¡Feliz invierno a todos! ¿Qué tal lo estáis llevando? Espero que abrigados en casita y con ganas de pasar un ratito ameno.

Como ya os dije en el capítulo anterior, de aquí en adelante toca prestar atención para no perderos nada de lo que sigue, porque evidentemente, los mayores cambios empiezan a aparecer.

Y como sigo preparando lo otro que os comenté, hoy no os entretengo para compensar el tostón previo de la semana pasada. ¡A disfrutar del capítulo!


Capítulo 71: Nuevos peligros y condiciones

Con mucho esfuerzo, el grupo logró enviar a sus padres de regreso a la Tierra. Unimon, Betamon, Floramon, Krabbymon y Flarelizardmon decidieron seguir a sus compañeros humanos a París de nuevo, dispuestos a proteger Kadic si a Xana-Lucemon le daba por enviar a sus esbirros al planeta humano. Prácticamente todos tuvieron que aguantar los consejos, advertencias y más palabras de sus padres; a más de uno se notaba que no quería separarse de sus hijos pero, tras varios intentos haciéndoles ver la realidad que les rodeaba, aceptaron marchar aun sin estar del todo tranquilos.

Dado el gran tamaño de las habitaciones, y aprovechando que ningún adulto podía verles, decidieron dormir en grupos esa primera noche, permitiendo a todos los digimons que se habían reunido ocupar las otras habitaciones ante la negativa de permitirles regresar a sus respectivas aldeas cuando el sol ya había caído. Aunque algunos se opusieron de primeras, LightKitsumon y DarkRenamon lograron convencerlos alegando el peligro que suponía XANA.

Con la luz del sol, el grupo se levantó más despierto que nunca antes, listos para empezar a actuar. Sin perder el tiempo, los digimons que habían pasado ahí la noche empezaron a marchar, dispuestos a seguir con sus trabajos recopilando información o, en el caso de la anciana Renamon, recuperarse de las heridas de la batalla. Por otro lado, con varias bandejas cargadas con tostadas y otros comestibles, los niños tomaron asiento y empezaron a estudiar el mapa que Agumon y Gabumon les habían estado preparando hasta que unos pasos en la puerta exterior les llamó la atención.

—Espero no interrumpir nada importante —mencionó el recién llegado.

—¿Quién eres? —preguntaron algunos, algo a la defensiva.

—Calma, chicos, es de los nuestros —sonrió Gatomon.

—Soy Alphamon, líder de los Caballeros Reales —se presentó.

—¿Qué te trae por aquí, Alphamon? —preguntó Patamon con calma.

—Hay algo importante que debería contarles a los chicos —dijo —. A demás, hay alguien a quien me gustaría dejar por aquí. Será más seguro que viajando conmigo —añadió mientras se asomaba un pequeño digimon por detrás de él.

—¿Calu?

—¡Calumon! —llamó Lopmon. El pequeño digimon no tardó en saltar hacia él —. Vaya, de haber venido ayer, habrías visto a Takato y a los demás.

—¡Calu!

—Lo encontré atrapado en unas zarzas hace un tiempo —dijo Alphamon mientras el digimon echaba a correr con los Crossedmons —. Le he estado ocultado de Xana-Lucemon todo este tiempo. Pero ya me es imposible hacerlo.

—¿Por qué? —preguntó Jeremy.

—Como ya sabéis, cuando llegasteis a este mundo la primera vez, Xana-Lucemon aún no tenía ni idea de vuestra presencia y, por ello, atacó a quienes podían enfrentarse a él, los tres grandes ángeles —empezó a decir —. Hubieron muchas bajas en esa batalla. Algunos cayeron y otros fueron capturados. Por suerte, habéis logrado liberarlos —dijo mirando a Agumon y Gabumon.

—¿Y los que siguieron en pie? —preguntó Kouji.

—Eso es lo malo —suspiró el oscuro —. Hay digimons de los que conocemos su paradero, pero no hay información de bastantes guerreros desde que nos separamos en aquella pelea.

—Así que aún queda mucho por hacer en el Digimundo —suspiró Takuya.

—LordKnightmon y Dynasmon están ahora mismo recorriendo el Digimundo entero tantas veces como sea necesario para dar con aliados, pero siendo sólo ellos dos y yo, es muy lento.

—¿Los mismos LordKnightmon y Dynasmon que trabajaron para Lucemon? —preguntó Tommy.

—No tenéis que preocuparos, guerreros legendarios. Ambos aprendieron la lección y han vuelto al camino justo —dijo alzando una mano —. Por eso, debo pediros que tengáis mucho cuidado a partir de ahora. Es posible que los digimons a los que os toque enfrentaros de ahora en adelante sean más poderosos.

—Y por eso deberíamos salir ya y demostrarle a Xana-Lucemon que estamos aquí —dijo Aelita —. Si no lo hacemos, esos digimons serán enviados a la Tierra, a Kadic.

—Y ahora no estamos nosotros ahí para defenderla —finalizó Chiaki justo cuando sonaba un móvil.

—Es Arya —informó Leire.

—¿En serio Xana-Lucemon ha atacado ya? —preguntó con fastidio Odd.

—No debimos haberla dejado allí —negó Neila.

—Recuerda que se ofreció voluntaria para empaquetar todas nuestras cosas y así que nosotros pudiésemos encargarnos de lo que no hemos hecho, que es actuar —señaló la otra mientras leía el mensaje —. Ace, abre el vórtice.

—¿Pero qué ocurre? —insistió el rubio.

—Nada malo —respondió —. Ya hay cosas que pueden ir viniendo.

Con comentarios protesta de Odd y las risas de algunos, el gato plateado empezó a moverse ante los ojos de Alphamon, que estudiaba al grupo. Un carro apareció por el vórtice, empujado por Tai. Tras él, Matt, Kari y Rika también cargaban con más maletas y bolsas.

—¿Quién es él? —preguntó el castaño.

—Me llamo Alphamon. Estoy aquí para ayudar a los niños elegidos —respondió.

—Está todo bajo control, tío Tai —dijo Chiaki —. ¿Y todo eso?

—¿No es evidente? —preguntó Kari.

—Os hemos hecho la compra —añadió Rika. El vórtice volvió a moverse indicando la entrada de otra persona.

—¡Calu! —exclamó el pequeño digimon, dejando de lado sus juegos.

—¡Calumon! —llamó la pelirroja, soltando rápidamente las bolsas para atraparlo en brazos —. Menos mal que estás bien… ¿Dónde te habías metido?

—Oh, casi lo olvido… Creo que deberíais hacer algo de espacio por aquí… Izzy vendrá con mucho material —señaló Kari.

—¿Qué va a hacer el tío? —preguntó Teruo.

Unos minutos después, un cargadísimo Izzy apareció y, sin mediar palabra, se dirigió al lugar que los niños le indicaron y empezó a conectar cables y más cables al ordenador de Jeremy y a otro aparato que el grupo no acabó de identificar. Más padres fueron pasando, todos cargando mochilas y bolsas con más compra. Algunas madres se pusieron a cocinar y a trabajar en lo que los niños escucharon un "plan de menú semanal" mientras los padres tomaron asiento atentos a todo lo que Alphamon tuvo que decir y repetir para asegurarles a los adultos que los niños estarían a salvo, alegrándose cuando los antiguos niños elegidos le preguntaron por el Digimundo y temas menos "parentales", como decidió llamar Ulrich a la insistencia de su progenitor.

—¡Listo! —exclamó Izzy con una sonora palmada que llamó la atención de todos.

—¿Qué es eso? —preguntó Tommy.

—Antiguamente, entrábamos al mundo digital a través de la pantalla del ordenador abriendo una puerta —empezó a decir —. Para salir, sólo teníamos que enfocar nuestros dispositivos a estos televisores.

—¿Nos has traído una tele para ver las noticias? —preguntó Takuya.

—No creo que podáis ver muchas noticias ahí —se acercó Tai —, pero sí contactar con nosotros con facilidad por si necesitáis algo.

—Y también podréis contactar con Kadic —añadió el señor Delmas, dándole una bolsa a su hija —. Al fin y al cabo, tenéis que hacerlo para hablar de trabajos y exámenes…

—¡¿QUÉÉÉÉÉÉ?!

—Oh, vamos, está claro que vais a estudiar —dijo la madre de JP —. ¿Qué seréis en el futuro sin estudios?

—Héroes —susurraron Odd y Takuya.

—Arya va bien en los estudios —dijo la profesora Hertz —, por lo que se quedará con vosotros aquí, en el Digimundo, para ayudaros y, al mismo tiempo, ser el contacto con nosotros.

—¿En serio puedo quedarme? —preguntó sorprendida antes de empezar a saltar feliz.

—Muy bien —declaró con una palmada la profesora —. Os hemos traído los libros y material que necesitaréis para hacerlo todo. Programaremos los horarios para que vengáis a la Tierra a hacer repaso y exámenes.

—¿En serio? —preguntó William.

—Chico, nosotros salvamos el mundo mientras estudiábamos —señaló Henry.

—Y trabajando también —apuntó Takato.

—E incluso practicando deporte —finalizó Tai —. Así que si nosotros pudimos, vosotros también.

—Pero Xana-Lucemon es más peligroso que los enemigos a los que os enfrentasteis… Alphamon nos lo ha dicho, que está haciéndose con digimons muy poderosos…

—Nos enfrentamos a digimons poseídos más de una vez —dijo Matt.

—Y de dos —añadió TK.

—Nosotros también conocemos el tema posesión —siguió Takato —, así que dejad las excusas y a estudiar.

—Pero hoy no, ¿no? —preguntó Odd.

—Os perdonaré dos días —declaró la profesora Hertz —. En dos días, me pondré en contacto con vosotros y ya sea con Arya o con todos en grupo, os diré lo que tenéis que hacer y cómo os podéis organizar para venir a Kadic.

—¿Vais a tardar mucho más en iros? —oyeron de repente.

—¡Timy! —regañó Zoe —. ¿Qué forma de hablar es ésa?

—No es eso, mami —dijo ocultándose detrás de su hermano.

—Se refiere a que está pasando el tiempo y, a menos que se haya avisado que no estarán en la Tierra, se echa en falta a muchos adultos en ese planeta —dijo Ace.

—Podrías haberlo dicho así —negó la rubia antes de voltearse hacia los adultos —. Pero tiene razón. El tiempo vuela y será mejor que regreséis todos antes que llamen a los militares o algo.

—Ace, ve preparando ese vórtice —señaló Jeremy.

—¡Marchando!

Con el digimon esperando en una esquina junto a su hermana, el grupo de adultos empezó a despedirse de los niños diciéndoles mil y una cosas, como si nunca jamás fueran a verles de nuevo aunque todos intentaban calmarles diciendo que harían lo posible por reunirse cuando las cosas estuviesen tranquilas. Sin mirar a nadie ni decir nada, Aelita salió del cuartel lo más silenciosa que pudo. Lunamon no tardó en seguirla, entendiendo rápidamente el motivo tras los movimientos de la pelirrosa, y permaneció junto a ella cuando se detuvo en una roca del patio en la que se sentó.

—Aelita… ¿Necesitas algo? —preguntó, no muy segura de qué decir.

—Muchas cosas, Lunamon, pero por desgracia no podrás dármelas…

—¿Y algo que sí pueda darte? —preguntó tomándola de la mano y apoyando la cabeza en su brazo. La pelirrosa sonrió tristemente.

—¿No os despedís vosotras dos? —se les acercó Alphamon.

—Es que Aelita… —empezó a decir Lunamon, pero Aelita le apretó más fuerte la mano.

—Ya nos acercaremos cuando vayan a entrar al vórtice para volver a la Tierra —respondió.

—¿Qué te ocurre? —preguntó el digimon.

—Nada —dijo, mirando fijamente a las familias allí reunidas —. Yo… no tengo a nadie en esa multitud que se preocupe y llore por mí, porque me voy a quedar en un sitio peligroso arriesgando la vida… Porque no hay nadie que, aun sabiendo que es imposible, esté dispuesto a ocupar mi lugar…

—Eres una Guardiana —negó Alphamon —. Nadie podría sustituirte…

—No es eso —negó intentando no llorar —. Un padre daría su vida por salvar a su hijo, pero yo… Se llevaron a mi madre hace demasiado y no sé nada de ella… Y mi padre se… —cogió aire intentando no llorar, pero las lágrimas ya caían de sus ojos —. Se sacrificó por nosotros en Lyoko, para ayudarnos…

—Entiendo.

—Se me hace difícil permanecer ahí, rodeada de tantas familias que están muertas de preocupación por sus hijos… Sus despedidas hacia mí no serán iguales que si se tratase de mis padres… —explicó secándose las lágrimas —. Mientras a sus hijos les dicen todo eso, a mí sería un "tú igual, Aelita" o "cuídalos, por favor"…

—Seguramente, tus padres serían los más cansinos del grupo —comentó el oscuro posando una mano en su hombro.

—¿Cómo puedes asegurarlo?

—No lo sé —se encogió de hombros —. Hablaba tomando por referencia lo que veo ahí dentro —dijo señalando a la madre de Tommy, negándose a soltar a su "pequeñín".

—Tienes razón —asintió la chica, más calmada —. Gracias por escucharme, Alphamon.

—No hay de qué —dijo —. Por cierto…

—¿Sí? —preguntó levantándose de la roca y disponiéndose a caminar hacia el grupo.

—Hay algo que quisiera hablar contigo… Pero tendrá que ser en otro momento.

—¿Por qué?

—LordKnightmon y Dynasmon no pueden ocuparse solos de la misión que tenemos pendiente —explicó —. El Digimundo es demasiado extenso y nuestros aliados están muy dispersos…

—Ah…

—Por eso, ¿podremos hablar a solas cuando vuelva?

—Por supuesto —asintió.