¡Hola a todos! De primeras, os pido perdón por no haber aparecido hasta ahora (horarios de trabajo y que me he despistado cosiendo los pequeños detalles para mi cosplay del Salón del Manga de Barcelona). Este fin de semana habrá otro capítulo y esta vez intentaré no perder el hilo del tiempo otra vez.

Como siempre, recordar el DISCLAIMER de todos los capítulos (eso de que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, que el número de personajes originales es reducido y si se parece a la obra de otro pues que estamos abiertas al diálogo), agradecer el apoyo que le estáis dando y aún más el respeto que mostráis en cada capítulo (ya sea en un review o quedándoos en silencio, la cosa es que no hay tomatazos).

Quien sea la primera vez que lee la historia (que no ha pasado por la cuenta de raf-lily, no está pasando o no pasará), podéis saltar ya al capítulo y os dejo disfrutándolo como todo los demás. (Si ahora después de esto queréis leer la otra, pues sabed simplemente que estáis bienvenidos a dar la opinión sobre los cambios o lo que sea que os llame la atención.

Para aquellos que ya la conocíais, quiero deciros que poco a poco nos estamos acercando al punto en el que se quedó la cosa en la versión antigua. Espero que los detallitos extras en todos estos capítulos estén ayudando a aligerar la eterna espera y que el esfuerzo merezca la pena al final. En los próximos capítulos ya os daré más noticias.


Capítulo 64: Segundo asalto

La presencia de Duskmon, a demás de los poseídos, los clones, monstruos y un ejército de digimons de tipo insecto, obligó a los híbridos a centrar su atención en el digimon oscuro. También Kumamon estaba claramente molesto ante la visión de un guerrero del hielo grisáceo dispuesto a destrozar cuanto le dejasen.

Más cerca del peligro que suponía la pelea de los híbridos de lo que le hubiese gustado estar, Sissi intentaba aprovechar al máximo la ventaja que tenía sobre su clon. Sus nuevos látigos láser múltiples le permitían un mayor alcance y más posibilidades de atrapar al clon. Aun así, y considerando que el látigo de aquel clon era simple, daba igual cuántas veces la golpease; su clon se levantaba una y otra vez sin dar señales de sentir dolor.

—Mira, me tienes hartita —dijo molesta la morena, sacudiendo de nuevo el látigo contra su clon. Éste respondió lanzando el suyo también y provocando que ambos se enredaran —. ¿Un pulso? Bien, a ver quién cae primero.

De un tirón, ambas soltaron los látigos, posicionándose rápidamente para volver al ataque sin descanso alguno.

—¡Ya basta! —gritó —. ¡Eres insufrible! —exclamó lanzando ambos látigos a la vez más rápido de lo que el clon esperaba, quedando atrapado y soltando sus látigos —. ¡Vete al infierno de una maldita vez, estúpido clon de pacotilla! —chilló mientras los látigos brillaban con mayor intensidad.

Con más rabia que nunca, Sissi empezó a tirar de los látigos para acercar al clon para poder golpearle cuando un extraño humo empezó a surgir de su prisionera. Temerosa, retuvo con más fuerza los látigos, cada vez más encendidos.

—Parece ser que esto no te gusta nada —sonrió Sissi al ver gestos incómodos de su clon —. Qué lástima… ¡Porque a mí sí me está gustando! —gritó dando un tirón más fuerte.

Los látigos, al rojo vivo, actuaron de forma inmediata sorprendiendo a la morena al partir al clon en trozos. Sissi estaba a punto de temer una escena demasiado impactante cuando la figura del clon se volvió digicódigo.

—¿Te rindes al fin? La verdad, ya era hora —respiró aliviada. Recogiendo sus látigos, se acercó a donde había estado el clon y alzó su D-Tector —. Espíritu adormecido por la oscuridad, el aroma de mis flores te despertará. ¡Digicódigo, captura!

Cogiendo aire con una sonrisa, Sissi buscó alrededor. Su mente le pedía a gritos ir a ayudar a Lilamon, enfrascada junto a Cerberusmon en un combate bastante difícil contra Rapidmon. Pero no podía omitir los problemas de los demás. A no mucha distancia, podía ver a Emily disparando flechas contra su clon al tiempo que se libraba de los monstruos de XANA.

—En serio, estoy hartándome de mí misma —protestó disparando una flecha de fuego a su clon —. Y también de estas molestias asquerosas —añadió disparando varias más a una cucaracha.

—¡Cuidado por ahí! —oyó gritar a BlackCalmaramon.

—¡Oh, no! —exclamó la chica viendo la telaraña cayendo sobre ella —. Genial, ahora la arañota… Por si no fuese suficiente con el clon…

—Libérate rápida —saltó Sissi, golpeando el suelo ante la ella con sus látigos. Al instante, un muro de hiedra empezó a cubrirla —. Pero no esperes que te ayude con tus problemas más personales.

—Esto es más de lo que esperaba —dijo mientras empezaba a librarse de la telaraña lanzando algunos ataques por los huecos abiertos en el muro.

Para fastidio de la chica, su clon no dejaba de moverse a un lado y a otro, aprovechando que ella se encontraba atrapada tras un muro que poco iba cayendo por el impacto de los ataques. Acabó de liberarse y saltó a un lado, esquivando la flecha de fuego de su clon. Estaba posicionándose cuando vio caer al clon al suelo.

—¿Qué…?

—Eres demasiado blanda contigo misma —comentó William ayudándola a levantar.

—Ja, ja. Podría haberlo hecho yo…

—¿Y acabar con ella? —preguntó —. Conozco tu… su punto débil.

—¿Que tú qué? —preguntó perpleja.

—Tú sólo déjala bien quieta. Su fuerte es el ataque a distancia, pero por ello su defensa es débil —explicó mientras la otra preparaba una flecha de agua.

—Que sepas que con esas palabras haces que me preocupe —dijo lanzando la flecha. Como era de esperar, el clon la esquivó, pero no a William.

—¡Déjala quieta! —chilló el chico.

—¡Ya lo intento! —protestó volviendo a preparar su arco.

Un par de avispones tomaron posición a ambos lados de la arquera, listos para disparar, cuando un muro de hiedra encerró a la chica como si fuese una crisálida. Más tranquila por la protección de Sissi, Emily centró la energía en una única flecha de hielo que mantuvo tensa hasta que su clon le dio la espalda.

—¡Buena esa! —alabó William mientras el clon se congelaba inevitablemente.

—Gracias al cielo, he acertado a la primera —dijo acercándose —. ¿Y ahora?

—Apártate, no quisiera darle a la verdadera —dijo William cargando la espada por encima del hombro —. En cuanto salga el digicódigo, captúralo, ¿entendido?

—Sí, sí, pero dime qué quieres que haga —apremió disparándole a varios monstruos.

—Tú nada —respondió cogiendo aire —. Aviso que no tengo nada contra ti —dijo antes de descargar la espada con fuerza contra la escultura de hielo en la que se había convertido el clon.

—Oh, vaya —se acercó Sissi —. Y yo que temía haber abierto una carnicería con mi clon… —dijo mientras veía los trozos de clon congelado cayendo al suelo y volviéndose digicódigo —. Rápida, Em, o la tendrás aquí de nuevo.

—Ah, sí… Voy… —asintió algo encogida —. Espíritu que vives de maldad, la luz de mis garras te purificará. ¡Digicódigo, captura!

...

Kim volaba por el cielo persiguiendo a MarineAngemon procurando llevarlo por donde más ataques perdidos caían al tiempo que le obligaba a regresar a donde Yla preparaba su ataque mientras intentaba liberar a los niños de otras molestias. A ninguna de las dos le había pasado por alto que, aunque habían logrado evolucionar a la forma animal, el digimon rosado estaba a un nivel superior al de ellas.

—¡Tinta ácida! —atacó Yla, logrando salpicar al digimon.

—En serio, no sé qué es más molesto, si este enano retrasado o la cantidad de bichos molestando —bufó la del viento.

—¿Qué te parece si lo dejamos fuera de combate de una vez? —preguntó señalando las dificultades del otro por la herida causada por el ataque de la de agua.

—¿A la de tres? —preguntó con una sonrisa la otra. Con dificultad, MarineAngemon se preparó para esquivar los ataques, pero no contaba con que ambas se lanzarían de repente —. ¡Tres! ¡Viento de tormenta!

—¡Carga titánica!

Sin poder evitarlo, el digimon rosado fue impulsado al punto exacto donde cayó la bestia oscura de agua, quedando atrapado bajo su pesado cuerpo.

—Yo creo que está bien —dijo la Zephyrmon de colores oscuros —. Buen trabajo, Miss Toneladas.

—Tú también has sido pesada, bonita —señaló tomando al digimon con un tentáculo y mirando alrededor —. Ayuda por ahí, ya me lo llevo yo.

...

Lilamon y Cerberusmon seguían con la mirada los movimientos de Rapidmon buscando la mejor forma de acertar un ataque. Por más que lo habían intentado, el conejo verde les había toreado y nada parecía indicar que fuese a ralentizar ninguno de sus movimientos en los siguientes minutos.

—Demasiado rápido —murmuró el cánido.

—Y no contamos con Antylamon —suspiró la floral —. Él sí lograba alcanzarle…

—Y tampoco podemos contar con Kumamon —continuó mirando al guerrero del hielo, deslizándose sobre sus esquís siguiendo a su clon como si de un espejo en movimiento se tratasen.

—¡De alguna forma habremos de retenerle! —protestó la digimon.

—¿Queréis un cable? —se acercó Arbormon —. Nunca vienen mal dos manos más.

—Bienvenido a una pesadilla —resopló el de tres cabezas —. ¿Crees que podrías retenerle?

—Puedo intentarlo —asintió antes de lanzar su pie hacia donde estaba Rapidmon. Junto a él, Lilamon se agachó a tiempo de evitar ser impulsada por el cable que mantenía el pie unido al cuerpo del digimon.

—¡Más cuidado! —exclamó —. Hay que arrinconarlo, no degollar a los compañeros.

—Perdón —susurró recogiendo su pie.

—¡Pues claro! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? —rió Cerberusmon —. ¡Portales de la oscuridad!

A los pies de Rapidmon, toda una serie de agujeros empezaron a abrirse y cerrarse conforme el digimon saltaba buscando escapar de la caída.

—¡Golpeadle ahora! —animó mientras sus fauces se llenaban de fuego.

Cada uno desde un costado, el trío empezó a lanzar ataques, despistando lo suficiente a Rapidmon como para que posara los pies en el punto exacto donde se abrió un nuevo agujero. Varios ataques más evitaron que el digimon se sujetara al borde, hundiéndolo en la oscuridad.

—¡Estupendo! Pero, ¿dónde está ahora?

—En un lugar donde la velocidad no vale para nada —dijo triunfante Cerberusmon caminando con calma hasta otro agujero —. Enseguida acabo.

Dejando atrás a Lilamon y a Arbormon para limpiar el terreno de monstruos y digimons insecto, Cerberusmon se camufló en la oscuridad en la que había encerrado a Rapidmon y esperó unos segundos antes de empezar a embestirlo por todos los lados, sin darle tiempo a reaccionar. Sólo cuando el digimon verde empezó a dar signos de no poder levantarse, se lanzó directo contra él, atrapándolo con las mandíbulas para sacarle de allí.

—¡Lilamon, necesito ayuda! —pidió.

—Enseguida —asintió, empujando al Dokugamon que enfrentaba —. ¡Doble polen!

Retenido hasta el último momento, Rapidmon no pudo evitar ser atrapado por la nube de polen paralizante. A salvo del ataque, Cerberusmon respiró satisfecho por el trabajo.

—Con un golpe más, debería caer inconsciente —declaró.

—Déjamelo a mí, tengo un dos por uno —guiñó Lilamon —. ¡Bofetada de belleza!

—Sí, mucho mejor así —asintió viendo cómo la nube de polen se deshacía —. Voy a ver si encuentro a Leire para dejarlo con ella.

—¿Es seguro hacerlo? —preguntó Arbormon.

—Esperemos que esto haya sido suficiente —dijo el perro atrapando con cuidado al conejo con la boca.

—Oh, cielos… ¡Parece que vienes de caza! —rió Lilamon.

—Di lo que quieras, pero no soy un chucho de caza. Soy un perro del infierno.

...

Aelita y Jeremy veían los problemas por duplicado: por un lado, sus inagotables clones lanzaban ataque tras ataque sin descanso alguno; por el otro, tenían el edificio de Kadic pegado literalmente a sus espaldas, impidiéndoles moverse de esa posición al temer que los ataques dañasen la construcción.

—Así no avanzamos —protestó Jeremy —. Y encima nos estamos arriesgando quedándonos tanto tiempo aquí.

—No hay absolutamente nadie cerca —respondió Aelita —. Hace rato que el edificio está vacío.

—No me quedo más tranquilo —negó desviando la mirada varios metros a su lado —. Y encima están esos molestos avispones…

—Si al menos existiese un mar digital debajo de la tierra… —caschó la lengua la pelirrosa.

—Ni tenemos mar al que tirarlos, ni tenemos digimons para apoyarnos, ni tenemos mil brazos… ¡XANA, esta vez te has lucido!

—No soy un digimon, pero ¿puedo ayudaros? —se unió Emily.

—¿Y tu clon?

—Ya es historia —sonrió —. ¿Os libro de las abejitas para que no os piquen?

—Mejor aún, juega con mi amiga malhumorada —señaló Aelita —. Voy a sintetizar un muro para cubrir la academia.

—¡Es demasiado trabajo! —exclamó Jeremy —. ¡Acabarás agotada!

—Por eso debería empezar ya. Cuento contigo, Em —dijo calmada, arrodillándose y cerrando los ojos.

Preocupado porque la idea de la pelirrosa la dejara después en problemas, Jeremy centró su atención en el clon. Por encima de él, un grupo de Flymons empezó a acercarse al empezar a surgir la barrera rosada tras el trío de guerreros.

—¡Dispárales! —chilló Jeremy.

—¡Estoy igual que tú o peor! ¡Aun siendo un clon, Aelita realmente puede hacerse pesada! —gritó intentando acertar una flecha en la voladora. Una risa divertida volvió a hacer que alzasen la vista al cielo.

—No, no, señores Flymon, el camino está cerrado —sonrió Witchmon.

—Vuelvan por donde han venido o lo lamentarán —declaró D'Arcmon lanzando un corte con su espada.

—¿No deberíais estar en la retaguardia? —preguntó el informático.

—Tenemos órdenes de no dejar a nadie entorpecer la creación de este muro —señaló la bruja —. Y lo pensamos cumplir.

—Tranquilo, la Scyphozoa está retenida y bien vigilada —continuó el ángel antes de volver a lanzarse contra los enemigos voladores.

—Después de lo que hicieron los enanos la última vez, no sé si estoy aún más preocupado…

—¡Eh, Elfo! ¿Te importa cambiarme la pareja de baile un minutín? —preguntó Emily, señalando la gran esfera oscura que estaba preparando el clon de Aelita y que continuaba creciendo aun cuando la arquera le disparaba.

—Maldita sea… —murmuró. Un ataque de su clon rozándole el brazo le obligó a apartarse más —. ¡Así no hay quien piense! —protestó.

—¡Tormenta de veneno! —el ataque de la bruja golpeó al desprevenido clon.

—Ahora es la mía —dijo Jeremy, materializando una gran roca justo encima de su doble —. A ver si así me dejas pensar con más calma —dijo dejándola caer y volteándose para alzar un muro ante las chicas justo cuando el clon de Aelita lanzaba la enorme esfera.

—Eso estuvo cerca —suspiró Emily.

Tras ella, Aelita continuaba su concentración en la barrera, cada vez más elevada. Alzándose al mismo ritmo, Witchmon y D'Arcmon cortaban el vuelto a todo aquel que pretendiese cruzar el límite.

—¿Aún no? —preguntó Jeremy.

—Un poco más —susurró lo más tranquilamente que pudo la pelirrosa —. Esto no es como Lyoko, que por muy grande que fuese la materialización, era casi instantánea…

—Tranquilo, ya me he aprendido los movimientos de su clon —dijo Emily —. Vete a por el tuyo.

—¡Cierto! Casi lo olvidaba —dijo corriendo hasta la roca —. Veamos cuántas ganas tienes de seguir peleando… ¿Eh? ¿Y esto?

—¡Su digicódigo! —exclamó Emily —. Rápido o nuestra no muy agradable amiguita se lo llevará.

—No me apetece seguir peleándome conmigo mismo —negó alzando su D-Tector —. Espíritu ennegrecido por la maldad, la luz de los astros tu noche alumbrará. ¡Digicódigo, captura!