¡Aloha a todos! Al límite, pero llego para acabar el finde.
Os dejo directamente con el capi y espero que todos tengáis en mente todo lo que suelo decir repetitivamente capítulo tras capítulo. Hoy os libráis de ello, pero la semana que viene, no.
¡A pasarlo en grande!
Capítulo 98: Resultados
Ancient Beatmon repasaba una y otra vez los documentos ante él. Como guerrero del trueno, se había decidido por unanimidad que él se ocupase de la región donde se situaba la central eléctrica. Por ello, tras el fallo en el sistema que había llevado a un apagón general en el Digimundo por unas horas, se había presentado automáticamente en el lugar, sin tener que desviarse de su actividad diaria, para ayudar en todo. El resultado de su trabajo le había llevado a cargar con el papeleo a casa.
Por alguna extraña razón que la gran cantidad de papeles le había hecho ignorar, la calma reinó en el Cuartel gran parte del tiempo que estuvo sentado. Por eso, hasta que las risitas infantiles de los Crossedmons no sonaron a poca distancia, el estado de humor del digimon se había mantenido tranquilo.
—¿Se puede saber por qué demonios no puede uno repasar informes con tranquilidad? —preguntó soltando un leve chispazo con el que alertar a ambos digimons.
—Lo sentimos, tío Beat —apareció el gatito plateado, las orejas bajas y la cola casi arrastrando por la mesa sobre la que se había subido.
—No haremos más ruido, te lo prometemos —secundó la elfita dorada.
—Más os vale.
Respirando profundamente para calmarse, pues había logrado silenciar a ambos digimons a tiempo, volvió a tomar las hojas hasta que una garra tomó uno de los papeles y empezó a mirarlo con ojos curiosos.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Timy, dándole vueltas a la hoja.
—Repaso unos documentos.
—¿De qué van? —preguntó Ace, tomando otra hoja.
—Sobre lo que pasó cuando se fue la luz.
—Eso lo sabemos. Lo que pasó fue que nos quedamos a oscuras —corearon ambos.
—No, no —negó con cierta diversión —. Lo que explica es por qué se fue la luz. Qué pasó para que se apagase.
—Ah…
—Déjame esa hoja, Timy —pidió. La digimon enseguida obedeció.
—¿Y lo entiendes todo? —preguntó la pequeña —. Porque yo no he entendido nada.
—Sois pequeños todavía —rió —. Tranquilos, ya llegará el día en que logréis entenderlo.
—Los libros con los que nos enseña tía Mer tienen dibujos y se entiende todo. Tus papeles tienen dibujos pero no los entiendo —dijo Ace, entregándole también su papel.
—Esto es un gráfico. Sirve para entender lo sucedido… Pero son cosas que aún no entenderéis —negó, divertido porque ambos pequeños fuesen tan inocentes en su curiosidad.
—Los papeles de papá no tienen dibujos y los entiende —dijo Timy —. Y mamá dice que los hombres que leen son los que saben qué decirle a una mujer.
—¿Qué tiene eso que ver ahora? —preguntó Ancient Beatmon, totalmente confundido —. Bueno, da igual. Aún sois pequeños para entender la diferencia entre los papeles de papá y los míos… Va, id a jugar. Pero sin hacer ruido.
—¡Vale!
El del trueno siguió con la vista a los pequeños por la mesa hasta que saltaron hacia una cuerda que no recordaba haber visto ahí. Con un escalofrío, alzó la vista por completo y observó la enorme telaraña de colores que le rodeaba.
—¡¿Pero qué habéis hecho?! ¡Recoged esto ahora mismo!
—¿Por qué? Es nuestro nuevo juego —dijo Timy, balanceándose en un hueco entre hilos.
—¿No veis que así no hay quien se mueva? —rugió el del trueno.
—Sí se puede. ¡Vamos, pruébalo! —animó Ace mientras se escurría con su hermana por los espacios entre hilos.
—¡Venid aquí y quitad todo!
Ignorando por completo los hilos que había por debajo de la mesa incluso, Ancient Beatmon se puso en pie e intentó ir en pos de los dos digimons, enredándose enseguida con los hilos en las patas, perdiendo el equilibrio y cayendo en la maraña de hilos por todo el salón.
—¿Estás bien? —preguntó Ace, colgado cual araña.
—Si te mueves tanto, te enredarás más —dijo Timy, descendiendo igual que su hermano —. Serás una presa de Dokugumon.
—¡Más os vale no haber traído a esa araña aquí u os arrepentiréis!
—¿Está aquí? —preguntó Timy a su hermano.
—No sé —se encogió de hombros.
Con ambos Crossedmons riendo, Ancient Beatmon siguió sacudiéndose, sintiendo que la movilidad se reducía a cada intento de librarse. La puerta abriéndose de golpe y un gruñido fue todo cuando el del trueno escuchó antes de que las risas de los pequeños se convirtiesen en gritos de terror y en carreras desesperadas que tiraban de los hilos con los que se había enredado.
—Crossedmons… —dijo, con voz lo más suave que pudo dentro de su enojo, Ancient Garurumon. Al atrapado se le heló la sangre —. ¡RECOGED ESTO INMETIADAMENTE Y ESFUMAOS ANTES QUE SE ME OCURRA UN CRUEL CASTIGO!
—Menos mal que has llegado —dijo el del trueno —. Ayúdame, por favor…
Por respuesta, una de las pesadas espadas del lobo cayó a su lado, rozándole lo justo para cortar las cuerdas. Petrificado, Ancient Beatmon se puso en pie mientras observaba al otro avanzar a paso ligero hacia donde los dos pequeños huían, ignorando por completo la espada que había dejado atrás.
...
Lo que Yumi no esperaba, después de que sus primos le aconsejaran bajar a comer algo aprovechando que "no había nadie en el interior del cuartel", era encontrarse al grupo de digimons sacudiendo a un desmayado JP.
—¿Qué habéis hecho ya? —preguntó Kouji.
—¡Te prometemos que nada, papá! —exclamó rápidamente Ace. Al ver a Yumi junto a él, se cubrió la boca con las manos y bajó la voz —. Se ha caído solo.
—Y le saldrá un cuerno —señaló Timy.
—Se llama chichón —corrigió Gaomon.
—Da igual, es como un cuerno cortado —le sacó la lengua.
—JP, despierta —le sacudió Koichi.
—¿Qué me…? ¿Dónde…? —al instante, JP empezó a mirar alrededor, mareándose al sacudir la cabeza tan rápidamente.
—Eh, con calma —le retuvo Yumi —. ¿Estás bien?
—No hay hilos…
—¿Qué? —preguntaron casi todos.
—¡Hala! ¿Te refieres a la telaraña súper resistente? —preguntó con una gran sonrisa Timy. Los gestos que intentó hacerle Ace no la salvaron de ser atrapada por Kouji —. ¡Soy inocente!
—Sí, claro —dijo —. ¿Qué te hicieron estos dos, JP? —preguntó el chico.
—Pues… Estaba trabajando… Y hacían jaleo, pero callaron… Cuando me quise dar cuenta, el lugar estaba totalmente lleno de hilos.
—¿Algo que decir vosotros dos? —preguntó Koichi, atrapando por la espalda al gato plateado.
—Eh….
—Pero la broma iba a ser para la tita Rose, y nos íbamos a vestir de Dokugumons —dijo Timy.
—Bocazas —murmuró su hermano.
—Si pensáis que podéis hacer algo así otra vez, lo lleváis claro —dijo Kouji.
—Creo que no lo harán nunca más —dijo JP —. En serio, Kouji, me fastidia que a veces seas tan seco y tajante con tu carácter, pero por favor, ni se te ocurra perder los nervios hasta el extremo que he visto.
—¿Eh?
—Papi —alzó la garra Ace —, es que tú enfadado das mucho más miedo que Xana-Lucemon.
—Lo que me faltaba —murmuró el chico, soltando a la elfa y ganándose una risilla débil de su hermano y su prima.
...
Matadormon se escurría entre las sombras, esquivando pueblos, aldeas y cualquier digimon que se cruzase por su camino. Las órdenes de Xana-Lucemon habían sido claras y, por ello, tenía terminantemente prohibido matar a nadie, ni tan siquiera si se trataba de alguno de esos refuerzos con los que contaban los niños elegidos. Tras él, siguiéndole en el más absoluto de los silencios, la Scyphozoa avanzaba sin preocupación alguna.
—En serio, el Digimundo ha cambiado demasiado en este tiempo —dijo remirando el mapa —. Faltas un par de años y a la que vuelves, ni tan siquiera encuentras tu casa —siguió hablando. Por detrás, la Scyphozoa siguió silenciosa —. Menos mal que no se han perdido los mapas antiguos, porque si no… No sé cómo lograríamos llegar a nuestro objetivo —dijo, volteándose para mirar al monstruo de XANA —. En serio, independientemente de que tú no sirvas para pelear, algo para poder hablar podrían haberte hecho, ¿no? Porque mira que eres aburrida —declaró —. De verdad, ese detallito es el único fallo que puedo contar del plan del amo.
Resignándose, aunque negándose a dejar de hablar, Matadormon siguió caminando, revisando su mapa, hasta dar con el lugar señalado en rojo. No tardó en adelantarle la Scyphozoa, usando sus tentáculos para apartar tierra a un ritmo demasiado lento para el gusto del digimon, que la arrastró a un lado antes de encargarse él.
...
Una semana después del último examen, el primer grupo de estudio regresó a Kadic para recoger las notas, entreteniéndose lo justo para que el director les llamase la atención en algunos aspectos, mínimos en general, para así permitir a los demás acudir a recoger sus notas.
—Kanbara y Della Robia, no es excusa el tener una misión importante para no estudiar —señaló el adulto —. Si vuestros compañeros han logrado sacar notas superiores al 6, vosotros también deberíais hacerlo.
—Sí, señor director…
—Espero que no os volváis a columpiar tanto, porque la próxima vez no aceptaremos un 5. ¿Queda claro?
—Sí, señor…
—Bien… Sissi, me alegra ver que estás estudiando fuerte. Aun así, creo que puedes hacerlo mejor.
—Gracias, papi —sonrió, aliviada porque su padre no decidiese darle un discurso delante del grupo.
—Va, marchad. No quiero en…
La puerta abriéndose interrumpió al director e hizo que las cabezas de los alumnos y digimons allí presentes se volteasen a la vez.
—Señor Delmas, los señores Stern han venido —informó la secretaria, ganándose miradas confusas de los menores.
—Chicos, ¿podéis esperar un momento? —pidió el director, haciéndoles gestos para que saliesen al tiempo que los padres de Ulrich entraban.
Diez minutos después, el grupo entero intentó no reír ni mostrar emoción alguna cuando el director les pidió llevar al matrimonio Stern al Digimundo para ver y hablar con su hijo.
—Cuidaos todos. Y procura que Sissi no se meta en líos, Floramon —pidió el hombre.
—No se preocupe. La protegeré de todo —aseguró la flor.
—Vaya desastre de notas —resopló Takuya.
—Haber estudiado —le dio un codazo Odd.
—Pero si tú estás igual —lo apartó Leire.
—Atenta, Sunshine —sonrió Odd señalando en su boletín de notas —. ¡Un ocho en química!
—Ocho y medio —respondió la chica alzando el suyo. A un lado, Sissi estalló en risas.
—Vaya, qué buenas notas —dijo la madre de Ulrich.
—Ya, bueno, seguro que lo de Odd ha sido suerte —señaló Chiaki.
—¿Suerte? —se le encaró el rubio —. Ya, claro… Yo he estudiado química.
—Nueve y medio en química —dijo rápidamente la chica, alzando su boletín.
—¡¿QUÉ?! —exclamaron tanto Odd como Takuya.
—Ni que hubiese dicho una nota imposible —se apartó rápidamente.
—¿Cómo puedes haber sacado un nueve y medio? —preguntó el de fuego mientras, tras ellos, el padre de Ulrich no perdía detalle de lo que los menores decían.
—Es más sorprendente que hayáis aprobado vosotros a que algunos tengamos de nota media un nueve —dijo Koichi como si nada.
—¡¿QUÉ?! —repitieron los otros dos.
—¿Por qué os ponéis así? —preguntó Tommy —. Aelita y Jeremy seguro que tienen como nota media un 10…
El vórtice de Ace abriéndose ante ellos hizo que las cabezas se volvieran justo para ver aparecer a Timy vestida en plan de limpieza.
—Dracomon la ha liado —dijo simplemente.
—¿Dracomon o tú? —preguntó Leire.
—¡Lo juro por la tarta de limón de Arya! —exclamó, ambas manos en alto.
—Te creemos —decidió Koichi —. Si miente, se quedaría sin ellas.
—Oye, ¿quiénes son ellos? —señaló.
—Los padres de Ulrich —respondió Odd con una gran sonrisa —. Creo que alguien va a recibir una bronca.
—¡Ya te he dicho que yo no he hecho nada!
—Hablaba de Ulrich, no de ti —suspiró Sissi.
