¡Muy buen finde a todos! Espero que por donde viváis no esté haciendo un viento del carajo que manda a volar absolutamente todo.

Hoy actualización rapidita, que tengo mucho por hacer todavía y poco tiempo en el día de hoy.

¡A disfrutarlo!


Capítulo 66: Consecuencias

Interrumpimos la programación actual para ofreceros un boletín de última hora. Contactamos en directo con nuestros reporteros especiales en París, donde está teniendo una singular batalla de monstruos. Repito: una batalla de monstruos. No es una broma ni el rodaje de una película. Adelante, Wataru.

Sí. Me encuentro ante la prestigiosa academia Kadic, lugar que se ha convertido en el escenario de esta guerra que lleva produciéndose por semanas…

Los televisores de todo el mundo habían dejado de transmitir la programación normal para dar la noticia bomba. Los periodistas interrumpían las carreras de alumnos y profesores en busca de un lugar seguro para preguntarles por lo que sucedía, obteniendo muy pocos datos por el miedo que provocaban los distintos sonidos al otro lado de la extraña barrera rosa que dificultaba la visualización.

Sentado ante un ordenador, un hombre dejó de lado su trabajo para subir el volumen al programa, la atención totalmente puesta en las imágenes que llegaban a Japón desde Francia. Sin despegar los ojos de la pantalla, empezó a escribir un único mensaje que no tardó en reenviar a un grupo en concreto de entre sus contactos.

No muy lejos, la noticia provocó que cayesen los cubiertos al suelo y que la ayuda llegase corriendo, frenándose sólo para pegar los ojos al televisor y permanecer callado. Lo único que se pronunció en todo el tiempo fue un nombre, el de una de las criaturas que logró capturar bien la cámara.

...

Con las respiraciones agitadas, las ropas destrozadas y más sucios de lo esperado, el grupo regresó a las calles de la ciudad listos para regresar a Kadic tras comprobar que Kim, Yla y los Crossedmons se dirigían a la fábrica con la promesa de asegurarse que el grupo de digimons salvados estarían bien en el Digimundo.

—¿Por qué demonios hemos ido tan atrás? —protestó Sissi —. ¡Ahora hay que caminar demasiado!

—¿Sabes lo que corre un periodista tras los famosos? —preguntó Odd.

—¿Lo sabes tú? ¡Sólo ves películas de monstruos!

—No derrochéis la energía en discusiones de tortolitos —pasó entre ambos Katsuharu, apartándolos aún más con los brazos —. La necesitaréis para fingir luego.

—¡Yo ya no puedo más! —se dejó caer de rodillas JP.

—Me lo temía… Va, un último esfuerzo —dijo Teppei ayudándole a levantarse.

—No queda tanto. Mira, ya se ve Kadic —señaló Tommy, al otro lado.

—Sigue pareciéndome demasiado…

—Chicos, no podemos parar ahora o… —empezó a decir Jeremy.

—¿Jeremy? ¿Eres tú? —preguntó una mujer desde la otra acera.

A una, el grupo se quedó de piedra y volteó para encontrarse a una mujer rubia de ojos azules cruzando la carretera para alcanzarles.

—¡¿Mamá?! ¡¿Qué haces aquí?!

—Yo, comprar. ¿Y tú? ¿Por qué no estás en clase? —cuestionó la mujer.

—Bueno… yo…

—Los monstruos han atacado Kadic y hemos huido —dijo rápidamente Aelita.

—¿Tú también estás aquí, Aelita? —preguntó sorprendida.

—¡Nos estaban evacuando! —dijo rápidamente el informático —. Ha habido una explosión, nos hemos asustado y hemos empezado a correr en todas direcciones…

—¡Ha sido horrible! —añadió la pelirrosa.

—¿Una explosión? ¿Estáis heridos? —preguntó la adulta, fijándose en todos y en su aspecto destrozado.

—Sí, sí, tranquila —dijo rápidamente Jeremy intentando sonreír —. Es que nos hemos metido por el bosque y, con las prisas, tropezábamos, nos caíamos… ¡Pero ya volvíamos a Kadic! Todo parece tranquilo…

—Voy con vosotros —dijo tomando la mano de su hijo y tirando de él.

—¿QUÉ? —preguntaron todos.

—Mamá, no pasa nada, son dos manzanas nada más, enseguida estaremos bajo la vigilancia de los profesores y…

—Jeremy Belpois, han atacado tu academia. ¡No pienses que me quedaré de brazos cruzados! —interrumpió seriamente —. Porque sois demasiados, pero llegáis a ser menos y os metía en el coche rumbo a casa.

—Mamá, por favor…

—Caminando todos, venga.

Sin soltar al rubio, la mujer avanzó al grupo y dirigió sus pasos a Kadic. Los demás la siguieron, inevitablemente, pero claramente incómodos.

—¿Ésa es la madre de Jeremy? —preguntó Sissi a Aelita. La pelirrosa asintió —. Parece muy seria.

—La verdad, es muy amable. Supongo que está así por el ataque…

—Nos iba a llevar a su casa —señaló Takuya —. ¿Creéis que nos habría llevado a cada uno a la suya?

—Aunque sería un poco difícil llevarte a la tuya, en verdad te lo tendrías merecido, por seguir causando destrucción —insistieron Chiaki y Zoe.

—Basta ya, chicas, que vosotras habéis hecho más destrozos al caer con el molinillo y el ancla —susurraron los gemelos.

—Basta todos, ya hemos llegado —protestó Teruo señalando al frente.

—¡Oh! ¡Menos mal que estáis bien! —suspiró aliviada la profesora Hertz.

—Disculpe, soy la madre de Jeremy Belpois, Catherine. Quisiera saber qué ha ocurrido exactamente para que mi hijo y sus amigos abandonasen Kadic a la carrera —se les adelantó la mujer.

—Sí, claro… Chicos, por favor, permaneced en grupo en el patio con los demás —indicó la profesora llevándose a Catherine a una zona donde ya había muchos padres.

—Oh, no —remugó Yumi reconociendo a los suyos entre la multitud. Los dos adultos no tardaron en acercarse a ella.

—¡Yumi! ¿Dónde está tu hermano?

—Hiroki está… pues…

—Está con su grupo, tía —respondió rápidamente Kouji.

—Menos mal… No vuelvas a perderle de vista, Yumi —regañó su padre.

—Papá, yo…

—Yumi sigue en shock por los monstruos empotrándose contra las ventanas del aula en la que estaba, tío —inventó Koichi.

—¡Esto ya es demasiado! —exclamó furibundo el hombre, alejándose en busca de respuestas.

—Gracias por salvarme el pellejo, pero podrías haber inventado otra cosa —dijo la morena.

—¡Papi! —chilló Sissi, separándose del grupo y corriendo hacia una ambulancia en la que atendían al director de Kadic en silla de ruedas.

—Tranquila, está bien —le dijo Jim —. Casi se desmaya ante los destrozos, pero sólo es un shock. Los médicos dicen que con algo de reposo mejorará.

Dudo que tenga reposo si las cosas siguen así —pensó con tristeza agachándose junto al hombre.

Más atrás, los demás observaron en silencio cómo la morena acababa marchando en la ambulancia junto a su padre. El profesorado, lo más calmadamente posible, respondía a todo lo que los padres preguntaban.

—Maldito Xana-Lucemon… —susurró Jeremy.

—No se siente como una victoria —suspiró Yumi mirando al cielo —. Casi es una derrota…

—¿Por qué? —preguntó Tommy.

—Está claro que van a suspender las clases —explicó la chica —. Y aunque el edificio de dormitorios está intacto…

—Muchos padres querrán llevarse a sus hijos —entendió Teruo —. Pero nosotros…

—No somos una excepción —dijo Kouji.

En silencio, arrastraron los pies hacia un par de bancos libres en los que tomaron asiento a la espera de las decisiones finales de los adultos.

...

—¡Hay que salir ahora mismo! —exclamó una mujer de cabellos violetas agitando los puños ante las miradas del resto de adultos en el salón —. ¡Mi hija está ahí!

—Imposible —declaró un pelirrojo, la cabeza detrás de la pantalla de su portátil —. No hay ni asientos suficientes ni vuelos de sobras para ir todos.

—Y tampoco sería sensato ir todos —negó otro hombre, apoyado en su espalda —. ¿Qué crees que haríamos todos allí?

—¡Recuperar a mi hija!

—También está mi hijo allí —suspiró otra mujer, de cabello castaño —. Pero mi hermano tiene razón. No podemos ir todos. No tenemos a los digimons para ayudarnos.

—Y no creo que sea recomendable que vueles en el estado actual —señaló el mayor del grupo —. Podrían malinterpretar tu estado de nervios con cualquier cosa y negarse a embarcarte.

—Nosotros nos ocuparemos de Chiaki —dijo la castaña mirando al hombre rubio a su lado —. No nos supone ningún problema.

—¿Y qué hacemos los demás? —preguntó otro hombre, cruzado de brazos —. ¿Preparar platos de fideos?

—Más bien tilas —suspiró otro a su lado mirando a la pelimorada —. O sedantes…

—Vale, pues yo ya tengo vuestros billetes reservados… —declaró el pelirrojo del portátil —. ¿Os parece bien el vuelo en tres horas? Pensad que se tiene que facturar y hacer todo…

—Perfecto —asintió el hombre apoyado a su espalda antes de mirar a los dos rubios de la sala —. Por una vez, me alegra contar con vosotros.

—¡Cariño! —gritó una mujer lanzándole un cojín.

—¡Hermano! —chilló la castaña, lanzándole otro.

—¡Que estoy en medio! —protestó el del portátil mientras los demás, salvo la pelimorada, reían.

...

—¿Estamos todos ya? —preguntó una mujer pelirroja mirando a todos los presentes.

—Sí, "Reina" —respondió un moreno con gafas, provocando una leve sonrisa en la mujer.

—Al parecer, los digimons han vuelto a la Tierra —habló un hombre asiático.

—Y no unos digimons cualquiera —declaró un moreno ojiazul.

—¿Estáis seguros? —preguntó una mujer con las manos juntas ante ella —. ¿Seguro que se trata de ellos?

—Créeme, reconocería a Cyberdramon incluso con los ojos vendados —asintió seriamente.

—El digimon del Rey, en el lugar equivocado —dijo con una sonrisilla intentando no alterar más a la mujer junto a él.

—Y pensar que hemos enviado a Katsuharu y a Teppei allí… —comentó el de gafas.

—Les sacaremos de allí —declaró con un golpe en la mesa un hombre castaño —. Os prometemos que los traeremos de vuelta a casa sin ningún problema.

—¿Y sobre los digimons? —preguntó el de gafas —. ¿Creéis que…? —preguntó mostrando un objeto.

—Intentaremos lo que sea necesario —aseguró la mujer pelirroja.