijo Jeremy.
—Entonces tendríamos que volver a casa, ¿no? —preguntó Takuya.
—Y adivinad quién está provocando que compremos los billetes de avión —dijo Kouji con sarcasmo.
—Eh, ¿te crees que fue voluntario? —preguntó alzando el puño el otro.
—¡No empecéis una pelea vosotros dos! —pidieron Zoe y Leire, la segunda atrapando el brazo alzado del de fuego.
—Creo que deberíamos trasladar el combate a otra parte —dijo Teppei.
—¿Te refieres a hacer que Ace nos transporte a todos a un desierto? —preguntó Odd.
—Imposible —dijo Timy, sobresaltando a todos al aparecer, vestida con las ropas de Zoe, en medio del grupo —. Mi hermano no tiene el poder suficiente para hacer eso.
—¿Pero tú qué haces aquí? —señaló JP.
—Fingir ser una estudiante —respondió.
—¿Qué significa que tu hermano no tiene poder suficiente? —preguntó Arya.
—Pues eso, que le viene muy mal transportar a tantos a un lugar vacío del planeta.
—Nos trajo de vuelta desde el Digimundo cuando peleamos en el terreno de la Rosa de las Estrellas —recordó Jeremy.
—Allí estaba en el Digimundo, no en la Tierra. Es diferente —respondió mirándose las garras —. Y de aquí para allá, pasáis ordenadamente.
—¿Y qué haremos? —preguntó Sissi —. A mi padre le puede dar un infarto si pasa algo más…
—¿Y si os ayudamos nosotras dos? —preguntó Leire señalándose a sí misma y a su hermana —. Nos habéis enseñado, y contamos con Tailmon y BlackGatomon para cubrirnos.
—Necesitamos alguien en la retaguardia que nos pueda ayudar en caso de salir heridos —negó Koichi.
—Seguimos sin saber qué hacer —señaló Yumi —. El ataque de esos tres bien podría haber derribado el edificio entero si no llegamos a obligarlos a cambiar la trayectoria…
—¿Y si probamos a que nos sigan? —propuso Tommy —. Hacerles ir dondequiera que vayamos nosotros…
—Arriesgado —respondió JP —. ¿Y si lo ven como que huimos y atacan los edificios aprovechando que no estamos para desviar los ataques?
—¡Esto es demasiado! —protestaron Odd y Takuya.
—Sí, pero si no arreglamos esto, no sé tú, pero yo me veo en un avión rumbo a Japón de nuevo —dijo con molestia Chiaki.
—¿Por qué tanto pesimismo? —preguntó Takuya —. Nos vamos al Digimundo y punto.
—Claro, es tan sencillo —resopló Kouji —. Pasamos de tener monstruos atacando Kadic a que un considerable número de estudiantes desaparezcan de la faz de la Tierra sin dejar ni rastro.
—Y nosotras no… —empezó a decir Neila.
—No, Neila, vosotras no. Sólo yo —negó Arya —. Yo no soy una reencarnación, ni tengo un digimon… No soy nadie para el Digimundo.
—¡No digas eso! —exclamó Leire —. ¡Nos has ayudado mucho!
—¿Y qué esperas que haga en un mundo lleno de digimons? —protestó.
—Eres una más del equipo, Arya —intervino Aelita —. Con o sin digimon, eres una ayuda y un apoyo importante. No te dejaremos al margen por no poder luchar. Siempre habrá algo que puedas hacer.
—Pero no te preocupes, nadie se va a ir al Digimundo así de repente —dijo Kouji —. ¿O acaso queréis causar más problemas?
—Kouji tiene razón —señaló William —. Aunque queramos, no podemos desaparecer.
—Xana-Lucemon no atacaría la Tierra. No veo por qué no marchar —dijo Takuya.
—Podría aprovecharse de que no estamos aquí precisamente para atacar Kadic —dijo Zoe —. No tendríamos comunicación con este mundo, por lo que podría destruirlo sin que nosotros nos enteremos, ocupados desactivando torres y luchando contra los monstruos que nos envíe…
—Está claro que nos daríamos cuenta si algo así pasara —dijo Odd.
—Dudo muchísimo que decida apartar a tu clon de pelear contigo para enviarlo a la Tierra —negó Ulrich —. Recuerda que XANA es un parásito en un digimon que tiene pensamientos propios, no un simple programa que se mueve buscando eliminarlo todo.
El silencio volvió a caer sobre el grupo mientras las palabras del chico resonaban en la mente de todos. Takuya abría y cerraba la boca sin acabar de decidirse en hablar. En el centro de todos, Timy miraba a cada uno de ellos con las orejas caídas. La voz de un adulto llamando al grupo para tener una charla con el psicólogo hizo que todos arrastraran los pies en la dirección indicada, dejando a la digimon escondida en lo alto de un árbol.
...
Las malas noticias eclipsaron las esperanzas que Xana-Lucemon había tenido sobre el futuro interrogatorio del borrachuzo encarcelado. No podía creerse que un grupo de digimons como el que había logrado poseer hubiese tenido bajas en la primera pelea a la que se presentaban. Al menos, Beelzemon no había sido atrapado por aquellos niñatos.
—Mi señor —una voz a su espalda amenazó con estallar la burbuja de rabia que hervía en su interior —. Ya ha llegado…
—Llévale a los calabozos —indicó.
Cogiendo aire, el ángel caído se obligó a ponerse en pie y a caminar hasta la gran sala en la que una vez pretendió atrapar a los niños elegidos, ignorando por completo al grupo de digimons que había allí. La sonrisa regresó a sus labios al identificar al duende de armadura verde y amarilla que esperaba jugueteando con una flecha.
—Me alegro de verte, Zamielmon —dijo llamando su atención —. Tengo una misión para ti.
—Lo que ordene, mi señor Xana-Lucemon —respondió hincando una rodilla al suelo.
—Ven. Enseguida lo verás —dijo pasando al calabozo. Las horribles canciones del Phantomon resonaron con más fuerza nada más cruzar las puertas —. Ese digimon sabe cosas y necesito que me las diga.
—No se preocupe, lo cantará todo en poco tiempo —respondió Zamielmon.
Xana-Lucemon se detuvo en seco, no sólo porque habían llegado a la celda, sino porque el verbo cantar le había provocado escalofríos en todo el cuerpo que se negaba a dejar ver a nadie. Aparentando calma, observó al digimon duende entrando a la celda y acercándose al fantasma.
—Buenas, colega. ¿Qué tal te va? Me han dicho que sabes cosas interesantes —dijo frotándose las manos —. Mira, tú cantas todo lo que yo te diga y no habrá problema.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Lo haré! —exclamó con aplausos el Phantomon.
—Venga, que si lo haces bien, tendrás premio.
—¡PREMIO! ¡PREMIO! ¡SOY EL REY DE LA FIESTA!
—Esto no me gusta nada —murmuró el ángel caído con los ojos cerrados.
—Vale, vas a empezar diciéndome qué viste en la fiesta a la que te enviaron —indicó Zamielmon.
—Veo, veo…
—¿Qué ves? —preguntó el duende.
—Una cosita…
—¿Y qué cosita es? —siguió el de armardura clara.
—Empieza con la A. ¿Qué será? ¿Qué será? ¿Qué será? —canturreó Phantomon, provocando tics nerviosos en Xana-Lucemon.
—¿Ataúdes?
—No, no, no, eso no, no, no, eso no, no, no, eso no… —siguió cantando el otro.
—¿Por qué le sigues el juego? —murmuró el ángel, luchando por no golpearse la cabeza contra los barrotes.
—Oh, venga, ¡no seas así! ¡Yo no estuve allí! —exclamó Zamielmon —. Tienes que contármelo bien para que pueda imaginármelo todo como si hubiese estado allí, aunque sea flotando…
—¡VOOOOOLAAAAREEEE…. OOOOH OOOOH!
—A la luna te mandaba volando —siguió murmurando el ángel.
—Si no cooperas, te castigaré —señaló el duende.
—¡QUE LA DETENGAN, QUE ES UNA MENTIROSA, MALVADA Y PELIGROSA…!
—Así que te gusta la fiesta… Dime quién había en la fiesta a la que fuiste y así le traeremos para repetirla, anda —animó.
—¡HIR WI AR, GOUIN FAR, TU SEIF OL DAD WI LOF…!
Incapaz de soportar nada más, Xana-Lucemon empezó a dirigirse hacia la salida, con la conversación de besugos de Zamielmon y Phantomon de fondo. Daba igual cuánto se alejase, los cánticos desafinados del fantasma parecían perseguirle hasta el fin del mundo.
—¡ESTÚPIDO, MENTECATO, IDIOTA, MEMO, BOBO, IMBÉCIL, TONTO, SUMBORMAL, GRANO DE PUS, CARACULO, GILIPUERTAS, MARICÓN, INÚTIL…! —empezó a insultar.
Desde las sombras, Myotismon escuchó la retahíla de insultos y más palabras poco agraciadas que el soberano del castillo dedicaba al fantasma borracho, así como era testigo de los golpes que se propinaba contra la pared mientras maldecía mil y una veces no poder contar con un equipo competente.
—Algún día, niños elegidos, os arrepentiréis de haber vuelto loco a mi pobre amo… Juro que acabaré con todos vosotros, aunque sea lo último que haga, y mi señor reinará sobre este mundo y el vuestro para toda la eternidad.
...
El nuevo día en Kadic no amaneció mucho mejor que el anterior. Las clases seguían suspendidas y los ánimos de todo el mundo por los suelos. La única diferencia recaía en el regreso del color a las ropas de las chicas.
—Para mí que lo de ayer fue culpa de vuestra decisión de poneros de luto —comentó Odd —. En serio, sois…
—Acaba la frase y todo Kadic tendrá que ponerse de luto —amenazó Sissi.
—Me preocupa lo que pueda hacer Xana-Lucemon —suspiró Jeremy —. Los enemigos son cada vez más fuertes… E incluso los clones son resistentes…
—A lo de los clones hay una explicación —dijo Gatomon —. He podido ver a Kim e Yla entrenando. Así es como han logrado digievolucionar.
—Es decir, que no sólo tendré un clon, sino que podrá digievolucionar —suspiró Tommy.
—Eso ya no lo sé. Aquellas dos no han podido digievolucionar de la noche a la mañana —se encogió de hombros.
—Por eso deberíamos acabar con ellos antes de que empeore nuestra situación y nos envíe a digimons imposibles de derrotar, como los de ahora —declaró el informático.
—¿Seguro que no queréis que nos unamos nosotras? —preguntó Leire.
—Ni con nosotros apoyándoles pudimos hacer mucho —suspiró Zoe.
—Es normal —dijo la voz de Kitsumon, alertando a Ulrich —. Esos digimons son legendarios.
—¿Legendarios? ¿Y por qué nadie nos habló de esa leyenda antes? —preguntó Teruo.
—Son muchas las leyendas que existen en el Digimundo —le respondió Gatomon justo cuando todo alrededor de ellos se teñía de dorado —. Como también pesados…
—¿Otro ataque? —preguntó Sissi —. A papi le va a sentar fatal.
—Vamos antes de que Timy se agote aguantando todo esto —dijo Koichi.
—Leire, Neila y Arya, ayudad a evacuar lo más rápido posible y, después, id donde los Crossedmons —señaló Takuya.
—¿Por qué? —preguntaron.
—Por seguridad —respondió.
