¡Hola a todos! ¿Qué tal la cuarentena? Yo he intentado organizarme para así no tener horas muertas pero creo que con un plan prediseñado me voy a volver loca. Al menos, me obligo a hacer una pequeña parte de todo lo que hay por hacer.
Como ya va siendo costumbre, agradecer a todos los que nos seguís. Ahora más que nunca esperamos estar siendo un ratito entretenido en el confinamiento y que os anime un poco (aunque sea por un rato).
Paso de repetir el disclaimer, que seguro lo tenéis todos más que sabido, lo que no nos pertenece no lo podemos retocar a nuestro placer, lo que sí nos pertenece es mínimo y si se parece a la obra de otro, ahora que estamos encerrados hay más oportunidades para coincidir y charlar (¡que se hace aburrido el encierro!).
Capítulo 83: Vuelta a empezar
—¿Cómo es que no hemos logrado nada? —preguntó JP.
—Es más, Ignitemon ha logrado tumbar a D'Arcmon y a Witchmon —señaló Leire.
—Aunque han evolucionado después —recordó Neila.
—¡Cierto! —exclamó Emily —. Aunque… ¿No se supone que la cinta que lleva Angewomon es rosada?
—Sí, y los ojos de LadyDevimon son rojos —apuntó Mikemon.
—Tailmon y yo somos muy similares —dijo Gatomon —. Pero al mismo tiempo, también somos diferentes.
—¿Y lo de BlackGatomon? —cuestionó la gata atigrada.
—Solían ser rojos —dijo pensativa —. Pero cambiaron un día así, de repente…
—No le convenía mostrar que era una diabla con corazón de ángel —apareció Impmon —. He oído que habéis tenido problemas contra el enemigo.
—¿Por qué has venido, Impmon? —preguntó Alphamon.
—No tengo ganas de buscar aliados, como los demás —dijo sentándose junto a la gata negra —. Creo que nadie se fiaría mucho de mí… Tú ya me entiendes.
—Eh… Sí… creo —comentó BlackGatomon.
—Por eso, mejor me quedo aquí y les echo un cable a los niños. Al fin y al cabo, ninguno está al nivel de aquellos.
—Mal que nos cueste admitirlo, tiene razón —suspiró Patamon —. Nos vendrá bien su ayuda.
—¿Seguro? —preguntó Takuya —. No es que desconfíe o menosprecie tu poder, Impmon, pero… Por lo que insinuó Kuzuhamon, Ignitemon es el más débil del grupo y ha podido tumbar a dos digimons como si nada —dijo señalando a las gatas.
—¿Puedo decir que Mervamon le ha ayudado a distancia un par de veces? —preguntó Odd.
—Pero no fue ella quien nos derribó —negó Tailmon.
—También ShineGreymon os atacó a vosotros cuando casi atrapáis a Apollomon en aquella prisión de hielo —señaló Gaomon.
—Por favor, no empecéis a discutir —pidió Arya —. Cenad y vamos a descansar —dijo arrastrando un carro lleno de platos con comida —. En Kadic esperan que enviemos unos deberes mañana por la tarde a última hora lo más tardar.
—Y ahí está el otro gran problema al que nos enfrentamos —se derrumbó Odd. No tardó en recibir una colleja por parte de Sissi.
...
Myotismon seguía sin tener del todo claro cómo era posible que su papel en la Rosa de las Estrellas fuese cada vez más mediocre. Él, un digimon del mal, estaba siendo enviado como mensajero de un lado a otro o comprobando cosas estúpidas como el interrogatorio inútil de Zamielmon a Phantomon.
—Está claro que esto es obra de los mocosos… Están afectando a mi amo y le nublan la razón… Este trabajo deberíamos hacerlo los digimons de oscuridad, no una panda de digimons que pueden ser fácilmente liberados de su control…
Maldiciendo y golpeando todo cuanto encontraba en su camino, siguió avanzando hasta la sala del trono, donde Xana-Lucemon esperaba claramente aburrido.
—Mi señor…
—Hola, Myotismon. ¿Alguna novedad? —preguntó desganado.
—No, mi señor —respondió el vampiro, cabizbajo y con los puños apretados.
—Era de esperar…
El silencio volvió a hacerse en la sala, aunque el ruido en la mente del digimon vampiro no cesó en absoluto.
—Esos niñatos idiotas están teniendo demasiada ayuda —dijo de pronto Xana-Lucemon —. Esas dos molestias del espacio y el tiempo… Alphamon y sus estúpidos Caballeros Reales… Los tres dichosos ángeles…
—¿Cómo les enfrentará?
—¿Cómo crees que lo voy a hacer? Les mandaré a mis más poderosos guerreros, Myotismon —dijo mirándolo amenazadoramente —. Está claro que, aun con la ayuda, mis soldados les están dando más problemas de los que esperaban…
Nuevamente, Xana-Lucemon se quedó en silencio, dejando al vampiro con sus protestas mentales. Realmente estaba siendo frustante que aquel ángel caído no contase con sus servicios más allá de tratarlo como a un Bakemon.
—Deberíamos atacarles donde más les pueda doler… —comentó de pronto el ángel levantándose y caminando hacia una ventana —. Quizás…
—¿Qué, mi señor?
—Reúne a los clones. Voy a encargarles una misión muy especial.
...
Aelita abrió los ojos pesadamente. La luz entraba débil por los agujeros de la persiana de su habitación, pero era más que evidente por la dirección que tomaba que había estado durmiendo más de la cuenta. Una risita diferente a la de Lunamon la sobresaltó e hizo levantar más rápida de lo que debía.
—Ya era hora que despertaras —saludó Yumi.
—¿Qué…? —empezó a preguntar, algo mareada por el movimiento brusco.
—¿No te encuentras bien? —preguntó la chica —. Llevas toda la mañana durmiendo… Tanto tú como Lunamon —dijo volteándose hacia la digimon, al otro lado de la gran cama.
—¿Toda la… mañana? —preguntó levantándose poco a poco.
—¿Seguro que estáis bien?
—Sí, sí… —asintió la pelirrosa —. Será cosa de tanta pelea y tantos dolores de cabeza por la preocupación y las discusiones…
—Está bien —dijo la morena levantándose y caminando hacia la puerta —. Aunque creo que, si vas a estar así, mejor quédate aquí.
—¿Por qué? —preguntó empezando a salir de la cama.
—Siguen discutiendo más de lo mismo de ayer —declaró encogiéndose de hombros.
Con un simple gesto, Yumi salió de la habitación, dejando atrás a Aelita, ya ocupada quitándose el pijama, y a Lunamon, ocupada haciendo la cama muy lentamente a un ritmo calmado.
—Es la primera vez que duermo tanto —reconoció la pelirrosa.
—De vez en cuando, no va mal dormir más de la cuenta —comentó Lunamon.
—Aun así, seguro que los demás han estado ocupados y…
—Aelita, si hubiesen necesitado ayuda, nos habrían despertado.
—¿Tú crees?
—¿Acaso no confías en ellos? —preguntó sorprendida la conejita —. Estoy segura que lo habrían hecho. Y si no lo hacen es porque habrán creído conveniente que debes descansar.
—Sé de alguien que seguro ha descansado poquísimo por trabajar en su ordenador —comentó con una risilla Aelita mientras se pasaba las manos por el pelo para desenredarlo —. ¿Bajamos?
No fue una sorpresa para las dos que algunos del grupo, con Alphamon a la cabeza de la mesa, estuviesen hablando sobre el enemigo.
—Buenas —saludó acercándose al digimon de mayor nivel y abrazándolo.
—¿Te encuentras bien, Aelita? —preguntó Alphamon.
—Sí, papá… Sólo necesitaba recuperar fuerzas —respondió separándose y tomando asiento junto a él —. ¿Y por aquí? ¿Va todo bien?
—Sí, tranquila. Estábamos haciendo planes para futuros encuentros con Minervamon y los demás.
—Y a la vez, nos organizamos para hacer los deberes impuestos por los profes —dijo sin ganas Takuya —. En menudo momento nos mandan estudiar…
—Os advertí que acabaría pasando esto —suspiró Arya, dejando dos platos ante Aelita y Lunamon —. Tomad, aún queda rato para la comida. Desayunad un poco.
—Muchas gracias, Arya —sonrió la digimon.
