Lo prometido es deuda. Como ya dije, que el capítulo anterior se subiese tarde no significaba que este finde estuviese vacío.
Como siempre, Lily y yo agradecemos el apoyo y el respeto hacia la serie. Esperamos que siga así hasta el infinito y más allá.
Antes de dejaros leer, me gustaría decir que estamos cerca de alcanzar el punto donde se quedó la versión original subida en la cuenta de Lily. Debo decir que esos últimos capítulos en especial sufrieron bastantes cambios y que, por ello, podríamos decir que muy pronto tendremos nuevos capítulos propiamente dichos. Yo estoy muy emocionada con ello, ¿y vosotros? ¡Qué nervios!
Capítulo 65: Superando límites
WarGrowlmon empezó a perseguir a Lekismon lanzando cuchilladas con las que obligaba a la digimon a separarse de Gaogamon, derribado junto a un árbol. El digimon poseído dominaba claramente el combate contra ambos digimons, llevándolos por donde él quería para dejarlos contra las cuerdas. En un momento, Lekismon resbaló con una placa de hielo de los dos guerreros del hielo, perdiendo el equilibrio y deslizándose varios metros por el suelo.
—Adiós, conejita… ¡Cañones atómicos! —atacó WarGrowlmon, cargando gran cantidad de energía en los cañones del pecho.
—¡Apártate, Lekismon! —gritó Gaogamon, corriendo todo lo rápido que podía —. ¡Rápida!
La dificultad por el suelo resbaladizo complicó los movimientos de Lekismon, quien ya veía el golpe sobre ella. A la desesperada, intentó resbalar fuera de la trayectoria del ataque, pero los disparos de algunos monstruos de XANA la obligaron a quedarse en el sitio. A poca distancia, el D-Tector de Jeremy empezó a brillar, despistándolo de su defensa de la barrera y obligando tanto al chico como a la digimon a mirar al otro digimon.
—¡Gaogamon superdigievoluciona a… MachGaogamon!
Más rápido gracias a los propulsores de su espalda, el licántropo alcanzó a Lekismon a tiempo para apartarla del lugar donde estaba a punto de impactar el ataque de WarGrowlmon, frenándose cuando abrió el espacio suficiente entre ellos y los monstruos.
—Por qué poco… —suspiró aliviado.
—Has digievolucionado —murmuró sorprendida la digimon.
—Quédate aquí descansando —dijo dejándola en el suelo —. Yo me ocupo de él.
—Que me quede… ¿DESCANSANDO? —preguntó molesta Lekismon, apretando los puños con rabia —. ¡No es momento para quedarse al margen!
De un salto, se levantó y empezó a correr de vuelta al combate ignorando todo lo demás a su alrededor. Los datos no tardaron en rodearla mientras Aelita, aún concentrada en su barrera, apenas prestaba atención al brillo en su D-Tector.
—¡Lekismon superdigievoluciona a… Crescemon! —apretando con fuerza sus armas, llegó a la carrera y se coló entre ambos para atestar una fuerte patada en WarGrowlmon.
—¿Pero qué piensas que…? —fue a regañar MachGaogamon, callándose ante la figura que le miraba con rabia.
—Ni se te ocurra volver a dejarme al margen o te atizaré a ti —amenazó antes de volverse contra WarGrowlmon —. ¡Arquero de hielo!
—Vale… sí… —asintió el licántropo, aún perplejo, antes de volver a centrarse y aprovechar el momento para atacar también —. ¡Gaoga Tornado!
—¡Intenta no cruzarte! —gritó la coneja, aún molesta —. ¡Arquero de oscuridad!
—¡Eh! —protestó el otro, apartándose para esquivar las flechas de energía oscura que acercaban, una tras otra, en el digimon rojo —. Ya casi lo tenemos…
—Mucho mejor —asintió la otra, saltando al frente y empezando toda una secuencia de ataques a corta distancia que derribaron a WarGrowlmon.
Por detrás, incapaz de decir nada, MachGaogamon esperó una señal o algo para poder moverse. La rabia que había demostrado Crescemon le atemorizaba más de lo que le gustaría admitir.
—Lo vas a sacar de aquí, ¿no? —señaló la digimon, su tono claramente autoritario.
—¡Sí, sí, enseguida! —asintió acercándose al cuerpo inconsciente de WarGrowlmon y cargándolo sobre los hombros —. Muy buena pelea…
—Y tú querías que descansase… ¡Ja! —exclamó saltando hacia donde Aelita volvía a atacar.
...
Coredramon no podía evitar sentirse un estorbo para Persiamon en la pelea contra Beelzemon. No sólo el hecho de que los tres ángeles lo catalogasen de un digimon de nivel hipercampeón le hundía, sino también que se tratase de un Demon Lord, uno de los grandes señores de la oscuridad, aunque por la historia narrada por Renamon y Kitsumon, había renunciado al mal. Para mayor fastidio de ambos, los más cercanos no podían hacer nada, ocupados con todo un ejército de cucarachas y varios digimons insectos.
—¡Garras mortales! —Persiamon falló por mucho el ataque.
—¡Lanzallamas! —de nuevo, el demonio esquivó el ataque hábilmente —. Es inútil, mientras esté sobre la motocicleta, no lograremos nada.
—Es mi turno. ¡Disparo rápido! —con dificultad, los dos empezaron a esquivar los disparos de Beelzemon mientras el demonio reía.
—¡A mí no me hace gracia! —protestó Persiamon, esquivando por los pelos otra bala.
—Si al menos pudiésemos acercarnos a él…
Entretenido con los intentos de los otros dos de salir lo más ilesos posibles, Beelzemon siguió disparándoles sin percatarse de las figuras que aparecieron tras él hasta que una sensación extraña empezó a hacerle flaquear las fuerzas.
—¿Estáis los dos bien? —preguntó Lilamon, los brazos extendidos sin dejar de soltar polen.
—Sí… Más o menos —respiró aliviado Coredramon.
—¡Portales de la oscuridad! —conteniendo la respiración para no ser afectado por el ataque de la digimon flor, Cerberusmon arremetió contra el demonio, forzándolo a caer en el agujero oscuro —. ¿Vamos? —preguntó.
—Será un placer acertar un golpe —afirmó Persiamon.
Aun con la oscuridad del lugar, el grupo fue capaz de visualizar a Beelzemon, algo desconcertado aunque no preocupado.
—¡Furia de Bastet! —sin dar tiempo de reacción, Persiamon empezó a atacar por todos lados, apartándose justo para esquivar los ataques de sus compañeros.
—¡Lanzallamas!
—¡Mármol demoledor!
—¡Fuego infernal!
Incapaz de hacer nada por el polen paralizador de Lilamon, Beelzemon empezó a caer inconsciente en aquella oscuridad. Dejando atrás a Cerberusmon, que cargó con el demonio fuera del agujero y hacia la retaguardia, los otros tres salieron por un agujero y se separaron para ayudar a los demás cuanto pudiesen.
...
A Bijugamon le empezaban a temblar las piernas del esfuerzo por intentar alcanzar a Cyberdramon. El digimon había aprovechado su ventaja aérea para complicarle la pelea. No muy lejos, Kyubimon tampoco lo llevaba mejor contra Doumon y sus interminables escudos protectores. Ni tan siquiera podía hacer nada en un combate cuerpo a cuerpo; la barrera la repelía al instante.
La situación alrededor de ambos tampoco era alentadora. Los más cercanos, Yumi y Ulrich, parecían estar teniendo más problemas que nunca contra sus clones. Los que habían logrado acabar con sus rivales, intentaban ayudar eliminando monstruos y otros digimons insecto que entorpecían a todo el mundo.
—No puede ser que sigan con tanta energía —dijo con rabia el zorro rojo.
—Es imposible —dijo respirando agitadamente la amarilla —. Da igual lo que hagamos, no logramos nada… Todo es inútil… No puedo salvar a la anciana, ¿cómo voy a proteger el Digimundo? —preguntó desesperada.
—Eh, Kyubimon —la llamó calmadamente Bijugamon. Lentamente, se volvió sólo para encontrarse con una garra rojiza golpeándola.
—¿Qué haces? —preguntó.
—¿Quién demonios eres? —preguntó con enfado y rabia —. ¿Dónde está la Kyubimon con la que peleo siempre? ¡La que no tira la toalla tan fácilmente ni se encoge a llorar tachándose de inútil!
—Bijugamon, yo…
—Nada está decidido aún —dijo dándole la espalda —. ¿No querías que se sintiese orgullosa de ti? ¿Ser tan fuerte como ella? Así como estás no lo lograrás —dijo preparándose para lanzarse de nuevo contra Cyberdramon —. A menos que quieras que te golpee de nuevo, muévete y deja las lamentaciones.
—Lo siento, Bijugamon… —susurró cabizbaja —. Tienes razón, no debo rendirme…
Más relajado, Bijugamon saltó al encuentro de Cyberdramon, aprovechando todo cuanto encontrase en su camino para alzarse y evitar que el dragón se le escapase. Por otro lado, Doumon se preparó para un nuevo ataque de Kyubimon, nuevamente firme en su posición. Sin embargo, la aparición de digicódigo en ambos digimons de menor nivel sorprendió y preocupó a ambos por igual.
—¡Kyubimon superdigievoluciona a… Taomon! —la versión clara de Doumon siguió corriendo contra ella con aún más decisión.
—¡Bijugamon superdigievoluciona a… Denoshimon!
El digimon, muy parecido en aspecto a Taomon pero con pantalón negro y camisa blanca más ajustada y la piel rojiza salvo en el brazo y ojo izquierdos, totalmente mecánicos, detuvo su movimiento sólo para soltar las dos espadas cruzadas a su espalda.
—Ahora sí que no te me vas a escapar… ¡Espada veloz!
Demasiado rápido, Cyberdramon no tuvo opción para escapar de los golpes que un casi invisible Denoshimon descargaba sobre él desde todos los ángulos, provocando la caída del dragón por primera vez desde que habían llegado a la Tierra.
—Maldita sea… —murmuró Doumon, preparándose para alzar un escudo con el que ayudar a su compañero.
Una presencia demasiado cerca de ella la obligó a voltear para darse cuenta de los papeles explosivos que Taomon acababa de lanzarle. Ante la imposibilidad de alzar un escudo a tiempo, saltó hacia atrás preparándose para contraatacar.
—No voy a caer de nuevo en esos trucos. ¡Talismán de luz! —rápidamente, Taomon dibujó un símbolo místico con el que atrapó a Doumon.
Doumon intentó buscar un hueco por el que escapar, encontrando cada vez nuevos papeles explosivos que la obligaban a desistir en los intentos de escapar al tiempo que el humo empezaba a nublarle la vista. Para cuando se sintió libre para moverse, una silueta demasiado rápida la golpeó por detrás, derribándola.
—Se acabó usar a la anciana Renamon, Xana-Lucemon —Taomon se detuvo ante la digimon caída con calma.
Antes de que la digimon pudiese reaccionar, el gran pincel de Taomon cayó sobre ella sumiéndola en la inconciencia. Algo temblorosa y con la respiración un poco agitada, Taomon volvió la vista al combate más cercano justo para ver a Cyberdramon caer inconsciente tras una nueva ola de ataques de Denoshimon.
—Se acabó —declaró satisfecho el digimon.
—No del todo —dijo Taomon señalando a los demás —. Y no parece querer acabar.
...
Los intentos de Velgemon de lanzar su más poderoso ataque estaban resultando una misión inútil. Sin contar con la insistencia de los cinco híbridos, la aparición de aquel grueso muro rosado que separaba a todos de los edificios le había llevado a un estado de ira durante el que se había dedicado a cazar a sus rivales para lanzarlos contra la única edificación no protegida: el gimnasio.
—¡Ya basta de jugar a los bolos, pajarraco estúpido! —protestó Mermaimon levantándose de entre los escombros a los que había sido derribada.
La bestia corrupta graznó por respuesta antes de volver a lanzarse en picado en busca de otro rival al que derribar. Estaba a punto de atrapar a Reichmon cuando la caída de Cyberdramon llamó su atención, despistándolo lo justo para ver a todos sus aliados siendo derrotados.
—¡Fuego negro!
—¡Bombardero del Norte!
—¡Cazador helado!
Los tres ataques desde tierra le obligaron a volver a centrarse en el combate y a redirigir su vuelo para esquivar, pero dos figuras flotando más cerca de lo esperado le cerraron cualquier escapatoria al tiempo que sus gestos indicaban que estaban preparándose para atacar también.
—¡Destructor solar!
—¡Ultra turbulencia!
El golpe de los cinco ataques le hizo perder vuelo hasta estrellarse contra lo que quedaba de gimnasio. El estruendo no tardó en llamar la atención de todos, a demás de hacer aparecer a una preocupadísima Leire, digievolucionada.
—¿Estáis todos bien? —preguntó frenándose junto a Mermaimon. Del cielo, Aldamon y JetSilphymon descendieron sin poder despegar los ojos del gimnasio —. Por favor, decidme que no ha pasado lo que pienso que ha pasado.
—Verás, nosotros… —empezó a decir Aldamon.
—¡¿No tenéis ojos en la cara o qué?! —protestó Mermaimon dejando caer con fuerza su ancla sobre el pie de Reichmon.
—¡Ya veo tu preocupación por Kadic! —regañó JetSilphymon, golpeando con su molinillo a Beowolfmon.
—Dos clases, Aldamon… Eres culpable de haber tirado dos clases —dijo Leire apretando el puño.
—Espera, yo te ayudo —sonrió Mermaimon, alzándola lo suficiente como para que la chica le diese una colleja al de fuego.
—¡Eh! ¡Vale las tres! —se quejó Aldamon.
—¡Eso! ¡Que vosotras dos tampoco os habéis quedado de brazos cruzados! —protestó Reichmon a la pata coja.
—¿Te piensas que soy adivino y sé dónde o dónde no caerá el maldito pajarraco del demonio? —preguntó Beowolfmon, luchando con JetSilphymon para quitarle el molinillo.
—¡Retirada! —gritó rápidamente Velgemon, dedigievolucionando y aprovechando para escapar junto a los pocos clones que quedaban y los digimons supervivientes.
—¡Que se larga! —chilló la sirena.
—¡Y sin recoger escombros! —acusó la del viento.
—Oh, vamos, en eso están pensando —resopló Reichmon, aún con la pierna levantada y apartándose del ancla de la del agua.
—Bueno, dejadles marchar —dijo Leire —. Los Crossedmons están jugando con la Scyphozoa otra vez…
—Qué cansinos son con la medusa de las narices —dijo Beowolfmon —. Vamos a por ellos.
...
Ante la aterrorizada mirada de Neila, Yla y Cerberusmon, los dos Crossedmons reían animados. La Scyphozoa había sido atrapada nuevamente y los dos pequeños se divertían como si el monstruo fuese un juguete más.
—Por favor, chicos, podría ser peligroso —intentó hacerles entrar en razón Neila.
—¡Que va! ¡Es divertidísimo! —rió Timy, balanceándose en varios tentáculos trenzados formando un columpio.
—Con los demás no podemos hacer esto —declaró Ace, saltando sobre la cabeza de la medusa.
—Baja de ahí, Ace. Aún te romperás el cuello —llamó Cerberusmon —. En bendita hora decidí traer aquí a éste… —suspiró mirando a un inconsciente Rapidmon —. Yla, ¿no puedes hacer nada?
—¿Acercarme a ese bicho? ¿Yo? —preguntó cruzándose de brazos y tentáculos —. Mira, ni aunque me paguen me acerco a eso.
—Oh, venga, si está muy quietecita —rió la dorada.
—¡Eh! ¡Hay gente pegada a la barrera de Aelita —informó Ace, clavando las garras en la medusa.
—Déjame ver —pidió Timy, trepando por los tentáculos.
—¡Bajad de ahí los dos, por favor! —pidió Neila, las manos en la cabeza.
—Está bien, los bajaré de ahí —decidió Yla, avanzando con los tentáculos en alto.
El ruido en los arbustos hizo cambiar la posición de la clon, que se encontró enseguida con el can de tres cabezas listo para atacar a su lado. Sin embargo, quienes aparecieron fueron los demás, con los híbridos al frente y sus ojos puestos en la Scyphozoa sobre la que hacían equilibrios los pequeños digimons.
—¿En serio, otra vez? —preguntó Beowolfmon.
—¡Papi, papi, necesitan tu guitarra! —señaló Timy con felicidad.
—¿De qué estás hablando?
—Hay señores con micrófonos, como el tío la noche de la fiesta —explicó Ace.
—Déjame ver a mí —pidió JetSilpymon tirándole el molinillo a Beowolfmon, alzándose y aprovechando para coger en brazos a los dos digimons —. Oh, oh…
—¿Qué? —preguntó Aldamon, dudando entre atacar o no a la medusa atrapada.
—¡Periodistas! —exclamó descendiendo y apartándose de la línea de tiro de los otros híbridos. No tardaron en hacer desaparecer a la medusa y de oír las protestas de los menores.
—¿Cuántos? —preguntó Jeremy.
—Demasiados.
—Seguro que son lobos hambrientos —soltó Odd.
—Sí, claro —dijeron MachGaogamon y Beowolfmon.
—Arya me está diciendo que el muro que ha creado Aelita es lo suficientemente grueso como para dificultar la visión —leyó Neila en su móvil.
—Aelita, eres un genio —felicitó Kumamon.
—No es tiempo para eso —negó Jeremy —. Tenemos que huir de aquí y regresar a Kadic cuanto antes.
—Necesito hacer desaparecer el muro…
—Aelita, ¡así lo que harás será soltarles las correas a esos lobos! —chilló Odd.
—¿Quieres dejar de llamarlos lobos? —protestó MachGaogamon. Tras el rubio, Beowolfmon le dio un golpe con el molinillo aún en sus manos.
—Si dejamos eso ahí, a mi padre le da algo —dijo Sissi.
—Le va a dar lo quitemos o no —suspiró Mermaimon mirando a los tres híbridos masculinos.
—¡Tú también has colaborado en la destrucción del gimnasio! —le recriminó Reichmon —. O ahora me dirás que fue Yla.
—Eh, a mí no me metáis en el caos —alzó los tentáculos.
—Chicos —intervino Neila —, Arya acaba de oír decir a un grupo de periodistas sobre traer los helicópteros.
—Nos largamos —decidió Aldamon agachándose y cogiendo a WarGrowlmon con algo de dificultad —. ¡Perdedor el último!
—¡Eh! ¡Que yo también necesito una manita con éste! —gritó Coredramon, luchando por alzar a Cyberdramon.
—Tiradlos tal cual al Digimundo —dijo Ace, atrapado por el pescuezo por la híbrida del viento, mientras abría un agujero.
—¿Y si saltamos nosotros también? —preguntó Odd.
—¡NO! —respondieron prácticamente todos.
