Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Treinta y dos: Bella
22 de octubre de 2022
Londres, Inglaterra
Dios, este Engendro es irritante.
Han pasado aproximadamente tres horas desde que desperté y he orinado al menos doce veces ya. Lo irritante es que la mitad de esas ocasiones ni siquiera necesitaba orinar, era como si mi cuerpo intentara jugar un juego de adivinanzas conmigo.
Además de este juego de "Tengo que orinar o solo es un truco", mis bubis me están matando. Creía que la pasaba mal durante mi periodo, pero eso es nada comparado con esto.
El único lado bueno que le veo es que mis tetas —que definitivamente están más grandes— se ven jodidamente espectaculares.
Claro, esto no me ayuda cuando tengo que ir a la oficina a reuniones.
Carmen, mi jefa, es muy agradable. Ella también se trasladó a Londres, es originaria de algún lugar de España. Es astuta y ha sido grandioso trabajar con ella. La única desventaja de trabajar desde casa es que no puedo trabajar mucho con ella uno a uno.
Mi culo extrovertido ama su energía.
—Tía —me llama, deteniéndome a mitad de otro viaje al puto baño—. ¿Estás lista para nuestra siguiente reunión?
No estoy segura de por qué me dice Tía, en especial porque según mi limitado conocimiento del español, eso significa tía, pero no me molesta.
—Sí, solo voy a pasar al baño —digo, apuntando al final del pasillo. Entorna ligeramente la mirada.
—¿Estás bien? Has pasado muchas veces por este corredor esta mañana.
Vacilo. Sí, eventualmente tendré que contarle a la gente que tengo un Engendro, pero no estoy segura de si ya estoy lista para decirle.
—Estoy bien. Estoy intentando tomar más agua —le digo.
Carmen asiente.
—De acuerdo. Nos vemos en la sala de conferencias en cinco minutos.
Asiento y sigo avanzando. Veo a un par de personas de camino, pero por suerte nadie me detiene.
Para cuando llego al baño, siento que mi vejiga está a punto de explotar.
Contengo la respiración, estoy esperando para ver si de verdad necesito orinar o no. Detesto no poder confiar en mi cuerpo por ahora.
Por suerte sí orino, y durante un breve momento, siento un dulce alivio.
Al terminar salgo a lavarme las manos. Mis ojos captan mi reflejo y me detengo, cerrando la llave. Dios, apenas empecé el embarazo, pero en serio que mis tetas se ven enormes hoy.
Me seco las manos, luego las alzo para acunarme las bubis. Me duelen, así que tengo cuidado de no acercarme mucho a los pezones. Conozco jodidamente bien el tamaño de mis bubis, y se sienten casi raras en mis manos. No son para nada las mismas.
La puerta se abre de golpe y alzo la vista, sobresaltada. Jessica, una de las chicas con las que trabajo, me mira con ojos como platos y me doy cuenta de que estoy ahí parada acunando mis bubis. Dejo caer rápidamente las manos.
—¿Estás bien? —pregunta, puedo escuchar la sonrisa en su voz. Carraspeo.
—Um, sí.
Se acerca al lavamanos.
—¿Es un sostén nuevo? —pregunta. La miro. Está sonriendo, exhalo un suspirito.
—Sí. Solo me aseguraba de que estuviera bien acomodado —le digo. Sonríe.
—¿Qué clase de sostén es? Te ves increíble.
Le sonrío, sintiéndome un poco más cómoda. Soy muy vulgar, pero he tenido que contenerme bastante desde que nos mudamos a Inglaterra. Si Jessica se siente a gusto hablando de tetas conmigo, me uniré con felicidad a la conversación.
—Um, no estoy segura. Es que me las levanta de forma genial —le digo, acunando otra vez mis bubis. Jessica se ríe.
—Sí que lo hace. Avísame cuando veas la etiqueta. Me vendría bien un poco de levantamiento. —Sube las manos para acunar sus pequeños pechos y sonrío.
—Tienes bastante con que trabajar ahí. Con el corte adecuado te verías genial.
Se ríe, y apoya una cadera en el lavamanos.
—Es bueno tenerte en la oficina, Bella. —Sacude la cabeza—. Siento que estoy atrapada con un montón de mojigatos la mayoría del tiempo.
—Carmen es buena onda —señalo.
Jessica pone los ojos en blanco.
—Sí lo es, pero a menos de que vayamos por algo de tomar después del trabajo, en realidad no hablo de sostenes con ella.
Me río.
—Te entiendo.
—¿Cómo te va en Cambridge?
Jessica y yo solo hemos tenido una única conversación antes de esta. Me sorprende que recuerde donde vivo.
—Es… muy tranquilo —digo después de un momento. Resopla.
—No sé cómo lo aguantas. Esa es una ciudad para académicos aburridos y abuelos.
Me encojo de hombros, sin decir nada.
—Deberías acompañarnos después del trabajo. Iremos en grupo a una taberna que está en la esquina.
Vacilo.
—No estoy bebiendo de momento.
Entorna ligeramente la mirada.
—¿Por qué?
Puedo mentir, y sería fácil. Incluso empiezo a planear la mentira en mi cabeza cuando los ojos de Jessica barren sobre mí. Se mueve junto al lavamanos.
—¿Estás embarazada?
Bueno, ahí quedó mi mentira.
—Uh, sí —digo con voz chillona.
Me mira, luego gime.
—Ahora entiendo por qué tus tetas se ven increíbles. Ningún sostén hará por mí lo que la naturaleza está haciendo por ti.
Me río.
—Si te sirve de consuelo, no puedo creer lo mucho que me duelen las bubis.
Sonríe y sacude la cabeza.
—Pues felicidades.
—Gracias. —Me muerdo la comisura del labio—. Todavía no le estoy contando a nadie —comento. Jessica asiente, comprensiva.
—De acuerdo. Aunque igual deberías acompañarnos. No tienes que beber, pero será agradable juntarnos todos.
Le sonrío.
—Claro, cuenta conmigo.
