Disclaimer: Todos los personajes de Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
Resumen: Sakura, Ino, Kiba y Shikamaru vivían atormentados por su jefe, Uchiha Sasuke, un alfa severo y sumamente estricto que mantenía a raya a sus subordinados.
Solían preguntarse si sería igual de invivible en su hogar, y si habría alguien capaz de soportarlo en el día a día. O de enamorarlo.
Su respuesta llegó en la forma de Uzumaki Naruto, que había sido contratado temporalmente por la empresa y que ocultaba un curioso secreto.
One-shot de acompañamiento a "Señora Uchiha".
Advertencias:
-Mpreg.
-Omegaverse.
.
Parte dos
.
Todo comenzó una tranquila mañana como cualquier otra.
Naruto se dio vuelta entre las sábanas y sonrió todavía adormilado cuando un brazo le rodeó la cintura y labios besaron su hombro.
Ah, dulce, dulce domingo.
Si bien era cierto que él no tenía un horario fijo como su esposo, por trabajar independiente, normalmente solía tener el último día de la semana libre o, en cualquier caso, si tenía trabajo podía realizarlo en las tardes. Esto le daba la oportunidad de remolonear en la cama con su alfa un poco más, sin las molestas alarmas que le avisaban al pelinegro que debía levantarse para ir a la empresa.
Claro que Sasuke solía despertar temprano incluso teniendo el día libre, el muy estricto, pero al menos le daba el chance de acurrucarse un rato juntos, como ahora. Sabía que, cuanto mucho, su compañero se levantaría de la cama en unos quince minutos más, considerando que él estaba acostumbrado a despertar a las cinco de la mañana y ya debían ser poco más de las seis.
En serio, ¿tanto le costaba quedarse y dormir hasta las ocho, al menos?
En fin…
En todo caso, la primera pista que Naruto debió haber identificado fue el peculiar comportamiento de su alfa esa mañana.
La nariz que rozaba su nuca con suavidad se detuvo, al igual que todo el cuerpo del contrario se puso tenso. El rubio no le puso mucha mente a esto, seguía más dormido que despierto, después de todo. Sin embargo, frunció el ceño cuando sintió el cuerpo detrás de él alzarse ligeramente mientras su pareja olfateaba con insistencia su cuello.
— ¿Qué te traes? —masculló, ligeramente irritado al ver sus minutos de arrumacos interrumpidos.
—Hueles diferente. —fue la respuesta que obtuvo, la voz de su marido aún rasposa por el sueño.
Dicha contestación le hizo fruncir más el ceño, todavía sin abrir los ojos.
—Sí me bañé ayer. —musitó enfurruñado, enterrando su rostro en la almohada. Luego exclamó una queja al sentir un pinchazo en la cadera.
—Si fuera eso te hubiera dicho directamente que apestas. —dijo contra su piel, su nariz todavía inspeccionándolo.
— ¿Entonces qué es? —se giró hacia él entreabriendo sus párpados, buscando esos ojos negros y profundos que hacía muchos años lo habían enamorado.
No recibió una respuesta inmediata, sino que Sasuke deslizó la punta de su nariz desde la base de su cuello hasta su mentón. La mano que le había pellizcado la cadera se deslizó hasta su abdomen y acarició con delicadeza.
—Nada. —contestó al final. —Hueles bien.
La sonrisa en el rostro de Sasuke tuvo que haber sido una segunda señal pero, cuando unos labios se apoderaron de los suyos por primera vez en el día, todo lo relacionado a algún pensamiento desapareció de su mente.
-.-.-.-
— ¿Un contrato por seis meses, dices? —preguntó un curioso Naruto, dándole una mordida a su tostada mientras apoyaba un brazo en la mesa, interesado en lo que Sasuke fuera a decirle.
—Hm. —murmuró este, dándole un sorbo a su café y dejándolo a un lado. —Necesitaremos un consultor con experiencia para el nuevo proyecto y, como conozco tu trabajo y tu desempeño, podrías ocupar el puesto. Además, así me libraría de entrevistar a un montón de inútiles.
El rubio roló los ojos ante su actitud y le dio otro bocado a su desayuno.
Sí, una de las cosas que más detestaba su compañero era tener que lidiar con la gente. Eso incluía, por supuesto, tener que entrevistar candidatos para el puesto temporal que necesitaba ocupar con urgencia.
—Aunque me halaga que reconozcas mis talentos…—ahora fue el turno del Uchiha de rodar los ojos. —Y aunque no me vendría mal algo de dinero extra, no estoy seguro de qué tanto me agrade la idea de tenerte como jefe. —musitó con cierta ironía.
— ¿Eso qué se supone que significa? —preguntó el alfa, frunciendo el ceño.
Su omega le observó alzando una ceja, con la barbilla apoyada sobre su mano desde su lugar en la mesa.
—Que estoy seguro de que eres la clase de persona a quien todos tienen pavor por ser un dolor en el trasero. —se explicó con sencillez, ganándose una mirada de pocos amigos por parte del hombre en frente de él.
—Y, sin embargo, henos aquí luego de casi quince años.
El rubio soltó una carcajada.
—Oh, vamos, sabes mejor que nadie que trabajo y casa no son lo mismo. Pero ¿sabes qué? No me caería mal cambiar de ambiente un tiempo. ¿Quién sabe? Hasta podría ser divertido.
—Estoy comenzando a arrepentirme.
—Demasiado tarde. —le sonrió traviesamente. — ¿Dónde firmo?
-.-.-.-
La tercera señal fue que, desde el día en que Naruto comenzó a trabajar con el equipo de Sasuke, este se había encargado de preparar su almuerzo él mismo para que fuera lo más sano posible.
El omega arrugaba la cara cada vez que Sasuke le entregaba su comida. No porque el alfa cocinara mal, al contrario, todo lo que preparaba era delicioso, pero Naruto quería ramen. Quería ramen, quería hamburguesas, quería comida rica en mucho sabor.
Sus nuevos compañeros de trabajo eran muy agradables.
No tenía idea del subgénero al que pertenecían gracias a los bloqueadores que la compañía les exigía usar, pero tampoco le importaba. Nunca creyó que el ser alfa, beta u omega definiera la calidad humana de las personas, además de que guiarse por estereotipos no era propio de él.
Al final resultó que de verdad no se arrepentía de haber tomado el empleo. El ambiente en el que trabajaba era bastante ameno y divertido, especialmente con un sujeto como Kiba haciendo constantes bromas, y con mujeres como Sakura e Ino, que siempre estaban dispuestas a conversar sobre lo que fuera. Su cuarto colega, Shikamaru, era un tipo más tranquilo, pero igualmente agradable. Así que sí, estaba bastante a gusto donde estaba.
Incluso llegó a olvidársele para quién estaría trabajando durante los primeros días y dio rienda suelta a su personalidad extrovertida, volviendo la oficina más alegre y llevadera, según sus compañeros. Hasta que…
—Y dicen que no podrán terminar las operaciones a tiempo. ¿Pueden creerlo? —exclamó indignado, alzando los brazos. — ¡Son solo-!
—Uzumaki.
Todo el lugar quedó en silencio. Kiba inmediatamente se escondió entre una pila de papeles, fingiendo trabajar, y Sakura se irguió en su asiento al igual que Ino. Shikamaru solo suspiró, musitando un "qué problemático" para sí mismo.
— ¿Ah? —Naruto parpadeó, dándose cuenta de que había un quinto integrante en el lugar.
—A mi oficina. —y así como llegó, se dio la vuelta y se fue.
Sakura e Ino inmediatamente se pusieron de pie y lo tomaron del brazo.
— ¡Naruto! Tienes que ser cuidadoso. ¡Uchiha te va a despellejar vivo! —susurró la pelirrosa en su oído, temiendo que si hablaba más alto su jefe podría oírle.
—Hazle caso a Sakura, tonto. —corroboró Ino. — ¡Podrían echarte!
Naruto les sonrió nervioso.
—Ya, ya. Iré a ver qué quiere.
Al salir al pasillo sintió cuatro pares de ojos clavarse en su espalda y suspiró, sabiendo que sus colegas temían la resolución de los futuros acontecimientos.
Sin embargo, al entrar a la ridículamente organizada oficina de su nuevo jefe y toparse con su mirada impasible, solo se cruzó de brazos para defenderse.
—Se llama "estrechar lazos entre colegas". —anunció con simpleza, fingiendo estar ofendido.
—Podía escucharte perfectamente hasta acá, y estoy al fondo del pasillo. —recriminó el pelinegro.
—Detalles. —agitó una mano como si quisiera restarle importancia a la situación.
Seguido de esto, avanzó hasta sentarse en la silla frente escritorio del Uchiha y apoyar los codos sobre la impecable superficie.
—Lo digo en serio, dobe. Se te paga para trabajar, no para "estrechar lazos".
—Solo un tipo amargado como tú podría decir algo así considerando que no ha habido ningún retraso en los avances. Las amistades ayudan a que el trabajo sea más llevadero, ¿sabes? Aunque no es como si pudiera esperar mucho de alguien que bebe el café sin azúcar. Amargado.
—Naruto.
—Ya sé, ya sé. —alzó las manos en un gesto de paz. —Me pagan para trabajar y todo eso. Bla, bla, bla. —entonces se levantó y rodeó el escritorio para sentarse descaradamente sobre su regazo, rodeándole el cuello con los brazos.
Las manos del alfa inmediatamente le rodearon la cintura, aunque una de ellas se quedó encima de su vientre. Esa debió ser la cuarta señal, pero Naruto estaba, de nuevo, muy distraído presionando su boca contra cálidos y familiares labios como para notarlo.
—Tampoco me pagan por esto. —sus labios se curvaron hacia arriba con cierta malicia.
—Ya sal de aquí.
Riendo de buena gana, el rubio obedeció, no sin antes volver a besarle fugazmente como despedida.
-.-.-.-
Las semanas pasaron volando y, cuando menos lo esperaba, ya llevaba casi dos meses trabajando para Sasuke.
Adaptarse a su nueva rutina no fue tan difícil como creyó al inicio. Ahora el despertador de Sasuke los obligaba a levantarse a ambos, uno con un suspiro y el otro musitando lamentos y saliendo de la cama a regañadientes.
El Uchiha ahora preparaba el desayuno para ambos en lugar de solo el suyo, y Naruto siempre lo abrazaba por la espalda agradeciéndole por no forzarlo a cocinar cuando su cerebro aún no había despertado del todo.
Desayunaban juntos, se alistaban para el trabajo y se iban ambos en el auto de Sasuke.
Naruto honestamente no comprendía por qué su marido estaba obsesionado con llegar al trabajo tan temprano. Se supone que entraban a las ocho, pero ya a las siete y media estaban en el parqueo de la oficina. Sus compañeros de trabajo ni siquiera se aparecían hasta al menos veinte minutos después. Por esa razón, se cruzaba a un cafetín que quedaba al otro lado de la calle a comprarse algo para tomar y se quedaba ahí esperando que se hiciera hora de entrada.
Sasuke normalmente ingresaba directamente a su oficina. Qué hacía desde tan temprano ahí, el rubio ni siquiera estaba lo suficientemente interesado para preguntar. Uno que otro día lo acompañaba al cafetín con la excusa de comprar el periódico, pero Naruto sabía que lo hacía más que todo para acompañarlo un rato. No obstante, siempre regresaba a la empresa antes que él, por lo que nunca nadie los veía llegar juntos.
Tal vez fuera mejor así. Naruto no creía que a su alfa le importaría si alguien en la empresa se enterara de su relación, pero como le gustaba mantener la división entre su vida privada y laboral, había decidido no decir nada al respecto. Sasuke valoraba mucho su privacidad. Además, le resultaba hasta cierto punto divertido ocultar que estaba casado con Uchiha. Le daba la oportunidad de cuchichear con sus compañeros sobre el jefe sin que nadie se sintiera cohibido ni temiera meter la pata solo porque Naruto tenía una relación cercana con él.
Escuchar a Ino, Sakura, Shikamaru y especialmente a Kiba quejarse y lamentarse de Sasuke era hilarante. Especialmente porque les daba la razón. Sasuke era un jefe estricto que infundía cierto temor en sus subordinados, algo que Naruto ya se había imaginado desde antes. Naruto probablemente fuera su idea del empleado fastidioso al que no dudaría en despedir inmediatamente de no ser porque hacía bien su trabajo.
A decir verdad, le resultaba de lo más gracioso la mirada de terror de sus compañeros cada vez que Sasuke lo llamaba a su oficina por estar siendo demasiado ruidoso. Estaba seguro de que ellos temían que fuera a echarlo en cualquier momento, o que mínimo fuera a gritarle y algo por el estilo. No se imaginaban que Naruto era quien más se quejaba por tener a Sasuke regañándolo, y que sus discusiones no eran realmente nada serio ni nada fuera de lo normal. Claro que el omega sabía que Sasuke le hablaba en serio cuando le pedía (exigía) ser menos ruidoso, pero Naruto solo le sacaba la lengua y le respondía que él también debería socializar.
El asunto solía terminar con Sasuke echándolo de su oficina y Naruto riendo a carcajadas.
Aunque, al contrario de lo que pudieran pensar, lo que hacían dentro de esas cuatro paredes nunca escaló a algo más allá de un par de besos, siempre iniciados por el rubio. Si era honesto, a Naruto sí se le había pasado por la cabeza la idea de probar a tener sexo en la oficina, pero para Sasuke era un no rotundo. La empresa era para trabajar y no podían andar por ahí actuando como si fueran un par de adolescentes que no podían controlar sus hormonas.
A decir verdad, sí le había decepcionado un poco. Por alguna razón había estado teniendo más ganas de tener relaciones de lo usual, pero sabía que Sasuke no daría su brazo a torcer. Entonces tener sexo en la oficina o cualquier lugar de la empresa era un no, pero de todos modos se lo compensaba al llegar a casa, así que tampoco era algo de lo que lamentarse.
-.-.-.-
Fue hasta poco después de que llevara dos meses en la empresa que Naruto se dio cuenta de que había algo fuera de lugar consigo mismo.
Se sentía algo más cansado que de costumbre y ya llevaba un par de semanas que su apetito estaba extraño. A veces no tenía hambre o el olor a la comida le revolvía el estómago, lo que era definitivamente raro en él.
Como Sasuke no había hecho ningún comentario al respecto, no le puso tanta atención al inicio… Hasta que se dio cuenta que no había entrado en celo por tres meses seguidos.
Él, como omega, tenía su celo una vez al mes. Este solía ser bastante puntual, por lo que normalmente podía predecir el día en que este comenzaría para alertar a Sasuke y que se tomara ese tiempo libre de la oficina y lo pasara con él, pero ya llevaba alrededor de doce semanas sin señales de que llegaría y eso encendió alarmas en su cabeza.
Sabía lo que significaba. Perder tres celos consecutivos era demasiado como para ser una simple casualidad. Así que un viernes a mediodía sin perder tiempo caminó hacia la farmacia más cercana aprovechando la hora del almuerzo y compró tres pruebas de embarazo. Así, si alguna estaba fallada, tendría las otras para comprobar.
Esa misma noche, mientras el Uchiha estaba distraído preparando la cena, aprovechó para encerrarse en el baño, decidido a obtener una respuesta a todas las teorías locas creándose en su cabeza.
Tomó las pruebas, siguió las instrucciones y se sentó en la tapa del inodoro a esperar, hecho un manojo de nervios. Las manos le temblaban y estaba seguro de que si se mordía el labio un poco más fuerte se sacaría sangre.
¿Era normal estar así de ansioso? ¿De nervioso? No tenía idea. Nunca se imaginó a sí mismo en esta situación.
¿Y si las pruebas resultaban negativas? Pero entonces, ¿estaba enfermo? Porque los síntomas eran evidencia de que algo fuera de lo usual pasaba con su cuerpo.
Sacudió la cabeza, ahuyentando esos pensamientos y, armándose de valor, tomó los palitos entre sus manos para observar el resultado. Cerró los ojos con fuerza, dándose ánimos antes de volver a abrirlos y notar las dos rayitas decorando cada prueba de embarazo.
Positivo.
Sintió ganas de vomitar de la impresión. Su mente comenzó a entrar en pánico. ¡Ni siquiera había hablado con Sasuke sobre tener hijos aún! Y ahora tendría que decirle de la nada que se había quedado preñado. ¿Cómo se sentiría al respecto? ¿Cómo se sentía él mismo al respecto?
Masculló una maldición y se dejó caer sobre el piso del baño, sintiendo la tensión en su cuerpo crecer progresivamente. Su respiración se aceleró y los ojos comenzaron a picarle.
—Mierda…—exclamó entre dientes, sobresaltándose cuando, de la nada, unos toques en la puerta lo hicieron alzar la vista a la misma.
—Naruto, ¿está todo bien?
Oh, claro que Sasuke tuvo que notar que se estaba tardando más de la cuenta dentro de esas pequeñas cuatro paredes.
Se levantó a duras penas y se apoyó en el lavamanos, observando brevemente su reflejo en el espejo que colgaba en la pared. Abrió la llave y se echó un poco de agua en el rostro, secándose inmediatamente después con una toalla antes de escuchar como Sasuke volvía a llamarlo.
— ¿Naruto? —los golpes se volvieron un poco más insistentes.
A sabiendas de que si no daba señales de vida pronto el alfa derrumbaría la puerta, respiró profundo y quitó el seguro, girando el pestillo para salir.
Antes de que su esposo pudiera abrir la boca para expresar cualquier cosa, le extendió una de las pruebas positivas.
Esperó pacientemente, con el corazón palpitándole como loco dentro de su pecho, obtener alguna reacción de parte de su compañero. Y, cuando la obtuvo, fue definitivamente la que jamás se le hubiera ocurrido esperar.
—Tres meses y dos semanas. —dijo de la nada el alfa, como si sus palabras tuvieran sentido alguno.
El rubio parpadeó, su mirada fija en el rostro de Sasuke aunque este estuviera viendo la prueba entre sus manos.
— ¿Qué?
—Tardaste tres meses y dos semanas en darte cuenta.
— ¿Qué?
Ojos azules se abrieron como platos y estaba seguro de que, si fuera físicamente posible, su mandíbula estaría en el suelo.
Las oscuras irises del contrario destellearon con diversión ante su reacción y una mano subió para presionarse con suavidad contra el vientre aún plano del omega. Naruto volvió a pestañear sin salir de su estupor. Apenas y fue consciente de los labios que le besaron la base cuello y de la mano cubriendo su abdomen.
—Esperaesperaesperaespera. —soltó de pronto, haciéndose un par de pasos hacia atrás. — ¡¿Tú lo sabías?! —chilló.
—Hn. —el pelinegro le dirigió una sonrisa burlona.
— ¡¿Y no dijiste nada?! —continuó alterado, agitando los brazos con desesperación.
—Preferí esperar a que te dieras cuenta por ti mismo.
Naruto abrió la boca para rebatir y la cerró un milisegundo después, llevándose las manos al estómago y apretando los labios, incapaz de evitar que la inseguridad e incertidumbre que llevaba acumulando por rato ya opacaran la molestia que sentía. Su vista se desvió al piso, donde se quedó admirando la alfombra de la habitación durante varios minutos.
— ¿Naruto? —el alfa dio un paso hacia él, llamándole indeciso al ver como se había quedado inusualmente callado.
— ¿No te importa? —escuchó que preguntaba con voz quedita.
— ¿El qué?
—Tú y yo… Nunca hablamos de tener hijos. —se sobó la piel del abdomen en círculos, la idea de que había una nueva vida formándose dentro de él aún ajena para su mente.
—No, no lo hicimos. —corroboró.
—Estoy embarazado. —musitó anonado, las palabras sonando extrañas en sus labios. —Vamos a ser padres. —continuó sin despegarse los ojos del estómago.
Brazos fuertes lo rodearon con gentileza y una barbilla se apoyó en su hombro.
—Seremos padres, Sasuke.
—Lo sé.
Ahí, entre los brazos de Sasuke, permitió que sus emociones se desbordaran y que a su risa la acompañara una que otra lágrima.
-.-.-.-
Un par de días después de la revelación de su estado Naruto puso su mente a maquinar.
Maldito bastardo, ese de su marido. Con razón había estado haciendo cosas fuera de lo común recientemente, como estar más pendiente de lo que hacía y asegurarse de prepararle todas las comidas. Él ya sabía de su embarazo y, en lugar de decirle, se quedó calladito el muy desgraciado.
A pesar de eso, el rubio se sintió incapaz de mantenerse molesto por más de dos minutos seguidos, no sabiendo que pronto tendrían un nuevo miembro dentro de su familia. Se lo dejaría pasar solo por esta vez. Ya se cobraría la deuda más adelante en ramen.
El siguiente lunes tuvo que rechazar el café que le ofreció Ino en la oficina haciendo amago de toda su fuerza de voluntad. La cafeína no era buena para el bebé, y lo sabía porque invirtió todo su fin de semana en Google para informarse sobre todo lo que necesitaría saber sobre su embarazo. Trabajar sin su dosis de cafeína diaria definitivamente fue un desafío, pero era un sacrificio que valía la pena.
-.-.-.-
Tres meses y dos semanas fue lo que le había tomado a Naruto darse cuenta de su embarazo, Sasuke se recordó a sí mismo con diversión.
A decir verdad, sabía de sobras que Naruto era un despistado, pero no se esperaba que en serio fuera a tardarse tanto en descubrir su estado. Él honestamente pensó que el rubio notaría que su celo no le había llegado el primer mes, pero los días pasaron y no daba indicios de percatarse de que había algo fuera de lugar.
Para cuando llegó el tercer mes sin que Naruto se diera cuenta de nada, tomó una determinación: si llegaba a cumplir cuatro meses de embarazo y todavía no reaccionaba, él mismo tendría que darle las noticias. Por suerte, el rubio omega al fin puso su cabeza a trabajar y pudo atar los cabos por sí mismo.
Claro que el rubio, con lo orgulloso que era, pasó varios días enfurruñado con él por no haber dicho nada y por haberse burlado de él al enterarse. Sin embargo, su enfado fue rápidamente opacado por el conocimiento de la nueva vida que se gestaba en su vientre. Incluso ahora tenían la imagen del primer ultrasonido puesta en el refrigerador, donde Sasuke ya había cachado a su pareja varias veces observándola con una sonrisa boba y acariciándose el vientre, el cual ya había comenzado a crecer y no podía llamarse más plano.
Pronto sería evidente para cualquiera que lo viera que estaba en cinta. Por suerte, para cuando se terminara el contrato, a Naruto todavía le faltarían varias semanas para dar a luz. Era una de las razones por las cuales había decidido mencionarle del empleo, porque sabía que podría trabajar el tiempo que requerían sin ningún mayor inconveniente. Si Naruto hubiera estado con un embarazo más avanzado, no tendría sentido contratarlo por un semestre si no podría terminarlo por el nacimiento del bebé y de todos modos tendrían que buscar a alguien más para reemplazarlo.
Por suerte, Naruto estaba en completas condiciones para hacer su trabajo de modo eficiente y, esperaba, sin interrupciones. Era lo mejor, y Sasuke no se arrepentía de haberlo contratado no solo por su desempeño, sino porque sabía que a Naruto le gustaba el empleo y le gustaba estar rodeado de más gente. La desventaja de trabajar desde casa es que no tenía tanto contacto con otras personas, y su esposo siempre había sido una persona bastante extrovertido. En ese sentido eran como agua y aceite. Él prefería trabajar solo mientras su omega prefería un equipo.
Suspiró, poniéndose de pie para abandonar su oficina en busca de algo de café. Yamanaka ya le había llevado uno en la mañana, pero como era hora de almuerzo no sería justo interrumpir su descanso solo porque quería otro café.
Salió de la oficina, deteniéndose involuntariamente justo cuando estaba por pasar junto al espacio compartido de sus empleados al escuchar el nombre de su compañero siendo reprendido por una voz que identificó como la de Haruno.
—Oye, Naruto, deberías comenzar a comer un poquito menos. —escuchó que la mujer le decía al rubio y frunció el ceño, molesto por el tipo de comentario. No era costumbre suya detenerse a espiar lo que otros decían. Es más, no le interesaba en lo más mínimo, pero si Naruto estaba siendo víctima de comentarios mal intencionados, sí que era de su incumbencia. —Ya te está comenzando a quedar apretado el traje.
—No estoy gordo. —su esposo se quejó y luego se quedó en silencio durante un minuto. — ¿Me veo gordo? —preguntó, entonces, una ligera mezcla de inseguridad y curiosidad tiñendo su voz.
El Uchiha frunció más el ceño. Naruto no era una persona insegura por naturaleza, al menos no con respecto a su aspecto, y no tenía razón para serlo tampoco.
La risa divertida de Yamanaka se coló entre las paredes.
—Deberías dejar de comer tanto ramen. —lo regañó Haruno. — ¿No te preocupa que tu alfa deje de encontrarte atractivo?
Las mujeres eran en verdad fastidiosas, por eso nunca se interesó por ninguna. ¿Dejar de encontrar atractivo a Naruto? No creía que eso fuera a pasar nunca, especialmente porque no era su cuerpo lo que principalmente lo atraía. Aunque no es como si eso fuera asunto de nadie además de Naruto y suyo.
—No tengo por qué hacer o dejar de hacer las cosas solo por complacer a mi compañero. —oyó al rubio hablar con seriedad y esbozó una sonrisa de suficiencia. —Si quiero verme bien, será por mí.
Justo esa actitud era lo que hacía a Naruto tan atractivo a sus ojos.
—Ya, ¿pero no te preocupa ni un poquito? ¿Y si comienza a fijarse en otros omegas?
—Ya déjalo, Sakura. —la voz de Nara intervino, intentando que la cosa no pasara a mayores.
—Él no haría eso. —respondió con seguridad el Uzumaki. —Confío plenamente en mi alfa. —y con eso dio el tema por zanjado.
Dejando que una sonrisa sincera se dibujara en sus labios, continuó con su camino en busca de algo de cafeína revitalizante.
Bueno, no había nada de qué preocuparse. Naruto podía arreglárselas perfectamente solo. Claro que eso ya lo sabía, Naruto siempre había sido capaz de encargarse de sus propios problemas por sí mismo, pero eso no evitaba que quisiera ayudar. La única vez que Naruto en verdad necesitó su ayuda fue años atrás, antes de ser amigos siquiera, cuando aquellos idiotas intentaron propasarse con él cuando tuvo un celo prematuro a los quince.
Fue una suerte que Sasuke hubiera pasado por ahí justo antes de que la cosa pasara a mayores. Naruto había estado algo receloso y precavido con respecto a su presencia a pesar de haberlo ayudado, pero después le agradeció de corazón por su asistencia. Ese día fue el que marcó un punto sin retorno, ya que dejaron su rivalidad de lado (aunque no del todo) y se volvieron verdaderos amigos. Tiempo después desarrollaron sentimientos el uno por el otro y comenzaron a salir y, desde entonces, habían estado juntos.
Se sirvió su café sin siquiera voltear a ver el azúcar y le dio un sorbo, exhalando profundamente antes de regresar a su oficina. Ya más tarde se encargaría de corroborarle a Naruto lo atractivo que lo encontraba.
-.-.-.-
Contando hasta diez, se masajeó las sienes para calmarse un poco.
Podía escuchar el alboroto al otro lado del pasillo desde donde estaba, y la voz de su querido omega era la que resaltaba más a menudo que las demás.
Tener a Naruto trabajando para él definitivamente estaba probando su paciencia. No era la primera vez que sus empleados armaban alboroto desde que el rubio trabajaba con ellos, ni sería la última mientras el Uzumaki siguiera ahí. Todavía le quedaban aproximadamente dos meses de contrato y algo le decía a Sasuke que serían unos dos meses bastante largos.
No era solo por el ruido al fondo del pasillo, sino porque sabía de sobras que sus subordinados solían cuchichear o quejarse de él de vez en cuanto, y le constaba que Naruto se unía a esas conversaciones. El muy traidor. Ya lo había cachado varias veces hablando de cómo era un amargado y que no se podía esperar más de alguien que tomaba café sin azúcar, o algo así había dicho. Lo peor es que estaba convencido que Naruto sabía que él sabía, y no le importaba ni un comino. Es más, el muy idiota lo disfrutaba, estaba seguro.
Unos toques en la puerta lo distrajeron de sus pensamientos. Esos eran unos toques que conocía a la perfección.
—Adelante.
La puerta se abrió y una cabeza rubio se asomó. Naruto le observaba con una sonrisilla nerviosa y una mano rascándose la cabeza, a lo que solo pudo arquear una ceja.
—Hey, Sasuke. —saludó el rubio, dándose lugar en la oficina.
— ¿Qué quieres?
—Uy, qué carácter. —se cruzó de brazos haciendo un puchero mientras se acercaba. —Tu hijo lleva usando mis órganos como saco de boxeo toda la mañana y no me ves quejándome.
— ¿Por qué siempre que hace algo que te disgusta es mi hijo?
—Bueno, obviamente ha heredado tu mal temperamento.
El Uchiha puso los ojos en blanco.
—O tu exceso de energía. —rebatió. —Como sea. Es la hora del almuerzo y dijiste que comerías fuera con los demás, ¿qué haces aquí?
—Pues verás…—el rubio volvió a rascarse detrás de la cabeza con una sonrisilla nerviosa. —Creo que… ¿olvidé mi billetera en casa? —admitió avergonzado, enunciando la oración como si fuera una pregunta. — ¿Te importa prestarme para salir a almorzar? Te pagaré al llegar a casa. —juntó las manos frente a su rostro y puso ojos de cordero degollado. — ¿Por favoooor?
El Uchiha se puso de pie y, sin decir nada, se llevó la mano a su bolsillo trasero, sacando algo y ofreciéndoselo al rubio. Este parpadeó confundido un segundo y luego reaccionó.
— ¡Hey, esa es mi billetera! —se apresuró a arrebatársela de las manos y abrirla para asegurarse de tener suficiente dinero en ella.
Sasuke lo miró con sorna.
—Vi que la olvidaste en el comedor y la tomé. —seguido de sus palabras, sacó un llavero también se su bolsillo y lo sacudió frente al omega. —También olvidaste tus llaves.
El ojiazul dio un respingo y tomó sus llaves de vuelta bruscamente, guardando ambas cosas en sus bolsillos.
—Estabas esperando que viniera a humillarme para burlarte, ¿no es así? —lo acusó.
Oh, bueno, no estaba tan lejos de la realidad. Simplemente le gustaba enervar a su compañero.
—No tienes remedio.
Naruto hizo un puchero y se frotó la barriga con algo de insistencia, un hábito que Sasuke había notado que había comenzado a adquirir cuando sentía a su bebé moverse algo más de la cuenta e intentaba tranquilizarlo un poco.
Rodeó el escritorio para acercarse a Naruto y gentilmente presionar una mano contra su abultado vientre.
—Ha estado muy inquieto estos días, ¿no? —musitó con suavidad, acariciando levemente con el pulgar.
De acuerdo con Naruto, su bebé normalmente era muy tranquilo, pero esa última semana aparentemente había decidido que sería deportista e incluso lo despertaba a mitad de la noche con sus movimientos. Irritado por la falta de sueño, su omega se desquitaba despertándolo a él también para que lo acompañara en su sufrimiento.
—Un poco, pero está bien. Me gusta sentirlo moverse. —le sonrió al alfa, permitiéndole el contacto.
—Hm… A mí igual. —comentó y, con su mano libre, tomó el rostro de su pareja y lo atrajo para dejar un beso en sus labios.
Lo sintió reírse con suavidad contra su boca antes de corresponder y, unos segundos más tarde, separarse de él.
—Bueno, jefe, me voy a comer. ¿Seguro que no quieres venir? —preguntó haciendo referencia a la conversación que habían tenido en la mañana en la que Naruto lo había instado a unírseles al almuerzo.
Sasuke no era mucho de convivir con otras personas, y menos con sus empleados. Los respetaba por el trabajo que realizaba pero no tenía intención de hacerse amigo de ninguno de ellos. Por esa razón, volvió a declinar la invitación.
—Bueno, como quieras. —le respondió el rubio, encogiéndose de hombros. —Te veo más tarde.
Le dio otro beso fugaz y desapareció por la puerta, mencionando como se moría de hambre para sí mismo.
El Uchiha sonrió sin poder evitarlo. Ya ni siquiera recordaba por qué estaba de mal humor en primer lugar.
-.-.-.-
Cuando el contrato de Naruto venció y comenzó a quedarse en casa de nuevo, notó la calma y el silencio en el ambiente.
Volvía a ser como antes. Siempre había cuchicheos y cierto ruido de vez en cuando, pero no con tanta frecuencia ni energía que como cuando su compañero estuvo presente.
Ahora tenía que volver a esperar a llegar a casa para ver a su omega, para reñir con él, para hacerlo enfadar… Se había acostumbrado a su presencia en la oficina, a que se colara de vez en cuando en su oficina para verlo, a escuchar su voz y su risa durante el día…
Suspiró, sintiéndose como un completo idiota por extrañarlo cuando llevaban tantos años siendo pareja y viviendo juntos. Ojalá que Naruto no se enterara jamás de que se la había pasado al menos dos semanas luego de que se fuera suspirando como un niño que extraña su hogar.
—Patético. —masculló para sí mismo, pero no pudo evitar que el corazón se le acelerara cuando sonó el teléfono y vio unos brillantes ojos azules reflejados en la pantalla.
-.-.-.-
Kiba suspiró, dejándose caer dramáticamente sobre su silla.
—Sigo sin poder creer que Naruto fuera el compañero de Uchiha todo este tiempo.
—Ya ha pasado una semana, supéralo. —masculló Shikamaru, apoyando la barbilla en su mano con un deje aburrido. Porque, en serio, ¿era tanto trabajo conversar sobre algún tema que no estuviera relacionado con su jefe?
Hacía exactamente siete días que Naruto se había aparecido por las oficinas a saludar y a presentarles a Hiro, su hijo. Siete días desde que habían descubierto que el alfa del cual el rubio les había contado era nada más y nada menos que Uchiha. Y sí, había sido una sorpresa, pero tampoco era como para que siguieran hablando de ello hasta el día de hoy.
El almuerzo de aquel día había sido incómodo, los cuatro podían admitirlo. Naruto conversaba con ellos como si nada mientras que Uchiha solo estuvo sentado ahí, enviando miradas de advertencia mientras le echaba vistazos de vez en cuando al niño descansando en el carrito para bebé. Kiba se la había pasado pálido y dirigiendo miradas furtivas a su jefe, como temiendo hacer algo que lo fuera a provocar. Sakura se había distraído llenándose la boca con tarta de frambuesa, mientras que Ino intentaba seguirle el ritmo de la conversación a Naruto.
Shikamaru, por otro lado, solo comió en silencio pensando en que todo el asunto era nada más que un enorme fastidio. Especialmente por Kiba, quien paso toda la semana hablando del tema con la misma incredulidad que al inicio.
—Bueno, Kiba tiene razón. Sigue pareciéndome irreal. —comentó Sakura, jugando con unos mechones de su rosado cabello.
—Naruto en serio que nos engañó. —rio Ino.
—Sigo preguntándome cómo será Uchiha fuera de aquí. —volvió a hablar el Inuzuka. —Es que no logro comprender cómo alguien como Naruto pudo enamorarse de un tipo tan amargado.
—Seh, yo todavía me lo pregunto. —una quinta voz los hizo sobresaltarse.
Ahí, en la puerta, se encontraba Uzumaki Naruto, con quien habían compartido esa oficina varios meses atrás. El esposo de su jefe.
— ¡Naruto! —Ino lo saludó y los demás le sonrieron. — ¿Qué haces por aquí? ¿Y Hiro?
—Lo dejé con sus abuelos. Estar sin trabajar es sumamente aburrido, así que decidí pasar a saludar. —entró sin esperar invitación y se sentó en el que solía ser su asiento cuando aún trabajaba con ellos. —Siguen conmocionados, por lo que veo.
—Kiba, más que todo. —comentó Shikamaru antes de acomodar sus brazos sobre el escritorio para usarlos como almohada.
El aludido se quejó y Naruto soltó una carcajada.
—No piensen tanto en eso. —hizo un gesto con la mano, como restándole importancia al asunto.
—Lo que me parece increíble es que dejaras que habláramos… Eh… No tan agradablemente sobre tu esposo y no dijeras nada. —Sakura se incluyó en la conversación.
— ¡Pero si Naruto también se quejaba con nosotros! —reclamó Kiba.
El rubio omega volvió a reír.
—Uzumaki.
Las cinco personas en el lugar dieron un respingo y se giraron hacia la entrada, donde se encontraba Uchiha Sasuke de brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Hey, Sasuke. —saludó alegremente el ojiazul.
—Debí suponer que estabas detrás de todo este escándalo. —lo reprendió. —Ya no trabajas aquí, no puedes venir en horas de oficina. Fuera.
Los cuatro compañeros de trabajo se quedaron callados y con los ojos abiertos como platos, parpadeando sin saber qué hacer ante la escena que presenciaban.
— ¿Así me agradeces haber venido hasta acá para traerte el almuerzo que dejaste en casa? —rebatió el rubio, poniéndose de pie y alzando un bento en su mano para mostrárselo.
—No se me olvidó, tú lo sacaste de mi bolso. —acusó entrecerrando los ojos.
Ups, Naruto definitivamente no esperaba que Sasuke se hubiera dado cuenta de que sacó su comida de entre sus cosas a propósito solo para tener una excusa para llegar a la empresa y distraerse un rato.
—… Detalles, detalles. Aun así te traje el almuerzo.
—Bueno, dámelo y fuera de aquí.
Haciendo una mueca, le extendió el bento para que lo tomara.
— ¡Nos vemos, amigos! —se despidió con una sonrisa, como si la reciente discusión no le hubiera afectado en lo absoluto.
Los presentes agitaron una mano en despedida y lo vieron desaparecer por el pasillo.
—Sigan trabajando. —fue lo último que dijo Uchiha antes de desaparecer detrás del rubio, permitiéndoles a los cuatro colegas volver a respirar.
Cómo funcionaba esa relación tal vez nunca lo entenderían.
.
.
.
EXTRA:
— ¿Sabes? Echarme a patadas no era realmente necesario. Eres un teme. Mira que hasta te di un hijo y así me tratas. —se quejó el rubio, arrugando la cara.
Habían salido del edificio y se encontraban frente al estacionamiento, el caliente sol de mediodía irritándoles levemente la piel.
—Tsk, deja de quejarte como un niño. Vamos. —lo instó a caminar, colocando una mano en su espalda baja y empujándolo con suavidad.
— ¿Eh? ¿A dónde? —preguntó confundido el Uzumaki, permitiéndole guiarlo hasta su auto.
—Te llevaré a comer. —decidió. Ya se comería su almuerzo más tarde.
— ¿No que eran horas de oficina?
—Para ellos sí. Yo soy el jefe, puedo ausentarme un par de horas sin dar explicaciones.
Naruto soltó una carcajada incrédula que casi le hizo ahogarse.
—Maldito pedazo de hipócrita. —rio, subiéndose al vehículo en el asiento del copiloto. —Bien, pero quiero ir a Ichiraku.
El Uchiha rodó los ojos, encendiendo el motor y el aire acondicionado.
—Solo por esta vez. —accedió.
Giró el rostro, su mirada suavizándose cuando sus pupilas se encontraron con las de Naruto. Este le sonrió y tomó su mano cuando se la ofreció, entrelazando sus dedos.
—Es una cita.
.
.
.
Fin.
.
.
.
N/A: Honestamente esto no resultó como originalmente me lo había imaginado, pero me gustó XD
Gracias por leer y por darle tanto amor a esta historia :D Quien sabe, a lo mejor haya más en este universo en el futuro XD No hay forma de saberlo.
