La noche afortunadamente transcurrió sin incidentes y los dos compañeros pudieron descansar sin más problemas que la incomodidad por el frío que entraba a través del balcón abierto que Hizashi se había empeñado en dejar así.
Aizawa pudo dormir de un tirón toda la noche, su amigo le había dado una manta gruesa para que durmiera lo más cómodo posible en el sofá y vaya si surtió efecto, se levantó fresco como una rosa y descansado como hacía tiempo que no lo hacía.
Una hora después ya se encontraba en el exterior del Alliance a primera hora, esperando a sus alumnos junto al autobús para salir todos juntos hacia la USJ.
—Buenos días, Aizawa—llegó N13 al amanecer saludándole con la mano.
Aizawa volvió la vista hacia la voz.
—Buenos días, Trece—le contestó con afabilidad —¿Lista para ver unos cuantos huesos rotos de nuevo?
—Ya los vi el lunes con los de segundo—dijo la heroína especialista en búsqueda y rescate embutida en su pesado traje—. Aunque los de primer año son peores. No sé qué saldrá de tu clase hoy.
Tenía razón. Cada año era lo mismo. En cada visita a la USJ siempre había algún incidente donde a veces uno de los dos tenía que intervenir, y cuanto más jóvenes eran los chicos, más incidentes se producían al ser más impulsivos y más inconscientes al actuar. Luego, en segundo, la cosa cambiaba un poco, ya conocían bien el lugar aunque seguían habiendo algunos que no se enteraban, y en tercero, a los mayores que estaban a punto de graduarse, apenas tenían que ayudarles con nada. Ellos solos sabían solventar bien cualquier tipo de complicación que se les presentara en cualquiera de las zonas temáticas.
—Por eso te propuse esta vez empezar por lo bajo—dijo Aizawa mirando la hora en su móvil —. La zona montañosa es ideal para una primera incursión en tu instalación. Más tarde vendrán las verdaderas complicaciones, todo a su tiempo.
Los primeros estudiantes, ya ataviados cada uno con sus respectivos trajes de héroe, empezaron a salir del edificio de los dormitorios.
—¡Buenos días, senseis! —dijo una alegre chica de rostro dulce al llegar al autobús.
—Buenos días, Keiko, y a todos—Aizawa vio cómo el grupo empezaba a agrandarse en número en pocos segundos y los hizo pasar al interior del vehículo de uno en uno.
—Dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve… —contó Trece con un dedo conforme iban subiendo al autobús y ocupando sus respectivas plazas—creo que ya están todos contigo, Aizawa.
—No—dijo distraído—. Falta el gato.
—¿El… qué? —dijo Trece confusa bajo su casco integral.
Aizawa, aguardando en la puerta del autobús, se sintió inquieto de nuevo.
Sólo pensar en que Jin aparecería por aquella puerta del Alliance en breves momentos le hacía darle mil vueltas a la cabeza pensando en qué excusa le pondría esa vez para justificar su comportamiento de la tarde anterior. Porque el tema se lo iba a sacar con toda seguridad en cuanto se vieran a solas.
Pero le estaba bien merecido, por idiota.
Incluso Mic, que no derrochaba precisamente mucha madurez mental, le había puesto las cartas sobre la mesa.
Lo que tenía que hacer era comportarse como el adulto que era y relacionarse con ella con toda naturalidad y sin más problemas de los que ya se formaba en su mente.
Como había previsto, Jin apareció de pronto por la puerta y Aizawa sintió que el pecho le daba un vuelco cuando escuchó su voz.
—¡Buenos días! —dijo ella alegremente bajando los escalones a saltos.
—Buenos días —respondió él echándole una breve mirada.
Jin venía vestida de forma parecida a la del día antes.
Aunque no había abandonado el habitual color negro de su vestimenta y el material fuerte y elástico de su traje, había añadido un cinturón metálico con un dispositivo en la parte de atrás que le ceñía bastante la cintura, y remataba el conjunto con unos guantes de dedos libres también negros y fuertes a sus manos y unas botas más robustas que las que calzaba el día antes, aunque de puntera extrañamente abierta, la cual dejaba asomar los dedos de sus pies de uñas cortas también pintadas en negro.
Pero lo que más resaltaba de su nueva imagen era su cabello recogido.
Lo llevaba peinado hacia atrás y atado en una coleta alta con una gruesa goma detrás de la cabeza que le despejaba bien la cara haciéndole los grandes ojos un poco más rasgados de lo que ya los tenía.
Estaba increíblemente atractiva así, pensó Aizawa al verla.
—¡Oh, buenos días! —la saludó N13 — Usted debe ser la señorita Murakami, ya me avisó Nezu de su llegada. N13, especialista en entrenamiento en misiones de rescate, un placer conocerla.
Jin le dio la mano de guante a guante.
—Soy Jin, nada de señorita, eso sólo lo hacen los desconocidos —miró de reojo a Aizawa—. Un placer conocerte también, Trece.
—Bien, ¿nos vamos? —dijo Aizawa subiendo al autobús rápidamente.
Jin se le colocó justo atrás y lo siguió a través de los alumnos ya sentados hacia la parte de delante. Trece venía tras ella.
—Buenos días, chicos, ¿qué tal estáis? ¡Hola! ¡Hola a todos! ¡Qué guapos estáis con esos trajes! —los saludó sonriente no sin escuchar un silbido de alguno al pasarle cerca.
Aizawa se sentó en un asiento individual, sin compañero al lado, y ella lo hizo justo en el doble de detrás. N13 ocupó el de la fila contraria y entonces el conductor arrancó el autobús.
—Estoy muy emocionada, es como si nos fuéramos de viaje —le dijo ella en voz baja inclinándose hacia adelante para que la escuchara bien.
—Con la diferencia de que cuando llegue no le parecerá muy idílico—murmuró él.
Jin se aferró al respaldo donde se sentaba Aizawa para volver a hablarle y él sintió cómo se reclinaba un poco hacia atrás.
—¿Le importaría dejar de hacer eso tan molesto? La oigo perfectamente —le dijo volviendo la cabeza hacia un lado para hablarle.
—Vaya. Tienes mucha mejor cara que ayer—le dijo ella con aquella habitual y encantadora sonrisa suya.
—Gracias—contestó Aizawa volviéndose hacia adelante—. Usted… eh… también.
—Al menos aceptas encajar cumplidos —siguió ella en voz baja—. ¿Sigo poniéndote nervioso o ya no tanto?
Aizawa estaba esperando exactamente aquello y casi le dio la impresión de conocerla de toda la vida.
Casi.
—Oye—le dijo ella de pronto olfateando el aire a su alrededor—. ¿Dónde está tu olor? Hoy apestas.
Aizawa sonrió para sí mismo.
Al parecer, todo lo que le había echado Mic la noche antes funcionaba con efectos prolongados aunque se hubiera dado una ducha.
—No lo sé, quizá también se haya ido de viaje.
—Mic y tú os lleváis muy bien, ¿verdad? —murmuró ella en voz más baja—. Suponía que ese insecticida con el que fumigó la habitación sería para ocultarte a mi olfato.
—No siga—la avisó.
—Oh… bueno, supongo que no es el momento de hablar de ciertos asuntos personales. Lo dejaremos para más tarde… si es que sobrevivimos—rió.
Jin soltó el respaldo, volvió a su asiento y se dedicó a mirar por la ventanilla.
El sensei del 1A respiró hondo y se acomodó más tranquilo en el suyo.
Gracias, Mic.
—Bien, ahora escucharán unas palabras de N13 y seguidamente se dirigirán hacia esa zona de allí—Aizawa, desde el alto mirador principal, señaló la zona montañosa rodeada de árboles—. Estén atentos a sus indicaciones porque no las repetirá dos veces.
Trece hizo reunir a los diecinueve estudiantes y los congregó frente a ella empezando a darles unas pautas de lo que tenían que hacer allí.
—Se ven bastante altas—observó Jin hablándole a Aizawa—. ¿Cómo van a subir allí esos niños?
—Cállese y escuche a N13, ese es uno de los handicaps.
—¿Y qué tienen que hacer allí?
Aizawa se encogió bajo su bufanda. ¿Es que no podía mantener cerrado el pico y simplemente oír la explicación?
—Oh, está bien. Capto tu silencio.
Uno de los chicos le preguntó algo a Trece y le fue contestado.
—¿Sabes?—dijo Jin— Una vez en Hokkaido fui a un sitio similar… aunque no fue en un lugar académico, allí no tenemos estas instalaciones tan originales, sino que lo visité por placer. Eran unas montañas mucho más altas que esas y más escarpadas, con pájaros enormes ideales para ser perseguidos, cazarlos y comerlos como…
—Silencio.
—¿Y sabes qué ocurrió? —lo ignoró ella —Pues no te lo vas a creer, pero en una de esas rocas enormes que pisé, se me fue el pie y tuve que sujetarme a…
—¿¿Quiere prestar atención?? —dijo en voz alta.
N13 dejó de hablarle a los alumnos y se volvió hacia atrás a la vez que todos los chicos también miraron curiosos.
—¿Ocurre algo, Aizawa?
—No, sigue, por favor—le dijo avergonzado haciéndole un gesto con la mano.
Trece volvió a su explicación.
—Pues como te decía…—siguió Jin como si nada—tuve que sujetarme a una roca ¿y puedes creerte que también se desprendía? Debajo, a diez millones de metros había unos picos puntiagudos horribles, no sabía qué hacer y…
—Por el amor de dios… —se llevó dos dedos al puente de la nariz—Es usted completamente irracional.
—Lo sé —sonrió.
Trece terminó su discurso y los alumnos se prepararon para partir hacia la zona montañosa mientras se ajustaban sus trajes adaptados rápidamente.
—Nosotros nos quedaremos aquí arriba y vigilaremos los movimientos de los estudiantes desde lejos—dijo Trece a Jin cuando ellos empezaron a correr hacia las montañas.
—Ajá, eso he oído—dijo ella—. Oye, ¿y crees que estarán seguros ahí? Ese puente del que hablas y el juego de búsqueda que has propuesto, lo siento, pero no me parece muy seguro, ya que tienen que competir entre ellos corriendo por ahí arriba y usando sus dones para encontrar el cofre escondido.
Aizawa se quedó de una pieza. Se había enterado absolutamente de todo.
—El objetivo de este entrenamiento es precisamente que se vean en problemas y sepan solventarlos en equipo—le explicó N13—. Aunque sean rivales en la arena por la búsqueda del tesoro, entre ellos deben ayudarse como héroes que van a ser el día de mañana. No es un entrenamiento totalmente físico, sino también ideado para fomentar el compañerismo y se den cuenta de que el verdadero objetivo son sus propias vidas.
—Sí, eso lo entiendo —dijo Jin—. Pero desde aquí veo ese puente bastante desgastado.
—¿El puente está desgastado? —dijo Trece asomándose al balcón del mirador—¿Cómo puedes verlo?
—Tengo buena vista—contestó Jin con naturalidad y señaló con un dedo al puente colgante que sólo ella podía apreciar en detalle a aquella distancia—. Esas maderas están podridas, la cuerda que las sujetan también está deshilachada en algunos de sus puntos. Van a tener problemas si se rompe y caen desde esa altura los que no tengan un don apto para moverse en el aire.
—Mejor—dijo Aizawa sombrío—. Así el espectáculo será más interesante.
—Qué cruel eres—le reprochó Jin.
Trece pareció dudar un poco.
—¿Y si cambiamos de zona? —dijo después de unos momentos—Repararé ese puente en cuanto acabemos hoy aquí y quizá mañana…
—Nada de eso—contestó Aizawa rotundamente—. Estamos aquí para un entrenamiento en serio, la USJ está hecha precisamente para ponerlos en situaciones límite. Los vigilaremos con más atención de todas formas.
—No me digas que los vigilas con menos atención otras veces—apuntó Jin mirándole de lado.
—Los vigilamos siempre —apostilló —. Usted use esa vista excepcional para ponerles el ojo encima y no se la quite—le dijo con cierto retintín.
—Yo no soy su tutora, sólo soy aprendiz—sonrió ella—. Pero no te quepa duda de que lo haré.
Aizawa emitió un bufido y se cruzó de brazos sobre el balcón observando a los alumnos llegar hasta la zona arbolada bajo las rocas.
—¿Qué hay dentro del cofre? —le preguntó Jin a Trece.
—Un trozo de queso—contestó ella.
Jin rió.
—¿En serio? Lástima que no haya ningún mutante en ratón entre ellos. Qué decepción se van a llevar.
—La próxima vez meteremos pescado y lo busca usted con ese olfato privilegiado que la naturaleza le ha dado—le dijo Aizawa fastidiado.
Jin soltó una carcajada sonora.
—Es lo que más me gusta de sus clases, Shota es divertidísimo, ¿no lo crees así, Trece?
La responsable de la USJ se quedó un tanto traspuesta. Aizawa divertido… era igual de alegre que un funeral.
—Oh, vamos, veamos a esos chicos—dijo Jin—. Mira, ya está Keiko atravesando los árboles con Kazuma pisándole los talones. Esa nena los tiene bien puestos.
—Tiene el don de encogerse—la informó Aizawa —, para ella es fácil sortear las ramas altas, además es más rápida y ligera en su forma reducida, pero Kazuma es fuerte y alto, da pasos largos y rompe la madera con las cuchillas que crea, pronto la alcanzará.
—Shun vuela—dijo Trece—. Él llegará antes que ninguno.
—Nadie ha dicho que el cofre esté en la cima—dijo Aizawa.
—¿Está en los árboles? —preguntó Jin.
—Eso es algo que ustedes dos averiguarán cuando ellos lo encuentren —le dijo sólo por fastidiarla.
—Ah, lo has escondido tú — le dijo Jin con los ojos entrecerrados —. Entonces seguro que no hay cofre alguno.
—Sí que lo hay.
Varios de los chicos empezaron a escalar la montaña como podían. Algunos con la ayuda de sus dones, como Shun, pudieron llegar antes y otros aún buscaban la forma de poder subir por algún sitio.
—Es un poco injusto —dijo Jin—. Sakura, Toshi y Keiko, por ejemplo, lo tienen mucho más difícil que esos que pueden escalar con facilidad.
—Los más débiles aquí tienen más ventaja en otras zonas. Las visitarán pronto.
—Pueden venirse abajo al quedar los últimos y reflejarse en sus estudios.
—Ese es su problema. Si no tienen la fortaleza necesaria para soportar una derrota pasajera también puntúa como un error por su parte. Deben ser más fuertes, no sólo física, sino mentalmente. Los débiles quedarán fuera. Esto es la UA, no el patio de primaria donde usted estudió.
Jin se quedó mirándole.
—Vaya… ya veo de dónde proviene tu fama de "Sensei Muerte Instantánea".
Aizawa le echó una mirada de reojo.
—Y usted se ha criado entre algodones, no fastidie—le espetó.
Trece los escuchaba a los dos discutir anonadada. ¿Desde cuándo Aizawa respondía así a un ataque verbal?
Casi la mitad de los estudiantes ya estaban arriba curioseando todo el lugar bajo sus pies y el resto aún se esforzaba por tratar de poner los pies sobre las rocas verticales para poder llegar hasta los demás y entrar en aquella lucha entre ellos para encontrar el cofre.
Kazuma, con sus cuchillas, ya allí arriba no podía hacer nada más que tratar de impedir que otro se acercara al posible escondrijo que había encontrado para rebuscarlo tranquilo y Shun sobrevolaba la zona haciendo lo mismo que su compañero.
Trece estaba deseando saber dónde habría escondido Aizawa el cofre, pero ni siquiera se le ocurrió preguntarle.
No se lo diría, él era así de inflexible.
—Oh… van hacia el puente —observó Jin.
Tres o cuatro jóvenes habían abandonado el pico principal de la zona montañosa y se dirigían hacia el otro, separado por aquel puente colgante inestable y de madera frágil. Keiko, que al fin logró subir, se detuvo ante él indecisa antes de cruzarlo.
—Se ha dado cuenta… —observó Trece al verla vacilar.
—Lo cruzará sin problemas—añadió Aizawa atento.
Y dicho y hecho, Keiko se encogió a más de la mitad de su tamaño y empezó a correr por el puente sin que este apenas se moviera.
—Genial—sonrió Jin viéndola llegar al otro lado—. Seguro que está en esa parte de las montañas y lo encuentra ella. ¡Vamos, Keiko! —gritó enardecida.
—Ya llega Shun—dijo Aizawa.
—Oh, venga, ¿dónde lo has puesto? —le dio un codazo en las costillas—¿Está ahí, verdad?
Aizawa se limitó a guardar silencio.
—¡Eso es un sí!—levantó los brazos—¡¡Está ahí, Keiko, corre!!
—¿Quiere callarse? —la reprendió Aizawa escuchando el eco que su voz produjo en todo el recinto cerrado—Ahora todos vendrán en masa hasta donde está ella.
—¿No querías espectáculo? —le dijo Jin con tono sarcástico —Pues ahí lo vas a tener.
Y sin previo aviso, Jin se agarró con las manos a la baranda del alto mirador, se subió a ella a cuatro patas y saltó de pronto al vacío.
—¿A dónde vas, Murakami? —se asomó N13 y la vio caer al suelo sin problemas sobre sus manos y pies.
—¡Necesitarán ayuda con ese puente! —contestó corriendo a través de la plaza central de la USJ.
Aizawa emitió un bufido de impaciencia.
—Maldición… —gruñó.
—Tal vez deberíamos acercarnos allí también—propuso Trece.
—No—dijo el sensei rotundamente—. Ellos son los que tienen que solventar el problema. Al igual que Keiko se ha dado cuenta de la fragilidad del puente, los que vienen detrás deben hacer lo mismo y, o bien evitar cruzarlo, o bien darse las mañas para atravesarlo con seguridad.
—Son de primero, Aizawa—insistió Trece.
—Eso es irrelevante.
—Impulsivos…
—Lo harán bien.
—Quieren el tesoro cueste lo que cueste, no verán nada más.
Aizawa frunció el ceño.
—¿Qué hacemos? —volvió a decirle la heroína de rescate.
El sensei pensó unos segundos y entonces vio cómo todo el resto de los alumnos se agolpaba ya frente al puente empujándose unos a otros antes de tratar de cruzarlo.
—Oh, maldita sea, vamos—dijo al fin.
Aizawa y N13 bajaron del mirador y corrieron también hacia la zona montañosa.
Jin atravesó la zona arbolada en un abrir y cerrar de ojos sorteando las ramas como un lince a la carrera y pronto llegó a la base de la montaña. Usando las características de su don, alargó tanto las uñas de sus manos como las de sus pies y todas ellas se curvaron para formar unas garras negras y fuertes. Jin se aferró con las de las manos a la pared montañosa y, ayudándose con las de sus pies y manteniendo el equilibrio con su larga cola, empezó a trepar por la roca clavando las garras como un felino e impulsándose a saltos rápidos.
—Ya está arriba, qué velocidad… —dijo Trece atravesando la zona arbolada junto a Aizawa.
—Quédate bajo el puente —le dijo él a Trece lanzando uno de los extremos de su bufanda hacia las rocas de la montaña —. Si alguien cae, intenta atraparlo para amortiguar su caída.
—¡Son más de treinta metros de caída libre! —dijo ella alarmada.
—Con ese traje apenas notarás golpe alguno, ¡corre!
Aizawa subió también por la montaña ayudado por el balanceo de las cintas y también llegó al primer descanso de la roca. Miró hacia arriba, tratando de ver a través de las piedras para seguir subiendo y entonces distinguió la figura oscura de Jin desde lo alto saltando de roca en roca en dirección al puente.
Si algo ocurría allí, habría varios heridos, y no sólo los alumnos.
—¡Esperad! —la escuchó hablar.
Ya estaba cerca de los chicos.
Aizawa volvió a lanzar sus cintas y siguió subiendo para llegar a la cima.
—¡No, parad! ¡El puente se va a romper!
Jin había llegado ya hasta ellos, pero en ese preciso momento, dos de los estudiantes empezaron a correr por el puente empujándose el uno al otro para llegar al otro lado. El puente colgante crujió bajo el peso de los dos chavales y una de las tablas se rompió bajo los pies de uno de ellos, quien se quedó atrapado sin poder sacarla del agujero. El otro consiguió llegar al otro extremo.
—Oh, joder —dijo ella, y dando otro salto, se impulsó a sí misma para tratar de sacar como pudiera a aquel chico de ese problema.
Aizawa acababa de llegar hasta allí también y lo primero que vio fue a un grupo de alumnos al pie del puente y enseguida a Jin también corriendo a través de él para tratar de llegar hasta Toshi, un chico que se encontraba agachado sobre las tablas.
—¡Murakami! —la llamó.
Jin, sin él saber si lo había oído o no, siguió corriendo por el puente hasta que una de las cuerdas que lo sujetaban a la roca cedió y se rompió. El puente se balanceó peligrosamente tan sólo sujeto por tres puntos en lugar de cuatro.
—¡Sensei, está a punto de romperse todo! —dijo uno de los chicos aterrorizado al verle llegar.
Otra de las cuerdas cedió, esa vez en el otro extremo de la zona montañosa y el puente se movió de nuevo aún con más violencia. Jin, a medio camino entre el chico atrapado y ella, se agarró a las cuerdas laterales y siguió adelante.
—Caramba… —Jin avistó el suelo bajo ella entre las tablas y la profundidad del barranco era demencial, pero aún así continuó en busca del chico.
—¡Salid de ahí, ya! —dijo Aizawa a voz en grito—¡Murakami, sáquelo de una vez!
—Oh, Dios, se van a matar—escuchó decir a una de las chicas cercana a él.
Y de pronto, otra cuerda cedió y el puente se descolgó completamente haciendo que tanto profesora en prácticas como el alumno atrapado se perdieran de vista en el vacío.
—¡Mierda! —masculló Aizawa abriéndose paso entre los estudiantes hacia el borde del barranco.
Todos los alumnos allí congregados se asomaron al precipicio y vieron que Jin y el compañero en problemas se sujetaban a las frágiles tablas para salvar su vida pegados a la pared de piedra.
—¡Lo tengo controlado, sensei! —se escuchó el eco de la voz de la chica desde abajo y vieron su pulgar en alto.
Jin, agarrada a una de las tablas más enteras, pulsó el dispositivo trasero de su cinturón y de él salió una especie de cable metálico el cual agarró con las manos y envolvió con él al alumno por la cintura enganchándolo bien.
—Saca la pierna de ahí, ahora estás sujeto —le dijo.
Toshi, quien aferrado a las cuerdas con todas sus fuerzas no dejaba de mirar hacia abajo temblando de miedo, después de unos cuantos intentos rompiendo la madera con las manos, consiguió sacar la pierna de la tabla rota y quedó colgando en el vacío desde la cintura de Jin.
—Mierdamierdamierda…—decía mientras se balanceaba en el aire con los ojos cerrados.
—Esa cuerda que sujeta el puente no va a aguantar mucho más —le dijo ella al chico aterrorizado que se hallaba bajo ella con la cara blanca—. No te asustes, subir será divertidísimo, ya lo verás —sonrió.
—¡Murakami! —la llamó Aizawa desde arriba—¿Están bien?
—Oh, sí, fenomenal, ¿verdad, Toshi?
—Sáqueme de aquí, por favor…—dijo el pobre chico con la cara descompuesta.
Jin soltó una carcajada.
—¡Hombres!—dijo abandonando la tabla y aferrándose a la roca con sus uñas. El peso del chico le tiró hacia abajo haciéndola arañar la roca y dejando varias marcas en ella, pero las clavó de nuevo con fuerza y empezó a subir—. No tenéis redaños ninguno. Os veis en problemas y sólo lloráis y lloráis—Toshi se sintió alzado cuando el cable tiró hacia arriba mientras Jin subía clavándose por la roca vertical —¡Vergüenza os tendría que dar que una mujer delicada y frágil como yo os tenga que salvar el culo!
—¿No puede ir más rápido? —dijo él mirando horrorizado hacia abajo mientras se balanceaba.
—¿Qué crees que soy, una polea hidráulica? —dijo ella clavando sus uñas de nuevo sobre la dura roca y luego las de sus pies para seguir subiendo —¡Soy…!—se impulsó con la mano derecha—¡Una…—con la izquierda —¡Maldita…! —derecha otra vez—¡Profesora en prácticas!
De pronto una de las cintas de Aizawa se descolgó desde el borde del barranco y llegó hasta la cara de Toshi, quien se aferró a ella como a su propia vida.
—¡A buenas horas, sensei! —dijo Jin con una sonrisa sofocada.
Aizawa tiró de la cinta y ayudó a Jin a que el peso que tiraba de ella fuera más leve, hasta que la chica llegó arriba y se agarró al borde del precipicio poniendo un codo sobre la tierra.
—Joder si está alto… —dijo ella con la respiración entrecortada cuando Aizawa tiró más de su cinta y terminó de subir a Toshi poniéndolo a salvo junto a sus compañeros—. Casi me meo encima del miedo—rió.
—Ah, no sea vulgar, hay niños delante—le dijo él echándole una mano para ponerse en pie.
Jin rió de nuevo. Como si no le importara nada y no hubiera estado a punto de morir de una caída por una montaña.
—¿Está bien?—le preguntó él.
—Oh, perfectamente, preocúpate por Toshi mejor—le dijo recuperando el aliento—, necesita varios litros de tila dentro de ese estómago ahora mismo. ¡Ey! Esto se quedará para contárselo a los nietos, ¿eh? —volvió a levantar el pulgar hacia el nervioso muchacho.
—Es usted irremediablemente atrevida—le reprochó Aizawa.
—Puede ser—replicó ella—. Pero al menos os he salvado el trasero a los dos.
Trece y Aizawa decidieron dejar el entrenamiento y la búsqueda del cofre por aquel día. A la semana siguiente, cuando el puente estuviese reparado y bastante seguro, continuarían con ello.
Toshi aún seguía con el susto en el cuerpo, aunque se encontraba bastante más calmado cuando todos empezaron a subir al autobús de vuelta a la academia y las primeras risas nerviosas empezaron a llenar el interior del vehículo.
—¡Alguien debió haber bajado un espejo también para verte la cara! —empezaron a meterse con él.
—¡Parecías un saco de patatas, Toshi! —rió otro.
—¡El muñequito del juego del ahorcado!
—¡Una pelota atada a una raqueta de ping pong!
—Muy graciosos—dijo el chico enfurruñado—. Me gustaría haberos visto a vosotros en mi lugar.
—¡Dale las gracias al gato! —dijo otro más, y volvieron a partirse de risa.
Aizawa se volvió hacia los chicos desde su asiento.
—Basta—les ordenó a todos—. Hablaremos de su actitud inconsciente cuando lleguemos a clase.
Aizawa se volvió hacia Jin, quien estaba sentada en su sillón tras él en un silencio totalmente impropio en ella.
—¿En serio se encuentra bien? —volvió a preguntarle observando también un ligero arañazo en su mejilla izquierda —. Está demasiado callada.
—Cualquiera te entiende —respondió ella con la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla y mirando hacia afuera —. Si hablo porque hablo y me mandas a callar, y si no lo hago, preguntas.
Aizawa frunció el ceño.
—¿Está bien o no? Recuerde que todo esto ha sido por su culpa.
—Oh, sensei, mi culpa por empujarlos y la de su responsable por permitir que usaran esa cosa colgante estando podrida. Estamos en empate a uno, reconócelo.
Aizawa emitió un bufido. No iba a conseguir nada discutiendo con ella.
—Pero no te preocupes, no diré nada que os delate a Trece y a ti. Nosotros también buscamos ese metafórico cofre juntos.
—Está bien—refunfuñó—. Aún así debería ir a que la viera Recovery Girl, estará a esta hora en la enfermería.
Jin volvió la cara hacia él. Tenía una expresión extraña, diríase cansada, o quizá preocupada. O podría ser que le ocurriera como a Toshi, quien aún casi estaba temblando de miedo.
—Sólo ha sido un repentino subidón de adrenalina y el posterior bajón—sonrió ella cansada —. Nada que no solucione un café de esos del comedor.
—Puede tomarse el resto del día libre y descansar —le propuso él—. Sólo se perdería un par de clases.
—Sobreviviré. Sólo necesito ese café—y cerró los ojos hasta que llegaron al Alliance.
El autobús llegó al Alliance poco antes de la hora del descanso del mediodía.
Aizawa había pensado pasar toda la jornada en la USJ, de hecho llevaban algunos refrigerios en la bodega del autobús y harían la misma pausa allí para descansar un poco que si lo hicieran en clase normal, pero con el incidente del puente, decidieron tomarse aquellos tentempiés en el Alliance para volver al edificio de la academia a la hora indicada.
—¿Qué tal vas, Toshi? —le preguntó Aizawa al chico accidentado cuando bajó del autobús cojeando levemente de un pie.
—Bien, sensei, sólo es un pequeño golpe que me di al meter el pie el agujero, pero nada grave.
—Si sigue molestándote esa pierna, acude a la enfermería —le indicó su profesor.
Aizawa se volvió a buscar a Jin, pero sorprendentemente no se hallaba cerca de él.
—¿Dónde está Murakami?—preguntó.
—Dijo que iba a tomar un café o algo, que volverá a clase en cuanto se reponga.
Y efectivamente, ya estaba en la cafetería de nuevo.
Jin había entrado al comedor y se había encontrado otra vez con Mic, Vlad y Midnight. Se acercó a ellos y los saludó, cuando la invitaron enseguida a sentarse con ellos.
—Traes mala cara—observó con preocupación Midnight su rostro pálido —. ¿Ha ocurrido algo en la USJ?
—Un pequeño incidente que surgió con uno de los chicos, pero todo está bien—la tranquilizó.
—¿En la USJ? —dijo Vlad dejando su bebida sobre la mesa—¿Qué ha hecho Aizawa esta vez con los críos?
—Oh, nada, fue culpa mía —dijo ella—. Lancé a los chicos en masa hacia un lugar peligroso y Shota y N13 tuvieron que intervenir para rescatarnos.
—Uh, errores del aprendiz, te irás acostumbrando año tras año—dijo Mic sorbiendo con una pajita un refresco.
—Te traeré algo ahora mismo—se ofreció Vlad levantándose —. ¿Qué te apetece? ¿Quieres algo dulce, o algo caliente? ¿Frío?
—Un café cargado, por favor… —le sonrió —gracias, Vlad.
Midnight espero a que Vlad se alejara.
—¿Rescatarnos dices? ¿Participaste tú también?
—No, yo sólo miraba, pero Shota se dio cuenta de que el puente estaba en mal estado y aún así animé a los chicos a que lo cruzaran. Luego me lancé sin pensar a por Toshi y casi nos despeñamos él y yo —dijo ella —. Pero Shota afortunadamente estuvo allí para echarnos una mano.
—Oh… —dijo Mic—Eso es muy de él. No deja a los chicos sin vigilancia ni un segundo.
Vlad llegó con el humeante café de Jin.
—Muchas gracias, Vlad, eres muy amable—le dijo ella con una sonrisa encantadora.
—Todo sea por una hermosa gatita abandonada —dijo él con una sonrisa.
Mic y Midnight lo miraron atónitos.
—¿Qué? —dijo él —Aizawa no cuida de sus alumnos como lo hago yo, mucho menos va a cuidar de su becaria.
—Claro, por eso es de la clase de Aizawa de la que salen los héroes mejor preparados de Japón—apostilló Mic.
—¿A qué coste? —dijo señalando a Jin—¿A uno como el de ella? Te habrás llevado un susto enorme, ¿cierto? Pobrecilla.
—Sí, pero me repongo pronto, no te preocupes—dijo sorbiendo su café. .
—Ella es héroe profesional, como todos nosotros, es el chico quien peor lo habrá pasado—dijo Midnight molesta.
—Eso no justifica nada—insistió Vlad—. Aizawa no debe bajar la guardia ni un segundo como responsable de ellos que es. Si Jin estuviera en mi clase como aprendiz, todo sería mucho más fácil y llevadero para ella conmigo como tutor. Aprender heroísmo en la UA no es nada fácil teniendo a Aizawa como guía.
Mic y Midnight se limitaron a mirarle sin darle mucha importancia a lo que decía. Todos sabían que aquellos dos senseis siempre rivalizaban entre sus clases a ver cual de ellas era la mejor.
Y era precisamente Vlad el que hacía esa estúpida rivalidad patente.
Mic miró su teléfono móvil.
—Vaya, la hora se viene en un plis plas—dijo Mic levantándose —. Tengo clase ya, os dejo aquí, chicos. ¡See you in the afternoon!
—Yo también he de irme—se levantó Midnight a su vez—. El deber no perdona. Vlad, no seas muy grosero, ¿eh? —le advirtió antes de marcharse.
—Mic—lo llamó ella antes de que se fuera—. Necesito un pequeño favor.
—Claro, ¿qué se te ofrece?
—Tengo que hacer un par de visitas a las clases de segundo y tercero según lo que se me ordena en mi preparación. Sé que tú estás algo más libre que los demás. ¿Te importaría acompañarme mañana? Sólo por una vez.
—¡Claro!—dijo alegremente— ¡Iremos a formar un poco de ruido por ahí arriba!
—Gracias, me salvas la vida… oh, y por cierto, lo olvidaba, también tengo que ir a alguna de las tuyas, y a la de Midnight. Debo recopilar datos de todo el mundo aunque esté asignada al 1A.
—Perfecto, mañana tengo clase las dos últimas horas, puedes venir si quieres… y si Shota te suelta la cadena.
Jin rió.
—No te preocupes por él.
Mic se despidió y Vlad y Jin se quedaron solos en la mesa.
—¿Y a la mía vendrás también? —le preguntó Vlad con un deje misterioso.
Jin le echó una mirada apurando el último sorbo de su café.
—Por supuesto, también tengo que acudir a la tuya. A todas, aunque sólo lo necesito una vez.
—Qué pena… —dijo él —En serio, lo que dije antes no era ninguna tontería. Mis clases son más llevaderas que las de Aizawa. Estoy seguro de que conmigo no sufrirías ese estrés innecesario que has vivido hoy.
—Oh, vaya—dijo ella con una sonrisita —. Lástima que mi tío me haya asignado a la de él.
—Podemos hablarlo para que te cambie si lo deseas. Sólo tienes que venir, probar y decidir. Es tu tío, seguro que puede hacer algo por su hermosa sobrina.
Jin le ofreció una mirada seductora.
—Puede que tengas razón —le contestó —. Es el director, puede hacer lo que le venga en gana.
—Así me gusta—sonrió también Vlad—. Estoy seguro que te encantará cómo hago… las cosas.
—No lo dudo —le dijo ella pillando la indirecta—. Y…¿vas a beberte eso? —le preguntó señalando el refresco que tenía a medias ante él.
Vlad King miró su vaso con un par de hielos.
—Me apetece algo frío después del café… ya sabes, para reponerme del todo.
—Por supuesto, pero si quieres puedo irte a por uno, este debe estar ya aguado por el hielo.
—No, no, sólo es un sorbito, no te levantes de nuevo.
Vlad se lo ofreció y Jin lo tomó de sus manos para probar el líquido.
La chica se lo puso en los labios y saboreó con la lengua el líquido dulce.
—¿Sabes que tienes unos ojos muy bonitos? —le dijo él apoyando un codo sobre la mesa.
—Gracias —le contestó ella relamiéndose al devolverle el vaso.
—Puede que suene muy atrevido—dijo Vlad carraspeando un poco—, pero… ¿te apetecería quedar esta noche en algún sitio para charlar un poco sobre qué métodos uso en el 1B para educar?
Ya sabes…por si al final decides cambiar de aula.
Jin le sonrió cálidamente.
—Me encantaría —dijo ella, y Vlad levantó la cara con interés —. Pero tengo un montón de documentos que debo poner al día cuanto antes para mañana en el 1A. Carpetas, registros… un lío monumental para archivar cada trabajo que tengo que enviar a la Comisión de Seguridad Pública de Héroes. Me llevará horas dejarlo todo listo para mañana.
—Podría ayudarte si quieres.
—¡Oh, no! —se escandalizó Jin—Es mi trabajo, jamás se me ocurriría ocupar el tiempo de un tutor tan entregado como tú. Pero podríamos quedar también mañana para hacerte esa visita, ¿qué te parece? —¿Te dará tiempo en horario lectivo?
—Podemos quedar un poco más tarde, si no te importa. Cuando las clases acaben. No tardaré mucho, son sólo un puñado de preguntas sencillas y algún registro de las tareas de tus alumnos sin mucho lío.
—Hecho. Nos vemos mañana entonces cuando termines con lo tuyo.
—Gracias —le sonrió—. Eres muy simpático conmigo.
—Qué menos podría hacer.
Jin se levantó de su silla. Ya llegaba tarde a la penúltima clase del día.
—Te veré mañana entonces, Vlad.
—Adiós, señorita —la despidió él viendo cómo se alejaba hacia la salida con aquel movimiento sugerente de sus caderas al caminar.
—Espero que hayan aprendido la lección —dijo Aizawa a sus alumnos—. Antes de actuar deben pensar con la cabeza, como hizo Keiko. Ella analizó el estado del puente antes de cruzarlo y evaluó sus propias opciones. El resto debió hacer lo mismo.
—Pero la mayoría pesamos mucho más que ella, se rompería de todas formas… sobre todo con Taki, él sí que no tenía posibilidades —dijo uno refiriéndose al chico más voluminoso de la clase.
Aizawa posó su vista sobre Kazuma.
—¿Qué habrías hecho tú en el lugar de Taki? —le preguntó al chico de las cuchillas.
Kazuma pensó unos momentos.
—Taki tiene un don de fuerza bruta—dijo el chico pensativo—. Él, al igual que muchos de nosotros, no habría podido llegar al otro lado, así que… podría haber impedido que los demás nos acercáramos a Keiko, haber pactado con ella la búsqueda de ese cofre y repartir luego las ganancias.
—Bien pensado—dijo Aizawa—. Si tan sólo fueras la mitad de bueno en ortografía como en estrategias de combate, tus notas serían mucho mejores.
Aizawa se dirigió al resto de la clase.
—En la próxima visita a la USJ tengan eso en cuenta. El trabajo en conjunto, idear estrategias y analizar los pros y contras de la situación es primordial entre varios héroes que persiguen un mismo objetivo. Piensen que ese cofre, en lugar de ser un simple objeto a conseguir por avaricia, se tratara de una vida humana. En las próximas incursiones se las verán en problemas parecidos y dependerá de ustedes el conseguir el objetivo sanos y salvos.
La puerta de la clase se abrió y entró Jin mostrando la típica sonrisa gatuna que siempre la caracterizaba.
—¡Hola de nuevo! —saludó a todos con la mano.
—¡Señorita Murakami!—dijo Keiko—. Ha estado genial allí abajo.
—Ah, no fue nada—contestó a la chica y miró hacia la mesa del chico accidentado—. ¿Qué tal estás, Toshi?
—Muy bien, ya se me ha pasado el susto—dijo el chico algo avergonzado.
—Ha sido gordo, ¿eh? —rió ella—. Desde luego las vistas no eran muy agradables desde aquella altura.
Jin se sentó en su silla y miró a Aizawa, quien la estaba observando desde que entró.
—Ah, continúa —le dijo ella sonriente—. Estaré calladita todo el tiempo.
—Se recupera muy rápido —le dijo.
—Ajá, te dije que sólo necesitaba un café —contestó ella—. Estoy algo oxidada, ya estoy deseando volver a esa instalación para darle caña al cuerpo.
Y cruzó de nuevo las piernas delante de él con todo el descaro que era capaz de mostrar.
