¡Hola, hola! ¡Otro finde que me dejo caer por aquí para subir capítulo!

Ando algo liadilla, así que hoy sólo estoy de paso. Pero para la semana que viene intentaré estar unos minutillos más.


Capítulo 94: Visión del pasado

Nos han encontrado dijo Minervamon, lista para el ataque.

¿Cómo? ¡Dijiste que aquí no darían con nosotros! exclamó Mervamon.

Sí, lo dije y pensaba que realmente estaríamos a salvo. Pero ya veis, me he equivocado dijo —. Alex, Coro, será mejor que os larguéis.

¡No! Nosotros también pelearemos dijo el chico.

Escúchame, niño, le di mi palabra a Alphamon que te mantendría a salvo y voy a seguir cumpliéndola.

Lo hemos visto antes y sabes que te atrapará. En manos de XANA, no puedes cumplir tu palabra señaló el chico.

Estoy listo para pelear, Alex se adelantó Coronamon.

No seáis idiotas y marchad. Es una orden dijo la digimon, quitándose una pulsera y lanzándosela —. Dile que ha sido un placer conocer más de vuestro mundo sin más, Minervamon se lanzó al ataque.

Aunque la digimon era ágil y rápida, la cantidad de monstruos no disminuía, sino que aumentaba aún más. Chasqueando la lengua, Mervamon dio media vuelta y alzó al niño humano.

Vámonos de aquí.

¡Si la ayudásemos, ella también podría escapar!

Si la ayudásemos, estaríamos todos perdidos, Alex. He dicho que nos vamos y eso haremos.

¿Y a dónde vamos a ir? preguntó molesto.

Al castillo de Serpahimon. Es el único lugar seguro que se me ocurre.

Antes de que la digimon pudiese orientarse, un grito a su espalda la obligó a detenerse y voltear para ver al grupo de monstruos persiguiéndolos. De Minervamon no había rastro alguno.

Mierda… Echad a correr como locos los tres ordenó lanzando al chico lejos de ella —. Y ni se os ocurra quedaros quietos.

¡Nosotros también…!

Vosotros os largáis interrumpió a Coronamon . Os daré tiempo para escapar.

Pero…

No soy tan fácil de pillar, Igni dijo con una sonrisa de superioridad —. Sé bueno y llévate a Alex y a Coro al castillo de Seraphimon. Os veré allí.

¡Está bien!

Tomando de la mano a los otros dos, Ignitemon echó a correr lejos de su hermana y de los enemigos que pretendían capturarlos. En cuanto los árboles aparecieron ante ellos, ofreciéndoles algo de protección, el digimon se obligó a acelerar más. Los gritos a espaldas de ellos llegaron altos incluso cuando los árboles hacía rato que les cubría.

No lo lograremos…

Sí lo haremos, Alex. Merva confía en nosotros.

No… nos atraparán y… Les castigarán dijo bajando la mirada a la pulsera que aún mantenía apretada con fuerza.

Nada les pasará habló Coronamon —. Nadie se dará cuenta, por lo que no tendrán excusa para hacerles nada.

Hemos de ocultar esto dijo librándose del agarre de Ignitemon.

En el castillo del señor Seraphimon estaremos a salvo y podremos ocultarla. Allí nadie la encontrará jamás aseguró Ignitemon, intentando atrapar de nuevo la mano del humano.

No llegaremos al castillo negó esquivándolo y echando a correr lejos de ellos.

¡Alex, espera!

Ignorando los gritos de los dos digimons, Alex se alejó más y más de ellos, buscando atentamente a su alrededor un lugar seguro donde ocultar aquella pulsera. Tras él, las voces de Ignitemon y Coronamon sonaban alejadas y preocupadas.

...

Aelita cogió aire de golpe, los ojos abiertos como platos y un sudor frío recorriéndole la espalda. Sentía una voz a su lado intentando calmarla e indicándole cómo respirar.

—Oh, menos mal, estás bien —suspiró Lunamon.

—Ya está, Aelita… Ya está…

—Pa… ¿Papá? ¿Cuándo…?

—Ravemon y yo hemos llegado hace nada —dijo volteándose hacia los demás —. Un poco de agua.

—Toma —Kuzuhamon se arrodilló junto a la chica con un cuenco —. Poco a poco —dijo mientras la ayudaba a beber.

—Gra… cias…

—¿Has tenido un recuerdo? —preguntó Hopper.

—No creo que haya sido eso —respondió Kouji ante la incapacidad de la pelirrosa de hablar todavía.

—¿Tú crees? —preguntó Ravemon.

—De haberlo sido, Lunamon también habría sido afectada por el desmayo —explicó haciendo una seña hacia la digimon —. Al fin y al cabo, ambas son una. Es lógico.

—Cierto, tiene sentido —asintió Dynasmon.

—Pero sí… he visto… algo… —intentó hablar la chica —. A Minervamon… a Mervamon…

—Tanquila, Aelita, tranquila. No hace falta que te fuerces —la detuvo Hopper.

—Quizás será mejor que la llevemos al cuartel —propuso LordKnightmon —. Se la ve algo débil.

—Tienes razón —asintió Hopper —. Vamos, Dorumon.

Acomodada sobre el lomo de KendoGarurumon, con Lunamon y Kuzuhamon tras ella, Aelita empezó a calmarse. Las imágenes seguían pasando por su mente, demasiado claras como para ignorarlas. Para cuando quiso darse cuenta, el grupo había llegado al cuartel. Más de uno había salido a recibirles, con caras de preocupación por la velocidad a la que se habían acercado.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Koichi, parado ante KendoGarurumon y mirando seriamente cómo Kuzuhamon y Lunamon ayudaban a Aelita a descender de él.

—Nada peligroso —dijo la bestia de la luz antes de ser envuelta por digicódigo.

—¿Seguro?

—Aelita se ha quedado de pronto en blanco, como hipnotizada —dijo Lunamon —. No respondía a nuestras llamadas y murmuraba cosas raras.

—¿Qué te ha pasado, Aelita? —se le acercó Jeremy.

—He visto algo… Al niño elegido del que nos habló mi padre. Alex… —dijo mirando al digimon oscuro —. No sé qué ha sido, pero… Parecía de cuando les capturaron o algo así…

—¿Es algo que podías hacer? Ver cosas de otro tiempo —preguntó seriamente Gatomon.

—No, el de las visiones era Odd —señaló Jeremy —. Y sólo había visto el futuro, nunca el pasado.

—¿Se te ha ocurrido algo, Gatomon? —preguntó Ravemon.

Sin mediar palabra, Gatomon dio media vuelta y regresó al interior del cuartel, seguida de cerca por Patamon y Lopmon. Los demás no tardaron en entrar, preocupados por la seriedad de la gata blanca.