¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Yo aquí, esperando a ver si la orden de cuarentena llega o no a mi puesto de trabajo (ayudante en la cocina de una residencia de estudiantes, nada prioritario). Y de mientras, me dejo caer por aquí y actualizo un poco para que al menos los que seguís la historia y estáis en vuestras casas tengáis un ratito de entretenimiento.
Hoy paso del disclaimer porque ya debéis de conocerlo de memoria. Así que directos al capítulo. ¡Nada de salir a la calle si han dado orden de confinamiento!
Capítulo 81: Planes de ataque
Conocer el nombre y las características de los que Xana-Lucemon ya había capturado, si bien provocaban enojo en el grupo, les había dado un empujón para seguir avanzando en su misión. Después de reajustar la agenda colectiva, el grupo entero empezó a trazar planes, ayudados por los pocos aliados con los que contaban.
—Vale, sabemos que desactivar la torre junto a la que se encuentran no les afecta para nada. Ni tampoco logramos darles un golpe lo suficientemente fuerte como para dejarlo inconsciente —dijo Jeremy.
—El nivel de estos digimons es superior al de los que os habéis estado encontrando hasta ahora —dijo Dynasmon —. Está claro que el control que ejerce Xana-Lucemon sobre ellos ha de ser mayor y, por lo tanto, más complicado liberarles.
—Nos hemos enfrentado a Beelzemon —recordó Emily.
—Posiblemente, Xana-Lucemon aún no era capaz de controlar perfectamente a los digimons de nivel superior —dijo Hopper —. Recordad, él fue enviado a la Tierra a atacaros, un lugar sin torres.
—Entonces… ¿tendremos que llevar a estos nuevos enemigos a un sitio sin torres para poder liberarles? —preguntó Teppei.
—Dudo que sea tan fácil hacer algo así —dijo Odd.
—También sigue existiendo el problema de los clones —recordó Zoe —. Que no les hayamos vuelto a ver no creo que signifique que Xana-Lucemon haya decidido dejarlos de lado.
—No, no los ha dejado de lado —negó Yla —. Posiblemente, Xana-Lucemon los está utilizando para atrapar a todos esos digimons.
—Seguro que se está aprovechando de que son clones vuestros para enviarles y hacer creer a los digimons que sois vosotros los que actuáis —dijo Kim.
—Razón de más para encontrarles y eliminarles —dijo Takuya —. Si a estos nuevos enemigos tenemos que sumarle Duskmon…
—¿No se supone que ya le derrotasteis una vez? —preguntó Sissi.
—Sí, lo hicimos —asintió Kouji —. Pero este Duskmon es más complicado que el de aquel entonces.
—¿Porque no es Koichi? —preguntó William.
—Dudo que todo se resuma a si era o no yo —negó el aludido.
—XANA es un programa, chicos —intervino Hopper —. Aun así, tiene conciencia y es capaz de tomar lo necesario para protegerse. Si darle poder a Duskmon sirve a sus propósitos, usará todos los datos necesarios para que sea así.
Las voces no tardaron en alzarse; tanto humanos como digimons intentaban dar su opinión sobre lo que ocurría, buscando hacerse oír por encima de los demás. Desde la cocina, Arya escuchó las voces de los demás hasta que el ruido de metal golpeado la hizo salir corriendo para encontrarse a Timy sobre la mesa golpeando una olla con un cazo que, imaginó, la digimon había tomado tras detener el tiempo y esquivarla.
—¡A ver, panda de ruidosos! —chilló la digimon sin dejar de golpear la olla —. ¿Es que no lo veis? ¡Mientras tengan a Duftmon, seguirán teniendo ventaja sobre nosotros!
—¿Eso crees? —preguntó JP, levantándose de su sitio para quitarle el cazo y evitar que continuase el ruido.
—No lo creo, lo sé —respondió dejando caer la olla a la mesa.
—Timy… —advirtió Zoe, las manos en los oídos todavía.
—Ella tiene razón —admitió Ravemon.
—Duftmon es el mejor estratega con el que hemos tenido el honor de pelear —dijo LordKnightmon —. Estoy seguro que, ahora mismo, debe de estar estudiando nuevos planes de ataque con los que intentar poner en jaque a los Crossedmons.
—Y otra vez volvemos al principio —suspiró Gaomon —. A que da igual qué intentemos o cuánto evolucionemos. No podemos hacer nada.
—Digáis lo que digáis, al menos uno de nosotros os acompañará siempre que tengáis que salir —dijo Hopper.
—Para que, si las cosas van mal, os dejemos atrás, ¿no? —preguntó Chiaki rodando los ojos.
—Nos ha quedado claro que intentar eso es inútil —dijo Dynasmon —. Ya no recomendaremos a nuestros aliados que se sacrifiquen por vosotros.
—Está bien, esto es lo que haréis —llamó la atención del grupo Hopper —. Por ahora, vuestros nuevos enemigos aparecen de dos en dos. Timy y Ace, vosotros debéis trabajar siempre en equipo —señaló.
—Entendido —asintió el gato plateado.
—Si uno de los rivales es Duftmon, vosotros os encargaréis de él —dijo —. Aunque os conoce y puede montar planes con los que aparecer ante vosotros, da igual la estrategia que haga. No servirá de nada. Aunque posiblemente por ello, las batallas en las que aparezca podrían ser limitadas.
—No le dejaremos fijarse en los demás —aseguró Timy.
—Quienquiera que os acompañe de nosotros se ocupará del otro digimon —siguió diciendo el hombre.
—Está claro lo que los niños necesitan —suspiró Kuzuhamon —. Si liberáis a alguno de ellos, los ánimos crecerán al igual que el temor de Xana-Lucemon.
—Sería bonito, pero costará…
—Hombre, Ignitemon no es precisamente el más poderoso de ese grupo —señaló la digimon morada —. ¿Vais a negármelo? —preguntó mirando a los digimons de mayor nivel.
—Venga, va, hora del descanso —llamó Arya, cargando una gran bandeja con varios platos.
—¿Qué traes? —preguntó Labramon olfateando el aire —. Huele muy bien…
—Tarta de limón —respondió dejando varias tartas —. He seguido una de las recetas que nos han dejado los adultos —explico.
—Tiene muy buena pinta —señaló William.
—Pues venga, ¡a servir! —exclamaron Odd y Takuya.
—Ya lo hago yo —se adelantó Sissi —. No me fío de vosotros dos ni un pelo en el tema comida.
Entre risas, y con ayuda de Arya y Chiaki, Sissi empezó a repartir el pastel para todos. La inagotable competitividad entre Odd y Takuya hizo que ambos acabasen esperando hasta que todos tuvieron su pedazo de pastel simplemente porque trataban de averiguar quién tenía el pedazo más grande.
—Oh, vamos, comed y dejaos de tonterías —regañó Aelita —. En serio, cuanto más tiempo pasa, más infantiles os volvéis…
—Pero es que el pedazo de Odd es más grande —señaló Takuya, haciendo crecer la sonrisa del rubio —. Si lo miras desde este lado se ve perfectamente que…
—¡TARTAZO! —exclamó Timy, empujando la cara del chico contra el pedazo de pastel. Ace no tardó en caer al suelo por un ataque de risa.
—¡TIMY! —como impulsados por un muelle, Zoe y Kouji se pusieron en pie, sobresaltando a los que tenían alrededor y haciendo reír aún más al gato plateado.
—¿Lo siento? —preguntó antes de empezar a correr mientras Takuya alzaba la cara completamente cubierta de pastel.
—No veo nada —dijo.
Resoplando, Leire tomó una servilleta y se volteó hacia él dispuesta a ayudarle cuando un dolor de cabeza casi la tira de la silla.
...
Un par de platos medio vacíos y los regalos encima de la mesa le indicaron a Magnadramon que la fiesta había empezado, aunque sólo uno de los habitantes del Cuartel estaba en esa sala.
—¿Y el cumpleañero? —preguntó mirando alrededor.
—Recibiendo atención médica —respondió Ancient Greymon intentando no reír.
—¿Qué le ha pasado? ¿Está bien? —preguntó preocupada.
—Sí, sí… Las chicas están en la cocina —señaló.
Un tanto confusa, Magnadramon dejó atrás al dragón de fuego y se encaminó a la cocina siguiendo las voces de sus amigas. Un simple vistazo bastó para entender parte de lo que estaba ocurriendo en aquel lugar.
—¿Quién me hace un resume de lo que me he perdido? —pidió.
—Hermanita, ¿qué día serás puntual? —se burló BlackGatomon.
—Ya te hago el resumen: los Crosseds —dijo Ophanimon.
—Oh… ¿Qué han hecho ya?
—¿Que qué han hecho? —preguntó con claro enojo Sakuyamon dando un puñetazo a la mesa de la cocina. RowPersiamon, Dianamon y Ancient Irismon alzaron los brazos hacia la enorme campana sobre ella —. ¿Qué crees que han hecho? —preguntó. A Magnadramon no le pasó por alto la mueca al darse cuenta de que le estaba gritando injustamente.
—Sakuya estaba en la bañera y ese par le ha metido a Justi —dijo Rosemon.
Magnadramon suspiró agotada. Ante ella, BlackGatomon se volteó para que Sakuyamon no viese su risita divertida; la dragona rosa sabía perfectamente que su hermana más misteriosa siempre animaba a los menores en sus travesuras.
—¡No me valen las excusas de "los niños me han robado" ni "sé amable con él porque es su cumpleaños"! —siguió gritando Sakuyamon.
—Venga, Sakuya, relájate —pidió Ancient Mermaimon —. Ya le has gritado y pegado, él seguro se siente hundido y, conociéndolo, avergonzado y mil cosas más. No le hundas más el día de su cumpleaños…
—Hmp…
—Va, que no me he pasado el día entero en la cocina haciendo este monstruo para que no nos lo podamos comer a gusto —dijo Ancient Irismon, levantando la campana y revelando un gran pastel.
—¡Oh! ¡Menuda trabajera!
—Ni te lo imaginas —declaró Dianamon, dejándose caer en un taburete —. Y todo con los enanos correteando y más de uno intentando meter la zarpa en la masa.
—Creo saber quiénes han podido hacer eso —sonrió la dragona rosa.
—Va, avisemos a los chicos para que bajen y… —empezó a decir Ophanimon, pero un temblor la obligó a apoyarse en la mesa donde estaba la tarta.
—¿Pero qué pasa ahora? —chilló RowPersiamon, situándose al lado de su hermana mayor y alzando los brazos hacia la tarta.
—Ya está, le han abierto la puerta al memo de Volca —dijo con fastidio Sakuyamon, levantándose rápida para mantener, junto a las demás, la tarta.
—¿A Volca? —preguntó preocupada Magnadramon.
—Está haciendo tiempo entrenando —respondió Rosemon.
—Oh, cielos…
Las risas de los Crossedmons les confirmó a las chicas lo que temían, que habían tramado algo más que una broma al pobre Justimon. Lo que ninguna esperó era que Ancient Greymon apareciese corriendo como un loco, sacudiéndose las dos figuritas que le cubrían los ojos con una bufanda que, sin lugar a dudas, debía pertenecer al pobre cumpleañero. Y lo que aún menos esperaron fue que el de fuego dirigiese sus cegados pasos directo a ellas. Los gritos de terror de las chicas no tardaron en resonar, alertando al resto de Guardianes. En cuestión de segundos, la cocina y todo aquel en ella acabó lleno de pastel.
—¿Contra qué… he chocado? —preguntó la bestia de fuego mientras los dos enanos sobre él le soltaban.
—Grey… tú… —empezó a decir Sakuyamon con una voz propia del inframundo.
—¡¿CÓMO DEMONIOS PUEDES DEJARTE MANEJAR POR ESOS DOS CRÍOS?! ¡¿ES QUE NO ERES CAPAZ DE VER QUE TRAMAN ALGO?! —gritó Magnadramon, la cara cubierta de pastel, mientras se acercaba al otro y le golpeaba con una pata.
—Magna, no… —intentó hablar Ancient Greymon.
—¡NO! ¡NADA DE EXCUSAS! —siguió mientras aparecían los demás Guardianes.
—¿Eso es pastel? —señaló Justimon, la cara marcada con una clarísima mano roja. Por detrás, más de uno empezó a retroceder asustado por las auras oscuras de las digimons embadurnadas.
—Pregúntales a estos dos —le respondió Ancient Garurumon, alzando a los mellizos.
—¡Papi, no! —pidió dando pataditas Timy y salpicando tarta.
—Debimos haber escapado de otra forma —sonrió nervioso Ace.
—¡TIMY, ACE, GREY! ¡A LIMPIAR ESTE ESTROPICIO! —gritaron las mujeres del cuartel.
—¡Soy una víctima! —lloriqueó el dragón de fuego
—¡LAS VÍCTIMAS NO SE RELAMEN GUSTOSAS! —volvió a golpearle la dragona rosa.
...
Leire y Tailmon habían sido tumbadas en el sofá. A su lado, Hopper les tomaba el pulso mientras Aelita intentaba explicarle, entre risitas, lo que les ocurría.
—¿Ves, papá? Ya despierta —señaló cuando ambas abrieron los ojos.
—¿Te encuentras bien? —preguntó el hombre.
—Sí…
—¿Qué has visto? —preguntó Neila.
—Eso, que de pedir ayuda, he acabado ayudándote… Lo siento, vas a tener que cambiarte de ropa —señaló Takuya.
—Ah, vaya… No pasa nada —dijo pasando un dedo por la mancha.
—Venga, cuéntanos —se acercó Arya.
—Pues… Una trastada de los Crossedmons.
—¡Sí! —exclamó Timy saltando feliz, ganándose una mirada seria de Zoe —. ¿Qué?
—No es algo por lo que alegrarse —negó Kouji volviendo a sentarla en su silla.
—Pero es que me hace feliz que nos recordéis —dijo intentando parecer tierna.
—¿Seguro que es sólo que te recuerden? —cuestionó el chico.
—Algo me dice que la víctima soy yo —suspiró Ulrich —. En serio, chicos, ¿qué os he hecho yo para que me hayáis tratado así?
—Si tú supieses… —sonrió Ace. Zoe no dudó en darle un pellizquito de advertencia.
—Pues sí, la víctima era Justimon —dijo Tailmon —. Era su cumpleaños y…
—No sólo me gastan bromas, sino que me arruinan los cumpleaños… —suspiró —. Perdón. Seguid…
—¿Acabaste en el baño cuando Sakuya se bañaba? —dijo Leire encogiéndose en el sofá.
—¡Lo que me faltaba! —exclamaron tanto Ulrich como Yumi. La morena enseguida le miró sorprendida.
—Ay, ay —susurró Odd.
—¿De qué te quejas tú? —cuestionó la chica —. ¡Parece que siempre acababa escaldada yo!
—La verdad, esa vez el que salió peor fue él —dijo Tailmon llamando la atención de la Geisha —. Tenía una mano roja en la mejilla, como grabada a fuego.
—Y la cosa no acaba ahí —siguió Leire.
—¡Recuerdo ese día! —saltó Timy. Kouji volvió a hacerla sentar.
—Ahora me acuerdo yo también —sonrió Ace.
—¡Sea lo que sea, fue en el pasado, Yumi! —dijo rápidamente Ulrich —. Yo, Ulrich Stern, no he hecho jamás lo que sea que siga contando Leire.
—No, no fuiste tú —dijo Tailmon. El chico no pudo evitar suspirar aliviado.
—Si no fue él, ¿quién? —preguntó Yumi.
Ante la pregunta, Leire se levantó y caminó hasta Takuya, al que no dudó en darle un puñetazo en la cabeza.
—¡Au! ¿A qué viene eso? ¡Que he evitado que te golpeases cayendo al suelo!
—¡Deja de caer en las travesuras de esos diablos! —exclamó.
—¡Soy inocente como Ulrich! ¡El pasado no lo provocaron mis manos!
—Oh, vaya —habló Gatomon —. Ya lo he recordado yo también…
—¿Qué? ¿Qué? —preguntó Tommy.
—Estos dos renacuajos estrellaron a Ancient Greymon contra la tarta que tardaron horas y horas en montar las chicas para el cumpleaños de Justimon —respondió.
—Y encima me quedé sin tarta —dijo hundido Ulrich.
—¿Alguna vez fui un zorro afortunado? —preguntó Kitsumon.
—Por ahora, parece ser que no —le respondió Renamon.
Un golpe en la puerta sobresaltó al grupo. LordKnightmon esperó hasta que Dorumon y Hopper se fusionaron para abrir la puerta, el escudo bien sujeto en la mano por si debía atacar. Para su sorpresa, quien había allí, arrodillada en el suelo y claramente agotada, era Swanmon.
—Chicos… necesitan ayuda… —logró decir.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Aelita muy preocupada mientras LordKnightmon cargaba con ella al interior del cuartel.
—La central… eléctrica… La está… atacando —dijo intentando recuperar el aire.
—¿Quiénes?
—Muchos… —respondió.
—Swanmon, ¿son digimons o monstruos? —preguntó Alphamon amablemente.
—Digimons… —respondió —. Los comandaba Duftmon… —un golpe seco hizo que todos volteasen para ver a Timy con ambos puños sobre la mesa y todo el cuerpo en tensión.
—Abriré un vórtice para que lleguemos antes —dijo Ace tirando de su hermana hacia el exterior.
—Será lo mejor —dijo Ravemon —. No sé qué trama Xana-Lucemon, pero la central eléctrica es una gran fuente de datos.
—¿Pues a qué esperamos? —preguntó Takuya —. Swanmon, quédate aquí y descansa.
—Gracias, chicos…
—Kim, Yla, proteged el cuartel hasta que volvamos.
—Me fastidia no acompañaros, pero está claro que no somos rivales contra digimons que se pueden considerar dioses —dijo Kim cruzándose de brazos.
—Os estaremos esperando aquí —aseguró Yla.
