¡Muy buenas a todos! Aquí me presento un día más para dejaros un capítulo algo apresurada por la de faena que tengo pendiente antes de salir en una hora a trabajar.
En el capítulo de la semana que viene os cuento cositas que os interesarán a todos. De momento, os tendréis que conformar con leer el capítulo que toca y después a seguir esperando.
¡Se os quiere!
Capítulo 68: Peligro
Myotismon caminaba por los pasillos de la Rosa de las Estrellas con fastidio. No sólo tenía que soportar que Xana-Lucemon se dedicase a poseer digimons estúpidos que resultaban ser un completo fracaso en vez de otorgarles misiones a digimons fieles por naturaleza como él, sino que también tenía que seguir viéndole la cara al, a sus ojos, fracasado de Duskmon, quien aun fallando misión tras misión parecía gozar de mejor posición en la línea de mando.
A demás, por si el cada vez más menguante número de clones no lo había dejado suficientemente abajo en la jerarquía del lugar (en algunos casos, sentía que hasta el peor de los Bakemons tenía más autoridad que él), la llegada de digimons de alto nivel apresados y, claramente, enviados a saber a qué sala para ser poseídos por el señor supremo del castillo le dejaban entrever que su aspiración a liderar un poderoso grupo de digimons para eliminar a los molestos, estúpidos y malnacidos niños elegidos estaba siendo hecha añicos. Al menos, intentaba animarse, tenía un trabajo y era útil por el momento, aunque el trabajo fuese el de mensajero.
—Amo…
—Hola, Myotismon. ¿Traes noticias?
—Sí, mi señor —asintió. El ángel caído le hizo un gesto con la mano para que empezase a hablar —. Zamielmon aún no ha logrado sacar nada interesante del Phantomon apresado —el chasquido de lengua de Xana-Lucemon le indicó que ese tema realmente estaba molestando al señor oscuro.
—Menudo idiotamon… ¿Traes alguna buena noticia, al menos? —preguntó con molestia.
—Sus criaturas están cumpliendo con éxito su misión de captura, mi señor —asintió.
—Excelente —dijo tras unos minutos de silencio —. Esta vez seguro que no fallaré. Destruiré a esos niños de una vez por todas con mis mejores soldados.
—¿Qué planea hacer? —preguntó el vampiro.
—Por ahora, desviar su atención un poco más —sonrió.
...
No muy lejos de la Rosa de las Estrellas, un digimon oscuro observaba, desde su escondite, al grupo de criaturas extrañas arrastrando un digimon atrapado hacia el castillo. No pudo evitar dar un puñetazo a una roca junto a él: de haber alcanzado al grupo antes, habría podido liberar al prisionero sin problema alguno y aguado los planes de Xana-Lucemon, al menos por un rato. Con todo el dolor que le producía abandonar a su suerte a aquel digimon, dio media vuelta y se alejó a gran velocidad.
En un cruce de caminos bastante frecuentado en mejores tiempos, dos figuras esperaban algo nerviosas su llegada. Ambos se cuadraron en el lugar al verle llegar.
—¿Qué tal os ha ido? —preguntó el oscuro.
—Fui al Pueblo del comienzo, pero sólo encontré a Craniamon y a Examon —informó el blanco —. Ya le he pedido a Swanmon que los tenga bien cuidados.
—¿Y el resto? —preguntó mirando al rosado.
—Algunos han retrocedido a etapas menores. Otros, no los he encontrado —respondió.
—¿Qué hay de Omnimon?
—Se separó en dos nuevamente —respondió el rosado —. Me encontraron ellos dos más bien —dijo.
—¿Cómo están?
—Bien. Me dijeron que estaban ayudando a los niños elegidos en pago por el daño causado.
—¿Ayudándoles?
—Reúnen información —explicó el blanco —. Buscan torres y las marcan en mapas para cuando los niños puedan venir, que las desactiven. Ya sabes que ninguno de nosotros ha podido hacer nada con esas construcciones extrañas.
—Sí, lo sé —asintió apretando un puño —. Pero sin los niños aquí, ¿de qué sirven?
—Tienen un sistema, aunque V-mon no ha querido explicármelo —dijo el rosado —. Todo cuanto sé es que la información obtenida la llevan al cuartel.
—¿El cuartel?
—Perdona, a veces se nos olvida que desconoces algunas cosas —rió.
—El cuartel de los Guardianes. Hogar de los antiguos Guardianes del Digimundo —dijo el blanco —. Hacía tiempo que no oía hablar de él.
—Parece ser que los niños han ido un par de veces o tres no hace mucho —explicó el rosa —. Es posible que vuelvan a aparecer allí.
—Entonces iré a ese lugar para dar información —dijo, ganando la atención de ambos digimons —. Neptunemon ha sido capturado.
—¡No!
—¿Cómo lo han hecho?
—Imagino que habrá sido como cuando se hicieron con Duftmon. Al fin y al cabo, XANA es un virus —dijo —. Necesitamos aliados, ahora más que nunca. Los ojos bien abiertos los dos y nada de sentimentalismos. Si por salvar a alguien debéis ser capturados, abandonadlo.
—Sí, señor.
—Es vuestra nueva misión —dijo empezando a andar.
—Señor… —empezó a decir el rosado.
—¿Sí?
—El cuartel de los Guardianes es en la otra dirección —señaló el blanco —. Si mal no recuerdo, por la zona del castillo de Seraphimon.
—Gracias —asintió cambiando de dirección y alejándose a gran velocidad.
Un par de luces fueron lo que le indicó la posición exacta del cuartel. Vigilando alrededor, acabó de caminar los últimos pasos hasta la puerta y entró, siendo rápidamente detectado por los dos digimons que trabajaban sobre un mapa.
—Me alegra ver que estáis bien —dijo.
—Podríamos decirte lo mismo, Alphamon —le señaló Agumon.
—¿Qué te trae al cuartel de los Guardianes? —preguntó Gabumon.
—LordKnightmon y Dynasmon dicen que traéis la información para los niños elegidos aquí —respondió mirando alrededor.
—Aquí vivían los Guardianes —dijo Agumon, volviendo a mirar el mapa —. Aquí tienen todo lo que necesitan del Digimundo.
—Es lo mínimo que podemos hacer por habernos liberado del control de Xana-Lucemon —dijo Gabumon.
—Entiendo —asintió —. ¿Y cómo contactáis con ellos?
...
Los ánimos del grupo decayeron a niveles subterráneos cuando, a la mañana siguiente, la llegada de sus respectivos padres les confirmó que nada de lo ocurrido el día anterior había sido una simple pesadilla.
Tras dejar a su padre con los demás profesores, Sissi miró alrededor, a la gran cantidad de adultos que ocupaban Kadic, descubriendo que de una forma u otra habían logrado separar a los chicos, reteniéndolos de la mano como hacía la madre de Tommy o imponiendo su autoridad con miradas serias como les estaba pasando a Ulrich y a Kouji. Aun así, había algunos que parecían poder seguir unidos, aunque fuese en silencio.
—Hey, Sissi —saludó Aelita. En sus brazos, Gatomon hizo un gesto rápido antes de encogerse.
—Aelita, menos mal que… Perdona —dijo rápidamente al fijarse en la posición tensa de la pelirrosa —. ¿Qué ha pasado aquí?
—Quieren llevárselos de aquí —explicó mirando a todos —. Han venido incluso desde Japón.
—Así que ese hombre es el padre de los gemelos —dijo mirando al adulto que volvía a hacerle una advertencia a Kouji —. Pensaba que sólo Ulrich tenía un padre súper estricto…
—Pues ya ves que no es así. Al menos, su madre y su madrastra han logrado que no discutan a gritos —suspiró la pelirrosa tomando asiento —. Y mira cómo está Gatomon…
—¿Qué te ocurre? —preguntó sentándose junto a la otra.
—Los adultos me miran demasiado —respondió en un susurro —. Algunos más que otros.
—Les debe extrañar ver animales aquí —dijo la morena. La gata se encogió y no dijo nada más.
—Takuya quiere que nos fuguemos —dijo al rato Aelita —. Ir al Digimundo, desactivar torres como locos para incordiar a Xana-Lucemon y así evitar que regrese aquí.
—De no ser por el alboroto aún mayor que se causaría con nuestros padres, lo apoyaría —suspiró mirando a los demás —. No me gusta nada la situación en la que nos encontramos…
—A mí tampoco —dijo cabizbaja la pelirrosa —. Todos piensan que no es seguro seguir aquí…
—Eh, no te vengas abajo ahora —negó Sissi —. Si dices todo esto porque tú no tienes padres, que sepas que cualquiera estará encantado de llevarte en la maleta.
—Empiezas a decir locuras como Odd —rió débilmente.
—¿Qué se le va a hacer? Tanto escucharle, acaban pegándose estas tonterías.
El ruido de un micrófono encendiéndose hizo que las dos se cubriesen los oídos y Gatomon encogiese aún más sobre la pelirrosa, volteándose lo justo para bufarle a Jim, aunque el profesor de gimnasia ni la mirase.
—Bienvenidos a Kadic —empezó a hablar el director —. Supongo que son conscientes de los acontecimientos de los últimos días por las noticias en televisión, radio y periódicos… —dijo, claramente nervioso —. Como director de este centro, es mi responsabilidad el bienestar de todos los alumnos y profesores. Por lo cual, estoy completamente dispuesto a aceptar la decisión de dejar de confiar en la eficacia de los miembros de esta academia en lo referente al cuidado de sus hijos, así como permitiré que se lleven a sus hijos sin necesidad de papeleos.
La noticia cayó como un jarro de agua fría para un reducido grupo de alumnos que, incrédulos, miraban al director como si el mismísimo Xana-Lucemon se hubiese manifestado allí. Más de uno empezó a maldecir al ángel caído en susurros que pasaron desapercibidos a oídos de sus padres por la cantidad de voces que se alzaron.
—Esto no puede estar pasando —negó Sissi, buscando la mano de Aelita y apretándola con fuerza —. Papi no puede estar hablando en serio…
—Pues parece ser que sí —suspiró la pelirrosa.
Más de un adulto se puso en pie, algunos con los hijos pegados a sus piernas y otros arrastrando a los menores. Los primeros estaban a punto de salir cuando una explosión provocó la histeria colectiva. Los profesores empezaron a dar instrucciones para la evacuación por encima del griterío cuando una pared cayó de golpe. Sissi y Aelita no dudaron en aprovechar el caos para salir del lugar con Gatomon tras ellas mientras los demás miembros del grupo apretaban con rabia los puños. Ninguno podía creerse aún que Xana-Lucemon hubiera lanzado un ataque precisamente en ese momento.
—¿Se puede saber qué es eso? —preguntó el padre de Ulrich.
—¡Todo el mundo, salga de aquí lo más rápido posible! —intentó decir el director.
No pasó mucho más hasta que Aelita, Sissi, Crescemon y Lilamon aparecieron ante el agujero abierto en la pared para hacer frente al grupo de Xana-Lucemon. Sin embargo, estaba clarísimo que la batalla no corría a favor de las chicas. Ni tan siquiera la incorporación de BlackZephyrmon y BlackCalmaramon ayudó a evitar que los ataques cayesen sobre la gente.
