Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Decía un amigo mío que las casualidades no existen. Que todo está escrito entre las nubes y las estrellas con tinta invisible. Que las personas van mezclándose en las páginas de las historias de otras personas para compartir y protagonizar un guion ya establecido.

Blue Jeans

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Retorcí las manos sobre mi regazo.

La sala del aeropuerto se encontraba casi vacía, excepto por una o dos personas por aquí y por allá. Era grande y amplia. Lo suficiente como para muchísimas personas. Apreté mi chaqueta sobre mi cuerpo y suspire. Mi vuelo salía dentro de media hora. Destino: directo a casa.

Aun no hablaba con mis padres sobre mi repentino regreso, así que era yo arreglándomelas sola desde Seattle hasta el pueblo.

Un viaje de una hora y media.

La misma pregunta se repetía una y otra vez en mi cabeza.

¿Cómo excusaría la falta de Jacob?

Sostuve mi cabeza entre mis manos y miré el suelo como si pudiera obtener las respuestas de el. Se me tenía que ocurrir algo durante el vuelo. Una forma delicada de decirle a mi familia que Jacob me fue infiel a solo unas semanas de nuestra boda.

Ignore la sensación de más lágrimas viniendo. No podía llorar de nuevo, me prometí durante mi viaje en el taxi, que sería la única y última vez que lloraría por Jacob.

Ese imbécil…. él se lo perdía.

Mamá tendría algo organizado ya, lo sabía por nuestras llamadas todas las noches antes de dormir. Primero comenzó con el salón, los invitados, las flores. Dijo que me acompañaría a Port Angeles a elegir mi vestido de novia y me pidió habar con Jacob para pedir su opinión. No accedí. Quería mantener a mi prometido lo más lejos posible de mi familia hasta el día de la boda. No lo conocían de nada. Ni una foto o llamada. Excepto un par de veces cuando mi madre y yo estábamos al teléfono, y él me preguntaba que quería para cenar.

Creí que era lo correcto, pero no, esa era yo, sabía que algo saldría mal. En el fondo, las mujeres siempre sabemos cuándo algo no anda bien. Llámenlo sexto sentido.

Gracias a ese sexto sentido había decidido volver a casa cuando se suponía que estaba en camino al supermercado y luego a la oficina de correo. Ni siquiera había puesto un pie en casa y mi estómago ya se convertía en un nudo apretado.

No podía. No podía decirles a mis padres o a mis cuatro hermanos. Era tan humillante después de presumir lo maravilloso de Jacob. Oh, ya lo podía imaginar… Papá me daría un sermón cuando se enterara, eso sin contar que probablemente mi madre quisiera ir en busca de Jacob para ahorcarlo por dañar a su niñita. Mis hermanos... bueno, ya los veía planeando una muerte dolorosa para Jacob.

Emmett, Jasper, Mike y Laurent podían ser terribles si se lo propia. Lo sabré yo después de veinticinco años siendo su hermana pequeña. Maldije por lo bajo.

Mis padres habían estado felices con sus cuatro hijos, hasta que a mamá le dio un resfriado y la píldora dejó de funcionar. Después vine yo. La pequeña sorpresa de sus vidas.

Crecí rodeada de amor y detalles, pero también con cuatro hermanos insoportables. A veces deseaba secretamente ser hija única. O por lo menos ser la hija mayor, al menos así podría quitarme a mis hermanos de encima.

Cuando decidí hacer este viaje por el país, el primero en oponerse fue Emmett. Dijo cosas insensibles y crueles, después le siguió Jasper, aunque él argumento los peligros de una mujer viajando sola, pero al menos Alice lo convenció. Mike y Laurent no hicieron una gran rabieta, simplemente aseguraron que me estarían vigilando.

La tercera semana en mi viaje Charlie me llamó y me exigió que volviera a casa. Me negué y me dejo de hablar por dos meses más. Necesitaba que ellos asumieran mi independencia mucho más allá de ser su hija o su hermana. Bella. Solo Bella.

Quería demostrarles que podía tomar mis propias decisiones.

Me asegure de nunca subir fotos a redes sociales, solo las necesarias para mi trabajo. No acepte nunca que vinieran a visitarme y solo nos comunicábamos a través de llamadas o correos electrónicos. Mantuve mi relación en secreto la mayor parte del tiempo, excepto por Alice, hasta que Jacob me propuso matrimonio y tuve que contarles. No reaccionaron bien. Papá me advirtió, mamá lloro y Emmett intento comunicarse conmigo todos los días durante una semana, pero lo ignoré. Les dije que lo asumieran. Me iba a casar les gustara o no.

Se sintió bien en ese momento.

Ahora, estaba aquí sentada. Sin prometido, con un anillo, un corazón roto y dirigiéndome a casa.

Odiaba volver a casa sin Jacob. Sin ningún plan. De nuevo a donde lo deja hace dos años.

Había sido un aire fresco los años que llevaba fuera y fue una expectativa pensar en no volver. Forks es un lugar pequeño. Un pueblo en el estado de Washington con tres mil veinte habitantes. Es imposible que no se conozcan unos a otros y es imposible que mi madre no le dijera por lo menos a una persona que me iba a casar. Para este momento, todos sabrían que la pequeña de la familia Swan se casaría. Y ya no. Así que pronto me convertiría en el hazme reír de medio Forks.

Se supone que Jacob y yo estaríamos viajando finalmente para que lo conocieran este fin de semana. Gemí internamente, dejando caer mi cabeza sobre el asiento.

Mi celular vibro dentro de mi bolso. Abrí la cosa y lo saque. Un número desconocido ilumino la pantalla

Es él. Está tratando de probarme.

Desvíe la llamada, apuñalando la pantalla de mi celular. Después, me desplace por la lista de contactos. "Casa". Lo seleccione y en la pantalla se desplazó el contacto. Me mordí el interior de la mejilla, mientras analizaba como demonios decirle a mi familia que Jacob y yo lo habíamos dejado.

—Vaya. —una tintineante voz me dijo al oído— Nunca había visto a alguien mirar un celular con tanta aprensión.

Gire sobre mi asiento, mirando a un chico delgado de cabello cobrizo despeinado. Tenía la tez pálida y unos bonitos ojos azules.

Fruncí el ceño.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Estás por destruir tu celular allí. —apunto a mi mano, sonriéndome torcidamente. De haber pasado más allá de los quince, probablemente habría pensado que estaba intentando flirtear conmigo.

Poco a poco, afloje el agarré sobre mi celular, tragándome una queja por mis dedos acalambrados.

—¿Estas intentando llamar a tu novio? —subió y bajo las cejas sugestivamente.

Bueno, prefería ir al infierno antes de regresarle la llamada a Jacob. Esperaba que Leah lo aprovechara.

—No es de tu incumbencia. De todos modos, ¿tu mamá no te enseño que hablar con desconocidos es peligroso? —objete.

Su sonrisa fallo por un milisegundo antes de que se hiciera más grande.

Chico extraño.

—Mi madre murió.

La culpa fue como un puñetazo al estómago.

El chico rompió a reír, doblándose sobre sí mismo. Las esquinas de sus ojos se arrugaron y sus increíbles ojos azules chispearon.

Lo miré con la boca abierta.

—¡Debiste ver tu cara! —exclamo.

Me cruce de brazos.

—¿Dónde está tu madre?

Se dejó caer en un asiento continuo, limpiándose los ojos. Algunas lágrimas bajaban por las esquinas, producto de su bromita.

No era chistoso bromar sobre madres muertas.

Uh, algunas personas tenían un sentido del humor retorcido.

—Oh, eso. —se encogió de hombros despreocupadamente. Fue entonces que note las dos maletas a su lado. Valijas de viaje para ser exacto. ¿Estaría viajando solo? ¿Qué tenía? ¿Quince? ¿Dieciséis?— Mi madre me abandono al nacer y si, está muerta.

Lo dijo así de fácil. Como si estuviera hablando del clima. No tenía mucha experiencia por adolescentes, excepto por el hijo mayor de Emmett. No hace falta decir que no somos cercanos.

—¿Otra de tus bromitas?

Siguió sonriendo, mientras se pasaba una mano por el cabello.

—¿Realmente? No.

Abrí la boca para rebatir. Me detuve al verlo abrir los ojos sorprendido y murmurar un: ¡mierda!, entre dientes.

—Anthony. —dijo una voz ronca.

—Joder. —se enfurruño en el asiento— Aquí viene.

Otro chico… hombre a decir verdad, más cercano a mi edad, vino desde el área de comida con una bolsa de papel en las manos.

Al igual que el chico tenía un extraño cabello color cobrizo. Era mucho más alto que yo, al menos por tres cabezas. Probablemente más alto que cualquier hombre que hubiera conocido, incluso Jacob. Llevaba ropa simple. Jeans desgastados color negro y una remera de manga corta que dejaba al descubierto sus brazos inundados de tatuajes.

Al mirar sus ojos, me di cuenta de que en vez de azules, él los tenia verdes.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —lo reprendió, dejando caer la bolsa de papel sobre su regazo— No se supone que hables con extraños.

No sé porque, pero me sentí ofendida.

—Oye, grandulón. —llamé su atención— El chico no estaba haciendo nada malo.

—Anthony. —repuso con voz dura.

Aquello no me gusto.

—Bueno. —repuse irónicamente— Anthony no estaba haciendo nada malo. Solo estamos charlando.

El hombretón cuadro los hombros, mirándome fijamente. Se inclinó sobre el suelo y cogió las valijas, colgándolas fácilmente sobre su hombro.

—¿Qué? ¿Acaso te gustan los menores?

—¿Qué? —repetí ofendida— ¿Estás loco? Tienes lleno de mierda el cerebro.

Les di la espalda y tomé mi maleta, dispuesta largarme.

En lo que a mí respecta, podía esperar el vuelo en otra sala de espera, siempre y cuando tuviera al hombre gigante e irritante lejos de mí.

—Oye. —exclamo al ver cómo me alejaba.

Seguí caminando, pisoteando enojada por lo que dijo. Ni siquiera fui yo quien inicio la conversación, fue el niño. Y no soy un maldito pedófilo, por favor. Preferiría cortarme las manos y sacarme los ojos antes.

—Oiga, señorita. Lo lamento si la insulte. —me siguió— No fue mi intención. —seguí caminando, haciendo caso omiso a lo que decía— Oye. ¿Puedes disculparme? Perdón.

Me detuve.

—¿Perdón? —me gire hacia su dirección, caminando rápidamente hasta enfrentarlo. Apenas llegue a la mitad de su pecho como mínimo. Levante mi mano y lo apuñale con mi dedo indice— ¿Perdón? ¿Saben si quiera los hombres como usar esa palabra correctamente? ¿Perdón? ¿Qué se supone que haga? ¡Eh! retrocedió un paso, pero lo seguí— ¿Perdonarte y olvidar lo que hiciste? ¿Cómo me llamaste?

Resople, jadeando por el esfuerzo de todo lo que dije sin tomar aire.

El hombretón levanto las manos en señal de paz.

¡Who! ¡Who! ¿No crees que estas exagerando? —levanto las cejas.

—Sabía que era una chica candente. —canturreo Anthony.

Ambos volteamos, diciendo a la misma vez:

—¡Cállate, Anthony!

Las mejillas del gigante frente a mí se sonrojaron.

Fue curioso ver a un hombre de su tamaño sonrojarse, pero no me deje convencer. Estaba furiosa, increíblemente furiosa. No solo con él, sino con el mundo en general.

—Será mejor que no vuelvas a gritarle a mi... Joder, mujer. ¿Qué pasa contigo?—cruzo los brazos sobre su pecho.

Imite su postura.

—Y será mejor que te retractes por llamarme pedófilo.

—¿Siempre eres así?

Entrecerré los ojos.

—¿Así. Cómo? —dije entre dientes.

—Así de furiosa. —dio un paso hacia mí. Nuestros brazos casi se tocaron— Tal vez Anthony tiene razón.

¿Dijo lo que creo que dijo?

¡Uhg!

—¿Por qué no lo dices tú? —le di una sonrisa embrujada— ¿O es que el niño tiene más pelotas?

Sonrió.

Él jodidamente sonrió.

—Me temo que si lo hago, tal vez me sacarías los ojos.

—Déjame resolverlo para ti. —murmure— Quita el tal vez de la frase.

—Joder. —susurro, mirándome de pies a cabeza.

Sus ojos verdes brillaron con diversión y algo más. Algo oscuro, sensual y caliente. Aquel simple gesto lanzó una llamarada por toda mi espalda. Apreté los dientes y me forcé a ignorarlo.

Le levante el dedo medio como una chiquilla de quince años.

—¿En serio? —contestó— ¿Me levantaste el dedo? ¿Dónde estamos? ¿En el Instituto?

"Usuarios con destino a Seattle Washington, abordar por la puerta tres. Asegúrense de llevar todo su equipaje. Y sobre todo, tengan un buen viaje"

No podía ser más perfecto.

—Bien. Hasta nunca. —exclame, tomando mi maleta para caminar a toda prisa a la puerta...

La puerta...

¿Cuatro? ¿Seis? ¿Ocho?

Mierda.

Gire sobre mis pies, mirando a todas partes para tratar de ubicarme.

—¿Qué pasa? ¿Has olvidado algo? —se burló esa voz profundamente irritante de nuevo. Lo juro, este dia no hacía más que mejorar.

Lo fulmine con la mirada.

Había estado tan ensimismada que no me había dado cuenta que el hombretón y Anthony están a mi lado. Cargando sus valijas. Con una bolsa de papel grasienta entre las manos de Anthony y una bonita sonrisa en la cara de ambos.

—¿Me están siguiendo? —refunfuñe.

El hombretón puso los ojos en blanco.

Levanto dos boletos entre sus dedos, mostrándolos.

—Seattle. Puerta tres.

—¿En serio? —reclame incrédula.

Anthony soltó una risita.

—Por cierto, mi hombre es Edward.

Edward.

Rodé los ojos y camine hacia la puerta tres dando pisotones. No me importaba quien fuera, lo quería a kilómetros lejos de mí. A él y a cualquier hombre en un futuro cercano.


¡Hola! Tenemos Edward. ¡AHHHHHH! Y se dieron un encontronazo de aquellos estos dos. Bella esta sensible, no la culpen. Ha pasado un dia horrible y luego viene este hombre candente a echarle la bronca. No sé preocupen, nuestro chico lo arreglara. ¡Esa mirada que le dio! ¡BOOOM! Parece ser que él también se dio cuenta de algunas cosas. Amo a Anthony. Es un chico muy divertido, aunque tiene sus propios problemas. Con respecto a la familia de Bella, ¿alguien se esperaba que Bella tuviera tantos hermanos? Poco a poco sabemos más sobre su vida y porque decidió irse lejos de casa. Sospecho que sus hermanos también tuvieron algo que ver, ¿ustedes que dicen? Gracias por leerme y acompañarme en esta historia. Nos vemos en el siguiente capítulo. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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