¡Feliz y caluroso finde a todos! ¿Qué tal lo lleváis? Yo tan asfixiada por el calor que casi olvido actualizar, pero por aquí me paso y aquí dejo un capitulillo.
Como siempre que tengo tiempo, DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier son dos series que ni nos pertenecen a raf-lily o a mí, ni trabajamos en/para ellas, ni na de na. Los personajes originales son poquitos, pero si se parece a algún conocido vuestro, un mensajito y nos echamos unas risas.
Y os dejo con el capítulo antes que me alargue más de la cuenta.
Capítulo 96: Exámenes
Un mensaje desde París alertó a Arya lo que tardó en llegar a la segunda línea del email. Con una risa nerviosa, la chica se levantó del ordenador y caminó hasta donde se encontraban sus primas.
—¿Qué te pasa?
—Mensaje de Kadic.
—¿Va todo bien? —preguntaron ambas, levantándose de golpe y tropezando al intentar acercarse a la otra chica.
—Que nos estamos saltando los exámenes —respondió.
El grito de ambas alertó a todo el cuartel, que apareció gritando a su vez pidiendo respuestas mientras Arya reía por las caras que iban surgiendo al descubrir lo que ocurría.
—¿Acaso no entienden que todo eso no nos servirá de nada aquí? ¡Nunca ha habido una revolución francesa en el Digimundo! —exclamó Odd.
—Lo que me fastidia es que no se den cuenta que esto es muy serio —dijo Takuya, pasando las páginas del libro con aburrimiento —. No estamos como para largarnos de aquí a hacer exámenes…
—Ya vale los dos —regañó Aelita —. La condición que nos pusieron para dejarnos estar aquí a todos, juntos, saltándonos las clases, era acudir a los exámenes y hacer los trabajos que ordenasen. Y llevamos unos días olvidándonos de todo.
—Pero Aelita, ¡es que no tenemos tiempo para ello!
—Podemos sacarlo ahora, Odd —dijo William colgando un tablón en una pared.
—¿Qué es eso? —preguntó Zoe, acercándose rápidamente con dos libros y una libreta en los brazos —. ¿Un horario?
—Nos han dicho los días y hora de cada asignatura. Incluso la de gimnasia —explicó.
—¡Venga ya! —chillaron Odd y Takuya.
—¿Qué os pasa ahora?
—¿Examen de gimnasia? ¿En serio? —preguntó Odd
—¿Dónde está ahora mi libro de gimnasia? —preguntó Takuya.
—¿Lo está diciendo en serio? —preguntó Timy, mirando a su hermano con cara de incredulidad —. ¿Existe el libro de gimnasia?
—¿Pero la gimnasia se estudia? ¿No es hacer ejercicio? —preguntó Ace.
—Dejadle —les empujó Kouji —. Mientras intenta dar con el libro de gimnasia, no nos molesta a los demás. Va, id a jugar por ahí con Ignitemon.
—¡Vale!
...
Más de una y más de dos veces, el trío de ángeles escuchó las palabras "gracias, Xana-Lucemon, por no atacar hoy tampoco" a lo largo de la semana de exámenes de los chicos. Tan pronto llegaban por el portal de Ace, soltaban los apuntes que habían estado leyendo y tomaban otro libro mientras aceptaban, casi sin mirar, el tentempié que algún digimon le acercaba.
—Si siguen así, cuando Xana-Lucemon ataque, estarán desquiciados —negó Gatomon.
Por desgracia, las palabras de la gata blanca parecieron hacerse realidad antes de tiempo, cuando el vórtice se abrió una tarde y, con el último grupo que había viajado a Kadic, apareció Jim empujando un carro con material para hacer pruebas de gimnasia.
—Creí que lo del examen de gimnasia era broma —dijo Lopmon.
—Sospecho que a Yolei le gustará saber que su hija no se salta nada —medio rió Patamon.
Jim no les puso las cosas fáciles a los chicos. Por el hecho de ser "guerreros", el profesor de gimnasia decidió someter a los niños a toda una serie de pruebas físicas que entraban en todos los campos habidos y por haber. Desde pruebas de fuerza y resistencia hasta ejercicios de flexibilidad y otras cosas que más de uno no acabó de entender para qué les iba a servir a ninguno de ellos. Incluso les hizo combatir por parejas, haciéndoles digievolucionar, y negándose a dar por finalizado un combate por debajo de un tiempo mínimo que se negó a compartir con los chicos.
Odd protestaba, más que peleaba, por haber acabado en equipo con Cerberusmon en una pelea contra Reichmon y Mermaimon. En cierto modo, agradecía que el digimon oscuro hubiese decidido, sin mediar palabra con su compañera híbrida ni con "el otro equipo", lanzarse contra el cánido. Pero maldecía al mismo tiempo haber acabado como contrincante de la sirena bipolar. El ancla y la cola de Mermaimon habían resultado ser más peligrosos que el poder de la oscuridad.
—Menuda forma de defender la espalda de Reichmon que tiene Mer, ¿eh? —preguntó entre risas Yumi.
—Cualquiera diría que es una batalla real —rió JetSilphymon.
—¿En serio vais a seguir con eso? —preguntó Beowolfmon.
—Oh, venga, admite que tu hermano tendrá que recompensar a Chiaki por ser tan buena pareja —señaló Yumi —. Mira que ha habido combates, pero como este… ninguno.
—¡Cambio de oponente! —chilló de pronto Odd, disparándole a Reichmon, pero el ancla de la sirena cortó el disparo a medio camino.
—¡Oh, vamos, no seas quejica! —le gritó la digimon —. ¡A mí tampoco es que me haga mucha gracia pelear contigo!
—¡Pues cámbiate con Reichmon!
—¡Tampoco quiero pelear contra Cerberusmon! —exclamó la sirena.
El combate continuó por varios minutos más hasta que un golpe seco acalló todos los rumores del lugar. Odd observaba, pálido, cómo Mermaimon caía al suelo de espaldas. Casi al instante, Reichmon y Cerberusmon detuvieron su combate y se acercaron a la sirena.
...
Mermaimon leía tranquilamente cuando Beowolfmon entró más rápido que nunca buscando a su hermano. Junto a ella, JetSilphymon no tardó en ponerse en pie y correr junto a él para saber qué pasaba. El corazón de la sirena se aceleró cuando el lobo blanco les dijo que dos pequeños digimons habían desaparecido cerca del continente oscuro. Reichmon había echado a correr en busca de sus armas con el rostro serio.
—Alguien debería acompañarle —dijo Beowolfmon, mirando al sofá donde, a demás de la sirena, estaban Lilamon y Taomon.
—¡Ni hablar! ¡Yo no acompaño al señor de las sombras! —señaló la flor.
—¿No puedes dejar eso a un lado? ¡Ni voy a asustarte ni en ese momento quise asustarte! —protestó el guerrero de la oscuridad.
—Iré a hablar con los padres de los niños —dijo Taomon, desapareciendo del lugar.
—Ésa no es la ayuda de la que hablaba… —dijo el lobo blanco.
—¿Por qué no vienes tú conmigo? —le preguntó Reichmon.
—Jet y yo tenemos juicio en…
—¡Cinco minutos! —exclamó la del viento, moviéndose rápidamente para recoger su gran molinillo —. Mer, sólo quedas tú.
—¿Yo?
—El continente oscuro está rodeado de agua. Estará bien que vayas tú, por si los pequeños se han caído o algo —dijo Beowolfmon —. Tened cuidado los dos.
Sin más, Mermaimon se encontró como única compañera posible para Reichmon. Sin perder el tiempo, tomó su ancla y siguió al otro hasta el continente oscuro. La vida de dos pequeños corría peligro y no quería tener que ser portadora de malas noticias, ni para los padres ni para el resto de miembros del cuartel.
Una vez en el límite, saltó al agua y nadó veloz, no encontrando a nadie atrapado, herido o inconsciente en las aguas cristalinas. Tras una segunda vuelta, salió del agua a la entrada del continente. Como era de esperar, Reichmon debía estar dentro, buscando a los pequeños en aquel oscuro bosque que le causaba respeto. Algo preocupada, entró y miró alrededor.
—¡Reichmon! —llamó.
Varias voces empezaron a repetir su llamada, haciendo sonreír levemente a la digimon. Sabía, por el guerrero de la oscuridad, la clase de digimons que habían allí, por lo que no se asustó al escuchar pero no ver al grupo de Pipismons que, sin dudas, informarían a Reichmon de la entrada de la sirena al continente.
—¿Ha habido éxito? —preguntó cuando apareció, tras unas risitas de los pequeños digimons.
—Nada —negó —. ¿Y tú?
—Tampoco he encontrado nada todavía —negó mirando alrededor. Algunos Pipismons empezaron a repetir palabras ante las que el oscuro negó —. Aunque no lo parezca, el continente es grande.
—Sí… Lo es… M-mucho, la verdad…
—¿Tienes frío?
—¡No, no! Estoy bien… Pero este lugar…
—Ah, bueno, su atmósfera, ¿verdad? No pasará nada —aseguró.
Asintiendo, la sirena se acercó a él y avanzó a escasos centímetros. El silencio que habían dejado los Pipismons, claramente enviados por Reichmon para ayudarles a buscar a los pequeños, hizo que se oyesen más altos algunos ruidos que provocaron escalofríos en la sirena.
—¿Seguro que estás bien?
—He… oído algo.
—Será el viento —dijo el otro mirando alrededor —. Los Pipismons no me han dicho nada sobre enemigos.
—Pero… —otro ruido, esta vez más fuerte, hizo que la sirena cogiese el brazo de Reichmon —. ¡L-lo siento!
—Tranquila, no pasa nada —intentó calmarla —. Seguro es algún digimon tímido.
—¿Seguro que no hay digimons salvajes carnívoros?
—Oh, venga… ¿Ha sido Lilamon la que te ha metido esa idea en la cabeza? —rió justo cuando ramas partiéndose entre los arbustos y gruñidos varios asustaron tanto a la sirena que salió corriendo —. ¡Espera!
Mermaimon corrió sin mirar por dónde iba, ignorando las llamadas de Reichmon y sus intentos de advertirla de los "peligros" que se podía encontrar, tales como rocas y árboles contra los que chocó. Como era de esperar, acabó en el suelo, encogida y murmurando rezos que había oído de Taomon.
—Mer, abre los ojos —pidió Reichmon.
—¡No! Si lo hago, ese monstruo… Me comerá…
—Mer, estamos fuera del continente —suspiró Reichmon.
Extrañada, la sirena abrió los ojos y miró alrededor antes de darse cuenta que el digimon oscuro había cargado con ella en brazos y que ella misma estaba aferrándose con fuerza a su armadura.
—¿Quién quería comer sardina hoy?
—¡AAAAAH!
—Calma, ¡calma! Es el estúpido de mi hermano —dijo Reichmon, obligando de nuevo a la sirena a mirar alrededor —. Y tú, no aparezcas de repente.
—Pensaba que nos habríais oído… Aunque parecéis muy ocupados —rió JetSilphymon.
—¿Tan rápido os ha soltado Seraphimon?
—Tanta tontería y ha sido el juicio más corto de la historia —declaró la del viento alzando los brazos —. Así que hemos decidido venir para ayudar.
—Y justo Taomon nos ha avisado que han encontrado a los pequeños. Estaban haciendo una especie de prueba de valor —dijo Beowolfmon —. Así que mejor regresad a casa y tomaos el resto del día libre.
—O seguid con lo vuestro —sonrió JetSilphymon antes de tirar del brazo de su compañero.
—Pues nada, se acabó la búsqueda —suspiró aliviado Reichmon —. Mer, no es que me importe, pero no puedo cargarte en brazos todo el camino…
Como si la hubiesen pinchado, Mermaimon volvió la vista al cuerpo al que se aferraba, completamente roja. Con un nuevo chillido, esta vez de vergüenza, se soltó e intentó escapar hacia el agua, pero la preocupación de Reichmon no le permitió alejarse más.
...
Mermaimon abrió los ojos lentamente. Se encontraba apoyada al tronco de un árbol, cubierta por su sombra. Ante sus movimientos, varios fueron los que se voltearon hacia ella, ignorando el combate que Jim supervisaba en esos momentos.
—¿Estás bien? —preguntó Odd, arrodillado junto a ella y con el rostro aún desencajado.
—Sí, sí…
—Nos has dado un buen susto —suspiró Reichmon —. Por un instante, creímos que estabas realmente herida.
—No me ha dolido ningún golpe —dijo en un hilo de voz.
—¿Era un recuerdo? —preguntó Sissi, completamente sucia por su combate en contraste con la toalla blanca con la que había estado refrescando a la sirena.
—Sí… ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
—Media hora o así —respondió el de la oscuridad. Una mueca del chico hizo que volviese la vista para ver a JetSilphymon y a Beowolfmon enfrentándose a los mellizos.
—¿Por qué pelean contra Timy y Ace?
—Ah, eso… —empezó Sissi —. Jim se ha dado cuenta que Arya no puede participar, porque ella no es guerrera. Así que faltaba alguien para los combates y ha decidido poner a jugar a los peques.
—Pero más que pelear, lo que hace Timy es quejarse —dijo Cerberusmon, señalando a la dorada y las quejas que chillaba.
—Bueno, dinos, ¿qué has recordado? —preguntó Sissi, acercándose y haciendo gestos para que los más cercanos prestasen también atención.
—Pues… Una búsqueda en el continente oscuro de dos digimons pequeños con Reichmon… Pero al final, Beowolfmon y JetSilphymon nos avisaban que habían aparecido.
—¡Ah! —exclamó Gatomon, aguantando la risa —. Sí, sí, un día trágico.
—¿Por qué parece ser que pasó algo? —preguntó Odd —. Gatomon…
—Es que Mer acabó muy asustada ese día… Me lo contó Jet —asintió algo nerviosa.
Mermaimon pasó la mirada de la gata, que jugueteaba con su cola, a la digimon que aún peleaba bajo la vigilancia de Jim. Casi al instante, una idea cruzó su mente, haciéndola levantarse sujetándose con fuerza a su ancla.
—Gatomon… Todo fue planeado, ¿verdad?
—¿Qué? ¡No, no, no! —dijo rápidamente.
Antes de que alguien pudiese decir nada, la sirena cargó al combate, sorprendiendo a la híbrida del viento y alertando al de la luz. Los gritos de Mermaimon pronto se elevaron, lanzando acusaciones contra sus dos compañeros híbridos, que dejaron de lado a los mellizos para huir de la rabia de la sirena.
—Suerte que parece no recordar que Cerberusmon y Ancient Greymon también estaban metidos en la "prueba"… —suspiró la gata, preocupando a Odd y a su digimon.
—¿Yo?
—A ti te ataron una cámara a la cabeza del medio e hicieron esperar en el continente oscuro para grabar las reacciones de Mer a los ruidos que hacíais Grey y tú —explicó.
—¡Que nadie le diga nada! —chilló Odd mientras veía a Beowolfmon retener el ancla con la ayuda de su espada.
