Vale, antes de empezar, os debo a todos una disculpa por haber estado ausente por dos semanas sin dar señales de vida ni nada. Ante todo, que no cunda el pánico: no ha pasado nada malo. Simplemente, se me han juntado demasiadas cosas en poco tiempo (cumpleaños, familia, faena, carnaval y un resfriado que no es culpa del coronavirus, no hace falta que encendáis velas o recéis por mí). Ahora, con la disculpa hecha...
¡Hola a todos! ¡He vuelto para daros guerra!
Gracias a los que habéis enviado mensaje (sigo sin saber por qué FF no me alerta de algunos por email, lo tengo absolutamente todo activado...) y también a los que os habéis preguntado por qué no había capítulo nuevo en silencio. Como se dice, "lo que no mata, te hace más fuerte" y aquí que vengo yo con más fuerza para soportar todo cuanto se me venga encima.
Como siempre, aclarar que a raf-lily y a mí lo único que nos pertenece es la idea loca y algún que otro personaje, que nos encantan vuestros mensajes de apoyo y que estamos felices de que os guste nuestra ida de olla tamaño XXL.
Un saludo a todos y, esta vez sí, hasta la semana que viene.
Capítulo 79: Tocado y hundido
Absolutamente nadie se quedó dentro del cuartel cuando el sonido del vórtice resonó en el exterior. La preocupación recorrió a todos al verlos aparecer digievolucionados; un rápido vistazo bastó para dejarles ver que estaban perfectamente, al menos físicamente.
—¿Qué ha pasado? —preguntó JP.
—Verás… —antes de que Aldamon pudiese decir nada más, Sissi volvió a su forma normal y corrió hacia el interior de la casa, seguida de Lilamon.
—Lo siento, chicos, pero no me encuentro muy bien —dijo Gigasmon, arrastrando los pies en la misma dirección.
—¿Qué les pasa? —preguntó Jeremy.
—Xana-Lucemon ha ganado esta ronda —dijo Dynasmon.
En silencio, el grupo entró de nuevo al cuartel y tomó asiento para escuchar lo sucedido en la batalla. No tardaron en alzarse las voces preguntando mil cosas que Dynasmon silenció con una mano.
—¿Por qué no nos dijiste que eran familia? —preguntó Takuya.
—Fue una orden de Alphamon —respondió.
—¿Eso os ordenó mi padre? —preguntó Aelita.
—Sí —respondió mirándola —. Según él, lucharíais con la mente despejada si desconocíais ese dato. No actuaríais impulsivamente.
—¿Entonces es cierto? —preguntó Odd —. ¿Esos dos son familia de Sissi y Katsuharu?
—Así es —asintió —. Vulcanusmon es el hermano mayor de Ancient Volcamon y responsable de la posición de la hermana de la Guardiana Rosemon, Lotusmon —asintió —. Debo informar a Alphamon de esto —dijo levantándose y empezando a marchar.
—Sí, por supuesto… —dijo el grupo por inercia. El digimon no pudo evitar un suspiro apenado ni alzar la vista al piso superior cuando salió al exterior.
Más de uno apretaba los puños y maldecía mentalmente la actuación de Xana-Lucemon. Aquello había supuesto un duro golpe para sus compañeros, encerrados en sus respectivos cuartos dándole vueltas a la cabeza. Más de uno se levantó, Odd de los primeros, y subió al piso superior casi con prisas.
—Pobre Sissi… Acababa de recordar que tenía una hermana y Xana-Lucemon decide enviársela poseída —dijo Leire.
—Me preocupa más Katsuharu —dijo Chiaki —. Él no tiene ningún recuerdo de nada de su pasado. Debe de estar muy confundido…
—¿Y qué podemos hacer? —preguntó Jeremy.
—Podemos animarles —dijo Tommy, sentado en las escaleras.
—¿Sabes acaso qué decirles? —preguntó Neila no muy segura —. Cualquier cosa que les digas, no servirá de nada cuando volvamos a encontrarles y ellos vuelvan a provocarles.
—Hay algo que sí se les puede decir —dijo Kouji mirando a su hermano —. La idea de salvarles ha de servirles para volver a centrar la mente en lo que tienen que hacer.
—Yo fui liberado —asintió Koichi —. Ellos también pueden serlo —añadió antes de levantarse y correr a las escaleras, saltándose a Tommy.
Para cuando el guerrero de la oscuridad llegó al segundo piso, el espectáculo que se encontró fue más increíble de lo que esperaba. En la habitación de Sissi, Aelita mantenía la mano apoyada en la de la morena mientras Odd hacía el payaso ante ellas; Lunamon y Labramon se mantenían en otra esquina, hablando con Floramon. En el cuarto de Katsuharu, eran Teppei y Takuya quienes hacían el idiota mientras los Crossedmons reían y Arya intentaba, sin mucho éxito, que todo fluyera con normalidad.
—¿Pero qué hacéis? —preguntó Koichi.
—¿Te unes a animarle? —preguntó Takuya.
—Bueno, he venido a hablar con él, sí —asintió.
—¿Y qué podrías decirme tú que no hayan hecho ellos? —preguntó con un hilo de voz el guerrero de la tierra.
—No sé si quiero saber lo que te han dicho estos dos…
—Creo que he sido la única que ha intentado poner seriedad —suspiró Arya.
—Gracias por la ayuda, chicos, pero no importa qué hagáis. Nada cambiará lo sucedido…
—Y no lo hará —asintió Koichi —. El pasado no puede cambiarse, ni aunque Timy tenga poderes sobre el tiempo —dijo advirtiendo a la digimon de no hablar —. Pero aún podemos hacer algo por el futuro.
—Como preparar más habitaciones para la familia que cada vez es más numerosa —señaló Teppei.
—¡No me hagas construir más! —lloriqueó Takuya.
—Pero si tú eres de los que menos hacen —negó Arya —. Ni caso, Katsuharu, todos juntos lograréis rescatarle. ¿No lo hicisteis en Kadic con el grupo de la anciana Renamon? Y, según tengo entendido, Renamon y Kitsumon la consideran como una madre.
—Aun así, esquivó a Ace y a Timy…
—Porque estaba advertido de nuestra presencia —dijo molesta Timy —. A demás, son mucho más fuertes.
—Aun así, podemos traerles de vuelta —dijo Koichi —. Da igual lo poderosos que sean, si unimos todos nuestras fuerzas y tenemos determinación, lo lograremos.
—Sí… tienes razón… —asintió con un amago de sonrisa.
—¡NI SE TE OCURRA SEGUIR, DELLA ROBBIA!
El grito de Aelita hizo correr a todos al otro dormitorio. También resonaron los pasos por las escaleras. Entre empujones y derrapes, varios lograron asomarse para ver a la pelirrosa sentada sobre el rubio, cruzada de brazos y dando golpecitos con el pie al cuerpo caído.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Jeremy.
—A saber…
—Aelita, por favor…
—¡Que no te voy a permitir ni pensarlo! —interrumpió la pelirrosa —. ¡Ni más faltaría que intentases "ligar" con es hermanita!
—¿Odd se ha golpeado la cabeza o qué? —preguntó Tommy mientras más de uno sentía escalofríos recorriéndolos.
—Me parecía una buena idea… "Si quieres un cuerpazo, cámbiate de bando" —insistió Odd.
—¡Que no! —regañó Aelita. En la cama, Sissi empezó a reír, muy flojito, pero lo suficientemente alto como para pintarle una sonrisa en el rostro a los demás —. A demás, después del éxito que dicen que tienes ahora en Kadic, que prefieren acosar a Takuya y a Koichi, estoy segura que incluso Lotusmon prefiere a otros antes que a ti, por muy reencarnación de Anubismon que seas.
—¿Es que acaso conoces los gustos de la hermana digital de Sissi?
—Oh, bueno, Vulcanusmon y ella se compenetraban muy bien…
—¡Oh, no! ¿No era Vulcano el nombre de un dios? ¡¿Por qué tengo tanta mala suerte?! —lloriqueó, ganando más risas de Sissi.
—Basta, ¡basta los dos, por favor! —pidió sintiendo dolor en el pecho por la risa contenida.
...
Xana-Lucemon estaba más que satisfecho. Había sido un golpe de suerte descubrir el parentesco de algunos de aquellos digimons con los antiguos Guardianes y estaba claro que pretendía usarlos a todos. Con ello, tenía aseguradas las victorias ante la negativa de los niñatos de dañar a digimons tan preciados para ellos.
—Mi plan es perfecto… ¡Perfecto! —exclamó —. Sin lugar a dudas, con las mentes de los niñatos malnacidos confusas gracias a los golpes emocionales, el ataque final será el más doloroso… ¡Por fin controlaré este mundo sin ninguna molestia!
...
Alphamon partió un árbol de un puñetazo tras el informe de Dynasmon. La llegada de LordKnightmon, claramente preocupado, no auguró nada bueno para el líder de aquel grupo.
—Dilo. ¿Con quién no contamos ahora?
—Merukimon, ShineGreymon, Ignitemon y…
—No… No puede ser —negó con los ojos muy abiertos.
—Apollomon. Está guardando una torre próxima a la Rosa de las Estrellas —finalizó cabizbajo —. Lo siento, de haberles encontrado antes…
—No importa… Fui yo quien os dijo que nada de sacrificios… Por nadie… —dijo intentando no alterarse.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Dynasmon —. Deberíamos alertar a los Guardianes sobre sus nuevos enemigos.
—Deberíamos, sí…
—Sobre quiénes son —remarcó Dynasmon.
Alphamon lo miró en silencio, debatiéndose aún cómo debía reaccionar ante la noticia recibida. Dio un paso hacia el cuartel y se volteó para dar una orden cuando el sonido de las hojas agitándose los alertó a tiempo para ver aparecer a un digimon.
—Lo que me faltaba —murmuró el hombre-pájaro, acomodando el peso que cargaba en su espalda —. Espero que no sea peligroso para nosotros estar aquí.
—¿Nosotros? —preguntó Dynasmon. El otro se volteó levemente para mostrarles que cargaba con una digimon.
—Si no venís con intención de atacarnos a nosotros, en un principio no deberíais tener problema —dijo Alphamon.
—¿De qué lado estáis? —preguntó.
—Del de los que luchan por que este mundo vuelva a la paz —respondió LordKnightmon —. ¿Y tú?
—Por un mundo sin esas molestas torres que dan dolor de cabeza.
—Entones no hay peligro —dijo Alphamon —. ¿Está herida?
—La han atacado unos monstruos voladores, pero se recuperará —respondió.
—Deberíais descansar —dijo el rosado.
—¿Existe algún lugar donde poder descansar? —cuestionó.
—El cuartel de los Guardianes —respondió Dynasmon —. Siempre y cuando no te importe compartir el lugar con los niños elegidos y los digimons que corretean allí, Ravemon.
—¿Niños elegidos?
—Los Guardianes han regresado —informó Alphamon, alegrando claramente al digimon.
—¡Genial! ¡Al fin una buena noticia! Verás cuando Kuzuhamon despierte… ¡Se va a alegrar muchísimo! —exclamó —. Bueno… No después de lo ocurrido…
—¿Qué os ha pasado? —preguntó LordKnightmon.
—Mervamon ha sido capturada —respondió —. No lo hemos visto, pero que no me haya seguido sólo puede significar eso…
—Y ya son diez los que tiene Xana-Lucemon —suspiró Alphamon.
—¿Tantos? —exclamó sorprendido Ravemon.
—Y más si no logramos encontrarles —respondió Dynasmon.
—Id al cuartel de los Guardianes y recuperad energías —ordenó Alphamon —. Decidles que me reuniré con ellos en cuanto supervise un par de cosas.
—Entendido… ¿Algo más?
—Dales nombres —dijo sin mirarle —. Diles todos los nombres que sepas de aquellos que pelearon con nosotros en el castillo de Seraphimon. Los ángeles se encargarán de ayudarte sobre quiénes están libres y de quiénes no se sabe nada.
—Así lo haré…
—Tened cuidado —pidió LordKnightmon.
