Un Mejor Regalo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Eso debía ser una mala broma, pero ahí estaba, a punto de tener una cita que no quería con alguien bastante pesado a quien, encima, no conocía en lo absoluto. Nadie podía culparla por no estar al tanto de los ídolos del momento en la sección masculina de la escuela cuando ella ya tenía los pensamientos ocupados con alguien más. Además se sentía un poco triste de estar por su cuenta en una situación tan incómoda, comprendía que Honoka no quisiera acompañarla porque, como bien dijo, sería grosero y de muy mala educación presentarse en una salida donde ella no fue invitada.

Tenía a Mepple pero ese tonto la pasaba la mayor parte del día durmiendo a veces ya por costumbre, ni siquiera tenía necesidad de usar la carta. Y no es como si él pudiera hablar demasiado estando ella con otras personas. Suspiró, tendría que enfrentar eso por sí misma como la persona seria que podría llegar a ser. Nada le impedía ir a esa cita y tratar de pasarla bien antes de rechazarlo porque, en serio no le interesaba salir con él de manera regular y menos de manera romántica, a ella ya le gustaba alguien más.

Suspiró.

Si tan sólo Honoka estuviera ahí se sentiría más tranquila.

Suspiró de nuevo.

Por un momento imaginó que quizá el chico no llegaría a la cita y esa idea la hacía feliz por adelantado. De hecho tenía un as bajo la manga en forma de los peores onigiris que nadie había preparado jamás, eso sin duda tendría que espantarlo si se daba el caso, ¿verdad? Pensando en ello y otras cosas, Hasekura apareció detrás de ella luego de comprar bocadillos para el viaje.

Nagisa respingó y no pudo hacer más que sonreír de manera nerviosa. Hasekura tenía esa eterna sonrisa en su boca y sus ánimos bastante en alto. Nagisa suspiró por tercera vez de manera más discreta, no le quedaba más remedio que seguir el acelerado paso de ese chico. Subieron al autobús camino a las montañas y a la plantación de castañas prometida. Si conseguía suficientes pensaba llevárselas a su madre para que pudieran preparar algo juntas, o bien con la abuela de Honoka, seguramente tendría alguna deliciosa receta para usar el botín de su viaje.

Por lo menos quería conseguir eso.

El viaje fue silencioso y se entretuvo mirando la ventana, el paisaje montañoso de las afueras de la ciudad siempre le había gustado. Por lo menos la ida la estaba pasando de manera calmada y tenía planeado rechazar al chico apenas acabaran la cita. En ningún momento miró hacia atrás, de haberlo hecho, habría visto que al fondo del autobús iba una persona de varonil apariencia, pantalones bien planchados que parecían quedarle un poco grandes, chaqueta, camisa, gafas de sol y gorra, también una mochila, y de dicha mochila asomaba la cabeza de un feliz Porun que miraba el paisaje con infantil entusiasmo.

Sí, Honoka estaba ahí. Tan preocupada estaba por Nagisa que decidió seguirla enfundada en un infalible e innecesario disfraz. Todo por un simple presentimiento, una preocupación repentina y cierto arrepentimiento por tener que sacarla de su casa como quien echa afuera a un cachorro bajo la lluvia. Una y más razones tenía para no dejar a Nagisa sola ese preciso día, era su cumpleaños después de todo, que estuviera en un sitio que no quería con alguien que no quería era una mala forma de pasar un día tan especial.

Sólo quería estar atenta, algo la tenía intranquila y no precisamente por algún repentino ataque enemigo, que por cierto también era una razón muy válida para seguir a Nagisa a su cita, no estaba de más quedarse cerca por si los tipos malos atacaban de la nada como era su buena costumbre.

Llegaron al sitio prometido, un amplio terreno repleto de árboles de castañas en su punto justo, el suelo estaba lleno de las semillas listas para ser recolectadas por los visitantes. Hasekura se notaba contento por la actividad y Nagisa pronto se contagió del ambiente.

Ciertamente la deportista no pasaba tan terriblemente mal, era divertido y estaba consiguiendo un montón de deliciosas castañas que serían el postre de toda la semana. ¿La ventaja? Siendo Hasekura un familiar directo de la dueña del terreno, Nagisa tendría todo su botín gratis, eso le explicó el chico apenas llegaron y les dieron sus baldes, guantes para protegerse de los pinchos de las cáscaras y las pinzas.

Honoka vigilaba a una distancia prudente para no ser descubierta y tampoco parecer un acosador a ojos ajenos. Porun, por su lado, solía portarse muy bien estando con Honoka, algo en la chica lo mantenía calmado y además estaba bastante entretenido comiendo las castañas del suelo.

─Nagisa, ¿qué estás haciendo? Ya deberías haberlo rechazado ─murmuró Honoka desde su escondite, ya habían pasado un par de horas desde que llegaron al sitio y Nagisa tenía su balde casi lleno con las castañas más maduras y grandes de la zona. Bueno, tampoco que debiera esforzarse por pasarla mal, además Hasekura corría de un lado a otro y podía seguirle bien el paso a Nagisa.

Al menos, pensó, Nagisa se estaba divirtiendo.

Nada parecía amenazar ese día en especial y se sentía contenta por ella. Ver a Nagisa feliz ponía muy feliz a Honoka por una simple pero poderosa razón: estaba sinceramente enamorada de ella y quería velar por su felicidad a pesar de saber de que no podría estar con ella como quería por mil y un razones fuera de su control. De momento, verla feliz era suficiente para el enamorado corazón de Honoka. Estaba sonriente desde su escondite e incluso comió algunas de las castañas que Porun le acercó mientras jugaba cerca de ella.

Todo estaba en calma, todo parecía normal.

Nagisa realmente se divertía, no había parado de reír e incluso le pasó por la cabeza que Hasekura podría ser un gran amigo con el cuál pasar un buen rato de vez en cuando, pero… Para eso tendrían que ser amigos primero, ¿verdad? ¡Justo recordó que estaba ahí porque el chico se le declaró y la quería para novia! Ese pensamiento hizo que su sonrisa desapareciera y su gesto fuera inundado por una desesperación propia de una adolescente en problemas. Gruñó un poco.

─¡Argh, debo dejar de divertirme, se supone que debo rechazarlo! ─se regañó a sí misma antes de tomar aire de manera honda.

Justamente Hasekura volvía con un par de latas de jugo en manos. Hacía calor, el día estaba hermoso y la actividad física los había acalorado bastante. Su sonrisa que parecía ser casi permanente fue lo primero que vio Nagisa cuando el chico se le acercó y le extendió su bebida.

─Ten, Misumi, debes estar sedienta ─dijo, alegre.

─Gracias ─respondió con un suspiro hondo antes de dar un trago a su bebida. Volvió a suspirar, ésta vez de alivio, antes de juntar todo el valor posible para encarar al chico y hablar con él directamente. Debía ser valiente y sincera, se lo debía a sí misma y un poco a él, después de todo se estaba esforzando por hacerla pasar un buen rato─. Oye, Hasekura, la estoy pasando bien y todo y…

─¡Me alegra escuchar eso! ─exclamó el basquetbolista, interrumpiendo de manera bastante grosera sin darse cuenta.

Nagisa no podía entender la prisa del chico y esa actitud tan acelerada que no daba a lugar a decir algo, se imponía mucho y de alguna manera se salía con la suya. Pero no ésta vez, Nagisa se mantuvo firme. Sus siguientes palabras salieron con más firmeza y una voz segura, estaba lista para rechazarlo.

─Admito que me estoy divirtiendo aquí y es genial pasar el rato contigo y... Eres un buen tipo. Lo que quiero decir en realidad, es que yo ─y estaba a nada de decirle la parte importante, pero el chico se le adelantó de nuevo. Era obvio que acababa de sacar sus propias conclusiones en esa acelerada cabeza suya.

─¡Oh, comprendo! ─la sonrisa del chico tomó un tinte extraño que hizo que Nagisa se pusiera alerta─. Ya sé qué es lo que quieres pedirme. ¡Eres muy oportuna, mira, justo estamos solos!

La jugadora de lacrosse nunca había visto una sonrisa así de rara y mucho menos se había sentido de esa manera tan incómoda, casi como si estuviera siendo amenazada. Y su intuición no le falló, el chico de pronto le tomó por los hombros y eso alertó a Nagisa de inmediato, pero estaba tan sorprendida que no pudo reaccionar en un principio.

Mucho menos cuando lo vio acercarse peligrosamente a su rostro.

Nagisa respingó, ¡Hasekura planeaba besarla! ¿En qué momento ella le dio a entender eso? ¿Acaso no ponía atención o sólo era tonto? Su cuerpo se quedó tenso conforme el rostro ajeno se le acercaba más y más. No quería ese beso, no con él, no así. Apretó los ojos mientras trataba, con todas sus fuerzas, de hacer que su cuerpo reaccionara antes del contacto. Comenzó a temblar de manera notoria, pero Hasekura o bien no lo percibió o decidió ignorar el síntoma en su acompañante, seguramente pensando que eran simples nervios de emoción.

Nagisa pudo sentir el aliento ajeno chocando con el propio y sólo atinó a apretar los párpados. No quería que su primer beso se diera así. Justo antes de ella misma retroceder en claro estado de pánico, de pronto ya no sintió nada y en lugar de eso escuchó como si un costal cayera al suelo con fuerza.

Al abrir los ojos lo primero que vio fue la espalda de alguien que usaba gorra y llevaba una mochila en la espalda. ¿Un chico? Quien quiera que fuera ésta persona claramente acababa de salvarla, porque a un par de metros estaba Hasekura de cara al suelo mientras se dolía de un brazo.

─¡¿Por qué hiciste eso?! ─reclamó el basquetbolista, más asustado que enfadado a decir verdad. La persona que lo lanzó era de menor estatura que él y sólo sintió que algo lo jaló con fuerza antes de ser azotado contra el suelo. Le dolía el brazo y temió una lesión que no le permitiera jugar.

─¡Eres un idiota! ─sonó la fuerte voz de Honoka.

Nagisa de inmediato la reconoció, esa voz dura, severa y capaz de asustar sólo le pertenecía a una persona… A su Honoka. Por mero instinto se sujetó de su espalda y miraba al chico de soslayo desde el hombro de Honoka, aún nerviosa por todo el asunto. Menos que antes, por cierto, porque nunca se había sentido tan a salvo en su vida como en ese momento. Incluso suspiró de puro alivio.

Hasekura pareció percatarse que quien le hablaba era una chica a pesar de estar vistiendo de esa manera tan masculina. Quiso decir algo, pero ésta vez a él no lo dejaron.

─¡¿Acaso no vez que ella no quería lo que estabas por hacerle?! ─Honoka continuó con el regaño. En cuanto vio lo que estaba por suceder y que prácticamente era él haciendo lo que quería sin importarle los sentimientos de Nagisa, hizo que la sangre le hirviera de inmediato. Su cuerpo se movió sólo y aplicó una llave sin siquiera pensarlo. Lo quería lejos de Nagisa─. ¡¿No puedes ver lo asustada que está?!

El chico le echó un vistazo a su cita y… Hasta ese momento reaccionó. Misumi estaba petrificada y con un gesto nervioso, permanecía escondida en la espalda de la chica y le miraba con mucho recelo. ¿En serio estuvo a punto de hacer algo en contra de la voluntad de alguien que decía que le gustaba? Tragó saliva, sinceramente arrepentido. Se puso de pie de inmediato.

─¡Lo siento, Misumi! ¡Yo no quería! ─sacudió la cabeza─. Bueno, sí quería pero malinterpreté todo, pensé que tú y yo podríamos… Bueno…

Nagisa tomó la mano de Honoka y finalmente dio un paso al frente. La presencia de Honoka y el que la protegiera y la salvara de esa manera le devolvió toda su seguridad y calma. Tomó aire.

─Lo que quería decir es que tú no me gustas y que no saldré contigo ─dijo con firmeza─. Intenté decírtelo desde mucho antes, pero no pude ─refunfuñó─, no puedes mantener la boca cerrada y no dejas hablar a los demás ni los escuchas ─enseguida le miró con genuino enojo─. No vuelvas a hablarme ni acercarte a mi ─miró a su amiga─. Vámonos, Honoka.

Honoka asintió y estrechó su mano antes de darle un último vistazo al chico.

─Como te le vuelvas a acercar, me encargaré que no te levantes en una semana ─fue la peligrosa y seria amenaza de Honoka y finalmente se alejaron del arrepentido muchacho.

Nagisa soltó un gran suspiro mientras se aferraba a la mano de su amiga. Honoka simplemente le dejó ordenar sus pensamientos mientras se quitaba las gafas y las colgaba en el bolsillo de la chaqueta. Ambas sentían alivio por evitar una fea situación justo a tiempo. Nagisa se recargó en el hombro de Honoka y volvió a suspirar.

─Gracias, Honoka, casi no la cuento.

─Me alegra haber estado aquí ─rió un poco─. En la mañana me quedé preocupada por ti y decidí seguirte ─la chica notó de reojo cuando Porun se salió de su mochila y se metió en la de Nagisa, aparentemente atraído por algo.

─Y yo agradezco que lo hicieras. En serio, gracias, Honoka ─dijo una vez más antes de hacer mención de eso que notó de inmediato. Una risa pequeña indicó que ya estaba relajada─. Por cierto… ¿Qué haces vestida de chico? ─preguntó con un tono divertido─. Digo, no te ves mal, de alguna manera la ropa te queda, pero…

Honoka se echó a reír.

─Es ropa vieja de mi padre ─explicó con mucha soltura─. Estaba buscando algo que no llamara demasiado la atención para poder seguirte sin ser descubierta. Antes de darme cuenta estaba revisando el viejo guardarropa de mi padre y encontré un par de pantalones que eran de mi talla y me los puse. Luego me puse todo lo demás para combinar y supe que vestida de chico no llamaría demasiado la atención.

Fue el turno de Nagisa para echarse a reír. A momentos no comprendía el proceso de pensamiento de Honoka. No había necesidad de vestirse de chico pero lo hizo porque lo creyó adecuado. Admitía que se veía bien. Un par de pantalones más ajustados le vendrían mejor, pero sacudió la cabeza mientras se sonrojaba por imaginarse a su mejor amiga en un atuendo que le hiciera ver "mejor".

─Gracias en serio, casi no la cuento allá atrás ─dijo con un suspiro cansino─. Salvaste mi primer beso, te debo una Honoka.

Honoka sonrió.

─No parecías para nada cómoda y además ese chico es muy raro ─refunfuñó─. Al menos se dio cuenta de que lo que estaba haciendo era malo ─el que siguieran de la mano la tenía muy contenta, por cierto─. Tu primer beso debe ser con quien tu quieras en el momento que se preste mejor, ¿verdad?

Nagisa se sonrojó intensamente y estrechó más la mano de Honoka antes de responderle.

─Bueno sí… Ah… Es lo ideal, ¿o no? Es decir ─se aclaró la garganta─. Incluso si fuera robado, es porque el chico y la chica se entienden bien y saben que hay algo entre ellos aunque aún no lo declaren todavía, ¿verdad?

Un chico y una chica.

Honoka sonrió por lo bajo por esas palabras y decidió contener su propio suspiro. Bien sabía quién le pasaba por la cabeza a su mejor amiga para ese posible escenario. La conocía demasiado bien.

─Tienes razón, debe haber ese entendimiento mutuo para que algo así suceda y se vuelva un lindo momento ─dijo Honoka con una sonrisa─. Espero que la próxima vez todo suceda como tú quieres que pase, con alguien en quien confíes y por quien sientas cariño y te quiera de igual manera.

Nagisa rió de manera tímida, Honoka siempre pensaba en ella y en su bienestar, la apoyaba en todo momento y no la dejaba sola. Sus siguientes palabras salieron sin pensarlo.

─Bueno, a ti te tengo mucha confianza y cariño y que estés aquí cuidándome es porque también me quieres, así que… A ti te puedo permitir muchas cosas, Honoka ─dijo de manera sincera, dejando que fuese su corazón el que hablara.

Honoka casi tropezó pero se compuso a tiempo. A veces se preguntaba si Nagisa realmente se escuchaba al hablar, porque acababa de decirle algo muy… Comprometedor. Y lo hizo como quien comentaba cómo estaba el clima del día. Estaba roja ahora y sólo atinó a quitarse la gorra y ponérsela a Nagisa.

─Entonces permite que te ponga esto, hace calor ─dijo en afán de evitar que Nagisa le viera la cara en ese momento. Le puso la gorra de manera brusca, casi juguetona y al menos Nagisa así lo entendió.

La deportista se echó a reír.

─¿También es de tu padre?

─Sí, todo lo que llevo es de él. Justo me doy cuenta que el estilo es algo anticuado ─se miró a sí misma, un poco más compuesta.

─Lo es, pero te ves genial ─Nagisa rió mientras se acomodaba bien la gorra─. Si te viera sin conocerte, diría que eres un chico guapo. De no haber estado en al situación en la que estaba, créeme que me habrías sonrojado ─comentó de manera gratuita y luego pensó que si Honoka fuera un chico, igualmente le gustaría.

Honoka casi se descompuso de nuevo.

─Sí, me parezco bastante a mi padre si me lo preguntas ─fue lo único que pudo decir mientras se acomodaba las gafas de nuevo. Necesitaba esconder su cara y pronto.

─¿Nos vamos? ─preguntó Nagisa, lista para dejar atrás la tensa y desagradable experiencia.

─Sí, volvamos a la ciudad ─respondió Honoka con recuperada voz.

─Aún queda algo del día, espero que pueda mejorar. Es mi cumpleaños y mira lo que pasó, por suerte estabas aquí ─dijo Nagisa con gesto de enfado.

─Muy desafortunado, sí, pero no pasó a más ─comentó Honoka con tono suave, tratando de consolar a su amiga.

─Sólo espero que no pase otra cosa mala, ya tuve suficiente por hoy ─refunfuño la cumpleañera.

Y pasó.

Los Guerreros de la Oscuridad atacaron y tuvieron que salvarle el trasero a Hasekura porque el chico quedó en medio de toda la acción. Afortunadamente quedó inconsciente y ellas pudieron transformarse y pelear sin que nadie descubriera sus identidades secretas. Desafortunadamente, Hasekura de alguna manera vio a Cure Black y ahora estaba prendado de ella y salió a buscarla, prometiendo ser un chico decente y más considerado.

Nagisa no supo qué decir, Honoka menos.

Subieron al autobús de regreso a la ciudad mientras la tarde seguía avanzando. Nagisa no estaba muy contenta por cómo transcurrió ese día, precisamente ESE día de todos los que tenía el año. No paraba de suspirar en el autobús, compartía el asiento del fondo con Honoka, estaba junto a la ventana mientras miraba el paisaje de manera ausente.

Honoka miraba a Nagisa a momentos y se le ocurrió tomar su mano de nuevo. Nagisa lo permitió, le gustaba la sensación de sus manos juntas después de todo.

─Oye, Nagisa.

─¿Uh?

─Quiero darte algo por tu cumpleaños, si me lo permites, claro ─dijo, repentinamente envalentonada, estaba un poco roja y por suerte Nagisa no le miró.

La cumpleañera sonrió de manera suave.

─Sí, ya te dije que a ti te puedo permitir todo lo que quieras ─dijo Nagisa con un gesto más calmado y se giró hacia su compañera para saber qué quería darle, pero no se pudo girar toda. Un par de labios en sus mejillas hicieron que se quedara petrificada y con el corazón alborotado.

─Feliz Cumpleaños ─dijo Honoka luego de besar dulce y brevemente la mejilla de su mejor amiga y volver a acomodarse como estaba, incluso miraba al lado completamente opuesto de Nagisa para no dejarle ver su rostro enrojecido.

Nagisa abrió la boca pero no pudo decir nada más. Esos dulces labios en su mejilla, el calor de Honoka, sus palabras que le hicieron saltar su corazón. Eso… Eso era como lo dijeron hace un momento, como deseaba que fuera un beso y, bueno, lo obtuvo de alguna manera… ¡Fue un beso en su mejilla! ¿Un beso de amigas, verdad?

¿Verdad?

Sea como fuere, el beso la puso realmente contenta y no pudo dejar de sonreír el resto del camino.

─Gracias.

Ni siquiera el "Feliz Cumpleaños" que le dedicó Fujimura (gracias a Honoka, por cierto) cuando lo toparon bajando del autobús, se comparaba al regalo que le hizo Honoka.

Sin duda fue un mejor regalo.

FIN