Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Treinta y cuatro: Edward

5 de noviembre de 2022

Cambridge, Inglaterra

Estoy enterrado en un grueso libro alemán del siglo dieciocho cuando escucho que se abre la puerta del piso. Estoy tan concentrado que no alzo la vista, lo cual termina siendo un error.

—Hola —empiezo a decir, pero luego algo pequeño y duro me pega en la puta cara—. ¡Ow! ¡Qué carajos! —grito, me echo hacia atrás y me froto la frente. Bella está parada en la entrada y se ve furiosa.

—Así de grande es el Engendro —dice, señalando la lima que me acaba de pegar en la cara. La agarro y le frunzo el ceño.

—¿Por qué me la aventaste a la cabeza?

Bufa.

—Porque sí —brama—. ¿Sabes que ya puedo oler bien? Todas las jodidas cosas. ¡Todo este planeta huele asqueroso!

La autopreservación me dice que no debo reírme, pero no puedo detener una sonrisita. Bella entorna la mirada, y mete la mano en su bolsa de compras, sacando otra lima.

—Nena —digo, me pongo de pie y extiendo las manos—. Deja de aventarme comida. ¿Qué puedo hacer?

Me avienta la lima al pecho de todas formas y, Dios, tiene un buen brazo. Me froto el sitio donde me pegó la lima mientras me agacho para recogerla del piso.

—Todo apesta —dice, sacudiendo la cabeza—. ¡Y comiste aceitunas!

Dios.

—Bien, iré a lavarme los dientes.

Me frunce el ceño y me acerco a ella con cautela.

—Nena, por qué no vas a acostarte mientras yo guardo las compras.

Se ha sentido exhausta últimamente y yo me he sentido agradecido en secreto por eso. Si está durmiendo, hay menos probabilidades de que me lance mierdas.

Entorna la mirada.

—Estás intentando deshacerte de mí —me acusa. Ahogo una carcajada y la rodeo con mis brazos.

—No, te amo.

Se entierra en mi pecho.

—Estoy harta de estar embarazada y apenas tengo doce semanas —se queja. Le froto la espalda y gime. Gira la cara junto a mí y de repente está enterrando la nariz en mi axila.

—¿Qué estás haciendo?

—Hueles muy bien —gime, metiendo la cara debajo de mi brazo.

—Creí que olía a aceitunas.

—Solo tu cara. —Sus palabras suenan ahogadas mientras intenta enterrarse en mi axila.

—Nena —me río porque está empezando a hacerme cosquillas. Se ríe—. Déjame guardar la comida y lavarme los dientes, luego podrás oler cualquier parte de mí que quieras —sugiero.

Inhala profundamente, luego se aparta y me mira.

—Suena prometedor —dice, apoyando el mentón en mi pecho—. Pero yo guardaré la comida mientras tú te lavas los dientes. Así tardaremos menos tiempo.

Sonrío y asiento.

Me voy al baño y agarro mi cepillo de dientes mientras Bella se dirige a la cocina.

Su embarazo ha sido exactamente lo que esperaba; completamente inesperado en todos los sentidos. Descargué la misma aplicación que ella para saber qué podía esperar semana con semana, pero no ha sido del todo de provecho. Bella no ha tenido algunos de los síntomas, y algunos otros han durado más tiempo del que deberían.

Entro a nuestro pequeño baño, y agarro mi cepillo de dientes. Esta semana he tenido que cambiar tres veces de pasta de dientes porque, según mi esposa, nada huele bien. Al final acordamos una de canela que sí puede aguantar. A mí no me gusta tanto, pero ella no se queja, así que me aguanto.

Me lavo los dientes y me enjuago la cara antes de dirigirme a nuestra habitación. Bella está desparramada sobre la cama, tiene el teléfono sobre su cara mientras ve algo. No por primera vez me pregunto si deberíamos regresar a Estados Unidos. Bella necesita el apoyo de nuestra familia y detesto que esté teniendo que pasar por esto relativamente sola.

—Cierra la boca —le murmura al teléfono. Frunzo el ceño. ¿Está hablando por teléfono?

Me muevo en la puerta, recargándome en el marco mientras cruzo los brazos sobre mi pecho. Me mira después de un minuto.

—No dije nada —le digo lentamente.

Pone los ojos en blanco.

—Puedo escucharte pensando todo de más —gruñe. Sonrío.

—¿Más supersentidos?

Bella agarra mi almohada y me la avienta al otro lado de la habitación. Es un tiro torpe y cae antes de llegar al objetivo.

Me agacho para recogerla y cuando veo a Bella, ella ya soltó el teléfono y está sentada.

—Tienes esa mirada en tu rostro —dice, entornando los ojos.

—¿Cuál mirada? —pregunto, sacudiendo mi almohada. La aviento de regreso a nuestra cama.

—La mirada que significa que estás a punto de decir una estupidez.

Me río.

—¿Tengo una mirada?

Asiente, frunciendo los labios. Suspiro y me siento en la orilla del colchón.

—Nena, creo que deberíamos regresar a casa. Puedo seguir trabajando con mi asesor desde allá, podemos encontrar una manera de hacerlo a la distancia y…

Antes de poder terminar de hablar, el puño de Bella se conecta con mi hombro.

—¡Ow! —gruño, subiendo una mano para frotarme el hombro—. ¿Podrías dejar de golpearme?

Bella bufa.

—Solo si tú dejas de ser idiota.

Siento que alzo una de mis cejas y pone los ojos en blanco otra vez.

—Edward, la oportunidad que tienes aquí es algo por lo que te has partido el culo. Ya te he visto tener que terminar una carrera de forma remota. No te dejaré que renuncies a esto.

Sacudo la cabeza.

—Bella, esto no significa nada para mí si es a costa de mi familia.

Se mueve sobre la cama, gateando a mi regazo, y la rodeo rápidamente con los brazos antes de que pueda resbalarse de la cama. Se acomoda de forma que sus rodillas quedan a cada lado de mis caderas.

—Me encanta que nos cuides —susurra, su voz se tambalea ligeramente—. Pero nunca me perdonaría ni a mí ni a Engendro si te dejamos renunciar a esta oportunidad. —Alza las manos, mete los dedos entre mi cabello y apoya los antebrazos en mis hombros—. Nadie en casa podrá hacer más por mí de lo que tú haces aquí todos los días. —Me jala ligeramente el cabello—. Las chicas tienen sus propias vidas y no es como que tengan experiencia con el embarazo como para darme respuestas al respecto. —Sonríe—. Mi papá queda completamente fuera de cuestión y ni siquiera consideraría ir a Chicago. Tu madre me volvería loca en tres días.

Me río, apretándola con gentileza.

—Sí, probablemente ella está mejor a un océano de distancia.

Bella sonríe.

—Llamo a nuestra familia cuando los necesito, pero todo lo que necesito es a ti. —Me jala otra vez el cabello y siento que sus uñas arañan ligeramente sobre mi cuero cabelludo. Carajo, se siente increíble—. Vamos a estar bien —susurra.

La aprieto contra mi pecho y se mueve para poder rodearme con las piernas.

—Me siento tan jodidamente culpable —admito, las lágrimas me escuecen los ojos. Bella se alza y me besa la garganta.

—No tienes que sentirte culpable por nada —susurra—. Quién sabe, quizás esta es la patada de culo que necesito para madurar al fin.

Sonrío, apartándome lo suficiente para verla a los ojos.

—Espero que estés bromeando —digo lentamente—. Sabes que te amo tal como eres. Nuestro bebé será jodidamente afortunado al tenerte a ti como mamá.

Los ojos de Bella se llenan un poco de lágrimas.

—Sí, bueno… —solloza con fuerza—. Soy jodidamente maravillosa.

Me río y la aprieto otra vez contra mí. No será fácil, pero encontraremos la manera. Siempre lo hacemos.